La sede de la inteligencia: dos metros de curvas maravillosas

Me ha sorprendido siempre la morfología de la estructura básica que interconecta en millones de ocasiones la corteza cerebral. Ya la he abordado desde múltiples perspectivas en este blog, pero nunca me había detenido en profundizar su anatomía real. Y me produce una sensación especial saber que si desplegáramos sobre una mesa los pliegues sinuosos que la conforman, podríamos encontrarnos con una superficie, un mantel, de dos metros cuadrados, aproximadamente. Por eso, he decidido investigar las razones científicas que “aconsejan” esta forma de presentarse en sociedad, aunque al final la representación más feliz de su estructura visible solo alcanza el tamaño de una servilleta de 50×50 cm. Mantel y servilleta, un conjunto armónico para conocer mejor la sede de la inteligencia. Y con un volumen, jarra, de 600 cm3.

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Figura 1: Imagen del cerebro humano que utiliza colores y forma para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas. Foto cortesía de Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional (Se puede consultar una referencia completa de la misma en mi libro “Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital”, pág. 71 ss.).

El planteamiento anterior no deja de ser una metáfora preciosa, pero ¿a qué es debida su morfología actual? Si no es posible comprender bien la sede de la inteligencia entre manteles, servilletas y jarras, acudimos necesariamente al análisis anatómico y obtenemos algunas conclusiones verificadas de forma experimental. En la observación del laboratorio de piezas de la corteza cerebral, se detectan unos pliegues en forma de circunvoluciones (del latín, circum, en derredor y volutio, vuelta; también conocido como gyrus, círculo), y surcos (del latín surcus, surco) entre ellas. Estos pliegues se forman de acuerdo con la hipótesis de la tensión neuronal, es decir, las áreas corticales interconectadas a través de las fibras nerviosas se atraen mutuamente y se abomban hacia fuera creando una circunvolución. De forma contraria, las áreas con pocas interconexiones aparecen separadas por los surcos. El cerebro prefiere adoptar, por necesidad, la forma de la servilleta, que ya expliqué en el post Las islas de Reil o en Cerebro y género: una cuestión de amígdalas.

Muchas veces he insistido en la importancia de la pre-concepción del ser humano, sobre todo en la fase de neurulación en el vientre materno, es decir, en el proceso de formación del tubo neural: “El sistema nervioso humano se desarrolla a partir de una capa pequeña y especializada de células ubicadas en la superficie del embrión. En las primeras etapas del desarrollo, esta capa de células forma el tubo neural, una envoltura estrecha que se cierra entre la tercera y cuarta semana del embarazo para formar el cerebro y la médula espinal del embrión. Cuatro procesos principales son responsables del desarrollo del sistema nervioso: la proliferación celular, un proceso en el cual las células nerviosas se dividen para formar nuevas generaciones de células; la migración celular, un proceso en el cual las células nerviosas se mueven desde su lugar de origen hasta el lugar donde estarán el resto de la vida; la diferenciación celular, un proceso durante la cual las células adquieren características individuales; y la muerte celular, un proceso natural en el cual las células mueren” (1).

En el desarrollo embrionario del ser humano, los pliegues y surcos a los que hemos hecho alusión anteriormente, ya aparecen en el quinto mes de gestación. Todas las células corticales se van “acomodando” en el lugar adecuado de la corteza donde a lo largo de la vida cumplirán funciones exactas, determinadas por la evolución de la especie natural o interpretadas por relatos creacionistas, solo alteradas a veces por razones que todavía la ciencia no puede explicar en numerosas ocasiones. Otras sí. Y se van acostumbrando a trabajar en condiciones extremas, en pliegues y surcos, cuya misión fundamental es acortar distancias para garantizar la calidad de la comunicación física y química que ya viene programada en el carné genético. Verdaderamente fascinante.

Es de tan vital importancia el viaje iniciático de las neuronas durante el embarazo, que las investigaciones actuales de alteraciones en este recorrido embrionario no dejan lugar a dudas sobre la formación adecuada de los pliegues y cursos. Una enfermedad ya conocida, la esquizencefalia, nos aproxima a la realidad enferma de esta estructuras: en un “trastorno del desarrollo poco común caracterizado por surcos o hendiduras anormales en los hemisferios cerebrales (…) Los individuos con hendiduras en ambos hemisferios, o hendiduras bilaterales, a menudo presentan retrasos en el desarrollo y en las capacidades del habla y del idioma y disfunciones córticoespinales. Los individuos con hendiduras más pequeñas, unilaterales (hendiduras en un hemisferio) pueden presentar debilidad en un lado del cuerpo y poseer inteligencia promedio o casi promedio. Los pacientes con esquizencefalia también pueden tener grados variables de microcefalia, retraso mental, hemiparesia (debilidad o parálisis que afecta a un lado del cuerpo) o cuadriparesia (debilidad o parálisis que afecta las cuatro extremidades) y una reducción del tono muscular (hipotonía). La mayoría de los pacientes sufre convulsiones y algunos pueden presentar hidrocefalia” (2).

