¿Andar sólo por caminos correctos? No, para Carmen Martín Gaite

Ensayando «Caperucita en Manhattan» – Teatro de La Abadía -Madrid

Sevilla, 4/II/2025

Lo leí ayer en una crónica teatral excelente de “Caperucita en Manhattan”, una obra inolvidable de Carmen Martín Gaite, estrenada en Madrid con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de la autora, con una entradilla significativa: “La adaptación del popular cuento de Carmen Martín Gaite dirigida por Lucía Miranda es un chute de libertad tan festivo como el relato original”.

En nuestro tiempo tan moderno, mediocre y cainita, es maravilloso leer una crónica sobre lo que se hace bien en nuestro país, yo diría que muy bien, recordando unas palabras que no he olvidado, del eminente cardiólogo Valentín Fuster: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de las cosas que se hacen mal en España, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en este controvertido país.

En muy pocas palabras, Raquel Vidales, en su oficio de cronista, nos ayuda a captar la esencia de esta adaptación teatral: “Recordemos que esta es la historia de una Caperucita contemporánea. Sara Allen, una niña que vive con sus padres en Brooklyn y sueña con Manhattan: esa isla llena de luces junto a la estatua de la Libertad. Ahí vive su abuela, una antigua estrella de music hall noctívaga, librepensadora y poco hogareña, todo lo contrario que sus normativos padres. Pero mientras que en el cuento tradicional abuela y nieta acaban devoradas por el lobo por salirse del “camino correcto”, la versión de Martín Gaite invita a lo contrario. En su escapada de Brooklyn a Manhattan, Sara Allen descubrirá que no hay un “camino correcto”. También el significado de la palabra libertad: algo que “se siente por dentro y no se puede decir”. Una sensación tan poderosa cómo frágil, como demuestra su tergiversación política actual”. Extraordinario resumen.

Me he quedado hoy con el tratamiento de lo que simboliza para Carmen Martín Gaite aprehender el auténtico “camino correcto” en la vida, sobre todo para los que hemos crecido en dictadura política y sus derivadas deontotónicas, el exclusivo cumplimiento del deber, aunque hacerlo te costara la propia vida y la pérdida absoluta de la libertad.

Nada más que por el análisis anterior de Caperucita en Manhattan y su adaptación teatral en La Abadía de Madrid, me lleva a leerla con pasión y a esperar que en la gira prevista de la Compañía que actualmente la representa, haga un alto en esta sacrosanta ciudad, muy dada a respetar, “como se debe hacer y siempre se ha hecho”, el “camino correcto” de la vida, como un universal ético. Al fin y al cabo, como me enseñaron en mi infancia que hacían Caperucita, sorprendentemente “roja”, y su abuela, no sé si “azul”, ante un lobo “también rojo” o negro según se mire, muy peligroso como le corresponde serlo, a pesar de que en mi alma juvenil me quedó grabada en mi mente, para siempre, la famosa sentencia de Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Mejor dicho, en latín, homo homini lupus. Sin atisbo de libertad alguna ante caminos probablemente “incorrectos” para la sociedad de mi época o, quién sabe, si también de la actual, tan moderna, tecnológica, dualista, mediocre y cainita.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

José Mujica y su optimismo ideológico, digno y bien informado

Encuentro con Mujica

Lo que pido es que me dejen tranquilo. Que no me pidan más entrevistas ni nada más. Ya terminó mi ciclo. Sinceramente, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a su descanso.

José Mujica, en un encuentro en su chacra, el pasado 9 de enero de 2025

Sevilla, 3/II/2025 – 18:30 (CET+1)

Anoche me regaló la vida un nuevo encuentro con José Mujica, expresidente de Uruguay, a quien tanto admiro y aprecio, un maestro en el buen sentido de la palabra maestro. Fue a través del espacio televisivo Lo de Évole, en el que se proyectó la charla que mantuvo Jordi Évole con Pepe Mujica en julio de 2024, en su chacra, unos días después de finalizar el tratamiento del cáncer que padece.

