Arqueología subacuática… del cerebro

El agua de mar de mis células reacciona recordándome que soy mar
Jacques Cousteau

El mar contiene memoria. Un eslogan sugerente que simboliza una realidad todavía en fase de investigación, de descubrimiento, en referencia al Museo Nacional de Arqueología Subacuática, inaugurado recientemente en Cartagena, el 26 de noviembre de 2008, en una demostración de respeto a la historia sumergida de una zona maestra para la memoria de la humanidad, el mar, y localizado en nuestra geografía de costa mediterránea. Excelente acontecimiento para cuantos respetamos la dialéctica de la memoria recuperada y nunca olvidada, donde sabemos científicamente que, por ejemplo, la mejor ánfora rescatada en el fondo del mar siempre va a sufrir en sí misma en cualquier proceso de restauración, por mucho cuidado que se preste al desprendimiento del magma adherido a su superficie. Como ocurre con nuestra memoria personal e intransferible, a modo de ánfora rescatada del fondo de nuestro sistema límbico donde se alojan las estructuras responsables del proceso de memorización, al recuperar acontecimientos que se vivieron con anterioridad y que aún con extracción impecable del “archivo cerebral” correspondiente, es probable que sufra su continente y contenido por el paso de la vida afectiva, por los sentimientos y emociones asociados a cualquier acontecimiento traído al momento presente, no casualmente, por el agua del cerebro.

El cerebro contiene memoria y la memoria se “fija” y se “recupera” con la intervención de elementos acuosos, fluidos, que mantienen vivas las neuronas. Esta realidad se hace más permeable todavía cuando sabemos a ciencia cierta que “más del 80% del cerebro es agua marina, una disolución salina, por lo que el estudio de los fluidos resulta prioritario”, en afirmación precisa y documentada de Manuel García Velarde, doctor en Física por la Universidad Complutense de Madrid y por la Universidad Libre de Bruselas. Somos agua, aunque sobre los porcentajes definitivos de su presencia en el cerebro se discutan todavía en pro de la exactitud del mismo.

El agua tiene memoria. Una vez más, recurro al post en el que monográficamente traté el agua cerebral (si se nos permite la expresión), porque en ella reside una parte muy importante de la razón de nuestras vidas: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”. Y vuelvo a pensar que al tener memoria el cerebro, es muy interesante saber que esta cita se ha recogido en la Propuesta de reforma de la Constitución Nacional de Colombia para consagrar el derecho al agua potable como fundamental , mediante la convocatoria de un referendo, promovida por Ecofondo.

La arqueología subacuática del cerebro contiene memoria. También he comentado la importancia de los pecios del cerebro, porque existen: Su lectura me sugirió una metáfora acertada en relación con una estructura cerebral ya presentada en este cuaderno, el hipocampo ó caballo encorvado, porque -valga la expresión- en el cerebro también se pueden descubrir pecios. Los de nuestros antepasados, con el ejemplo sublime de Selam, la niña de Dikika, ó mediante la memoria a largo plazo, aquella que siempre está -como pecio durmiente y viviente-, aunque a veces no se manifiesta en un sabio control de la epifanía de la ética ó suelo firme de cada persona: “Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum (la pared delgada que separa dos tejidos), alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera”. Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volúmenes de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

Y la metáfora del ánfora que contiene memoria, llevada a la investigación cerebral, se hace patente porque se sabe que el agua tiene memoria. Se trabaja en la actualidad en la investigación del papel que desempeña la vasopresina sobre la memoria, sabiendo que se dan órdenes correctas desde el cerebro para administrar bien el agua en los riñones, así como en la formación de la memoria, siendo una situación científica muy controvertida. Hablando del cerebro reptiliano (arqueología cerebral en la acepción etimológica más primigenia), el más antiguo de los cerebros, sabemos científicamente que carecía de estructuras que pudieran conformar la memoria según se concibe hoy, porque su principal preocupación era y es actuar siempre, con un valor en alza permanente subyacente a su memoria histórica: el miedo. Y si hablamos de miedo, hemos sabido después, con el estudio científico del cerebro básico de los mamíferos que es el principal inhibidor de la memoria. Por eso era muy importante analizar la metáfora del ánfora: sabemos que al elaborar de forma correcta los acontecimientos vitales del miedo, quitándolos momentáneamente del medio, dejamos salir a la luz lo mejor de nuestra memoria, aquello que alguna vez nos hizo felices en la intrahistoria de nuestras vidas y que solo se puede vislumbrar en el momento presente a través de medios poderosos de tratamiento de la imagen. Magma y ánfora. Con la ayuda del agua cerebral. Solo un pero: aquello que pasó, si algún día lo puedo recuperar, solo lo podrán hacer los mecanismos asociados a tres estructuras maravillosas del cerebro actual, donde dirige todo la corteza cerebral: el hipocampo, el tálamo y las amígdalas cerebrales, en perfecta sincronía con todas y cada una de las estructurales cerebrales que participan en este expurgo histórico de la memoria. Una extraordinaria sinfonía neuronal, en un medio acuático. Por supuesto. Sabiendo además que las ánforas, para nuestros antepasados, eran “vasos antiguos que se conservan en los museos como objetos de curiosidad” (RAE U 1832, pág. 50,1).