Ya sabemos una razón de la circunvolución: es necesaria para acortar distancias. Y los surcos determinan aún más la necesidad de la proximidad. Una paradoja que aplicada a la vida ordinaria puede llevarnos a interpretaciones poderosas de la necesidad de religación. A la inteligencia humana, también. No por azar, sino por necesidad. Porque alimentar constantemente a la corteza cerebral para que “decida” cómo actuar cada milésima de segundo necesita siempre del camino mas corto entre dos puntos. Con independencia del respeto que se deben en los cruces de camino y en la intervención necesaria, que ya he analizado a lo largo de estos últimos meses, de estructuras tan importantes como el sistema límbico, el cerebelo, el giro cingulado, el hipotálamo, las amígdalas, el NSQ, etc. Las inhibiciones y cortocircuitos neuronales son aprendizajes y patrones que a modo de señales de tráfico adquiridas se van elaborando a lo largo de la vida, en paralelo, a veces, con las pre-programadas por el mero hecho de ser persona.

Al final, se trata de “poner bien la mesa”, con mantel, servilleta y jarra apropiada para tal evento, ordenarla y servirla de forma adecuada a las necesidades de cada una, de cada uno, sabiendo en este caso y a partir de ahora que la arruga, en el cerebro, es bella, con permiso actualizado de Adolfo Domínguez. Es más, imprescindible y necesaria.

Sevilla, 17/VI/2007

(1) http://www.ninds.nih.gov/disorders/spanish/los_trastornos_encefalicos.htm

(2) ibídem.

Toma de posesión, toma de posición

Hoy es una gran fiesta para la democracia. Llevamos una semana muy movida en recuerdos y festejos de la acción más gloriosa que nos corresponde como miembros de una sociedad concreta, de un municipio en el que se desarrolla el gobierno que se decide por la ciudadanía, en definitiva, gracias a la democracia. Y siempre recuerdo un artículo que escribí hace veinticuatro años, en mi singladura onubense, cuando solo llevábamos seis años de andadura en esta nueva actitud ética personal y social, que publiqué en este cuaderno el 21 de enero de 2006, tratando de un asunto apasionante: la ética del municipio y que te invito a leer de forma pausada, para que traduzcas en el marco actual de vivencias, sentimientos y emociones democráticas, lo que intentaba simbolizar en aquellas palabras con el análisis ético del acto responsable del voto, con la respuestabilidad a la convivencia diaria, basada en el conocimiento de los programas votados y las voluntades políticas que los tienen que ejecutar, más la libertad, sin ira, libertad…

Sevilla, 16/VI/2007, en el momento en que están tomando posesión concejalas, concejales, alcaldesas y alcaldes, elegidos democráticamente.

Groucho y el niño perdido

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Siempre me encantó aquella frase gloriosa de Groucho Marx, en Sopa de ganso: «- ¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino.«. Y no andaba descaminado cuando se constatan los últimos resultados obtenidos en la investigación realizada por el Grupo de Investigación en Neurociencia Cognitiva (GRNC) de la Universidad de Barcelona y la Universidad British of Columbia de Vancouver (Canadá), que se publicó el pasado 25 de mayo en la revista Science, con el título Visual Language Discrimination in Infancy, del que se obtiene la siguiente conclusión: con tan solo mirar los gestos del rostro de su interlocutor, un bebé puede distinguir si se le habla en un idioma o en otro (1).

He leído con atención la noticia y el artículo de referencia, donde la investigadora Nuria Sebastián-Gallés ha manifestado que esta habilidad “forma parte del conjunto de capacidades que tiene el niño al nacer”. Esta capacidad perceptiva les aporta “una información más, que utilizan para complementar la información auditiva”, explica. “Para comprender el nuevo mundo en el que les ha tocado vivir, los bebés utilizan todos los recursos cognitivos que pueden”.

