Una pregunta inquietante: ¿por qué es Andalucía la gran “beneficiada” del Ingreso Mínimo Vital?

Sevilla, 21/I/2023

Contra hechos no valen argumentos, que decían los clásicos. Según los datos acumulados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, referidos al Ingreso Mínimo Vital (IMV), de altas iniciales de prestaciones que han figurado en nómina según comunidad autónoma y provincia en el periodo comprendido desde Junio de 2020 a diciembre de 2022, desde la entrada en vigor del Real Decreto-ley 20/2020, de 29 de mayo, por el que se estableció el ingreso mínimo vital, Andalucía es la Comunidad Autónoma más beneficiada de esta prestación hasta esta fecha, aunque todavía hay miles de expedientes sin ser resueltos favorablemente para sus potenciales beneficiarios. Exactamente, el 31,62% del total de personas beneficiarias en España, 1.542.675, pertenecen a la Comunidad Autónoma de Andalucía, 487.743. Por orden estadístico, le siguen la Comunidad Valenciana, con el 11,82%, con casi veinte puntos de diferencia por debajo, Madrid con el 10%, Cataluña el 8,63%, Galicia el 4,53% y Euskadi con el 3,07%. En relación con Andalucía, el número de personas beneficiadas alcanza el 5% de la población, porcentaje que duplica y triplica el de las otras comunidades autónomas citadas y cuyos pormenores, muy interesantes por cierto, se pueden visualizar en el documento facilitado por el Ministerio sobre los datos acumulados en el tiempo de vigencia de la Ley del IMV, con un análisis exhaustivo de los diferentes beneficiarios tanto a nivel individual como de tipo de hogar.

Los datos expuestos anteriormente reflejan una realidad que tiene una doble lectura, la del beneficio obvio, ¡bienvenido sea! y la del reflejo de una situación lacerante de pobreza y de desigualdad territorial clamorosa, por lo que no es apropiado lanzar las campanas al vuelo al conocer este “liderazgo”, sino llevarnos a una reflexión profunda de la realidad social de Andalucía. El pasado mes de octubre de 2022, publiqué un artículo en este cuaderno digital, Andalucía sigue presentando datos muy preocupantes de pobreza y exclusión social,suficientemente documentado sobre esta realidad social citada anteriormente. Como dije en aquella ocasión, no quiero abrumar con más datos, porque los aportados eran muy significativos. El Informe oficial que citaba en el mismo, “El Estado de la Pobreza. Seguimiento de los indicadores de la Agenda 2030 UE 2015 – 2021”, elaborado por La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), sigue estando a nuestra disposición y, sobre todo, de las Autoridades Públicas, a quienes corresponde tomar medidas urgentes, algunas de emergencia social, para paliar la situación actual en de pobreza en Andalucía. Conocer con datos científicos que 2.738.318 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía, es decir un 32,3% del total de población,  están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa en un porcentaje del 8,1% del total, es decir, casi un millón y medio de personas, son cifras lo suficientemente elocuentes que confirman que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque como decía al principio de este artículo, contra datos no valen argumentos. Medidas como el ingreso mínimo vital (IMV), el incremento del salario mínimo y los ERTEs, han paliado en parte estas cifras, como decía al principio con los datos facilitados por el Ministerio correspondiente a 31 de diciembre de 2022, pero se demuestra en el informe del Estado de la Pobreza, que a pesar de ello Andalucía arrastra una pobreza que no le permite levantar cabeza desde la corresponsabilidad social y territorial. El Escudo Social que impulsó el Gobierno ante la pandemia ha permitido que un millón y medio de personas haya evitado entrar en situación de pobreza durante la COVID-19: “Sin embargo, esta cifra no puede ocultar la gravedad de una situación que nos coloca como el cuarto país en Europa con más personas en situación de pobreza y exclusión social, unas cifras que ya venían empeorando antes de pandemia, y cuyo impacto no ha hecho más que agravar”.

Queda mucho por hacer, pero sobre todo hay que analizar a fondo qué pasa en Andalucía para que arroje cifras tan contundentes en relación con la pobreza severa que sufren determinadas personas, hogares, niños y niñas en esta tierra tan fértil y tan bien acompañada por su propia naturaleza. El Ingreso Mínimo Vital hace todos los días una radiografía sobre lo que está pasando en esta Comunidad y aunque tengamos datos muy significativos del alcance de esta prestación en este territorio, hay que aceptar que en el fondo es una forma de entender el doble rasero del beneficio obtenido, que debería centrarse sobre todo en romper definitivamente la desigualdad territorial en la que estamos inmersos. Lo digo porque un Informe complementario del anterior, por Comunidades Autónomas, permite bajar al detalle de la territorialidad y lo que supone en la actualidad en este país tan invertebrado. Con independencia de que cada persona debe analizar los datos según sus posiciones previas de interés social, me preocupa de nuevo el de la territorialidad, ratificado por la muestra en relación con el desarrollo del IMV en Andalucía, citado al principio: “Desde hace muchos años este informe viene mostrando las grandes disparidades en la calidad de vida de las personas según el territorio donde viven. Nuevamente, debe insistirse en que las desigualdades territoriales no aparecen de la nada. Es cierto que la pobreza y la exclusión social se distribuyen diferencialmente en los territorios en función de la configuración histórica de las comunidades autónomas, la posición geográfica, la naturaleza de la economía y la evolución del PIB, la distribución de la población y otros aspectos estructurales; pero también dependen de la gestión política, la inversión pública del Estado, la inversión de fondos europeos y las políticas comunes, es decir, de las distintas estrategias de cohesión e integración social que se ponen en marcha en los distintos niveles de la administración -local, regional, nacional, europeo-. Todo ello es importante, especialmente en estos tiempos –no solo a causa de la pandemia–, también porque parece reactivarse el interés por enfrentarse de una vez al problema de la financiación territorial. En los términos que interesan aquí, el territorio es una significativa fuente de desigualdad y la cohesión territorial debería ser, no solo desde un punto de vista formal, un importante objetivo político”.