Es difícil sintetizar los múltiples mensajes que enviaba en cada intervención de su charla amigable con Évole. Cada reflexión fue una enseñanza vital y solidaria con la humanidad, siendo consciente de que su último día “va a llegar en algún momento», aunque dio muestras de un optimismo proverbial: «Soy optimista, vale la pena comprometerse con la vida, porque hay semilla, vendrán otros detrás». Así lo comprendí, porque lo aprendí de Benedetti en su justo sentido, de un haiku, el 123, escrito en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.

Dio un repaso profundo a la sociedad de consumo, un clásico en su vida personal y política: “Consumimos el tiempo para comprar cosas, en lugar de gastar el tiempo para vivir». Dijo también que “estamos construyendo una civilización de gente que se autoexplota”, explicándolo por la ansiedad que produce tener siempre “lo último” de cualquier producto de la sociedad de consumo.

Dedicó también unas palabras al cambio climático y la tozudez humana en sus actuaciones negacionistas o conspiranoicas, porque se sabe lo que está pasando, a pesar de que estamos avisados por la ciencia sobre el cambio climático. 

El encuentro con Mujica finalizó de la mejor forma posible, al incorporarse a la charla amistosa su entrañable compañera de viaje vital y de compromiso político, Lucía Topolansky, compartiendo su preciosa historia de militancia vital e ideológica, así como su envejecimiento compartido y sentido, una conmovedora historia actual de vida, enfermedad grave y decisión de José de afrontar de la forma más digna el final de su largo viaje, un digno descanso del guerrero que lleva dentro.

Una cosa más, como decía Steve Jobs en sus presentaciones. No se pierdan ver y, sobre todo, escuchar a José Mujica. Es un bálsamo reconfortante en estos tiempos trumpistas y muskianos tan desconcertantes para las personas dignas. Extraordinarias palabras que, afortunadamente, aún nos quedan.

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¡Paz y Libertad!

Canción alegre del Cádiz Bridge (II)

Seguimiento en timelapse de las obras de construcción del puente de la Constitución de 1812, sobre la bahía de Cádiz

Cádiz, 2/II/2025 – 12:15 (CET+1)

En estos días gaditanos, he recordado que escribí un post en 2007, en este cuaderno digital, sobre la realidad social de Cádiz, Canción triste de Cádiz Street, afectada en ese momento por los cambios “climáticos” de Delphi [empresa en proceso de cierre patronal definitivo], arrastrando la dialéctica del dolor y de la alegría para vivir, para su libertad. También me acuerdo (Joe Brainard, dixit), de la polémica absurda e innecesaria incluida, por el gesto maleducado, no inocente, con el alcalde de la ciudad en ese momento, de ideología de izquierda, por no ser tenido en cuenta, a tiempo, en el acto protocolario de la inauguración del nuevo puente de la Constitución de 1812 o, con la denominación popular, de la Pepa, cuestión que la asocié a una idea que aprendí hace ya tiempo de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara (al-qantara: el puente, en árabe), en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra” (ars ubi materia vincitur ipsa sua).

Sería una gran lección en estos días que el mundo político de este país demostrara que la grandeza misma del diálogo en abstracto, que también es arte, puede ser superada por la grandeza del diálogo real, sincero y comprometido con los derechos y deberes ciudadanos de una provincia tan castigada por el paro. Aunque sea en este aquí y ahora por el símbolo arquitectónico de esa gran obra.

Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar hoy una nueva inscripción mundial para los derechos humanos compartidos, que recogiera también en el nuevo puente gaditano las palabras que seguían al primer aserto comentado: el ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos mientras dure el mundo (Pontem perpetui mansvrvm in secula mvndi). O lo que sería lo mismo como símbolo de la buena política: los ilustres mandatarios políticos que hacen posibles estas obras públicas, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, deberían ayudar a construir día a día la democracia para que dure por los siglos en la perpetuidad de nuestro país. Recordando siempre el nuevo puente de Cádiz, por supuesto, como un símbolo de su perpetuidad política al servicio de la ciudadanía.

Al pasar el viernes por este puente emblemático de Cádiz, recordé la necesidad de que la grandeza del arte político , a través del diálogo, sea superada siempre por la grandeza de sus resultados democráticos.