En la investigación han participado 12 bebés monolingües de cuatro y seis meses, y 12 bilingües de ocho meses, en un entorno familiar en el que se hablaba francés e inglés. A todos se les mostró una serie de videoclips mudos, en los que sólo podían ver las caras de diversos interlocutores, recitando frases del cuento El pequeño príncipe, primero en un idioma, y luego en otro: “Cuando el bebé ya no mostraba interés, se le cambiada por la imagen muda de la misma persona, pero recitando en otro idioma. “El bebé mira más, nota que ha pasado algo, y vuelve a prestar atención”, explica la investigadora. Se midieron los tiempos de atención de cada niño, que eran significativamente más altos que antes del cambio. Sin embargo, esta capacidad para distinguir visualmente las lenguas cambia con el tiempo y con el hecho de que el bebé viva en un entorno de una o dos lenguas. Los bebés mayores, de ocho meses y monolingües, no prestaron ningún interés ante el cambio de lengua, mientras que los bilingües sí. “A los seis u ocho meses, seguramente el bebé monolingüe ya tiene todos los elementos que requiere para entender la lengua materna”, interpreta Sebastián-Gallés, “la lengua que desconoce es irrelevante, ya no capta su atención”. El interés del bilingüe también tendría explicación: “No es extraño que el bebé bilingüe continúe aprovechando esta información extra, porque ha de diferenciar las dos lenguas”. Los resultados demuestran que la experiencia modifica el cerebro. Según Sebastián-Gallés, “todavía queda mucho por conocer sobre el cerebro del bebé y sobre la adquisición del lenguaje”(2).

El resultado más llamativo es la constatación de que la experiencia es una variable interviniente en la maduración cerebral y de alguna forma viene a consolidar la teoría del desarrollo cognitivo como potencial vinculado a patrones sociales con estímulos permanentes, sobre todo del lenguaje, como marcador diferencial del desarrollo humano. Un entorno social enriquecido por las variables lingüísticas desde el nacimiento puede configurar una nueva forma de ser en el mundo. Se abren expectativas interesantísimas desde la perspectiva de la inmigración, en el día que hemos conocido un dato relevante desde la cohesión social de este país y su estructura socioeducativa: el diez por ciento de la población empadronada en España está compuesta ya por ciudadanía extranjera (exactamente, 4.482.568 personas).

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Seguro que un cuento senegalés, por ejemplo, La princesa, el baobab y los cauris, narrado en wolof, francés y español, lo percibirán las niñas y los niños que nazcan hoy en nuestro país, de parejas bilingües como mínimo, desde una perspectiva muy diferente al principito de la investigación y comprenderán de forma admirable su forma de acabar estas bellas narraciones: así sucedió y así lo he contado. Y ofreceremos garantías de comprensión a estas nuevas generaciones de niñas y niños nacidos en un nuevo contexto de mestizaje, para asimilar mejor la complejidad de la vida, los caballos que vuelan, aunque Groucho, en cualquier caso, siga necesitando localizar a un niño de cuatro años (o a un bebé de ocho meses) para entender los asuntos de la vida, de la muerte, que a todas y a todos –a veces- nos siguen pareciendo escritos en chino ó wolof…

Sevilla, 13/VI/2007

(1) Weikum, W.M., Vouloumanos, A., Navarra, J., Soto-Faraco, S. Sebastián-Gallés, N., Werker, J.F. (2007). Visual Language Discrimination in Infancy. Science, 25 May 2007: Vol. 316. no. 5828, p. 1159

(2) Ferrado, M.L. (2007, 25 de mayo). Los bebés identifican por los gestos el idioma en que se les habla. El País, p. 56.

Un reloj de marca NSQ

Esto de no ser más que tiempo espanta.
La solución bajo el costado izquierdo:
un fiel reloj al que jamás me acuerdo
de darle cuerda y, sin embargo, canta.

Carlos Murciano, El reloj

No hay que comprarlo en el mercado. Ya lo tenemos desde que nos concibieron. Reúne muchas características que lo hacen el más atractivo de la existencia humana. Existen casi catorce mil millones en el mundo (dos por persona), tantos como habitantes pueblan el planeta Tierra (exactamente 6.600.994.064 personas, a las 18.39 GMT del día de hoy). También lo poseen muchos seres vivos. ¿Un ratón, con este reloj, por ejemplo? Sí, cuestión no baladí porque entre ratones anda el juego, como ya lo analizaba en el post titulado: Cerebro humano y cerebro de ratón. No se lleva en la muñeca, sino en la cabeza, perdón, en el cerebro. Pero, ¿de qué reloj estamos hablando? Esta maravilla de la factoría relojera humana –no suiza- se llama así porque es un reloj (también conocido como marcapasos ú oscilador circadiano) biológico que responde a las siglas NSQ: “Núcleo SupraQuiasmático” (ó núcleo supraóptico), como agrupación celular neuronal próxima al hipotálamo, situada sobre el quiasma (del griego chiasmo: dos líneas cruzadas como la letra X, igual a la letra griega chi) óptico (lugar donde se cruzan los dos nervios ópticos) y que recibe aferencias directas desde la retina, estando muy relacionado con el condicionamiento que ejerce la luz sobre los ritmos circadianos (constructo de dos palabras latinas: circa: alrededor y dies, día, es decir, de duración de alrededor de un día: 24 horas).