Hay que atacar los problemas estructurales de Andalucía para paliar los efectos del subsidio permanente, que traduce un desajuste social impresionante en esta Comunidad. Lo digo porque en esta Comunidad sigue habiendo muchos nadies que esperan la dignidad personal mediante un puesto de trabajo para no tener que recurrir a las ayudas del Estado o de la Comunidad Autónoma correspondiente, tipo IMV, entre otros, para seguir viviendo. Lo dije en un artículo publicado no hace tanto tiempo en este cuaderno digital, Los nadies sufrirán la supresión del impuesto de patrimonio en Andalucía, que puede ser de utilidad plena para darse cuenta de que cualquier medida regresiva en Andalucía para obtener recaudación pública en beneficio de los que menos tienen, los pobres citados en el informe anterior, nos debería preocupar y mucho ante la realidad expuesta con cifras elocuentes por sí mismas. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma, sin ir más lejos. Personalmente, lo tengo claro: compartir y defender con datos algo palmario: que sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se dicten leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española. Será la única forma de que podamos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies.

NOTA: la imagen de la cabecera se ha recuperado del informe Familias en riesgo, publicado en 2020 por la ONG Save the Children

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Es difícil encontrar la calle de la dulzura

Anne Dufourmantelle

Sevilla, 19/I/2023

¿Quién va a negar que es difícil caminar por la calle de la dulzura, cuando lo habitual, en el callejero ético de la vida, es hacerlo frecuentemente por la de la amargura? Lo digo hoy porque los medios de comunicación, en su gran mayoría, aunque con honrosas excepciones, van saltando últimamente de noticia en noticia, a cual más desagradable o, al menos, turbadora para almas inquietas. Por esta razón he buscado de nuevo en este cuaderno digital un artículo que escribí en 2017, La calle de la dulzura, para leerlo de nuevo y actualizarlo en su contenido, por necesidad, no por azar. Decía en aquella ocasión que “las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas, con militancia virtual activa como credencial de pertenencia al Club, por creencia en la dignidad, deberíamos hablar más a menudo de la calle de la dulzura, ante las oleadas de propaganda sobre la calle de la amargura que no localiza con facilidad el callejero más sofisticado del mundo, porque solo existe en lo más recóndito del alma humana. La dulzura refuerza la dignidad, entendida como seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse una persona, es decir, manifestando pureza, honestidad y recato, de la que se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente. Con dulzura”.

Al igual que hice en aquella ocasión, hoy deseo hablar de esta realidad, como un nuevo homenaje a la psicoanalista y filósofa francesa Anne Dufourmantelle, que falleció en el mes de julio de 2017 en una playa cercana a Saint Tropez intentando salvar a dos niños, hijos de unos amigos, consiguiéndolo, pero cuya acción le costó la vida. Fue en ese delicado momento y lo sigue siendo hoy un símbolo, porque Anne era una defensora a ultranza de saber convivir con el riesgo, porque es lo que daba sentido a su vida. También, de la necesidad de vivir unidos a la dulzura, habiendo escrito un libro, Puissance de la douceur (1), de gran interés sobre esta realidad esencial de la vida, que es un enigma en principio pero que, cuando se experimenta como poder de transformación de personas y cosas se vislumbra como una realidad necesaria. Su enfoque es muy práctico huyendo de la sensiblería que suele adornar este término, llegándolo a definir incluso como un acto político ante las violencias de la vida en todos los ámbitos posibles que podamos imaginar.

Recurro también en estos momentos de trasiego ético yendo del timbo al tambo, que decía Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, al gran filósofo Aristóteles, nada pasado de moda, al revés, porque nos aportó hace ya muchos siglos una reflexión muy interesante sobre la dulzura. Se encuentra en La gran moral, libro I, capítulo 21: “[…] Digamos ante todo que la dulzura es un medio entre el arrebato, que conduce siempre a la cólera, y la impasibilidad que no puede nunca llegar a sentirla. […] El hombre irascible es el que se irrita contra todo el mundo, en todo caso y más allá de los límites debidos. Es una disposición muy reprensible, porque no conviene irritarse contra todo el mundo, ni por todas las cosas, ni de todas maneras, ni siempre; lo mismo que no conviene tampoco no irritarse jamás, por ningún motivo, ni contra nadie. Este exceso de impasibilidad es tan reprensible como el otro. Pero si uno se hace reprensible por incurrir en exceso o en defecto, el que sabe permanecer en el verdadero medio es a la vez dulce y digno de alabanza. No es posible aprobar el carácter del que experimenta muy vivamente el sentimiento de la cólera, ni el del que apenas lo siente; pero se llama verdaderamente dulce al que sabe mantenerse en lo justo entre estos dos extremos. Así pues la dulzura es el medio entre las pasiones que acabamos de describir”.

Cualquiera de las acepciones de dulzura, según el diccionario de la RAE, simboliza muy bien qué intentamos comprender en relación con su significado: cualidad de dulce, suavidad, deleite, afabilidad, bondad, docilidad y palabra cariñosa, placentera. En tiempos modernos, es imprescindible organizar una operación rescate de la dulzura y una vez construida su calle en la vida, de la que todos podamos hablar, podremos pensar que un día se pueda convertir en las grandes alamedas que citaba Allende: “[…] Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Con dulzura, como acto político, que también es posible frente a la amargura de vivir.

