Ética del cerebro


Foto cortesía del Prof. Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional. Esta imagen del cerebro humano utiliza colores y forma para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas.

He leído recientemente un reportaje muy sugerente sobre dilemas en el cerebro (1), que trata sobre la técnica de estimulación magnética transcraneal desarrollada por el Dr. Álvaro Pascual-Leone, director del Berenson-Allen Center, para la estimulación cerebral no invasiva, en Boston, que vuelve a recordarme mi inquietud para seguir investigando sobre las bases neurológicas de la ética cerebral humana. Hace casi cuarenta años estudié con ahínco la ética de situación, casi a escondidas, que conocí a través de un libro que aún conservo en mi biblioteca, Ética de situación (2), porque no estaba bien vista ni por el Régimen, ni por la Iglesia oficial. Pero me llamaba la atención, poderosamente, porque hacía mucho más humana la vida, porque aceptaba el dilema de la decisión ética, aquella que al tomarla implicaba posibles daños colaterales que siempre se podrían justificar. Y ésa situación de marras era lo que podía dejar tranquila la conciencia. Quizá era donde estaba su secreto, en tranquilizar temporalmente la conciencia humana del yo para no sufrir más de lo necesario, porque determinadas situaciones justifican irremisiblemente determinadas decisiones.

Pasados los años, muchos…, he descubierto que hice aprendizajes sobre la llamada “situación” como fenómeno externo al yo, que ocurría siempre fuera de uno mismo. Ahora pienso que el auténtico reto está en descubrir por qué el problema de la situación no está fuera sino dentro de uno mismo, en el cerebro de cada persona, que no se puede repetir en idénticas condiciones pero sí definir un patrón ¿universal? de “conducta ética cerebral”, al activarse siempre determinadas estructuras cerebrales por medio de circuitos que siempre se “encienden” (activan) ante situaciones similares. Y que se pueden “modificar” interviniendo en ellas.

La lectura del reportaje citado me ha activado y deparado nuevas ilusiones para aproximarse a este viejo problema humano, sobre una de sus bases neurológicas en la investigación actual: la intromisión física en áreas del cerebro que “toman” decisiones que llamamos “éticas”, a través de una técnica: la estimulación magnética transcraneal: “Veamos uno [los experimentos actuales] sencillo: te colocan en la cabeza un artilugio un tanto extraño pero en absoluto amenazante, que el investigador va orientando hasta encontrar el área de Broca, la zona del cerebro que controla el habla. Cuando la localiza, te pide que le expliques una historia. Mientras estás hablando, activa un mecanismo y sientes como una pequeña descarga. No duele, sólo notas que algo extraño ocurre en tu boca. Las palabras no te salen. Sabes muy bien lo que quieres decir, pero tu garganta no responde. Es como una de esas pesadillas en las que basta una palabra para que se abra la puerta que te salvará de tus perseguidores, ¡y no hay manera de pronunciarla! Entonces el investigador te sugiere que en lugar de hablar, cantes. Y entonces, sí que puedes. ¿Por qué? Porque la función de cantar está en el lóbulo derecho, y lo que tienes bloqueado es el izquierdo” (2).

Más adelante se aborda la quintaesencia del problema, es decir, la intervención directa a través de estas técnicas sobre el comportamiento humano, con manipulación de estructuras cerebrales que bloquean actitudes anteriores de corte ético. Y estos avances certifican una realidad defendida científicamente por Marc Hauser, psicobiólogo de la Universidad de Harvard y autor del libro Moral Minds (3), en relación con el llamado “instinto moral”: “Nacemos con un instinto moral, una capacidad que crece de forma natural en cada niño, desarrollada para generar juicios rápidos sobre lo que es correcto o incorrecto, y basada en unos procesos que actúan de forma inconsciente. Parte de este mecanismo fue diseñado por la mano ciega de la selección darwiniana millones de años antes que nuestra especie evolucionase. Otros aspectos fueron añadidos o actualizados durante la historia de nuestros antepasados, y son exclusivos de los humanos y su psicología moral”, teoría expuesta en su libro Mentes Morales: la naturaleza de lo correcto y lo incorrecto (4).

