II Curso de verano para entender el mundo al revés / 2. Hay que priorizar respuestas de Estado a las condiciones de vida de los nadies

Eduardo Galeano

El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 2/VII/2022

Al igual que ocurrió en el Curso anterior, comenzó oficialmente ayer con un ritual muy sencillo pero aleccionador en la sesión inaugural. Seguía presidiendo el aula virtual una imagen de Eduardo Galeano y todos los matriculados, en libertad, sin burocracia alguna, leímos en silencio un poema muy querido por él para comprender mejor la realidad de la condiciones de vida de muchas personas que habitan en el mundo al revés, un lugar común de los nadies, en los que las condiciones de vida digna son muy difíciles:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Los asistentes a esta escuela lo tenemos claro, en palabras de Galeano, como alumnos de una contraescuela necesaria: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. Después, nos han dicho que sigue siendo condición indispensable para participar en este II Curso leer de nuevo Patas arriba. La escuela del mundo al revés, porque si no será muy difícil comprender el hilo conductor de todos los asuntos que se van a tratar en un análisis comparado con la realidad actual, fundamentalmente porque cualquier dato a tener en cuenta antes, durante y después de cada clase, deberá evocar siempre alguna página del libro, sobre todo algún contenido del plan de estudios en sus diferentes epígrafes: educando con el ejemplo, los alumnos, curso básico de injusticia, curso básico de racismo y de machismo, cátedras del miedo: la enseñanza del miedo, la industria del miedo y clases de corte y confección: cómo elaborar enemigos a medida. Seminario de ética, con trabajos prácticos: cómo triunfar en la vida y ganar amigos, así como lecciones contra los vicios inútiles. Clases magistrales de impunidad y modelos para estudiar: la impunidad de los cazadores de gente, la de los exterminadores del planeta y la impunidad del sagrado motor. Pedagogía de la soledad: lecciones de la sociedad de consumo y curso intensivo de incomunicación, para terminar con la contraescuela, que también existe: traición y promesa del milenio y el derecho al delirio.

Inmediatamente después nos pusimos manos a la obra y siguiendo las indicaciones de la tutora de este año, escogimos entre todos la noticia del día o de la semana que más nos hubiera impactado desde la perspectiva del mundo al revés, debiendo tener especial cuidado en su vertiente aplicada a nuestro país. Hubo inmediatamente un acuerdo unánime sobre la noticia a tratar de nuevo, publicada el miércoles pasado y referida a los resultados definitivos, publicados por el INE, de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021, sobre la que hay que destacar que el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (nueva definición) aumentó al 27,8%, desde el 27,0% de 2020 y que el 8,3% de la población se encontraba en situación de carencia material y social severa, frente al 8,5% del año anterior. Para ser objetivos, había que trabajar básicamente sobre la Nota de Prensa oficial del INE, señalando aquellos aspectos que después se debían resaltar en este Curso. Este trabajo personal durante la clase es el que quiero compartir hoy, facilitando obviamente el documento oficial completo que se debe enriquecer con las consultas técnicas que se consideren oportunas.

Es muy importante considerar un detalle técnico de la encuesta que tiene unas derivadas muy claras en los resultados obtenidos y que creo conveniente conocer. Se trata de la nueva definición de la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social, AROPE; (por sus siglas en inglés, At Risk Of Poverty or social Exclusion), «que se creó en 2010 a efectos de medir la pobreza relativa en Europa ampliando el concepto de la tasa de riesgo de pobreza, que solo contempla los ingresos. La tasa AROPE se ha venido construyendo con la unión de la población que se encuentra en riesgo de pobreza, o con carencias materiales o con baja intensidad en el empleo. En 2021 se ha introducido un cambio metodológico que ha afectado a dos de sus tres dimensiones. Así, la tasa AROPE (nueva definición 2021) se define como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones:
riesgo de pobreza (no cambia su definición con respecto al indicador antiguo), carencia material y social severa, y baja intensidad en el empleo (nueva definición 2021). Por tanto, en el indicador nuevo se han modificado dos de sus tres componentes, en concreto
la ‘carencia material severa’, que es sustituida por la ‘carencia material y social severa’ y la
‘baja intensidad en el empleo’».

Para que se comprenda bien estos cambios y no abrumar con datos, expongo a continuación los resultados obtenidos en la encuesta en los que se analiza la actualización de la tasa AROPE:

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021,

Por mi parte, dado el contexto estival en el que nos encontramos, señalo a continuación unos datos que reflejan la situación de dificultad económica actual de los hogares españoles, con cifras que sobrecogen, especialmente cuando me detengo a analizar algunos resultados en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, siempre por encima de la media, punto crítico del debate del grupo de la clase virtual porque participamos (imaginariamente) alumnos y alumnas de diversa Comunidades:

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021

Deseo resaltar también los cambios introducidos en la tasa AROPE enunciada anteriormente, en relación con el segundo indicador, la carencia material y social severa, «que se calcula de forma separada para cada miembro del hogar. Este nuevo indicador se construye con 13 componentes, de los cuales siete se definen a nivel de hogar y seis son personales, diferentes para cada miembro del hogar. Una persona está en situación de carencia material y social severa si padece al menos siete de las 13 limitaciones que forman la lista, definidos a nivel de hogar:

  • No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.
  • No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.
  • No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.
  • No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos.
  • Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) o en compras a plazos en los últimos 12 meses.
  • No puede permitirse disponer de un automóvil.
  • No puede sustituir muebles estropeados o viejos.

    Los seis primeros ya figuraban en la lista anterior y se ha añadido el último. En cambio, desaparecen de la lista de carencias la disponibilidad de teléfono, televisor o lavadora, una vez contrastada su poca utilidad para explicar situaciones de privaciones materiales. Por su parte, los seis nuevos conceptos definidos a nivel de persona son:
  • No puede permitirse sustituir ropa estropeada por otra nueva.
  • No puede permitirse tener dos pares de zapatos en buenas condiciones.
  • No puede permitirse reunirse con amigos/familia para comer o tomar algo al menos una vez al mes.
  • No puede permitirse participar regularmente en actividades de ocio.
  • No puede permitirse gastar una pequeña cantidad de dinero en sí mismo.
  • No puede permitirse conexión a internet.

    En el caso de los menores de 16 años no se dispone de los seis conceptos enumerados anteriormente a nivel de persona. Para estos menores los valores de esos elementos se imputan a partir de los valores recogidos para los miembros de su hogar con 16 o más años.

Sólo un dato más en relación con la población en riesgo de pobreza, que mide fundamentalmente la desigualdad, porque «no mide pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población. En 2021 (teniendo en cuenta los ingresos de 2020) el porcentaje de población con ingresos por debajo del umbral de riesgo de pobreza (la llamada tasa de riesgo de pobreza) se situó en el 21,7% de la población residente en España, frente al 21,0% del año anterior».

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021

Visto lo visto, una vez más y con cierto dolor existencial, volví ayer al libro de Galeano que nos sirve de guía y propuse la siguiente referencia para el trabajo de hoy, porque cuando nos enfrentamos a esta cruda realidad de nuestros compatriotas o mis paisanos andaluces, como ciudadanos más desfavorecidos en el país, sus palabras introductorias a la asistencia a este Curso de verano son inolvidables y rasgan el alma humana: “Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia. ¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela”.

Es la que busco hoy habiéndome matriculado en este II Curso, a modo de contraescuela, que espero me ayude a seguir soñando que otro mundo al derecho es posible. Me quedo ahora con una frase preciosa de Galeano en mis primeros apuntes en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, en una singladura diaria para comprender qué significa un posible mundo al derecho: “Lo mejor que el mundo [al derecho] tiene está en los muchos mundos que el mundo [al derecho] contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Respetarlo todo es nuestra gran tarea de aprendizaje actual para vivir y construir diariamente un mundo al derecho, en el que cabemos todos, sin excepción alguna, por mucho que los diseñadores diarios del mundo al revés se empeñen en evitarlo.

Ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país. Personalmente, lo tengo claro: compartir con datos, que sólo con un gobierno pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, que dicte leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española, podremos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida expuestas anteriormente, que afectan a millones de ciudadanos en este país, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies. Hay que decirlo alto y claro y escribirlo con negrita, como acabo de hacer. Lo decía también hace dos años en este cuaderno digital con motivo de la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV): “ […] viene a dar respuesta constitucional a derechos fundamentales en términos de equidad en el acceso a un ingreso económico para determinadas personas y familias que permitirá atender la pobreza estructural del país como itinerario de reconocimiento del conjunto de derechos y deberes constitucionales que ayuden a la población a salir de esta situación con un trabajo digno y bien remunerado: “El Ingreso Mínimo Vital es toda una política social que se engarza alrededor de una prestación, de forma que, más allá de la ayuda monetaria incluye estrategias de inclusión, en coordinación con las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que permitan a las personas en vulnerabilidad transitar a una situación mejor. Los beneficiarios contarán con incentivos a la contratación y también se creará un “Sello Social” para las empresas que les ofrezcan formación y empleo”. La palabra “itinerario” me parece excelente porque este reconocimiento es un kilómetro cero para ayudar a salir de la situación de pobreza y no para instalarse en ella en régimen permanente de subsidio. Ese es su gran reto […] porque el ingreso mínimo vital es, fundamentalmente, un ingreso para permitir, a toda la población española, alcanzar la entrada en el itinerario de la dignidad constitucional expresada en sus derechos fundamentales y, concretamente en el recogido en el artículo 35 de la Carta Magna: 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Queda claro que el mundo al revés no es inocente y debemos denunciarlo para construir uno nuevo, porque nuestra fuerza es la esperanza, que debe regarse todos los días con rocío, el del conocimiento y la libertad, como respuesta firme a lo que fue en su momento una pregunta inquietante de Neruda: ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 1. Introducción

Sevilla, 1/VII/2022

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Hoy, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo, es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba: la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.. siendo esta realidad así, es verdad que desde hace unos días me recuerdan que está abierta la matrícula de la II edición del Curso de Verano en la Escuela del Mundo al Revés y, al igual que hice el año pasado y sin pensármelo dos veces, he decidido matricularme de nuevo, porque tal y como sigue la “cosa”, sigo sin entender casi nada de lo que está pasando, aunque muchos me siguen advirtiendo que lo que pasa es que no sabemos en el fondo lo que nos pasa y que me tengo que convencer de que “estoy obligatoriamente obligado a entenderlo”, como aprendí en mis años jóvenes del poeta malagueño Rafael Ballesteros: El tema 83, la democracia, / el ácido sulfúrico, los ceros, / el tacón, las hambres, el casamiento orgánico. / De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí / obligatoriamente obligados a entenderlo. La verdad es que ese aserto sigue sin solucionarme nada, probablemente porque soy un inconformista de cuidado o un pesimista bien informado. Vuelve a convocarse con matrícula gratuita y con asistencia obligada. Se vuelve a utilizar como libro de texto de referencia el mismo del curso pasado, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, autor que sigo admirando por sus lecciones de ética mundana para nuestros días, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde que lo escribió, en las postrimerías del siglo pasado. Han vuelto a insistirme en la unidad de información de la Escuela que es imprescindible llevarlo siempre encima para comprender bien el sentido de cada clase. Ni que decir tiene que desde el curso pasado, es uno de mis libros de cabecera.

Una vez realizada la matrícula virtual, he vuelto a abrir el libro por su primer capítulo, leyendo sin pestañear su primer apartado: Educando con el ejemplo: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. La verdad es que para volver a empezar este II Curso, no está mal recordar este discurso, porque tengo que confesar que algo así me pasa casi todos los días, porque el mundo está trastocado y en permanente mudanza por tierra, mar y aire, desoyendo a San Ignacio sobre lo que se debe hacer en tiempos de turbación.

A continuación, aborda varios epígrafes de marcado interés: los modelos de éxito, los alumnos y un curso básico de injusticia. Tres maniobras de aproximación al mundo al revés, a título de ejemplo, que una vez leídas me siguen sobresaltando hoy, si cabe, mucho más que ayer, quizá por aquello del inconformismo crónico que padezco. Sobre los modelos de éxito arrancaba su análisis con una introducción contundente: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria”.

Cuando trata el epígrafe de los alumnos, otra vez vuelve a la carga para describir cómo es el mundo de muchos niños de hoy, es decir, su mundo al revés: “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. La verdad es que esta visión descarnada me servía para darme cuenta de que hay personas en el mundo que siguen pre-ocupadas (así, con guion) con lo que pasa en el mundo o en mi barrio más próximo. Describía, uno tras otro, ejemplos de lo que pasa a los niños del mundo, que puede ser hoy lo que les ocurre a muchos niños y niñas aquí en Sevilla, en la barriada del Vacie o en las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur, en Amate y en Los Pajaritos: “Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden”.

El tercer epígrafe, dedicado al curso básico de injusticia, me conmueve en una de sus primeras líneas, como si lo leyera por primera vez: “La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo. La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Lo que más me sorprende en esta lectura iniciática fue la clamorosa diferencia que expone entre ser o tener, dialéctica que ya aprendí a identificar con Erich Fromm y que intenté rescatar entonces en las palabras de Galeano: “Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería [los tontos, bobos y simples], estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo [actitud de aparentar] de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía)“. Una anécdota que cuenta Galeano en este epígrafe me pareció de un simbolismo práctico como la vida misma: “Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fútbol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerâo, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro en el norte”.

Hechas estas lecturas de nuevo, por mi urgencia vital en este momento, iniciando el mes de Julio que se estrena hoy de forma muy especial, sigo pensando que el mundo al revés que vivimos cada día se entiende mejor cuando tomamos conciencia de que tenemos un problema económico muy grave en el país, que viene de antiguo, los daños colaterales de la pandemia que subsisten, a la que se agrega ahora la invasión de Ucrania, la crisis energética de efectos incalculables, el paro galopante, el mal comportamiento de los políticos, así como los problemas derivados de esta situación que son muchos; la sanidad pública cada vez más asfixiada en profesionales, la inversión y dotación económica insuficiente para casi todo lo que se mueve, problemas de pobreza severa y otros de variada índole social; la situación de los jóvenes, cuya horquilla de fracaso social es cada vez más alarmante; también, la falta de conciencia ciudadana ante lo que está ocurriendo y, por último, la realidad alarmante de la eterna dialéctica entre educación pública y concertada, con gran menoscabo de la primera, cuando invertir en educación es la garantía de nuestro futuro y de la construcción del mundo al derecho.

Vuelvo a matricularme en esta segunda edición manteniendo la urgencia vital para intentar convivir con el mundo al revés que tanto me desconcierta, aunque sigo reconociendo que el Curso es muy difícil de entender y asimilar, sobre todo porque estoy plenamente de acuerdo con la descripción del mundo al revés que hace Galeano, aunque en el momento de escribir el libro no atisbaba muchas salidas a la situación descrita. Fundamentalmente, porque ya lo había comentado en este cuaderno digital en varias ocasiones, cuando personalmente decía que él “nos invitó hace ya veintidós años a entrar en la escuela de ese mundo tan opresivo para personas que buscan otra forma de ser y estar en el mundo de todos y lo sintetizó en unas palabras, Si Alicia volviera,  que no olvido: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies” (1).

Ha pasado el tiempo y vuelvo a tener la necesidad de acudir a una formación “reglada” en este ámbito, porque todos los días asisto al gran teatro del mundo al revés por doquier que, sinceramente, me cuesta mucho entender y además con la sensación de que cabemos en un taxi los que vivimos esta realidad y no queremos hacer una huida ciega hacia adelante. La única forma de hacerlo es acudir ahora a un II Curso de verano sobre esta realidad y no perder una sola clase. Hoy, como en otras ocasiones y como se puede comprobar en este cuaderno digital, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo al revés en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba. Esa es la razón por la cual he buscado en la oferta veraniega de formación a distancia y virtual una segunda edición del Curso de verano para entender el mundo al revés. Lo necesito y deseo compartir la asistencia.

Sé que la dignidad humana que lleva a la libertad personal y colectiva del mundo al derecho, es un camino a recorrer durante toda la vida y ahora, en este verano, en este Curso anunciado. Esa es la cuestión, como le pasaba al protagonista de la famosa obra de teatro de Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, salvando lo que haya que salvar, aunque no podamos a veces tenerlas en este mundo al revés (cada uno que imagine la suya en el decorado que viva…), porque las guerras, las faltas de acuerdo, la pandemia, la desafección ideológica y política, el paro galopante, la pobreza severa de muchas personas, el desencanto estructural del país y la ausencia clamorosa de valores, no nos permiten comprarlas y disfrutarlas en el momento deseado y deseante que tanto añoraba Luisito, el protagonista de aquella hermosa película de igual nombre. Incluso para ir, cada día y de forma imaginaria, a las clases anunciadas en este interesante II Curso de Verano, que todavía, me dicen, tiene algunas plazas libres. Lo necesito, como el comer, para seguir viviendo.