Avanzando en el texto del artículo citado, decía que en ese día en que me enfrentaba una vez más a la página en blanco había leído en el diario El País una noticia sobre la calle de la amargura: “Diga su edad y Google responderá qué le lleva por la calle de la amargura”, que me sorprendió por su mezcla de frivolidad y notaría virtual de lo que parece que hace sufrir mucho a las personas. Son proposiciones digitales, nada más, pero también comentaba que para hacer las comparaciones oportunas había buscado la “calle de la dulzura”, en Google también, con una gran sorpresa: solo aparecían 29 resultados en la búsqueda, en 39 segundos, centrados en una calle de Madrid que tiene el honor de llevar ese nombre. Por el contrario, la búsqueda de “calle de la amargura” arrojó un dato demoledor: 1.950.000 resultados, en solo 0,74 segundos. Sin comentarios. Hoy he vuelto a repetir esta operación y el resultado ha sido el siguiente: respecto de la “calle de la dulzura”, ha devuelto el dato de 50 50 resultados, en un tiempo de respuesta de 0,42 segundos. De la misma forma, escribiendo exactamente “calle de la amargura”, el dato ha sido más “optimista” que en 2017: 334.000 resultados (0,42 segundos). Más allá del este resultado global por la aplicación de nuevos algoritmos de búsqueda, no deja de ser tan sólo una metáfora que he querido utilizar de nuevo para reflexionar sobre la necesidad de caminar más a menudo por la calle de la dulzura en la vida, salvando lo que haya que salvar, porque la de la amargura ya se transita con una frecuencia inusitada.

Acabo con la última reflexión de 2017: queda un trabajo arduo, por delante, en el Club de las Personas Dignas, para construir teoría crítica sobre la calle de la dulzura, con objeto de que millones de personas podamos transitar por ella. Probablemente, tendremos que formarnos en el conocimiento de qué significa ese nombre tan atractivo para convertirlo en creencia. Es el mejor homenaje que podemos hacer hoy de nuevo a la psicoanalista y filósofa Anne Dufourmantelle, defensora a ultranza de esta forma de ser en el mundo. Pongámonos a ello. Hoy, a leer su libro de impecable contenido para los tiempos modernos, instalados en la amargura dialéctica de vivir apasionadamente pero sin poder hacerlo con la dignidad que requiere la existencia de un mundo diferente, con calles y alamedas de la dulzura para que puedan pasear por ellas las personas libres.

NOTA: la fotografía de Anne Dufourmantelle se recuperó el 26 de julio de 2017 de http://madame.lefigaro.fr/bien-etre/anne-dufourmantelle-gardons-le-secret-210515-96654

(1) Dufourmantelle, Anne (2013). Puissance de la douceur. París: Payot.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Aciertos breves para vivir dignamente

Baltasar Gracián

Sevilla, 18/I/2023

La vida es un camino muy largo en el que necesitamos pertrechos de aciertos para vivir con prudencia, a modo de guía del alma, tal y como lo aprendí en su día de Baltasar Gracián (Belmonte de Gracián, 8 de enero de 1601 – Tarazona, 6 de diciembre de 1658), en el prólogo de su afamado Oráculo Manual y el Arte de la Prudencia (1): “Ni al justo leyes, ni al sabio consejos; pero ninguno supo bastantemente para sí. Una cosa me has de perdonar y otra agradecer. El llamar Oráculo a este epítome de aciertos del vivir, pues lo es en lo sentencioso y lo conciso. El ofrecerte de un rasgo todos los doce Gracianes, tan estimado cada uno que el Discreto apenas se vio en España cuando se logró en Francia, traducido en su lengua, e impreso en su Corte. Sirva este de memorial a la razón en el banquete de sus sabios, en que registre los platos prudenciales que se le irán sirviendo en las demás obras, para distribuir el gusto genialmente”.

La verdad es que este libro que todavía alcanza éxito mundial de ventas en momentos delicados de la sociedad, sirve platos de prudencia, hasta trescientos exactamente, con el que hacer un menú casi a diario para aprender a vivir con acierto. A Gracián lo recordamos siempre por su famoso aforismo sobre la brevedad, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, aunque ignoramos su texto real y contexto, como aprendí también de un autor dedicado en cuerpo y alma a este género literario, Jorge Wagensberg, un divulgador de la ciencia muy necesario para este país, al que he seguido de cerca en una tarea muy inteligente de aprehender el mundo a través de los aforismos. Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (2).

En relación con el aforismo anterior o acierto para vivir, en referencia a la brevedad, Gracián lo une al “plato prudencial” de no cansar, concretamente en el que ocupa el número 105 de su obra: “No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. Hay hombres que sirven más de embarazo que de adorno del universo, alhajas perdidas que todos las desvían. Escuse el Discreto el embarazar, y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto”.

Cumplo con la indicación de Baltasar Gracián y finalizo hoy esta reflexión breve, tomando conciencia de que su libro de la prudencia es más necesario que nunca, a pesar de que contiene trescientos aciertos para vivir dignamente y uno final que no deja títere con cabeza en un mundo descreído como el nuestro, cuando lo resume todo en una solo plato, como postre espiritual para alcanzar el cénit de la prudencia: “En una palabra, santo, que es decirlo todo de una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sujeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del mundo menor, y tiene por hemisferio la buena conciencia; es tan hermosa, que se lleva la gracia de Dios y de las gentes. No hay cosa amable sino la virtud, ni aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas. La capacidad y grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le hace amable; y muerto, memorable”.

(1) Gracián, Baltasar, El arte de la prudencia, 2012, Barcelona: Ariel (Planeta), edición de Emilio Blanco.

(2) Wagensberg, Jorge (2012, 12 de mayo), Pretexto para un texto fuera de contexto, en Babelia (El País).

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Hay que prestar especial atención a la atención

Sevilla, 17/I/2023

Nada es para siempre.

Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser.

