Grafiti de Gloria Fuertes en el muro exterior del Colegio Público “José María del Campo”, en el barrio de Triana (Sevilla)
A esta isla que soy, si alguien llega, que se encuentre con algo es mi deseo –manantiales de versos encendidos y cascadas de paz es lo que tengo–
Gloria Fuertes, Isla ignorada (1950)
Sevilla, 13/II/2025 – 13:25 h (CET+1)
Hace 26 años que falleció la poetisa Gloria Fuertes y para mí sigue viva en esta ciudad y en mi persona de secreto, de forma sencilla, tal y como lo describí en 2017 en este cuaderno digital, en una reflexión para la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, que no olvido. Si la traigo hoy, de nuevo, a estas páginas, es porque estoy atento a los cuentos que puedo leer a mis nietos, en nuestra abuelidad plena, que vivo con ilusión casi a diario, sintiendo algo especial cuando los leo con ellos, contemplándolos en sus gestos y preguntas, experiencia inolvidable en la última lectura de una edición muy cuidada de Pedro y el lobo, respetando la gran composición de Sergéi Prokófiev, nombre que pronuncian con una vocalización perfecta, cantando y dirigiendo las notas melódicas que pulsan en diversas situaciones intrigantes de la lectura.
En esta ocasión, escribo sobre Gloria Fuertes porque me la ha recomendado el director de elDiario.es, en un cuento que lee estos días a su hijo de dos años y medio, El libro de Gloria Fuertes para niñas y niños, cuya sinopsis oficial ofrece información de sumo interés para seguir la huella didáctica de la autora: “La literatura infantil de Gloria Fuertes en una edición para toda la vida. Una defensa de la infancia y de los sueños por encima de todas las cosas. 400 páginas de poemas y cuentos , todos los grandes clásicos gloristas: «El hada acaramelada.» «La oca loca.» «El Dragón Tragón.» «La pata mete la pata.» «Donosito, el oso osado.» «Piopío Lope (el pollito miope).» «Cangura para todo.» «La tortuga presumida.» «Coleta la poeta.» Y muchos más… Esta edición única profusamente ilustrada por Marta Altés, nuestra ilustradora de mayor proyección internacional, incluye: – Un prologuillo escrito por Gloria Fuertes a mediados de los 80 para una antología que jamás se publicó. – Cartas de las niñas y niños que Gloria recibió a lo largo de los años en su buzón. – Una carta abierta a todos los maestros firmada por la poeta. – Una selección de algunos de los poemas escritos por las niñas y niños que participaron en el Premio de Poesía Infantil Gloria Fuertes a lo largo de todas sus ediciones. – Fotografías personales de la autora junto a sus fans más pequeños. – Historias y episodios de la vida de Gloria Fuertes narrados especialmente para los niños, y un consultorio, «Pregúntale a Gloria», para que conozcan la vida y la filosofía de la autora de su propia voz”.
Igualmente y para conocerla mejor, vuelvo a compartir hoy un artículo publicado en 2017 en este cuaderno digital, Gloria Fuertes, poetisa de guardia, como recuerdo imborrable de su buen hacer en el mundo, como persona imprescindible, ‘muy buena’, en el buen sentido de esa palabra, ‘buena’, que Antonio Machado ensalzó maravillosamente y para la posteridad. Sé que sigue de guardia permanente entre las personas dignas. Siempre. En esta singladura de hoy, en La isla desconocida, la carabela imaginaria de Saramago, la encuentro de nuevo a través de sus versos, con la garantía de que llevan cascadas de paz dentro. Ella, al igual que la mujer zurcidora del cuento de la isla desconocida, sabe lo que significa la singladura vital diaria: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.
Suelo volver, de vez en cuando, de mis asuntos a mi corazón. Hace tan solo unos días crucé mi mirada con la de Gloria Fuertes, en un dibujo troquelado en negro con fondo dorado y sobre una pared blanca, cubierta de cal, del Colegio Público “José María del Campo”, en el barrio de Triana, en Sevilla. Sentí una emoción especial, como si fuera una deuda moral hacia ella porque en el año del centenario de su nacimiento no la había recordado en este cuaderno digital en busca de islas desconocidas, quizá “ignoradas”, como ella las llamaba en su primera obra poética. Quien no la conozca bien puede recurrir a su propia autobiografía, en la que mediante sencillas palabras traza un hilo conductor vital, siempre buscando paz interior y exterior, incluso cuando quiso ir a la guerra civil para pararla, prestando un servicio especial a las niñas y niños de España y del Mundo, a las mujeres y hombres de España y del Mundo, porque ella era y sigue siendo nuestra poetisa de guardia:
Gloria Fuertes nació en Madrid a los dos días de edad, pues fue muy laborioso el parto de mi madre que si se descuida muere por vivirme. A los tres años ya sabía leer y a los seis ya sabía mis labores. Yo era buena y delgada, alta y algo enferma. A los nueve años me pilló un carro y a los catorce me pilló la guerra; A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía. Aprendí a regatear en las tiendas y a ir a los pueblos por zanahorias. Por entonces empecé con los amores, -no digo nombres-, gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio. Quise ir a la guerra, para pararla, pero me detuvieron a mitad del camino. Luego me salió una oficina, donde trabajo como si fuera tonta, -pero Dios y el botones saben que no lo soy-. Escribo por las noches y voy al campo mucho. Todos los míos han muerto hace años y estoy más sola que yo misma. He publicado versos en todos los calendarios, escribo en un periódico de niños, y quiero comprarme a plazos una flor natural como las que le dan a Pemán algunas veces.
Es verdad, porque ella, en su isla ignorada, era gloria bendita…
NOTA: la fotografía se tomó por mí el 15 de octubre de 2017, en una pared pública de un Colegio Público de esta ciudad, donde ella estaba de guardia permanente…, sin descanso alguno para almas desconocidas e inquietas, niñas y niños en Triana pura.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Como siempre, una imagen vale más que mil palabras. Se obtuvo el pasado 6 de noviembre de 2024, el día después de las elecciones presidenciales en Estados Unidos en las que venció Donald Trump. Le faltó tiempo a Tim Cook, CEO de Apple para felicitarlo de forma efusiva:
Sus palabras no ofrecen duda alguna: ¡Felicitaciones, presidente Trump, por su victoria! Nos comprometemos a trabajar con usted y su administración para ayudar a garantizar que Estados Unidos siga impulsado su liderazgo con ingenio, innovación y creatividad. Este mensaje no inocente se ha respaldado dos meses después con la donación de un millón de dólares, a título personal y no desde la empresa que dirige, para contribuir con los gastos que han ocasionado las ceremonias de toma de posesión y otros festejos asociados, de todos conocidos, sumándole su presencia en el acto principal como CEO de Apple, junto a Satya Nadella (Microsoft), Mark Elliot Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Sergey Brin (Alphabet), Jen-Hsun Huang (Nvidia) y Elon Musk (Tesla), considerados los “siete magníficos” actuales, sobrecogiéndome constatar que entre todos y junto a otras tres grandes compañías tecnológicas han llegado en 2024, según Statista, a una “capitalización bursátil de 17,4 billones de dólares, cifra que supera la suma del PIB de Alemania, Japón, India y Francia juntas, y se aproxima a los 18,5 billones de dólares del PIB de China. Solo Apple tiene un valor de mercado de 3,4 billones de dólares, equivalente al PIB del Reino Unido”.
