Gracias a Lucas Macías y… a Claudio Abbado

Lucas Macias Navarro2
El pasado domingo se celebró un concierto de gratitud de la ciudad de Lucerna (Suiza) a Claudio Abbado. Quien ama la música clásica sabe que en el mes de enero de este año murió en Bolonia este afamado director de orquesta, que estuvo en España en 2013 y sobre el que escribí un post resaltando la figura de un oboísta de gran prestigio, Lucas Macías, andaluz por más señas, natural de Valverde del Camino (Huelva), que compartió un concierto con él, que vuelvo a resaltar como realidad positiva de Andalucía: “Lo decía el cronista del diario “El País”, en su edición de 26 de marzo de 2013: “No le gusta a Abbado que le llamen maestro. Prefiere que se dirijan a él como Claudio. Al oboísta Lucas Macías Navarro todos le conocen por Lucas. Claudio y Lucas demostraron ayer la importancia del diálogo intergeneracional en música. Realizaron juntos un Concierto para oboe y orquesta de Mozart verdaderamente antológico. El oboísta de Valverde del Camino nació en 1978 y es solista de su instrumento en la Concertgebouw de Ámsterdam y en la Orquesta del Festival de Lucerna. Es de los músicos más completos que han salido de nuestro país en mucho tiempo. Ayer demostró su musicalidad intachable, su técnica asombrosa, su instinto endiablado tanto cuando tocó como solista como cuando se integró en la orquesta. La comunicación musical entre Claudio y Lucas es absoluta”.

CLAUDIO ABBADO

¿Por qué vuelvo a citarlos hoy? Básicamente porque me ha impresionado la crónica que publicó ayer el diario El País, bajo un título muy sugerente: Sinfonía de lágrimas, porque el concierto de homenaje de la ciudad de Lucerna a su director tan querido y respetado, “suyo”, sí, para siempre, fue eso una sinfonía adornada de lágrimas tal y como lo recogía el citado cronista: “El cierre tenía que ser con Mahler, y al final de la Tercera sinfonía explotó colectivamente la emoción. Los músicos empezaron a abrazarse entre ellos, el público se puso en pie en una ovación interminable y nadie quería saludar en solitario, ni director ni instrumentistas. Fue una sinfonía de lágrimas, sin histéricas apoteosis, recordando a un director que siempre ha creído que la música por encima de todo es un ejercicio espiritual, un diálogo del alma”.

Sin lugar a dudas, mucho más cuando entre lágrimas se podía leer también en el programa de mano del concierto, probablemente a duras penas, una frase de su oboísta preferido, Lucas Macías: ““Gracias Claudio por haber sido el Ángel de la Guarda de los jóvenes músicos. Gracias por enseñarnos que en la música, como en la vida misma, lo fundamental es escucharnos los unos a los otros”.

Creo que esta noticia, frente a las clásicas populares de la secesión de Cataluña, crisis, deflación, contaminación, corrupción y otras perlas de cada día, suponen un bálsamo que reconforta el alma y que nos permite dialogar con ella, a la que tanto aprecio y sobre la que escribo con frecuencia en los últimos días, porque me queda la palabra y… el alma.

Gracias sinceras, Lucas, porque llevas a Andalucía a todas partes con tu música preciosa como solista de oboe. También al cronista de ayer, Juan Ángel Vela del Campo, por sus palabras impecables. Por supuesto a Claudio, como le gustaba que le llamaran en el día a día, porque dibujaba con su batuta música para que el alma pueda dialogar, que tanta falta nos hace para escucharnos todos los días, en la clave de otro andaluz universal, Antonio Machado:

Tu verdad no; la verdad.
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Sevilla, 9/IV/2014

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