Facundo Cabral, en No estás Deprimido, estás Distraído

Navegando por el mar proceloso de cada día, he descubierto un libro para llevar en la mochila virtual, mental por supuesto, para guiar los pasos a la próxima isla por descubrir en nosotros mismos, tantas veces recordada gracias a Jose Saramago en su Cuento de la isla desconocida. Se trata de una obra publicada hace tan solo unos días, en la editorial Península, con un título atractivo en sí mismo: El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, escrito por Johann Hari, cuya sinopsis oficial nos orienta en su contenido: “La atención ha entrado en una profunda crisis. ¿Cuáles son los motivos?, ¿quién nos la está robando?, y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración? Un demoledor ensayo que indaga en una de las grandes epidemias del momento y en sus posibles soluciones. Según algunos de los últimos estudios publicados, los adolescentes solo son capaces de concentrarse en una tarea durante sesenta y cinco segundos, mientras que los adultos apenas pueden aguantar tres minutos. Como muchos de nosotros, Johann Hari es consciente del peligro que supone la omnipresencia de las pantallas, así como de esa imperiosa necesidad que nos asalta de pasar constantemente de un dispositivo a otro sin levantar la vista. Hoy en día, lograr el estado de concentración necesario para acometer labores intelectualmente complejas y exigentes es casi una quimera. Hari decidió entrevistar a los principales expertos en concentración humana para identificar las causas de esta crisis. En El valor de la atención desglosa los doce factores que la generaron –desde nuestra incapacidad de dejar fluir la mente hasta la contaminación en las ciudades–, y denuncia a las poderosas empresas que nos están robando el foco. Además, nos da las herramientas para entender la situación, defendernos y recuperar nuestra capacidad de vivir con atención”.

Tengo que reconocer que la atención es algo que, me preocupa dese hace ya muchos años, quizás porque estoy educado en la necesidad de admirarme de las personas y de casi todas las cosas, como tantas veces he explicado en este cuaderno digital. Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como “el universo del entretenimiento” donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, prestándole mucha atención, por muy intranscendente que sea o supuestamente inútil, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

El placer de la atención, de la curiosidad sabia, no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas atentas, curiosas, la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Es lo que Hari ha manifestado para un artículo reciente, publicado en elDiario.es, en torno a su nueva obra: “Hay que entender que no tenemos que sentirnos mal porque nos cueste prestar atención. Tampoco si le ocurre a nuestros hijos. Ni ellos ni nosotros tenemos nada malo, tiene que ver con la forma en que vivimos. Si lo comprendemos, podemos empezar a reordenar las cosas”, anima, “hemos llegado hasta aquí sin ser conscientes de cómo nos iba a afectar”. Por ello, insiste en aprovechar la oportunidad que se abre: “Tenemos que decidir qué queremos y luchar por ello. Podemos hacer muchas cosas para defendernos”. “La atención es nuestro superpoder”.

Este mundo en el que vivimos, diseñado a veces por el enemigo, me recuerda una canción que recupero ahora de la banda sonora de mi vida, El tiempo que te quede libre, como homenaje a la atención que puede ser de aplicación selectiva para aquellas personas a las que queremos y que a veces hemos plagado de ausencias múltiples en la vida compartida, como el mejor ejemplo de la necesaria atención que debemos recuperar en nuestras vidas, de la que nos alejan intereses mercantiles no inocentes. Para devolverles, si es posible, la dedicación que merecen siempre durante todos los días y meses del año, durante toda la vida, conjugando todos los tiempos posibles del tiempo que nos queda libre para dedicarlo a la atención plena de él, de ella, de vosotros y… de ellos, de los que sabemos que más lo necesitan, porque muchas veces nos han pedido la atención, el tiempo al que se refiere la canción, a veces solo dos minutos o un minuto nada más: El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí / a cambio de mi vida entera / o lo que me queda y que te ofrezco yo. // Atiende preferentemente / a toda esa gente que te pide amor; / pero el tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí. // No importa que sean dos minutos / o si es uno sólo, yo seré feliz; / con tal de que vivamos juntos / lo mejor de todo dedicado a mí. / El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

No al edadismo: creemos entre todos un mundo habitable y digno para todas las edades

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos
llevan
en los ojos
un niño,
y los niños
a veces
nos observan
como ancianos profundos.

Pablo Neruda, Oda a la edad

Sevilla, 11/I/2023

No es la primera vez que abordo los problemas que existen en el entorno de las personas de edad infantil, juvenil y avanzada, sobre todo en la vertiente de pobreza extrema y soledad no deseada, también en las clasificaciones oficiales por edad en diferentes programas políticos, así como las que hace la propia sociedad por su cultura, creencia y tradición, pero es importante conocer bien qué se entiende como edadismo, vocablo no inocente que encierra una realidad muy amplia y dura al mismo tiempo, en el desarrollo de una persona y en el entorno en el que viven. Así lo analizó el informe que la Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas publicaron en 2021 con el titulo Edadismo, cuya sinopsis no deja lugar a dudas sobre su contenido: “La edad es una de las primeras características que observamos en otras personas. El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia, y menoscaban la solidaridad intergeneracional. El edadismo perjudica nuestra salud y bienestar y constituye un obstáculo importante para la formulación de políticas eficaces y la adopción de medidas relativas al envejecimiento saludable, tal como reconocieron los Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Estrategia y plan de acción mundiales sobre el envejecimiento y la salud, y en el Decenio del Envejecimiento Saludable (2021-2030). En respuesta a ello, se pidió a la OMS que pusiera en marcha con sus asociados una campaña mundial de lucha contra el edadismo, en la que se inscribe este informe. Este informe, elaborado por la OMS, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, está dirigido a los encargados de formular políticas, profesionales, investigadores, organismos de desarrollo y miembros del sector privado y la sociedad civil. Después de definir la naturaleza del edadismo, se resumen las mejores pruebas sobre la escala, los efectos y los determinantes del edadismo, y las estrategias más eficaces para reducirlo. Concluye con tres recomendaciones de actuación basadas en pruebas científicas para crear un mundo para todas las edades”.