Por didáctica neurológica, estos autores recurren a clásicos populares en relación con la teoría de los dilemas, destacando sobre todo dos: el del tranvía ó tren, y el de la entrega de dinero, para reforzar la “universalidad” de los patrones éticos, que transcribo literalmente del reportaje por su claridad expositiva: “Tenemos un tren que viene a toda velocidad; el sujeto al que se plantea el dilema está junto a una bifurcación en la que hay una aguja que se puede accionar para que el tren vaya por una vía o por la otra. En una de las vías hay un trabajador y en la otra tres. El tren no puede detenerse. Lo único que puede hacer el sujeto es mover la aguja para que vaya por una vía o por la otra. ¿Qué hará? La mayoría de los que participan en este dilema accionan la manivela para que el tren vaya hacia la vía en la que sólo hay un trabajador. Deciden que muera uno para salvar a tres. En el segundo dilema, la situación es la misma, pero en lugar de bifurcación, hay una sola vía. Muy cerca del sujeto, hay un operario trabajando en la vía y unos metros más allá, otros tres. El tren parará automáticamente si se interpone un objeto en su camino. El sujeto sabe que la única cosa que puede hacer es empujar a la vía al trabajador que tiene más próximo. ¿Lo hará? La decisión es la misma, matar a uno para salvar a tres, pero empujando, que es distinto. La mayoría de quienes participan en esta prueba deciden no empujar al trabajador y, por tanto, mueren los otros tres. Hay algo, en este caso, por encima del raciocinio, que no les deja optar por la mejor solución. Algo de orden moral. Daria Knoch y Ernst Fehr siguieron avanzando con un nuevo dilema, el del Ultimatum Game. Participan dos sujetos a los que se ofrece una cantidad importante de dinero que podrán repartirse entre ellos sólo si se ponen de acuerdo en el reparto. A uno se le dará la facultad de proponer el trato y el otro sólo tendrá dos opciones, aceptar o rechazar la oferta. Si la acepta, cada uno se llevará la parte acordada. Si la rechaza, ninguno recibirá nada. El planteamiento racional sería: puesto que él tiene la capacidad de decidir, si rechazo la oferta, me quedo sin nada. Luego la posición más ventajosa —y egoísta— es aceptar lo que me proponga. Pues no. La mayoría de los sujetos que participan en el Ultimatum Game rechaza la oferta si ésta es inferior al 40%. La rechazan de plano, y además suelen enfadarse. Pero si en lugar de una persona, es un ordenador el que hace la oferta injusta, entonces, ¡la mayoría acepta lo que la máquina le ofrece!” (5).

¡Oh, sorpresa! Esto ocurre porque con la máquina no tenemos reparos para interactuar dado que no tenemos que justificar nada ante nadie, ante los demás, tal y como se afirma en el citado reportaje: “¿Por qué esta diferencia? Porque un ordenador no es humano. Con la decisión de rechazar la oferta injusta, practican el llamado “castigo altruista”, un rasgo muy humano: actuar contra el propio interés por defender un principio moral”. Además, interviniendo a través de las técnicas de estimulación magnética transcraneal, se puede sacar una conclusión que abre muchos interrogantes, porque “los humanos inhiben el egoísmo con valores sociales y morales, y eso se hace en esa parte concreta del cerebro [la disrupción del cortex dorsolateral derecho (y no el izquierdo) mediante estimulación magnética intracraneal, reduce el impulso de rechazar las ofertas intencionadamente injustas]. La especie humana es capaz de exhibir justicia recíproca, lo cual implica el castigo de los individuos que tienen conductas injustas, incluso cuando eso daña el propio interés. Para ello ha desarrollado un sistema cortical capaz de inhibir la acción reflexiva encaminada a buscar el propio interés. Y este sistema de inhibición es tan fuerte que somos capaces de llegar a matarnos a nosotros mismos por convicciones políticas y morales”.

He vuelto a recordar el libro de Fletcher que citaba anteriormente, porque en su capítulo final, planteaba cuatro casos a los que no se daba respuesta: intrigas de espionaje (chantaje por el sexo), un adulterio como sacrificio (un embarazo forzado para recuperar la libertad en un campo de concentración), ¿tenía derecho a provocar su propia muerte? (abandonar un tratamiento con objeto de que la familia cobre una póliza para asegurar su subsistencia) y la misión especial del bombardero nº ¡3 [el Enola Gay que lanzó la bomba sobre Hiroshima] (sobre las recomendaciones del Informe solicitado por el Presidente Truman para decidir sobre el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima en 1945). Probablemente, coincidiríamos todas las personas en la respuesta a tenor de cada patrón de conducta, en aquél contexto histórico y social, a tenor de los patrones éticos y morales de la época en la que el “pietismo” y el “moralismo” eran moneda común. O no. Pero lo que se plantea a partir de las investigaciones actuales es que aún existiendo hoy día patrones morales se puede intervenir en el cerebro “modulando” el córtex dorsolateral derecho, en una dialéctica permanente de razón (córtex) y emociones (sistema límbico). Sabiendo como sabemos que el cerebro no descansa nunca, es decir, que está en autoregulación continua, muy atento a “lo que pasa” en su interior, construyendo defensas y arquetipos éticos moduladores en la consciencia, gastando permanentemente el 20% de la energía que gasta nuestro organismo, tanto cuando está muy activo como cuando está en reposo.