Sevilla, 8/XII/2008

El alma de mi cerebro


Iman Maleki, Sisters and book (fragmento), recuperado de http://imanmaleki.com/en/Galery/, el 30 de noviembre de 2008

En primer lugar, quiero pedir disculpas sinceras por no acudir a esta cita puntual, fijada en los últimos meses en una cadencia semanal, por el imperativo categórico de gestión personal y profesional del tiempo privado, del que soy único responsable. ¿Problemas de alma? Pero hoy ha saltado en mi cerebro una referencia fantástica sobre el potencial de esa palabra, alma, que me ha traído recuerdos imborrables en la historia de este blog, por la dedicación que en el año 2006 presté a este concepto, del que se apropiaron las religiones hace mucho tiempo.

Ha ocurrido al leer una reflexión de Juan Cruz (1), al que sigo muy de cerca -agradecido- en sus escritos de sentimiento sentido, en referencia a la intervención de António Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), ayer sábado: “Por cierto, dijo Lobo otra frase: le preguntó a una mujer desahuciada por qué había ido tan tarde al tratamiento. Ella le dijo: “Porque no tengo dinero y los que no tenemos dinero no tenemos alma”.

La asociación no inocente ha ocurrido al recordar mediante la memoria a largo plazo mi participación en el encuentro UniCienBlog, una actividad que me ha marcado en esta actividad inteligente de la Noosfera. En aquella Mesa de trabajo, planteé una realidad incuestionable: “a la Universidad y a la ciencia le falta alma, entendida de esta forma, en el formato de pregunta y respuesta de un autor en actitud de compromiso:

P. ¿Cómo aporta un blog alma a la Universidad?
R. Con su acción celular (noosférica), alternativa y creadora, haciéndose visible mediante teoría crítica, con utilización plena de la inteligencia digital.
P. ¿Cómo aporta un blog alma a la ciencia?
R. Con su despertar múltiple a las preguntas de la vida, las de la ciencia de la vida, con una ingeniería renovada del porqué de todas las cosas, con utilización plena de la inteligencia digital.
P. ¿Cómo aporta mi blog alma a la Universidad y a la ciencia?
R. Con imaginación, con nuevas fórmulas de acción i+d+i: investigación, dedicación, imaginación, con utilización plena de la inteligencia digital compartida/conectiva”.

Hoy, nos hemos encontrado António, Juan y yo, ¡maravillas de la Noosfera!, en una encrucijada en la que coincidimos a pesar de mi falta de tiempo: cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo. Y me vuelvo a mi hombre de secreto, a reflexionar la frase que regaló Lobo Antunes en el acto indicado, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Sevilla, 30/XI/2008

(1) Cruz, J. (2008, 30 de noviembre). Para el pie de un niño muerto, El País, p. 44.

El cerebro de Pinocho


Roberto Benigni, en un plano durante el rodaje de Pinocchio (imagen recuperada el 16 de noviembre de 2008, de http://www.sentieriselvaggi.it/articolo.asp?sez0=10&sez1=85&art=3142)

Muchas veces hemos escuchado los problemas que tuvo Pinocho con las mentiras, aunque la verdadera historia de este niño de madera no es la que conocí por ejemplo, en mi niñez, a través de Disney. Cuando crecemos tomamos conciencia de la verdadera dimensión de la mentira, una más de las tareas en las que se tiene que desenvolver la ética del cerebro y Pinocho pasa a segundo plano, quedando como distraído en un juego desconocido con el hipocampo, la sede de la memoria.