(1) Eduardo Galeano, Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El ´Guernica´ no debería ser un fondo fotográfico para la OTAN

Picasso, Guernica, 1937 (1 de mayo-4 de junio, París)

Sevilla, 30/VI/2022

Al ver ayer la fotografía oficial de la Agencia EFE, de las parejas de los mandatarios que asisten a la Cumbre de la OTAN en Madrid, junto al Guernica, en el Museo Nacional, Centro de Arte, Reina Sofía, reconozco que me conmovió y conturbó internamente, porque no creo que haya sido oportuno, socialmente hablando, que figure como fondo de un encuentro en el que se trata de asuntos de defensa armada, en un marco belicista y de maquinaria de guerras, con una llamada de atención a la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Personalmente, sigo sin olvidar hoy a los niños y niñas de Guernica, a los que vi jugar una tarde de agosto de 2018 en sus aceras, hablando en euskera, con aires de libertad, en paz, en una visita a esa localidad inolvidable. También, resuena todavía en mi conciencia el terrible bombardeo que sufrió, simulado en una representación de “la habitación de Begoña” que se muestra en el Museo de la Paz. Lógicamente, comprendo una vez más que el cuadro pintado por Picasso sobre lo ocurrido en Guernica no está pintado para decorar apartamentos, sino para alertar constantemente a almas inquietas, porque es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo, que acecha en tácticas cuidadas para acosar y demoler la democracia. Estas palabras de Picasso las recupero hoy de nuevo contemplando el Guernica con admiración aristotélica, con la que está cayendo en el mundo, en este país también, porque el fascismo siempre acecha y desea entrar por los resquicios de la democracia y la libertad. Nunca he querido desprenderme de mi litografía del Guernica, comprada hace ya muchos años en el Casón del Buen Retiro, su primer alojamiento en España después de la dictadura, a pesar de mis turbaciones y mudanzas asociadas, desoyendo a Ignacio de Loyola. Cada vez que lo contemplo, intento comprender su mensaje, tanto implícito como explícito. Lo que me duele todavía hoy es haber crecido sin conocer nada de su existencia, porque la Autoridad Competente de mi época, Militar por Supuesto, prefería ignorarlo junto a su autor, proscrito hasta la saciedad por una de las dos Españas, la de toda la vida, que todavía se añora por muchos, mientras la otra seguía y sigue, a veces, teniendo helado el corazón.

Creo, sinceramente, que el Guernica original no está pintado tampoco como fondo de una fotografía en una visita turística de parejas de mandatarios que asisten a la Cumbre de la OTAN en Madrid, donde más de uno tiene decisiones belicistas que callar, porque Picasso lo pintó como un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo que acecha en tácticas cuidadas para acosar y demoler la democracia. El cuadro se pintó para alertar a almas inquietas y como un alegato contra todo tipo de guerras y estructuras de poder armamentístico. Esa frase, en cursiva, la leí exactamente así en la portada de un libro en espera paciente de ser vendido en mi librería habitual de calle, en una mañana del verano de 2018. Así hablaba Picasso sobre el Guernica, que pintó en 1937, por encargo de la República para el Pabellón de España de la Exposición Universal de París de ese mismo año, transmitiéndonos una forma diferente de interpretar el arte y la cultura. Es verdad que es una expresión en un contexto definido y con resonancias múltiples al contemplarlo hoy en cualquier espacio de nuestras casas. A mí me ocurre cada vez que lo observo en su pared azul de la mía, habiéndome acompañado siempre en el largo camino del timbo al tambo de la vida. Probablemente porque su resonancia me recuerda que no está ahí como oscuro objeto de decoración sino como revulsivo para vidas quietas ante el enemigo que acecha por todas partes.

Picasso nos legó una pintura plagada de preguntas a través de mujeres, niños y animales que sufrieron aquel bombardeo el 26 de abril de 1937. Hay pocos hombres, solo el mensaje explícito de que esos hombres son, a veces, sólo lobos para el hombre, en una reinterpretación de la mítica frase de Hobbes: homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). En este cuadro se representa la verdad expresa de la guerra y el sufrimiento que siempre conlleva, sobre todo para los más débiles, mujeres, niños, discapacitados y personas mayores. Nos debería servir hoy, cuando asistimos al terrible asedio de Ucrania, para convertirnos en militantes de la paz, de cualquier paz que se deba defender en los círculos donde somos y estamos, sobre todo cuando se lucha con dignidad por otro mundo mejor y posible.

En mi última visita al Museo Nacional, Centro de Arte, Reina Sofía, en septiembre de 2021, compré un marcador de páginas en el que figuraba un pequeño ramillete de flores pintadas por Picasso, como recuerdo. Niños y niñas de Madrid, como en cualquier lugar de España, también jugaban en sus aceras con los mismos aires de lo que vi en Guernica en 2018, a pesar de todo. Recordé personalmente, después de haber contemplado el Guernica y haberme despedido de Picasso, que aquél trágico 26 de abril de 1937 fue una lección para la humanidad sobre el sinsentido de las guerras. Para que no se olvide en tiempos de paz y guerras ni siquiera un momento. Para que tampoco lo olvide la OTAN. Por ello, mi agradecimiento permanente y vivo a Picasso, pintor de la paz y su memoria activa.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Jean-Louis Trintignant cumplió el sueño de los años más bellos de su vida

Jean-Louis Trintignant (1939-2022) / RTVE, Noticias

Sevilla, 29/VI/2022

El pasado 17 de junio falleció el actor francés Jean-Louis Trintignant, al que he dedicado artículos de elogio en este cuaderno digital en los últimos años, fundamentalmente por películas que me impactaron mucho en mi juventud y en la actualidad, como persona mayor, a través de Il sorpasso ( 1962) y Los años más bellos de una vida (2019). El cine es una isla conocida en mi vida, que siempre me lleva a otras por conocer, por su inagotable misión de acompañarme en singladuras continuas, viajando siempre hacia alguna parte diferente, frecuentando el futuro, en una búsqueda permanente de sentido a la vida.

Cuando escribí sobre Il sorpasso, dije que esta palabra había calado popularmente en nuestro país, sobre todo en el ámbito político, desde que Julio Anguita, el líder carismático del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida en los años ochenta y noventa, la cooptó del partido comunista italiano. Su acepción más clara es “adelantamiento” y junto a “ferragosto” tuvimos la oportunidad en España de asociarlas siempre a través de una película de culto, Il sorpasso (1962), que en este país se tradujo, creo que de forma equivocada, por La escapada, quitándole la fuerza de la palabra en su país de origen. Esta película, una road movie en estado puro, la dirigió Dino Risi y sus dos protagonistas inolvidables fueron Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Un auténtico «capolavoro», como resumen de la mism a en una bellísima palabra italiana, es decir, una obra maestra. Inolvidable el comentario de Bruno (Gassman) al comienzo de la película y recorriendo Roma con su vehículo en pleno mes de agosto: «Está todo cerrado, Roma parece un cementerio”. Más o menos, el tedio de la vida corriente que ahora nos ha llevado al sorpasso más auténtico y real en la vida de Trintignant.

El hilo conductor de aquella película de mi adolescencia en Madrid, es un exponente de la misma vida, de una huida hacia adelante que muchas veces llevamos a cabo cuando estamos desorientados, situación en la que, por cierto, estamos inmersos desde hace bastante tiempo, intentando salir día a día del túnel actual por el impacto permanente de la guerra de Ucrania y los daños colaterales, económicos sobre todo, de la pandemia. Es verdad que, imitando a Vittorio Gassman, podemos salir una tarde cualquiera de nuestra vida en busca de algo trivial para seguir viviendo y encontrar almas cándidas que nos ofrecen una solución inmediata a nuestra necesidad. Llamada telefónica, WhatsApp, redes sociales, cualquier oportunidad de salir fuera de nosotros una vez y volver a la ansiada normalidad existencial sin mezcla de prudencia alguna. Después, podemos acompañar a los dos protagonistas, Bruno Cortona (Vittorio Gassman) y Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant), ocupando una plaza en su Lancia Aurelia B24 Spider, como testigos de cargo de sus aventuras hacia ninguna parte y hasta el fatal sorpasso, al igual que nos puede ocurrir en la vida ordinaria, porque la huida hacia adelante no suele traer nada bueno. En el fondo, es el escapismo que vimos tantas veces practicar a Anthony Blake, un profesional de esta suerte de magia.

