A Rogiero no le hacen falta mil palabras

ROGIERO
Retrato de Rogiero, en Portugal en mayo de 2013. / PIERRE GONNORD

El 30 de agosto de 2013 se cruzó Rogiero conmigo y no lo he olvidado. Un niño en Portugal, a los que adoraba Saramago. Hoy, ha vuelto a mi persona de secreto, al descubrirlo en una exposición que se ha inaugurado en Almería, bajo la dirección del Centro Andaluz de la Fotografía, con un título precioso El sueño va sobre el tiempo, que muestra la obra del fotógrafo francés Pierre Gonnord, de alma española y que un día decidió acercarse al universo gitano y fotografiarlo también en Sevilla, como a Rogiero, en una barriada especial, las Tres Mil Viviendas, así como en Los Pajaritos, barrio que conozco muy bien porque trabajé allí en los veranos de los años sesenta, en una farmacia muy querida para mí y donde aprendí a convivir con la pobreza, con familias gitanas y payas, de las que guardo imágenes sobre las que podría escribir en un día no muy lejano y en el tiempo que pueda marcar mi particular Sala de espera.

Tiene ahora cuatro años o cinco, qué más da, pero ya mira como un adulto. Así lo describía el artículo que me permitió conocerlo: “En esta imagen, comparable a los retratos de corte de Velázquez o Ribera, parece un chico fuerte y orgulloso. Hay algo de nobleza en ese gesto adusto. Se ha acostumbrado a dormir al raso y cuidar de sus hermanos —por debajo suyo hay cuatro pequeños más— mientras sus padres trabajan como braceros en los campos para poder comer. Su madre, como ahora la hermana mayor de Rogiero, tampoco pudo elegir su destino, se casó a los 14 años y empezó a parir. Con veintipocos ya tiene 7. De esa niña sin adolescencia solo distinguimos sus ropajes, sus manos de campesina y sus brazos, estrechando a su pequeño contra su pecho en un gesto protector. No es la pobreza lo que se ve en la imagen sino la vida, cargada de tradiciones ancestrales. Parece como si el fotógrafo quisiera escuchar sin tabúes a esa gente que corre de un lado para otro”.

Más comentarios dañarían la quintaesencia de lo que nos transmite Rogiero. Su expresión vale más que mil palabras, porque sus sueños van sobre el tiempo de su raza, tal y como lo pintó en su día Federico García Lorca:

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba!, ¡Ay, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta el alba!, ¡Ay, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sevilla, 11/IV/2014

ooooooooooooooooooooooooooooooo

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