Si expongo lo anterior es porque resuenan en mi memoria de secreto las palabras que figuraban en el anuncio de Apple en una campaña promocional de 1997, liderada de forma incuestionable por Steve Jobs, que llevaba por título “Piensa diferente”, porque he valorado siempre que es muy importante utilizar la inteligencia personal e intransferible, creadora, de la que disponemos todas las personas, aunque sea de forma diferente a los demás, con las consecuencias que suele acarrear este tipo de decisiones y aunque nos tilden de soñadores, utópicos o locos. Aquellas palabras las tengo grabadas a fuego para que nunca las olvide y las transcribo a continuación para no alterar su contenido primigenio:
Esto es para los locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Los que ven las cosas de otra manera.
No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por lo establecido. Puedes alabarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes citarlos, puedes no creer en ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas.
Ellos inventan. Ellos imaginan. Ellos curan. Ellos exploran. Ellos crean. Ellos inspiran. Ellos impulsan la humanidad hacia delante.
Quizás tienen que estar locos. ¿Cómo si no puedes enfrentarte a un lienzo vacío y ver una obra de arte? ¿O sentarte en silencio y escuchar una canción que nunca ha sido escrita? ¿O contemplar un planeta rojo y ver un laboratorio sobre ruedas?
Mientras algunos los ven como los locos, nosotros vemos genios.
Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que pueden cambiar el mundo, son los que logran hacerlo.
¡Qué diferentes a las palabras actuales de los siete magníficos, desde su atalaya multimillonaria, sobre “su colaboración” con el mundo actual!, donde su poderoso caballero don dinero hace y hará estragos a través de determinadas tecnologías de la información y comunicación, utilizando algoritmos no inocentes con el objetivo de reforzar el pensamiento unidireccional. Me pregunto ahora, ¿qué piensa Tim Cook sobre estas palabras del anuncio anterior, teledirigidas por Steve Jobs? Lo manifiesto así porque cuando escuchamos a Elon Musk, los demócratas sentimos miedo, al igual que cuando se manifiestan los otros “magníficos”, Tim Cook entre ellos, que no le van a la zaga, controlando las redes sociales y la industria digital a su antojo, convirtiéndolas en máquinas de fango. En definitiva, lo que sí sabemos es que ahora están respaldados por el omnipresente y omnisciente Míster Trump, constatando que tienen un inmenso poder para decidir los inescrutables caminos del imperio tecnológico, digital por supuesto, en manos de unos pocos aventureros digitales, con herramientas de doble uso, según les parezca utilizar, para la guerra o para la paz, el malestar o el bienestar social, las mentiras o las verdades en medios digitales y redes sociales, la riqueza o la pobreza, la inclusión, la exclusión o la migración eterna, la salud o la enfermedad, el hambre o la sobreabundancia alimentaria, la sed y el control férreo y privado del agua, la atención al cambio climático o la contemporización con los desastres naturales sin hacer nada, entre otras muchas dialécticas sociales, obedeciendo siempre a intereses del mercado y separándose conscientemente del interés general digital, que también existe, con repercusiones gravísimas para la sociedad.
De una forma u otra, desde la toma de posesión de Donal Trump el pasado 20 de enero, el mundo depende ya de esta oligarquía digital, de “los siete magníficos”, en una subordinación jamás pensada, sujetos a sus órdenes al ritmo que nos marcan sus obsolescencias tecnológicas programadas de forma no inocente y de sus progresos calculados a un ritmo en este caso frenético, sufriendo la población a diario el síndrome de la última versión, de no llegar muchas veces a ella. También, dependientes y subordinados a su mando imperial tecnológico, que marca muchas veces a los Gobiernos el camino digital por donde debe ir el mundo, sabiendo que poseen el dominio digital omnipresente y omnisciente. En definitiva, estamos abocados al tecnofeudalismo absoluto, ya analizado por mí en este cuaderno digital, cuando abordé esta realidad a través de Yanis Varoufakis, autor del libro Tecnofeudalismo, a quien conocimos bien en 2015 como ministro de Finanzas en el gobierno heleno, una época en que Grecia resurgió serena y democráticamente en un amanecer hacia nuevos horizontes políticos que, por desgracia, no tardaron mucho en desaparecer estrepitosamente. El planteamiento reflejado en esta obra nace de un hilo conductor claro y contundente, sobre la base de que “el capitalismo ha muerto y el sistema que lo reemplaza no es mejor”, teniendo al frente a los “Siete Magníficos”, según se plantea en la sinopsis oficial del mismo: “Las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía. Lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas, que, como un virus, han acabado con su huésped. […] Los dos pilares en los que se asentaba el capitalismo han sido reemplazados: los mercados, por plataformas digitales que son auténticos feudos de las big tech; el beneficio, por la pura extracción de rentas. A partir de esta observación, confirmada por la crisis de 2008 y la provocada por la pandemia, Varoufakis ha desarrollado su teoría del «tecnofeudalismo», según la cual los nuevos señores feudales son los propietarios de lo que llama «capital de la nube», y los demás hemos vuelto a ser siervos, como en el medievo. Es este nuevo sistema de explotación lo que está detrás del aumento de la desigualdad. […] Comprender el mundo que nos rodea es el primer paso para poder tomar el control, quizá por primera vez, de nuestro destino colectivo”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Imagen funcional del cerebro humano, donde se utilizan colores y forma para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas.
Sevilla, 11/II/2025 – 07:45 h (CET+1)
Hoy se celebra en Sevilla la I Jornada SeniorTic, en la que se presentará la Asociación y sus proyectos inmediatos, con un hilo conductor claro: “Conjuguemos longevidad con tecnología: Los seniors queremos construir la era digital”. Con tal motivo, vuelvo a publicar hoy el artículo que escribí en este cuaderno digital el pasado mes de noviembre, a modo de resumen del leit motiv de este blog, que he procurado respetar a lo largo de veinte años de presencia en la Noosfera, la malla pensante de la humanidad en un mundo digital.
Hoy, como persona mayor, me uno a este esfuerzo encomiable de SeniorTic, con la palabras digitales, que aún me quedan, convencido de que “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.Lo aprendí hace ya muchos años de Nicholas Negroponte y no lo he olvidado, a través de mi inteligencia digital, ni siquiera un momento.