Un diálogo de la película, escogido por mí, resume bien el sentido metafórico del sorpasso italiano: “Parece que estamos en Inglaterra”, dice Bruno (Gassman), a lo que contesta Roberto (Trintignant): “¿por la campiña? “No, es que viajamos siempre por la izquierda…”, responde finalmente Bruno. Los sorpassi permanentes e imposibles de la película, con el trato vejatorio a las personas y vehículos a los que adelantan los protagonistas, son el reflejo de los adelantamientos innecesarios, peligrosos y suicidas de la vida, en una alocada huida hacia adelante. El principio de realidad debe ser aplicado siempre y Bruno, a pesar de su juventud, lo sabe: “Cada uno de nosotros tiene un recuerdo fallido de la infancia. ¿Sabes por qué siempre decimos que fue la época más hermosa? Porque en realidad ya no la recordamos como era”. Una de las razones para la huida del tedio de la vida con adelantamientos (sorpassi) arriesgados y peligrosos en el caminar diario que, al igual que en esta película de Gassman y Trintignant, pueden tener un final muy triste.

Hoy, al recordar de nuevo a Trintignant, quiero compartir con él un momento mágico de la película de Claude Lelouch, Los años más bellos de una vida (2019), rodada cincuenta y dos años después de su antecesora, Un hombre y una mujer (1966), con el trío de ases, Trintignant, Aimée y Lelouch, en el que los protagonistas resumen qué ha pasado en sus vidas e intentan detener el tiempo con una autofoto (selfi), palabra que no existía cuando tenían cincuenta años menos, en el marco tan querido de la playa de Dauville de fondo, donde habían transcurrido momentos para no olvidar hace ya mucho tiempo. Vi en su momento la película que motiva este estreno en España y la recuerdo casi plano a plano. Era muy joven, pero el amor me parecía posible incluso en experiencias extramatrimoniales como la de la película, en una España que helaba el corazón de quienes las vivían, porque no eran confesables. Comprendí bien el hilo conductor de la película, aunque casi no podía comentarla en su lado positivo porque el régimen estaba en todas partes. Es una mujer la que cincuenta años atrás había dicho “Te quiero”, un amor prohibido que asusta al hombre al que va destinado ese escueto mensaje. Era una mujer la que había tomado la iniciativa en un mundo tan cicatero, plagado de prohibiciones y controles del alma.

Cincuenta y dos años después, comprobé cómo ha avanzado el país en libertades. Hoy está integrado el argumento de fondo y todos comprendemos que dos personas mantengan en su persona de secreto el amor de juventud, sobre todo si fue verdadero. Quizá se deba a que Lelouch quiso dejar claro, plano a plano, el hilo conductor de la película resumido en una frase de Víctor Hugo: los mejores años de la vida son aquellos que aún no se han vivido. La película nos transmite realidades muy duras en la vida de las personas mayores: la enfermedad del olvido selectivo o Alzhéimer, la vida en común obligada cuando se vive en una residencia de mayores, la ausencia de movilidad en el sentido pleno de la palabra, las ausencias, las fiestas organizadas para alegrarnos la vida incluso cuando lo que se requiere es silencio interior, la soledad acompañada y sonora, los horizonte lejanos, la moviola de la vida disponible en los momentos que determinadas neuronas lo permiten, el amor alojado en neuronas que no se borran, los flashback que circundan la memoria de hipocampo, las sorpresas de quienes nos quieren de verdad. Escuché aquel año, atentamente, a Claude Lelouch en una entrevista cuando habla de la realidad de la mirada, porque los ojos nunca mienten, porque siempre nos queda la mirada de alguien a quien queremos. Ahora, recuerdo como si fuera ayer los silencios de las miradas de Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée en su reencuentro.

Por todas las razones expuestas echo de menos hoy a Lean-Louis Trintignant. Il sorpasso y Los años más bellos de una vida, me permiten soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones, la cicatería en el amor. Los adelantamientos (sorpassi) éticos. Porque siempre quedará París, recorrida de punta a punta gracias a la cámara de Lelouch en un plano secuencia memorable, que utiliza un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo solo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente. Incluso en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai. Incluso con los semáforos en rojo de la vida, sin necesidad de saltárselos o de entrar en calles con dirección prohibida, como vemos en los primeros planos de Il sorpasso. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable para ser más felices. ¿O no se trata de eso en la vida?

Gracias, Jean-Louis Trintignant, porque al igual que hiciste tú siendo joven y, después, una persona mayor, aprendí de ti a cumplir los sueños de los años más bellos de mi vida. Lo sigo intentando todos los días porque, en este caso y en ambas películas, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Podemos ser leedores del baile flamenco

Seises, Festival Grec, Barcelona, 2 de julio de 2022

Israel Galván baila como respira, aunque a veces nos preguntemos si no se le para el corazón en el fondo de un remate

Georges Didi-Huberman, El bailaor de soledades

Sevilla, 28/VI/2022

Hace tan sólo unos meses escribía en este cuaderno digital sobre una realidad preciosa relacionada con el flamenco, la de los escuchaores, algo que resalté al cumplirse este año, en el próximo mes de junio, el centenario del primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad. Con tal motivo quise hacer un pequeño homenaje a una experiencia sentida por el público asistente al mismo, que García Lorca llevó a versos nacidos en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. En dicho concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. Federico García Lorca hizo la presentación oficial del Concurso el 19 de febrero de 1922 en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío.

En este contexto y cumpliendo con la misión de este cuaderno digital, descubrir islas desconocidas que nos llenen el alma de paz interior, transformando la sociedad hacia un mundo mejor, deseo compartir hoy, como leedor y escuchaor de lo que Andalucía baila desde la raíz de flamenco, porque podemos hacerlo desde una perspectiva entusiasta del trabajo de cada día, una vida, lo que sabe hacer y transmitir esta tierra. Efectivamente, ha ocurrido al leer una aventura apasionante que está preparando el bailaor Israel Galván, aquí en Sevilla, un espectáculo con un nombre vinculado íntimamente a esta ciudad y a sus creencias religiosas, Seises:La obra que ahora presenta surge de un movimiento de pies que Galván registra, o más bien ‘roba’, de esos diez niños vestidos con mallas, pantalones abombados, chaquetillas y sombreros aplumados, que tres veces al año realizan, en la Catedral de Sevilla, una danza sacra que tiene su origen en el siglo XV: los Seises. La obra, que se estrena este sábado 2 de julio en el Festival Grec, cuenta además con los más de treinta niños que conforman el coro de L’Escolanía de Montserrat” (1).

Convertirnos en leedores de la vida, al ser amantes de la lectura, según lo expresaba Francisco Sobrino en su Diccionario de 1705, nos hace posible comprenderla en su sentido más pleno. He leído que la música que entreteje su espectáculo está centrada en el músico italiano Domenico Scarlatti y en el Padre Soler, junto a un clavecín que acompaña sus pasos, su taconeo blando sobre un colchón, una nueva forma de transmitir lo que se siente al zapatear sin ruidos añadidos, una nueva forma de expresar el flamenco y “escucharlo” y «leerlo» a través de sus silencios: “En la obra comienzo con un calzado de los Seises y cuando me pongo las botas prefiero bailar en un colchón. Además, no quería pisar la música de Scarlatti. Quería que Scarlatti se me metiera dentro del cuerpo y que la música estuviese sin que yo hiciese ruido”, explica sobre esta obra en la que el músico italiano es medular. Scarlatti formó parte de la corte española de Fernando VI, a la que llegaría en 1729, justamente cuando el entonces infante contrajo matrimonio con la portuguesa Bárbara de Braganza en Sevilla. Momento en que el italiano conocería la música popular andaluza. “En aquellos entonces no había flamenco, pero su música está influenciada por la música de aquí, me recuerda mucho al rajeao de una guitarra. Tiene un ritmo y un aire que me recuerdan al flamenco, más incluso que el piano español o el bolero. Es más jondo. Dicen que Scarlatti se inspiró en los gitanos para su música, eso está escrito. Y yo, cuando veo a la Uchi [bailaora gitana, del elenco del espectáculo] bailar su música, cómo la coge ella a través de los movimientos flamencos que vienen de su familia, ves que casa fácil, natural. Y me digo, “ahí está la prueba de que Scarlatti vio a los gitanos”, explica Galván que ha realizado una selección de piezas del italiano donde “se ven esos acentos, ritmos de bulerías, de solea, de tango”, y sobre las que Galván baila como “un muñequito de reloj”. “Luego está la música del Padre Soler que es más hipnótica, pero es que Scarlatti parece un guitarrista de Jerez”, concluye”.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras, leedores y leedoras, por definición cuando el pueblo canta, baila y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho, leo y veo hoy, con atención reverencial, para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor y leedor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años, en aquel concurso de cante jondo de 1922.

