Charo, maestra de Andalucía

Anoche estuvimos compartiendo horas de existencia con unos amigos: Chari (para nosotros) y Gregorio. Hacía tiempo que no intercambiábamos las sencillas realidades de nuestras vidas, con sus altibajos e incomprensiones. Sólo dos horas, pero que transcurrieron llenas de satisfacción por un hecho que rodeó el tiempo congelado de una experiencia que pongo a disposición de la inteligencia digital, compartida en el paso de las páginas de este cuaderno, también  digital, como homenaje a Chari, a sus alumnos y a sus madres. Fue un momento muy emocionante compartir algo que le había ocurrido al finalizar el Curso, en junio. Las madres de las alumnas y alumnos del Curso 6º B, de los que ella ha sido “maestra de vida”, le habían dedicado unas palabras, escritas en cursiva, con una orla muy cuidada, que decía lo siguiente:

Para la señorita Charo

Llegó el final. Los alumnos de 6º B que un día empezaron en este colegio cuando aún no levantaban dos palmas del suelo, han terminado su escolarización aquí. Este ha sido su segundo hogar.
Empezaron con 4 años a escalar una gran montaña y hoy han llegado a la cima. Han pasado por muchas etapas. Etapas muy importantes de su vida. Y para ello siempre han tenido la ayuda de sus profesores.
Vd. ha sido su guía durante estos dos últimos años, quizás los más difíciles, porque cada vez están más cerca de la adolescencia y cada vez es más difícil tratarlos. Pero, ¡ENHORABUENA!. Mejor no lo ha podido hacer. El resultado es tangible: un grupo de niños con una buena preparación, a los que le ha inculcado una serie de valores muy importantes que le servirán para el resto de su vida, y entre los que ha sembrado mucho cariño. Cariño, que a lo mejor no todos ellos saben demostrarle, pero que en el fondo sabemos, que todos la quieren y que la echarán de menos.
Nosotros, las madres de estos niños, solo queremos decirle:

GRACIAS POR TODO

Gracias por ayudarnos a educarlos.
Gracias por su paciencia, por su entrega, por su dedicación y por haber enseñado a nuestros hijos a ser un poquito “mejor persona”.
 

Me ha llamado la atención que solo lo firmaran este texto las madres, pero sabemos que la situación social es así. Seguro que ellas son las que han estado atentas de verdad al crecimiento de sus hijas e hijos, a las llamadas al orden de Chari (para las madres “Señorita Charo”), en el buen sentido del término, en un barrio a veces conflictivo por su propia realidad social, donde han crecido con niñas y niños que provienen de ambientes difíciles. La realidad de género es visible incluso en los agradecimientos a la vida. Por eso, también deseo hacerles un homenaje explícito a ellas, cuidando hasta en el más pequeño detalle la realidad sentida de sus hijas e hijos, con un regalo que no tiene precio pero sí valor. Inmenso valor.

Y lo que me entusiasma en la operación rescate de la credibilidad de “lo público”, que es necesario ejecutarla en décimas de segundo por la hemorragia que sufre la función pública a diario, es que todo lo narrado ha ocurrido en un Colegio Público, situado en el Polígono de San Pablo, un barrio de clase media y baja, donde Chari (para nosotros) tiene que desenvolverse en situaciones carenciales de todo tipo: afectivas, materiales (ellas siempre busca lápices de colores de donde no lo hay…), minerales, bolígrafos, objetos de demostración y lo más importante, suplir con mucha imaginación el respeto mutuo donde a veces esas niñas y niños no lo sienten en su casa, sencillamente porque no existe.

Cuando estábamos comentando las palabras de agradecimiento de las madres de sus alumnas y alumnos de 6º B, también recordó una ausencia que ha marcado su recorrido con estas niñas y niños a las que tanto ha entregado. Se refirió a su alumno Cristian, que murió atropellado a los nueve años, en el aeródromo de Tablada, en diciembre de 2004, por un coche que participaba en una competición ilegal. La recuperación de una foto suya, para integrarla como miembro de un equipo que de acuerdo con sus madres “empezaron con 4 años a escalar una gran montaña”, hace que desde cada cielo particular se puedan ver estas realidades con un sentimiento especial.

En el mismo acto, le regalaron también un reloj, muestra de que el tiempo pasa, y una caja para guardar fotografías. De lo que estoy seguro es que Chari va a guardar en la mejor caja que existe, el cerebro con fondo de corazón, lo que unas madres de Junio le han entregado con el valor rescatado que aún tienen algunas palabras de reconocimiento a la función pública de maestra.

Sevilla, 29/VII/2006

Género y vida

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