Es una estructura que junto a las vías aferentes citadas anteriormente y las eferentes que controlan los ritmos vitales, conforman el sistema circadiano regulador de procesos neurofisiológicos: por ejemplo, el estado de vigilia (estar despierto), el sueño o las “ganas” de orinar.

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Figura 1: topografía del Núcleo supraquiasmático. Recuperado el 9 de junio de 2007, de http://lorien.die.upm.es/insn/docs/vision-1.pdf.

Y llama poderosamente la atención la lectura atenta y el análisis de las “características técnicas” que figuran en su libro de instrucciones. Es un reloj (conjunto de neuronas) de diseño exclusivo. No existen dos iguales: mi reloj no lo tiene nadie. Existe reloj (NSQ) de hombre (redondo) y reloj de mujer (alargado) y es probable que esta forma influya en las aferencias y eferencias, es decir, conexiones de entrada y salida con otros núcleos del cerebro, fundamentalmente con la “forma” de ver las cosas el hombre y la mujer, por el papel preponderante de la retina. Es muy pequeño, de aproximadamente 0.8 milímetros y está compuesto de unas 15.000 a 20.000 piezas, es decir, neuronas que hacen un trabajo maravilloso de sincronización puntual para mantenernos despiertos ante cualquier situación vital o para indicarnos que hay que “ir a la cama” para dormir, para mantenernos en actitud de vigilia al interesarnos otras cosas y regular la situación diaria de “estar necesariamente despiertos ó dormidos”, entre otras muchas actividades permanentes, porque sabemos que no descansa nunca, aunque a los “propietarios” nos permita, por ejemplo, soñar todos los días. La sincronización es perfecta. Repito: de relojería humana.

Es muy sensible a la luz, que la necesita y regula de forma ordenada para dosificar las reacciones físicoquímicas del cerebro que actúa. Traduce (procesa) constantemente la información que recibe de la retina y su relación con la hormona melatonina, sintetizada en la glándula pineal (durante las situaciones de oscuridad), permite su síntesis y liberación a través del ritmo circadiano correspondiente, produciéndose el pico máximo de secreción durante la noche. Son momentos trascendentales en la vida humana. Saber cuándo ocurren estos acontecimientos hormonales en la vida de cada una, de cada uno, es una situación comprometida con el reloj biológico personal e intransferible. Sobre todo porque se escriben páginas que deben ser conocidas y tratadas con la intimidad que requiere este conocimiento de sí mismos.

Funciona de forma ininterrumpida en ciclos de veinticuatro horas, coincidentes con los denominados ritmos circadianos, muy influenciados por la actividad frenética que desarrollan las veinte mil neuronas, aproximadamente, que se relacionan, y emiten y reciben “información” a través de los neurotransmisores. Y busco al fin la “garantía” de fábrica para que “me la sellen”. Al final de esta atrayente aventura científica descubrimos que no hace falta registrarla en ningún sitio. Está establecida: es vitalicia, adecuada a la realidad existencial y al correcto funcionamiento de la sincronización circadiana de cada persona.

Sabemos a partir de ahora que este reloj hay que cuidarlo mucho y protegerlo como oro en paño. Una correcta planificación horaria conlleva el equilibrio cerebral para “ordenar” la vida cada segundo del día y de la noche. Esta marca, NSQ, conduce a reconocer la maravillosa realidad del cerebro en una zona muy pequeña y muy ajustada para dejarse impresionar por la luz del día y por la oscuridad de la noche. Ponerlo en hora es ya responsabilidad personal e intransferible. Una vez más. Y recuerdo que como la naturaleza es sabia, tenemos dos núcleos supraquiasmáticos, dos relojes que trabajan siempre de forma sincronizada y en interacción con la retina, a diestro y siniestro, nunca mejor dicho. Otra sorpresa del cerebro, en este caso, del factor X, del quiasma óptico, porque estamos obligatoriamente obligados a llevarlos siempre consigo. Siempre puestos…, en el cerebro, cuando para sorpresa de todas y todos, solo miramos al de nuestras muñecas.

Sevilla, 11/VI/2007

A los seis años…

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Ayer cumplí 60 años. Siempre he tenido muy cerca la foto que abre hoy estas anotaciones en el cuaderno de bitácora, a los seis años, y se puede apreciar que en aquellos otros cuadernos Rubio ya se simulaban, a gusto del fotógrafo de turno, las primeras impresiones de la vida de un niño andaluz en un Colegio laico, el Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Narváez, en Madrid, donde doña Antonia, mi querida maestra, iba llenando de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.

Imaginábamos aventuras muy particulares, como las de los patios de nuestras casas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. Y siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino.