La dialéctica verdad/mentira ha dado siempre mucho juego en el terreno de la ética humana. Y las personas han estado siempre a mal traer con esta sofocante realidad porque la mentira es un componente de la conducta que toda persona aborda a lo largo de su vida y que todavía sigue siendo una gran desconocida. La mentira está ahí y aparece de forma muy violenta en nuestros hogares a través de los medios de comunicación y como espectáculo en torno a ella o a su contrario: la verdad: “Hasta ahora ha sido una posibilidad más o menos remota, y más o menos incómoda. Pero un tribunal en India lo ha convertido en realidad: una mujer fue condenada en junio por asesinato tras haber aceptado el juez como prueba el resultado de un detector de mentiras cerebral. La acusada —que se declara inocente y se sometió voluntariamente a la prueba— no tuvo que abrir la boca; su cerebro, supuestamente, lo dijo todo, y acabó inculpándola. La marea de reacciones no se ha hecho esperar, entre otras cosas porque la noticia cae en campo abonado“(1).

Con esta noticia se abre una vía de investigación muy severa para conciliar técnica con ética y, más en concreto, con neuroética. Lo que aporta hoy la ciencia es de una rotundidad clamorosa: estas técnicas, como la utilizada por el tribunal indio, no están reconocidas en la actualidad como eficaces y basadas en hipótesis científicas fiables, porque existe un principio en las neurociencias que desborda cualquier intento de hacer “foto fija” del cerebro, como ocurre con esta técnica y otras similares: polígrafos, detectores de temperatura del rostro, movimiento de ojos, etc.: la plasticidad, es decir, la movilidad continua de las neuronas en sí mismas y en sus interrelaciones (sinapsis) en el interior del cerebro. He recordado a tal efecto, una observación leída recientemente en un libro magnífico de José María Delgado García, Lenguajes del cerebro: “Nuestro cerebro cambia (es plástico, como se suele decir en el argot neurocientífico) al unísono con nuestro entorno físico aprendamos o no, recordemos u olvidemos” (2). Más o menos lo que ya recogía en este cuaderno de viajes digitales, de derrota, en un post específico, Las mudanzas del cerebro, en marzo de 2008: Las mudanzas han sido una constante en mi vida, porque he aceptado siempre con buen talante que en la vida se producen variaciones del estado que tienen las cosas, “pasando a otro diferente en lo físico ú lo moral” (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734). Las he vuelto a revivir al leer una frase de un cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Es una frase que simboliza muy bien las múltiples veces que hacemos mudanza en el cerebro porque cambiamos o nos cambian la vida (el estado que tienen las cosas) muchas veces a lo largo de la vida. Y el cerebro lo aguanta todo y…, lo guarda también. Es una dialéctica permanente entre plasticidad cerebral y funcionamiento perfecto del hipocampo (como estructura que siempre está “de guardia” en el armario de la vida).

Pero la gran pregunta desea abrirse pasos en este post: ¿Por qué mentimos y, además, a través de las estructuras del cerebro? En primer lugar hay que ponerse de acuerdo sobre qué significa “mentira”: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa (RAE-DLE, 22ª ed.), ó qué se entiende por “mentir”, en sus cinco acepciones oficiales: 1: decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa, 2. inducir a error (mentir a alguien los indicios, las esperanzas), 3. fingir, aparentar (el vendaval mentía el graznido del cuervo), los que se mienten vengadores de los lugares sagrados, 4. falsificar algo y 5. faltar a lo prometido, quebrantar un pacto.

En este país estas son las acepciones principales, modificadas conductualmente en función de creencias personales y colectivas, con cargas éticas de arraigo muy importante. Y después, las patologías en torno a la mentira. Y poco a poco se va abriendo paso una realidad irrefutable: a través de las técnicas de imagen, como la resonancia magnética nuclear funcional (RMNf), se deduce que se puede llegar a saber si al hablar mentimos o decimos la verdad y nada más que la verdad. Pero no es tan fácil reproducir lo que realmente ha pasado, porque cuando se reproduce la imagen ya nada está pasando. En el artículo citado anteriormente, José María Delgado García decía en tal sentido: “Los escáneres cerebrales para detectar mentiras parten del principio de que el cerebro trabaja más para mentir. Pero ¿y si el sospechoso cree cierto un hecho falso? Si un psicópata sin remordimiento alguno engaña tranquilamente a un polígrafo, ¿qué dirá un cerebro con falsos recuerdos? “Los resultados serían muy distintos si el sospechoso fuera un neurótico frente a un psicópata; el primero puede tender a autoculparse, y el segundo ni se emociona con la rememoración del caso. Si ya es difícil saber la verdad con palabras, ¿por qué esperan que sea más fácil registrando la actividad cerebral?”.