La tercera acepción del adjetivo “mayor”, según la Real Academia de la Lengua, aplicada a las personas, se define como “entrada en años, persona mayor”. Hoy, quiero dedicar unas palabras en este cuaderno digital a la inteligencia digital de las personas mayores, entradas en años, de edad avanzada, como es mi caso, que asistimos en un momento de nuestras vidas a la aparición de un mundo digital nuevo, cuando todavía no éramos “mayores”, pero que nos cogió subidos en un tren analógico y atómico, del que nos tuvimos que bajar un día para prepararnos a sobrevivir en esta revolución marcada por un lenguaje que tuvimos que asimilar, cada uno, cada una, como pudo, escuchando por primera vez dos vocablos que tuvimos que incorporar a nuestro lenguaje ordinario, software y hardware.
El primero, software, se acabó incorporando a nuestro diccionario RAE con una definición algo problemática, como sustantivo, que necesitaba muchas palabras para poder explicarlo: “conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas en una computadora”. Igualmente, otro vocablo inseparable, hardware, equipo, con una explicación breve agregada para entenderlo de forma adecuada: “conjunto de aparatos constituido por una computadora y sus periféricos”. Han pasado ya muchos años de proximidad y vivencia junto a estos dos vocablos y sabemos, también como personas mayores, lo que han significado en los últimos cincuenta años y significan en la actualidad, hasta llegar a nuestros días, en los que los teléfonos, tabletas, relojes, televisores, llaves de vehículos, tarjetas bancarias y casi todo lo que se mueve, tenemos asumido que son “inteligentes”. Pero ante este aluvión tecnológico, desarrollado de forma exponencial mediante las tecnologías de la información y comunicación, surge una gran pregunta para abordar el inframundo tecnológico, digital por supuesto, con el que se tuvo que enfrentar nuestra inteligencia, humana por supuesto también, cuando éramos jóvenes y, ahora, cuando ya somos personas mayores, entradas en años y de edad avanzada, sin eufemismo alguno.
Lo que cuento a continuación es un resumen de mi vivencia al respecto, porque mi mundo hace cincuenta años era analógico y atómico, sorprendido por la entrada en tromba de las tecnologías de la información y comunicación. Me ayudó mucho a entender lo que estaba pasando y viendo, la lectura de un libro didáctico escrito por Nicolás Negroponte, El mundo digital, que me ha acompañado a lo largo de mi trayectoria vital y profesional, fundamentalmente porque aprendí lo que se nos venía encima y que era imprescindible subirse al tren digital de la vida si queríamos progresar adecuadamente en un mundo al revés, diseñado a veces por el enemigo. También, me sirvió para poner los pies en el suelo atómico, cuando decía al finalizar su libro: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.
Han pasado muchos años desde aquél descubrimiento personal del mundo digital a través de Negroponte y ahora, como persona mayor preocupada por estas cuitas digitales y solidaria con millones de “personas de edad avanzada”, a las que se nos considera en muchas ocasiones “ciudadanos y ciudadanas molestos”, olvidados por los Gobiernos y Administraciones correspondientes, recuerdo algo que expuseen este cuaderno digital en 2001, en un momento especial en mi vida profesional: “No pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzesberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales… Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario”. Si cité a Enzesberger en aquella ocasión, fue porque aprendí mucho de él en un artículo entrañable suyo publicado en Revista de Occidente, El evangelio digital, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, etc.), que reflejaba en una entrevista concedida a Juan Cruz, en el diario El País, en torno a la publicación de un libro suyo excepcional, Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes, cuando ya había alcanzado 87 años de edad: “Sí, en ese sentido hay una parte reaccionaria del señor Z. Naturalmente estos aparatos no le gustan: no tiene móvil, lo rechaza, por tanto no tiene Twitter, ¡no, por favor, qué horror! En él hay todos los aspectos: el sabio, pero también el provocador, el gurú, el payaso… ¡Sí, está entre Sócrates y Jeff Koons! [risas]. Y sí, esta es una enciclopedia que alerta contra la estupidez humana. Pero tengo la cortesía de escribir libros breves; creo que es más amable que imponerle al público libros de mil páginas”.
En este contexto, lo que me ha preocupado siempre es su reflexión acerca de que a veces digitalizamos tantos procesos humanos que se llega a considerar a los ciudadanos, sobre todo, los mayores, como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creen los gurús tecnológicos que estamos instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales, sin mención alguna de la intrahistoria de brecha digital que ha existido y existe en nuestro país. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano (1). Recuerdo de nuevo a Enzesberger, en estado puro: “Yo también digo que en este momento todos los medios hablan de la digitalización y predicen que todo ha de ser digital. ¡Abajo con el papel, es demasiado analógico! No estoy de acuerdo: yo como analógicamente, duermo analógicamente… Este es un sistema analógico. La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador. ¡No hay que exagerar con lo digital, no es la solución de todo! Los industriales dicen que hay que digitalizar lo más posible, porque hay capacidad de reducir el tamaño de las máquinas… ¿No te parece que se muere también analógicamente, no digitalmente?”.
Estoy convencido que nosotros, personas mayores, entrados en años y de edad avanzada, disponemos también de una de las inteligencias múltiples que vienen de serie en nuestro cerebro: la inteligencia digital. A esta investigación he dedicado muchos años de mi vida, resumiendo hoy el constructo “inteligencia digital” en pocas palabras y como definición posible desde una perspectiva científica, como la “capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso” (2). Inteligencia digital, aplicada también a las personas mayores, con cinco acepciones:
1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que manejan y tratan las personas mayores, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaces de ella.
2. capacidad que tienen las personas mayores de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural en el que son y están, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada persona mayor en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas mayores para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.
NOTA: La imagen de cabecera fue una cortesía de Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional, que es apoyada por bioinformáticos adscritos a la hoja de ruta del NIH para la investigación médica (2007), autorizada para su publicación en mi libro citado, Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, 2007, p. 71.
(1) Morozov, Evgeny (2015, 16 de mayo). Siervos y señores de Internet, El País.com. Artículo extraordinario que demuestra que Internet tampoco es inocente.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Elon Musk, en el Capitol One Arena (Washington, DC, 20 de enero de 2025)
Sevilla, 10/II/2025 – 07:45 h (CET+1)
Es difícil, a veces, traducir de forma concisa y precisa frases del inglés, mucho más cuando se popularizan hasta extremos insospechados, que no escapan de todo tipo de intereses no inocentes en su reproducción española, como la utilizada históricamente en la política americana, el acrónimo del eslogan Make America Great Again!, MAGA, que personalmente traduzco como ¡Que América vuelva a ser grande!, siguiendo la recomendación que ya hizo Miguel Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz, en 2016, como miembro de la Real Academia Española (RAE), así como traductor oficial en las Naciones Unidas y de autores en inglés de la talla de Bertolt Brecht, William Faulkner o Salman Rushdie. Si la comento hoy es porque Donald Trump, junto a su vicepresidente James David Vance, la han utilizado hasta la saciedad en su última campaña presidencial, con la obtención de resultados aciagos, que todos conocemos, para los defensores de la democracia.