Hoy, como leedor del nuevo espectáculo de Israel Galván, Seises, que se estrenará el próximo sábado en el Festival Grec, sentiré de nuevo las palabras de García Lorca que permanecen vivas, como si no hubieran pasado cien años desde que las pronunciara en un día inolvidable, situándolas en el contexto actual: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Barcelona [Granada, en el original] la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”, que Israel Galván y su Compañía presentan. Te lo agradezco, porque como andaluz, nos ayudas a seguir siendo un enigma precioso al trasluz de tu baile. Como leedor empedernido, sé que el filósofo francés Georges Didi-Huberman, dijo de ti en su obra El bailaor de soledades que bailas como respiras, “aunque a veces nos preguntemos si no se te para el corazón en el fondo de un remate”, partiendo de un hecho irrefutable, las soledades del barroco y las soleares del flamenco, porque cuando Israel Galván baila nos ofrece sus propias soledades, como otras tantas paradojas de la vida, de tal forma que su soledad sonora llega a cada una de las nuestras.

(1) El bailaor Israel Galván ensaya entre talleres de chapa y pintura (eldiario.es). Magnífico artículo que considero imprescindible leer como leedores de la vida y su cultura.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Quién tiene la culpa?

¿Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila?
¿Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas?
¿Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias
?

Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS)

María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

Sevilla, 27/VI/2022

La culpa de lo que pasó el viernes 24 de junio en Melilla, día fatídico en el que murieron 37 migrantes -sin certeza plena de lo que verdaderamente ha ocurrido-, que intentaban saltar la valla de Melilla, camino de un mundo mejor a iniciar en España, dicen que la tiene la mafia que trafica con seres humanos y los lleva a este callejón sin salida. No dispongo de toda la información que me permita evaluar lo ocurrido con objetividad plena, pero sobre el papel y las imágenes que hemos visto, las muertes, heridos y palizas por parte de la gendarmería marroquí en las proximidades de la frontera de Marruecos con en Melilla, tienen difícil justificación humana, razón por la cual se pide que desde instancias independientes se analice en profundidad lo ocurrido, sobre todo para que se instaure el modus operandi de los silencios cómplices a todos los niveles institucionales y sociales que podamos imaginar.

Los 133 migrantes que lograron cruzar esa valla maldita, de forma “irregular”, cuentan a través de las rejas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), en Melilla, lo que llevan pasado desde hace años, deambulando por África desde sus orígenes subsaharianos, en busca de un lugar donde vivir dignamente. Con una frecuencia enfermiza volvemos a tratar diariamente del largo camino de los subsaharianos en búsqueda de una vida mejor. Lo que ha pasado con estas muertes y la llegada a Melilla de estos 133 migrantes, arrancan compasión y rabia por la injusticia mundial que abre cada día más la brecha de la existencia y convivencia entre los seres humanos. ¿Quién tiene la culpa? Desde luego, no sólo las mafias, ni la gente en general. Sobran las palabras. Quizá tengamos que acudir a la memoria de Augusto Monterroso para repetir a los cuatro vientos una idea que podría pasarnos por la cabeza ante tanta desgracia ajena: Cuando vemos sus caras de dolor en el CETI, no hay duda alguna de que la injusticia humana todavía está allí. Para que esta realidad nos obligue a vivir despiertos al verlos cara a cara.

Lo digo y seguiré diciendo mil veces si hace falta. Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. Ahora, la culpa de todo lo que se mueve en el mundo la tiene la guerra de Ucrania, como pantalla fácil para los hombres de negro que controlan el mundo. Mañana…, no sabemos. Tenemos un origen común, sin lugar a duda, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Los migrantes, tampoco. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, están decidiendo en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, por ejemplo, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. Ni los migrantes que luchan por llegar a Europa en busca de un mundo mejor para ellos, con un recuerdo en el alma de los que han muerto el viernes en esta etapa de sus vidas jóvenes, llenas de ilusión por alcanzar sueños legítimos de una mínima dignidad humana.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Decenas de inmigrantes entran en Melilla tras saltar la valla fronteriza | Actualidad

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Tú, ¿cómo te llamas?

Sevilla, 26/VI/2022

En la noche del viernes pasado sucedió algo que me conmovió. La persona con la que había vivido momentos personales y profesionales muy importantes en mi vida, María Teresa, me preguntó cómo me llamaba, con una mirada fija, intentando recuperar una identificación que ya no era posible. Estábamos celebrando su 90 cumpleaños, cumpledías o cumplevidas, tal y como se lo susurré al oído durante el encuentro, recordándole muchos momentos vividos en común. Su cerebro había perdido mi referencia y ya no recuperó mi identidad, aunque sé que allí estaba, alojada en algún lugar de su hipocampo particular, su memoria de secreto.

En este tipo de celebraciones puede pasar de todo, porque volvíamos a encontrarnos unas cuarenta personas que hacía casi cuarenta o cincuenta años, en algún caso, que no nos veíamos. Pueden inspirar la mejor película jamás soñada, con un guion inolvidable. Cada uno con su cadaunada personal, familiar, laboral y de patologías varias. Batallas, muchas batallas, se intentaron narrar en cada encuentro que se suele lo producir como cuando montábamos, de pequeños, en los coches de choque, porque cambiábamos de contertulio chocando entre nosotros casi sin darnos cuenta, con abrazos por detrás y llamadas de atención por delante con la pregunta de rigor: ¿te acuerdas de mí?, aunque en estos casos era sólo para centrar bien el encuentro, porque los años no pasan en balde y los recuerdos, que no sueños, recuerdos son. La mayoría eran antiguos alumnos y alumnas de mi etapa docente, a los que la vida les había cambiado poco o mucho su natural, dependiendo de su genética y experiencia vital. La verdad es que no hacían falta palabras, porque los sentimientos y las emociones estaban a flor de piel. Tenía razón Rafael Alberti cuando escribió aquel poema precioso sobre estas dos realidades tan humanas en la Canción 8, recogida en Baladas y canciones del Paraná: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón / Más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento. // El verso sin él no es nada. / Sólo verso. Este encuentro, si no hubiera tenido corazón hubiera sido sólo eso, un encuentro.

Los anfitriones que tenían la responsabilidad de acoger a la protagonista de la fiesta y a todos los participantes, lo hicieron en su casa, con un nombre especial, Casa de los Ángeles, porque ese es el nombre de los dos. Ángel y Ángela se multiplicaron, junto a otras personas comprometidas con este acto, para hacernos el encuentro amable, lleno de contenidos de amor y cercanía, con poemas, montajes fotográficos, versos, canciones, flores, regalos y fiesta final en torno al fuego, como símbolo de que lo necesitamos en su justa medida para mantener viva la llama de vivir apasionadamente. Todo ordenado y organizado para que no faltara nada, con la garantía de que a todos nos unía la razón de ser del encuentro: compartir con una persona querida el recorrido que cada uno había hecho junto a ella en los últimos cincuenta años, por diversos caminos, pero con un final que allí se palpaba al demostrarle que seguíamos cerca a pesar de las distancias que a cada uno, a cada una, impone la vida en muchas ocasiones.

En torno al fuego, entre otras intervenciones, dediqué personalmente unas palabras a María Teresa, escritas desde el corazón, como lo recomendaba hacer Rafael Alberti, diciéndole alto y claro que si tuviera que elegir en ese momento una palabra que resumiera mis sentimientos hacia ella, en una celebración tan especial como sus 90 cumpledías, siguiendo de cerca a Mario Benedetti en su interpretación del tiempo que lleva dentro cada persona en Como siempre, sería una que expresa lo que le debía desde que nos encontramos en este largo caminar de la vida: “gratitud”. Habían pasado cincuenta años desde que me invitó a compartir docencia en la Escuela en la que forjamos una amistad que es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Continué diciéndole que la amistad es algo que aprendí precisamente de una persona de asamblea, el Eclesiastés, al que sé que conocía bien, porque teniendo la oportunidad ambos de experimentar algo tan preciado como el tiempo, sabíamos que al final lo que nos queda ante las preguntas de la vida sobre el presente y el futuro imperfectos, es el silencio que nos acompaña en la amistad, porque me consta que hemos aprendido que siempre es mejor caminar por la vida juntos que uno solo: si uno cae, siempre tendrá cerca alguien que lo levante. Por eso le di las gracias ante nuestro recorrido por la vida, por su amistad, porque los dos sabíamos que no había sido fácil llegar hasta este encuentro tan especial.

