Víctor Jara y mi memoria de hipocampo

Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel…

VICTOR JARA

Víctor Jara, fotografía recuperada el 6 de diciembre de 2009, de http://radionuevaaurora.files.wordpress.com/2007/09/056-victor-jara.jpg

Es verdad que recuerdo la muerte de Víctor Jara, cuando yo llevaba un año trabajando en el Hospital Universitario San Pablo, en la antigua Base americana “San Pablo Frontera”, en septiembre de 1973, en unas condiciones difíciles para estar cerca de la vida y de la muerte de las personas que allí se atendían. Con veintiseis años. Fueron días de contradicción interna porque recordaba a Víctor Jara en canciones protesta que me sabía de memoria y no comprendía por qué le habían asesinado de forma tan brutal. Además, con escasa información en un país que agonizaba en su dictadura feroz, que asimilaba personalmente de forma difícil en mis compromisos con la Universidad de Sevilla.

Llevo días leyendo numerosas referencias a la muerte de Víctor Jara, en el Estadio Nacional que nunca olvidaré, gracias a Costa Gavras, en su película desgarradora, Missing, que tantas veces he recordado, como acicate para que no abandone el compromiso con la ética social.

El 16 de septiembre de 1973, lo enterraron de forma humilde y clandestina gracias al aviso de una persona que descubrió su cadáver junto a la tapia del cementerio. Y el pasado 5 de diciembre de 2009, volvió a recibir sepultura digna, en el mismo sitio de 1973, después de que exhumaran su cadáver de nuevo para poder certificar la violencia con la que actuaron los soldados y oficiales de Augusto Pinochet contra sus palabras, su testimonio de vida, su compromiso ético.

Treinta y seis años después, lo he acompañado por las calles de mi memoria de hipocampo, la de secreto, hasta depositarlo de nuevo en el mismo sitio que ha estado en estos treinta y seis años de mi vida, recordando su sonrisa, sus rizos, que tanto enfadaron al soldado que le golpeó brutalmente en el estadio, en una muerte lenta (1), porque era un cantante marxista-leninista (en interpretación celtibérica que tanto resonaba en mis oídos en aquella época y durante la famosa transición):

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial.

Después, he buscado siempre a Víctor Jara a través de Quilapayún, conjunto con el que convivió durante años muy importantes de su vida. Y lo he encontrado hoy, escuchando de nuevo canciones de compromiso para que no olvide nunca mi memoria histórica, a Víctor Jara:

Levántate y mira la montaña
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.

Levántate y mírate las manos
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre
hoy es el tiempo que puede ser mañana.

Sevilla, 6/XII/2009

(1) Délano, M. (2009, 6 de diciembre). La muerte lenta de Víctor Jara. El País, Domingo, pág. 12s.

Malviviendo, malmuriendo…

VICTORIA

Victoria, una niña moldava con parálisis cerebral que juega con su «papusha», demostrando al mundo que puede mantener el nivel académico de niños de su edad. Fotografía de Isabel Muñoz, en El País Semanal (2009, 15 de noviembre), pág. 27.

Para Zurdo y Negro, para su grupo, que ayer dejaron un mensaje manifiesto de coraje para navegar en mares procelosos, en tiempos de crisis.

Ayer asistí a la segunda jornada programada por el Evento Blog España 2009 y decidí estar en las dos sesiones paralelas de la mañana, descubriendo una vez más el inmenso mundo que hay detrás y delante de los blogs. Pero de todas las experiencias presentadas, me marcó sobremanera las de un grupo alternativo a los códigos políticamente correctos y éticamente aceptados en determinada sociedad actual, denominado “Malviviendo”, que se ha buscado un hueco en la Noosfera a través de una serie de cortos, transgresores, gamberros, que rompen moldes, que reflejan una realidad molesta a nuestros ojos y oídos pero que se debe escuchar y ver alguna vez. Ellos se presentan así:

“Somos un grupo de jóvenes que hemos terminado los estudios y tras engrosar las listas del paro hemos decidido dar un paso al frente y crear nuestra propia serie, sin presupuesto de producción (¿acaso 40 euros para el primer capítulo puede considerarse presupuesto?), con pocos medios técnicos y con mucha imaginación.

El hambre agudiza el ingenio.

