Estereotipo sexista: “Tú rosa, yo azul”

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Elsa, Colegio Los Peñascales (http://www.educathyssen.org/html/pequeno/Galer%EDa/Penascales/Elsa.htm)

Me ha impresionado el relato de Elsa, localizado en la Noosfera, sobre este cuadro, quizá como autora del mismo: Los dos colores, el azul y el rosa representan el interior de una persona. El azul (…) representa como soy, con sus defectos y cualidades. El rosa representa lo único que muestro a los demás, que son mis mejores cualidades, lo mejor de mí, lo más especial. Por eso el azul destaca mucho menos que el rosa y se queda mas lejano, en lo primero que te fijas es en el rosa porque es más impactante.

Pero los hombres de toda la vida, lo que se dice hombres, tenemos un problema grave: no sabemos qué hacer con el color rosa. Bueno, sí tenemos claro (?) que es un color que no nos va demasiado, existiendo solo una pequeña tolerancia en las camisas y en determinada ropa deportiva. Nunca en pantalones, abrigos y demás ropas de guardar. Nuestros ancestros ya se encargaron de que desapareciera de la gama cromática general de nuestras vidas. Desde la preconcepción ya se genera una cadena de actuaciones personales, familiares y sociales para discriminar la futura indumentaria, color de las paredes y de todos los objetos en torno a las manos que mecen nuestras cunas, donde el color está sexuado. Para las niñas el rosa, para los niños el azul. Y como remedio infalible está recurrir al blanco como el color más neutro –con perdón- que podamos imaginar. Así no “ofendemos” a nadie. Cuando todavía era difícil conocer el sexo del nuevo ser, se esperaba a la confirmación del nacimiento para salir corriendo a las tiendas y adecuar el regalo al sexo. Nada de rosa si era niño. Solo azul. Mientras que las niñas estaban asociadas de por vida a ese color, el rosa, que las caracterizaba siempre. ¿Cuáles han sido las razones auténticas de estas etiquetas cromáticas sociales?

Es muy importante saber que en nuestro cerebro se producen aprendizajes asociados en el sistema límbico y elaborados posteriormente por la corteza cerebral sobre la base de los acordes cromáticos ordenados y organizados por nuestros ojos y su proyección cerebral, donde un color suele relacionarse siempre con situaciones placenteras o dolorosas, como es el caso del rojo en relación con la sangre o el blanco con la nieve y la leche. Así sucesivamente con el resto de la paleta de colores básica y compleja: “El color es más que un fenómeno óptico y que un medio técnico. Los teóricos de los colores distinguen entre colores primarios —rojo, amarillo y azul—, colores secundarios —verde, anaranjado y violeta— y mezclas subordinadas, como rosa, gris o marrón. También discuten sobre si el blanco y el negro son verdaderos colores, y generalmente ignoran el dorado y el plateado —aunque, en un sentido psicológico, cada uno de estos trece colores es un color independiente que no puede sustituirse por ningún otro, y todos presentan la misma importancia.

El rosa procede del rojo, pero su efecto es completamente distinto. El gris es una mezcla de blanco y negro, pero produce una impresión diferente a la del blanco y a la del negro. El naranja está emparentado con el marrón, pero su efecto es contrario al de éste”. Es muy sugerente conocer la quintaesencia del color para comprender mejor por qué hacemos estos aprendizajes sexistas desde la infancia (1).

La realidad del color proyecta siempre un acorde cromático, entendido como la asociación del mismo a un determinado efecto, promovido siempre por el sistema límbico: sentimientos y emociones: “Ningún color aparece aislado; cada color está rodeado de otros colores. En un efecto intervienen varios colores -un acorde de colores-. Un acorde cromático se compone de aquellos colores más frecuentemente asociados a un efecto particular. Los resultados de nuestra investigación ponen de manifiesto que colores iguales se relacionan siempre con sentimientos e impresiones semejantes. Por ejemplo a la algarabía y a la animación se asocian los mismos colores que a la actividad y la energía. A la fidelidad, los mismos colores que a la confianza. Un acorde cromático no es ninguna combinación accidental de colores, sino un todo inconfundible. Tan importantes como los colores aislados más nombrados son los colores asociados. El rojo con el amarillo y el naranja produce un efecto diferente al del rojo combinado con el negro o el violeta; el efecto del verde con el negro no es el mismo que el verde con el azul. El acorde cromático determina el efecto del color principal (2).

Y la gran sorpresa deviene cuando profundizamos la esencia histórica de estos dos colores y sabemos que el azul es el color preferido en la humanidad, el color de la simpatía, la armonía y la fidelidad, pese a ser frío y distante, que también es “femenino” y simboliza las virtudes espirituales, el color de la ropa unisex por excelencia, el color de los acordes y asociaciones más extremas en la relación con el cosmos: lejano e infinito, el representante de la fidelidad, el color del cielo, del mar, el color más caro en la historia de la humanidad cuando se tiñe de ultramar, la representación e la inteligencia y los valores masculinos, la especial escala cromática del azul femenino (azulinas), el azul de los pintores asociado a la virginidad, la derivación en el índigo como la transgresión del azul de todos los tiempos, el color de los ejércitos. El color de Europa.