Siguiendo a Benedetti en su homenaje a los días que cumplimos a diario, le dije que sabía que al alcanzar los noventa años no se le notaban porque me constaba que entra a diario a averiguar la alegría del mundo, cuando intentan vencer aquellos que no aman la vida, “volando ella gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores”. También, porque sabía que había alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que su manantial mane amor sin miseria. En definitiva, le debía gratitud también por ser como es, con su conciencia del Norte desde el Sur, que nunca ha abandonado y que a mí me enseñó a amarlo a través de lugares muy queridos para ella.

También le dije que al estar en Huelva, en ese encuentro, un lugar del que siempre quiero acordarme, quería tener muy presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, preparando las clases que impartía en su querida Escuela, porque escribió unas palabras hace más de cien años que rescataba en ese momento en la celebración de su cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario como poeta recién casado, recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, una mujer extraordinaria, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno: ¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura. El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

Al finalizar mis palabras, volví a agradecerle que hace casi cincuenta años me acogiera en su vida como amigo del alma. Por ello, le expresé gratitud plena. Es verdad que esa noche, junto a ella, ese encuentro era una vida, la esencia misma de la vida, un sueño de felicidad al compartirlo con ella, especialmente, y con cuantas personas estaban allí, porque todos sabíamos que la queríamos y ella a nosotros. Le dije también que con ese espíritu y gracias a su vida ejemplar sabíamos que mañana, el día siguiente y frecuentando el futuro, tendríamos una visión especial de esperanza. Le prometí que cuidaríamos bien ese momento de gratitud que podía ser también mañana. Gratitud para ella, para todos los que estaban allí y para los ausentes que han formado parte de esta extensa amistad compartida y que, de alguna forma, estaban también allí. Le dije, por último, que se llevara el mejor beso y abrazo envueltos en amistad y amor. Le di un beso en la mejilla izquierda, en silencio.

Cuando iniciamos la despedida al finalizar el encuentro, junto a la puerta de aquella casa de ángeles, recogí del suelo una magnolia blanca, que confundí en un principio con una rosa, que me recordó una escena de Lo que el viento se llevó, porque todos los días no tenemos cerca la luz de la luna ni el aroma de las magnolias para seguir creciendo. Tomé conciencia otra vez de la pregunta de María Teresa aquella noche, que me conmovió tanto: tú, ¿cómo te llamas? La vida se había llevado mi nombre casi sin darnos cuenta, aunque me quedaba el aroma de aquella flor simbólica para frecuentar el futuro, para seguir viviendo.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Guerras con nombres

Sevilla, 25/VI/2022

Cuando estamos asistiendo a guerras de todo tipo a pesar de que se camuflan con eufemismos imposibles de cosmética guerrera, como está ocurriendo en Ucrania, el cine sale en ayuda de la sociedad civil con películas como la que se ha estrenado esta semana en Filmin, Guerra sin nombre, una película del género documental, de Bertrand Tavernier y Patrick Rotman sobre el trauma de la guerra de Argelia, que cumple ahora 30 años desde que se rodó y presentó en sociedad. Lo he conocido a través de un artículo excelente en el diario El País, “Guerra sin nombre, el documental de Tavernier para saber más de Argelia”, dedicado a este acontecimiento desde el más digno respeto a la memoria histórica de esta guerra, con nombre, que tanto aprecio. Para nosotros, una lección, visto lo visto con lo que ocurrió en la guerra civil española de 1936 y sus consecuencias, en una dura batalla hasta hoy mismo por recuperar la memoria histórica que suele taparse a diario recurriendo a la Transición, en silencios cómplices impresentables.

Tavernier, una vez más, tal y como lo he ido incorporando a la quintaesencia de este cuaderno digital, hace de su cine un auténtico alegato continuo en defensa de los valores éticos y humanos en la sociedad, para que nunca se olviden. En esta película, busca la reparación histórica de Francia ante una guerra con nombre, a pesar de los esfuerzos institucionales para que no se la llame así, porque es “Un monumento antibelicista de primer orden porque sus testigos directos revelan que de la guerra, con sus aventuras, sus misiones, su compañerismo y sus uniformes, solo se sale con los pies por delante o con secuelas irreparables. Según el informe del veterano historiador Benjamin Stora, presentado a Emmanuel Macron en enero de 2021, hubo en torno a medio millón de muertos. Tras 130 años de dominio francés, la guerra de Argelia dejó heridas que aún siguen abiertas”, a pesar de que a muchos no les preocupe cerrarlas nunca, utilizando siempre artificios lingüísticos para no llamar nunca las cosas por su nombre, como maniobra perfecta de la mediocracia en pleno apogeo en el mundo, en Europa, Francia y España, sin ir más lejos.

La película de Tavernier es aparentemente larga, cuatro horas, aunque el tiempo no agota nunca tanto dolor contenido y revelado en planos extraordinarios que cumplen la misión de trasladar exactamente lo que pensaban de ella sus auténticos protagonistas, los reclutas, jóvenes franceses que junto a otras participantes, hasta alcanzar un número aproximado de tres millones de combatientes, lucharon hacia ninguna parte durante los ocho años de la guerra. El entrevistador, Patrick Rotman, pregunta y los jóvenes responden, así como determinados mandos ante sucesos que no tienen justificación alguna, mientras Tavernier hace el resto dejándonos hace treinta años un testimonio transcendental para la posteridad. Lo más importante es, como se afirma en el artículo citado, es que “La película se propone no juzgar y lo consigue dando voz al último eslabón de la cadena de siempre. Aquí no hay espacio para altos funcionarios, políticos o historiadores. Los únicos testimonios que importan son los de quienes estuvieron en primera línea del frente”.

Bertrand Tavernier nos enseñó a lo largo de su carrera cinematográfica algo muy importante, en cada día comienza todo, tal y como lo expresé en un artículo el año pasado, un día después de su fallecimiento. Ahora, con el estreno en España de Guerra sin nombre, podemos volver a experimentar lo que ha expresado varias veces en estas páginas sobre el director francés y su cine de compromiso social activo y militante: “El cine de calidad nunca es inocente, porque es la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Cuando vemos una película contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier [el guion de Dominique Sampiero], aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia”.

Las palabras finales sobre esta película en el diario El País, resumen perfectamente lo que he querido decir hoy a los cuatro vientos de la Noosfera, “Guerra sin nombre es una película fundamental dentro de la relación entre cine y memoria. Una investigación fascinante y la demostración de cómo el documental rompe los límites del periodismo en su búsqueda de la verdad. Cuando se estrenó, en febrero de 1992 en la Berlinale, el tabú y el silencio seguían instalados en la sociedad francesa. Su contribución fue decisiva para deshacer ese nudo y llamar a la guerra de Argelia por su nombre”. ¡Ojalá nos ocurra algo así en esta país para llamar a la Guerra Civil por su nombre! Lo he recordado especialmente al escribir en 2015 sobre otro director de cine, Patricio Guzmán, cuando el cine se convierte en el gran testigo de la memoria histórica y en nuestro país se siente todos los días la nostalgia de la dignidad por el trato que se da a nuestra memoria histórica de una guerra civil con nombre: “Dije en aquél artículo que había leído una crónica de la 65ª edición de la Berlinale, en el diario El País, en la que se recogía una declaración del director de cine chileno Patricio Guzmán, acerca de un documental realizado en 2010, Nostalgia de la luz, que había tenido un recorrido tortuoso para su exhibición en España y en su televisión pública: “Siempre he tenido el sueño de hacer un filme sobre la falta de memoria de España. En especial, sobre el pacto de silencio que Felipe González inventó con el Ejército. Es un escándalo lo que pasó. La falta de memoria de España le ha quitado energía para jugar un rol importante en Europa. Sigue siendo un país secundario, cuando por elementos históricos y culturales debería estar en primera línea de la UE. Pero no sé dónde encontrar el dinero para ese proyecto. Y las televisiones no emiten documentales. Nostalgia de la luz fue cofinanciada por TVE hace cinco años y aún no lo han emitido… ni lo van a hacer”. Aquellas palabras de Patricio Guzmán no me dejaron tranquilo en aquella ocasión. Además, en el contexto de esa Berlinale, había presentado un nuevo documental, El botón de nácar, que seguía completando el homenaje a la historia dolorosa y reciente de Chile, junto a Nostalgia de la luz, porque no quería ocultar lo que había pasado en su país. Tengo un tremendo respeto a la historia y por eso me duele como a él que ahora se quiera olvidar oficialmente la etapa dolorosa de la dictadura hasta que la Transición consolidó la democracia en España. De ahí la importancia del premio de anoche con su película final de la trilogía, La cordillera de los sueños.