En mi libro Inteligencia digital, publicado en 2007, ya abordaba este interesante proyecto de ética del cerebro, de ética de la inteligencia: “Si lo psíquico precede a lo morfológico (¿recuerdan el ejemplo que expliqué sobre la fiereza del tigre anteriormente?), lo importante es la base que ocupa la inteligencia sobre la potencialidad de ser. Así se ha demostrado en la historia de la humanidad: las nuevas especies aparecidas en la selva de Foja son importantes para la humanidad porque la inteligencia del ser humano ha permitido organizar expediciones y utilizar “herramientas especiales” para darles valor. Si no hubiera sido por la explosión del conocimiento humano, las famosas especies que se han descubierto “ahora”, continuarían en el anonimato. Como el funcionamiento de las neuronas. Nuevas especies y neuronas en movimiento perpetuo siempre estaban allí. Cobra especial interés en este apartado la ética de la investigación, la ética del cerebro, como nueva expresión que algún día no muy lejano me gustaría desarrollar y que aprendí de los profesores López Aranguren y Sánchez Vázquez. Son las neuronas interactuando las que hacen posible poner en valor las personas y las cosas. Nace así un nicho de investigación apasionante” (6). Y de esta forma empezamos a hacer un nuevo y apasionante camino científico: “La grandeza del ser humano radica en demostrar a través de la inteligencia que lo biológico (la biosfera) solo tiene sentido cuando va hacia adelante y se completa en la malla pensante de la humanidad, en la malla de la inteligencia (la Noosfera). En definitiva, su tesis radicaba en llevar al ánimo de los seres humanos la siguiente investigación: estamos “programados” para ser inteligentes. Para los investigadores y personas con fe, la posibilidad de conocer el cerebro es una posibilidad ya prevista por Dios y que se “manifiesta” en estos acontecimientos científicos. Para los agnósticos y escépticos, la posibilidad de descubrir la funcionalidad última del cerebro no es más que el grado de avance del conocimiento humano debido a su propio esfuerzo, a su autosuficiencia programada” (7).

Sevilla, 2/IX/2008

(1) Pérez Oliva, M. (2008, 30 de agosto). Dilemas en el cerebro. En el futuro será posible leer el pensamiento y tal vez llegar a modular el comportamiento. La puerta a un mundo insospechado está abierta. El País. Revista de Verano, p. 6s. Asimismo, recomiendo la lectura de la entrevista mantenida por Eduardo Punset con el profesor Alvaro Pascual-Leone, perteneciente al programa de TVE, Redes.
(2) Fletcher, J. (1970). Ética de situación. Barcelona: Ariel (Libros del Nopal).
(3) Recomiendo la lectura completa de la entrevista de Eduard Punset con Marc Hauser, psicobiólogo de la Universidad de Harvard y autor del libro Moral Minds. Boston, diciembre de 2007 (recuperada el 30 de agosto de 2008, de http://www.smartplanet.es/redesblog/wp-content/uploads/2008/06/entrev003a.pdf).
(4) Recuperado el 31 de agosto de 2008, de http://lacomunidad.elpais.com/apuntes-cientificos-desde-el-mit/2008/1/30/neurofilosofia-moral).
(5) Pérez Oliva, M., ibídem.
(6) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital), p. 284s.
(7) Cobeña Fernández, J.A. (2007), Ibídem, p. 285s

Teléfonos inteligentes, memorias afectadas

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Steve Jobs, Fundador y Presidente de Apple (recomiendo ver y escuchar atentamente este video: http://video.google.com/videoplay?docid=3014637678488153340)

Todo está preparado para la gran fiesta digital de 11 de julio de 2008, con la presentación y disponibilidad en 22 países del mundo, del teléfono iPhone -la estrella celular de Apple-, entre los que se encuentra España, en este caso de la mano de Telefónica. Según ha manifestado esta operadora en noticias de alcance, “actuará con precios agresivos [sic], y mientras llega el día “D” (de digital también…) de la agresividad del consumo en su máxima expresión, leo con atención esta noticia, que simboliza la dialéctica del quiero y no puedo inteligente con soporte chino: “Desde cuatro pequeñas plantas de montaje en la ciudad sureña en expansión de Shenxhen, Fu vende cientos de teléfonos al mes y cuenta con granjeros, emigrantes y otros usuarios de bajos ingresos para expandir su red de ventas. “No puedes esperar que un granjero que gana unos 930 euros al año se gaste 465 en un teléfono nuevo”, dijo Fu. “Pero el granjero también quiere teléfonos que parezcan buenos, que puedan hacer fotos y reproducir música”.” (1)

Con esta captación del principio de realidad de los mercados sumergidos, de los que venden y compran escondiéndose en el anonimato invertido de Diógenes de Sínope, aquél sabio cínico al que se le veía su orgullo a través de las agujeros de su túnica, sabemos más de algo que está más cerca de nosotros de lo que a veces creemos, es decir, del principio “querer y no poder”, donde las apariencias engañan a todas y todos, empezando por los que compran a bajo precio la supuesta “calidad” de sus vidas, plagadas de marcas fatuas, como la del iPhone falsificado, con H delante, en top mantas y crakeos, porque la etiqueta de pobreza no inteligente se muestra a los cuatro vientos, aunque los protagonistas de la gran brecha digital existente siempre estén alineados y más representados socialmente, etiquetados miserablemente, en la pobreza de los auténticos pobres, aunque los de espíritu y conocimiento demuestren su poder adquisitivo exhibiendo en público su flamante iPhone ó Hi-Phone, dependiendo de la ética (digital, por supuesto) de cada cual, con fecha de fabricación y/ó caducidad humana de 11 de julio de 2008.

