Nada es inocente en Palmira

Ayer se celebró un concierto histórico en Palmira (Siria), ciudad que hasta hace solo dos meses estaba bajo el poder del Estado Islámico. Con independencia de las múltiples lecturas políticas de este acto, quiero destacar el simbolismo de la presencia de la música para aunar voluntades de paz a través del amor y el sufrimiento. También, porque la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor, gran principio de la música barroca, en un concierto de la orquesta sinfónica de Maríinsky, en el que han elegido una obra especial, la Chacona, de la Partita 2 de Bach, tocada por el violinista Pável Miliukov, un lamento maravilloso que dedicó a su primera esposa Maria Bárbara Bach, que había muerto en 1720, al no haber podido estar cerca de ella en su muerte. El programa se ha completado con la interpretación de La Cuadrilla (Rodion Shchedrín), a cargo del violonchelista Serguéi Rolduguin y, finalmente, la Sinfonía Clásica de Prokofiev, todo bajo la batuta de Valeri Guérguiev, director del Teatro Maríinsky y de la Filarmónica de San Petersburgo.

Nada es inocente en Palmira, porque las ideologías nunca lo son. A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hizo en los años setenta del siglo pasado sobre la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1).

He localizado un vídeo completo del concierto, bajo el título de Una oración por Palmira. La música devuelve la vida a sus viejos muros, que lo pongo a disposición de quien quiera hacer la mejor lectura posible de este acto, en la que debe presidir siempre la voluntad humana de construir la paz mundial, tan necesaria ahora en ciudades de Siria, como Alepo, donde el dolor está presente en estos momentos, pero que al escuchar a Bach podemos comprender y sentir con más fuerza que nunca que la música es también medicina para el dolor.

Sevilla, 6/V/2016

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s.

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