Tavernier me ha llevado siempre a sus películas navegando cerca de mi patera existencial que, a modo de islas desconocidas, me ha permitido desembarcar en ellas junto a mi alma de secreto. Hoy, con Guerra sin nombre ha ocurrido lo mismo. Por ello, mi gratitud plena por lo que representa en el cine mundial, porque directores y directoras como él se atreven a rodar las mejores películas de la vida a pesar de nuestro empeño de no querer llamar a determinados sucesos por su nombre. Tengo muy claro en mi ideario particular que las guerras siempre tienen nombres y apellidos, los de sus responsables. Nunca hay que olvidarlo y, menos, borrarlo de nuestra memoria histórica.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

De nombre Juan o Juana

Pedro Pablo Rubens (1610 – 1612), San Juan Evangelista / Museo del Prado

Sevilla, 24/VI/2022

Dedicado de nuevo (ya lo hice el año pasado), a las personas que llevan el nombre de Juan o Juana, en sus diferentes versiones, vinculados al Bautista o al Apóstol, como símbolo de una tradición multisecular que se perdió hace ya muchos años, cuando se decidía en el seno de cada familia el nombre de los hijos e hijas porque era un programa o proyecto de vida, es decir, el nombre encerraba en sus letras y grafía una historia que siempre se debía contar. Llevaban con mucho orgullo su nombre, su Vida. Era un momento apasionante que daba pleno sentido a la vida propia y a la de los demás.

Me imagino a los abuelos y abuelas sentados hace miles de años en las orillas de los ríos Tigris y Éufrates, en la actual Irak, preparando el gran acontecimiento del nacimiento de los nuevos descendientes de sus familias, porque los nombres que debían llevar no eran inocentes sino un programa de vida a través de la genealogía. Me parece una aventura extraordinaria que se debería rescatar como lección de la historia para cada uno, para todos. Hace bastantes años, concretamente el 22 de octubre de 1984, publiqué un artículo, Poner el nombre, en un periódico muy querido, “La Noticia de Huelva”, que rescato hoy en su contenido y contexto plenos, porque refleja lo que sigo pensando después de casi treinta y ocho años, en un día inolvidable: el nacimiento de nuestro hijo, al que pusimos un nombre especial, Marcos.

Hoy, el día del nombre Juan, bastante más extendido de lo que parece y alejado en una corriente laica del “santo” Juan (Bautista o Apóstol), convive con otros miles de nombres a pesar de su significado histórico extraordinario por lo que supuso para quienes lo adoptaron en familia como identidad para toda la vida. Juan era el testimonio vivo de un niño o de una niña que “tenían el corazón cerca de los que menos tienen”, porque Dios era miseri-cordioso con esa familia (así se escribía en hebreo, Yohanan) y siempre “estaría cerca de ellos” porque era su protector. Además, para los que conocieron a Juan el Evangelista, sabían que Jesús de Nazareth lo identificó siempre muy bien y le puso un sobrenombre, Hijo del Trueno, por su ímpetu juvenil. Para los que difundieron la crónica del Bautista, saben que el nombre significó mucho en su vida, porque fue grande ante el Señor, que lo protegió siempre (de ahí su nombre), no bebió vino ni licor, estaba lleno de un espíritu nuevo, con una misión de vida especial: hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos.

Impecables proyectos de vida de unos niños y niñas de nombre Juan o Juana, que todavía hoy siguen siendo necesarios e imprescindibles.

Poner el nombre

Es grandioso el ser humano. Tiene una historia digna de ser recordada en sus «momentos» más transcendentales. Poner nombre a los seres vivientes fue el punto de partida de una historia mal contada en nuestra infancia. Verán. En el relato de la experiencia humana del pueblo de Israel, que buscaba entenderse a sí mismo, haciéndose las preguntas de siempre: ¿de dónde venimos, hacia dónde vamos y quiénes somos?, que luego sería recogida por el cronista de la época, se citaba como responsabilidad única e irrepetible en el hombre [sentido filosófico del ser humano] la de poner nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Y cuando creyó que ya conocía todo sin necesidad de nada y de nadie, tuvo la oportunidad de dar el mejor nombre para la mejor mujer: Eva, porque «era la madre de todos los vivientes».

Casi siempre ha pasado desapercibido este relato bíblico en beneficio de la maléfica manzana o serpiente. Tamaño descuido ha incidido sobremanera en el entendimiento de los nombres, en la despreocupación de sus contenidos, en aras de una simbología de la época. Y hoy día, que todos reclamamos a gritos «llamar a las cosas por su nombre», en expresión popular, tenemos la gran oportunidad de rescatar el sentido primigenio de aquel hombre de la historia. Adán, que gozó de un privilegio que hoy exigimos por derecho propio. Mucho más en los momentos actuales de vanguardismo y progresía mal digerida, donde damos nombre a los niños que vienen en aras de una «moda» o como resultado de la última campaña de la revista para los padres que premia los más originales. Si importante es poner nombre a las cosas, mucho más lo es ponerlo a las personas. Y aquí nos vamos a detener. Hasta hace pocos años, cumplir con el santoral era rito imprescindible que sellaba el ciclo nacimiento, nombre de santo, juzgado, bautizo. María y José han inundado la geografía española en un “alarde” de originalidad. Francisco y Fernando han sido casi siempre de segunda división, necesitaban el guion de la época siempre que daba al nombre compuesto un «orden» preestablecido.

Francisco y José Antonio hay muchos en los años cuarenta. El régimen anterior se cuidaba también de bautizar a los niños de la posguerra. María y José se compraban por veinte duros o «la voluntad» para poner «cristianos» a los niños africanos del «Domund». La preocupación de quedar «moros» era y es una pesadilla para determinadas familias. Muchos padres se han perpetuado a través del nombre de los hijos. Muchos actores, actrices, reyes, futbolistas, toreros, jefes de estado, patronos y patronas se perpetúan a diario en los libros de registro de los Palacios de Justicia. Sin dificultades. Pero una oleada progresista que avanza de forma imparable asalta los juzgados, sobre todo, poniendo nombres que no vienen en el santoral y que se encargan de sugerir el «bautismo» de siempre. No es extraño ver mezclada a Soraya con una «María» que dulcifica el atrevimiento o un Aitor de sobrenombre José. Por no hablar de la «moda» de Iván, Israel, Teseo, Víctor, Antígona, Sonia o la Tamara/Tais de turno, que hacen las delicias del lugar en clave Peñafiel/Hola, Nueva/Ola/«La Revista».

Aunque tengamos que ser respetuosos con la época, no hay más remedio que reconocer que la acción actual de poner nombre a las personas no tiene que ver absolutamente nada con el mandato para Adán. Esa gran oportunidad de hacer de cada nombre un programa (así lo vive el pueblo de Israel), se perdió en los fuegos fatuos de la historia. Nuestros antepasados ponían los nombres a sus hijos de acuerdo con un programa «dialogado» con el Dios de la época, es decir, en los hijos se quería proyectar un deseo compartido por el amor. Si a un niño hebreo se le pone Rafael (en hebreo Rafá-El), no es por agradecimiento al arcángel de moda, sino porque Dios ha sido como una «medicina» para la pareja. Si una niña se llama Ruth, será como homenaje a la amistad de todos. Cada vez que cojamos en brazos, por ejemplo, a Ruth, «nuestra amiga», recordaremos el programa para ella: nos comprometemos en la amistad, no necesitamos sacralizar el nombre. Esas eran las vivencias del pueblo hebreo. Cada nombre un programa, cada hijo/a un proyecto de vida enmarcado en el símbolo de cómo le llamamos.

Nuestra cultura actual vive muy lejos de esta realidad, pero sería importante recuperar estos valores históricos, para encontrar nuevos significados a la creación en general. A mí siempre me ha gustado sobremanera la historia de una pareja bíblica que se plantea el nombre como respuesta a una experiencia de crisis «matrimonial». Elcaná y Ana son la pareja feliz, son capaces de compartir el amor junto con una mujer más, aprobada por el rito de la época: Peninná. Es más, debido a la esterilidad de Ana, Elcaná se vuelca sobre Peninná «porque le da hijos». Ana se esconde por los rincones llorando su esterilidad y Elcaná la busca en el mejor acto de amor de la historia: «No llores mujer, porque mi amor es mejor que diez hijos…» Se unen, conociéndose, naciendo un niño con nombre de agradecimiento, Samuel, que en hebreo significa: «pedido a Dios». El nombre cobra tanta importancia como cumplir posteriormente con el rito: se había pedido un hijo y nace. Todo lo demás refuerza la importancia del acto: hay que llevar en agradecimiento un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino. Para rematar la fiesta, como hacemos por aquí, porque todo es importante en la viña del Señor. Samuel siempre será un acto de afirmación, de fidelidad progresista de una pareja revolucionaria en su época que, entre otras cosas, supo llamar al niño por su «nombre».

