Debemos cambiar el presente

La Fundación Vicente Ferrer ha presentado una campaña, “El poder de cambiar el presente”, a la que me quiero sumar a través de este cuaderno digital, porque considero que el presente en la India es todavía una isla desconocida. El detalle de la campaña se puede conocer a través del portal específico que la Fundación ha creado a tal fin. En síntesis, el resultado pretendido es superar cuatro situaciones especialmente preocupantes para asegurar el desarrollo de la India rural:

– En la India, la discriminación por motivo de castas afecta a 165 millones de personas.
– El 47% del total de niñas se casan, sin su consentimiento, antes de cumplir los 18 años de edad.
– 13 millones de niñas y niños se ven obligados a trabajar para subsistir en medio de la pobreza extrema.
– Casi 62 millones de niños y niñas sufren desnutrición crónica y retraso del crecimiento entre los 0 y 6 años.

En la zona donde trabaja la Fundación, el Estado de Anda Pradesh, no tienen casi nada millones de personas. Aquí, en España, en Andalucía, tenemos todavía la oportunidad de atender las situaciones difíciles de nuestro país, pero nada comparable con la realidad de millones de niñas y niños de la India que viven en la precariedad más absoluta. Debemos estar atentos este fin de semana a la petición puntual del Banco de Alimentos para nuestro país, para nuestra Comunidad Autónoma, claro que sí. Pero en India esperan también nuestra solidaridad, constante no sólo puntual, hecha magia a través del bindi (el círculo rojo pintado en la frente), un símbolo enraizado en la comunidad india para expresar que la vida sigue teniendo interés cuando va hacia adelante…, un símbolo de sabiduría, energía y positivismo, porque no solo podemos sino que debemos cambiar el presente, muchos presentes por cierto, incluso más cerca de lo que creemos.

Agradecería que si has llegado hasta aquí, te comprometas a seguir divulgando esta campaña por el medio que puedas, así como la del Banco de Alimentos de este fin de semana, hoy y mañana, para poder atender un presente de pobreza muy duro en Andalucía. No las olvides, por favor, aunque sea a través de la palabra, un poder extraordinario que debemos controlar para no convertirla en pura mercancía, en mano de los mayores opinadores y tertulianos del Reino, porque la necesitamos para alzar la voz y cambiar también con ella nuestros numerosos presentes.

Sevilla, 28/XI/2014

Juan se fue a su Cielo

CAMINANDO

Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
más hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.

Rafael Alberti, Retornos del otoño

Se nos ha muerto como del rayo, Juan, a quien tanto queríamos, un amigo de sus amigos, persona a la que conocí antes de que me la presentaran, porque era muy especial. Todos me hablaban muy bien de él porque era diferente, sobre todo bueno en el buen sentido de la palabra bueno. Estos momentos son muy dados a panegíricos de la persona que se fue de este mundo, pero solo pretendo hacer un alto en el camino y reflexionar sobre la muerte humana, la muerte de Juan.

Las personas que quiero saben que siempre comento la muerte como una pregunta en vida de muy difícil respuesta, como a otras cuestiones que nos ocupan y pre-ocupan [sic] todos los días. Ante esta situación siempre recuerdo la voz de la experiencia histórica de una persona de comunidad, de nombre Eclesiastés, que tuvo que enfrentarse al auténtico problema de la muerte, que en el fondo es un problema de cómo comprendemos y valoramos el tiempo. Y he encontrado en él una sabia respuesta.

En la vida hay tiempo para casi todo, porque todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, matar, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra, y paz.

Ante este panorama complejo, cuando se aproxima la realidad de la muerte, todo se encierra en tres preguntas fundamentales sobre el factor tiempo en vida:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿Qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?
– ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra?
– ¿Quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?

No conocemos las respuestas, cuestión que nos deja solos ante el peligro de un mundo diseñado muchas veces por el enemigo. La verdad es que el Eclesiastés ya lo advirtió hace muchos siglos, a las personas que tenían creencias: las respuestas no las vamos a conocer nunca porque “[Dios] también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue [nunca] a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin” (Eclesiastés 3, 11).

Para los que buscamos desesperadamente comprender estas ausencias sin el apoyo de Dios, el Eclesiastés nos dejó una clave maravillosa que enmarca una respuesta posible: caminar juntos buscando la felicidad y hablar de Juan con entusiasmo, de sus cosas, de su alegría contagiosa, de su amor apasionado, de cómo nos enseñó a amar por encima de todo, en su Cielo tan particular, incluso de forma que no todo el mundo comprende: más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Todo es más sencillo así, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos, que no es fácil romper.

Ni incluso cuando ya sabes que nos falta una persona tan especial, Juan, que comprendía muy bien la necesidad de hacer camino en la vida, juntos…, al andar.