Esta temida crisis, que lleva varios años instalada en el audiovisual español, lleva a experimentar con nuevas fórmulas, nuevos intentos de llegar a un gran público que cada vez decide más detenidamente lo que ve y es realmente exigente con los contenidos, con independencia absoluta de lo que opinan los audímetros.

En esta tesitura, el joven creador es el que más difícil tiene el progresar, pues el conservadurismo impera en el mercado.

Por eso, Malviviendo quiere romper esquemas.

Nos hemos aliado a las nuevas tecnologías. Internet será nuestro cobijo y nuestro compañero de viaje. Con internet, rompemos fronteras y nos acercamos a quien nos quiera ver. Así de simple.

Por eso, Malviviendo quiere ser una serie transgresora, gamberra, que rompa moldes.

Quiere innovar en contenidos, con guiones ingeniosos e historias enrevesadas y propias del mundo que nos rodea.

Quiere, en definitiva, ser un momento de dispersión mental, de no pensar en otras cosas y reírse de una crisis que nos venden como el final del mundo.

Desde la modestia, pero con el ímpetu de la juventud, queremos que Malviviendo consiga entretenerte y convencerte”

Cuando comenzaba a digerir tanto mensaje alternativo, de raíces andaluzas profundas, he leído y visto con atención reverencial el reportaje publicado hoy en El País Semanal, sobre Niños del mundo. Cómo se hizo. El mundo de la infancia es un pañuelo, que no te deja vivir en paz (1), forzando muchas preguntas sin respuesta, en torno a nuestro pequeño mundo, donde se malvive y malmuere de forma tan escandalosa.

Hoy sobran palabras. Solo he escrito algunas para quienes queramos escuchar y ver con otros ojos y oídos de secreto, atentamente, al pequeño mundo y el de jóvenes que malviven y malmueren. Ayer, gracias a la Noosfera, la malla pensante que algunas veces te hace vivir y sufrir para y con los demás, pude conocer claves de malvivir, ratificadas por el reportaje citado: “Si fuéramos capaces de observar esa mirada y escuchar con avaricia su mente y su corazón, podríamos evolucionar mejor como seres humanos, desarrollar nuestra dimensión universal y abrirnos realmente al mundo: podríamos recuperar los valores que en nuestra alocada carrera hacia eso que llamamos progreso dejamos en el camino. Nos daríamos cuenta de que manteniendo esta situación impedimos el avance de toda la humanidad, porque la verdadera medida del progreso es la forma en la que viven los niños”.

Sevilla, 15/XI/2009

(1) Huete Machado, Lola (2009, 15 de noviembre). Niños del mundo. Cómo se hizo. El mundo de la infancia es un pañuelo, El País Semanal, pág. 14-17.

Peter Pan, de nuevo

peter-pan

Sigo buscando “islas desconocidas”, que existen, en la clave de Saramago, en un viaje existencial verdaderamente apasionante y leo un perfil de Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), en el que se vuelve a recordar la figura de Peter Pan volando junto a Campanilla: «El desvío en la ruta, la visita a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. Cruzarán el cielo otros nombres hasta ser llamados, uno tras otro, por la voz de la señora Darling». Hemos vuelto a hablar todos los días de Peter Pan, del síndrome que lleva su nombre y que no está reconocido oficialmente por las clasificaciones mundiales de enfermedades mentales, pero que busca hacerse un sitio en las mismas. La señora Darling dibujada por Panero en Así se fundó Carnaby Street. 1970, está llamando a muchas personas por su nombre, sobre todo a las instaladas en este síndrome, que hace su agosto en épocas de vacas flacas, como la actual. Se habla de la generación “Peter Pan”, en la que están instaladas las personas treintañeras que se conforman con lo que hay en todos los planos posibles: personal, afectivo, laboral, de amistad y de la llamada realización personal, que no se sabe bien qué se quiere decir o simbolizar cuando se utiliza la expresión. Se habla, en general, del síndrome de Peter Pan, intentando explicar la conducta de aquellas personas que no quieren crecer, en cualquier edad, o que esperan hacerlo en un momento que nunca llega ó que esperan tener siempre una Wendy cerca de sus vidas.