En este sentido, no he olvidado lo que leí durante la campaña de Trump en 2016, que ya utilizaba este lema en una operación rescate del taimado eslogan auspiciado por Reagan, de origen similar, pero mucho más light: Let’s Make America Great Again!, “¡Hagamos América grande de nuevo!”. Cuando en el diario El País, se analizó en 2016 las múltiples traducciones que se podrían hacer de MAGA, comprendí perfectamente su significado cuando abordó la propuesta “del traductor inglés radicado en Madrid James Womack, doctorado en Oxford con el ensayo Traducción e ideología en W. H. Auden y traductor del ruso de Vladímir Maiakovski, considera que la mayoría de las traducciones del lema “suenan algo perifrásticas” y carentes de la “concisión” de su lengua natal. “Creo que hace falta una traducción interpretativa, que resuma los deseos de Trump y del trumpismo pero en otras palabras. Una versión modernizada del lema franquista –¡Arriba América! en lugar de ¡Arriba España!– se correspondería bastante bien”.
Quizás haya sido Elon Musk el que mejor ha interpretado este nuevo ¡Arriba América! en la cultura MAGA, con ese gesto que ha dado la vuelta al mundo, cuando lanzó su brazo derecho al aire desde su corazón, con la mano extendida, recordando al fascismo más puro, durante un acto oficial celebrado en el Capitol One Arena (Washington, DC), el pasado 20 de enero de 2025. Nunca mejor dicho, esta imagen de MAGA vale más que mil palabras reales del lema esencialmente Trumpista: Make America Great Again!, MAGA o lo que es lo mismo en roman paladino (de Berceo dixit), ¡Que América vuelva a ser grande! o, quizás “mejor” para él, ¡Arriba América!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
Valeria Castro, en El borde del mundo
Sevilla, 9/II/2025
En la gala de los 39º Premios Goya, celebrada anoche en Granada, triunfaron dos películas que compartieron el premio a mejor película, en un empate histórico: ‘El 47’, dirigida por Marcel Barrena, la más premiada con cinco reconocimientos, y ‘La infiltrada’, de Arantxa Echevarría. ‘El 47’ obtuvo cinco Goyas, a mejor película, mejor actriz secundaria (Clara Segura), mejor actor secundario (Salva Reina), dirección de producción y efectos especiales.
Por este motivo, vuelvo a publicar el artículo que dediqué a ‘El 47’ el pasado 16 de enero, en este cuaderno digital, porque merece ser recordada de nuevo por algo esencial a la hora de olvidar el olvido de la memoria democrática de este país, en este caso junto a ‘La infiltrada’, en dos vertientes, la migración interior por la pobreza extrema de determinadas regiones en plena dictadura y la lucha contra el terrorismo, ambas en el pasado siglo.
Ayer puse en marcha la moviola particular de los movimientos asociativos, fundamentalmente reivindicativos, de los años setenta en nuestro país. Ocurrió viendo la película El 47, una historia sencilla, de profundas raíces sociales, en la que se hace un recorrido de lo que significaba en las postrimerías de la dictadura y los años de la transición, la migración en las grandes ciudades, en este caso en Barcelona, con suburbios que crecían gracias a la mano de obra migrante del Sur y, como en la película, de Extremadura.
La película, escrita y dirigida por Marcel Barrena, cuenta la historia real de un barrio pobre, Torre Baró, en Barcelona, un líder vecinal también real, Manolo Vital, “un conductor de autobús que se adueñaba del bus de la línea 47 para desmontar una mentira que el Ayuntamiento se empeñaba en repetir: los autobuses no podían subir las cuestas del distrito de Torre Baró. Un acto de rebeldía que demostró ser un catalizador para el cambio, de que las personas se enorgullecen de sus raíces, de una lucha del vecindario, de la clase trabajadora que ayudó a crear la Barcelona moderna de los años 70”.
La película es conmovedora, con una interpretación magistral de Eduard Fernández, junto a otros actores y actrices que bordan sus papeles, Clara Segura, Salva Reina, David Verdaguer, Zoe Bonafonte y Aimar Vega, acompañados de una banda sonora impecable, compuesta por Arnau Bataller.
El tema principal de ‘El 47’ es la canción El borde del mundo, compuesta e interpretada por la artista canaria Valeria Castro, a la que dediqué en 2023 unas palabras en este cuaderno digital, Valeria Castro, “chiquita” y muy grande al mismo tiempo, resaltando la letra de su canción La raíz, nominada ese año al premio Grammy, porque refleja el respeto que debemos sentir siempre por nuestras raíces humanas, con sus sentimientos y emociones, llevándonos a escucharla siempre con el corazón, más fuerte que el viento, adaptando personalmente su letra a través de su vida, porque hay que tener cuidado con lo que estaba cerca pero no en su mano / porque ella es consciente del alma que tiene su garganta / porque solo así se aprende a ver el mar en calma // Pasará lo que tenga que pasar / Sé que ella no piensa hacer nada más / más que quedarse cuidando… su raíz.
En esta película pone su voz a las escenas finales y títulos de crédito, sellando una obra cinematográfica maestra, que ella explica en la quintaesencia de su canción: “El borde del mundo” es ese sentimiento de quien vive en los sitios olvidados, de quien carga una historia, el peso de ese olvido y lo que lo rodea. Como compositora, sumarse como una pieza más al engranaje del cine es un soplo de aire fresco precioso, pero hacerlo en una película como ‘El 47’, lejana en espacio, pero con un punto en común tan importante como el sentirse en esas partes del mundo a las que nadie mira. Ha sido un verdadero lujo”.
No se la pierdan porque, en los tiempos que corren, es un lujo verla y sentirla para cuidar la ideología de compromiso con los que menos tienen, los nadies, tan cerca de nosotros a pesar de que les negamos su visibilidad en nuestra ciudades y barrios. Lo denuncia Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
No olvido en estos días los desmanes de Trump cuando accedió al poder en 2017. Probablemente, pasó desapercibida la noticia, pero las 78 mujeres demócratas que estuvieron presentes en el discurso de Trump de 28 de febrero de 2017 (en su primer reinado feudal), miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quisieron expresar con su atuendo teñido de blanco un hecho muy importante en su historia frente a los desmanes de corte y confección del Presidente Trump, muy preocupado por el atuendo que debían llevar las mujeres de su equipo de desgobierno y que imagino seguirá igual en esta segunda etapa presidencial. ¿Por qué de blanco? Sencillamente porque el color blanco representaba el movimiento sufragista de principios del siglo XX en EEUU, cuando alcanzó su momento histórico inolvidable en 1919, al aprobar el Congreso la 19ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que determinaba que “ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”. Ratificada el 18 de agosto de 1920, la 19 enmienda se convirtió en ley nacional.