Para comprender bien qué significa el término “edadismo”, la OMS define con exactitud a qué nos referimos al pronunciar esta palabra tan desconocida: “La edad es una de las primeras características (junto con el sexo y la raza) que notamos sobre las personas cuando interactuamos con ellas. El edadismo surge cuando se utiliza la edad para clasificar y dividir a las personas de una forma que comporta un daño, desventaja o injusticia, y que erosiona la solidaridad intergeneracional. El edadismo adopta muchas formas a lo largo de nuestra vida. Imagine que es ignorado sistemáticamente por sus compañeros y supervisores en el lugar de trabajo, tratado con condescendencia por su familia en casa, que le niegan un préstamo en el banco, que es insultado o evitado por la calle, acusado de brujería, que se le niega el acceso a su propiedad o a su tierra, o que no se le ofrece tratamiento en un consultorio, todo ello simplemente a causa de su edad. Estos son algunos ejemplos de cómo el edadismo impregna nuestras vidas, desde la edad más temprana hasta la más avanzada. El edadismo es un fenómeno social polifacético que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra otras personas o autoinfligido por razones de edad”. El edadismo tiene varios aspectos interrelacionados que se analizan en el informe citado a través de sus tres dimensiones principales: estereotipos (pensamientos), prejuicios (sentimientos) y discriminación (acciones o comportamientos), lo que permite “concientizar a las personas y asegurar la uniformidad en la investigación, las políticas y las prácticas aplicadas”. A continuación el informe describe “las intersecciones entre el edadismo y otros “-ismos”, como el sexismo y el capacitismo, y se muestra cómo se acumulan sus respectivas repercusiones. La edad y la etapa de vida son determinadas en parte socialmente Si bien la edad está correlacionada con los procesos biológicos, se configura también socialmente. Considerar a determinadas personas jóvenes o mayores es algo que depende en parte del contexto, el propósito y la cultura. A la edad de 18 años es posible que le consideren demasiado mayor para llegar a ser un pianista profesional, pero también demasiado joven para entrenar en un equipo de fútbol profesional. Las distintas culturas difieren en su forma de delimitar a qué edad se es mayor, de mediana edad o joven, y también en las normas y expectativas existentes para cada una de estas etapas de la vida, que pueden cambiar con el transcurso del tiempo. Los distintos entornos configuran también la forma en la que envejecemos. Las inequidades vinculadas, por ejemplo, al sexo, el origen étnico y los ingresos económicos determinan nuestro acceso a la atención de salud y a la educación a lo largo del curso de vida, e influyen en el estado en que nos encontramos a la edad de 50, 60, 70 u 80 años. Una gran parte de la diversidad que observamos en las personas mayores es consecuencia de la repercusión acumulada de estas inequidades en materia de salud a lo largo del curso de vida”.

El informe es muy interesante y recomiendo leerlo, comenzando por su resumen oficial, porque sitúa perfectamente el problema y las diferente formas de erradicarlo, con una propuesta firme para los Estados, a modo de recomendaciones, donde “Su aplicación requiere un compromiso político, la participación de diferentes sectores y agentes, y adaptaciones específicas para cada contexto. Cuando sea posible, deben aplicarse conjuntamente para maximizar sus efectos en el edadismo.

  1. Invertir en estrategias basadas en pruebas científicas para prevenir y combatir el edadismo. Es necesario dar prioridad a las tres estrategias respaldadas por las mejores pruebas científicas: formulación de políticas y promulgación de leyes, y ejecución de intervenciones educativas y de contacto intergeneracional. Para lograr un cambio real a nivel de las poblaciones, estas estrategias deben ampliarse. En los casos en que esas intervenciones no se hayan llevado a cabo anteriormente, deberían adaptarse y probarse, y posteriormente ampliarse una vez que se haya demostrado su eficacia en el nuevo contexto.
  2. Mejorar los datos y las investigaciones para comprender mejor el edadismo y la manera de reducirlo. Mejorar nuestra comprensión de todos los aspectos del edadismo ―su escala, sus efectos y sus determinantes― es un requisito previo para reducirlo, tanto cuando se manifiesta contra los jóvenes como contra las personas mayores. Es necesario recopilar datos en todos los países, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos, utilizando escalas de medición del edadismo válidas y fiables. Ahora bien, debería darse la máxima prioridad a la elaboración de estrategias para reducir el edadismo. Las pruebas científicas sobre la eficacia de las estrategias van en aumento, pero aún no están a la altura de lo que se necesita. Convendría optimizar las estrategias existentes, calcular su costo y costo/eficacia, y, posteriormente, ampliarlas. Es necesario seguir elaborando y evaluando estrategias prometedoras, como las campañas para reducir el edadismo.
  3. Crear un movimiento para cambiar el discurso sobre la edad y el envejecimiento. Todos podemos contribuir a afrontar y eliminar el edadismo. Los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones de desarrollo, las instituciones académicas y de investigación, las empresas y las personas de todas las edades pueden unirse al movimiento para reducir el edadismo. Al unirnos en una amplia coalición podemos mejorar la colaboración y la comunicación entre las diferentes partes interesadas en la lucha contra el edadismo”.

Finalmente, las conclusiones son  obvias con los antecedentes expuestos, que se resumen en una frase, diciendo no al edadismo: “Si los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones de desarrollo, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas y de investigación aplican estrategias eficaces e invierten en nuevas investigaciones, y si las personas y las comunidades se unen al movimiento y afrontan cada caso de edadismo, crearemos entre todos un mundo para todas las edades”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Mantenerse fiel a lo que no se dice, ¿es esa la cuestión?

Sevilla, 8/I/2023

Dedicado a Marcos, Vanessa, Adrián y Alejandro, porque este libro ha sido para mí un regalo con estela

Leyendo una obra de Hans Magnus Enzensberger, Las reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes, pensador alemán al que profeso admiración y respeto tal y como lo he demostrado en este cuaderno digital al referirme a él en determinadas ocasiones, a modo de aforismos llenos de contenido en su texto y contexto, he localizado unas “migajas” que me parecen de interés sumo, sin alterar su contenido original:

2. “Si logran dar con algo”, dijo Z., que despierte su admiración, no escatimen ese impulso tan agradable”.

3. Dijo Z.: “Contradíganme, pero sobre todo contradíganse ustedes mismos. Uno solo debe mantenerse fiel a aquello que no se dice”.