¿Qué sucede realmente en la actualidad, en las personas calificadas como Perterpanes de hoy, en un síndrome capitalista, comunista y socialista por definición, da igual, que afecta a todas las clases sociales, aunque no de causalidad idéntica? Realmente, está bastante claro su perfil. Son personas, en su mayoría varones, kidults, adultescentes o Generación X, como los retrataba Josep Garriga en un reportaje reciente (1), que han crecido con todo tipo de bienestar o malestar, en la infancia y en la adolescencia, con objetivos nada claros y que descubren un día que permanecer en su situación los hace menos vulnerables ante la vida, negándose a crecer en cualquier perfil humano, fijándose metas muy triviales, de corto alcance, como determinadas armas, aceptando o destrozando cuanto encuentran a su paso, porque no merece la pena crecer. Son adultos en potencia, aunque hayan alcanzado la treintena de años. Siempre buscan un hombre ó una mujer con rol de madre protectora que los ampare, es decir, cualquier hada Campanilla que les permita localizar un espacio que realmente no existe. Son personas que aportan muy poco a la sociedad, que se conforman con casi nada y que un buen día explotan y/ó destrozan a su alrededor todo lo que se mueve, pero desde su atalaya particular del vuelo, cogiendo la mano de Campanilla, porque no acaban de descubrir que también son protagonistas de la vida en su rol personal e intransferible y que nadie va a venir a sacarte las castañas del fuego. Es decir, que tienen que dejar de volar y asumir responsabilidades de todo tipo.

Las personas que asumen el rol de Peter Pan se caracterizan “por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales, y por el acompañamiento de problemas sexuales. La personalidad masculina en cuestión es inmadura y narcisista. El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo. De forma más abarcadora, según Kiley, las características de un «Peter-Pan» incluyen algunos rasgos de irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, dependencia, negación del envejecimiento, manipulación, y la creencia de que está más allá de las leyes de la sociedad y de las normas por ella establecidas. En ocasiones los que padecen este síndrome acaban siendo personajes solitarios. Con escasa capacidad de empatía o de apertura al mundo de los «grandes», al no abrirse sentimentalmente, son vividos como individuos fríos o no predispuestos a darse, lo que vuelve como un “boomerang” a través de la no recepción de entregas o muestras ajenas de cariño. Algunos profesionales avanzando tal vez audazmente en sus diagnósticos los han denominado esquizo-afectivos. También se dice que este padecimiento se da por el no haber vivido una infancia normal, que hayan trabajado desde muy pequeños u otras razones más” (2).

Esta isla es ya conocida. En el argot de mi educación del discreto encanto de la burguesía, no tendremos perdón de Dios, de cualquier dios, si no la exploramos detenidamente, para buscar espacios de recuperación vital para estas niñas-niños frustrados, que avanzan en soledad personal e intransferible hacia el abismo de la no cooperación social, para ayudarles a vivir, paradójicamente, en un mundo que a veces parece diseñado por el enemigo. Sin necesidad de las Wendy de turno, que también existen en su síndrome tan particular, para que sus respectivas mamás naturales ó artificiales dejen de amarlos tan desesperadamente.

Sevilla, 8/XI/2009

(1) Garriga, Josep (2009, 25 de octubre). La generación “peter pan” está hipotecada, El País, pág. 32.
(2) Extraído del artículo “Síndrome de Peter Pan”, en Wikipedia.

Nuevas sonrisas y nuevas lágrimas

ERICH LESSING-2

Fotografía-postal, de Erich Lessing, entregada ayer, 31 de octubre de 2009, en la Sala de Exposiciones del Teatro de Aracena (Huelva)

En los tiempos que corren, de falta de respeto a la memoria histórica de nuestro país, que arrastra tanto dolor y silencio cómplice, en los días en los que se espera encontrar el cuerpo de García Lorca que no su alma, que ya está afortunadamente con nosotros, hago este pequeño homenaje simbólico a tanto esfuerzo de personas anónimas y de algunas autoridades comprometidas con dicho recuerdo existencial, al traer a nuestras memorias la obra de un fotógrafo experto en memoria histórica, al que se le otorgó en 1956 el premio American Art Editor’s Award, al retratar de forma directa las consecuencias dramáticas de la ocupación y revolución húngara.