Lo verdaderamente preocupante es que bajo este halo científico de fondo, no demostrado todavía con rigor extremo, la Administración americana ya incluye esta batería de pruebas en el acceso de funcionarios al Pentágono. Vicios privados, públicas virtudes, una vez más. En cualquier caso, las neurociencias avanzan que es una barbaridad y no está lejano el día en que podamos interpretar el funcionamiento real de determinadas estructuras del cerebro. Comparto la visión de Agnés Gruart, neurocientífica de la Universidad Pablo de Olavide, según manifiesta en el artículo de referencia: “El cerebro funciona por la activación de determinados circuitos cerebrales en un tiempo y un orden determinados, así que es perfectamente correcto que alguien determine mediante técnicas de neuroimagen o similares dónde se produce dicha activación, y sus características. El problema es que aún no podemos interpretar de forma precisa este funcionamiento. Todo el comportamiento y el pensamiento están producidos en el cerebro; con más información y refinamiento técnicos podría llegar a describir cómo se generan el comportamiento y el pensamiento”.

Llegará el día que sepamos con exactitud qué mecanismos se activan y desarrollan en estructuras cerebrales que permiten mentir o decir la verdad. Pero, ¿por qué ocurre esta acción tan humana? Es una pregunta que hoy no tiene respuesta fuera de los circuitos de las creencias, porque también está demostrado que determinadas respuestas nos desbordan: muchas veces no quisimos hacerlo o decirlo (decir la verdad/mentir). Y, al menos, no deberíamos cargar con sentimientos o complejos de culpa lo que solo es un mecanismo cerebral. Nada más. Porque Pinocho y las creencias personales y sociales ya se encargarán, desgraciada ó afortunadamente, de hacer el resto, es decir, de alargar la nariz a todas, a todos. Ya lo decía el Diccionario de Autoridades al referirse al lema “mentir”: “Si mintió en cosa de la Fe, Escritura Sagrada, ó de vicios ó virtudes, mortal de suyo” (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734, p.545, 2).

Sevilla, 16/XI/2008

(1) Salomone, M. (2008, 19 de septiembre). Tu cerebro te puede delatar. La intimidad del pensamiento peligra. Nuevas técnicas para leer la mente impulsan el detector de mentiras para acusados y empleados, El País, p. 36.
(2) Delgado García, J. M. (2008). Lenguajes del cerebro. Sevilla: Letra Aurea, p. 137.

Obligatoriamente obligados

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo


Barack Obama

Estoy asistiendo al mayor espectáculo del mundo, desde la vertiente económica y financiera, del que no me quiero sentir ajeno y es verdad que he vuelto a recordar una canción protesta de un poeta andaluz de antes, Rafael Ballesteros, que está alojada en mi memoria de largo plazo y que vuelve a recuperar todo su esplendor.

Es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, vivirlo, sufrirlo, pasearlo, morirlo, si se pudiera expresar así.

Aún así, esta semana se ha producido un hecho incontestable: muchas personas nos hemos adueñado (¡con perdón!) del personaje Barack Hussein Obama, por unos segundos, por un día, sin aspirar siquiera a ser reyes y reinas de nuestros pequeños mundos, porque intuíamos que algo podía cambiar, aunque no fuera el mundo grande, en cualquiera de sus versiones: primer, segundo, tercer…, habitado por seres humanos que adoran su particular mundo de secreto: el de cada una, el de cada uno:

“Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos” (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Pero es que sabemos poco de él (del mundo…). Como decía Rafael Ballesteros,

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Y sin embargo, estamos aquí, Obama, obligatoriamente obligados a entenderlo…, obligatoriamente obligados a poder.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Sí podemos