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¡Paz y Libertad!

El mar de Cádiz, la mar de Alberti

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Rafael Alberti, Marinero en tierra

Cádiz, 1/II/2025

Anoche escuché atentamente la mar de Cádiz, la que cantaba siempre Rafael Alberti siendo un marinero en tierra. La he contemplado tal y como él la vivía y sentía:

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!

Esta mañana he vuelto a observar con emoción la línea del horizonte en la que teóricamente se separa el mar del cielo, pero donde está el secreto de lo que hay debajo y detrás de ella. Es lo que he aprendido a valorar leyendo asiduamente a Manuel Rivas, que tantas veces la describe con palabras hermosísimas. Es una maravilla observar cómo la línea se pierde en el horizonte al llegar cerca de la catedral de Cádiz en esta ocasión o de La Caleta nocturna o el faro del castillo de San Sebastián, con la misión de devolver a los que recordamos las palabras de Alberti, los valores de la tierra firme, cuando solo nos queda navegar tierra adentro con una misión posible: buscar islas desconocidas, que somos nosotros mismos cuando nos salimos de nosotros y nos contemplamos tal y como somos.

Es lo que tantas veces sigo a pie firme navegando con el cuaderno de bitácora que encontré un día en un pequeño cuento de Jose Saramago, el de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Sé que la gran misión de la vida es salir de nosotros mismos para saber quiénes somos, pero volviendo siempre a tierra. Esa es la única razón para comprender el lamento de Alberti, cuando el devenir de la vida nos desentierra de la mar, porque él quería que cuando un día su voz muriera en tierra, la llevaran al nivel del mar y dejarla en la ribera. Y nombrarla capitana de un blanco bajel de guerra. ¿Saben por qué? Porque cuando se pierde la vida, el tiempo, todo lo que tiramos, como un anillo, al agua o si perdemos la voz en la maleza, lo único que nos queda… es la palabra. Lo aprendí de Blas de Otero.


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¡Paz y Libertad!

El dinosaurio sí, la democracia también

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921- Ciudad de México, 7 de febrero de 2003)

Sevilla, 30/I/2025 – 21:25 (CET+1)

Visto lo visto en estos días, sobre todo con la irrupción del terremoto Trump, azote de la democracia mundial, me ha venido a la memoria el cuento precioso y breve, El dinosaurio, de Augusto Monterroso , que por bueno, es dos veces bueno:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Al recordarlo y casi sin pensarlo, he hecho un paralelismo con mi sueño permanente de defender la democracia, como pilar básico del entendimiento y del respeto a las personas de este país, del mundo en general, viniéndome a la mente otro relato, breve como el anterior, que lo pensaba así:

Cuando desperté, la democracia todavía estaba aquí.

Ítalo Calvino, el escritor italiano al que debo tanto en mi forma de pensar y escribir, reconoció el valor incalculable de la rapidez y concisión en la literatura y así lo expresó en una conferencia titulada Rapidez, que desgraciadamente nunca llegó a pronunciar porque falleció una semana antes de trasladarse a la Universidad de Harvard (Cambridge, Massachusetts) en septiembre de 1985, para llevar a cabo su compromiso de participar en las Charles Elliot Norton Poetry Lectures, que luego se recopilaron como obra póstuma bajo el título de Seis propuestas para el próximo milenio (1). Esta obra la he citado en numerosas ocasiones en este cuaderno digital porque a lo largo de los casi veinte años de vida que ya tiene, Calvino siempre ha estado presente en él ante el fenómeno de la hoja en blanco, precisamente utilizando el título de la conferencia que se incorporó a aquellos borradores de Harvard con el título de El arte de empezar y el arte de acabar, cuya introducción sigue siendo un norte en mi vida intelectual, procurando siempre que lo que escriba sea algo especial, siguiendo las recomendaciones de Calvino, tantas veces citadas en hojas digitales anteriores: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela. Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”.