He andado muchos caminos y he abierto muchas veredas en la trayectoria personal, como lección aprendida de Antonio Machado, cuando sigo haciendo camino en el andar de cada día. Ayer, en Aracena (Huelva), gracias a un fotógrafo excepcional, Erich Lessing, comprometido con la memoria histórica, y a una exposición suya de una obra escogida, bajo el patrocinio del Centro Andaluz de la Fotografía, relacionada con su actividad fotográfica durante el rodaje de excelentes películas, he recuperado de mi memoria de hipocampo muchos recuerdos de las sonrisas y lágrimas de la vida ordinaria, la que nos hace humanos de necesidad por mucho que multinacionales de la alegría facturada se esfuercen a diario en hacernos ver y entender que la vida es fácil si logramos algunas vez entender su chispa.

De toda la exposición me impactó mucho una fotografía de Julie Andrews, en un descanso del rodaje de “Sonrisas y Lágrimas”, que reproduzco en la cabecera de este post. Y pensé que Lessing quiso dejar para la posteridad la impronta real de la sonrisa en esa relación madre-hijo, en la lectura de una carta quizás imposible, como homenaje a esta necesidad, dado que en su caso, tuvo que emigrar desde Viena a Palestina a los 16 años, por la ocupación de Hitler, arrancándolo de su familia más cercana. Cuando regresó a Viena, en 1947, su madre ya había fallecido en el campo de concentración de Auschwitz.

En los tiempos actuales, en los que la memoria histórica busca abrirse paso con un esfuerzo a veces sobrehumano, se quiere negar a toda costa un principio ya demostrado científicamente: en el cerebro no es fácil borrar lo que algún día se grabó de forma consciente y con gran carga de sentimientos y emociones. Se sabe por los avances de las neurociencias que a pesar de los esfuerzos terapéuticos y farmacológicos, la memoria se suspende pero no se borra. Desgraciadamente, sí se sabe que se pierde completamente cuando el cerebro enferma, por ejemplo en un síndrome de Alzheimer desolador, entre otros vinculados con la senectud, que tanto hacen sufrir a las personas más cercanas de quienes los padecen.

La fotografía de Lessing me pareció extraordinariamente didáctica. La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia (1) ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guión que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral.

Sevilla, 1/XI/2009

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente, recuperaré la lectura que en su momento me sobrecogió tanto y la proyectaré en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Ombra mai fú

Photo: Decca / Uli Weber, recuperada el 11 de octubre de 2009 de la home page de Cecilia Bartoli

En una etapa personal en la que voy con frecuencia del timbo al tambo, tengo dificultades para escribir en este cuaderno y hoy, cuando me atrevo a escribir en mi brevedad de ser este post, lo hago escuchando de fondo a una persona que admiro desde hace unos años, Cecilia Bartoli, cantando un aria de la ópera de Handel, Jerjes (Serse).

“Ombra mai fù
di vegetabile
cara ed amabile
soave più”

(Jamás ha existido sombra vegetal tan querida y amable)

En aquella ocasión, que puede ser en el fondo y en la forma la de hoy, decía lo siguiente: “Aquí está listo el post de hoy, para ser llevado a tu mesa, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales hacen posible la historia jamás contada, de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, a los asuntos importantes para la búsqueda de la felicidad. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, para las compañeras y compañeros de trabajo, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser”.

Cecilia Bartoli, con la edición de un disco extraordinario, Sacrificium, se ha comprometido con una historia muy triste para la sociedad en general, la de los “castrati”, donde la Corte, la Iglesia y las personas más influyentes de la sociedad no tenían escrúpulo alguno en seguir marginando a la mujer a costa de niños napolitanos que vivían una experiencia sangrante desde la perspectiva emocional de cada uno.

