¡Pasen y vean!

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Me gustaría escribir todos los días sobre el hilo conductor de este blog, la inteligencia digital. Pero están sucediendo acontecimientos en este país desde hace diez meses, de una importancia transcendental, que me llevan a reflexionar casi a diario sobre lo que nos ocupa políticamente en su sentido más profundo y como ciudadano pre-ocupado [sic] por la realidad social que se dirige desde el Gobierno correspondiente. He escrito en muchas ocasiones en este blog sobre las políticas públicas y sobre cómo se tendría que llevar a cabo la Política Digital, por ejemplo y entre otras de marcado interés general. Pero lo que está sucediendo en estos meses me sobrecoge porque la ética política que respalda la ideología, que nunca es inocente, es imprescindible en cualquier acción de Gobierno y ahora brilla por su ausencia con todo lo que ha ocurrido y que no debe pasar de forma desapercibida. Esta es mi razón principal para escribir ahora sobre “la cosa política” (res política), que es pública por cierto y que nos afecta a todos en el aquí y ahora de cada uno.

Estos días de investidura estoy recordando mi infancia en Madrid, cuando asistía los jueves por la tarde al circo estable Price para ver los espectáculos semanales que dirigían la familia Carcellé. Lo que está sucediendo estos días en el Congreso de los Diputados, dicho con todos los respetos, se asemeja ahora al mayor espectáculo del mundo, porque los números que estamos contemplando sabemos que solo son una representación bajo la sombra de una investidura anunciada, donde los discursos, réplicas, contrarréplicas, votaciones, mayorías absolutas y relativas están perfectamente recogidos en el guion político que todos conocemos de antemano. Es igual que lo que recuerda mi memoria de hipocampo de aquél circo de la niñez rediviva, donde comenzaba el espectáculo con la frase clásica del director de pista, ¡pasen y vean!, en el que los artistas de cada sesión, uno tras otro, desfilaban con trajes de lentejuelas y colores muy vivos, coronados por los payasos de mi época, Emy, Goty y Cañamón, entre aplausos enfervorizados. Sobre todo, cuando actuaban después los trapecistas con el triple salto mortal sin red. Tengo que decir al respecto, que cualquier parecido de este ejemplo con la realidad de hoy, no es ya pura coincidencia…

Efectivamente, en el Congreso y a la voz de ¡pasen y vean!, asistimos estos días a un espectáculo que aporta muy poco por manoseado y mal tratado en sede democrática. Primero, porque por enésima vez escuchamos discursos tras discursos del candidato y de los líderes y portavoces de los diferentes partidos que ocupan escaño en el Congreso, que al final siempre han dicho lo mismo en estos diez meses, para acabar ayer en una primera votación que ya se sabía que iba a ser igual que la anterior, es decir, vence el no matemático y vergonzante para algunos, de cuyo nombre no quiero expresamente acordarme. Aunque dentro de 48 horas esos “algunos” diputados cambien el sentido del voto en aras de la gobernabilidad de España. Sin comentarios. Segundo, porque se volverá a votar mañana sábado, eso sí con puntualidad suiza, para que se produzca un hecho, lamentable desde la ética política más heterodoxa, en el que se sabe de antemano que, con la abstención del PSOE, se podrá investir a Rajoy como Presidente del Gobierno de España. Está claro: NO es SÍ.

¡Pasen y vean! He recordado también que una vez se presentó en el Price el espectáculo de las motos voladoras. El director de pista, con voz engolada, anunció el número más difícil todavía, con una frase memorable, porque unos artistas portugueses tenían que subir y bajar en vertical por un majestuoso cilindro metálico a gran velocidad, obviamente sin caerse: “en el ejercicio que van a ver ahora, la palabra “miedo” ha sido sustituida por intrepideeez…”, con una “e” prolongada hasta el infinito que sobrecogía a nuestras almas pequeñas. Es verdad, ahora en el Congreso, la palabra NO ha sido sustituida por abstención, a secas, sin “o” prolongada… Más difícil todavía, desafiando al miedo y sin condición alguna. ¡Qué intrepidez!, comprendida tal y como define la Real Academia Española esta palabra en su segunda acepción, es decir, ¡qué osadía y falta de reflexión!, porque la primera, arrojo, valor de los peligros, ya lo han “demostrado” hasta la saciedad. Desgraciadamente.

