El hombre debería ser una hormiga para el hombre…, no un lobo

LA VIE DES FOURMIS1
Radio Televisión Suiza (RTS) – El mejor amigo de las hormigas. Lauren Keller, biólogo de la evolución.

Lauren Keller, Presidente de la Sociedad Europea de Biología Evolutiva y el mejor amigo de las hormigas, lo ha manifestado recientemente (1): las hormigas tienen “una base genética, por eso hacen lo que hacen. Están programadas para ser sociales, para colaborar y trabajar por el grupo, para hacer la función que cada una de ellas hace”. Es asombroso ver con el entusiasmo que un profesional de las hormigas, monsieur fourmis (señor hormiga) le llaman, hable con base científica de un gran modelo de especies a conocer y seguir, sobre todo para aprender de ellas.

Con el desparpajo que nos caracteriza, la primera impresión al conocer estas noticias es decir, como el torero el Guerra, que hay gente pa tó, pero si estamos dispuestos a seguir aprendiendo de la primera actitud de la filosofía de la vida, nos deberían asombrar las enseñanzas que reportan estos animalitos tan pequeños y tan bien organizados. Desde luego contrarrestan aquella frase que hizo popular Hobbes que marcó tendencia en el siglo XVII y que copió de Plauto (254-184 a. C.): el hombre es un lobo para el hombre (homo homini lupus), aunque en la construcción del comediógrafo latino la frase era más aleccionadora todavía: lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro. Hoy me gustaría lanzar al mundo una nueva frase ejemplar: homo homini formica, el hombre, las personas para entendernos mejor, pueden ser hormigas para ellas mismas, salvando lo que haya que salvar en la semántica de las palabras que la componen. Veamos por qué.

La especie marca tendencia y la humana de manera especial, aunque nos diferenciemos muy poco de las hormigas. Somos muchos seres vivos sobre la tierra y las hormigas también y los que nos une es que vivimos muchos años y el factor reproductivo funciona hasta determinados límites, fundamentalmente por desórdenes internos sociales y por el cambio de hábitat. En una entrevista reciente, ha manifestado Keller que “Sí, las hormigas viven muchos años. El récord lo tiene la hormiga reina de una especie en concreto que vive hasta 28 años, lo cual es muchísimo para ser un insecto, cuya vida suele contarse por días o semanas. Equivaldría a que un primate viviera 4.000 años. En otras especies de hormigas las reinas suelen vivir entre diez y 15 años”.

Precisamente, la longevidad es el resultado de que siendo tantas se organicen perfectamente, “viven como un grupo, trabajan para el grupo, colaboran, se protegen, se ayudan, hasta pueden fabricar medicamentos para evitar que ciertas bacterias se propaguen en el interior de una colonia. Es lo mismo que ha ocurrido con el ser humano”. Fascinante. Así, siglos y siglos, desde que unos africanos salieron a dar una vuelta por el mundo hace millones de años, al igual que las hormigas, que también viajaron y mucho. Hasta que la división del trabajo llegó a la sociedad humana, extrapolada de lo que ya venían haciendo hace millones de años las hormigas, tan pequeñas y laboriosas ellas. Y este descubrimiento trajo soluciones y problemas sociales, porque la unión hace la fuerza, en palabras de Keller: “Todo ello mejora enormemente la productividad, surgen las ciudades modernas y todo esto, unido a las mejoras en la sanidad y la higiene, dispara en muy poco tiempo la población mundial. En 1930 ya había unos 2.000 millones de personas en el mundo, y eso no es nada: hoy hay más de 7.000 millones, y ciudades con más de diez y veinte millones de personas. Como se suele decir, la unión hace la fuerza”.

Y surgen los conflictos, que ya tienen una base genética en las hormigas: “Existen rebeliones internas en las colonias y guerras entre hormigas, cuando combaten por un mismo espacio. Por ejemplo, esto se está dando con las especies invasoras que están llegando a Europa sobre todo de América Latina, y estas especies son muy agresivas y luchan contra las hormigas europeas. Y también hay una base genética para el conflicto”.

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La división del trabajo es una constante en las colonias de hormigas, que Keller analiza con un exactitud científica: “Para empezar, en cada colonia puede haber entre dos y 20 millones de hormigas. La clave está en la hormiga reina. Esta nace por partenogénesis, es decir, se autorreproduce. Después hay tres tipos de hormigas, de castas, aunque los dos más comunes son las obreras y las soldado. Estas nacen siempre de la reina pero porque esta mantiene relaciones sexuales con hormigas macho. De este modo, todo depende de la reina aunque la reina no tiene ninguna función en la colonia. Más que existir, estar ahí, solo existe para la colonia, para garantizar su población y su supervivencia. Jamás sale del hormiguero y está extraordinariamente bien protegida, por eso vive tantos años”.

Sin señalar especialmente, las castas también están presentes en estos seres vivos tan diminutos pero tan sabios. Sería interesante saber por qué, en un tema de tanta actualidad, sin mezcla de solución alguna, si atendemos en este caso a la casuística y modelos de las hormigas: la reina siempre será reina, así como las obreras y las soldado, asimilando desde este momento que todas son castas. Aunque también hay hormigas perezosas, sin que se conozcan todavía las causas de tal actitud. Es probable que escucharan hace siglos a Esopo en su fábula de la cigarra y la hormiga y se haya transmitido boca a boca la frase genial de aquella hormiga hasta cierto punto sabionda y responsable, molesta con la altanería de una cigarra que se pasaba el verano tiempo cantando y ahora, con el consejo de última hora, bailando pero sin dar palo al agua:

Durante el invierno las hormigas conservaban el trigo tierno. En cambio una cigarra hambrienta les pedía comida. Pero las hormigas le dijeron: “¿Por qué durante el verano no recogías también tú comida?” Y ésta dijo: “No estaba ociosa, pues cantaba al son de mi música.” Y ellas tras reírse le dijeron: “Pues si cantabas en las horas de verano, en las de invierno baila.”

Tenemos hormigas para rato, porque a pesar de que intentemos imitarlas hasta la saciedad, cosa que no nos iría mal en principio, tenemos que asumir como la cigarra altiva que saben más que nosotros, porque saben hacer las cosas muy bien, porque cunde el ejemplo entre ellas del trabajo bien hecho. Además, parecen inmortales “como especie prácticamente sí que lo son, han sido capaces de sobrevivir a todo y lo seguirán haciendo”, dice Keller. Y sobrevivirán al ser humano, tan altivo él, porque siguiendo a Plauto el ser humano suele desconocer a los demás con frecuencia, cosa que no hacen las hormigas. Debería cundir su ejemplo hasta hacerse real esta nueva experiencia, es decir, poder gritar a los cuatro vientos: homo homini formica o lo que es lo mismo, las personas son como las hormigas para las mismas personas, porque trabajan, viven, se ilusionan y comparten todo con los demás. A pesar de las castas, por mera necesidad política, en el sentido más puro del término.

Sevilla, 5/XII/2014

(1) Ruiz Rico, Manuel (2014, 4 de diciembre).Las hormigas sobrevivieron a los dinosaurios y también sobrevivirán al hombre, El País.com.

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