Siempre recuerdo a tal efecto, una anécdota no inocente que nos ha legado la memoria histórica de los que se preocupan más de las apariencias que de las quintaesencias. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que buscaba hombres por todas partes, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Llevado a la telerrealidad que tanto gusta a Trump, le pasa lo mismo que a Diógenes de Sínope, que dado su nivel cultural dudo que sepa quién es en la historia de la humanidad, a veces tan mal contada. Trump, al igual que Diógenes o que el emperador del cuento de Andersen, no quiere que descubran a través de su soberbia extrema que va desnudo de ética por la vida.
Vuelvo a escuchar una canción preciosa de Víctor Manuel y cantada por Ana Belén, España camisa blanca…, que habla de la simbología del color blanco como esperanza para un país que nacía en esos momentos de autoría a la auténtica democracia. Me gustaría dedicársela a Trump de nuevo, que sé que no me estará escuchando, para que atienda otras voces de cómo hay que gobernar con un traje que no esté agujereado como la túnica de Diógenes o el “nuevo” del emperador en el cuento de Andersen:
España camisa blanca de mi esperanza reseca historia que nos abraza con acercarse solo a mirarla, paloma buscando cielos más estrellados donde entendernos sin destrozarnos donde sentarnos y conversar.
España camisa blanca de mi esperanza la negra pena nos atenaza la pena deja plomo en las alas quisiera poner el hombro y pongo palabras que casi siempre acaban en nada cuando se enfrentan al ancho mar.
España camisa blanca de mi esperanza a veces madre y siempre madrastra navaja, barro, clavel, espada; la muerte siempre presente nos acompaña en nuestras cosas más cotidianas y al fin nos hace a todos igual.
En mi mundo imaginario, el que propugnó Nicanor Parra, interpreté cuando escribí un artículo referenciando este suceso reivindicativo, en este cuaderno digital el día después, (¡Ay el día después de Benedetti!), que la letra se podría haber convertido en un himno cantado por las 78 representes demócratas que, de paso, sustituyendo España por América, sería también un homenaje al mundo hispano en EEUU, que entienden muy bien estas palabras tan molestas para Trump. Porque es su lengua y las palabras que les quedan. También lo podrían cantar hoy las mujeres tan maltratadas por Trump y su coro de oligarcas y tecnócratas multimillonarios que son pura casta tecnofeudal, sin sonrojo alguno, que piensan que Silicon Valley se ha «afeminado» de forma alarmante. Mujeres y madres de familia emigrantes que buscan refugio digno en ese país, tan maltratadas en la actualidad con las órdenes ejecutivas de expulsión.
Sin más comentarios, escribiendo hoy con la camisa blanca «de mi esperanza» en la transformación del mundo para mejor, a modo de paloma buscando cielos más estrellados / donde entendernos sin destrozarnos / donde sentarnos y conversar.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden.
José Saramago, en un discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998.
Sevilla, 7/II/2025
Nada digital me es ajeno, como casi todo lo que rodea mi vida personal y profesional, sabiendo que tampoco es inocente, mucho menos en los tiempos trumpistas y muskistas que corren. Recuerdo que Cremes, un personaje curioso que protagonizó una obra del dramaturgo Terencio, El enemigo de sí mismo, pronunció una frase al comienzo de la obra, inolvidable, profunda, que no ha perdido su frescura a pesar de los siglos que han transcurrido desde que se escribió en un texto y contexto muy concretos: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto).
Precisamente y en este contexto inalienable digital, he conocido que el presidente del Gobierno intervino el pasado miércoles 5 de febrero, en la clausura del acto de presentación del Observatorio de Derechos Digitales, un órgano gubernamental para velar por el cumplimiento de la Carta de Derechos Digitales aprobada en 2021. Según fuentes oficiales de Moncloa, Pedro Sánchez anunció en ese acto “nuevas medidas frente a la «carrera tecnológica despiadada» y el «plan diseñado» por la «tecnocasta», potencias autoritarias y fuerzas antisistema, y para evitar que «el espacio digital se convierta en el salvaje oeste». Entre las iniciativas destaca avanzar en el fin del anonimato en las redes sociales, profundizar en la transparencia algorítmica para «hacer de la moderación y el autocontrol un requisito legal» y garantizar la responsabilidad personal de los directivos de las plataformas ante el impacto de sus contenidos.
En el citado discurso, al que sigo en su transcripción oficial, Pedro Sánchez defendió que “no se puede permitir que «se insulte, se amenace, se estafe y se abuse de las personas sin ningún tipo de consecuencia». «La fe en la tecnología y en sus promesas nos ha cegado ante sus peores consecuencias, sin controlar sus riesgos y sus potenciales daños», por lo que ha instado a «prevenir, combatir y erradicar de una vez por todas la manipulación y el mal uso de los entornos digitales». Aunque subrayó que la revolución digital «ha transformado nuestras vidas, forma de trabajar, vivir e incluso amar», ha dado «la vuelta de arriba abajo nuestras economías» y ha modificado el espacio cívico abriendo espacios, ha advertido de que «bajo el aura de milagro económico, social y cultural hay ocultas muchas miserias», porque «el algoritmo no reparte oportunidades porque las grandes plataformas no son neutrales y la mentira viaja en ellas más rápido que la verdad».
Se refirió igualmente a la inmediatez y la «obsesión por el like» que «distorsiona la realidad y empobrece el debate público» y denunció que «las redes sociales son hoy auténticos campos de batalla, donde no se discute, sino que se ataca, no se argumenta, se descalifica, y no se busca entender, sino imponer». La principal consecuencia, es que «con mucha frecuencia lo que se viraliza en las redes sociales es la mentira», con datos falsos, imágenes modificadas y fake news, como sucedió en la DANA en Valencia cuando «miles de bots trataron de multiplicar el daño propagando bulos». Ofreció datos importantes: los delitos digitales ya representan un quinto de todos los delitos penales, una de cada cuatro jóvenes recibe solicitudes no deseadas de contenido sexual y los delitos de odio online crecieron un 32% en el último año. «Creímos que las plataformas ayudarían a nivelar el campo de juego, pero lo han hecho más injusto. Un tercio de los perfiles en redes sociales son bots, que generan casi la mitad del tráfico de internet. Las búsquedas, los contenidos y las noticias que consumimos están sesgados. La viralidad cotiza muy por encima de la verdad». «Quieren también el poder político. Sentarse directamente en los consejos de ministros, sin caretas ni mediadores. Controlar nuestras leyes y nuestras vidas. Condicionar lo que vemos y lo que pensamos. Incluso nuestra memoria como sociedad, si es preciso fomentando el autoritarismo y el odio, pero que nadie se engañe: su principal motivación para controlar el poder democrático no es otro que el dinero. Todo por la pasta».