Han pasado cincuenta y cuatro años y he recordado algunas experiencias grabadas en el corazón porque todavía no sabía mucho del poder de la inteligencia. El número seis, aunque multiplicado en esta ocasión por diez, permanece con toda la frescura de la mirada que captó muy bien el fotógrafo escolar. Ahí radicaba el desarrollo de la inteligencia creadora que me ha permitido llegar hasta este momento en el que recuerdo aquél día en el que el Director del Colegio, D. Enrique Berenguer, se deshacía en atenciones para que aquella ceremonia ritual quedara para la posteridad en el cerebro de un niño de Sevilla, que veía en su soledad la vida de otra forma y al que quería tanto.

Sevilla, 8/VI/2007

El regreso de ETA

Me gustaría llamar al Presidente y decirle que merece la pena, que lo merece el dolor de toda la ciudadanía a la que le gustaría cantar que el pueblo va a triunfar, seguir luchando por conseguir la paz que el 23 de marzo de 2006 comenzó a forjarse en el anuncio de la tregua. Así lo escribí entonces y de esta forma lo volví a reivindicar desde este humilde cuaderno el 31 de diciembre pasado, la fecha horrible del atentado de Barajas, del asalto a la razón ó de la destrucción de la misma. He buscado esta tarde, desesperadamente, a Quilapayún y los he escuchado varias veces gritando aquella hermosa estrofa del himno emblemático de las libertades, El pueblo unido jamás será vencido:

De pie, cantar
el pueblo va a triunfar,
millones ya,
imponen la verdad,
de acero son
ardiente batallón,
sus manos van
llevando la justicia
y la razón. Mujer,
con fuego y con valor,
ya estás aquí
junto al trabajador.

Me gustaría decirle al Presidente que cuente con la colaboración celular de algunas ciudadanas, de algunos ciudadanos (creo que muchas y muchos), conmigo también, para luchar contra el sinsentido de la sinrazón de ETA, de todas las formas posibles. La principal, con la honestidad de la actitud pacífica de todos los días, de cada segundo, para hacer visible la realidad de que otro mundo, otro país, es posible. Me gustaría decirle que cuente con mi apoyo ético de la lucha silenciosa ó ruidosa cuando haga falta para aprender de otra actitud deletreada por Quilapayún en La cantata de Santa María de Iquique: con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades.

Me gustaría decirle, Presidente, que no desfallezca ante la sinrazón de voces propias ó/y de propios ó asociados, porque la frialdad de algunas manos tendidas suele ser algunas veces más tibia que las de aquellas personas citadas en el Apocalipsis, cuando se narra la realidad de los que no están ni fríos ni calientes…

Me gustaría decirle, Presidente, que esta noche leyera aunque fuera una sola vez un poema de Vicente Aleixandre, La mano, que como poeta del Sur simboliza muchas manos de esta tierra para estrechársela en estos momentos de soledad por problemas en el Norte:

Oh mano, mano humana que fue amor, o sería
Brille el esfuerzo humano como una paz durable,
Mano que en otra mano dichosamente pósase
Mientras todas las manos a esta tierra cercaran.

Me gustaría decirle, Presidente, por último, que en casa le respetamos en el dolor que transmitió ayer y que hoy han recogido todas las fotos de portada en diarios de tirada nacional.

Me gustaría decirle, Presidente, que no está solo.

Sevilla, 6/VI/2007

El giro cingulado: anatomía de la inteligencia

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Figura 1: Descripción de las funciones del cerebro (Overview of brain function). Imagen recuperada el 30 de mayo de 2007, de http://www.biofeedback.co.za/neuropsy-overview.htm

Es verdad que sabemos poco del sitio que ocupa la inteligencia en el cerebro. Damos muchas vueltas científicas para localizarla y en ello estamos desde hace muchos siglos. Sé que no la voy a encontrar (no es posible con nuestros constructos mentales) y tampoco me preocupa este aparente fracaso. Realmente, lo que me preocupa es saber dónde reside la capacidad holística de las estructuras múltiples cerebrales que nos permiten ser inteligentes. Sedes múltiples es igual a inteligencias múltiples. Investigación con recursos múltiples es, probablemente, igual a inteligencia digital. Buscamos aquí y allá y sabemos bastante poco, cuando teóricamente decimos saber mucho, para declarar el punto alfa del proceso inteligente. Como sigo preocupado en conocer a fondo la sede de la inteligencia, es decir, el cerebro y, más concretamente, la corteza cerebral, hoy voy a seguir con esta anatomía tan particular, al intentar descifrar una estructura muy curiosa y responsable de que nos demos cuenta que sufrimos, y de que nos alegramos por conocer “buenas/malas noticias”, por ejemplo, en el argot de la inteligencia de calle, de las aceras de Jacobs.

