Ventanas para un rescate

OFICINA EN UNA CIUDAD PEQUENA
Hopper, E. (1953). Oficina en una ciudad pequeña

Con ocasión de una exposición que se inaugura en Madrid, en el Museo Thyssen- Bornemisza, el próximo 12 de junio, dedicada al pintor de las metáforas, Edward Hopper, cuya obra completa está centrada en los silencios de personas que ven, a través de sugerentes y múltiples ventanas, diversas situaciones del mundo exterior, lo recordé ayer en un cuadro concreto, cuando conocíamos la verdad de las verdades, cuando ya entrábamos en operación de rescate de España en su sector bancario, a pesar de que se le quiere llamar “sólo un préstamo”, de forma taimada, casi insultante. En ese momento, traje a mi memoria de secreto un óleo de Hopper, Oficina de una ciudad pequeña, que permite analizar bien la situación actual, por ejemplo, para un empleado público, como es mi caso.

La primera reflexión es que nos encontramos ante dos mundos: donde vivimos y el del exterior, así sucesivamente hasta llegara a España y Europa, Andalucía y España, mi trabajo y la calle, la realidad y el deseo. Así siempre. Estamos dentro de una cápsula del tiempo, con un trabajo por hacer, pero sobre el que el mundo exterior toma decisiones continuamente, iniciándose a cada momento un viaje hacia alguna parte que suele decidirse en torres altas de Manhattan donde muchas veces no se sabe ni donde está España, no digamos Andalucía. Los inversores están fuera de mi espacio vital y solo tengo una ventana para contemplar lo que está pasando, pero en un silencio sepulcral, como el del hombre de la oficina de Hopper.

Este óleo nos representa muy bien. Solos ante el peligro, en silencio y permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar, y reflexionar, y pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Estoy en un espacio moderno frente a la antigüedad, aunque en la esquina inferior derecha aparecen destellos muy clásicos, como pasa siempre: lo nuevo, a veces, ya estaba. Ventanas amplias, desnudas, como invitando a saltar a través de ellas, porque no tienen limitación alguna, solo el vértigo existencial legítimo. La mesa está muy limpia, probablemente de papeles, no de ideas y creencias escritas, es decir, preside el pensamiento dirigido a la acción y no la burocracia, la eficiencia y la eficacia sobre las mesas públicas de toda la vida. Solo un gran problema: la mirada perdida, cuando ahora lo que necesitamos es fijarla bien en lo que auténticamente merece la pena, es decir, levantarse e iniciar un camino de compromiso personal y social para cambiar ese horizonte cerrado, clásico, que no lleva a ninguna parte. Como el edificio de enfrente, que por desgracia siempre va a estar ahí, con ventanas oscuras y que necesita un rescate. Sé lo que digo.

Sevilla, 10/VI/2012

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s