Me ha parecido una reflexión extraordinaria del señor Z, aplicable hoy a nuestra vida ordinaria por dos razones. Las primera, porque habla de algo que me llama siempre poderosamente la atención: la capacidad del ser humano de admirarnos de todas las cosas, porque siguiendo a Aristóteles es el único ser que lo puede hacer, iniciándose así la mejor filosofía de vida. Lo aprendí siendo un joven avispado que sobrevolaba los secretos de la felicidad humana, para buscar un sentido a la vida. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es asombrarse o admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de asombrarse, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que el asombro y la curiosidad siguen siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

En segundo lugar, el elogio del silencio que hace el autor como acción impecable de la dignidad humana, sobre todo cuando uno se calla porque no tiene que decir algo más importante que el silencio, que aprendí del abad Joseph Antoine Dinouart, en un libro suyo precioso, El arte de callar (1), recordando el primer principio de ese arte, Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio, y el decimocuartoEl silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, ética cerebral y social del silencio y preparación para el diálogo, en una actitud donde hablar ocupa su auténtico lugar, preguntando primero y escuchando después hasta el momento en que rompamos ese silencio porque lo que tenemos que decir es mucho más valioso que mantenernos callados.

La maravilla de las migajas de Enzensberger es que añaden algo muy importante: es bueno que rompamos las falsas seguridades que arrastramos a lo largo de la vida, que mantenemos muchas veces en la memoria de secreto por fidelidad absurda con uno mismo y que debemos exponer ante los demás, saliendo al exterior, cuando se valora lo expuesto por el abad Dinouart: Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio.

El libro es muy recomendable en tiempos de turbación y mudanzas del alma. Su sinopsis oficial es clara al respecto: “¿Quién es ese tipo con bombín y nombre enigmático que, a lo largo de casi un año entero, se presenta todas las tardes en el mismo rincón del parque para enzarzar a los transeúntes en animadas discusiones? ¿Un sabio? ¿Un charlatán? ¿Un filósofo a la antigua usanza? ¿Un cascarrabias y polemista impenitente? ¿Un predicador? ¿O simplemente, como afirma uno de sus oyentes, un jubilado que se aburre? Todo eso es el señor Zeta, un Sócrates moderno o un trasunto de aquel señor Keuner de Brecht, con quien comparte estoicismo y excentricidad a partes iguales. Muchos paseantes se detienen un instante, menean la cabeza y pasan de largo. Otros le escuchan, le replican y vuelven día tras día al punto de encuentro. El señor Z. no escribe, pero algunos de sus oyentes toman notas de lo que dice y, gracias a ellos, nos llega esta especie de diario que recoge sus ideas y provocaciones. Nada escapa al espíritu crítico y subversivo del señor Z., evidente álter ego del propio Enzensberger: la arrogancia, las instituciones, la religión –pero también el ateísmo–, los totalitarismos –pero también la democracia–, el arte, la poesía, la economía neoliberal, la educación, internet y un largo etcétera. Sus dardos son implacables, pero también caprichosos y contradictorios como la vida misma. Como siempre en Enzensberger, toda afirmación está imbuida de socarronería y del más puro escepticismo, entendido en el mejor sentido. Dicho en palabras de Z.: Uno sólo debe mantenerse fiel a aquello que no dice”.

Recientemente, he escrito sobre Hans Magnus Enzensberger con motivo de su fallecimiento, en noviembre del año pasado, en su país natal, Alemania, a los 93 años de edad. Lo descubrí hace ya muchos años en su vertiente crítica del mundo digital, pero cargado de razones existenciales para desarrollar tejido crítico necesario en la revolución digital, tan controvertida hoy. Siempre le admiré en mi caminar diario como maestro intelectual y en 2015 le dediqué un artículo en este cuaderno digital, Los ciudadanos no son ignorantes molestos, que resume bien esa admiración aristotélica que citaba anteriormente, sobre una persona enciclopédica, extraordinaria e imprescindible, que tanto ha entregado al mundo de la cultura y del ensayo.

Ahora, leyendo Las reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes y publicando las mías, cumplo una misión importante: acercarme al señor Z. para intentar comprender el pensamiento de su persona de secreto a través de las 259 “migajas” que recojo de su precioso libro. Nada más, en este tiempo tan complejo y convulso, en el que sigo defendiendo a capa y espada que aun admirándome de todas las cosas, de las personas imprescindibles y de las que quiero sobre todo, sigo muy fiel a lo que no digo y solo cuando entro en contradicción ética con la vida propia y la de los demás, me atrevo a hablar, porque estoy convencido que lo que digo es más importante que el silencio, sobre todo cuando si callo sé que participo del silencio cómplice ante la indignidad humana que nos asola día a día.

(1) Dinouart, A. (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela (4ª ed.).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Fiestas e industria de la nostalgia

Grafton Tanner, Las horas han perdido su reloj: las políticas de la nostalgia

Sevilla, 7/I/2023

Estamos ya en el día después de estas fiestas navideñas en las que la industria de la nostalgia hace su diciembre y enero. La nostalgia vende y eso se demuestra, con creencias aparte que merecen todo mi respeto, porque amplifican su poder en la publicidad y venta de mercancías de todo tipo, con el señuelo de una creencia descreída, laica, que lo vive curiosamente al compás que marca el mercado. Este escenario en el gran teatro del mundo, nostálgico por excelencia, se trata con cierta profundidad y rigor por el filósofo americano Grafton Tanner, en Las horas han perdido su reloj: las políticas de la nostalgia (Alpha Decay, 2022), un ensayo publicado recientemente del que el autor manifiesta en una entrevista publicada en TheObjective que “es la culminación de mi carrera investigando la nostalgia. Es una especie de tercera entrega de una trilogía que comenzó con Un cadáver balbuceante, que sitúa el género musical vaporwave en su contexto capitalista más amplio. Utilizando una metáfora musical, mi segundo libro, The Circle of the Snake, es el típico segundo álbum: es muy disperso, descaradamente ambicioso, poco riguroso, y todas estas son razones por las que todavía me gusta. Hasta cierto punto, no reconozco la voz que escribió el primero. Pero Las horas han perdido su reloj es mi intento de intervención en los estudios sobre la nostalgia. Quería escribir un tratamiento riguroso de este tema sin recurrir a (demasiadas) posturas académicas, pero también sintetizando la literatura existente”.

