El regreso de ETA

Me gustaría llamar al Presidente y decirle que merece la pena, que lo merece el dolor de toda la ciudadanía a la que le gustaría cantar que el pueblo va a triunfar, seguir luchando por conseguir la paz que el 23 de marzo de 2006 comenzó a forjarse en el anuncio de la tregua. Así lo escribí entonces y de esta forma lo volví a reivindicar desde este humilde cuaderno el 31 de diciembre pasado, la fecha horrible del atentado de Barajas, del asalto a la razón ó de la destrucción de la misma. He buscado esta tarde, desesperadamente, a Quilapayún y los he escuchado varias veces gritando aquella hermosa estrofa del himno emblemático de las libertades, El pueblo unido jamás será vencido:

De pie, cantar
el pueblo va a triunfar,
millones ya,
imponen la verdad,
de acero son
ardiente batallón,
sus manos van
llevando la justicia
y la razón. Mujer,
con fuego y con valor,
ya estás aquí
junto al trabajador.

Me gustaría decirle al Presidente que cuente con la colaboración celular de algunas ciudadanas, de algunos ciudadanos (creo que muchas y muchos), conmigo también, para luchar contra el sinsentido de la sinrazón de ETA, de todas las formas posibles. La principal, con la honestidad de la actitud pacífica de todos los días, de cada segundo, para hacer visible la realidad de que otro mundo, otro país, es posible. Me gustaría decirle que cuente con mi apoyo ético de la lucha silenciosa ó ruidosa cuando haga falta para aprender de otra actitud deletreada por Quilapayún en La cantata de Santa María de Iquique: con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades.

Me gustaría decirle, Presidente, que no desfallezca ante la sinrazón de voces propias ó/y de propios ó asociados, porque la frialdad de algunas manos tendidas suele ser algunas veces más tibia que las de aquellas personas citadas en el Apocalipsis, cuando se narra la realidad de los que no están ni fríos ni calientes…

Me gustaría decirle, Presidente, que esta noche leyera aunque fuera una sola vez un poema de Vicente Aleixandre, La mano, que como poeta del Sur simboliza muchas manos de esta tierra para estrechársela en estos momentos de soledad por problemas en el Norte:

Oh mano, mano humana que fue amor, o sería
Brille el esfuerzo humano como una paz durable,
Mano que en otra mano dichosamente pósase
Mientras todas las manos a esta tierra cercaran.

Me gustaría decirle, Presidente, por último, que en casa le respetamos en el dolor que transmitió ayer y que hoy han recogido todas las fotos de portada en diarios de tirada nacional.

Me gustaría decirle, Presidente, que no está solo.

Sevilla, 6/VI/2007

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