De esta forma, defendió en su intervención las tres medidas con implicaciones europeas que propuso en el Foro Mundial de Davos para proteger a la ciudadanía y retomar el control de las plataformas, como terminar con el anonimato que «envenena las redes sociales y no puede ser una excusa para la impunidad», avanzar en la defensa de los derechos digitales de la ciudadanía y profundizar en la transparencia algorítmica: «hay que obligar las plataformas a que compartan la información necesaria para su supervisión y hacer de moderación y de ese autocontrol un requerimiento, un requisito legal». Así, ha anunciado que «vamos a reforzar, desde el punto de vista material y personal, las capacidades del Centro para la Transparencia Algorítmica de la Comisión Europea», localizado en Sevilla.
Así mismo, remarcó que España ha sido uno de los primeros países del mundo en contar con una Carta de Derechos Digitales durante la pandemia. «El Observatorio de Derechos Digitales comparte esa misma filosofía: que estos derechos sean reales, tangibles y efectivos en la vida de todas las personas desde la colaboración público-privada, con la participación del mundo académico, empresarial y de la sociedad civil. Estamos ante un momento decisivo, que nos obliga a elegir entre dos alternativas: o seguimos el rumbo que marcan otros y nos dejamos llevar por la corriente, o asumimos el liderazgo para definir una nueva manera de entender, diseñar y construir la tecnología. Optemos por esta última vía: ser dueños de nuestro propio destino».
En este contexto creo que también hay que tomar conciencia de nuestros deberes digitales como ciudadanos del mundo, de este país y de esta Comunidad, que necesitan también una Carta, porque todo lo digital, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, emulando la famosa frase de Terencio citada anteriormente, todo lo humano me pertenece, al ser una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida. ¿Recuerdan la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, auspiciada por José Saramago?.
En este contexto cobra singular importancia conocer qué es el Observatorio de Derechos Digitales de nuestro país, porque “los derechos digitales son un conjunto de derechos fundamentales que protegen a las personas en el entorno digital. Estos derechos garantizan que las mismas protecciones y libertades que tenemos en el mundo físico se apliquen también en el espacio virtual. Incluyen el derecho a la privacidad, la seguridad de nuestros datos personales, el acceso igualitario a internet, la libertad de expresión en línea y la protección frente a la discriminación digital. Además, en un mundo impulsado por la tecnología, los derechos digitales buscan asegurar que todos puedan participar en la sociedad digital de manera ética, segura y equitativa.
Igualmente, se debe conocer con detalle la Carta de Derechos Digitales, con seis epígrafes de sumo interés: Derechos de Libertad, Derechos de Igualdad, Derechos de Participación y de confirmación del espacio público, Derechos del Entorno Laboral y Empresarial, Derechos Digitales en Entornos Específicos, así como Garantías y Eficacia. En cada uno de estos epígrafes, se recogen múltiples derechos específicos de obligado conocimiento y defensa de los mismos, lo que da lugar a la asunción de responsabilidades digitales, de Deberes Digitales del propio Gobierno y de instituciones y organización públicas y privadas de todo tipo, así como los propios de la ciudadanía. Entre estos derechos digitales destaco los siguientes a título indicativo y no exhaustivo: la protección de niños, niñas y adolescentes en el entorno digital, la identidad en el entorno digital, herencia digital, privacidad y protección de datos, propiedad intelectual. acceso a datos de interés público, igualdad y no discriminación, eliminar brechas de acceso al entorno digital, recibir libremente información veraz, protección de la salud en el entorno digital, derechos digitales en el entorno laboral y empresarial, protección de la salud en el entorno digital y protección de derechos digitales en el contexto de Inteligencia Artificial, metaverso y neurotecnologías.
El Observatorio de Derechos Digitales es un proyecto gubernamental “comprometido con la garantía de que los derechos digitales sean una realidad accesible para todos. Colaboramos con una amplia red de actores para abordar áreas clave y asegurar que estos derechos lleguen a cada ciudadano. Nuestras cifras destacan nuestro firme compromiso, demostrando que los derechos digitales no conocen fronteras”. Grandes números para un gran proyecto, en el que participan 150 entidades públicas y privadas, así como más de 360 expertos involucrados.
Es importante señalar que este Proyecto forma parte del programa Derechos Digitales, una iniciativa liderada por el Gobierno de España y creada para impulsar el seguimiento, debate y difusión de los Derechos Digitales entre la ciudadanía y diferentes organizaciones públicas y privadas. El programa está financiado por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a través de los Fondos Next Generation EU, habiéndose creado para asegurar que los derechos de la ciudadanía estén protegidos en el entorno digital, impulsando la implementación de la Carta de Derechos Digitales, enunciada anteriormente. Asimismo, cuenta con un presupuesto de 10,83 M€ financiados por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a través de los Fondos Next Generation EU. Red.es, entidad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, aporta hasta el 80% del importe total y el 20% restante lo aportan en especie las entidades participantes. Es, sin lugar a dudas, un espacio abierto, inclusivo y participativo, creado para hacer llegar a la ciudadanía los avances, ventajas y retos en materia de Derechos Digitales y para promover las buenas prácticas.
Este Proyecto tiene su intrahistoria porque en verano de 2021 publicó la “Carta de Derechos Digitales” que marca los principios generales que deben aplicarse en el mundo digital, constituyendo este hito un auténtico avance como Estado pionero en tomar este tipo de decisiones gubernamentales. Con el programa expuesto, “se busca garantizar los derechos en el entorno digital y fomentar un equilibrio entre innovación tecnológica y protección de los ciudadanos. Entre los derechos que se protegen en el entorno digital encontramos la protección de derechos de menores y grupos vulnerables, garantizar el acceso igualitario para personas con bajas competencias digitales, cerrar brechas digitales y salvaguardar la privacidad y la seguridad en línea, o proteger la libertad de expresión y el derecho a la información. Entre las actuaciones del Observatorio de Derechos Digitales está el impulso a programas de sensibilización sobre la importancia de la privacidad, la seguridad y el acceso equitativo a la tecnología y el fomento de la participación ciudadana en la creación de políticas digitales, asegurando que los avances tecnológicos sean entendidos y utilizados de manera informada y segura. Además, investigará el impacto social y ético de la tecnología y estudiará cómo reducir las brechas digitales y combatir la discriminación en línea, promoviendo una transformación digital que sea accesible y justa para todos.
Una muestra real del Proyecto es la Agenda programada en las semanas próximas, como encuentros de debate para crear una cultura de derechos y deberes digitales, tales como Controles administrativos y responsabilidad patrimonial (11 de febrero), Protección de datos (25 de febrero) y Gobernanza de las neurotecnologías (11 de marzo).