La industria descubrió, hace ya muchos años, que la nostalgia vende y había que cuidarla como mercancía, sobre todo porque aviva las emociones y no tanto los sentimientos, porque éstos son estados más permanentes en el alma humana, mientras que la emociones exigen cada vez a cada persona y se descubre que hay que mantenerlas vivas con lo que sea. Si además, influye esta nostalgia controlada, no inocente, en conductas, mejor que mejor, porque se convierte como por arte de magia mercantil en palabras del autor en una sucursal de la industria cultural que vende baratijas nostálgicas como forma de escapismo. La industria de la nostalgia trafica con lo retro, revitalizando viejas series de televisión, escribiendo precuelas y secuelas a películas de antaño y convirtiéndolas en franquicias y nuevos universos comerciales. Trabaja en sintonía con los grandes grupos de comunicación: estos últimos siembran la rabia y el odio, mientras que aquella proporciona el bálsamo nostálgico. Este ciclo de retroalimentación emocional se convirtió en un elemento fundamental de la economía de la atención en la década de 2010” y que llega hasta nuestros días, hasta nuestras últimas fiestas de Navidades, Año Nuevo y Reyes.

La sinopsis oficial del libro no deja lugar a dudas sobre la intencionalidad del autor al escribirlo: “La nostalgia es una de las emociones más representativas de nuestra era. El deseo colectivo de aferrarnos a la supuesta sensación de comodidad, certeza y protección de épocas pasadas se manifiesta de muchas formas distintas: vivimos rodeados de objetos que habían quedado en desuso, se hacen remakes de películas antiguas (y se reanudan célebres series televisivas de antaño), se escucha y se imita la música de otras épocas y se recurre constantemente al estilo y la iconografía de décadas pretéritas. Por su parte, los políticos conservadores lanzan continuamente promesas de volver a un pasado mejor. Parece que, a medida que la sociedad pierde la confianza en un futuro amenazado por el cambio climático y las crisis económicas, el regreso al pasado se convierte en una tentación cada vez mayor, cosa que las élites dominantes explotan para su propio beneficio. Pero ¿quién está realmente detrás de este discurso? ¿Hasta qué punto nuestro mundo se está convirtiendo en un lugar cada vez más polarizado, peligroso e incapaz de resolver sus problemas reales? Y, sobre todo, ¿habría que intentar extirpar la nostalgia, o es posible utilizar este sentimiento tan poderoso para avanzar hacia un futuro mejor? En este exhaustivo y brillante ensayo, Grafton Tanner recorre la historia del siglo XXI siguiendo el rastro de la nostalgia –que empezó a manifestarse con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001–, para demostrar que esta no es solo una consecuencia de nuestro presente inestable, sino también una defensa contra él. Las horas han perdido su reloj es, finalmente, un llamado urgente y necesario a que nos tomemos en serio la nostalgia, pues nuestro futuro depende de ello”.

El autor lo explica muy bien en sus primeras páginas: “La sensación de que estamos atrapados en el presente no ha desaparecido. Antes bien, se ha recrudecido con cada nuevo trauma: la destrucción del clima, el auge del autoritarismo, las crisis financieras, las guerras interminables. Somos conscientes del lugar que ocupamos en la historia, zarandeados por fuerzas de trascendencia histórica global como barcos en un mar encabritado. A la deriva e indefensos en el presente, muchos se aferran al pasado y echan de menos su estabilidad. Este profundo anhelo por el pasado, esta nostalgia, es la emoción característica de nuestro tiempo. Aunque encontremos abundantes muestras de ira en internet, la desesperación asome su cabeza por doquier y el miedo se haya convertido en el combustible de la política, la nostalgia lo eclipsa todo. Los líderes políticos siempre nos prometen un retorno a los tiempos de antaño, cuando todo era más sencillo, menos inestable. Los grandes grupos de comunicación inundan las plataformas de streaming con remakes y reboots. Estilos pasados de moda se renuevan, reimaginan y adaptan sin tregua para saciar los apetitos del presente. Parece que, cuanto más avanzamos hacia el futuro, más fuerte se vuelve la nostalgia”.

Lo leeré en los próximos días porque me atrapan estos ensayos sobre realidades presentes que están trufadas de experiencias pasadas, que no traen nada bueno al estar controladas hasta la saciedad por el mercado. Me reafirmo en lo que escribí en febrero del año pasado en este cuaderno digital sobre el regreso a la nostalgia, No se transforma nada desde la nostalgia del pasado, con motivo de la publicación de un libro muy interesante, Neorrancios (1), íntimamente relacionado con lo anteriormente expuesto: “Publicaciones como la de Neorrancios son una bocanada de viento fresco cuando muchos navegamos, en patera, sólo al desvío. Gracias por ello. Tengo muy claro que no se cambia nada desde la nostalgia del pasado. La única nostalgia que me permito, como motor de cambio, es la de constatar, en este aquí y ahora, que la dignidad humana no alcanza a todas las personas de este país, que necesita, urgentemente, transformar su presente para poder alcanzar el mejor y más digno futuro para todos”. El libro de Tanner lo desarrolla y reafirma desde la óptica de un ensayo muy preocupante en los tiempos que corren. De ahí mi interés por leerlo y divulgarlo.