Y más dramática es la inversión existencial que se produce en el cerebro humano al utilizarse estos artilugios sin control alguno, porque la inteligencia, que se construye siempre con memoria, necesita ejercitarse a diario, entrando en clara contradicción con la memoria digital de estos teléfonos inteligentes, donde el hecho de que no tengamos que hacer esfuerzo alguno para resolver algunas cuestiones de intendencia diaria, sobre todo de búsqueda y localización de personas ó cosas, aletargan uno de los recursos más maravillosos del cerebro humano, la memoria: “Se ha vuelto fácil olvidar cómo enseñar a los jóvenes a recordar. El ideal victoriano del conocimiento enciclopédico ha desaparecido. Con la actual explosión de información, nadie podría saberlo todo. Además, nadie se siente motivado para saber siquiera un poco, y desde luego no por la vía de memorizarlo. Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips del ordenador, el almacenamiento humano de datos mengua. Con los teléfonos móviles, ya nadie se sabe los números de teléfono. Los mecanismos de búsqueda en Internet se multiplican, y las cosas que antes confiábamos a nuestro cerebro, las tenemos ahora en las puntas de los dedos siempre que seamos capaces de recordar las contraseñas.” (2)

Por eso, el caballo encorvado de nuestros cerebros, el hipocampo, deja de percibir los susurros humanos, aunque sean débiles, aunque sean limitados, abandonando el encanto de saber decir en un primer intento “lo que busco, lo que sé, lo que amo, lo tengo en la punta de la lengua” y, desde la inteligencia digital, saber localizarlo en el teléfono inteligente que me acabo de comprar y ajustado a mis necesidades vitales, como mujer, como hombre, como adolescentes, como niñas, como niños, y no como el gadget de última generación del que, probablemente, no saquemos rendimiento existencial para casi nada.

Sevilla, 5/VII/2008

(1) Reuters-Pekín (2008, 24 de junio) Hiphone: un “iPhone de top manta”, El País.com. Tecnología.
(2) Bader, Jenny Lyn (NYT) (2007, 29 de septiembre) En la era digital, la memorización se está extinguiendo. Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips disminuye el humano, El País.com. Tecnología.

Silampur: silencio cómplice

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Niño en un vertedero electrónico de Nueva Delhi (fotografía recuperada de http://www.elpais.com/archivo/pdf/20080119elpmed_1@28.pdf)

Desde que leí la semana pasada el artículo sobre nuestro vertedero electrónico, situado en Silampur, barrio musulmán al norte de Nueva Delhi, publicado en el suplemento mensual “Tierra” del diario El País (1), no he dejado de pensar en la metáfora viviente que simbolizaba la persona de Samir, un niño huérfano de 12 años que “fue adoptado por el dueño de un pequeño negocio ilegal de reciclado donde trabajaba su padre antes de morir. Ahora su casa y su trabajo están en ese pequeño taller: un oscuro cuartucho de pocos metros en donde se forman pequeñas montañas de estos desechos que son conocidos como basura electrónica y que es básicamente todo aquello que usa pilas o se conecta”.

Nuestro mal llamado primer mundo se beneficia de las grandes contradicciones de la humanidad, como es el caso que representa Samir y las casi 20.000 personas, fundamentalmente mujeres y niños, las famosas “bocas inútiles” de Simone de Bauvoir, que reciclan a diario los desechos electrónicos en un submundo ilegal plenamente consentido. Y esta noticia me ha sugerido adentrarme en esa realidad para amplificarla y denunciarla mediante este medio tan poderoso como es la Noosfera, la alfombra pensante del mundo digital.

Las cosas son, a veces, como no deben ser, para romper el molde de justificación fácil. En este caso, existen razones fundadas para que esta actividad ilegal no se produzca o que desaparezca a corto plazo ¿Cómo? Recurriendo al Estado de derecho mundial, que se vehiculiza a través de los grandes tratados de suscripción y adhesión libre, por ejemplo, en torno al Convenio de Basilea, entre otros, sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación, adoptado por la Conferencia de Plenipotenciarios del 22 de marzo 1989, que entró en vigor el 5 de mayo de 1992, para su ratificación, aceptación, confirmación formal o aprobación (2). En el caso de España, desde el año 1989 existe un compromiso formal con el contenido del Convenio, aunque consta que la firma de la ratificación es de 7 de febrero de 1994. Se sabe además, por todos los países participantes (excepto Estados Unidos, ¡como no!, entre otros tres), que la última enmienda prohíbe de forma expresa no solo la simple reducción, sino la exportación de residuos peligrosos desde países desarrollados a los menos desarrollados.

Pero la situación en India es escalofriante, así como otros países, básicamente en China y África: solo un 1% de los desechos electrónicos es tratado en plantas legales indias, exactamente tres. El resto se concentra en Silampur, además de otros enclaves de menor relevancia, tratando 300.000 toneladas de este tipo de desechos, de las cuales, la mitad, aproximadamente, proviene de América del Norte y Europa. De cada diez ordenadores que entran, teóricamente etiquetados “para los pobres”, solo uno funciona, lo que garantiza el ciclo perverso del desecho en nombre de los países ricos que utilizan la tecnología Kleenex: usar y tirar. Y Samir espera en la puerta de su cuarto que entren nueve ordenadores, casi a diario, garantizados, que otros niños ó jóvenes que viven en países poderosos ya nos lo utilizan porque han comprado el último gadget en la tienda de la esquina, que se ha encargado de advertirle “que no sea tonto” y corra a comprarlo, porque se agotan. Y con el sufrimiento del transporte farisaicamente etiquetado y de que una vez clasificados de forma malévola en Occidente, es muy fácil endosar los que no sirven al tercer mundo jánico (como es India), no la de Bangalore. El fraude está servido.