En este sentido, si traigo hoy también a colación a Ítalo Calvino, es por su cita del relato de Monterroso en la citada conferencia, Rapidez, cuando se refiere a él reflexionando sobre una literatura basada en la concisión, como presagio de que sería una realidad inexorable en el siglo venidero [XXI]: “La concisión es sólo un aspecto del tema que quería tratar, y me limitaré a deciros que sueño con inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama. En los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y del pensamiento. Borges y Bioy Casares recopilaron una antología de Cuentos breves y extraordinarios. Yo quisiera preparar una colección de cuentos de una sola frase, o de una sola línea, si fuera posible. Pero hasta ahora no encontré ninguno que supere el del escritor guatemalteco Augusto Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Mi relato breve, Cuando desperté, la democracia todavía estaba aquí, me ha alegrado el día y quería compartirlo con la malla pensante de la Humanidad, la Noosfera. Nada más.

(1) Calvino, Ítalo, Seis propuestas para el próximo mileno, 1998, Madrid: Siruela.

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¡Paz y Libertad!

Como siempre, en tu feliz cumpleaños, en tu feliz cumpledías

Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez

Sevilla, 29/I/2025 – 08:30 h (CET+1)

Dedico hoy estas palabras a una persona que me acompaña en la vida desde hace ya cuarenta y dos años, María José, en su cumpleaños y cumpledías anual, con la calidad en este recuerdo que manifestó Mario Benedetti en su poema Como siempre, en su fondo y forma, sintiendo al mismo tiempo la influencia de Luz  López, su compañera de vida, recordándome también que María José ha recorrido ya un camino vital de setecientos sesenta y ocho meses en su cumpledías vital, aplicándole hoy las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a sus circunstancias, que diría Ortega y Gasset.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Es verdad, cambiando lo que hay que cambiar en el poema para adaptarlo a la realidad de ella, porque esta edad que alcanza hoy “no se le nota cuando en el instante en que vencen los crueles entra a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. Ha alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que su manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, junto a ella y nuestro hijo Marcos, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de este cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia y María José:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que los dos hemos perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria, ni dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, sólo quiero cantar la canción de los soñadores (Waldo Leyva, poeta cubano), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando;gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que nos permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé que el fin no es tocarlos, como a las rosas, sino perseguir los sueños de felicidad y esperanza. Sólo eso. ¡Ah!, junto a Benedetti, no olvido tampoco un mensaje para María José que, como siempre, mantengo vivo:

[…] de todos modos para ti no es novedad / que el mundo / y yo / te queremos de veras / pero yo siempre un poquito más que el mundo.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916), 2005. Madrid: Alianza Editorial.


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¡Paz y Libertad!

Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan / decir que somos quien somos, / nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. / Estamos tocando el fondo.

Gabriel Celaya, en La poesía es un arma cargada de futuro

Sevilla, 28/I/2025 – 07:40 (CET+1)

Disculpa, querido lector, querida lectora, que recurra a la escritura circular sobre determinados asuntos tratados en los casi más de dos mil quinientos artículos publicados en este cuaderno digital, desde la apertura de sus páginas en 2005, veinte años, que no son nada o mucho, según se mire, como cantaba Carlos Gardel: Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras, te busca y te nombra. Lo que ocurre es que en estos tiempos modernos de trumpismo, muskismo, desafección política y ocaso de la democracia, hay que buscar reforzadores éticos, el suelo firme de los actos humanos, de la existencia (como decía el profesor López-Aranguren), para seguir navegando en mares procelosos.

Es la razón de por qué vuelvo a retomar hoy, salvando lo que haya que salvar, la importancia del carpe diem, locución maltratada a lo largo de su historia literaria, manipulada en muchas ocasiones, porque se obvia su texto completo y su contexto.