Sevilla, 9/XI/2008

Patio San Dámaso


Guardias suizos, en una ceremonia de aniversario, en el Patio San Dámaso (Ciudad del Vaticano). Fotografía recuperada el 25 de octubre de 2008 de http://www.daylife.com/photo/0eNLbFL3lbbrj

Publico hoy en este blog, un nuevo relato corto, Patio San Dámaso, sobre el que he estado trabajando bastante tiempo, como tarea impuesta por mi inteligencia digital. Las primeras palabras dejan entrever un hilo conductor del protagonista, un hombre en la encrucijada de la vida, en un entorno que a veces parece que está diseñado por el enemigo. Espero que su lectura sea un motivo agradable para sopesar que otro mundo, el de acá, es también posible.

Son siete episodios (puntate), trazados mediante siete líneas delgadas rojas, que están concatenados entre sí, porque se sufren en un entorno sagrado, asombrosamente místico, pero con una carga de profundidad que deja al descubierto, de forma descarnada y metafórica, cómo una persona puede morir en la Plaza de San Pedro de Roma albergando el sueño o la idea de que un día puede ser recibido por alguien superior para alcanzar la felicidad, más allá de las burocracias de la vida, de las iglesias, ¿de las religiones?, tal y como Marco Ferreri dibujó en su durísima trama de la película La audiencia (L´udienza).

Y solo queda un recurso para quien sabe esperar en el principio esperanza: avanzar por la Via della Concilliazione (calle de la conciliación), precioso nombre, buscando el amor desesperadamente…

Sevilla, 2/XI/2008

Un cerebro en la Isla


FUENTE: Última hora | EL PAIS | Sociedad – 23-10-2008
FOTOGRAFÍA: Un árbol en la isla
(Tamaño 67 kb.)

HÉCTOR GARRIDO

[A la izquierda,] reserva natural de la Isla de En medio (Huelva). Se trata de ramificaciones que recuerdan a grandes árboles, pero también a cerebros y pulmones. Las estructuras se repiten fuera y dentro de los organismos.

Sevilla, 29/X/2008

Los sueños de Robert Langer

Robert Langer – Copyright Bachrach

Solo han pasado dos días desde la entrega a Robert Langer del Premio Príncipe de Asturias 2008, de Investigación Científica y Técnica, por sus trabajos sobre la “liberación inteligente de fármacos, por el desarrollo de novedosos materiales biomiméticos en forma de polímeros, nanopartículas o chips, que posibilitan la distribución controlada de fármacos por el cuerpo humano. Esto permite el transporte seguro y la administración de las dosis justas y controladas de medicamentos, incidiendo directamente en las células malignas y permitiendo una liberación prolongada en el tiempo, lo que aumenta notablemente su eficacia. Sus investigaciones han permitido tratar con éxito varios tipos de cáncer, como el de próstata y cerebro. También es uno de los pioneros en la ingeniería de tejidos, al lograr la reconstrucción y el crecimiento controlado de tejidos y órganos mediante novedosos materiales biodegradables que sirven de soporte” (1).

Para una persona que sigue de cerca los trabajos científicos en torno al cerebro, el 24 de octubre fue un gran día, personalizado en Robert Langer. Y busqué en la Noosfera últimas manifestaciones suyas, encontrando unas recientes, de junio de 2008, en un post de Pere Estupinyà, que recoge trazos de una entrevista que me ha parecido extraordinaria, para adentrarse en el conocimiento didáctico de este científico soñador: “Si tuviera que escoger dos cualidades para conseguir calidad (la cantidad se consigue de manera diferente) diría: ser soñador, y querer hacer algo que resulte positivo para el mundo”.

Y Langer, explica a Estupinyà las claves del sueño americano, la calidad de su equipo de trabajo: “… aquí hay varias personas con las posibilidades que describes [Tu laboratorio cuenta con más de 100 investigadores. Piensa en ese investigador/a que destaca sobre el resto, al que le ves unas características especiales. El que puede conseguir grandes hitos en el futuro y convertirse en un científico de primera línea mundial. ¿Cuáles son estas facultades que percibes? Y ¿qué le aconsejarías para que su carrera fuera exitosa?], y la verdad, son bastante diferentes entre ellas. Pero ciertamente tienen elementos en común. Son inteligentes, sin duda. Y trabajan durísimo. Sin trabajo duro es difícil destacar en ciencia. Pero además son soñadores, tienen mucha pasión por su trabajo, y asumen riesgos en las investigaciones. No se conforman con lo establecido. Intentan enfocar los problemas de forma diferente, y nunca abandonan. De hecho, este sería uno de los consejos principales. La investigación es difícil y a menudo muy sacrificada. Se necesita ser perseverante. También es necesario tener un pensamiento positivo. Tener en cuenta que casi todo es posible; hay pocas cosas que no están a nuestro alcance. Si luchas fuerte, le dedicas tiempo, y no abandonas, los retos se pueden conseguir”.