Por no hablar de los teléfonos móviles, donde al amparo del reciclaje “garantizado”, se sabe que son una auténtica bomba de relojería cuando hay que desguazarlos para su tratamiento ecológico: “Por ejemplo, un móvil puede tener de 500 a 1.000 componentes y muchos son metales pesados como plomo, mercurio, cadmio, fósforo o cromo, químicos peligrosos como los retardadores brominados o PVC”. Me ha llamado mucho la atención el caso de estos retardadores, porque ya se sabe científicamente que “la exposición prolongada a los tóxicos, incluidos en los retardantes brominados, contenidos en muchos aparatos para evitar fuegos, provoca problemas de memoria y dificultades de aprendizaje, así como problemas mentales y de hormonas, sobre todo en los niños y las mujeres embarazadas y los fetos, asegura Joshi [uno de los especialistas en riesgos laborales más reconocidos en India]. También el plomo agudiza aún más la anemia, que es de por sí un problema grave en India. El mercurio daña el cerebro y el sistema nervioso. Muchos otros materiales son cancerígenos o pueden afectar los huesos o riñones”.

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Ranking verde de electrónicos (recuperado de http://www.greenpeace.org/espana/campaigns/t-xicos/electr-nicos-alta-tecnolog-a/ranking-verde-de-electr-nicos, el 24 de enero de 2007)

De forma muy práctica, Greenpeace ha elaborado una lista negra ó verde, dependiendo del color del cristal ético con el que se mire, para orientar a la ciudadanía sobre el kilómetro “0” del ciclo de respeto medioambiental electrónico y, obviamente, de las personas, que recomiendo conocer y leer atentamente (3).

Samir se merece otro mundo digital mejor. Es posible que cuando tenga que revisar mi teléfono móvil por imperativo categórico de mi operadora, en su sempiterno programa de puntos, me acuerde de él y haga dos cosas: esperar a que finalice su vida útil para romper el ciclo perverso de usar y tirar, ó cuidar mucho la iniciativa de llevarlo a un punto verde de reciclado que garantice, posiblemente, la vida cerebral y emocional de esas mujeres y niños de Silampur que los esperan con el miedo metido en el cuerpo, más ó menos como a su monzón del verano.

Sevilla, 24/I/2008

(1) Rojas, A.G. (2007, 19 de enero). India: el vertedero electrónico del mundo. El país asiático absorbe la basura tecnológica de Occidente y la recicla ilegalmente. Miles de niños y mujeres trabajan en condiciones inhumanas para extraer los metales, expuestos a peligrosos residuos tóxicos, Suplemento “Tierra”, El País, 10s.
(2) http://www.basel.int/index.html; http://www.ban.org/country_status/country_status_chart.html
(3) http://www.greenpeace.org/espana/reports/ranking-verde-de-electr-nicos-3

160 caracteres para decir “te quiero”

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Blas de Otero (fotografía recuperada de http://www.acamfe.org/acamfe/autor/botero.htm, el 16 de diciembre de 2007)

Vivo con las palabras, en cualquiera de sus manifestaciones. Sé que solo nos queda la palabra: así lo escribió Blas de Otero. Con sus sentimientos y emociones.

Este mensaje contiene 160 caracteres, con espacios incluidos. Los que admite hoy un mensaje SMS. Con un coste medio de 0,15 euros, aproximadamente (no hay que confundir valor y precio), he escrito un texto que no ha sacrificado una sola letra en su composición. Un ejemplo de mensaje desarrollado, completo, al mismo coste. Pero, me lo temía. Un artículo de El País, publicado hoy, ‘Smshablantes’. La lengua abreviada de los mensajes de móvil, que cumplen 15 años, se convierte en el esperanto de los adolescentes (1), ya aparece también en la citada lengua como aviso para navegantes. Solo ha sido una prueba más.

Mis mensajes cortos son siempre completos, tal y como los construye mi cerebro, al que no le gustan las abreviaturas. Amor, una palabra que aparece en la primera frase del artículo, siempre la escribo con cuatro letras enlazadas, como una premonición: a-m-o-r, tal y como me lo enseñó Doña Antonia, mi querida profesora del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid. Escribir “amr”, no es lo mismo. No he podido. No es lo mismo…

¡Ah!. Algo que he aprendido de esta filosofía del SMS, que una vez examinado me lo he quedado como algo bueno: ¡pásalo! (el mensaje, así, completo)…

Sevilla, 16/XII/2007

(1) Manetto, F. (2007, 16 de diciembre). ‘Smshablantes’. La lengua abreviada de los mensajes de móvil, que cumplen 15 años, se convierte en el esperanto de los adolescentes, El País, p. 72.