Lo expuesto anteriormente lo sitúo en el marco de la “inteligencia digital” el constructo que es hilo conductor de este cuaderno digital. Estoy plenamente convencido de que habría que introducir una asignatura en el currículo escolar y universitario sobre esta materia, porque es la clave para comprende el universo digital que nos rodea, entendida esta inteligencia digital como la “capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso” (1). Inteligencia digital es la destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que manejan y tratan las personas, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaces de ella, la capacidad de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, la capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural en el que son y están, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Ello es así porque la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada persona en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, así como la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso o lo que es lo mismo, el uso no racional de las mismas, tan pujante en la actualidad y «dueñas» de casi todo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Antonio Machado Ruíz (Sevilla, 26 de julio de 1875-Colliure, 22 de febrero de 1939)
Sevilla, 6/II/2025 – 14:38 (CET+1)
Recibí hace unos días un comentario a mi artículo sobre Mr. Trump, Al presidente Trump no le gustó lo que le dijo ayer la obispa episcopal Mariann Edgar Budde (“radical de izquierda”, según él), del que me siento muy orgulloso de haberlo publicado con mi nombre y apellidos, en el que de forma inequívoca me tildaban de “caballero marxista”, por el contenido del mismo, supongo, acompañado de interpretaciones de las maldades del comunismo que destilaban mis palabras y que asola el mundo. La verdad es que no me ofende porque mi ideología es pública y no inocente, pero no coincide exactamente con lo que pienso y configura mi auténtico retrato, aunque genéricamente me aproxime a lo que se llama “de izquierdas”, sin sonrojo alguno, valga la curiosa expresión. “Socialdemócrata” me viene mejor, de profundas raíces cristianas que no católicas, apostólicas y romanas, vinculadas al ciudadano Jesús, como se puede comprobar en múltiples páginas de este cuaderno digital, fundamentalmente porque creo que fuera de la iglesia sí hay salvación, frente a los apologetas que manifiestan a los cuatro vientos y desde hace siglos lo contrario: extra ecclesia nulla salus. Las derechas defienden este dogma a capa y espada, por más señas. Lo que tengo claro es que no voy en su barco, porque afortunadamente todos no somos iguales.
En mi etapa de estudios universitarios en Roma, recuerdo que saqué matrícula de honor en una asignatura que seguí con ardor guerrero, Neomarxismo se llamaba, impartida por un profesor irlandés, Ambrosio McNicholl, que me enseñó a distinguir muy bien el materialismo histórico del dialéctico y, sobre todo, que en las tesis “marxistas” sobre Ludwig Feuerbach había una, la XI y última, que ha supuesto desde entonces un primer motor inmóvil, que decía Aristóteles, en mi vida, para justificar mi suelo firme (López Aranguren, dixit), como ética humana y humanista, cuando decía que lo importante no es interpretar el mundo sino transformarlo, con revoluciones incluidas: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo«. Tal cual, sin las modificaciones que introdujo Engels en 1888, cuando se publicaron las Tesis por primera vez, después del fallecimiento de Karl Marx. Sí, también soy, irremisiblemente, un “caballero marxista” de espíritu que cree en estos principios y, además, si no gustan, casi todo el mundo que me conoce sabe que, a diferencia de los de Groucho Marx sobre si no gustaban los suyos, no tengo otros. ¿Podrían llamarme, por favor, “caballero marxiano”? Quizás sería todo un acierto o respetando mis principios, ¿alguien niega que no es necesario transformar este mundoal revés en el que estamos instalados, ahora trágicamente teledirigido por Mr. Trump, junto a sus oligarquías multimillonarias y tecnológicas, en un nuevo tecnofeudalismo feroz que hace estragos por donde pasa?
Tengo que confesar que si tengo que hacer ahora un retrato personal mío, con adjetivos de todo tipo, al fin y al cabo, con palabras, es verdad que lo vivo como una oportunidad para recuperar sentimientos y emociones de la intrahistoria mía y de determinadas personas, en la clave del que describió magistralmente Antonio Machado, Retrato, así como en la interpretación dada por Bertolt Brecht de las personas cuyos “retratos” he pintado especialmente en este cuaderno digital desde 2005, cambiando el término “hombre” por “personas”: hay personas que luchan un día y son buenas, otras luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenas, pero están las que luchan toda la vida, y esas son las imprescindibles. Lo importante es que mi retrato sea de corazón, tal y como lo recogía el lema “retrato”, rastreando los diccionarios de la Real Academia Española, en el tesauro de Baltasar Henríquez, en 1679, primer documento en el que figura esta acepción para la posteridad del español, sabiendo que las palabras van a estar presentes siempre en la paleta lexicográfica del mío:
RAE – HEN B 1679 (Pág: 396,2)
Esta acepción, retratos del corazón, nunca más se recuperó, quedando en el día de hoy sólo varias acepciones que desde 1788 fueron enriqueciendo esta forma de comprender qué significaba retratar a alguien, aunque en la actualidad se mantiene un lema de resultados más pobres en nuestro lenguaje diario
RAE – TER M 1788 (Pág: 368,2)
El Diccionario de mayor divulgación del español, de la Real Academia Española, recoge a partir de 1869 (RAE U 1869 (Pág: 681,1) una acepción extraordinaria de retrato, descripción de la figura y carácter de alguna persona, que ya se ha mantenido hasta nuestros días, enriqueciéndola en la última edición oficial de 2001: descripción de la figura y carácter, o sea, de las cualidades físicas o morales de una persona, aunque habiendo perdido aquella referencia tan magistral a la que hacíamos referencia anteriormente, es decir, los retratos del corazón.
Para finalizar, me gustaría, al fin y al cabo, emular el precioso poema de Machado, Retrato, del que reproduzco a continuación unos versos, porque me siento plenamente identificado con él, mutatis mutandis, cambiando lo que necesariamente hay que cambiar, para quedarme con una idea principal, porque creo que más que caballero marxista, “soy, en el buen sentido de la palabra, un caballero bueno”: Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, / pero mi verso brota de manantial sereno; / y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, / soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Queda perfectamente claro mi retrato en unas palabras que publiqué en 2007, sobre el niño que llevo dentro, tal y como aprendí de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y José Saramago, retrato del corazón pintado con mis palabras que reproduzco a continuación.
Ayer cumplí 60 años. Siempre he tenido muy cerca la foto que abre hoy estas anotaciones en el cuaderno de bitácora, a los seis años, y se puede apreciar que en aquellos otros cuadernos Rubio ya se simulaban, a gusto del fotógrafo de turno, las primeras impresiones de la vida de un niño andaluz en un Colegio laico, el Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Narváez, en Madrid, donde doña Antonia, mi querida maestra, iba llenando de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.
Imaginábamos aventuras muy particulares, como las de los patios de nuestras casas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. Y siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino.
