Yo y tú, nosotros, nosotras…

DOS DIAS UNA NOCHE

La vida es una dialéctica permanente entre el yo y el nosotros, por no agravar el problema si desarrolláramos todos los pronombres posibles, integrando también a él y ella, vosotros y vosotras, ellos y ellas. Pero tenemos que enfrentarnos todos los días a esta situación al subir al escenario del gran teatro del mundo de cada uno, de cada una. Cuestión difícil, máxime cuando lo abordamos en la situación actual de crisis, donde aflora el miedo a lo desconocido todavía, desencadenando acciones que provienen de respuestas que elabora nuestro cerebro primitivo, reptiliano, al que afortunadamente rodean desde hace millones de años las nuevas estructuras cerebrales que nos identifican como personas.

Esta reflexión la hago después de haber integrado el mensaje de una película reciente, Dos días y una noche, que plantea un dilema muy cercano a nuestra realidad actual del yo y del nosotros. El argumento es complejo en sí mismo, porque una trabajadora, Sandra, ha sufrido una baja por depresión. Cuando se va a reincorporar al trabajo, conoce que sus compañeros han votado a favor de cobrar una paga extraordinaria a sabiendas de que ese dinero le pertenece a ella, porque si ellos la cobran, pierde definitivamente su trabajo, porque entre otras razones “no es productiva” y el trabajo que antes hacían 17 personas ahora lo pueden hacer dieciséis. De esta forma, ayudada en todo momento por su marido, dedica un fin de semana, el que da título a la película, a intentar convencer a sus compañeros de que reconsideren su decisión.

Carlos Boyero, en su crítica de esta película decía de forma acertada: “Este es el arranque de una película que reproduce tenebrosamente el aquí y ahora en una Europa masacrada por la crisis que propiciaron los grandes e impunes villanos. Habla de algo fundamental en medio de la desdicha personal llamado puesto de trabajo, de la tragedia que supone en un mercado sin salida que te despojen injustamente de él, de la solidaridad y de su ausencia entre trabajadores, de las sucias salvaciones cotidianas, de la asfixia económica que puede hacer aflorar la mezquindad, del sálvese quien pueda, del mantenimiento de la dignidad en circunstancias duras que exigen un precio alto”.

Creo que más allá de la dialéctica que enunciaba al principio de estas palabras, el problema habría que situarlo en él, ella y en ellos, ellas, sobre todo cuando se desplazan permanentemente responsabilidades sobre los demás, escondiendo la cabeza en actitud vergonzante cuando habría que dar la cara ante situaciones clamorosas. Cuando Él o Ella retratan perfectamente a organizaciones, Gobiernos, Administraciones, poderes públicos, políticos y responsables corruptos, porque todos no somos iguales. Es muy triste que se eche a pelear a la sociedad entre sí, a Sandra y a sus compañeros de trabajo, cuando las razones de tanta miseria actual están en personas sin escrúpulos, como estamos viendo a diario. Aunque a nivel doméstico, es bueno que veamos películas como ésta, porque al final todos estamos implicados en comprometernos de una forma u otra con el nosotros solidario, más allá de lo que nos afecta solo al yo y tú personal, el de todos y el de secreto.

Sevilla, 2/XI/2014

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