Todavía resuenan en mi memoria de hipocampo las palabras del profesor John Keating, interpretado por el excelente actor Robin Williams, en la inolvidable película El club de los poetas muertos: Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Cuando Robin Williams subió a su cielo particular en 2014, escribí unas palabras que estoy seguro que podría compartir hoy con Bertrand Tavernier hablando de su aleccionadora película Hoy empieza todo, porque cuando todo comienza cada día estamos dando rienda suelta a cada “carpe diem” particular, un sentimiento que nunca se refleja en las esferas de los relojes de nuestra vida. Carpe diem era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente en una frase magistral: amor y poesía, cada día. Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética, tal y como nos lo transmitió también Miguel Hernández en una conferencia en el Ateneo de Alicante, el 21 de agosto de 1937, con el título  “La poesía como un arma”, La poesía […] en la guerra, la escribo como un arma, y en la paz será un arma también, aunque reposada o Gabriel Celaya, a través de la poesía social, en su precioso poema La poesía es un arma cargada de futuro, publicado en 1955: Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante […] Tal es mi poesía: poesía–herramienta / a la vez que latido de lo unánime y ciego. / Tal es, arma cargada de futuro expansivo /con que te apunto al pecho.

John Keating lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia. El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos.

Hoy, entrando en mi biblioteca, mi clínica del alma, he vuelto a encontrarme con esas palabras del poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda(Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe, contextualizadas en un viaje hacia su lugar querido, un territorio espléndido en la región del Lazio, a unas cuantas leguas de Roma, algo así como el arte de disfrutar del momento en su villa, Licenza, que se conserva para ofrecerla al placer de los sentidos y las emociones de cada persona que quiera descubrirla, completando en primer lugar las cuatro palabras que seguían a las dos más famosas, Carpe diem, quam minimum credula postero, que sólo se recuerdan en contadas ocasiones, descontextualizándolas del sentido pleno que quiso Horacio darles al presentarlas en sociedad. Para ello, he escogido una traducción del latín original que considero impecable, la del filólogo y poeta  Luis Alberto de Cuenca, porque es importante saber por qué Horacio las escribió aunque sólo hayan pasado a la posteridad dos, Carpe diem:

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a ti y a mí, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos escollos.

Sé prudente, filtra el vino
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana.

Las dos palabras, carpe diem, ya contextualizadas, cobran si cabe todo su esplendor cuando descubrimos en qué contexto las escribió Horacio. Para mí, tienen un sentido especial cuando las recuerdo en el contexto de la película citada, que hizo historia en mi vida a través de sus planos principales, destacando sobre todo los momentos estelares de la forma de entender la vida el profesor John Keating y transmitirla a los demás, fundamentalmente a sus cuatro alumnos especiales por su condición de seguidores de un gran maestro. Desde el comienzo de la película, un nuevo profesor iba a cambiar la vida de alumnos en la mejor tradición de maestría de la vida, que tanto he valorado siempre en mis profesores de diferentes ciclos vitales, tanto académicos como profesionales, porque todos no han sido iguales.

Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó, por ejemplo, la primera versión del carpe diem infantil casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, porque mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo y para que no olvidara nunca que a veces es envidioso, como lo susurraba Horacio a Leucónoe, una mujer con mente blanca, limpia, que podía adaptar al breve espacio de la vida, o de cada momento particular, una esperanza larga. Ahí estaba el secreto, porque cada día lleva siempre el tiempo dentro, su carpe diem, su necesaria captura, porque no vuelve, mucho menos hoy día ante el incierto mañana. Por cierto, es lo que dijo y nos legó el poeta Quinto Horacio Flaco, hace tan solo veintidós siglos. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Ernesto Cardenal, recordado con respeto reverencial en el centenario de su nacimiento

Entrevista al poeta y teólogo nicaragüense Ernesto Cardenal, en la entrega del premio Theodor Wanner en 2015.

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Adaptado (corchetes) de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 27/I/2025 – 07:30 h (CET+1)