Vuelvo a mis asuntos, al laboratorio de la vida. Porque sé que soñando puedo contribuir a que mi pequeño mundo personal y profesional avance hacia logros insospechados en la revolución digital de la Administración Pública andaluza, que tanto aprecio en su inteligencia intrínseca, que nace en las personas que trabajan en ella.

Sevilla, 26/X/2008

La inteligencia digital no es software

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Enrique Morente, Soleá de la ciencia

He leído una frase de Javier Fesser, director de la discutida película Camino, que me ha conmocionado: “Y me quedó claro que la fe es un chollo, pero que recuerda a la lotería: te tiene que tocar. No se puede instalar como un software” (1). Desde que estudio y construyo, poco a poco, las bases científicas de la teoría de la inteligencia digital, he podido comprobar que siempre emerge una tentación en el laboratorio por la propia semántica del constructo: comparar el cerebro con una estructura similar a un ordenador superpotente. Y la comparación, como todas, es odiosa.

En las diferentes acepciones que he construido desde que voy de mi corazón a mis asuntos, pretendo aportar puntos críticos de investigación en la maravillosa posibilidad que las tecnologías de la información y comunicación aportan hoy a la inteligencia humana. En mi libro Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (2), todos los caminos del índice conducen a una conclusión maestra: la inteligencia es un recurso humano, muy complejo, no un software, de una individualidad extrema, hasta tal punto que se puede decir con rigor científico extremo que no hay dos inteligencias, ni dos cerebros iguales.

Atendiendo las cinco acepciones que he formulado en mi incipiente teoría crítica de la inteligencia digital, entendida como:

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso.

se puede colegir muy bien que el punto de partida se constituye en la posibilidad del ya pero todavía no de cada cerebro particular, centrado en destreza, capacidades y habilidades consustanciales con la realidad personal e intransferible de cada cerebro individual, con un componente de calidad extrema, las neuronas, viajando siempre a alguna parte de nuestras vidas. Proyectando cada milisegundo las múltiples posibilidades que contiene cada inteligencia particular, dado que conllevan un conjunto de habilidades, talentos o capacidades mentales, que se organizan a la luz de los orígenes biológicos de cada capacidad para resolver problemas, en un determinado entorno cultural, con una operación nuclear identificable (sensibilidad para entonar bien, por ejemplo) y que se debe codificar en un sistema simbólico (el lenguaje, la pintura y las matemáticas, entre otros muchos).

Parafraseando a Fesser, la realidad emergente de la inteligencia digital nos podría llevar a decir hoy sin ambages: “Y me quedó claro que la inteligencia es un don humano (para algunas personas “divino”), pero que afortunadamente, no es una lotería: venimos pre-programados a la vida, después de un proceso de concepción y construcción cerebral que se prolonga a lo largo de nueve meses (sinceramente, de toda la vida…). En cualquier caso, se viene demostrando científicamente que la inteligencia, ni siquiera la estrictamente digital, no se puede instalar como un software” (por cierto, ¿libre ó de mercado?. Ninguno.). Ese es el motivo de que ayer me sorprendiera la inteligente expresión de Fesser.

Sevilla, 19/X/2008

(1) Belinchón, G. (2008, 18 de octubre). “Hay actitudes que no entiendo; ven el dolor como algo redentor”, El País, p. 42.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital Edición digital.

No es una persona más que otra…

En una época carente de valores, como la actual, el Quijote debe verse como una metáfora relevante. En el mundo en transición en el que vivió, luchó por ideales que consideraba vigentes y nobles. Su idealismo, por distante que estuviese de la realidad, acabó, sin embargo, por transformarlo en una referencia fundamental para la cultura mundial en estos últimos siglos. Don Quijote pone de relieve, con su aparente locura, la importancia de la audacia y de la imaginación en la construcción de otro mundo.