Hoy, en homenaje a aquellos cantantes de ópera castrados en sus almas, los recuerdo con la voz de Cecilia, sonando el querido Largo de Handel, el aria Ombra mai fú, con un mensaje para navegantes vitales:

Jamás ha existido sombra vegetal tan querida y amable

Mientras, he buscado la compañía de Cecilia Bartoli para demostrarme los contrapuntos de la vida, donde Farinelli y Cafarelli encantaban la vida de un público fervoroso, aunque en esa ópera, Serse, personaje principal de la misma, es un travestido en sí mismo, buscando sombras materiales donde cobijarse…

Sevilla, 11/X/2009

El equilibrio de Nash

Hacía tiempo que no constataba de forma tan directa el nuevo elogio de la inteligencia genial que para la ciencia y la literatura es, algunas veces, de la locura. El reportaje de Magazine, de 13 de septiembre, sobre el apasionante retorno del Premio Nobel John Forbes Nash a la cordura no conformista, lo deja bien claro: la locura es un sueño del que se puede despertar. La visión de Nash sobre el conocimiento humano no deja resquicio a la desesperanza. Todo el reportaje es un canto al interés de que el mundo solo tiene interés cuando se va hacia adelante en la vida, en cualquier plano y, sobre todo, en el del conocimiento. No sobra una línea del mismo, todas sus palabras se cruzan con perspectivas saludables, en clave de constante pensamiento racional frente a cualquier irracionalidad de viejo o nuevo cuño.

Los consejos de Nash a los jóvenes estudiantes, tras su viaje de ida y vuelta a la estereotipada normalidad, es un canto a la vida racional creativa: la felicidad no depende de resultados académicos, necesitamos el riesgo, hay que asumir los propios fracasos y atreverse a abordar la maravillosa creatividad haciendo cosas que nos diferencian de los demás, pensar por sí mismos. En definitiva, vivir en permanente equilibrio, según el paradigma de Nash, sabiendo que la locura de vivir es una estrategia para ganar todos al despertar de sueños reales.

Carta enviada a la revista dominical Magazine, el 13 de septiembre de 2009

Sevilla, 4/X/2009

Anónimos de solemnidad

Emigrantes, Shaun Tan

Noticia del sábado 19 de septiembre de 2009: una patera ha naufragado a primera hora de la mañana cerca del islote de Perejil, en aguas jurisdiccionales de Marruecos. Hasta el momento han sido localizados los cadáveres de ocho tripulantes (….) Siete de las ocho víctimas son mujeres y hay alguna embarazada. En la embarcación viajaban unas 40 personas [quizá 60], de las que tan solo once han sido rescatadas con vida: cuatro mujeres y siete hombres. El naufragio de hoy eleva a más de 70 cifra inmigrantes muertos en 2009.

Noticia de 20 de septiembre de 2009: “Creían estar viendo los destellos de un faro. Habían salido sobre las cinco de la mañana para adentrarse en el Estrecho con destino a las costas españolas y poco después estaban perdidos. Uno de los tripulantes de la patera cogió su móvil y llamó al 112. «Dijo que veía las luces de un faro. Y eso hacía suponer que estaban cerca», dice una fuente de la Cruz Roja. «Pero parece que no habían salido de las aguas de Marruecos». El sueño de cada una de las personas que viajaban en aquella embarcación -entre 36 y 40, según han declarado los supervivientes- se fue al traste nada más salir. Seguramente, habían hecho ya lo más duro: atravesar el desierto desde varios puntos de África Occidental durante meses y sobrevivir en Marruecos durante otros tantos. Les quedaban sólo doce kilómetros para llegar a su objetivo, pero la embarcación neumática en la que navegaban volcó en las proximidades del Islote Perejil, en aguas jurisdiccionales marroquíes”.

Noticia del martes 22 de septiembre de 2009: Ayer se cumplió el tercer día de la búsqueda de los inmigrantes desaparecidos el pasado sábado al volcar la embarcación en la que viajaban frente al islote de Perejil. Los resultados siguen siendo negativos.

Noticia de hoy: la tragedia de Perejil ha dejado de ser noticia.

Mientras, como no me quedo tranquilo, vuelvo a leer un post que escribí en 2006 y que me conmueve siempre por su historia de secreto: La parábola de los eritreos. Los nuevos pobres de solemnidad. Anónimos, a palo seco. De vidas en busca de luces de faro, porque todavía sigue vigente aquella pintada que descubrí en una pared de Sevilla en 1977: «A los de vida destrozada, ¿quién los reivindica?»