Ayer leí una tribuna en el diario El País, con respeto reverencial, Cien años de Ernesto Cardenal, de una persona excepcional, Sergio Ramírez (Managua, 1942), escritor, periodista, político y abogado nicaragüense, que recibió el Premio Cervantes en 2017, con triple  nacionalidad, española, ecuatoriana y colombiana, por razón de exilio, recordando el centenario del nacimiento de una persona excepcional, Ernesto Cardenal (1925-2020), que me ha conmovido y conturbado, porque también le profeso ese tipo de respeto al formar parte de los maestros ejemplares e imprescindibles en mi vida. Es una reflexión preciosa, cargada de sentimiento que, como decía Alberti, debe escucharse más fuerte que el viento, porque una tribuna sin sentimiento puede quedarse en eso, solo una tribuna: “Para él la elevación mística fue siempre el abandono de la envoltura terrenal, y decía que había aprendido de San Juan de la Cruz que un líquido no puede recibir otro líquido si antes el recipiente no se vacía. Vaciarse, para llenarse de Dios, y viendo a Dios en cada uno de sus semejantes marginados y oprimidos, el reino de Dios en la tierra. Terrenal y místico, creyó en la comunión del espíritu con la materia y en la inmensidad irreal del universo, empeñado en una búsqueda que dejó anunciada en el poema Con la puerta cerrada: “Somos semillas que para nacer tienen que morir / es el precio necesario de la nueva vida…”.

Este cuaderno digital conserva páginas dedicadas a Ernesto Cardenal, motivo por el que he escogido una, la última, que escribí el 2 de marzo de 2020, en plena pandemia, con motivo de su fallecimiento. La vuelvo a publicar íntegra, porque los principios que me llevaron a redactarla siguen inalterables. Son los que tengo y si no gustan, no tengo otros. Lean la tribuna de Sergio Ramírez, porque es impecable y aleccionador en el tiempo de turbación en el que vivimos en la actualidad. Él, también, es necesario e imprescindible en estos momentos.

oooooOooooo

En memoria de Ernesto Cardenal

Sevilla, 2/III/2020

Ernesto Cardenal falleció ayer a los 95 años de edad, persona a la que he admirado siempre por su compromiso activo con la Teología de la Liberación, tan alejada de Roma. Creo que la humanidad ha perdido a una persona de las llamadas imprescindibles, en el sentido que Bertolt Brecht calificaba a las personas singulares como Cardenal, porque luchó toda la vida por un mundo mejor en un pequeño rincón de Nicaragua. En homenaje póstumo a él recupero un post que escribí en 2015 en este cuaderno digital con motivo de la entrega en Alemania del premio Theodor Wanner por la Paz, el Entendimiento entre los Pueblos y el Diálogo Intercultural.

El compromiso revolucionario de Ernesto Cardenal

Siempre he admirado a Ernesto Cardenal. Lo conocí hace más de cuarenta y cinco años, cuando vivía este profeta en Solentiname, un enclave revolucionario de Nicaragua. Eran años muy difíciles para un pueblo desatendido globalmente en plena dictadura del general Somoza. Vivíamos en España una situación crítica, también desatendida por el general Franco, desde la perspectiva democrática a la que aspirábamos vivir un día no muy lejano.

El pasado 20 de enero cumplió 90 años y puse a trabajar la moviola de mi vida, no para hablar de homenajes y panegíricos para celebrar su cumpleaños, porque me consta que no le gusta, sino para agradecerle lo que me aportó en momentos cruciales de mi experiencia vital. La admiración personal se debía a su discurso permanente de no violencia para alcanzar objetivos que hicieran la vida más amable a las personas que vivían con él en Solentiname, en los años setenta, aunque al final fuera necesaria una acción de fuerza del Frente Sandinista para derrocar a Somoza y formar parte del primer gobierno revolucionario nicaragüense como ministro de cultura.

¿Por qué lo he recordado estos días? Fundamentalmente, porque su compromiso me animó un día a querer acompañarle en su lucha, ante una situación en España que se demoraba y que se hacía insoportable en mi persona de secreto, perteneciente a la iglesia católica, apostólica y romana, que a veces no veía a Dios por ningún sitio, como le ocurría a Rafael Alberti en sus paseos por Roma, peligro para caminantes.

Le escribí una larga carta. Le explicaba con ilusión inquebrantable que España y la Iglesia me habían helado el corazón y que quería incorporarme a su lucha porque era un líder creíble, que pertenecía a una iglesia diferente, comprometida con los más débiles.