Inteligencia y pobreza

Ayer se publicó en la prestigiosa revista The Lancet, un artículo muy interesante (1) que a los estudiosos del cerebro nos estimula para seguir investigando la relación que existe entre inteligencia y pobreza en cualquiera de sus manifestaciones. La noticia de agencias estaba servida: “Más de 200 millones de niños menores de cinco años no consiguen alcanzar el pleno desarrollo de su potencial cognitivo a causa de la pobreza, la mala salud, la desnutrición y el cuidado deficiente, revela un informe que publica esta semana la revista The Lancet. La mayoría de estos niños (89 millones) vive al sur de Asia y en 10 países (India, Nigeria, China, Bangladesh, Etiopía, Indonesia, Pakistán, República Democrática del Congo, Uganda y Tanzania) donde se concentra el 66% de los 219 millones de niños desfavorecidos de los países en desarrollo. Estos niños probablemente abandonarán la escuela y en el futuro tendrán bajos ingresos, una alta fertilidad y no podrán colmar las necesidades básicas de sus propios hijos, lo que contribuirá a la transmisión intergeneracional de la pobreza”.

Podríamos sacar diversas conclusiones en torno a esta crónica del fracaso anunciado de la inteligencia conectiva, pero la lectura pausada del último Informe sobre la salud en el mundo 2005, con el sugerente título ¡Cada madre y cada niño contarán! (2), permite tomar conciencia de esta realidad cerebral en el corto, medio y largo plazo. Las cifras que aporta el Informe (y contra hechos científicos no valen determinados argumentos éticos de justificación ajustada y políticamente correcta), presentan un panorama preocupante para la frontera de la Noogénesis (3) y de su proyección en la Noosfera (malla pensante, la corteza cerebral del mundo, lo más próximo a la realidad de la red de redes), con el respeto científico que encierra en relación con los derechos a la inteligencia individual de cada una, de cada uno, en palabras de LEE Jong-wook, cuando ocupaba la Dirección General de la Organización Mundial de la Salud y fallecido en mayo de 2006: “La maternidad/paternidad se acompaña siempre de un fuerte deseo de ver crecer a los hijos felices y sanos. Ésta es una de las pocas constantes de la vida de las personas en todo el mundo. Sin embargo, incluso en el siglo XXI, todavía permitimos que muchos más de 10 millones de niños y medio millón de madres mueran cada año, pese a que la mayoría de esas defunciones pueden evitarse. Setenta millones de madres y sus recién nacidos, así como innumerables niños, están excluidos de la atención sanitaria a que tienen derecho. Aún más numerosos son los que sobreviven sin protección alguna contra la pobreza que puede acarrear la mala salud” (4).

La importancia de la inteligencia individual tiene ya su punto de partida en el hecho de la gestación del ser humano y en sus ciclos antecedentes de la unión de una pareja, por la aportación futura a la configuración de la inteligencia individual y conectiva. Y hay un dato irrefutable: cada año nacen en torno a 136 millones de niñas y niños, con unas capacidades determinadas por el carné genético de cada uno y por su entorno.

Este bucle perverso, generado por la pobreza extrema que está más cerca de nuestras vidas de lo que a veces creemos, se forja en la visión integrada de la correlación existente entre inteligencia, gestación y nacimiento, como kilómetro cero de la proyección humana de la inteligencia individual. Esta perspectiva está mucho más cerca de la realidad social desarrollada de lo que muchas veces se piensa e investiga. Y llena de frustración saber que las posibilidades de cada inteligencia en particular se forjan en esta fase de los preliminares de la vida. Más tarde, comienza el camino errático de la pobreza global: física, psíquica y social.

Cuando leía recientemente el reportaje de National Geographic sobre La Mente, de James Shreeve (5), en el que se comentan las circunstancias que rodeaban una intervención en el cerebro de Corina Alamillo, paciente con un tumor cerebral en el lóbulo frontal izquierdo, comprendí mejor lo que desde hace muchos años vengo analizando en publicaciones científicas: el cerebro alcanza su desarrollo más perfecto en los meses de gestación en el vientre materno y ya viene “programado” para su existencia particular: “Por lo que se refiere al crecimiento cerebral, los nueve meses que pasó en el vientre materno fueron una hazaña de desarrollo neuronal de dimensiones épicas. Cuatro meses después de la concepción, el embrión que iba a convertirse en Corina estaba produciendo medio millón de neuronas por minuto, que a lo largo de las semanas siguientes migraron al cerebro, hacia destinos específicos determinados por señales genéticas e interacciones con las neuronas adyacentes. Durante el primero y el segundo trimestre de su gestación, las neuronas comenzaron a tender tentáculos entre sí, estableciendo sinapsis (puntos de contacto) a un ritmo de dos millones por segundo”. Sigue narrando, posteriormente, esta apasionante aventura del cerebro humano: “Tres meses antes de su nacimiento, Corina tenía más células cerebrales de las que volvería a tener en toda su vida: una sobrecargada jungla de conexiones. Muchas más de las que necesita un feto en el ambiente cognitivamente poco estimulante del útero, muchas más incluso de las que necesitaría de adulta”.

Esta deslumbrante descripción plantea cuestiones sobre las que también se está avanzando científicamente, porque puede ayudar a “cuidar” el cerebro desde la creación del embrión humano y, de esta forma, cuidar el desarrollo del mismo y de la inteligencia, como corolario adecuado. Quizá sea la fase en la que la “transmisión” de afectos y serenidad en la vida de la madre, puede “preprogramar” el cerebro del bebé con todas las garantías: “los bebés son buscadores natos de información”, afirma Mark Jonson, del Centro sobre Desarrollo Cerebral y Cognitivo de Birkbeck, en la Universidad de Londres (6).

