España tiene una deuda con más de 5.000 investigadores

INFORME AECC 2018

Sucedió el pasado 12 de septiembre en la presentación en Madrid del primer informe sobre la investigación e innovación del cáncer en España (2018), actividad promovida por varias instituciones y que representa una parte importante de la investigación y desarrollo científicos en este país: conocimos un dato sobrecogedor sobre la fuga de cerebros en nuestro país. En la carta de presentación del documento, hay una reflexión de un calado excepcional, que define muy bien el estado del arte actual sobre la realidad en España: “Demasiadas veces se describe la situación de España en blanco y negro. Por un lado, niveles de innovación inferiores a la de los países líderes en biomedicina, escasa financiación, dificultades administrativas y una preocupante situación del personal investigador. Por el otro, excelencia científica reconocida internacionalmente, un crecimiento cualitativo y cuantitativo del ecosistema y una alta actividad de ensayos clínicos. Este informe tiene vocación de analizar los grises, establecer puntos de partida para estudios y debates de mayor profundidad y contribuir a la colaboración y la construcción concertada de iniciativas y trayectorias de desarrollo”.

Entrando en materia a través del resumen ejecutivo del mismo, hay una reflexión contextualizada que me ha conmovido especialmente, en el texto y contexto de la crisis económica, una realidad que todavía no ha terminado en este país a pesar de la fanfarria que acompaña a veces a la situación social actual: “Si bien las fuentes de financiación nacional analizadas en el presente informe se han mantenido bastante estables, mostrando solo una ligera reducción, se observa una pérdida de talento investigador, un envejecimiento demográfico de los líderes científicos y un empeoramiento de algunos indicadores de la investigación e innovación en cáncer”. Hay una frase determinante, la referida a la pérdida de talento investigador por la fuga de cerebros que desató la crisis y que no hemos recuperado hoy en día. Tenemos, posiblemente, los mejores jugadores de fútbol del mundo, sujetos a leyes inexorables del mercado, para lo que existe todo tipo de financiación asegurada, pero nadie depara en la pérdida irreparable de talento investigador en todos los campos del saber. Lo dice taxativamente el informe: “Este periodo de dificultades económicas y administrativas ha causado la pérdida (en todas las disciplinas y sectores) de 5.000 autores científicos con afiliación en instituciones españolas entre 2011-2016, según datos de la OECD”.

Si grave es esta situación reflejada en el informe, también es muy preocupante cómo la balanza investigadora se inclina de forma espectacular a favor de la industria privada en un área muy sensible para esta investigación: los ensayos clínicos. Es lamentable reconocer que en 2009 y 2010 hubo un proyecto liderado por el Instituto de Salud Carlos III, para promover ensayos clínicos en centros públicos con independencia de la industria, que tuvo un recorrido muy corto, solo hasta 2012, por cuestiones presupuestarias derivadas de la crisis: “La mayor parte de la actividad española de ensayos clínicos está ligada a la industria farmacéutica internacional, y no responde necesariamente a las capacidades y oportunidades del ecosistema clínico y académico de investigación, ni a la realidad epidemiológica del cáncer en España. En España un 76% de los ensayos clínicos en el ámbito del cáncer son patrocinados por la industria, frente al 49% en Francia, 56% en Países Bajos, 62% en Italia o 65% en Reino Unido”.

El hilo conductor del informe establece una hoja de ruta para el Gobierno correspondiente: es urgente ordenar y organizar una Estrategia de Estado de Investigación del Cáncer, con claras responsabilidades públicas y con nítida separación de la actividad de la industria, que nunca es inocente en sus derivados farmacológicos, con un objetivo claro: la supervivencia. Esta decisión de Alta Política de Estado debería comprometerse con la ciudadanía para alcanzar una supervivencia del 73% para 2030, estando la situación actual en el 53%. Hay una primera empresa pública preciosa y urgente: la operación rescate de los 5.000 autores científicos que se han ido y que deberían volver de forma digna a este país. Nos devolvería a todos una mayor esperanza de vida.

Sevilla, 27/IX/2018

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