Nunca recibí respuesta. No sé si la llegó a leer, pero no inicié el viaje hacia esa parte del mundo, tan querida para mí en ese momento. Me quedé para trabajar por un mundo mejor en este país y hoy tengo que reconocer que era necesario que fuera así, porque aquí, con tu quiero y mi puedo de muchas personas, pudimos caminar juntos como compañeros en momentos cruciales para nuestra democracia.

Gracias, Ernesto Cardenal, por tu gran ejemplo. Me consta que estás convencido de que otro dios es posible a través de ese otro mundo, bastante más humano, por el que luchamos todavía muchas personas sin descanso alguno.

Sevilla, 30/I/2015

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Concienciados y despiertos, ´wokes´


La obispa episcopaliana Mariann Edgar Budde y el presidente Trump, en la catedral de Washington, el pasado 21 de enero – RTVE / NOTICIAS – 22/I/2025

Sevilla, 26/I/2025 – 09:30 h (CET+1) – Actualizado 14:08

Lo dijo la RAE en 2021: “En español, con sentido equivalente al inglés «woke», existe el adjetivo tradicional «concienciado, -da»”. También hay que recordar que en 2017, el diccionario Oxford definió la nueva acepción de «woke», como: «Ser consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo».

Esta palabra inglesa, woke (desperté, despierto), está haciendo estragos y resulta que su traducción correcta al español, concienciado o concienciada, denuncia que es más antigua que el hilo negro, aunque no ha cobrado protagonismo especial hasta que ha llegado en tromba a nuestro país por el impulso ultraderechista americano en la última década. Hay que recordar que su origen está en la lucha antirracista en Estados Unidos, cuando esa palabra se utilizó por primera vez en 1938 por el músico afroestadounidense Lead Belly, en una entrevista para advertir sobre los peligros de la discriminación racial en el sur del país, por lo que había que despertar.

Hoy día lo woke no gusta a las derechas, como casi nunca lo hizo en el túnel del tiempo americano, por lo que deciden que hay que acabar como sea con la cultura DEI que la representa, a través de tres iniciales como acrónimo, Diversidad, Equidad e Igualdad en la sociedad actual, con proyecciones concretas en la defensa del multiculturalismo, el uso de vacunas, el activismo ecológico y el derecho a abortar. O lo que es lo mismo para las derechas ultramontanas y su más allá, en una traducción limpia de la cultura woke: hay que eliminar como sea la concienciación que propugna el Estado Woke, socialmente hablando, con proyección a cuidar de ciudadanos concienciados de cómo acabar con las desigualdades sociales, es decir, acabar con legislaciones políticas DEI expuestas anteriormente, que defiendan la diversidad, la equidad y la igualdad, como derechos humanos incontestables.

En el Foro de Davos clausurado en l viernes pasado, hemos escuchado al presidente argentino Milei vociferar contra la cultura woke, a la que él llama wokeísmo o socialismo cool, un virus mental y un “cáncer que hay que extirpar en la sociedad actual”. Tampoco se han quedado atrás Trump y Musk, en una semana para olvidar, cuando nos referimos al nuevo orden mundial que pretenden imponer desde la nueva presidencia. A Trump le viene de antiguo esta alergia a todo lo que suene a woke, cultura a la que ha calificado como una auténtica tiranía y fascismo de extrema izquierda. En estos días de investidura presidencial, la ha vuelto a atacar en un acto relevante llevado a cabo en la Catedral Nacional de Washington, en un servicio religioso con motivo de su toma de posesión el pasado 21 de este mes, en el que la obispa episcopaliana Mariann Edgar Budde, le dijo cara a cara lo siguiente, en un discurso o sermón calificado de woke para el presidente: “En nombre de nuestro Dios, le pido que se apiade de las personas de nuestro país que ahora tienen miedo. Hay niños gays, lesbianas y transexuales en familias demócratas, republicanas e independientes, algunos de los cuales temen por sus vidas”. Trump no se cortó un pelo y la llamó radical de izquierda, que lo odiaba: “Tenía un tono desagradable y no era ni convincente ni inteligente”. Igualmente se manifestó Elon Musk, llegando a decir de la obispa, en su red social, que “ella contrajo el virus woke, muy grave”.

