Procida, una isla desconocida

PROCIDA

Sé que Procida sí se conoce en el mundo del turismo insular de mercado, pero para mí es completamente desconocida, como las islas a las que canta Saramago en un cuento preferido por mi persona de secreto. Por ello se convierte en algo deseado y deseante, tal y como lo aprendí, un día ya muy lejano, de Juan Ramón Jiménez. Hay un motivo que la hace todavía más entrañable y claro objeto de deseo: allí se rodó una excelente película, El cartero (de Pablo Neruda), en una playa especial de esta preciosa isla, Pozzo Vecchio, llamada también Playa del cartero, donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que Mario (Massimo Troisi) y la bella Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta un efecto halo especial.

Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices ante las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película preciosa, que me impactó mucho, en una adaptación muy amable de su novela Ardiente paciencia. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora.

He leído una crónica de sueños anunciados en relación con esta isla, realizada por Luisa Castro, poeta y directora del Instituto Cervantes de Nápoles. Relata de forma breve, pero dos veces buena, su experiencia personal en esa isla desconocida para muchos. Quizá tenga más sentido que nunca la metáfora que nos narra Saramago en su cuento íntimo de la isla desconocida y que Mario, el cartero de Neruda, hubiera entendido siempre a la perfección: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Es verdad: cuando me desperté hoy, Procida estaba todavía allí.

Sevilla, 31/I/2016

Nota: la imagen se ha recuperado hoy de https://500px.com/photo/57992544/procida-by-francesco-riccardo-iacomino

El cerebro prefiere siempre la izquierda

Escribo estas líneas en momentos difíciles en este país, cuando es necesario reivindicar el papel que debe jugar la izquierda auténtica, aquella que siempre permitió comprender que es mejor caminar juntos que solos, como pueblo unido, como frente popular, porque si alguien cae ante la adversidad siempre tendrá cerca una persona que la levante. En todos los planos de la vida que podamos imaginar, sin excepción alguna. Los señores de negro (con barras rojas y blancas y estrellas blancas) o los de azul (solo con estrellas doradas) que pertenecen a la Unión Europea, ya avisan sin piedad: “Las dificultades para formar Gobierno podrían provocar una pérdida de confianza”. Y estas palabras nunca son inocentes.

Al buen entendedor pocas palabras bastan. Hoy es complicado hablar de la izquierda. Algunas personas tienen una actitud vergonzante para reconocerse como de izquierda ante la presión mediática de algunos líderes políticos, tertulianos de dos al cuarto y prensa más que amarilla que arremeten contra los que utilizan este término para situarse en un determinado espectro político. Los que quizá nos hemos equivocado de siglo, asistimos con cierta estupefacción a este demolición, acoso y derribo de todo aquello que suena a izquierda, porque es un lenguaje de la casta, que dicen algunos. Verdaderamente lamentable. Es de bien nacido ser agradecido y creo que quienes pasamos el examen histórico de ser de izquierdas, tenemos la suerte de pertenecer a un club digno, consecuente, coherente y comprometido con la conciencia de clase, no con el sentimiento de la misma. La conciencia fluye y permanece. El sentimiento siempre es fugaz. Por ello, debemos agradecer a la vida que nos haya dado tanto a la izquierda, incluso hermosas canciones (Violeta Parra dixit y Quilapayún cantavit).

También es justo reconocer que el cerebro juega una buena pasada con esto de ser de izquierdas, porque puestos a elegir le gusta más este lado de la vida. ¿Por qué? Existen razones de la neurociencia que el corazón también acaba reconociéndolas con el hemisferio derecho. Pero lo primero es lo primero. Por ejemplo, el lado izquierdo cerebral es el que nos permite hablar y preparar los conceptos para expresarnos adecuadamente, porque allí se alojan determinadas estructuras cerebrales que nos pre-disponen para ello. El habla es la principal característica de los seres humanos y cuando el hemisferio izquierdo enferma el ser humano sufre mucho, porque enferma el lado izquierdo de la vida. Ya lo he demostrado en varias publicaciones de este blog. Recuerdo especialmente una de 2007, cuando abordé la correlación entre inteligencia y pobreza, a raíz de una noticia publicada en la prestigiosa revista científica The Lancet y que podría ser una noticia de rabiosa actualidad hoy: “Más de 200 millones de niños menores de cinco años no consiguen alcanzar el pleno desarrollo de su potencial cognitivo a causa de la pobreza, la mala salud, la desnutrición y el cuidado deficiente”. La importancia de la inteligencia individual tiene ya su punto de partida en el hecho de la gestación del ser humano y en sus ciclos antecedentes de la unión de una pareja, por la aportación futura a la configuración de la inteligencia individual y conectiva. Y hay un dato irrefutable: cada año nacen en torno a 136 millones de niñas y niños, con unas capacidades determinadas por el carné genético de cada uno y por su entorno”.

Este bucle perverso, generado por la pobreza extrema que está más cerca de nuestras vidas de lo que a veces creemos, se forja en la visión integrada de la correlación existente entre inteligencia, gestación y nacimiento, como kilómetro cero de la proyección humana de la inteligencia individual. Y también por el extraordinario poder de la palabra, alojado en el hemisferio izquierdo del cerebro si se respetan las reglas del juego democrático de garantizar la educación, la salud y laos servicios sociales durante la vida de cada persona. Esta perspectiva de peligro de los desajustes sociales que tanto quiere proteger la izquierda, está mucho más cerca de la realidad social desarrollada de lo que muchas veces se piensa e investiga. Y llena de frustración saber que las posibilidades de cada inteligencia en particular se forjan en esta fase de los preliminares de la vida. Más tarde, comienza el camino errático de la pobreza global: física, psíquica y social.

El hecho de que las personas hablen, de que el pueblo hable, gracias a la izquierda cerebral, nos permite conocer hoy que las interacciones de los genes y el medio en el que se desenvuelven durante la gestación, nacimiento y crecimiento del ser humano, están aún por descifrar pero se sabe a ciencia cierta que constituyen una garantía de futuro cerebral escrita en el carné genético de cada uno para que pueda ser feliz si lo garantiza una ideología de forma equitativa y solidaria, porque las ideologías no son inocentes.

Quiero hacer una declaración de principios sobre la lateralidad de la izquierda cerebral, como aviso para navegantes malintencionados: el hecho de que el hemisferio izquierdo esté más desarrollado en los hombres, que es una evidencia científica, no significa que sean por sí mismos más inteligentes. ¿Por qué? Sencillamente porque el hemisferio izquierdo siempre es el dominante tanto en la mujer como en el hombre, porque es el responsable de la capacidad lingüística, de la categorización y de la simbolización: es el que otorga todas las posibilidades de agregar valor a la palabra. Y también es el responsable del control de las extremidades usadas en los movimientos habilidosos, con sentido: la mano, el brazo, la pierna. Dar la mano, adquiere así un valor incalculable. Y los grandes descubrimientos que quedan por hacer vienen de un hemisferio también compartido, el derecho, llamado también hemisferio menor, no dominante. Por eso nunca entendí aquella frase de mi infancia madrileña, en el discreto encanto de la burguesía: “los hombres no lloran”. Era imposible entenderlo porque la maduración cognitiva de mi cerebro, a los seis años, estaba muy distante de tener preparado mi “cableado” cerebral para comprender esta forma de ser en el mundo, debido siempre a una forma de entender la cultura. Pero igual mi hermana, que aunque lloraba desconsoladamente y con alguna frecuencia, tampoco lo estaba. Aunque sí estaba permitido para ella y se justificaba con displicencia a quienes nos preocupaba el sentimiento de la vida. Torpeza para muchos, en aquella época, cuando crecíamos en unas condiciones muchas veces lamentable.

Si la ciencia es capaz ya de anunciar a los cuatro vientos estas posibilidades, la injusticia social denunciada en el artículo de The Lancet anteriormente citado evidencia la gran fractura humana que sufrimos. Por cierto más cerca de nosotros de lo que creemos. Quizá en el piso de arriba de nuestras casas, en el teórico primer mundo, donde la inteligencia de las niñas y niños que conocemos pueden estar viviendo un auténtico infierno en su desarrollo cognitivo, afectivo y social. Eso sí, con una pobreza diferente que parece ser que solo interesa defender a los que no les importa seguir reconociéndose como miembros de la izquierda comprometida con compartir el sentido de vivir todos, no solo algunos, dignamente. Con conciencia de clase, naturalmente, porque todos no somos ni son iguales. Afortunadamente.

Sevilla, 25/I/2016

La política elige al que la ama

El hombre es un animal político, en palabras de Aristóteles. Si esto es así, que lo es, representa la vida en todas y cada una de sus manifestaciones. Si esto es así, que también lo es, podemos deducir que la vida elige al que la ama. Esta frase tan maravillosa es la que pronunció de forma callada la Mamma ante una pregunta que le hace su hijo Antonio (Marcello Mastroianni), el protagonista de Maccheroni junto a Robert (Jack Lemmon), sobre el futuro de su amigo, en una película excelente de Ettore Scola, director recientemente fallecido que se comprometió precisamente con la vida neorrealista, no solo italiana, tal y como es y sin aderezo alguno.

Así lo cuenta el director español Fernando León de Aranoa, en un artículo publicado en el diario El País del pasado 22 de enero: “Su hijo [Antonio], con una manguera en la mano que mueve arriba y abajo empapándolo todo, y conjurando así de paso cualquier atisbo de solemnidad, traduce: “La muerte en sí no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre ha hecho en vida? ¿Borra sus méritos, su legado? No. Así que… Muerte, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Vida. Pero la Vida dura una vida, amiga mía. Y tú, Muerte, solo duras un instante, el instante en el que llegas”.

He pensado por un momento que la política también elige al que la ama, cuando la decencia es ideología estructural de la persona en su vertiente aristotélica en estado puro. En estos días, los líderes políticos de este país, que tienen la responsabilidad (conocimiento de la situación más libertad de decidir) de formar gobierno, deberían pensar que la política solo elige al que la ama y no se aprovecha de ella. Eso es lo que esperamos cariacontecidos las personas de buena fe política que hemos crecido con conciencia de clase más que con sentimiento de ella. La conciencia permanece, pero el sentimiento suele morir porque es pasajero.

Antonio lo tenía claro: si la vida elige al que la ama, la muerte no existe, es decir, si la política elige al que la ama, el fracaso político en sí mismo no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre político puede hacer en vida, durante una legislatura? ¿Borra sus méritos, su legado, su trabajo bien hecho, que siempre merece la atención de los otros, como nos recordaba admirablemente Luis Cernuda cuando se dirigía con estas palabras a sus paisanos sevillanos? No. Así que… Fracaso político, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Política o Vida de conciencia de clase. Pero la auténtica Política dura una Vida, amiga mía. Y tú, Muerte/Fracaso Político, solo duras un instante, el instante en el que llegas.

Es curioso, pero ha sido la muerte paradójica de Ettore Scola la que me ha entregado estas palabras para seguir comprendiendo que quien ama la vida comprende por qué un día nacimos y fuimos lanzados al mundo, probablemente solos, para ser personas con vida política, la que nos enseñó Aristóteles, para amarla apasionadamente. Y exigirla en ocasiones especiales, como las que estamos viviendo en nuestro país, a quienes tienen la responsabilidad de ejercerla dignamente. Porque la política solo elige a quien la ama como la propia vida.

Sevilla, 24/I/2016

¡Busquen a un niño en el Congreso!

El niño de Bescansa ha ocasionado una marea de comentarios a favor y en contra de un gesto que me ha recordado algo que aprendí hace ya muchos años de unas palabras de Nicholas Negroponte, en un libro de consultoría en estrategia digital (1) que me ha acompañado durante años de vida profesional, porque necesitamos a los niños para solucionar problemas complejos de la vida: “Mi consejo para cualquier directivo no-digital (es decir, la mayoría de los directivos actuales) es que no deben tener en cuenta a su departamento de informática y lo que deben hacer es “contratar a un niño”. Lo decía en 1998 en referencia a que el mundo tecnológico lo iban a dirigir en un futuro no lejano los niños porque influyen en el mercado, marcan tendencias y en última instancia “tenemos que aprender de ellos”.

No voy a echar leña al fuego sobre la presencia de este niño en el hemiciclo, porque creo que ha sido un gesto mediático muy calculado, no inocente, para llamar la atención sobre una realidad social clamorosa que sufren mayoritariamente las mujeres cuando como madres tienen que compatibilizar trabajo y cuidado materno. Quizá sea un símbolo de la necesidad de estas presencias. Verán por qué.

La cita del libro citado anteriormente, que me regalaron en una magnífica conferencia de Punset, lo he asociado siempre a la genialidad de Groucho Marx, en aquella frase gloriosa en Sopa de ganso en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendría que gritar hoy la gente, los de abajo, en el Congreso de los Diputados que están obligatoriamente obligados a entenderse, cuando les parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados en la actualidad. Porque la situación política de este país les debería llevar a comprender que el resultado de las urnas es un mandato explícito para que se busquen acuerdos de gobierno y legislatura que… hasta un niño de cuatro años es capaz de entenderlo.

Sevilla, 19/I/2016

(1) Downes, Larry y Mui, Chunka (1999). Aplicaciones asesinas. Estrategias digitales para dominar el mercado. Harvard Business School Press: Boston (Massachusetts). El título, que se antoja como imposible, ha intentado respetar el del original en inglés, aunque hubiera sido más correcto el de Desarrollos devastadores. Recomiendo consultar el constructo “aplicación asesina” (killer app) en el mundo digital, para comprender bien su significado exacto.

La Segunda Transición (bis)

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Mercedes Sosa, Todo cambia (letra de Julio Numhauser)

Al igual que cuando se repite el estribillo de esta canción preciosa de Mercedes Sosa, vuelvo a reproducir como bis el artículo que escribí en 2014 sobre La segunda transición. Hoy se ha citado de nuevo por parte de líderes políticos de actualidad y he creído conveniente rescatarlo  porque salvando lo que haya que salvar en el contexto actual, mantiene su actualidad. Juzgue usted mismo qué le parece hoy. Para mí, que pertenezco a una generación en transición permanente, resulta imprescindible abordarla con urgencia en los primeros días de la Legislatura actual.

LA SEGUNDA TRANSICIÓN

La generación en la que algunos de sus miembros pusieron en su momento sus sucias manos sobre Mozart (1), está viviendo momentos muy difíciles en este país. Crecieron en las mieles de la primera transición, donde sus padres pusieron mucho empeño en cambiar las cosas para que cambiaran de verdad y pudiéramos vivir en democracia. Algunos ya se lavaron las manos y decidieron comprometerse en la búsqueda de futuro marcado por el bienestar común, propiciado por la aprobación de la Constitución en 1978 y por las llamadas políticas de izquierdas a partir de 1982, con la entrada triunfal del Partido socialista en el Gobierno. Otros, siguieron tocando pianos irreales y así va la cosa.

El problema se centra ahora en los hijos de aquellos músicos de la buena vida, porque junto a los que se comprometieron de verdad en mantener viva la democracia auténtica, han confluido en una situación exasperante por el primer problema que acusa hoy este país: el desencanto democrático llamado entre otras acepciones “paro” y, sobre todo, el paro juvenil. La generación mejor formada, en una frase hecha que nos escuece a todos, no tiene quien les llame y les escriba un contrato de trabajo. Y se van del país, porque en los pianos de sus padres ya no se pueden tocar composiciones para distraerles en el “dolce far niente” de muchos de sus progenitores. No digamos nada de la gran mayoría de padres y madres comprometidos sin límite que ven frustrados los sueños propios y los de sus hijos. Es decir, la eterna dialéctica cernudiana de realidad y deseo.

Soy consciente de que no existe el bálsamo de Fierabrás cervantino, autor tan de moda desde hace unos días por imperativo real (no es un hombre más que otros si no hace más que otros…), para solucionar de una vez este problema larvado durante tantos años, pero estoy convencido de que ante la situación actual solo es viable plantear una segunda transición para vislumbrar nuevos caminos políticos que encaucen la situación insostenible que estamos viviendo.

Como el compromiso intelectual también existe, voy a proponer seis reflexiones acerca de lo que llamo la segunda transición, a modo de urdimbre de un tejido crítico que podemos tejer entre todos, sobre todo creando un estado de teoría crítica frente a la opinión generalizada de que ya no se puede hacer casi nada, porque la política no sirve para nada ya que los políticos son todos iguales, sin excepción.

1ª. Ante las próximas elecciones, los partidos tienen que hacer una reflexión profunda de cómo están, políticamente hablando, es decir, hechos trizas, en lenguaje muy cercano. Y ¿cómo se combate esta situación? Barriendo de una vez por todas, todos los rincones de suciedad que hay en los mismos, no permitiendo una sola muestra de corrupción de cualquier tipo, ni siquiera corruptelas. Estamos todos ante la cuenta atrás de las elecciones municipales, como primer test para mostrar cambios radicales. Ya no valen paños calientes sino toma de decisiones también radicales, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. No debemos esperar todos a que los jueces digan la primera y última palabra sobre esta cuestión, porque se debería declarar con ejemplaridad manifiesta dónde está cada uno en su estado de corrupción interna. Así de claro, con transparencia plena, sin recovecos. Deberíamos tomar el relevo de la judicialización de todo, para tomar la primera palabra: honestidad por encima de todo.

2ª. Regenerar los principios éticos de la política en cada partido, porque es legítimo que pensemos y actuemos de forma diferente. Lo difícil es el arte de la política de hacer viable el diálogo entre todos a pesar de defender idearios y postulados diferentes, con una actitud constructiva, pero no con ladrillos sino con valores que respeten el bienestar social con tres pilares de atención prioritaria sobre las demás: educación, salud y atención social a quien menos tiene de todo, incluida la salud. Y eso se traduce en programas que no sean un canto al sol y en no comprometer aquello que desde que se escriben los compromisos electorales en el papel en blanco se sabe que es inviable hacerlo. Valen más las palabras de respeto al bienestar social que las políticas expansivas de construcciones que mejoran situaciones de unos cuantos en perjuicio de todos. Véase la situación de autopistas y aeropuertos cerrados en la actualidad, que han distraído tanto dinero público. Es decir, basar estos programas en el interés general, no en el del partido, porque cuando se cuida al máximo el interés público, los partidos ganan en confianza ciudadana.

3ª. Priorizar las políticas de empleo para regenerar situaciones insostenibles en el país, con atención especial a los jóvenes y a aquellos que por razón de edad forman parte del pelotón de parados hasta que la muerte los separe o de la jubilación mental y real, indeseada, porque falla todo tipo de sustento, tanto económico como social. Las cifras de paro son asfixiantes se las mire por donde se las mire. Aquí hay un frente a acometer sin dilación alguna y estoy convencido que todas las políticas de empleo no son iguales, mirando hacia adelante y no vivir permanentemente en un “y tú más” o “esto es consecuencia de la política del partido que estaba en el Gobierno anterior”. Ahora más que nunca hay que elegir y exigir.

4ª. Hay que cambiar la Constitución para reforzar, sobre todo, los derechos fundamentales actuales, dando una vuelta de tuerca al reconocimiento de los mismos con acciones programáticas, constitucionales, que avalen las políticas a ejecutar. Me refiero concretamente a los marcos presupuestarios macroeconómicos que deben declarar de forma contundente las prioridades de Estado: educación, salud y atención social a los más desprotegidos de derechos fundamentales y a poner a cada poder en su sitio. Creo en el federalismo estatal, que abriría muchas posibilidades para asumir realidades tan complejas como la de Cataluña y País Vasco. Por tanto, se debería abrir un debate al respecto que culminara en el Congreso de los Diputados.

5ª. De una vez por todas, hay que declarar la laicidad del Estado. España arrastra todavía muchos tics religiosos que aunque sean respetados, deben salir del marco constitucional. Ahorraría muchos quebraderos de cabeza a todos, tanto en el terreno educativo como en el de las problemáticas de trasfondo religioso como puede ser el aborto o los privilegios recogidos en los acuerdos actuales con la Santa Sede.

6ª. Hace falta también una regeneración ética ciudadana, básicamente en el respeto a la participación política desde el rol de ciudadanos. Votando, en primer lugar, porque desde la política es desde donde se pueden hacer cambios, dado que todos los idearios de partidos, convertidos en programas, no son iguales. Desde el sillón de casa, opinando solo sobre lo mal que está el país, no se soluciona nada. En segundo lugar, ejerciendo una autocrítica sobre ese rol de ciudadano con el pago de impuestos, por ejemplo. Hay que erradicar la economía sumergida institucionalizada (no la de subsistencia elemental) y el fraude del IVA, porque necesitamos facturarlo y pagarlo. Ya está bien de creernos los más listos del lugar porque somos los más pícaros ante Hacienda, escaqueándonos del pago que nos corresponde con una facilidad asombrosa. En tercer lugar, asumiendo el rol de ciudadanos con una formación permanente al respecto, pero insertándola en el currículum educativo de los niños y adolescentes., porque es imprescindible. Educar en ciudadanía no es adoctrinar. Hay que respetar a los demás en las cosas más sencillas: los vecinos, el tráfico diario, en las compras (con IVA), en los ascensores, en la calle, en la eliminación de ruidos, en las bolsas de basura clasificada, en el transporte público, en la utilización de las urgencias y los servicios de salud en general, en el respeto a los profesionales públicos que cuidan del interés general.

Las reflexiones expuestas anteriormente no son recetas para cocinar comida rápida. Son acciones no inocentes que se deberían acometer y que yo contribuiré con mi vida de secreto y con la todos a hacerlo viable, desde el rol que me corresponda en cada momento, celular por supuesto, pero saliendo del letargo del “no se puede hacer nada”, porque estoy convencido de que otro mundo, en España, es posible. No con silencios cómplices, a los que estamos tan acostumbrados, sino trabajando de forma activa en el Club de las Personas Dignas, al que tengo el honor de pertenecer.

Sevilla, 2/VII/2014

(1) Vicent, Manuel (1980, 22 de marzo). No pongas tus sucias manos sobre Mozart. Triunfo, p. 28

Un barco llamado WordPress

En un cuento precioso de Saramago, El cuento de la isla desconocida (1), hay un diálogo crucial entre un rey y un hombre que le pide sorprendentemente un barco, que nos permite comprender el mensaje de la búsqueda de islas desconocidas en Internet, es decir, en la Noosfera: ”Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás. Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar. Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia del palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas”.

He cumplido recientemente diez años navegando en este barco virtual llamado WordPress y es maravilloso constatar que gracias a él somos multitud las personas que buscamos islas desconocidas en la Noosfera y, además, las encontramos: “En la actualidad más de 400 millones de personas ven alrededor de 20.000 millones de páginas diseñadas con WordPress al mes y entre sus clientes están algunos de los principales medios de comunicación del mundo como la CNN o la NBC. Existen páginas creadas en prácticamente todas las lenguas del planeta, aunque los dos idiomas principales son el inglés (en un arrollador 71%) y el español (que casi alcanza el 5%)” (2).

He tenido claro desde el principio que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas. Y esta isla me fascinó, por sus inmensas posibilidades por descubrir. Y me hice a la mar y desembarqué en ella. Cada día que pasa abro con la ilusión del primer día la página de estadística de accesos. Y he descubierto que tengo deuda ética con las personas que han hecho más de setecientas cincuenta mil visitas a este blog a lo largo de diez años de singladura, que posiblemente están todavía en las puertas de los regalos o en las de las peticiones, que nos contaba Saramago en su precioso relato, pero que posiblemente un día han pensado en una actitud muy inteligente, con inteligencia digital, que merecía la pena traspasar el umbral de la puerta de las decisiones para embarcar en esta nueva forma de hacerse al mar de la libertad. Porque el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Porque la mujer de la limpieza, gran protagonista de este hermoso cuento, quiere ser libre aún en lo desconocido, baldeando barcos de libertad.

Matt Mullenweg, fundador en 2003 de WordPress junto a Mike Little, tuvo claro desde el principio que tener pasión por algo y utilizar código abierto para expresarlo es la fórmula perfecta para cumplir con unas palabras estremecedoras de Mahatma Gandhi: sé el cambio que quieres ver en el mundo. Él, se puso manos a la obra, acopió avíos en tierra y se hizo a la mar de Internet con un sueño muy claro: a través de WordPress podemos llegar a ser el cambio que queremos ver en la web. Gracias a él, lo tuve también claro desde el principio de esta singladura.

Sevilla, 10/I/2016

(1) Saramago, Jose (1998). El cuento de la isla desconocida. Madrid: Alfaguara.

(2) Marcos, Zuberoa (2016, 7 de enero). Gracias a él se publica la cuarta parte de las webs del mundo: Matt Mullenweg, fundador de WordPress; http://one.elpais.com/

El Congreso necesita un abrazo especial

EL ABRAZO

Juan Genovés, El abrazo

Ayer llegó a un edificio del Congreso de los Diputados, para quedarse, un cuadro de Genovés, El abrazo, símbolo de la Transición. Ha sido un largo proceso burocrático que ha merecido la pena por lo que representa también para este momento político especialmente complejo que se vive en España y, concretamente en el Congreso estos días, en plena vorágine de reuniones para alcanzar acuerdos de gobernanza que a priori siempre parecen imposibles.

Merecería la pena que quienes ostentan la representación política de todos los españoles observaran con detenimiento el cuadro y pensaran, aunque fuera solo por un momento, que este símbolo de los abrazos no se debe olvidar porque fue una lección democrática reflejada fantásticamente por Genovés durante la Transición en un país que ahora los necesita más que nunca.

El Eclesiastés decía que en la vida hay tiempo de todo, hasta de abrazarse y separarse, pero que todo es vanidad de vanidades, solo vanidad, sobre todo si no se respeta el interés general en política. También, que hay tiempo de dialogar hasta la saciedad, para ser respetuosos con la voluntad popular expresada en los votos del pasado 20 de diciembre de 2015.

Es lo que esperaba Genovés cuando pintó el cuadro, no inocente por cierto, haciendo camino al andar y no disimulando nunca que la izquierda sabía mejor que nadie de abrazos y comprensión sin límites al tener que ponerse a hablar las dos Españas de Machado durante la Transición, porque todos no somos iguales en conducta social e igualitaria desde las ideologías, aunque sí ante la Ley. Es lo que deberían recordar ahora las señoras diputadas y los señores diputados a la hora de hablar del nuevo Gobierno y del interés general en la cuenta atrás hasta el día 13: olvidar momentáneamente lo que nos separa es comprender lo que buscamos entre todos y a veces se comprende tanto que ya no hay casi nada que olvidar y mucho por hacer en lo que nos une. Incluso con un abrazo especial al que piensa de forma diferente, mirando de frente a las diferentes caras de la urna de cristal que se llama ahora Congreso de los Diputados.

Sevilla, 8/I/2016

Si nos dijeran la verdad, mentirían…

LA VERDADUly Martín

Estamos asistiendo a un espectáculo político de consecuencias imprevisibles en el corto plazo legal para la investidura del nuevo Presidente y de la constitución del Gobierno correspondiente en nuestro país, aderezado por la crónica de la situación catalana anunciada, como entorno nada amable para ver el final del túnel en el que hemos entrado tras las elecciones generales y, obviamente, las de Cataluña.

Cuando pasado mañana llegue la normalidad de la vida diaria, después del paréntesis de la navidad real del villancico con el que finalizaba Plácido (la película canónica para estas fechas) y que cantábamos en mi infancia madrileña aunque yo no fuera consciente de lo que estaba haciendo y diciendo: “en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”, descubriremos que los Reyes nos han dejado cuatro momentos históricos en el tiempo transcurrido desde el 20 de diciembre de 2015. Por un lado, la soledad del Presidente en funciones, ganada a pulso. Por otro, la debacle socialista por el acoso y derribo del candidato que hace solo tres semanas le acompañaban en olor de multitud en su propio partido. En tercer lugar, la caída casi definitiva de Artur Mas i Gavarró gracias a la CUP, en la que tanto confió para sorpresa de todos, cuando sabíamos que eran agua y aceite en la caldera política y que sitúa a Cataluña en el camino de unas nuevas elecciones. Por último, los regates en corto de los dos partidos emergentes con el correctivo de la realidad numérica de las urnas que traducen la voluntad popular limitando sus posibilidades.