Sevilla, 26/XI/2014

Lucera, con el sueño dentro

LUCERA

En homenaje a Platero y yo, a Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, en el día que comienza en Huelva un Congreso Internacional sobre “Cien años de Platero y yo”, como símbolo de agradecimiento por el tiempo que viví en Moguer, siguiendo los pasos de ese burro encantador por sus calles de azulejos, en un pueblo que tiene luz con el tiempo dentro. He escrito este relato en el que tengo que confesar que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Lucera existe y todos los días pasea ilusiones por la Plaza de España, en Sevilla. Por si quieren conocerla.

Lucera es una burra pequeña, coqueta, que disfruta paseando niños y niñas alrededor de la fuente central en la Plaza de España, en Sevilla, a dos euros la vuelta, todos los días, como si fuera la protagonista de un tiovivo real, tirando de un carro para dos teñido de verde. Se le notaba contenta el domingo en su rostro paciente rodeado de cascabeles, como siempre, aunque su dueño podía simular que la tutelaba todavía llevándola con las riendas al hombro, como si tuviera que enseñarle cómo hacer su trabajo diario. Aunque ella no lo necesitaba para nada, porque su gran sueño era transportar niños y niñas una y otra vez, sin parar, sin los gritos de aquél hombre de andar pausado, mimético con ella, como si fuese de acero. Es que hacía camino al trotar.

Había oído hablar a unas niñas que se montaron ese día, de un tal Platero, un burro nacido en Moguer, “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero…” Ella no lo conocía pero le encantaba oír hablar bien de un amigo de sus sueños porque aunque era pequeña, peluda y suave, no era tan blanda como hablaban de él, por su esfuerzo diario para transportar ilusiones a espuertas, llamándola por su nombre, que bien que lo aprendían siempre en un santiamén los pasajerillos del carro: ¡Lucera, Lucera! Y además, tenía huesos…

Terminó la vuelta y otra vez a esperar junto a la farola a que otras ilusiones vestidas de niño o niña, volvieran a traerle noticias tan importantes como las de ese tal Platero. Solo un cubo azul la esperaba paciente para que pudiera beber y una gran sorpresa. Ella no comía de todo, por eso no podría ser nunca de acero, pero ese día sí podría ser de algodón, porque al bajarse las dos niñas le dijeron al oído, a modo de despedida cariñosa, que para ellas era igual que el burro del cuento que su maestra les había leído en clase.

Lucera rompió a llorar por esas palabras que nunca le habían susurrado con tanto cariño y comenzó a rebuznar sin parar para que su dueño se diera cuenta de lo importante que era para los demás, transportando sueños tan suaves como ella…

Sevilla, 24/XI/2014

Ausencias


Si tan solo tuviera alas
para volar a través de la distancia
Si tan solo fuera una gacela
para correr sin cansancio alguno

Entonces, podría amanecer
en tu pecho
y nunca más la ausencia
sería nuestra realidad

Pero eso sólo sucede en mis pensamientos
en los que yo puedo viajar sin miedo
y mi libertad, la tengo
solo en mis sueños

[…]
Sin saber a dónde iluminar,
ni ningún lugar a dónde ir…

Ay soledad, es mi destino…
Ausencia…, ausencia

Son las que más duelen en las reflexiones de nuestra persona de secreto. Ahora estamos viviendo una época especialmente compleja respecto de ausencias de todo tipo, políticas, éticas, ideológicas y de creencias. Necesitamos creer, tal y como lo aprendí hace muchos años de Ferrater Mora. Decía él que las personas necesitamos creer en alguien o algo, básicamente en cuatro pilares fundamentales que no se excluyen entre sí: sociedad, personas, naturaleza y Dios (o dioses), es decir, podemos optar por una de estas creencias, por varias o por todas. Pero lo que llevamos muy mal es la ausencia de todas o de cada una, hasta quedarnos sin nada ni nadie en quien creer, es decir, la negación absoluta de la razón que justifica todos nuestros actos o las relaciones personales y sociales.

Estamos atravesando una situación política en España muy grave, por la ausencia de creencias, porque la situación política es insostenible y la generalización masiva de la corrupción ha sobrepasado la delgada línea roja de la universalización del mal. Todos no son iguales, lo mismo que todos no somos iguales, pero la ausencia de respuestas y de liderazgo político hace que estemos sumidos en una descreencia generalizada, reconocida como desafección política integral. Es muy peligrosa esta situación, porque ahora suelen aparecer líderes de todo tipo que se erigen salvadores de todos los males del país sin mezcla de bien alguno. La entrada en sociedad política de Podemos es un reflejo de esta situación porque recogen diariamente el desencanto de las ausencias, pero corren el peligro de quedarse en la superficie si no son capaces de entrar en la necesidad de dar soporte a las creencias reales como la vida misma. Fundamentalmente, porque éstas nunca son inocentes y eso lo sabe bien Podemos por su trayectoria neomarxista, en los términos que ya escribí curiosamente en un artículo publicado en El Correo de Andalucía (1), un periódico comprometido con la sociedad de 1977 en Sevilla, en el comienzo de la Transición, cuando escribir determinadas cosas era bastante peligroso en una sociedad española plagada de ausencias democráticas y viviendo todavía el dolor de la dictadura: “A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hace de la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (2).

El cerebro necesita ideología, cada día, tal y como escribí en 2012, cuando estábamos en el ecuador de la crisis, porque las personas no debemos vivir con ausencias permanentes de la razón de la existencia humana en tiempos revueltos. Pero debemos fundamentar bien estas nuevas perspectivas políticas a través de programas creíbles y realizables. Es una necesidad de religación, como escribí en aquél artículo de 1977, así como de resolución de la crisis, entendiendo esta palabra en su correcta etimología como la capacidad de someter a juicio lo que nos está ocurriendo y saber resolver estas situaciones con liderazgos fortalecidos por la ética personal y colectiva de personas que creen indistintamente en la sociedad, en las personas, en la naturaleza o en un determinado Dios (o dioses), que los hacen felices, sin descartar a nadie, creando estructuras de gobierno en co-creación permanente, liderando proyectos alternativos a partidos que han sufrido un desgaste espectacular en las postrimerías de la primera transición y creando posibilidades de creencias que soporten la segunda a la que buscamos desesperadamente.

Por último, es urgente recuperar una gran ausente en este espectáculo español, la ética individual y colectiva, aquella raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida llena de presencias alentadoras y beneficiosas para una forma de vivir diferente. La ética de las pequeñas cosas, en la rutina diaria de la familia, el trabajo y las amistades, es decir, en el coro que nos acompaña todos los días en la declaración de ausencias para ser algo más felices, dando ejemplo con la vida y con la palabra donde hacemos todos “política” basada en creencias: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (3).

Sevilla, 23/XI/2014

(1) Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3.
(2) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s.
(3) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

Andalucía: una realidad positiva (VI). Emilio Lledó

Quizá sea todavía un desconocido en su propia tierra, pero es una realidad muy positiva para Andalucía que Emilio LLedó (Sevilla, 1927), filósofo y persona coherente con su ideología y sentido de la amistad -una ciencia exacta según él- haya recibido el Premio Nacional de las Letras el pasado 17 de noviembre, cuyo objeto es reconocer el conjunto de la obra literaria de un autor español.

La noticia de este premio la recibió durante una entrevista entrañable que le hizo Tereixa Constenla el martes pasado, publicada en el diario El País y de lectura aconsejable. Las fotos que acompañan a este encuentro reflejan la sencillez transcendente de Emilio Lledó y su gran sentido del humor: “Eso quiere decir que ya estás tan viejo que están diciendo “vamos a despedir simpáticamente a este señor”. Además, este año es especial para él porque es el cuarto premio que recibe, junto al XVIII Premio Antonio de Sancha por su compromiso con la cultura y la literatura, el I Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña (México) y el V Premio José Luis Sampedro, de Getafe Negro. Este último tiene un valor extraordinario por la justificación del mismo, que simboliza muy bien la obra y vida completa de Lledó. “A su extensa labor docente, tanto en la enseñanza secundaria como la universidad, dentro y fuera de España, Emilio Lledó suma una obra de gran valor para acercar la filosofía clásica al lector de hoy, desde Platón y Aristóteles hasta su crucial trabajo sobre el epicureísmo. En sus libros, además de la pasión por la expresión cuidada, sustanciosa y clara a un tiempo, late un constante aliento ético y humanista, acercando el pensamiento a la reflexión sobre las inquietudes vitales individuales, sin perder nunca el rigor filosófico, como demuestra su celebrado ensayo Elogio de la infelicidad. La obra de Lledó ofrece, en suma, una oportunidad de conocer mejor de dónde venimos y pensar más hondamente qué somos y a dónde hemos de ir”.

El último libro que he leído de este autor comprometido con la palabra ha sido “Los libros y la libertad”, una recopilación de textos donde reflexiona sobre la importancia de los libros, de la palabra escrita y ordenada, sobre todo, para sí mismo y los demás. No en vano recuerda en sus páginas un texto premonitorio sobre el miedo humano a la palabra escrita, según el famoso diálogo de Theuth con el rey de Egipto Thamus: “Las letras producirán el olvido de las almas, al descuidar la memoria (personal), ya que fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos…” (Platón. Fedro, 274c-277a). Pero es imprescindible resaltar que la palabra, pensada o escrita, es lo que nos queda siempre como elemento claramente diferenciador de nuestra especie, porque somos el único animal que tiene siempre la palabra, por mucho que los poderes fácticos la quieran convertir diariamente en mercancía. Y las palabras se refugian a veces en los libros.

En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerde que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor premiado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1).