Cuando saboreaba en 1995 la implosión de Goleman con su pretendida inteligencia emocional y que ha permitido fabricar a la americana una forma de justificar lo que “sabemos” de una parte muy importante en la actividad cerebral, a través del sistema límbico, leí una frase en un libro suyo mediático, Inteligencia emocional, que me aproximó a una estructura bastante desconocida, amiga navegante, amigo grumete: el giro cingulado (gyrus cingulatus, en latín) que es como ha trascendido en la anatomía del cerebro hasta nuestros días: “El llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus cingulatus [H, en la figura anterior]. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los sollozos pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas” (1). Y hoy dedicamos estas notas de cuaderno de mar, a un perfecto desconocido pero con unas responsabilidades en la forma de experimentar sentimientos y emociones (en eso consiste la vida afectiva), cada una, cada uno, verdaderamente impresionante.

Voy a presentarlo en sociedad. Está alojado en la zona central del cerebro, actuando como cinturón (de ahí, cingulado) del cuerpo calloso, redondeado, con zonas visibles y otras no apreciables a simple vista (circunvoluciones) y muy cerca del surco cingulado. Participa activamente en los circuitos que codifican funciones relacionadas con las emociones y las motivaciones.

Sus funciones básicas están centradas en proporcionar comunicación continua -es zona de paso y proceso continuo- desde el tálamo hasta el hipocampo, estructuras ya analizadas en la cartografía cerebral que estoy construyendo y que se puede volver a consultar para ir montando este puzle humano de cien mil millones de piezas, ninguna igual. El giro colabora con la memoria emocional, con reminiscencias muy primitivas cercanas al olor, al llanto y al dolor, es decir, esta realidad nos permite constatar que hace millones de años que el ser humano llora, sufre. Es también el lugar de control para el trabajo atencional ejecutivo y esta misma estructura cerebral recibe las aferencias desde las estructuras emocionales en red que se asocian con el malestar humano, procesan las respuestas al estrés y modulan la conciencia, expresión esta última a la que habría que dedicar muchas anotaciones en este cuaderno y que asumo como responsabilidad científica (2).

Todas las funciones enunciadas anteriormente comienzan a “fotografiarse” con técnicas muy avanzadas, pudiéndose utilizar ya las “imágenes” del dolor a través de la imagen por difusión de tensión (DTI, sus siglas en inglés) que permite evaluar algunos movimientos del agua en el tejido cerebral que indican cambios en la organización de las neuronas: las moléculas de agua están en constante movimiento y chocan unas con otras y con otros compuestos haciendo que se dispersen o se difundan. De esta forma se pueden determinar patrones específicos del dolor, porque se conoce bien el patrón de difusión de la tensión en tres áreas del cerebro que se encargan de procesar el dolor, las emociones y la respuesta al estrés: el giro cingulado, el giro poscentral y el giro frontal superior.

Asimismo, se sabe ya que el giro cingulado “estaría implicado en el trastorno bipolar (Drevets y cols. 1997) y estaría relacionado también con alteraciones mnésicas, especialmente por sus conexiones con tálamo e hipocampo” (3). Enferma. Digámoslo alto y claro: el giro cingulado es un centro básico del cerebro (otra “tarjeta/centralita” cerebral) muy sensible a las patologías emocionales. Ayuda a las personas a cambiar el foco de atención y pasar de un pensamiento o conducta a otro, sobre la marcha ó –ahí está otra fuente de investigación de la conciencia- siguiendo patrones éticos elaborados a o largo de la vida. Cuando se encuentra activo en exceso, se bloquea (interpretamos el constructo “no sé que hacer”), quedándonos estancados en ciertas conductas, pensamientos o ideas: “el giro cingulado también forma parte del sistema cerebral que indica el peligro de que algo horrible sucederá si usted no ejecuta sus compulsiones” (4).

En una entrevista reciente al neurólogo, psiquiatra y etólogo francés, Boris Cyrulnik, muy vinculado a la teoría de la resiliencia, responde de forma clarificadora sobre la función del giro cingulado, como regulador del sufrimiento y de la tristeza cuando se le pregunta: “Sin embargo, ninguna estrategia de vida nos previene contra los malos momentos. ¿Qué se puede hacer para superarlos? Disponemos de muchísimos recursos. La actividad: la ansiedad se reduce mucho cuando se hace algo. El deporte —como el jogging— es un excelente antidepresivo. También el riesgo: el miedo genera una intensa secreción de opioides: las personas que corren riesgos enseguida experimentan euforia. El cariño, que es nuestro tranquilizante natural. Cuando los que me apoyan están cerca de mí, me siento bien. En suma, los deportes de bajo nivel, la pareja, las amistades, el ligero estrés que nos mantiene despiertos… son nuestros mejores medicamentos. Añadiría la mentalización, es decir, el hecho de buscar en mi pasado los recuerdos que constituyen mi memoria autobiográfica. Al traducirlos en palabras, doy una forma a esa representación que tengo de mí. La cámara de positrón nos demuestra que este trabajo estimula, ‘alumbra’ el giro cingulado del cerebro: la zona de las emociones. Si me quedo a solas rumiando mis palabras —«soy un inútil», «nunca saldré de ésta»—, entonces se alumbra la parte anterior del giro cingulado, esto es, la zona del sufrimiento o la tristeza. Es lo que hacen los deprimidos. Los soliloquios agravan la depresión. Por el contrario, el hecho de desentenderme de mí, de poner mis recuerdos en palabras para contárselos a otro (que no es sino el principio de la psicoterapia), estimula la parte posterior de ese mismo giro, provocando un alivio. Así, el solo hecho de hablar con otro —ya sea un amigo, un cura, un psicoanalista o un brujo— puede convertir el malestar en bienestar” (5).