Vienen tiempos de guerra abierta a todo lo que suene a woke y debemos estar preparados para adoptar las actitudes de coherencia para acabar con las desigualdades sociales, es decir, votar a partidos políticos que permitan legislar políticas DEI, que defiendan la diversidad, la equidad y la igualdad entre otras decisiones progresistas como consecuencia de ese voto, tomar conciencia de que hay que responsabilizarse de seguir defendiendo día a día, segundo a segundo, el progreso social que permite transformar la sociedad, no solo cambiarla. Al fin y al cabo, lo que hace ya muchos años llamábamos tener conciencia crítica o ética, incluso de clase, es decir, la que nos llevaba a someter a juicio (del griego “crisis”) lo que pasaba a nuestro alrededor, la que nos permitía y nos sigue permitiendo hoy día ser coherentes y defender, concienciados y despiertos, la diversidad humana y el progreso social en sus múltiples manifestaciones, con una actitud clara y convincente ante la realidad social que nos rodea.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Todos podemos tener los mejores sueños

Sevilla, 25/I/2025

Ayer se estrenó en cines comerciales de este país un documental, We have a Dream (Tenemos un sueño), presentado en su sinopsis oficial con sentidas palabras: “Ser albino en Uganda, ser ciego y querer ser corredor de fondo o ser sorda y tener una pierna amputada por las complicaciones en el parto. Estas son algunas de las historias de We have a dream, el nuevo documental del director francés Pascal Plisson. Esta cinta visibiliza la discapacidad y busca concienciar a los jóvenes de que la diferencia no debe ser sinónimo de desigualdad. «Si se cambia la mirada, la apuesta será victoriosa», ha expresado Plisson, y ha reconocido que su mirada «ha cambiado mucho» porque con esta historia le han enseñado”. Es importante conocer también la participación española en la película de la ONG Educo y de la Fundación La Caixa.

El documental narra las historias de personas que luchan por hacer realidad sus sueños y transformar el mundo: “Desde desafíos personales hasta grandes movimientos sociales, esta película muestra el poder de los sueños. ¿Quién dijo que vivir con una discapacidad significaba renunciar a tus mayores sueños? Pascal Plisson fue a conocer a Xavier, Charles, Antonio, Maud, Nirmala y Khendo, niños extraordinarios que demuestran que el amor, la educación inclusiva, el humor y el coraje pueden mover montañas, y que el destino a veces está lleno de sorpresas. Se trata de contar historias de superación y fortaleza”.

Me interesa mucho este mundo de las discapacidades infantiles, que según la Unesco, afecta entre 93 y 150 millones de niños y niñas en el mundo, bajo el denominador común de la exclusión en función de factores como el tipo de discapacidad, el lugar en el que viven, la cultura en la que se desarrollan y la situación económica de sus familias. Además, en este caso y a través de esta película se puede conocer con detalle el proyecto pedagógico que hay detrás, dirigido a estudiantes a partir de seis años para fomentar el debate sobre las diferencias, la discapacidad y la inclusión.

En este contexto recuerdo ahora a Martin Luther King, 60 años después de haber pronunciado el 28 de agosto de 1963, el discurso conocido por las palabras I have a dream (Tengo un sueño), en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C. El documental citado anteriormente, We have a Dream, nos recuerda ese discurso inolvidable, porque nos permite seguir creyendo que los sueños y las utopías pueden ser una meta a alcanzar por millones de personas de bien que poblamos el planeta. Cada uno, cada una, en su pequeño mundo, porque no todos somos iguales desde nuestra forma de ser y estar en el mundo, como se puede demostrar por los desequilibrios escandalosos que nos rodean, sin ir más lejos en nuestra país, siendo mínimamente sensibles con la realidad más próxima a nosotros.

Es verdad que gracias a Martin Luther King, sus palabras vuelven a sonar hoy mejor que nunca: necesitamos más unidad, más igualdad y más democracia, más alma en definitiva para valorar estos proyectos de atención a la discapacidad, expuesto en esta ocasión y de forma extraordinaria en We have a Dream. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!