Sevilla, 28/X/2016

Cuando el No es SÍ

Consummatum est. Sí, ya está, no hay que pensarlo más, no le demos más vueltas, da igual que exista o no un relato convincente. Se ha decidido ya en la sede del PSOE y el Comité Federal ha votado “Abstención”, con estética incluida, más que ética… socialista. Y con el voto masivo y favorable a la abstención, de los miembros del Comité que representan a Andalucía.

Lo siento, de verdad. No soy militante socialista, pero me considero cerca de los que menos tienen en el terreno del paro lacerante que existe en este aquí y ahora del país, así como de los que sufren todos los días el asalto a derechos y deberes ciudadanos en el estado del bienestar. También, de los que tienen ideología como suelo firme de su existencia, es decir, de su ética personal y colectiva. Siento que no se haya entendido lo que intentaron explicar las urnas, en las que estaba también mi voto: los partidos tenían que unirse para ofrecer un gobierno compartido por diversas siglas, pero no en una sopa de letras, sino con una base ideológica común. Lo que ha ocurrido en Ferraz, es todo lo contrario.

Recientemente, lo he escrito: ¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?. Lo publico de nuevo, porque mantengo todas y cada una de sus palabras. Para quien lo quiera comprender en su persona de todos y en la de secreto, como me ocurre en este momento. Hoy completaría la referencia a Groucho Marx, recordando también una frase suya que explicaría bien esta decisión histórica del Comité Federal: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Lo han demostrado.

Sevilla, 23/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

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Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

La cara ya no es el espejo universal del alma

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Lo han descubierto científicos españoles en las islas Trobriand (Papúa Nueva Guinea), según un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista JEP: General, de la Asociación Estadounidense de Psicología acerca de la sonrisa y sus significados en esa zona tan apartada del mundo en el que vivimos. Igualmente ha ocurrido con otra expresión facial, la del miedo, publicada también en este mes por la revista PNAS. Han llegado a la conclusión de que las expresiones faciales, como la sonrisa o el miedo, entre otras, son herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción básica interna. En unos sitios la sonrisa puede significar alegría, como en nuestro país, pero en Papúa Nueva Guinea representa una invitación o atracción social. Igual que el rostro habitual del miedo, que allí significa amenaza o enfado. Todos recordamos el famoso cuadro “El grito”, de Munch, aunque pensándolo bien podemos comprender ahora por qué el artista temblaba de ansiedad aquél día de 1892, cuando oyó un grito infinito y lo pintó como un arquetipo ejemplar y para la posteridad, de su azarosa vida de todos y, fundamentalmente, la de secreto. Muerto de cansancio existencial.

Más inquietante es la publicación del libro The Book of Human Emotions, de la historiadora británica Tiffany Watt Smith, en la que describe 156 emociones diferentes, no las cinco clásicas y más primarias y universales (hasta ahora…) que pudimos comprobar y sentir en la película de la factoría Disney, Del revés (alegría, tristeza, enfado, miedo, asco). Una me ha sorprendido mucho: “el awumbuk, una palabra de la cultura Baining de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse. “En psicología empleamos el vocabulario de la calle. Es como si en física utilizaran palabras de la calle para estudiar la mecánica newtoniana. La gente quiere Inside Out [Del revés], pero la realidad, a lo mejor, es otra” (1).

Depende entonces nuestra cara del entorno cultural en el que cada uno vive y del humor que tenga ese día. Aunque tengo mis dudas, porque el sábado, viendo la película de Bayona, Un monstruo viene a verme, todos lloráramos ante lo que estábamos viendo. Nuestra cara, nuestras lágrimas sí eran en ese momento el reflejo de las almas que allí estábamos, sin distinción de edad o clase social. Quizá porque en la oscuridad estábamos solos y no interactuando con los demás. Luego las lágrimas, simbolizando la tristeza pasajera, son el espejo del alma. Cuando está sola (esa es la cuestión). O cuando se van los sueños, ideologías y personas que queremos, como pasa en Papúa Nueva Guinea. Tan lejos…

Sevilla, 18/X/2016

(1) Ansede, Manuel (2016, 19 de agosto). El pueblo en el que la sonrisa no significa alegría. El País.com.