(Fragmento del discurso de agradecimiento pronunciado por el Presidente de Brasil, Lula da Silva, en la ceremonia de entrega del Premio Internacional «Don Quijote de La Mancha”, en Toledo, el 13 de octubre de 2008)

El sábado 11 de octubre leí un texto premonitorio de este post, en un anuncio con motivo de la entrega del Premio Internacional Don Quijote de la Mancha, a dos personas a las que admiro y respeto mucho: Lula da Silva y Carlos Fuentes: no es un hombre más que otro sino [sic] hace mas que otro. Es una frase cervantina, que sugiere muchas reflexiones si no se la saca de su contexto. Veamos. El texto original de Cervantes dice exactamente: “sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro sino [sic] hace mas que otro”, en una expresión llena de sentimiento y esperanza por parte de Don Quijote, en un gesto lleno de ternura hacia Sancho porque “todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables…”. Extraordinaria construcción de la didáctica humana de la comprensión en el alcance que se expresa con la solidaridad ante situaciones que son personales e intransferibles y que por mucho que se quieran cooptar, en auténtica com-pasión [sic], se demuestra que el sufrimiento no es delegable, ni asumible por los demás en su justa medida, porque las personas no son más que otras si no hacen más que otras.

Reproducción facsímil del libro El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. (2 Volúmenes), Miguel de Cervantes Saavedra. Barcelona: Edicions Universitat, pag. 212 (recuperada de Google, el 12 de octubre de 2008).

Pero es una realidad inquebrantable que sí hay personas que hacen más que otras, yendo más allá del reclamo del anuncio. Y por ello, son más importantes en la sociedad, desde una perspectiva ética, unas determinadas personas que otras. En el caso de los personas premiadas, Lula da Silva y Carlos Fuentes, existen sobradas razones para alinearse tanto con Sancho como con Don Quijote, en el reconocimiento del Premio, porque ante ellos es fácil que nos pudiéramos poner “de pechos” sobre nuestras cabalgaduras vitales “con la mano en la mejilla en guisa de personas pensativas”, intentando solidarizarnos con ellos por tanta tristeza que en algunos momentos nos han trasladado, aunque convengamos con Don Quijote que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas. Así lo aprendí de Lula da Silva cuando leí con pasión el libro de recopilación de sus cinco propuestas para cambiar la historia, con un título que sobrecoge “Lula. Tengo un sueño” (1): “Obstinadamente me digo todo el santo día: tengo que realizar un sueño, que no es sólo mío, sino el sueño de todos vosotros; llegará un día que en este país ninguna criatura se irá a dormir sin un plato de comida, y ninguna criatura se despertará sin ningún desayuno (…) Llegará un día en que la gente tendrá conciencia de que este país que sueño y que vosotros soñáis puede ser construido. Depende de nuestra disposición para realizarlo. Depende de nuestro coraje. Depende de nuestra disposición”.

Utilizando el símil del idealismo de Don Quijote, ayer nos dejó un mensaje para “cabalgantes”: «Solo con imaginación no cambiamos la realidad, pero sin imaginación corremos el riesgo de quedar presos en el conformismo». Depende de nuestra disposición.

Carlos Fuentes resumió en el acto del Premio un mensaje aleccionador para los que hacen más que otros: «tenemos un porvenir que desear y un pasado que recordar, pero sólo deseamos y recordamos en el presente. Toda gran obra es un llamado a la acción». Depende de nuestra disposición.

Lula Sancho y Carlos Quijano, cabalgaron ayer juntos al recibir el Premio Internacional Don Quijote, sin descomponer sus figuras. Porque son grandes al enfrentarse a molinos de viento que no son imaginarios, cada uno a su estilo, cada uno a su aire cervantino, a través de las palabras que les quedan, porque saben que en sus respectivos compromisos vitales no es posible que el mal ni el bien sean durables…

Evidentemente, todo depende de nuestra disposición, porque las personas no son más que otras si no hacen más que otras. Como Lula, como Carlos.

Sevilla, 14/X/2008

(1) Luiz Inácio Lula da Silva (2003). Tengo un sueño. Barcelona: Península, p. 52s.