Me ha entristecido saber que en estudios científicos recientes, realizados sobre patologías de soldados veteranos de las guerras del Golfo (antesala de la actual guerra de Irak), se ha descubierto que “la corteza (la parte que recubre el cerebro, que tiene mucho que ver con el aprendizaje) era alrededor de 5 por ciento más pequeña en los veteranos que tenían un mayor número de síntomas que en los que mostraban menos. Otra área del cerebro, llamada giro cingulado rostral anterior (importante para las emociones, la motivación y la memoria) era 6 por ciento más pequeña, en promedio, en los veteranos con más síntomas, según el estudio”. Es decir, existen evidencias de que el sufrimiento continuo y quizá el llanto expreso de estos soldados, en un ambiente infernal, ha afectado al giro cingulado, provocando efectos secundarios que hoy se describen de forma taxativa como “síndrome del Golfo”. Empequeñecer una estructura naturalmente grande, estable y programada para cumplir unas funciones extraordinarias en las vidas de las personas, es una realidad que nos debería comprometer en la denuncia del sinsentido de las guerras.

Es un caso práctico. Por ello, merecía la pena divulgar hoy las funciones del giro cingulado, su anatomía, en un acto inteligente que dignifica al ser humano, porque compartimos la aproximación científica a él. A pesar de las realidades de Irak, Palestina, Israel, Líbano y las pequeñas guerras domésticas, cercanas a todas y a todos, las de todos los días, que tanto hacen sufrir, en escala, a determinadas personas. Ya sabemos que “reducimos” las posibilidades de mantener activos, a pleno rendimiento, circuitos neuronales imprescindibles para ser felices. En definitiva, me alegro haberlo conocido. También, habéroslo presentado.

Sevilla, 3/VI/2007

(1) Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, p. 39.
(2) González, C., Carranza, J. A., Fuentes, L. J., Galián, M. D. y Estévez, A. F. (2001). Mecanismos atencionales y desarrollo de la autorregulación en la infancia. Anales de psicología, vol. 17, nº 2 (diciembre), 275-286.
(3) Benabarre, A., Vieta, E., Martínez-Arán, A. y otros (2003). Alteraciones en las funciones neuropsicológicas y en el flujo sanguíneo cerebral en el trastorno bipolar. Rev Psiquiatría Fac Med Barna, 30 (2), 72.
(4) Pedrick, Ch-Hyman, B. M. (2003). Guía practica del TOC. Pistas para su liberación. Bilbao: Desclée de Brouwer.
(5) Weill, C. (2006, 10-16 de diciembre). El secreto de la felicidad, XLSemanal, 998.

Adán y Eva…

… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo.

Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vió Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso.

Sevilla, 30/V/2007

Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital.

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Lo prometido es deuda. Lo aprendí en mi casa cuando descubría el mundo propio y de mis alrededores en Madrid, en el barrio de Salamanca, en el marco incomparable del discreto encanto de la burguesía. Lo asimilé a la vida ordinaria y por ello agradezco aquellos principios de urbanidad preconciliar, predemocrática, que con el paso del tiempo te compromete con la propia forma de ser y estar. Afortunadamente es una forma de alcanzar la pequeña felicidad de las pequeñas cosas.