Sevilla, 23/IX/2009

El orgullo de Apeles (parábola actual)

Sandro Botticelli, La calumnia de Apeles (1495)

Cuentan las buenas lenguas, ¡menos mal en los tiempos que corren!, que Apeles de Cos, era un pintor griego, muy protegido por Alejandro Magno, del que no conocemos obra alguna que podamos valorar, pero que era reconocido en el orbe mundial por su “gracia” especial para reflejar la realidad griega en sus obras. Y cuentan también que una vez pronunció una frase, quizá impertinente, pero que dejaba ver a través de sus pinceles su auténtica persona de secreto: Ne supra crepidam sutor judicaret: el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias. ¡Valiente atrevimiento el del zapatero! Todo, porque contemplando un día una obra suya, ya había mostrado su insolencia al hacerle un comentario, a priori constructivo, sobre un fallo en el diseño de las sandalias del cuadro. Apeles, todo orgullo, corrigió el fallo. Y cuando pensó que el zapatero ya no hablaría más, ¡zás!, vuelta a empezar. Ya no solo estaba el fallo en las sandalias, dijo el humilde zapatero, sino también en la forma de las piernas pintadas en el cuadro. No sabemos si siguió opinando sobre otras zonas del cuerpo pintado por Apeles, ante su monumental enfado. Solo que le espetó la enigmática frase que después ha derivado en otra más popular: Ne supra crepidam sutor judicaret.

Ya sabemos. Cuando se emite un juicio sobre los demás, hay que ser cautos porque Apeles hay en todas partes, zapateros también, y es probable que debamos mirar antes a nuestros pies para que no se descubra la debilidad de nuestro cerebro. Ya comprendo mejor la frase popular: ¡zapatero, a tus zapatos!, porque de piernas, brazos y cabezas mal pintados, en el ámbito político, andamos sobrados todos.

Sevilla, 13/IX/2009

Ética cerebral (I): ¿instinto ó aprendizaje?

René Magritte, La chambre d´ecoute, 1958

Llevo mucho tiempo pensando en escribir un ensayo sobre esta asombrosa pregunta, resumida en un dilema que nos aprisiona en vida: ¿por qué somos buenos ó malos?, o mejor, ¿por qué actuamos bien ó mal?, incluso con extrema violencia, o peor todavía ¿por qué cuando queremos hacer las cosas bien, salen mal, y además nos autoinculpamos o lanzamos las responsabilidades hacia los demás, sin com-pasión [sic] alguna? Los que hemos crecido en entornos nacional-católicos, apostólicos y romanos, lo teníamos fácil, en principio. Esas preguntas, que son terrenales para las Iglesias, solo tienen una respuesta clara y contundente en la católica y la judía: la responsabilidad de actuar mal, cuando lo tuvimos todo a favor, para actuar bien, es de nuestros antepasados, Adán y Eva, que comieron de una manzana prohibida y desde entonces no hacemos otra cosa que sufrir el mal por todas partes. Así de sencillo (?).

La verdad es que hemos crecido desentendiéndonos poco a poco de estos esquemas, sin que Dios, curiosamente, nos recogiera a tiempo…, con escapadas históricas y lógicas hacia otro tipo de razonamientos, como los que Galileo, Darwin, Einstein y tantos otros científicos nos ofrecieron para justificar razones de la razón para comprender mejor nuestra existencia, la ética de nuestro cerebro. Hoy, con la investigación exhaustiva de las estructuras cerebrales, con medios poderosos de laboratorio, nos atrevemos a hacer la pregunta que encabeza este post, con el ardor guerrero de intentar encontrar respuestas coherentes con la inteligencia humana, con absoluto respeto a todas las personas que les sigue viniendo bien creer en la irresponsabilidad maldita de Adán y Eva.

Inicio con este post una serie que tengo estructurada en capítulos que en algún momento constituirán páginas de un ensayo querido. Hoy solo quiero hacer la presentación, apoyado por un científico que ha trabajado en los últimos quince años sobre esta investigación científica, Marc Hauser, sobre el que ya hice alguna presentación en el post Ética del cerebro, texto premonitorio de la investigación que pretendo llevar a cabo. En su libro “La mente moral”, parte de un planteamiento apasionante que será hilo conductor de mi pre-ocupación actual en este campo de investigación psiconeurológica: “hemos desarrollado un instinto moral, una capacidad que surge de manera natural dentro de cada niño, diseñada para generar juicios inmediatos sobre lo que está moralmente bien o mal sobre la base de una gramática inconsciente de la acción. Una parte de esta maquinaria fue diseñada por la mano ciega de la selección darwiniana de años antes de que apareciera nuestra especie; otras partes se añadieron o perfeccionaron a lo largo de nuestra historia evolutiva y son exclusivas de los humanos y de nuestra psicología moral. Estas ideas se basan en lo que nos permite descubrir otro instinto: el lenguaje” (1).