Striptease digital

Desde que comencé esta experiencia de ejercicio real de la inteligencia digital, han pasado casi tres años y siempre acaricié la idea de divulgar los accesos reales a mi blog, a través de herramientas estadísticas de gran robustez y consistencia. En este caso, utilizo una herramienta nativa del proveedor de Internet que me presta servicios, Smarter Enterprise Edition 3.3.2950.

Defiendo a capa y espada un aserto propio: la información debe volver estructurada y transparente a quien la trabaja [sic], en una operación retorno -como en este caso- que simboliza una mezcla real de agradecimiento y conocimiento compartido en la Noosfera. Dicho y hecho, porque considero que a modo de striptease digital personal puedo publicar determinadas señas de identidad de mi blog, y de las personas y máquinas que me visitan día a día, que entran en el cuaderno a ojear páginas, diferenciando técnicamente visitas y páginas a las que se accede realmente en cada visita. Respetando la confidencialidad inherente a determinados datos que, obviamente, no publicaré, como garantía y respeto a quienes me visitan en libertad.

He tomado una muestra cercana, el pasado jueves 2 de octubre, durante las veinticuatro horas del día y esto fue lo que ocurrió.

Para empezar, conozco los cuarenta y cuatro países de los que provenían las 1.241 visitas, auténticos miembros de la malla pensante (Noosfera), con el siguiente detalle por rangos, accesos reales y ancho de banda consumido (se puede hacer «clic» sobre la imagen para verla en tamaño real):

He obtenido, obviamente, la estadística de accesos por continente, sirviendo de muestra la de Europa, aunque por curiosidad científica también aporto la de América del Sur:

También, el dato por antonomasia, con visión de acogida real y agradecida por mi parte, no en término de “producto”, a tener en cuenta en el mercado digital: las visitas generales y a páginas concretas:

Tengo mucho interés en conocer cuántas personas se “bajan” (¿”compran” por valor y no por precio?) mi libro sobre Inteligencia Digital, día a día, con libertad de acceso a él respetando reglas de juego en los parámetros que fija la licencia Creative Commons. En este caso, han sido 13 personas. Sé que ha sido así por el ancho de banda consumido y por la acción que se complementa con otras estadísticas de la herramienta que utilizo al analizar, en general, datos por archivos.

También conozco qué palabras se utilizaron en los buscadores principales, en ese día, para llegar a mi blog, aunque en el top diez de este cuaderno digital, a lo largo de los últimos seis meses, con el análisis de esta herramienta, la secuencia principal de búsquedas se centra en un constructo: septum pellucidum, una maravillosa estructura cerebral, de la que me consta su interés por los comentarios y correos que recibo, cumpliendo la finalidad divulgativa del cerebro como base de la inteligencia digital:

2 OCTUBRE 2008 (118 frases y/ó palabras)

ÚLTIMOS SEIS MESES (12.325 frases y/ó palabras)

Igualmente, qué imágenes, de las que se buscan por Internet, se utilizan más con la referencia de acceso a mi blog, siendo una constante la paloma de Picasso. Creo que se comprenderá ahora por qué escribí un post, Veo a mis palomas volar, desde la persona de secreto y en referencia a la utilización de esta preciosa imagen en el universo Internet (Noosfera). También, las imágenes de septum pellucidum, Cinema Paradiso y tálamo:

Google, con 490 accesos, sigue siendo el buscador por excelencia para llegar a mi nave digital, seguido a gran distancia por Microsoft Network con 8, AOL NetFind con 2 y Altavista con 1. Internet Explorer es el explorador más usado en los accesos (733), seguido de Firefox (117) y Mozilla Suite (87), como tres principales. Les siguen diez más.

Nada más por hoy, porque la estadística sigue también hacia adelante y, sobre todo, porque quiero seguir ordenando esta “Isla Desconocida” para que cuando se visite, cualquier internauta, como tú, pueda sentirse cómodo y muy a gusto navegando a bordo de ella. Además, podrá consultar con total libertad el cuaderno de derrota que guardo en su bitácora, porque como se ha podido comprobar hoy he hecho copia de sus llaves (estadísticas) para quien quiera disfrutar, como yo, del conocimiento creativo y compartido.

Gracias.

En el puerto digital de Sevilla, a 4 de Octubre de 2008, haciendo acopio de avíos en tierra para poder navegar mejor.