¿Recuerdas? El 15 de abril anuncié mi voluntad de publicar en este cuaderno y para toda aquella persona que quisiera ver y leer de forma diferente a la habitual, un libro sobre la inteligencia humana, en su vertiente digital. Llegó ¡por fin! el ISBN, ardiente impaciencia, aunque en unas condiciones que trascienden el mundo anecdótico hasta casi rozar el esperpento. Soy consciente de que formo parte de una estirpe en fase de extinción y a juzgar por la funcionaria que me llamó el viernes pasado al teléfono móvil, lo que motivaba el retraso tenía una causa clara: había cometido un error, porque había puesto un “0” en la casilla de “precio” y claro, ¡cómo se me ocurre solicitar un ISBN, si un libro que lleva por nombre Inteligencia digital no va a tener precio! La respuesta estaba servida: no hay que confundir valor y precio y después de un diálogo muy jugoso, me otorgó el traído y llevado número mágico en la modalidad de “méritos” (escrito a mano sobre la casilla de “0 euros”). A la inteligencia, humana, tuya y mía, rematadamente real como los méritos que tenemos que hacer diariamente para vivir en un mundo de mercado y diseñado a veces por el enemigo.

En esta jornada de reflexión para poder llevar a cabo mañana el acto democrático por excelencia, elegir la ideología teórica y práctica que mejor representa lo que soy y quiero ser (casi nada…), con los demás miembros de la ciudad (polis) en la que crezco a diario, quiero contribuir a reforzar un bien inasible a través de este libro: una interpretación sobre la inteligencia humana, que preside todos los actos del sinvivir, malvivir o porqué no, del vivir apasionadamente con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y telecomunicación, como es mi caso.

Al fin y al cabo, al entregarte esta ilusión encuadernada a través de 371 páginas, también con tipografía Garamond, me gustaría experimentar y compartir aquellas sensaciones que me sobrecogían cuando era niño y asistía al mayor espectáculo del mundo en el antiguo Circo Price, en Madrid. Sobre todo cuando anunciaron un sábado de hace muchos años aquél número de las “motos voladoras”, como las neuronas de cada una y cada uno, que en el interior de un cilindro metálico enorme (¿un cerebro?), en el centro de la pista, daban vueltas en todas direcciones, en trazados y cruces imposibles, mientras los presentaba el director de pista, con capa plateada, que decía con voz solemne y con grandes pausas: Silencio. Les presento un espectáculo maravilloso: vean y juzguen este número, donde por primera vesssss [sic] en el mundo, la palabra mieeeeedo[sic] se sustituye por intrepidésssss… [sic].

Sevilla, 26 de mayo de 2007

[NOTA] Para bajarte el libro, pulsa aquí: Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital. Ocupa sólo 4.55 MB, en formato PDF. Te llevará poco tiempo la descarga. Perdón: la llegada silente…

Gracias, por haber sabido esperar.

Teatro de barrio (publicación)

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El pasado 14 de mayo anunciaba en este cuaderno la publicación de mi libro Teatro de barrio, que recoge la experiencia de cuatro meses de colaboración durante el último trimestre de 1984 y enero de 1985, en un periódico de Huelva, La Noticia, a través de un hilo conductor, la ópera de Mozart «La flauta mágica», en homenaje al giro copernicano que Mozart imprimió a la existencia culta de la época, en un esfuerzo encomiable por vibrar con el pueblo auténtico, en la espera/esperanza de ver cantado y representado el amor sencillo de cada día.

Cumpliendo con el compromiso contraído con la Noosfera, puedes bajarte ya el libro en formato PDF (teatro-de-barrio-libro.pdf), de fácil lectura e impresión, con un tamaño reducido de 14,8×21 cm (A5-medio folio), editado con fuente «garamond», del cuerpo 12, en homenaje al tipógrafo Claude Garamond nacido en París en 1490, siglo que abrió la inteligencia por el conocimiento escrito de lo que sucedía en el mundo a través de los libros. Tal y como anunciaba también en relación con la publicación de otro libro querido, Inteligencia digital, de próxima aparición (con el permiso de la autoridad competente –Ministerio de Cultura- y si el tiempo no lo impide…), he mantenido la protección ética para que este libro se pueda copiar, distribuir y comunicar públicamente, bajo tres condiciones amparadas por la licencia de Creative Commons: Reconocimiento, para que se reconozcan los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra); No comercial, para que no se pueda utilizar esta obra para fines comerciales y Sin obras derivadas, para que no se pueda alterar, transformar o generar una obra idéntica.

El libro tiene un Prólogo excelente, escrito por Juan Cobos Wilkins (En el corazón de la tierra, libro y película), poeta y escritor muy próximo a la realidad de Riotinto, en Huelva, que configura las mejores páginas de esta obra, desde la concha del apuntador de un teatro de barrio muy particular. Su obra literaria ha consolidado en estos veinte años una forma de entender el oficio de escritor desde una larga y alta atalaya de conocimiento sintiente.

Si te parece interesante su lectura, me gustaría saber tu opinión, en el siglo del cerebro, de la inteligencia digital, dirigiendo tus palabras a jacobena@gmail.com. Gracias por sacar esta entrada para una sesión de teatro que no te defraudará…

Sevilla, 20/V/2007, horas antes de finalizar la Feria del Libro 2007.