Creo que una obligación humana por excelencia es llegar al conocimiento de por qué tenemos que encontrarnos siempre con el gran dilema dialéctico del bien y del mal, así como de las consecuencias de las decisiones que tomamos a diario en las que siempre está presente y del que difícilmente aprendemos por acción o por omisión. Si alguna vez llegáramos a explicar la causa de la decisión ú omisión ética de nuestro cerebro, por qué se producen algunas respuestas que no nos agradan o que incluso nos hacen fracasar en un momento o para toda la vida, viviendo un desposorio casi místico con la culpa, haríamos mucho más fácil la vida diaria porque al menos sabríamos a qué atenernos. Hoy, nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad ó a las personas, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal y de por qué actuamos de una forma ú otra.

Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en la famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) Estas tres características hicieron de la serpiente el símbolo de la sabiduría, la vida eterna y la inmortalidad, no sólo entre los cananeos sino en muchos otros pueblos, como los egipcios, los sumerios y los babilonios, que empleaban la imagen de la serpiente para simbolizar a la divinidad que adoraban, cualquiera sea ella” (2).

El cerebro contiene un instinto básico que nos lleva a actuar bien o mal con patrones construidos hace millones de años. La estructura cerebral reptiliana que todavía permanece en nuestro cerebro guarda un gran misterio de millones años que debemos descubrir. Es probable que de esta forma sufriéramos menos en el difícil día a día de nuestra existencia y comprendiéramos mejor nuestros propios actos sorprendentes y, lógicamente, los de los demás, aprendiendo qué es la com-pasión (el sufrimiento con o junto a los otros). Básicamente en términos de responsabilidad personal y social, sabiendo que “responsabilidad” es la capacidad de dar respuesta individual o colectiva, con conocimiento y libertad como sus dos elementos esenciales, a cualquier situación que se nos presenta en el acontecer diario. Bien o mal, y hasta qué grado de compromiso o consecuencia, es harina de otro costal. Quizá, de un conjunto de estructuras cerebrales en funcionamiento permanente, sin descanso, que todavía no conocemos, bajo el mando del cerebro reptiliano todavía presente en las llamadas respuestas éticas.

Sevilla, 6/IX/2009

(1) Hauser, Marc (2008). La mente moral. Barcelona: Paidós Ibérica, pág. 17.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

Soñar en Afganistán


Niño afgano. Fotografía recuperada del blog: Marta mira alrededor, el 31 de agosto de 2009

Leyendo el reportaje sobre Afganistán, “Democracia entre susurros” (Magazine del 16 de agosto), podemos constatar que la lucha por la libertad en ese país es muy difícil, casi un sueño, al encontrarse muchas personas con el “corazón negro”, en palabras de comerciantes que se asombran por presenciar las compras imposibles en cualquier calle comercial, donde el miedo hace estragos a diario por bombas. Esta situación tan oscura obedece a la negación permanente de la inteligencia humana, al estar instalados en el gobierno unos señores de la guerra analfabetos que son protegidos, paradójicamente, por algunos gobiernos occidentales, en una visión del mundo al revés que se simboliza en el símbolo de urnas electorales transportadas a lomos de asnos, que todavía son leales.

Por otra parte, he sabido hoy [18 de agosto de 2009, dos días antes de las elecciones generales] que a preguntas de un periodista, un niño afgano en Kabul, aguador profesional, vive con la ilusión de volar muy alto porque quiere ser piloto. El problema radica en que cuando se le pide que concrete el sitio, no sabe responder sobre lugares alternativos a su dura proximidad, porque no conoce otra posibilidad que volver a su casa cada día, volando bajo, con unos cuantos afganis que recauda, quizá, por la sed de expertos en matar sueños.

Carta publicada en la revista dominical Magazine, el 30 de agosto de 2009