Algo se muere en Sevilla, cuando un periódico se va…

EL CORREO DE ANDALUCIA

Desde que conocí la triste noticia del ERE del periódico al que tanto aprecio, El Correo de Andalucía, que afecta a la totalidad de la plantilla, excepto una persona, he sentido algo especial, que coincide por el azar y la necesidad de la vida con la noticia que publican hoy en ese periódico de la muerte de Manuel Garrido, el autor de la letra de una sevillana inolvidable, El Adiós, que resuena hoy en mi alma como una composición que no olvido:

Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va,
Y va dejando una huella que no se puede borrar.

Es verdad, algo se muere en el alma cuando El Correo de Andalucía se va…. La situación actual de cierre del periódico más representativo de la Transición en Andalucía, me duele especialmente porque durante un tiempo publiqué mis primeros artículos de prensa en su página de opinión. Recuerdo como si fuera ayer, cómo llevaba las páginas escritas en mi máquina Olympia a la sede del periódico en la Carretera Amarilla, antes de las ocho de la tarde, esperándome allí Salvador Petit Caro que me animaba siempre a seguir colaborando con el periódico, con su característico ardor guerrero y rigurosidad profesional. Me presentó un día a José María Javierre y José María Requena, dando allí mis primeros pasos en la prensa que no olvido y que he rescatado en este cuaderno digital en un Tema que se llama “Periódicas” (columna derecha de la página principal), que recopila los citados artículos y que pueden leer detenidamente salvando el texto y contexto en que fueron escritos, año 1977, recién llegado de mi exilio interior en Roma.

No te vayas todavía, no te vayas por favor,
no te vayas todavía que hasta la guitarra mía
llora cuando dice adiós.

A Manuel Garrido lo conocí personalmente y tuve la oportunidad de intercambiar muchas palabras y escucharle atentamente porque derrochaba humanidad y una candidez a prueba de bomba. Me recordaba siempre a Antonio Machado, por su torpe aliño indumentario, con una sonrisa que contagiaba casi sin darse cuenta y porque era sabio en palabras directas al corazón, con una ilusión a raudales sobre sus colaboraciones con los entrañables amigos suyos de Gines. Había en sus venas gotas de sangre jacobina, pero su verso brotaba siempre de manantial sereno; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina era, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Un pañuelo de silencio a la hora de partir,
Porque hay palabras que hieren y no se deben decir.

Al recuperar hoy la lectura habitual en la publicación digital de El Correo de Andalucía, la noticia del fallecimiento de Manuel Garrido me ha parecido paradigmática por la situación triste que atraviesa el periódico en estos días. La palabra “cierre” duele y deberíamos romper el silencio cómplice a la hora de este cierre, alzando voces que no hieran y que debemos decir. Sé muy bien qué significa el cierre de un periódico, pero éste es especial. La trayectoria histórica de El Correo no debe quedar solo para consulta en los anales de estudiosos de la prensa escrita, nada más. El Correo significa mucho en Sevilla, en la “toda Sevilla” y en la alternativa (que también existe), sobre todo porque a lo largo de su trayectoria centenaria supo evolucionar en momentos transcendentales de este país y que personalmente viví en primera persona. Conozco bien la crisis que atraviesa la prensa escrita, que es mayúscula ante la entrada en tromba del mundo digital, pero creo que se podría salvar la cabecera de este periódico reforzando su edición digital, ofreciéndome desde hoy a colaborar de la forma que sus profesionales lo consideren oportuno. Entre muchas personas de esta ciudad, podríamos rescatarlo para que su supervivencia fuera ante todo digna, como lo ha sido en tantas ocasiones en los que fue una avanzadilla de libertad sin cortapisas de ningún tipo.

El barco se hace pequeño cuando se aleja en el mar,
Y cuando se va perdiendo que grande es la soledad.

Vuelvo a leer hoy mis colaboraciones en El Correo de Andalucía, el periódico de la libertad que durante muchos años compré para leer, sobre todo, sus famosas páginas centrales, porque tocábamos la libertad con los ojos. Fueron doce colaboraciones, “artículos de opinión” llamaban los eruditos, en una época donde pensar estaba casi prohibido y para opinar había que irse “a la calle” porque en casi todos los sitios estaba reservado el derecho de admisión de los que no pensábamos como los demás. Todos tienen un contexto, es decir, no son inocentes. Por cierto, no lo pretendo, solo quiero hacer justicia a una época que nos permitió construir un Estado libre y una Andalucía sin tópicos.

Ese vacío que deja el amigo que se va
Es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar.

Es verdad, ese vacío que dejará El Correo de Andalucía, en su edición de papel, es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar. O sí, si lo publicamos entre todos en el mundo digital de esta ciudad que tanto lo necesita como una voz más de cultura, como otra forma de interpretar la vida de esta sacrosanta ciudad que lo vio nacer.

No te vayas todavía, no te vayas por favor,
no te vayas todavía que hasta la guitarra mía
llora cuando dice adiós.

Sevilla, 15/IX/2018

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