Una cosa más a modo de confidencia. Cuando el gran director chileno Patricio Guzmán presentó en España su documental Nostalgia de la luz, aprendí el auténtico valor de esta palabra que lo desarrollaba en su sinopsis oficial, porque simbolizaba muy bien la dualidad de la distancia “entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, aventureros, indígenas, mineros y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares”. En aquella ocasión dije algo que todavía me conmueve en clave de nostalgia bien entendida, al redactar las palabras anteriores: “Nada más. Se trata también de la nostalgia de la dignidad que todavía algunas personas tenemos. Como la de Valentina, la hija de las estrellas, que “a pesar de ser hija de madre y padre desaparecidos, es el personaje más jubiloso de la película. Tiene una mirada serena que observa más lejos que nosotros. Sus abuelos la criaron y le enseñaron a observar el cielo. Desde que se dedica a la astronomía, ella supo que la materia de las estrellas es la misma materia de sus padres”.

(1) Urgáiz B. et alii (Coord.), Neorrancios. Sobre los peligros de la nostalgia, 2022. Madrid: Península.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La noche de Reyes del niño Miguel Hernández

Josefina Manresa y Miguel Hernández, 1937

Sevilla, 5 de enero de 2023, en la noche de Reyes, siendo las 21:45 horas CET

En 2019 escribí en este cuaderno digital una reflexión sobre la noche de Reyes, del niño que siempre llevó dentro Miguel Hernández, ante sus abarcas desiertas. Hoy la he recordado de nuevo por su mensaje impecable para una noche tan especial y para imaginar, al igual que lo expresó el poeta de Orihuela, el pastor de sueños, que el mundo podría ser cada día una juguetería para niños y niñas libres, que tuviera en sus estanterías “juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor”. Sus “abarcas desiertas” no las olvido.

La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era «recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor» (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que «Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería».

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Alocución imprescindible ante un año nuevo

Ángel González

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

Ángel González, en Alocución a las veintitrés

Sevilla, 31/XII/2022

En unos momentos difíciles para el país, asediado por discursos oficiales de «superiores diversos», vacíos de contenido y con una ausencia clamorosa de valores ciudadanos democráticos, en general, recurro un año más al poeta Ángel González para buscar luz en este túnel ético en el que nos encontramos, porque nos ofrece una visión personal de la vida en una alocución de fin de año cargada de historia de errores recientes en este país y en el mundo que nos rodea, salvando lo que haya que salvar. Lleva por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año complejo, para olvidarlo, vuelvo a leerla detenidamente porque siempre calma mi ardiente paciencia y conmueve mi alma de secreto.

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra de ciudadanos imperfectos que aún nos queda en este año bastante complejo y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos. Porque la libertad de la palabra, que aún nos queda, nos ofrece, entre otras muchas cosas, tener fe en ella, aunque la terca realidad nos complique a veces la vida. Porque ahí está, a pesar de que algunos ciudadanos perfectos, instalados en la mediocridad, sólo ven el mundo del nunca jamás en todo lo que les rodea, sin mezcla de esperanza alguna. Lo que necesitamos esta noche es recordar, al tomar las uvas, es que hace falta Más fe, mucha más fe. / Que en cierto modo, / creer con fuerza tal lo que no vimos / nos invita a negar lo que miramos.

Lo he dicho en referencias anteriores a este poema, a estas alturas del calendario: estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud cuando finaliza este año, el más terco de todos los principios. Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, reinas, presidentes, presidentas o ministros y ministras, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás, sin compasión alguna?, ¿afecta sólo a los de arriba o a los de abajo también, a los de izquierdas o a los de derechas en su amplio espectro?, ¿quizás, a todos los que se consideran ciudadanos perfectos?

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

«Milana bonita», dos palabras preciosas de un santo inocente (II)

Sevilla, 28/XII/2022

No es la primera vez que recuerdo estas palabras en el día de los Santos Inocentes, como lo expresaba hace un año tal día como hoy. En aquella ocasión, porque falleció en 2021 Mario Camus, director de una película de culto en el cine español, Los santos inocentes (1984), que no olvido en su fondo y forma, según la obra homónima de Miguel Delibes. De nuevo, me fijé también en un instrumento que formaba parte de la banda sonora de la película, el rabel, que quizás pasó desapercibido en su proyección cinematográfica, pero que simboliza como metáfora viva el mensaje cultural que aún queda en la España olvidada y vacía, en una región que he tenido la oportunidad este verano de conocerla mejor y así lo desarrollé en una serie dedicada especialmente a una tierra extraordinaria por su memoria histórica, Leyendo a Cantabria, interpretando de la mejor forma posible sus creencias y valores. 

«Milana bonita» ha dicho mucho a través de un santo inocente. El que quiera entender…, que entienda, en una novela y una película que, como pasa con las ideologías, nunca fueron inocentes.

Milana bonita, dos palabras para recordar a Mario Camus

Sevilla, 19/XI/2021

Ayer voló a su cielo particular Mario Camus, junto a su inseparable milana bonita, recordándonos que nos entregó un día ya lejano un regalo cinematográfico, Los santos inocentes, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica con el tiempo dentro. Aprendí a conocer nuestro triste pasado como país gracias a Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

En el día de los santos inocentes de 2019, escribí unas palabras de homenaje a este gran director, El rabel de los santos inocentes, resaltando también un instrumento ancestral cántabro, el rabel, porque ponía música a una historia conmovedora, con la sencillez de un alma inocente y bendita como la de su intérprete, Pedro Madrid, que nunca tuvo tiempo para ver la película porque la vida le exigía estar siempre presente en sus tareas cotidianas. Hoy, vuelvo a publicar aquellas palabras, porque creo que encierran en sí mismas el mejor homenaje póstumo que puedo ofrecer a Mario Camus. No está solo, porque cerca, muy cerca, le espera impaciente Azarías, junto a su querida milana bonita.

Muchas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Miguel Delibes, a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Lo que no recordará casi nadie es que la banda sonora de la película está interpretada por Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que no vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones, y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Hoy, día de los santos inocentes, he recordado la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Este libro puede ser un regalo con estela:

Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

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