NOTA: la imagen representa los cuatro humores: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. Imagen recuperada de http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Alletemp.jpg, el 2 de marzo de 2008.

Todos no somos iguales

He recibido hoy una carta del director del diario EL PAÍS (se adjunta al final de este post), que le honra, en la que me comunica que ha conocido mi solicitud de baja de la suscripción del periódico “como muestra de desaprobación por nuestra cobertura de la reciente crisis en el PSOE y, en particular, por nuestro editorial del día 29 de septiembre”. Me transmite “con toda sinceridad su tristeza” por esta decisión, aludiendo a que siempre ha sostenido como director que “los lectores son los verdaderos dueños del periódico, y que nada de lo que hacemos aquí tiene sentido ni razón sin los lectores”.

Continúa en su carta explicando que “No descarto que nosotros, como medio que pretende estar lo más cerca posible del ánimo de esa sociedad [aludiendo a un párrafo anterior dedicado a la explicación de la turbulencia política en la que estamos inmersos], hayamos sido presa, en el editorial que aludo o en alguna otra oportunidad, de la misma efervescencia que denunciamos y combatimos. Si así ha sido, o lamento profundamente”.

Finaliza su carta con estas palabras: “Como le decía, trabajamos para nuestros lectores. Así es que, tomo nota de su queja y haré lo que esté en mi mano para corregir errores. Confío en que estas líneas puedan servir para recuperar su confianza en EL PAÍS. Si es así, se lo agradezco de corazón e intentaré no volver a decepcionarle. De lo contrario, sepa que valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”.

Para las personas que no han podido seguir el hilo conductor de mi posición al respecto en la semana de autos, creo que hay un post en este cuaderno digital que sintetiza bien la citada toma de posición. Me refiero concretamente al que escribí el pasado 1 de octubre, Se cerrarán las grandes alamedas…, así como alguno posterior, en el que expresaba mi desencanto con los poderes fácticos de este país entre los que incluí de forma expresa al diario EL PAÍS: “Un ejemplo lamentable es el que viene dando desde días atrás el diario El País, que me duele especialmente, porque desde su nacimiento en 1976 soy un lector asiduo hasta estos momentos en los que estoy pensando darme de baja en la suscripción anual que mantengo. Siempre he apreciado su cordura en los editoriales que leo de forma casi obligada día a día, pero lo que he leído esta semana en sus editoriales con ataques continuos a la persona de Pedro Sánchez, sin contemplaciones, sobrepasa todos los límites que se puedan pensar en democracia periodística. Su implicación no es inocente, como casi nunca en lo que afirma, pero lo de esta semana alcanza cotas muy preocupantes para la fijación de los límites éticos del periodismo”.

Como es de bien nacido ser agradecido, lo hago en esta ocasión reproduciendo fielmente la carta del director de EL PAÍS, Antonio Caño, que me ha dirigido el pasado 7 de octubre y que le agradezco especialmente. Soy un ciudadano de a pie, con conciencia de clase, que suelo ir con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, también del timbo al tambo como le gustaba decir a García Márquez, que sigue creyendo en la importancia del movimiento celular de las bases individuales, sociales y de partidos que, junto a otras, pueden al final mover el mundo, siendo España una parte importante en este momento de autos, como decía anteriormente, para que la democracia participativa y exigente con los derechos y deberes de la ciudadanía, sea un ejemplo a seguir siempre.

Por ahora…, sigo sin comprar EL PAÍS. Desde la economía de mercado y sin ser el estúpido de la famosa campaña de Clinton, sé que no supone nada para ellos perder una suscripción, pero me ha dado que pensar la frase de Antonio Caño, su director: “[…] valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”. Le creo y lo asumo…, porque todos no somos iguales.