Gracias al profesor Lledó, por ser como es y por hablar siempre de la necesidad del compromiso activo en tiempos revueltos, como los que él vivió al emigrar intelectual y físicamente a Heidelberg con la maleta de cartón de toda la vida, fundamentalmente porque una de las dos Españas le heló su corazón inquieto: “La política es la administración de la justicia, de la educación y de la cultura con generosidad”. Impecable.

Sevilla, 20/XI/2014

(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

Se nos olvida el ébola

Objetivo Salud: Tráiler from ISGlobal on Vimeo.

Es curioso cómo reaccionamos los seres humanos. Estando siempre ávidos de la última noticia, es curioso constatar que cuando desaparece el interés privado y público desde el momento que teóricamente, que no realmente, se supera una crisis de la envergadura que hemos vivido, no se vuelve a hablar de ella. Nos ha ocurrido con el ébola y me llama la atención porque creo que no hemos reflexionado sobre el aviso para navegantes que hemos recibido con lo sucedido a Teresa Romero. Así es hasta que nos ocurra otra vez en una ceremonia del olvido digna de estudio. Por cierto, nada inocente.

Traigo a colación esta reflexión ética porque desde el pasado lunes se está llevando a cabo una acción de compromiso social del Instituto de Salud Global, con sede en Barcelona, bajo la denominación de #ObjetivoSalud, una campaña de tres semanas que quiere dar a conocer algunos de los principales problemas de salud que existen en el mundo. Son 15 piezas de vídeo que se emitien de lunes a viernes desde el pasado lunes 17 de noviembre, en el programa “Para Todos la 2” de la segunda cadena de TVE y de 15 artículos de texto que se están publicando actualmente también en el diario El País, en su sección Planeta Futuro.

La reflexión que me ha llamado más la atención es que el objetivo de la campaña, a través de trece cápsulas informativas, denuncia una realidad concreta de una brecha sangrante de 30 años: “30 años separan España de Mozambique. 30 años que ganas si naces en nuestro país. Tres décadas que el destino te roba si quiere que nazcas en el país africano. Porque en pleno siglo XXI, el sitio donde nacemos determina, y mucho, el número de años que vamos a vivir. Entre España, donde la esperanza de vida al nacer es de 82 años, y Mozambique, donde es de 50, la diferencia equivale a más de un tercio de vida”.

La campaña quiere llamar la atención sobre el fácil argumento de que “reducir la brecha de salud que existe en el planeta es una obligación ética. ¿Por qué la fortuna o el azar de llegar al mundo en una región determinada puede regalarte o robarte un tercio de vida? ¿Por qué cada día mil mujeres mueren en los países pobres por causas relacionadas con el embarazo, causas que en los países ricos se previenen o se evitan sin mayores problemas? Somos muchos los que creemos que esta situación no es justa, ni tampoco aceptable. Pero no se trata solo de un tema de ética. Recientes crisis de salud como la epidemia del ébola o la del chikunguña en América Latina ponen de manifiesto que reducir esta brecha es también un ejercicio de interés propio. Vivimos en un mundo interconectado en el que la salud también se ha globalizado. Igual que las personas viajan y se mueven, enfermedades como la tuberculosis, la polio o el sida se pueden extender fácilmente de una región a otra”.

Es evidente que seguir hablando del ébola es un ejercicio de interés público, que no hay que silenciar. Es necesario que las autoridades sanitarias aborden urgentemente una campaña de divulgación sobre este virus letal así como la toma de decisiones urgentes sobre acciones in situ, a través de la cooperación internacional, en aquellos países de África donde este virus mortífero está haciendo estragos.

Tenemos que pasar a la acción a través de una información de carácter público, sin olvidar este tipo de campañas que comento en este post y que considero impecable. Animo a seguirla de cerca, cuya información exacta se puede obtener en la página web del Instituto de Salud Global. Es lo que probablemente nos pide a gritos Teresa Romero con su silencio actual.

Sevilla, 19/XI/2014

No olvidemos a las víctimas de Bhopal

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Treinta años después vuelvo a escribir sobre esta tragedia que golpeó a India el 2 de diciembre de 1984, que todavía sigue latente y manifiesta en cientos de miles de personas afectadas. He conocido recientemente que un grupo de supervivientes de aquella trágica fuga de un gas mortífero, el isocianato de metilo, encabezado por cinco mujeres, ha iniciado una huelga de hambre en Nueva Delhi, frente al parlamento indio, para reclamar un nivel mayor de las indemnizaciones vergonzantes que se pactaron en 1989 en un acuerdo extrajudicial con la empresa donde se produjo este desastre.

Reproduzco de nuevo aquél artículo que publiqué en un diario muy querido para mí, La Noticia de Huelva, que sigue vigente en todos sus términos. Solo una información simbólica: el pasado 29 de septiembre falleció en Florida Warren Anderson, el director de aquélla fábrica de pesticidas: “Tras enterarse de la muerte de Warren Anderson, los supervivientes de la catástrofe industrial en Bhopal, en el centro de India, se reunieron ante la planta de Union Carbide para escupir en su fotografía. Algunos le tiraron piedras, otros le pegaban con la suela de sus sandalias. “Era responsable de la operación y mantenimiento de la fábrica que mató a más de 25.000 personas y dejó con graves secuelas a muchas otras miles. Es terrible que muriera sin recibir ningún castigo”, explica Rachna Dhingra, al frente de la ONG Grupo para la Información y Acción de Bhopal” (1).

Solo pretendo hacer una reflexión sobre estas situaciones que responden a un fenómeno que me preocupa cada día más, los silencios cómplices, que callan de forma vergonzante ante ellas y que como en este caso las vivimos como lejanas, pero que cada día están más cerca de nosotros, de múltiples formas y que cada uno, en su persona de secreto, sabe reconocer e identificar inmediatamente. Debemos posicionarnos, porque es lo que reclaman esas cinco mujeres de Bhopal que al frente de los manifestantes y con su huelga de hambre, reclaman dignidad ante una injusticia clamorosa que ya arrastra treinta años de historia silenciosa.

Sevilla, 18/XI/2014

(1) http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/04/actualidad/1415140885_740881.html

¡Bienvenido, Mr. Anderson!

Sigo dando vueltas en mi cabeza a la experiencia de ayer (Cincuenta rupias), con el compromiso de Dominique Lapierre en India. Me impactó mucho la experiencia que contó de Bhopal, tristemente recordada después de casi veintidós años de muertes y heridas por la fuga del pesticida isocianato de metilo. Contaba Dominique que estaba impresionado por la manifestación reciente de mujeres, en su largo camino hacia Nueva Delhi, para reivindicar agua potable tantos años después de aquél domingo, 2 de diciembre de 1984, porque los acuíferos siguen contaminados.

En homenaje a todas las mujeres del mundo que alzan su voz para ser escuchadas en legítima defensa personal y familiar, incorporo hoy un artículo que escribí y publiqué en Huelva, sobre esa triste realidad, en el periódico “La Noticia”, el 10 de diciembre de 1984. Suena cercano y próximo en el tiempo. Desgraciadamente. Si quieres conocer algún detalle más, puedes consultar la siguiente dirección en Internet: http://www.foroidea.com/asfixia-bhopal.html. Seguir “interesados” en la realidad de Bhopal no debería ser solo cosa de algunos. Ayer me lo recordaron y así te lo transmito.

Sevilla, 27/II/2006

¡Bienvenido, Mr. Anderson!

Dentro de unos días todo volverá a su normalidad habitual, si es que en la India algún día es normal, dentro de tanta hambre y miseria como la circunda por todas partes. La ciudad de Bhopal, segundo gran aviso al mundo de las paradojas del desarrollo tecnológico actual, intentará reconstruir la vida en su sentido más estricto. Hombres, mujeres y niños tendrán que recuperar las ganas de vivir después de ser testigos de una tragedia servida en color por las grandes cadenas de televisión del mundo. Todos hemos podido comprobar en directo cómo se fabrica la muerte y las deformidades a pocos metros de casa. Para consuelo de la humanidad en general, parece ser que las madres gestantes van a vivir la incertidumbre de sus futuros hijos, a los que al menos se les garantiza la conservación de un único sentido: el gusto. Tremenda contradicción en una población atacada precisamente por el hambre y el desconcierto de seguir viviendo.

La insensibilidad humana alcanza límites preocupantes. Ya pueda hundirse el mundo de al lado, que mientras no afecte mis propios intereses humanos no voy a entrar en auténtica crisis de solidaridad.

Todo quedará en una cuenta corriente y en la clásica ropa usada, lavada y planchada «pret-á-porter en clase pobre» para «ayudar» a un pueblo «que se debate entre la vida y la muerte». Desgraciadamente y con el más puro sentido sarcástico del humor americano, «podemos construir la tecnología, podemos calcular los riesgos (sic), pero no podemos predecir la reacción de la gente, ya sea por falta de educación o por incompetencia. Siempre existe el imprescindible factor humano». Esta frase de taco de almanaque la ha pronunciado Marcel Lafollette, técnico del Instituto Tecnológico de Massachusetts y de la Universidad de Harvard. Según su interpretación, el factor humano tiene la culpa de todo. Verdaderamente, de vergüenza. ¿A qué ciudadano de Sanjuanico o Bhopal se le ha pedido parecer u opinión sobre la instalación de fábricas mortíferas a su alrededor físico? A nadie. ¿Qué técnico de estas fábricas tiene la patente de corso para no errar? Ninguno. Luego la conclusión es obvia: se tendrá que discutir la «necesidad» de mantener este tipo de fábricas o a lo sumo, enclavarlas en lugares de máxima seguridad mundial, si es que queda algún sitio seguro en el planeta. Pero echar la culpa al sufrido y nunca bien ponderado factor humano parece demasiado. Siempre se aprende perdiendo, pero pérdidas de esta envergadura no justifican ni tan siquiera al refrán.

Y sociológicamente nos sorprenden los dos lugares donde se han producido los dos grandes desastres en el espacio de días: ciudades y extrarradios de macro-micrópolis donde se concentra normalmente la pobreza. Sanjuanico y Bhopal se entienden a sí mismas por ser lugares donde la fuerza del desarrollo se mide por el autoritarismo de sus chimeneas y grandes depósitos. Una tímida valla metálica y letreros tipo de «toxic» con llama y calavera incluidas, «avisan» del peligro de la empresa. Creo que es una auténtica burla hacia la población colindante, donde entre otras miserias no tienen ni siquiera acceso a la escuela para aprender los avisos en inglés. Posiblemente, ni recursos económicos para comprar los «plásticos” cuyos componentes fundamentales se fabrican a cuatro pasos de sus casas. Es decir, gozan de la proximidad de «olores», «contaminación» y nubes tóxicas como justo castigo a construir los barracones donde malviven a escasos metros del césped de las grandes fábricas. Si vivieran en el centro de la ciudad no habrían sufrido sus consecuencias. Si además sus reivindicaciones ciudadanas se pierden en la selva de las justificaciones institucionales y tecnológicas, no hace falta más comentarios, como en los buenos chistes: el desastre está servido. Al igual que en las antiguas campañas de Navidad, habría que decir: «ponga unos cuantos muertos en sus pantallas de televisión», mientras se nos caen restos del polvorón clásico.

Huelva tiene mucho que pensar con estos avisos estratégicos. Estos desgraciados simulacros deben llevamos a formar grupos humanos, solidarios «a priori», para divulgar y conocer a fondo qué es lo que tenemos a un kilómetro en línea recta. Para ejercer la denuncia, para defender el derecho a la vida aunque ya hayamos nacido. Para respirar tranquilos y cuidar sigilosamente el olfato, maltrecho por ese «cierto olor a podrido» que nos rodea en la madrugada.

A los treinta y dos años del éxito de Bardem con su película «Bienvenido Mr. Marshall», le podríamos pedir de nuevo un rodaje de reposición en nuestra ciudad. Sería el momento de vivir la experiencia de aquel inocente pueblo y alcalde a su cabeza, trocando aquella desilusión en vítores y aplausos para un desmontaje de lo existente, negando todos los cartones del bingo de las multinacionales de la muerte, en una demostración de fuerza ante tanto sinsentido. Es más o menos lo que tendría que haber pedido y vivido la población de Bhopal, cuando un alto directivo de la Union Carbide, propietaria de la planta de isocianato de metilo, decidió construir una factoría en su territorio.

Mr. Anderson se «quedó» allí, un director de típica factura americana, un «modelo» para la sociedad actual. Muchos hemos pensado estos días con auténtica añoranza el mensaje de Bardem: ojalá hubieran tenido la posibilidad de haber pintado en su pancarta: «¡Bienvenido, Mr. Anderson!». La caravana de Union Carbide pasaría de largo, dejando una estela de alegría en los habitantes de Bhopal o Huelva, pues desde la parábola del miedo es lo mismo…

LA NOTICIA. Lunes, 10 de Diciembre de 1984

Género y vida

Nueva imagen, nuevas ilusiones, nuevas ideas

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Mercedes Sosa, Todo cambia (letra de Julio Numhauser)

Dedicado especialmente a mi hijo Marcos, porque hace nueve años que me animó y asesoró para que iniciara esta maravillosa aventura de escribir y proyectar mis creencias, ideas, sueños, imágenes y palabras en este blog. Ahora, porque ha sido el artífice, con la calidad técnica que le caracteriza, de que todo esté a punto para cambiar la imagen y servicios de este cuaderno de inteligencia digital que busca islas desconocidas. Porque sabe tratar muy bien los sueños de los demás.

Como habrán observado las personas enroladas en esta “Isla Desconocida”, un barco muy querido por Saramago, el blog ha cambiado su imagen con un nuevo tema llamado Sorbet, que ofrece novedades de interés para todos. Fundamentalmente, la letra que utiliza, muy clara en su trazado y cuerpo, así como nuevos accesos a post de interés particular a través de los buscadores, calendario que resalta en rojo las entradas en un determinado mes, la nube de categorías, enlaces a post relacionados, rebloguear, clics “me gusta”, así como la disponibilidad de las llamadas “Páginas” de especial interés donde he situado por orden alfabético las publicaciones en formato libro que están a la libre disposición de las personas interesadas, con la única salvedad de que no se conviertan en mercancía o se copien sin hacer referencia a su autoría, sobre todo porque no son inocentes, estando protegidas por la licencia Creative Commons 4.0. También lo he acercado más a las redes sociales, ya que se pueden incorporar automáticamente seguidores, así como conectar directamente el post leído con Facebook, Twitter, Google +, etc. Por último, el blog se puede visualizar indistintamente desde un ordenador de mesa, tableta o teléfono inteligente, sin perder calidad alguna.

He esperado una semana para hacer públicos estos cambios, hasta que he consolidado en términos de calidad sentida y percibida todas las publicaciones desde diciembre de 2005, dado que ya cumplirá el próximo mes nueve años de singladura y quería garantizar la consistencia de este nuevo formato en todos y cada uno de sus textos e imágenes.

WORDPRESS

Sigo editando con WordPress, como desde el principio, por convencimiento pleno de lo que se denomina conocimiento libre y transferencia social del mismo, utilizando WordPress una avanzada plataforma semántica de publicación personal orientada a la estética, los estándares web y la usabilidad, con tecnología básica de software de fuentes abiertas. Además, porque WordPress es libre y, al mismo tiempo, gratuito.

Cambia, todo cambia. Ya lo dije en 2007, cuando celebraba el tercer aniversario del comienzo de esta singladura digital y me reafirmo en aquellas palabras porque son la quintaesencia de este blog: “He vuelto a abrir el cuaderno de derrota [en lenguaje del mar], sabiendo que el rumbo o dirección me lleva siempre a alguna parte previamente analizada en cartas náuticas/neuronales desplegadas en la corteza cerebral. O no, porque la isla desconocida guarda en sí misma un secreto a voces: solo se la conoce cuando se sale al exterior de uno mismo: es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (José Saramago, El cuento de la isla desconocida)”.

Y he vuelto a salir al exterior, buscando nuevas ideas, nuevos sueños, nueva imagen, para conocer todavía mejor este cuaderno de inteligencia digital, que ya leen muchas personas, más de quinientas setenta mil a lo largo de nueve años.

Sevilla, 16/XI/2014

La doble cara del emperador Augusto

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Ayer leí una entrevista extraordinaria de Guillermo Altares a Adrián Goldsworthy, Lecciones de Augusto para un mundo en riesgo. Augusto, emperador del presente, con motivo de la publicación en España de su obra “Augusto. De revolucionario a emperador” (1), porque aborda cuestiones de actualidad política en nuestro país. Es verdad que una imagen vale más que mil palabras y en este caso es así. El busto de Augusto, encontrado en 1910 en Meroe (Sudán), refleja cara de preocupación pese a la juventud que intenta representar el autor del mismo. Los ojos tristes, sobre todo, así como la comisura arqueada de los labios, simbolizan muchas caras de hoy ante lo que está pasando en el ámbito político, donde la democracia sale mal parada siempre: “Cuando [la democracia] se rompe, aparece gente como él”, afirma Goldsworthy.

El emperador Augusto, personaje histórico controvertido ante todo, plantea numerosos interrogantes en su recorrido vital que pueden servirnos de lecciones en la democracia española actual y a nivel mundial: “Cayo Octavio (63 antes de Cristo-14 después de Cristo), bajo el nombre de César Augusto, es una figura ineludible para entender lo que fue Roma y, por tanto, lo que somos nosotros y, a la vez, absolutamente contemporánea, porque su biografía plantea cuestiones cruciales como el naufragio que puede sufrir una democracia cuando sus instituciones dejan de funcionar o la tragedia de tener que elegir entre el caos o la dictadura (libios, iraquíes y sirios tendrían mucho que decir sobre este tema)”.

De la entrevista publicada, he reflexionado sobre algunos extremos clarificadores. El primero cuando Goldworthy afirma que cuando el pueblo está desesperado, desencantado, se puede aceptar cualquier líder que proporcione paz y estabilidad. Es un aviso para caminantes actuales, porque a río revuelto ganancia de pescadores… o salvadores de la patria, entrando como caballo en cacharrería en lo que hasta ahora ha funcionado con más o menos efectividad. La figura de Augusto se movía en la dialéctica tiranía/buen gobierno, siendo un modelo muy peligroso, siendo del color que sea la citada tiranía o dictadura, en términos contemporáneos.

En segundo lugar, las leyendas urbanas engrandecen a personas probablemente pequeñas, porque el populismo es la gran tentación de algunos políticos cuando llegan al poder. No se puede agradar a todo el mundo, pero se pretende y al final surge el león dormido de los gobernantes, de múltiples formas, pero aparece. Las apariencias temporales engañan, como pudo ser en la anécdota recogida por el autor de esta monumental biografía: “cuando [Augusto] ordenó construir el foro, los propietarios de unos terrenos se negaron a vender y él no quiso ni expropiar, ni quitárselos por la fuerza, por eso el foro no es un rectángulo, sino que le falta una esquina. Prefirió que su gran proyecto arquitectónico fuese imperfecto a saltarse su propia ley”. El que quiera entender que entienda.