En el Informe sobre Salud Mental: nuevos conocimientos, nuevos esperanzas, presentado por la OMS en 2001, se confirmaba la importancia del desarrollo fetal y su interrelación con el del cerebro: “Durante el desarrollo fetal, los genes dirigen la formación del cerebro. El resultado es una estructura específica y muy organizada. Este desarrollo temprano puede también verse afectado por factores ambientales como la alimentación de la embarazada y el abuso de sustancias (alcohol, tabaco y otras sustancias psicotrópicas) o la exposición a radiaciones. Después del nacimiento, y a lo largo de la vida, experiencias de todo tipo pueden no sólo dar lugar a una comunicación directa entre las neuronas, sino también poner en marcha procesos moleculares que remodelen las conexiones sinápticas (Hyman, 2000). Este proceso se describe como plasticidad sináptica y modifica literalmente la estructura física del cerebro. Puede darse la creación de sinapsis nuevas, la eliminación de sinapsis antiguas y el fortalecimiento o el debilitamiento de las existentes. El resultado es que la información que se procesa en el circuito cambiará para incorporar la nueva experiencia” (7).

Las interacciones de los genes y el medio en el que se desenvuelven durante la gestación, nacimiento y crecimiento del ser humano, están aún por descifrar pero se sabe que constituyen una garantía de futuro cerebral escrita en el carné genético de cada uno.

Si la ciencia es capaz ya de anunciar a los cuatro vientos estas posibilidades, la injusticia social denunciada en el artículo de The Lancet evidencia la gran fractura humana que sufrimos. Por cierto más cerca de nosotros de lo que creemos. Quizá en el piso de arriba de nuestras casas, en el teórico primer mundo, donde la inteligencia de las niñas y niños que conocemos pueden estar viviendo un auténtico infierno en su desarrollo afectivo y social. Eso sí, con una pobreza diferente.

Sevilla, 9/I/2007

(1) S. Grantham-McGregor, S., Cheung, Y., Cueto, S., Glewwe, P., Richter, L., Strupp, B.  (2007). Developmental potential in the first 5 years for children in developing countries.  The Lancet, Volume 369, Issue 9555, págs. 60-70.
(2) O.M.S. (2005). Informe sobre la salud en el mundo 2005. ¡Cada madre y cada niño contarán!. Ginebra: O.M.S.
(3) La biogénesis (origen de la vida) disparó la noogénesis (el origen de la inteligencia), en lenguaje de Teilhard y la noogénesis sigue evolucionando en el ámbito que le es más propicio: el cerebro humano, dejando un camino expedito para que se manifieste lo que todavía no es en el ser humano o, mejor dicho, no sabemos que es, “porque no nos ha dado tiempo de saberlo” o porque no se destinan los fondos suficientes para saberlo y nos “distraemos” en otras cuestiones que deciden otros. Eso es lo que nos ofrece el estado del arte actual en el terreno de las neurociencias.
(4) O.M.S. (2005). Ibídem, 2
(5) Shreeve, J. (2005). La Mente. National Geographic, Marzo, 2-27.
(6) Shreeve, J., Ibídem, pág. 10.
(7) O.M.S. (2001). Informe sobre la Salud en el Mundo 2001. Salud mental: nuevos conocimientos, nuevas esperanzas. Ginebra: O.M.S.

Agua y cerebro

La crisis del agua para la vida constituye la violación amplia del derecho humano básico al agua. Una de cada seis personas en el mundo carece del derecho al agua potable, accesible y asequible. Dos mil seiscientos millones de personas no tienen siquiera las formas más rudimentarias de saneamiento. Esta carencia causa la muerte evitable de casi dos millones de niños por año. Como lo dijo el gran Víctor Hugo en Les Miserables, “La cloaca es la conciencia de la ciudad”. El mensaje central del Informe de este año es que la crisis mundial del agua no trata de la escasez física, sino del hecho de que está arraigada en la pobreza y la desigualdad.

Fragmento del discurso pronunciado por Kemal Dervis, con motivo de la presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2006, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 9 de noviembre de 2006

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Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días.

Y sobre este bien que nutre la inteligencia humana de forma considerable, vital, se acaba de publicar un documento científico, el Informe de Desarrollo Humano (IDH) realizado por el Programa de las  Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el que se señala la falta de acceso al agua como el principal escollo para el desarrollo y el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, concluyendo de forma rotunda: “Más de 1.000 millones de personas se ven privadas del derecho al agua limpia y 2.600 millones no tienen acceso al saneamiento adecuado”. Cuando se habla de esos 1.000 millones, la tercera parte se sitúa en África subsahariana, donde son la mitad de la población.