Sevilla, 17/X/2016

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La verdad viene a vernos siempre

Es un honor para este país la realización de una película preciosa, Un monstruo viene a verme, dirigida por Juan Antonio Bayona, que he visto y sentido con admiración absoluta. Con independencia de la protección mediática de Mediaset en su carta de presentación, nunca inocente en el tratamiento de sus mercancías, hay que reconocer su calidad excepcional, basada en un best-seller de corte cinematográfico escrito por Patrick Ness (guionista asimismo de la película), sobre una idea original de la escritora Siobhán Dowd, especializada en literatura infantil, que murió antes de finalizar su obra en ciernes. Cuenta con un reparto en el que se mezcla la calidad de actores consagrados con noveles, como se demuestra en el del papel principal del adolescente Conor O’Malley, que interpreta magistralmente desde el más puro anonimato Lewis MacDougall, junto a Felicity Jones (su madre), Liam Neeson (el monstruo-tejo de sus sueños), Sigourney Weaver (su abuela) y Geraldine Chaplin (directora del Colegio).

El argumento traduce la compleja realidad del mundo infantil y adolescente que tiene que enfrentarse a hechos reales que conforman la tríada de acoso escolar, separación de los padres y enfermedad letal de la madre, en un mundo que poco favorece la comprensión de situaciones límite en almas de niño. Todos podemos sentirnos reflejados en el sentimiento de Conor, cuando todos los días y a las 12:07 horas de la noche, da paso a la realidad terca de los sueños como respuesta a deseos que no se cumplen en la vida ordinaria, convirtiéndose en pesadillas. Hasta que un día y a esa hora un monstruo le espera en el jardín de su casa, que personifica el árbol viejo y robusto, un tejo, que veía con frecuencia desde la ventana de la cocina. Ahora tiene brazos que le cobijan, piernas y una cara aterradora con ojos luminosos y con tres historias que contarle, aunque con una condición: él, a pesar de su corta edad, tiene que contarle también una cuarta historia, que es la última y quizá la más importante.

Las secuencias animadas de las tres historias contadas por el monstruo son excelentes y de alto contenido educativo, aunque enigmáticas y contradictorias para Conor, porque la verdad es una dialéctica casi imposible de entender en la vida, que nunca es un cuento. Cuando al finalizar la película parecen resueltos por pura resignación los problemas que genera siempre la verdad, te levantas de la butaca del cine pensando en lo duro que es seguir viviendo todos los días enfrentándonos ya como adultos a las verdades que sentimos en nuestra persona de secreto y que pocas veces contamos a los que más queremos. Es lo que Bayona pretende decirnos al oído, para que sigamos escribiendo el mejor guion de nuestra vida. Con esta película, él nos ayuda, porque no solo es mercancía, sino un catálogo sucinto de pequeños derechos y deberes para seguir viviendo con dignidad y con la verdad por delante a pesar de todo.

Sevilla, 16/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

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Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

El Nobel de Literatura ya no está en el viento

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Ha sorprendido al mundo: Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura 2016, contra casi todo pronóstico canónico de estos premios. Las personas que hemos vivido en sus años reivindicativos y que sabemos que forma parte de la banda sonora de nuestras vidas, no nos extraña esta sorprendente decisión de los Nobel, porque se ha entregado el premio a un extraordinario representante de una generación que protestaba contra un mundo diseñado por el enemigo. 

He vuelto a leer con detalle la letra de una de mis canciones preferidas de Dylan, Soplando en el viento, que ya transcribí en un post que escribí en 2006 en este blog, con motivo de la publicación de un nuevo álbum, de  nombre programático: Tiempos Modernos.

Reproduzco a continuación el citado artículo,  La respuesta ya no está en el viento, que hoy se amplifica al constatar aquella reflexión como hilo conductor: la respuesta está en las personas, hoy, en el premio dado a una que nos ha representado durante décadas, con palabras hermosas para ilusionarnos y seguir creyendo al paso de los años que, efectivamente, otro mundo es posible. Con tu quiero y mi puedo.

Este es mi pequeño homenaje.

Sevilla, 13/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2012/05/Bob-Dylan.jpg

La respuesta ya no está en el viento

Bob Dylan vuelve. Ha escogido para su nuevo álbum un título con reminiscencias cinematográficas de gran calado: Tiempos Modernos, aquella prodigiosa película que toda buena cinéfila ó presunto cinéfilo sabe valorar en su justa medida. Pero mi recuerdo no va hoy por esos derroteros. He recordado a Dylan por aquella hermosa letra de su canción, inolvidable: Soplando en el viento (Blowin´in the wind):

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en  la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean  prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuánto tiempo tiene un hombre que mirar hacia arriba antes de que pueda ver el cielo?
Sí, ¿y cuántos oídos tiene que tener un hombre para que pueda oír a la gente gritar?
Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán, hasta que se sepa que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

cuando he conocido que el Profesor Stephen Hawking se ha decantado por una respuesta muy optimista –de las 25.000 que obtuvo- a la pregunta del millón de dólares que lanzó al ciberespacio en los primeros días de Julio del año en curso: ¿cómo sobrevivirá la especie humana los próximos 100 años? La solución escogida confía en el ser humano. Prodigioso. Queda claro que la respuesta no es inocente y alberga una gran esperanza respaldada por un sabio no distraído, sino pre-ocupado por el sentido de la vida y su futuro. La respuesta está en las personas. Así de expeditivo. Y la ha dado un internauta muy particular, Semi-Mad Scientist (científico casi loco), tal y como lo recoge como reportaje muy impactante el diario El País, en su edición de 24 de agosto de 2006: “el caos no es algo nuevo, sino que “ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo”, y que, a pesar de todo, el ser humano ha logrado sobrevivir. Afirma que somos una especie que siempre se ha adaptado y que seguiremos haciéndolo. Aunque reconoce que ahora hay peligros nuevos e identifica tres amenazas graves: una guerra nuclear, una catástrofe biológica y el cambio climático. Está convencido de que “los recursos que tenemos ahora probablemente no existirán en 100 años”, pero añade que “tampoco existían en el siglo pasado”. El científico casi loco sostiene que si Europa sobrevivió a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Después, él mismo se interroga sobre su optimismo: “¿Que por qué tengo está fe en la humanidad? Porque debo tenerla. (..) Creo tan firmemente que sobreviviremos como que el sol saldrá mañana”. Si no hay fe en la supervivencia, no puede haberla en nada más, concluye”.

La respuesta, decididamente, ya no está en el viento. Desde aquél aprendizaje ilusionante de 1972, donde todos los progresistas tarareábamos la canción de Dylan, han pasado 34 años, en el convencimiento de que merecía la pena luchar por dar respuesta a aquellas preguntas tan llenas de interés en un país que buscaba la libertad deseperadamente. Aunque sigamos preguntándonos con una actualidad rabiosa cómo podemos responder aquellas nueve cuestiones a las que seguimos obligatoriamente obligados a atender a pesar del tiempo transcurrido. Aunque cuestionemos, cada vez más, el porqué de la separación entre las personas, barrios, y naciones del planeta Tierra en estos tiempos modernos, más o menos como el protagonista de la película del mismo nombre (estrenada hace setenta años) y cuya sinopsis nos recuerda la respuesta del científico casi loco que ha entusiasmado a Hawking: “un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle”. Fe en la supervivencia.

Por primera vez, en homenaje a Chaplin, Dylan y Hawking, cualquier parecido con la realidad actual ya no es tampoco pura coincidencia.

Sevilla, 26/VIII/2006

Es algo personal

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Juan Manuel Serrat, Algo personal

Cuando veo un informativo en televisión o leo noticias en periódicos atómicos o digitales, en los que de forma recurrente está presente la guerra de Siria, el camino errante de los refugiados, las lanchas que se pierden para siempre en el Mediterráneo, la niña de Mallorca que es golpeada sin piedad por compañeros del Colegio, mujeres maltratadas, agresiones sexuales, corrupción política, niños que viven con amargura su realidad diferente de ser y estar en el mundo con los demás y el paro galopante que golpea a familias completas en nuestro país, me acuerdo siempre de una canción preciosa de Serrat, Algo personal, porque entre esos tipos que propician estas situaciones tan dolorosas y yo, efectivamente, hay algo personal.

Sería mucho más importante y de amplio impacto social que entre esos tipos y los Estados, incluido el nuestro, hubiera también algo personal, para que las consecuencias de su existencia pasaran de ser noticia a hechos atendidos con prioridad absoluta sobre otros, porque ya está bien de mirar hacia otro lado calificándose siempre como noticias molestas, porque mientras que no se actúe con contundencia política, ética y práctica, no se eliminarán del imaginario diario de nuestras vidas.