Además, la dialéctica sempiterna con la religión, cristiana por más señas. El empadronamiento ordenado por Augusto y recogido por el evangelista Lucas, dejaba entrever que el gobierno romano estaba organizado más allá de sus fronteras naturales, aunque no temblaron sus huestes ante la insurrección de un profeta revolucionario llamado Jesús de Nazareth, cuyo “reino” no era el de Augusto. Es importante también esta reflexión sobre el nerviosismo de los emperadores de hoy de nuevo cuño, con trajes nuevos, cuando surgen voces disidentes con visión nueva y a veces profética ante la corrupción desnuda.

En cuarto lugar, su cara misteriosa espléndidamente representada en el busto citado anteriormente, “encarna el misterio y el abismo del poder. Y por eso será siempre nuestro contemporáneo”, tal y como finaliza su entrevista Guillermo Altares. No se nos debe olvidar esta lección de historia, que no será nunca tal y como me la contaron en mi infancia, donde Augusto fue el emperador que quiso acabar de una vez por todas con alternativas a su poder corrupto ante el Senado, a través de un ciudadano de su imperio, no empadronado, llamado Jesús, rey de los judíos, un revolucionario que no quiso ser emperador, que contaba cosas muy interesantes, que formó un gran equipo y que quería atender sobre todo a los más desprotegidos, a los engañados por el poder. Y era una persona corriente, lo que suele poner muy nerviosos a los malos gobernantes: cuando se cansaba, dormía sobre el cabezal del barco, como nos lo contó hace ya muchos años un joven periodista de nombre Marcos.

Sevilla, 9/XI/2014

NOTA: La fotografía es un fragmento de la publicada en la entrevista citada en el post, recuperada de http://cultura.elpais.com/cultura/babelia.html.

(1) Goldsworthy, Adrian (2014). Augusto. De revolucionario a emperador. Madrid: La Esfera de los Libros.

Personas, no basura

INMIGRANTES
El grupo de inmigrantes (1), en el momento de su traslado en un camión del servicio de basuras. / BORJA SUAREZ (REUTERS)

Esta imagen de una playa de Maspalomas (Gran Canaria) vale más que mil palabras, porque resume muy bien el estado de la falta de ética que está arraigando en nuestro país. Es una mezcla de miedo, ignorancia, desprecio, sinsentido, hartazgo de los pobres, de los sin papeles, de los subsaharianos, de las pateras, de ese mundo que no queremos ver ni que nos lo recuerden a diario. Parece que ese fuera su sitio, el camión de la basura del primer mundo, aunque no lo hayan pretendido las autoridades competentes, pero leer la noticia (1) es cuando menos sobrecogedor.

España debería pararse un tiempo para reflexionar sobre lo que está pasando, fiel reflejo de lo que también sucede fuera del país, pero algo no va bien cuando no sabemos reaccionar ante estas situaciones, donde echamos la culpa al ébola. Pero esa no es la razón auténtica. Existe un miedo escénico a esta enfermedad, es verdad, pero ya sabemos que se puede vencer. Aún en el peor de los casos de que se hubiera comprobado que estas personas estaban en un proceso de ébola, no son las formas adecuadas tenerlos cinco horas al sol, rodeados de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sin atención directa, como apestados. Han sido una vez más los miembros de Cruz Roja y médicos de la Consejería de Sanidad de Canarias los que con su apreciación directa han descartado tal eventualidad y ya han podido ser evacuados…, sin dignidad alguna, en el camión de la basura de la playa, a pesar de sus advertencias.

Creo que es urgente tomar cartas en el asunto y los poderes políticos tienen una gran responsabilidad, sin que tengamos que esperar a las próximas elecciones. Se impone celebrar inmediatamente un pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados y en los diferentes Parlamentos Autonómicos, para sentarse y dialogar sobre los puntos de convergencia que sentimos todos como imprescindibles para negociar una salida digna a esta crisis, pasando inexcusablemente por abordar urgentemente medidas extraordinarias contra la corrupción, paro y blindaje de derechos fundamentales, con prioridades que se reflejen en textos legales sobre salud, educación y servicios sociales. Aquí es donde echo de menos el liderazgo de las fuerzas políticas que tradicionalmente lo han podido hacer por sus idearios, como son partido socialista e izquierda unida. Podemos ha venido a remover los cimientos de esta situación de desencanto consustancial con nuestras vidas, que se ha hecho insostenible, pero no podemos ni debemos esperar a las próximas elecciones.

He escrito en diversas ocasiones en este cuaderno de inteligencia digital sobre la realidad de la inmigración, del sinsentido de las vidas de estas personas del camión: “¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.

Es probable que con una regeneración ética iniciada con carácter urgente y extraordinario, a través de una segunda transición, a nadie se le ocurra ya este tipo de traslados, que simbolizan el estado ético en quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones que lleven a alguna parte, sobre todo digna. No queda otro camino. Estas personas del camión, entre otras muchas, se lo merecen.

Sevilla, 6/XI/2014

(1) Santana, Txema (2014, 6 de noviembre). 23 inmigrantes, cinco horas aislados en una playa por sospechas de ébola. El País.com