Han pasado cincuenta y cuatro años y he recordado algunas experiencias grabadas en el corazón porque todavía no sabía mucho del poder de la inteligencia. El número seis, aunque multiplicado en esta ocasión por diez, permanece con toda la frescura de la mirada que captó muy bien el fotógrafo escolar. Ahí radicaba el desarrollo de la inteligencia creadora que me ha permitido llegar hasta este momento en el que recuerdo aquél día en el que el Director del Colegio, D. Enrique Berenguer, se deshacía en atenciones para que aquella ceremonia ritual quedara para la posteridad en el cerebro de un niño de Sevilla, que veía en su soledad la vida de otra forma y al que quería tanto.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Se aproxima una fecha importante para la historia del mejor cine en nuestro país, el próximo sábado 8 de febrero, con motivo de la entrega de los Premios Goya 2025 en su 39ª edición, donde hay una presunta vencedora viva voce, El 47, con varias candidaturas, película a la que dediqué una reflexión profunda el pasado 16 de enero en este cuaderno digital, El ‘47’, un ejemplo de reivindicación vecinal que no olvida el recuerdo y el daño. Personalmente la recomendaba porque, en los tiempos que corren, es un lujo verla y sentirla para cuidar la ideología de compromiso con los que menos tienen, los nadies, tan cerca de nosotros a pesar de que les negamos su visibilidad en nuestra ciudades y barrios, es decir, es una película que representa perfectamente ese claro objeto de deseo para los que amamos el cine social. Lo denuncia la cantora Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo, durante la proyección de los títulos de crédito: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
Quien sigue de cerca estas páginas conoce mi aprecio por el llamado “cine social”, necesario, útil, de compromiso indiscutible con la sociedad actual para reflejarla de la mejor forma, contando historias que conmuevan al espectador. Junto al 47 es imprescindible acordarme hoy de otra película de corte social, Por donde pasa el silencio, candidata también a un premio Goya en la categoría a la mejor dirección novel, la de Sandra Romero (Écija, 1993), guionista también de la película, que representa con dignidad excelsa al cine andaluz. La sinopsis de la película ayuda a comprender su hilo conductor: “Antonio tiene que volver a Écija, una ciudad en el interior de Andalucía, después de mucho tiempo. Es Semana Santa. Allí se reencuentra con su familia y con su hermano mellizo Javier que tiene una discapacidad física y necesita su ayuda. Antonio tendrá que manejar esta situación y enfrentase a una difícil decisión: quedarse y ayudar a los suyos o volver a la vida que ha construido fuera”. Lo más interesante de esta película es saber que el guion responde a hechos reales como la vida misma y aunque suene a tópico cinematográfico, cualquier parecido con la realidad, en este caso, no es pura coincidencia.
También quiero traer a colación otra película candidata a los Goya 2025, Los destellos, a la que también dediqué palabras de elogio en este cuaderno digital, dirigida por Pilar Palomero, de título enigmático, una adaptación de un relato de Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez, que me conmovió y conturbó al verla, fundamentalmente porque ideológicamente defiendo algo importante, para mí la utilidad de lo aparentemente inútil: la vida está hecha de detalles. Al menos es lo que ha intentado reflejar Pilar Palomero en esta preciosa película: “En este caso, sentía que el guion me pedía un lenguaje diferente, que se relacionaba con estar presente, con ver, con escuchar con los sentidos. Por eso los detalles o las pequeñas cosas son tan importantes aquí, porque te conectan con la vida. Son cuestiones que a menudo no percibimos y quería ponerlas de manifiesto a través de las imágenes, sin verbalizarlas. Era un gran reto, porque me exigía un tempo diferente para los planos, para su duración”.
Las tres películas merecen los Goyas en sus correspondientes candidaturas. Las voto así, en conciencia, porque transmiten realidades vitales que no debemos olvidar, compromisos para garantizar la mejor transformación posible de la sociedad. Las tres son la pura verdad que tanto necesitamos, pequeños detalles que nos hacen la vida más amable, día a día, porque la solidaridad contemplada y narrada en El 47 con la reivindicación social y vecinal que lleva dentro, la dureza del mundo rural y de las dependencias varias que se hacen todavía más duras cuando menos se tiene, tal y como lo trata Por donde pasa el silencio, así como el encanto de cuidar con detalle a quienes amamos por encima de todo, hasta el final de sus días, en Los destellos, todo ello en una mezcla posible de sentimiento y conciencia social de clase, hace que creamos en la magia transformadora del cine social porque, al igual que las ideologías, nunca es inocente. Lo transmitía y cantaba con sentimiento pleno Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo, durante la proyección de los títulos de crédito en El 47: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Lo leí ayer en una crónica teatral excelente de “Caperucita en Manhattan”, una obra inolvidable de Carmen Martín Gaite, estrenada en Madrid con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de la autora, con una entradilla significativa: “La adaptación del popular cuento de Carmen Martín Gaite dirigida por Lucía Miranda es un chute de libertad tan festivo como el relato original”.
En nuestro tiempo tan moderno, mediocre y cainita, es maravilloso leer una crónica sobre lo que se hace bien en nuestro país, yo diría que muy bien, recordando unas palabras que no he olvidado, del eminente cardiólogo Valentín Fuster: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de las cosas que se hacen mal en España, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en este controvertido país.
En muy pocas palabras, Raquel Vidales, en su oficio de cronista, nos ayuda a captar la esencia de esta adaptación teatral: “Recordemos que esta es la historia de una Caperucita contemporánea. Sara Allen, una niña que vive con sus padres en Brooklyn y sueña con Manhattan: esa isla llena de luces junto a la estatua de la Libertad. Ahí vive su abuela, una antigua estrella de music hall noctívaga, librepensadora y poco hogareña, todo lo contrario que sus normativos padres. Pero mientras que en el cuento tradicional abuela y nieta acaban devoradas por el lobo por salirse del “camino correcto”, la versión de Martín Gaite invita a lo contrario. En su escapada de Brooklyn a Manhattan, Sara Allen descubrirá que no hay un “camino correcto”. También el significado de la palabra libertad: algo que “se siente por dentro y no se puede decir”. Una sensación tan poderosa cómo frágil, como demuestra su tergiversación política actual”. Extraordinario resumen.
Me he quedado hoy con el tratamiento de lo que simboliza para Carmen Martín Gaite aprehender el auténtico “camino correcto” en la vida, sobre todo para los que hemos crecido en dictadura política y sus derivadas deontotónicas, el exclusivo cumplimiento del deber, aunque hacerlo te costara la propia vida y la pérdida absoluta de la libertad.
Nada más que por el análisis anterior de Caperucita en Manhattan y su adaptación teatral en La Abadía de Madrid, me lleva a leerla con pasión y a esperar que en la gira prevista de la Compañía que actualmente la representa, haga un alto en esta sacrosanta ciudad, muy dada a respetar, “como se debe hacer y siempre se ha hecho”, el “camino correcto” de la vida, como un universal ético. Al fin y al cabo, como me enseñaron en mi infancia que hacían Caperucita, sorprendentemente “roja”, y su abuela, no sé si “azul”, ante un lobo “también rojo” o negro según se mire, muy peligroso como le corresponde serlo, a pesar de que en mi alma juvenil me quedó grabada en mi mente, para siempre, la famosa sentencia de Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Mejor dicho, en latín, homo hominilupus. Sin atisbo de libertad alguna ante caminos probablemente “incorrectos” para la sociedad de mi época o, quién sabe, si también de la actual, tan moderna, tecnológica, dualista, mediocre y cainita.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL