Investigación científica en España

Ha transcurrido muy poco tiempo desde que leía en mi periódico habitual una noticia muy estremecedora: “España necesita muchos años para equipararse en investigación científica a Alemania, por ejemplo, y en concreto necesitaría emplear medio milenio para llegar a los niveles de patentes que consigue esta nación europea” (El País, 2/VI/2006). Me sorprendía mucho constatar una realidad que es un secreto a voces, máxime cuando hacía muy pocos días que escuchaba al Profesor Juan Pérez Mercader, en directo, explicar con lujo de detalles cómo el hecho de ilusionar y ofrecer medios a los jóvenes investigadores era una de las mejores inversiones que podía hacer este país para ponerse a la altura de aquellos que en Europa, por ejemplo, destacan por esta visión de Estado, Gobierno, Fundaciones y capital ético.

Creo que hay que ponerse manos a la obra y pasar a la acción inmediatamente. Este país necesita armarse de actitud científica para retroalimentarse en conocimiento científico e inteligencia compartida. Y es cuestión de tener “visión” a largo plazo en la inversión financiera en inteligencia creadora, incrementando la cifra actual en referencia al PIB: tan sólo se gasta en investigación en España, en la actualidad, el 1% de su PIB, estando todavía a un punto de la media europea.

El rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Virgilio Zapatero, fue rotundo en su intervención en un acto organizado con motivo de la Feria del Libro de Madrid, el pasado 1 de junio: “para llegar a la inversión en I+D que se produce en Francia, España tendría que esperar a 2050, y en 2059 se equipararía a Alemania; para llegar a los baremos franceses y alemanes en el capital que dedican las empresas a la investigación, la ciencia de nuestro país tendría que esperar a 2086 y a 2306 respectivamente. Y en lo que se refiere a las patentes, sólo en 2515 seríamos equivalentes a la situación actual en Alemania. A los franceses los alcanzaríamos en 2257”.

Con este panorama tan alentador, el rector Gabilondo, de la Universidad Autónoma de Madrid, habló en ese mismo acto de la actitud investigadora: “Para investigar es preciso tener curiosidad y respetar a los mayores, buscar las huellas de los que nos preceden”. Es lo que el profesor Pérez Mercader explica habitualmente en su tarea divulgadora de la investigación y el retorno de la misma en efectos sociales: “si queremos entender cuál es el futuro de la vida de nuestro planeta tenemos que entender qué es la vida. Si no sabemos qué es no seremos capaces de entender cómo evoluciona, ni podremos predecir -aunque sea de forma global- qué va a ocurrir con ella. Toda la vida que conocemos en el planeta Tierra funciona en base a la química del carbono, y sólo tenemos ese ejemplo hasta ahora. Así que queremos entender si existe vida en otros lugares para compararla con la de la Tierra y así poder predecir nuestro futuro” (Fusión, Enero 2006). Sobran más palabras, porque para entender esas claves es necesario financiar la investigación que permita leer el “libro de instrucciones” de la vida.

Sevilla, 20/VI/2006

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