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El desarrollo de los Servicios Sociales en Andalucía: un deber político urgente ante la nueva legislatura

Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales 2021Informe de Valoración del Desarrollo de los Servicios Sociales por Comunidades Autónomas 2021

Sevilla, 23/VI/2022

Ayer se publicó el Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales que elabora anualmente la Asociación Estatal de Directoras y gerentes de Servicios Sociales, correspondiente a 2021, que se viene publicando anualmente desde 2012, cumpliendo este año su décimo aniversario. En este índice se hace balance de cómo han evolucionado los Servicios Sociales en una década en la que han ocurrido dos acontecimientos de indudable importancia y repercusión crítica: el descalabro económico que se inició en 2009, “con los grandes recortes presupuestarios que se prolongaron hasta 2014, y la gran crisis provocada por el covid19 en 2020 y 2021”. Según la citada Asociación , el resultado ha sido el siguiente:

Ordenación del Sistema: todas las Comunidades tiene Ley de nueva generación, salvo Madrid, que está en fase avanzada de elaboración. En 2011 sólo 11 Comunidades tenían Ley. Así mismo, si en 2011 eran 5 las Comunidades que tenían Catálogo de Servicios Sociales, en 201 son 9. Y frente a las 2 Comunidades con planificación estratégica en 2011, son 11 en 2021. 

Relevancia económica. Se incrementa un 26,2% el gasto por habitante y año (350 € en 2019 / 446,9 en 2020), así como 0,28 puntos porcentuales la significación sobre el PIB (1,60% en 2011 / 1,88% en 2020). Pero se reduce en 0,36 puntos el porcentaje del presupuesto que las Administraciones Públicas (Comunidades Autónomas y Entidades Locales) destinan a servicios sociales (8,14% en 2011 / 7,78% en 2020). Cada vez es mayor el porcentaje de financiación local y menor la autonómica sobre el gasto total en servicios sociales. Si en 2012 esta proporción era 83,3% CCAA y 14,6 EELL, en 2020 pasa a ser 69,4% CCAA y 30,6% EELL. 

Prestaciones y servicios. Mejoran la mayor parte de los indicadores de cobertura, destacando la ratio de profesionales por habitante en las estructuras básicas (pasando de un profesional por cada 3.765 habitantes, de media, en 2012, a uno por cada 2.064 en 2021), y las plazas de alojamiento para personas sin hogar (34,5 por cada 100.000 habitantes en 2011, 41,2 en 2020). En el resto el incremento es reducido, como las plazas residenciales de financiación pública para personas mayores (2,37% en 2011 / 2,70% en 2020) o la ayuda a domicilio (4,4% en 2011 / 5,1% en 2020). Hay incluso indicadores que empeoran en esta década: la intensidad de la Ayuda a Domicilio (19,3 horas de media mensual en 2011 / 17,8 en 2020) o los acogimientos familiares a menores sobre el total de acogimientos (60,4% en 2011 / 50,1% en 2020).

Si importantes son los resultados en el ámbito estatal y las consiguientes comparaciones entre Comunidades, quiero detenerme especialmente en el Informe de Valoración del Desarrollo de los Servicios Sociales por Comunidades Autónomas, 2021, por su especial incidencia en lo que ha sucedido en Andalucía y como una oportunidad para que desde el nuevo Gobierno y la oposición se trabaje ante sus resultados para plantear las mejores respuestas posibles. Siguiendo con los parámetros expuestos anteriormente como resumen general, la evolución del Índice DEC Andalucía 2’12-2021 obtiene una calificación global de DÉBIL (dec, 5,15), suponiendo una tendencia de contención, estable, al ocupar el puesto nº 11 en la clasificación de las Comunidades Autónomas en el desarrollo de su Sistema de Servicios Sociales: “Su puntuación global se mantiene estable respecto a la anterior aplicación, todavía una décima por debajo del nivel alcanzado en 2017”.

Según el Informe y en relación con el primer parámetro citado, reconocimiento de reconocimiento de derechos y ordenación del Sistema, hay que recordar que “la Ley de 2016 y su planificación supusieron un importante avance para el Sistema Público de Servicios Sociales en Andalucía. Pero la falta de aprobación del Catálogo cuatro años después, penaliza este apartado del Índice y le impide mejorar su clasificación. En cuanto a la relevancia económica. “aunque las Administraciones Públicas de Andalucía siguen reduciendo la relevancia económica de sus servicios sociales, en términos absolutos el gasto corriente por habitante y año aumentó un 6,74% en 2020 (401,36 €) respecto a 2019 (375,99 €), que sigue por debajo de la media estatal (446,93 €). Con un incremento de 28 décimas respecto al año anterior, el porcentaje que supone el gasto de la Comunidad y de las Entidades Locales en servicios sociales respecto al PIB regional alcanzó el 2,26% en 2020, superando el de años anteriores, manteniéndose por encima de la media estatal (1,88%), como ocurre de manera sistemática”.

Otro apartado importante es el porcentaje del gasto en servicios sociales que realiza la Junta de Andalucía y las Entidades Locales (EE.LL.) de Andalucía, porque aunque “es superior a la media estatal (+0,28 puntos), registra un fuerte descenso de 1,83 puntos en 2020 (8,06%) respecto al año anterior (desciende en 2020 1,83 puntos respecto al año anterior (9,89%). La Junta de Andalucía aporta el 71% del presupuesto total de los servicios sociales en esa Comunidad, mientras que el 29% restante corresponde a las Entidades Locales de su territorio. Unos porcentajes muy parecidos a los que se registran, como media, a nivel estatal, aunque la significación del presupuesto de la Junta es 1,9 puntos superior y, en consecuencia, la de las Entidades Locales 1,9 puntos menos”.

Asimismo, hay cuatro aspectos importantes en la cobertura efectiva de prestaciones y servicios, en los que destaca Andalucía:

– La cobertura de su red de servicios sociales comunitarios, con un profesional por cada 1.810 habitantes, cuando la media estatal es de uno por cada 2.064.

– La Atención a la Dependencia, con una puntuación de 7,5 puntos en la Escala del Observatorio de la Dependencia, la tercera más alta de todas las Comunidades.

– La cobertura del Servicio de Ayuda a Domicilio, del que se benefician en Andalucía el 6,8% de las personas mayores de 65 años, frente al 5,1% de media estatal.

– El Servicio de Teleasistencia, que alcanza al 15,3% de las personas mayores de 65 años (10,0% de media estatal).

Sin embargo, hay que señalar también los principales déficits de cobertura:

– La cobertura de sus Rentas Mínimas de Inserción, que solo alcanzaban al 5,4% de la población bajo el umbral de la pobreza en Andalucía, frente al 9,0% de media estatal.

– Las plazas residenciales de financiación pública para personas mayores de 65 años, con una cobertura del 1,96%, frente a 2,65% de media estatal.

– Las plazas de acogida para mujeres víctimas de violencia de género, con 7,1 plazas por cada 100 mujeres con orden de protección en Andalucía (11,4 de media estatal).

– Las plazas de alojamiento para personas sin hogar, con 25 plazas por cada 100.000 habitantes en Andalucía, frente a 41,2 de media estatal.

Creo que lo expuesto anteriormente son datos fiables para comenzar a diseñar, Gobierno y Oposición, una agenda de atención urgente y prioritaria a los Servicios Sociales en Andalucía, constatándose también que es un problema de Estado, porque las desigualdades entre Comunidades son clamorosas, tal y como se puede analizar con detalle en los índices citados. Se deberían abordar con carácter de urgencia también, normas sustantivas que establezcan índices mínimos de atención inexcusables para salvaguardar el interés general en los servicios sociales del país.  

Una vez más y visto lo expuesto en los dos informes de referencia, vuelvo a reivindicar mi sueño de que es posible transformar la sociedad andaluza, no sólo cambiarla, estando muy cerca de los nadies de Galeano, en particular, a los que no olvido, así como de la lucha por un mundo y un país mejor. Lo digo porque creo que entre todos podemos construir una sociedad mejor, sin excluir a nadie en esta preciosa tarea, en la que los servicios sociales atienden a los que más lo necesitan, en un equilibrio digno de salvaguarda del interés general. Los déficits sociales señalados, entre otros muchos, son un test para comprobar dónde estamos y qué debemos hacer. Ya no hay excusas.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.