CIENTO NOVENTA Y UNA RAZONES

Al igual que cuando se comienza a escribir una novela, decía Italo Calvino, hoy, día de comparecencia de la voz de 191 silencios, tenemos la posibilidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial. Ciento noventa y una vidas tienen que llevarnos a decirlo todo, pero de una manera especial. Estamos acostumbrados a ver pasar la vida de los demás como si nada ocurriera. Las vidas que se quedaron paradas en Madrid no pueden dejarnos igual. Nunca más. Hasta aquí hemos llegado en el sinsentido de la vida, en la rutina de la costumbre, en el ya pasará…

No me quiero conformar. No quiero consentir con mi silencio altivo, vergonzante, que las muertes de Madrid son la crónica de una muerte anunciada en versos coránicos. No quiero participar de silencios cómplices, no inocentes, que juegan con la posibilidad de la ilusión de mi voto, de nuestros votos. Escuchar a la voz que representa el silencio, en el marco incomparable de la democracia española, el Parlamento, me ha removido de nuevo, al igual que en la oportunidad del voto… ¿Por qué piensa la portavoz que todos somos iguales en la representación ciudadana del Parlamento?. ¡Qué dolor!.

Ciento noventa y una muertes han cambiado Andalucía y España. Y merecen nuestro respeto activo en cualquier parte que estén. Así en el cielo como en la tierra. Quizá en el corazón de los que querían. Personalmente, escuchando a la portavoz de las víctimas del atentado del 11 de Marzo, quiero tenerlos presentes en el presente y futuro de mi comunidad, con una ideología clara y concisa, en el convencimiento de que la revolución de los sentimientos es posible, de que la mejor forma de estar con ellos es, dejándolo muy claro, manifestar por activa y por pasiva que las ideologías nunca son inocentes y que la mejor opción de solidaridad será aquella que no teme a la verdad, por dura que sea y que trabaja para que triunfe en democracia. Aquella que respeta siempre y por encima de todo a las personas. A pesar de mi propio éxito, a pesar de sus propias vidas.

Es por eso que ciento noventa y una vidas merecen que digamos todo, de una manera especial, con nuestro compromiso social para combatir cualquier terrorismo, incluso el que manda callar a las mujeres, el que no te permite ser diferente en tu Instituto, el que no te deja tranquilo en tu legítima diversión, el que se burla de cualquier minusvalía. Cualquiera que sea. Y decirlo con nuestra alma…

En Sevilla, sólo una parte de Andalucía, a 15 de Diciembre de 2004

Enviada a “El País, Andalucía”, 15/XII/2004

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