Crónicas de Viena. Palabras de Papageno: a la inteligencia, su libertad

Inicio hoy una serie de artículos bajo el epígrafe de Crónicas de Viena, como fin de etapa de un viaje a Austria que he realizado en los primeros días de Agosto. Fui buscando a Mozart, pero he conocido de cerca a personas extraordinarias que me han aportado muchas sugerencias para este cuaderno alternativo. Secesión pura desde la deconstrucción de la inteligencia digital.

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Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena. Fotografía de Marcos Cobeña Morián.

Todavía recuerdo la mirada de Papageno, el líder carismático de La Flauta Mágica, en su puerta del Teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados (sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza). Empiezo estas crónicas vienesas por dos representaciones artísticas de primer orden y nada inocentes, por cierto, con nombre y apellidos: Gustav Klimt y Papageno Mozart. Pongo en palabras de este último, la interpretación libertaria de los líderes de la Secesión, A cada época su arte, al arte su libertad, tal y como figura en el frontispicio del edificio que marcó un antes y un después en la expresión artística de Viena y la forma cómo entendía Europa las manifestaciones artísticas en todas sus vertientes posibles, diseñado hace más de cien años por el arquitecto del Jugendstil (estilo joven), Joseph Maria Olbrich: a cada inteligencia, su libertad.

Indudablemente, ya había marcado Papageno en el siglo XVIII una nueva forma de entender la vida y la muerte cortesana y popular, en una dialéctica claramente diferenciada a favor de los más humildes, de la sencillez posible en todos los actos trascendentales de la existencia humana. Representaba la otra orilla de la vida, diseñada casi siempre por la forma de existir en el mundo desde la visión regia y con escasa sensibilidad democrática. Por otra parte, “en 1897 se constituyó, dentro de la Asociación de Artistas Plásticos de Viena, la Asociación de Artistas Plásticos de Austria, cuyo presidente y presidente de honor eran, respectivamente, Klimt y Rudolfvon Alt. Esta “secesión” tiene por objetivo la reforma de la vida artística y la internacionalización del arte austriaco. Al ser desestimada la nueva asociación, Klimt, von Alt y otros artistas abandonan la Asociación. El 21 de junio se celebra la primera junta general de la nueva Asociación, de cuyas exposiciones hasta 1905 se hace cargo Klimt, junto a Josef Hoffmann y Carl Moll. En 1898 aparece el primer número de Ver Sacrum, la revista de la Secession. El 12 de noviembre se abre la II Exposición de la Secession en el edificio de ésta, proyectado por Josef Maria Olbrich; sobre la puerta de entrada figura la inscripción: “a cada época su arte, al arte su libertad”. En la IV Exposición de la Secession, de 1899, Klimt expone Nuda Veritas y Schubert al piano, una pintura para el dintel de la puerta de la sala de música del Palacio Dumba” (1).

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Edificio de la Secession. Fotografía de José Antonio Cobeña.

He seguido de cerca durante mi estancia en Viena a estos dos sorprendentes personajes, escuchando primero a Papageno en la maravillosa Sala Dorada del Musikverein, sin la decoración y transformación que sufre en el Concierto clásico de 1 de Enero, cantando a dúo con Papagena según la partitura escrita por Mozart para La Flauta Mágica en su escena 9ª, después de haber sido advertido por unos jóvenes sobre la importancia de la vida cuando todo para él estaba acabado:

¡Oh, detente,
Papageno, y sé razonable!
Solamente tienes una vida,
No la pierdas.

Entre flautas, jaulas, carillones y sencillez popular se exterioriza el amor verdadero. Y salí de allí, con el secreto descubierto entre los alambres de la jaula encantada, mágica, de la familia Papageno, entrando en el edificio insignia de la Secesión y cerrando con el Friso de Beethoven de Gustav Klimt la composición de la mejor ópera prima que podría imaginar, a la que pondría por título: Otro mundo es posible, con libreto de Papageno y Klimt, con música salpicada de Mozart, Beethoven y Wagner. No era difícil, recorriendo con la inteligencia los 34 metros de pintura excelente, siguiendo paso a paso su interpretación directa, sin contaminación alguna. Inicié el trabajo en la pared lateral izquierda, tal y como se describió por el propio autor: “El anhelo de felicidad (las figuras suspendidas: n. del a.). Los sufrimientos de la débil Humanidad (la niña de pie y la pareja arrodillada). Las súplicas de la Humanidad al fuerte y bien armado (el caballero), la compasión y la ambición como fuerzas internas de los impulsos (las figuras femeninas detrás de él), que le mueven a luchar por conseguir la felicidad. A continuación, la pared frontal (estrecha): Las fuerzas enemigas. El gigante Tifeo, contra el que incluso los dioses lucharon en vano (el monstruo que se asemeja a un simio); sus hijas, las tres Gorgonas (a su izquierda). La Enfermedad, la locura, la Muerte (las cabezas como de muñecos y la anciana tras ellas). La Lujuria, la Impudicia, la Desmesura (las tres figuras femeninas de la derecha junto al monstruo). La pena aguda (la que se encuentra en cuclillas). Las ansias y los deseos de los hombres, que se alejan volando por encima. Por último, la pared lateral derecha: El anhelo de felicidad encuentra reposo en la poesía (las figuras suspendidas se encuentran con una mujer que toca la cítara). Las artes (las cinco figuras de mujeres dispuestas una sobre otra, algunas de las cuales señalan al coro de ángeles que canta y toca) nos conducen al reino ideal, el único en el que podemos encontrar alegría pura, felicidad pura, amor puro. Coro de los ángeles del Paraíso. ‘Alegría, hermosa chispa de los dioses’. ‘Este beso para el mundo entero’.” (Del catálogo de la XIV Exposición Beethoven, en la Secession, 1902). Y subí a la vida ordinaria, la de la no Secesión.

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Gustav Klimt, detalle de El Friso de Beethoven (pared central).

A la inteligencia, su libertad. También, por los tiempos que corren, a la inteligencia digital, su libertad digital. Con un beso digital para el mundo entero (Klimt), para que muchos Papagenos bendigan a sus padres…, alertados por jóvenes (los muchachos del libreto de La Flauta Mágica) que nos animan a no perder la única vida inteligente que tenemos a mano (Mozart y Shikaneder).

Sevilla, 10/VIII/2007

(1) http://www.march.es/arte/madrid/anteriores/klimt/biografia.asp

3 comentarios en “Crónicas de Viena. Palabras de Papageno: a la inteligencia, su libertad

  1. Le hemos echado de menos…aunque si estuvo usted con Mozart,Austria y la europa central…bien se lo pasaría…mientras tanto yo me quedé escuchando a Iman Califato Independiente desde Sevilla un saludo afectuoso…

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  2. La verdad es que desde Austria he recordado a las personas cercanas de nuestro particular “Teatro de barrio” ¿digital?, entre las que Eraser ocupa siempre un lugar especial, reservado. Estas crónicas son para compartir conocimiento, afectos y emociones. Sin ninguna duda.

    Con mi agradecimiento, siempre, por la proximidad de tus palabras…

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  3. Una inspiración para los jóvenes y no tan jóvenes, como los viejos más jóvenes del universo…dijo una voz popular…:Si te conoces demasiado a tí mismo, dejarás de saludarte.

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