El resultado de las urnas, democrático por supuesto, ha dado por finalizado el bipartidismo, pero ha abierto un panorama de fragmentación política que tiene que inaugurar una nueva etapa en España de diálogo y consenso, a marchas forzadas y con inexperiencia real en un país de contrarios y dual por antonomasia. Tenemos que aprender que la virtud está en el término medio y que los escaños son algo más que un número redondo, es decir, la probable suma de muchos “con tu quiero y mi puedo” anónimos y manifiestos simbolizados en líderes políticos que practican la verdad verdadera. Todo muy obvio, pero un reto por nuestra especial idiosincrasia histórica y actual.

El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión con retranca gallega de fondo que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era.

Sevilla, 5/I/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado el 5 de enero de 2016, de http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/30/actualidad/1359573194_226490.html

Para no ser enemigos de la vida en 2016

Al comenzar el año he vuelto a escuchar una canción que une a miles de jóvenes actualmente en un himno a la desaparición de fronteras y de los enemigos de la vida de todos y la de secreto. Es posible que muchas personas no se hayan parado a conocer la letra de la canción que cantan y tocan un andaluz y un colombiano que saben de lo que están hablando. Creo que es una buena forma de pensar que otro mundo es posible cuando se pertenece al Club de las Personas Dignas y no al de los Tristes o Tibios.

Bajo la sombra gris de otra montaña
Bebiendo sin permiso de otro rio
Alimentando al monstruo de la rabia.
Tu enemigo

Quien viene a tu país a profanarte
Quien pisa la ciudad sin tu permiso
Quien sacará tus cosas de la calle
Tu enemigo

Si estos idiotas supieran
Que yo soy el hombre más rico del mundo así
Viviendo de tus abrazos
Olvidaron que el hombre no es más que un hombre
Que tus manos son mi bandera y
Que tengo de frontera una canción

No me preguntes para qué he venido
Pregúntate mejor cómo has llegado
Puede que seas el hijo de algún hijo de un esclavo

Ven y háblale de frente a tu enemigo
(ven y háblale de frente a tu enemigo)
Culpable del amor, trabajo y tierra
(culpable del amor, trabajo y tierra)
Culpable de vivir en el camino por tu guerra

Si estos idiotas supieran
Que yo soy el hombre más rico del mundo así
Viviendo de tus abrazos
Olvidaron que el hombre no es más que un hombre
Que tus manos son mi bandera y
Que tengo de frontera una canción

Si estos idiotas supieran
Que yo soy el hombre más rico del mundo así
Viviendo de tus abrazos
Olvidaron que el hombre no es más que un hombre
Que tus manos son mi bandera y
Que tengo de frontera una canción

El año 2016 puede ser el de las pequeñas cosas amigas cuando se acercan los reyes magos particulares que llevan mercancías de oro, incienso y mirra para satisfacer el consumo de estos días. Es difícil sustraerse de la mercadotecnia que invade por tierra, mar y aire este país que lucha por ilusionarse estos días, quizá todos los días, con pequeñas cosas mundanas, amigas, sin llegar a la metáfora de Groucho Marx, hace ya bastantes años, cuando vivió también la crisis del 29: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”, ya que las grandes que cuidan paradójicamente del espíritu no son posibles para la gran mayoría, porque hay que buscarlas fuera del gran mercado del mundo. Quizá, ni les interesan a los que más tienen.

Por esta razón, me quedo escuchando esta canción intentando comprender el mensaje explícito de Pablo y Juanes, que son líderes de muchos jóvenes que aman y luchan todos los días por un mundo diferente frente a los enemigos de la vida. Porque quiero aprender de ellos en este año que comienza.

Sevilla, 1/I/2016