El administrador del Programa, Kemal Dervis, ha explicado algunas de las razones: “Cada año mueren cerca de 1,8 millones de niños como consecuencia de la diarrea y otras enfermedades causadas por el agua sucia y por un saneamiento insuficiente. A comienzos del siglo XXI, el agua sucia es la segunda causa de muertes infantiles en el mundo”. Mientras, en los países desarrollados, “se pierde más agua en las cañerías que gotean que la disponible al día para más de 1.000 millones de personas”. Es decir, por la fontanería de nuestras casas, se fuga la inteligencia de los más desasistidos por el malestar físico, psíquico y social.

¿Qué hacer?

Los Objetivos del Milenio, marcaron una pauta para erradicar esta miserable situación en relación con el agua, como fuente de energía cerebral. En relación con el Objetivo I, “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”, hay datos escalofriantes: agua sucia permanente para todos los servicios de las casas, siempre los 1.000 millones de personas rodeadas de sed múltiple, hay que pagar a precios prohibitivos el agua para malvivir, hay que comprarla en mercados alternativos y así pasa a ser siempre mercancía y nunca un derecho. Y solo estamos hablando de garantizar a esta población 20 litros de agua/día, es decir, lo que tiramos en el día (agua potable) al utilizar las cisternas domésticas. El Objetivo II, “lograr la educación primaria universal”, choca frontalmente con la realidad palmaria de la enfermedad infantil crónica y en muchos casos irreversible, porque la escasez de agua provoca absentismo vergonzante: 443 millones de días de absentismo escolar al año. Y el problema de género respecto de este objetivo es una auténtica sangría para las niñas: son las que tienen que acarrear el agua, siempre que sea posible. Y cuando esas niñas tienen que ir a las letrinas, les da vergüenza porque sus creencias les impiden entrar en los mismos lavabos que los niños y…abandonan la escolarización. Otro problema de género en relación con el agua.

El tercer Objetivo, “Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer”, nos suena muchas veces cansino, porque cuando no hay agua a escasos metros, hay que buscarla, madres e hijas, casi siempre, por creencias milenarias que también se suman a este paradójico mar de confusiones, y todo es una ceremonia de confusión donde la culpa no es exclusiva de las religiones sedientas. Y no olvidemos cómo estos tres objetivos se enlazan entre sí, porque las niñas y niños enfermos tienen que ser atendidos, en ausencias que son cánticos corales y puertas giratorias de la miseria. Y el Objetivo IV viene a cerrar este círculo perverso: “reducir la mortalidad infantil”: casi 5.000 niños menores de cinco años mueren al día por enfermedades relacionadas con el agua sucia. “El acceso al agua limpia y al saneamiento puede reducir el riesgo de mortalidad de un niño un 50%”, dice el IDH.

Según figura en la página Web oficial del PNUD: “El Informe sobre Desarrollo Humano de 2006 estima que el cumplimiento del objetivo de desarrollo del Milenio en el acceso a agua y saneamiento tendrá un costo adicional total de unos 10.000 millones de dólares anuales, que se tendrá que asumir tanto en el ámbito nacional como internacional. Según el Informe, “el precio de 10.000 millones de dólares para lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio parece una suma considerable, pero se ha de tener en cuenta el contexto. Representa menos de los gastos militares realizados en 5 días y menos de la mitad de lo que gastan los países desarrollados al año en agua mineral”.

Esta es la realidad tal y como nos la presenta el Informe. Hay que pensar fríamente que algo hay que hacer en relación con este fenómeno silente, en el que la inteligencia humana sufre sus consecuencias. Creo que a partir de la lectura de los datos facilitados por el documento citado, puede ayudarnos saber que el agua tiene más valor que precio. Y la inteligencia digital puede hacer un hueco para abordar este problema si estamos de acuerdo en construir juntos una definición sobre la que estoy trabajando últimamente: capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso.

Sevilla, 14/XI/2006

Muchachito

El 6 de agosto de 2005 será un día más en la historia de la humanidad. Para los que recordemos lo que ocurrió hace sesenta años en Hiroshima, la bomba “Little boy” (muchachito) será una metáfora al viento sobre el doble uso de las tecnologías. 140.000 muertos siguen pesando como una losa sobre la historia de hombres y mujeres que trabajan en las tecnologías de vanguardia para que la humanidad entera sepa que la inversión económica que se está haciendo en la actualidad sirve también para fabricar chips que se utilizan lo mismo para la consola Play Station que para los misiles Tomahawk, es decir, de doble uso.

La reacción no se debe hacer esperar. Mientras que la play station permite que niños del mundo entero se entrenen a matar, gracias al chip paradójico, no inocente, ingenieros y militares de los cinco continentes siguen diseñando los misiles más mortíferos, con idéntico chip, en un juego tan peligroso como aquél en el que se forma la conciencia. Por eso, las cinco fotos del reportaje “Hiroshima y Nagasaki in memoriam” (Magazine, 31/07/05), que dejan sobrecogido a cualquier ser humano con sentimiento y pensamiento inteligente, nos permiten pensar que deberíamos proteger el uso racional de las tecnologías y destruir los arsenales mortíferos que día a día, en cualquier rincón del planeta, pueden ofrecernos la imagen dibujada por Saramago en su obra “Ensayo sobre la ceguera”: permanecer ciegos, simbólicamente, a un mundo de caos y desorden que promociona juegos para matar y vivir.

Enviada a “Magazine”, 31/VII/05