Crónicas de Viena (VI): Descubriendo a Egon Schiele

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Egon Schiele: Autorretrato, 1910. Leopold Museum (Viena).

Finalizando la estancia en Viena, tuve especial interés en conocer un Museo sobre el que había leído detalles muy interesantes. Se trataba del Leopold Museum, en el Museumquartier, una zona sorprendente de la capital austriaca donde todo lo que se respira allí es libertad enmarcada en arte contemporáneo. No quedaba mucho tiempo para realizar la visita y directamente nos dirigimos a la planta de Schiele y Klimt, porque eran los dos referentes austriacos de la Secession que merecía contemplarlos en sus magníficas obras originales.

Sobre Klimt ya conocía ampliamente su trayectoria que he resumido en este cuaderno en el post dedicado a su maravilloso friso de Beethoven. Pero sobre Schiele mi desconocimiento sobre su vida y obra hacía muy atractiva la visita porque ya había detectado una pasión austriaca por este joven pintor de muerte prematura, a los veintiocho años. Y no nos defraudó. En este Museo, una colección particular de Rudolf y Elisabeth Leopold que fue donada en 1994 a la Fundación Privada Leopold Museum, que cuenta con la ayuda de la República Austriaca y de la Banca Nacional Austriaca, y que nació en 2001 como el mejor fondo pictórico de Schiele, pude contemplar sus cuadros cargados de una fuerza extraordinaria, bajo la escuela del expresionismo austriaco y rodeados del espíritu de Secesión.

Egon Schiele (1890-1918) había nadado siempre contracorriente. Su preocupación expresionista giraba exclusivamente sobre las figuras humanas, desnudas, sin el ropaje de los trajes nuevos de los emperadores austriacos de turno. Para unas y unos, pornografía, para otros y otras, la expresión desnuda del alma humana, a veces atormentada, a veces ensombrecida, agarrotada, como las manos de muchas personas trasladadas en su piel desnuda al lienzo.

Compré una reproducción oficial de un cuadro suyo que me llamó la atención por su sorprendente fuerza interior. Es un autorretrato, que introduzco al comienzo de este post como carta de presentación, cuando Schiele tenía veinte años, representando una mirada desafiante al mundo, a su trayectoria difícil de infancia y adolescencia. Con muchas preguntas sin responder.

Y me despedí de aquella visita contemplando a escasos metros de distancia una obra impresionante de Klimt y como metáfora de la trayectoria existencial de Egon, interpretada por un amigo del alma: la Muerte y la Vida. Era una forma elegante de homenajear a Schiele, aunque su vida azarosa me la había contado antes Klimt al oído, de forma apresurada y en un ambiente libertario, en aquella visita rápida a su vida y obra en una tarde de agosto, en el democrático barrio de los Museos de la contra de Viena.

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Gustav Klimt: La Muerte y la Vida (detalle). Leopold Museum (Viena).

Sevilla, 26/VIII/2007

Un comentario en “Crónicas de Viena (VI): Descubriendo a Egon Schiele

  1. esperanza gavidia dijo:

    tuve la oportunidad de estar en este maravilloso museo y hay dos obras que me marcaron. el abrazo, Egon schiele y el beso de klimt

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