Por el contrario, el rosa llama la atención porque nació masculino y curiosamente hoy está muy centrado en la proyección femenina, no dejando ser más que el “pequeño rojo”, color básico del que deriva, a diferencia del azul que siempre se ha considerado como un color básico. Vinculado siempre con el encanto y la cortesía, la ternura erótica y el desnudo, jugando un papel muy importante y definitorio de la etapa infantil y adolescente en las niñas y niños, el color de las ilusiones y de los milagros, el color de la auténtica piel: el sonrosado femenino derivado de la eterna piel infantil que envidiamos y a la que aspiramos siempre. La “piel” de las muñecas.

Desde el punto de vista fisiológico, es importante recordar la anatomía del ojo humano para conocer bien el “proceso” mental de interpretación e los colores que capta el ojo humano y cómo los guarda en la biblioteca particular: “El ojo humano contiene una lente y una retina. La retina contiene receptores sensitivos a la luz conocidos como bastones y conos. El propósito primario de los bastones es proporcionar visión de noche, mientras que los conos trabajan en niveles más altos de intensidad de la luz. Los conos contienen foto pigmentos, también conocidos como fotoreceptores, los cuales son sensitivos al rojo, al verde o al azul. De acuerdo con Murch , aproximadamente el 64% de los conos contienen foto pigmentos rojos, 32% contiene verdes y solamente alrededor de 2% contienen foto pigmentos azules. Las propiedades fisiológicas del sistema nervioso dictan la sensación del color. Los humanos son sensitivos a un rango de longitudes de onda. Las longitudes de onda no están coloreadas, sin embargo el color es el resultado de la interacción de la luz y nuestro sistema nervioso. Las longitudes de onda que producen colores diferentes son enfocadas a distancias diferentes detrás de la lente” (3).

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Ante este panorama científico, la realidad es muy otra y los estereotipos rosas y azules se imponen en los últimos meses con una fuerza inusual. Sirva como ejemplo, la aparición en Holanda de la “cerveza rosa”, la Wieckse Rosé, y una copa “especial” asociada, por parte de la multinacional Heineken, como respuesta al bajo consumo de este producto por parte de las mujeres, dado que las mujeres piensan que la cerveza tradicional huele mal, engorda, es una bebida amarga que no las satisface y que al beber te deja un bigote blanco que, obviamente, es algo muy masculino y no corresponde con su género. En la perfumería está haciendo furor el color rosa en los frascos de fragancias donde se exalta el color “rosa femenino” como carné de identidad de una determinada clientela sensible con el color. Y en relación con los sistemas y tecnologías de la información y comunicación está revolucionando el mercado la introducción del color rosa en el mundo de las videoconsolas y sus juegos correspondientes, porque el mercado potencial de las mujeres es “especialmente sensible” a este color y no se le ha atendido suficientemente. Pero lo importante es que el color está asociado a otra realidad cerebral mucho más importante y ahí está la auténtica revolución: “Los gustos y necesidades del mercado femenino están transformando el mundo de la tecnología. El fenómeno no consiste en teñir todos los productos de rosa. Ellas buscan funcionalidad, además de diseño. Y las grandes compañías empiezan a darse cuenta de que es muy rentable darles lo que quieren” (4). A partir de aquí se descubre la realidad apasionante de las necesidades femeninas en su sentido más primigenio, señalándose en el mismo reportaje junto con la problemática del azul y el rosa: “La experiencia de empresas como Nintendo, Nokia, Samsung o Philips dice que las mujeres exigen los últimos avances y la máxima fiabilidad, pero se deciden por aquellos teléfonos, televisores o videojuegos que son más cómodos, sobre los que pueden ejercer un control constante y tienen un diseño más atractivo. El femenino es un sector que tiene tres características muy jugosas: representa la mitad del mercado; es el segmento que más rápido está creciendo, según estudios realizados por Nintendo, y, como explica el director de telecomunicaciones de Samsung, Celestino García, es menos sensible al precio. “Si algo les gusta de verdad procuran comprarlo cueste lo que cueste”.

Es obvio que no todo es cuestión del color del cristal con el que mire la vida. El mercado es implacable y con su visión guadianesca proverbial, aprovecha la debilidad del rosa femenino para captar el nuevo público objetivo y vender las mercancías envueltas en el rosa psicológico. En el pulso dialéctico azul-rosa empieza a ganar por goleada el derivado del rojo mezclado con el blanco, en una debilidad básica por hacer la vida más “humana” según las multinacionales de cualquier sector. Muchas veces estoy tentado de soñar en la acromatopsia, la enfermedad maravillosamente descrita por Oliver Sacks en su obra “La isla de los ciegos al color”. Aunque tuviera que pasar fragmentos de la película de mi vida en blanco y negro, donde las tonalidades de gris me permitieran soñar que el color es una versión amable de la vida que los seres humanos podemos captar en toda su gama, sin limitaciones. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos consideraría acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (5). Esa es la cuestión a dilucidar en la niña o niño “coloreados” de azul ó rosa que, todavía, algunas ó algunos llevamos dentro…

Sevilla, 30/VII/2007, con mi agradecimiento especial a la gran lección de Elsa.

(1) Heller, E. (2004). Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Barcelona: Gustavo Gili.
(2) Heller, E. (2004). Ibídem.
(3) http://www.rrppnet.com.ar/psicologiadelcolor.htm.
(4) Mañana, C. (2007, 29 de julio). Las mujeres toman el mando. El País semanal (EPS), págs. 92-94.
(5) Sacks, O. (1999). La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, p. 22.

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