Por eso vuelvo a escuchar a Serrat, porque a esos responsables de estas situaciones “Probablemente en su pueblo se les recordará / como cachorros de buenas personas, / que hurtaban flores para regalar a su mamá / y daban de comer a las palomas. / Probablemente que todo eso debe ser verdad, / aunque es más turbio cómo y de qué manera / llegaron esos individuos a ser lo que son / ni a quién sirven cuando alzan las banderas”. Ahora comprendo, mejor que nunca, que entre esa clase de tipos y yo sigue habiendo algo personal.

Sevilla, 12/X/2016

Sevilla se abre en Lesbos

Anoche tuvimos la oportunidad de conocer con detalle lo que Sevilla ha hecho en Lesbos el pasado invierno, cuyos protagonistas, entre otros, han sido tres bomberos sevillanos, pertenecientes a la ONG PROEM-AID, de los cuales, Manuel Blanco, nos lo contó ayer en directo dentro de la programación que la Iniciativa Sevilla Abierta (ISA) preparó de forma excelente para la noche en blanco de Sevilla. Fue sobrecogedor escucharlo, con un aplomo que solo se transmite cuando has vivido esa experiencia de forma tan radical.

Aporto el reportaje de Canal Sur que les dedicó con motivo de la detención injusta que sufrieron durante unos días hasta que finalmente fueron puestos en libertad con cargos y hasta que se resuelva definitivamente el juicio, aún pendiente.

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Sobran palabras y falta toma de conciencia para solidarizarnos con lo que ocurre en esta diáspora humana que continúa y que ya ha dejado de ser noticia desgraciadamente. Nos emocionamos con Manuel Blanco cuando él se emocionaba. Fue un ejemplo maravilloso de cómo podemos estar cerca de estas realidades solo con querer hacerlo. Gracias a todos los que seguís prestando este trabajo solidario, imprescindible. Desde Sevilla.

Sevilla, 8/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://proemaid.org/

Vanesa Cardui

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Quizá no es muy conocida esta “dama pintada” en el mundo del arte, pero desde hace millones de años viaja por el mundo desde que un día decidió abandonar África para asentarse en los cinco continentes posteriormente, aunque se caracteriza por algo especial: huye del frío constantemente y busca siempre calor, aunque tenga que hacer miles de kilómetros al año y pasar por una evolución continua de seis generaciones anuales. Se trata de una mariposa del género Vanessa, según la taxonomía de Linneo en 1758 y desde entonces se la conoce por este atractivo nombre, aunque su campo de asentamiento sea siempre algo no tan atractivo como los cardos, de ahí su denominación científica. En América se la conoce también con el sugerente nombre de “La dama pintada”.

Es solo una metáfora de la vida. Buscamos continuamente calor para vivir mejor, porque el frío nos enmudece, no digamos la tibieza y deberíamos copiar sin rubor alguno la experiencia de esta mariposa que como pasa en la vida, se asienta en los cardos cuando no hay nada mejor donde estar. En un país que nos hiela el corazón con tanta frecuencia últimamente, es interesante saber que científicos catalanes han descubierto que estas mariposas “son capaces de recorrer hasta 4.000 kilómetros hasta asentarse en la sabana tropical africana” y que gozan de unos recursos extraordinarios para llevar a cabo estas hazañas voladoras y de subsistencia, según manifiesta uno de sus principales investigadores de campo, Roger Vila: “Durante unos días migran hasta donde su instinto les dice […] detectan el norte magnético, perciben la temperatura y la presión atmosférica, son capaces de seleccionar los vientos adecuados y pueden guiarse por el sol” (1).

La mariposa Vanesa Cardui nos muestra hoy que científicos españoles dignifican este país desde Barcelona y Harvard, y nos dan el calor que nos falta para comprender lo que en 2013 decía el eminente cardiólogo Valentín Fuster: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en Andalucía, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en esta maravillosa región. Lo que ocurre es que no nos ponemos a ello, como lo hace siempre Vanesa Cardui, porque lo único que sabemos que nos pasa es que no sabemos a veces lo que nos pasa. Ella, sorprendentemente, sí y esa es su gran lección.

Sevilla, 7/X/2016

(1) Quinteros, Micaela (2016, 7 de octubre). La mariposa que recorre 4.000 kilómetros en busca del calor. El País.com.