Las coacciones de la electrónica: no hay personas de repuesto

TIEMPOS MODERNOS
Fotograma de Tiempos Modernos (Charles Chaplin, 1936)

En mi trabajo diario tengo oportunidades evidentes de comprobar cómo la tecnología en informática plantea siempre el dilema ético de situación, en la aplicación y uso racional de la misma, es decir, la dialéctica del doble uso de los grandes progresos científicos en el ámbito digital. Ya he tratado esta cuestión en discusión a lo largo de páginas concretas en este blog, sobre todo al abordar la ética digital, pero en esta ocasión lo hago al tener conocimiento de la publicación de dos libros extraordinarios del escritor polaco Günther Anders (1) que giran sobre un hilo conductor común y muy sugerente: La obsolescencia del hombre: Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (volumen I) y Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (volumen II).

El autor centra su ensayo, desde el principio, en esta idea “del hombre que se experimenta a sí mismo como “anticuado” y pequeño frente a los aparatos técnicos, que se presentan como los auténticamente “bien dotados” y que le hacen avergonzarse de su humanidad: “No hay hombres de repuesto”, escuchamos decir a un enfermo terminal en un asilo para desahuciados, y se lo escuchamos decir como sonrojado porque en la era de la técnica no se haya inventado aún nada definitivo contra la caducidad de la existencia humana. Este sentimiento de vergüenza, dado que no podemos sentir vergüenza sino ante una mirada ajena, nos indica que ahora son las cosas, las máquinas, quienes nos miran. El hombre moderno desearía ser sólo un engranaje, debería ser sólo eso, pero misteriosa y trágicamente aún no está del todo adaptado a la explotación mecánica, y eso es lo que le abochorna, su propia humanidad residual” (2). Ante esta perspectiva apocalíptica, en algún sentido, sigo construyendo teoría crítica digital sobre cómo la tecnología permite conocer mejor el cerebro, por qué es feliz, por qué enferma, por qué nos emocionamos, por qué expresamos sentimientos, por qué resolvemos problemas día a día, con el auxilio de las tecnologías de la información y comunicación.

Voy a leer los dos libros porque estoy preocupado con el desplazamiento de la inteligencia digital como derecho de realización personal, por el poder de la mercancía digital, que simbolizaba recientemente en mi post sobre el síndrome de la última versión: “Lo más grave es que la versión de la inteligencia no sé tampoco por cual versión va. La del alma, ni te cuento. La del corazón, creo que ya va por una versión inalcanzable. Y mientras salgo a comprar lo último de lo último que indican los gurús de la mercadotecnia, en la tarde previa a la Nochebuena, porque la versión última de la Navidad, la del año pasado y anteriores, ya no sirve, me encuentro que para muchas personas la ultimísima ya está agotada. Y la frustración es enorme, porque “el sentimiento displacentero de incompletud” de las personas que se frustran porque no tienen la última versión de todo lo que está quieto o se mueve a nuestro alrededor, es una realidad que no está versionada”. En definitiva, como comenta José Luis Pardo: “Por eso, amedrentado y fascinado por el mundo de la producción, el hombre “decide” pasarse a la condición de producto, y la llamada “ingeniería humana” (human engineering), fisiotécnica y robótica, le suministra el modo de fragmentar su conocimiento en habilidades subhumanas que subsisten mecánicamente con independencia de la totalidad de la que proceden”. Una reflexión para seguir construyendo teoría crítica digital, positiva, racional, al servicio de la inteligencia de las personas.

Sevilla, 20/II/2011

(1) Anders, G. (2011). La obsolescencia del hombre. Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (volumen I). Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (volumen II). Valencia: Pre-Textos.
(2) Pardo, José Luis (2011, 19 de febrero), “No hay hombres de repuesto”, El País, Babelia, 9.

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