Sinfonía de una sorpresa

La Sinfonía nº 94, en sol mayor, llamada “de la Sorpresa”, es una obra fantástica de Haydn, muy conocida sobre todo por su segundo movimiento, Andante, con un golpe de timbal sorprendente al finalizar una de sus frases que conmueve al auditorio. Es lo que necesitaba al finalizar una semana especialmente dura para el país. Estoy aprendiendo a tocar en el violín este maravilloso movimiento y tengo el encargo de mi profesora de que procure memorizarlo y, sobre todo, sentirlo en todos sus matices.

Puestas las manos en el violín y en el arco, detecto la dificultad de pasar del piano al mezzo forte para volver “a tempo” y finalizar la primera frase disminuyendo el sonido en las notas finales. Contemplo varias veces a Mariss Jansons dirigiendo la Filarmónica de Berlín en una interpretación especial de este movimiento. Me fijo una y mil veces en los primeros violines, en su spiccato continuo (golpes saltarines del arco sobre las cuerdas) de las primeras notas, muy suaves, medio piano (mezzo piano), para finalizar en el compás 8 de mi partitura en el que no se recoge el famoso golpe de timbal. Cuando lo toco, traduzco en mi mente, como si de una losa se tratara, lo que ha ocurrido en la vida ordinaria de esta semana: comenzamos el lunes con la rutina diaria de un país que vive momentos difíciles, para finalizar el jueves con la sentencia de Pamplona que nos ha despertado a todos de un largo letargo de ciudadanía responsable.

Vuelvo a tocar este movimiento varias veces hasta perfeccionar algo especial en música, los matices, no dejando de pensar en los que tiene la desdichadamente famosa sentencia, que he leído detenidamente en sus más de trescientas páginas. Me duelen decenas de ellas que jamás se deberían haber escrito y con un final, a mi parecer, muy injusto. Me encantaría, como miembro de una sociedad activa, que sirviera esta realidad tan cercana para despertar las conciencias durmientes de este país, como si del timbal sorprendente de Haydn se tratara, porque necesitamos cambios urgentes en la educación para ser mejores ciudadanos responsables de la ética individual y colectiva que justifica todos los actos humanos, mediante valores que son el suelo firme de nuestra existencia, a modo de solería de nuestras conciencias. Porque otra España es posible.

Sevilla, 29/IV/2018

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