Elecciones en Andalucía: el Partido Abstencionista

ABSTENCION

Si hay algo que me preocupa en las elecciones de Andalucía es la abstención en su fondo y forma. Los datos de las últimas elecciones en 2015 fueron ya muy preocupantes porque quien ganó en Andalucía fue la abstención: un 36,6% del censo de votantes o lo que es lo mismo, 2.266.104 votantes no fueron a las urnas a depositar su voto. Es una cifra para reflexionar porque el triunfador relativo, el Partido Socialista, obtuvo el 35,41% del censo, con un total de 1.411.278 votos, casi un millón de personas menos de los que se abstuvieron en aquella ocasión.

Creo que tenemos el deber de votar en esta ocasión transcendental para Andalucía. Sabemos lo que queremos y a través de los programas conocemos quién habla de lo de siempre sin aportar nuevas ideas y proyectos y quién desea transformar honradamente Andalucía, que tanta atención necesita en sus puntos más débiles: paro, ética política y atención preferente a la educación, salud y servicios sociales.

Con ocasión de las elecciones generales al Congreso en 2016 escribí un artículo con el hilo conductor de la abstención, El Partido Abstencionista, en el que también analicé su proyección en Andalucía: “¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término “democracia”, porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable”.

Los datos arrojan un dato preocupante: en torno a dos millones de votantes andaluces no suelen participar en los comicios, ni generales ni autonómicos. Hoy día los necesitamos porque lo único que puede aunar voluntades en la participación democrática mediante la inserción en la urna del sobre verde. Es la única forma que ofrece la democracia de poder transformar lo que no nos está haciendo bien alguno, pensando en uno mismo y en los demás.

A diferencia de lo que decía Groucho Marx, tengo unos principios sobre la abstención y si no gustan ya digo alto y claro desde este foro que no tengo otros. Lo repetiré una y mil veces y antes del día de reflexión vuelvo a pronunciarme sobre esta realidad social, la abstención, que tanto daño hace al progreso de la democracia y por extensión, ahora, a esta Comunidad Autónoma: “Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco o verde, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no”.

Lo que no se comprende, aunque sea legítima, es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma, Andalucía en concreto en este aquí y ahora, viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 30/XI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.0800flor.net/wp-content/uploads/2012/10/la-foto-2.png

La estela de Bertolucci

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

Hoy ha fallecido Bernardo Bertolucci, un director de cine extraordinario, que recuerdo en muchos momentos de mi vida por su trayectoria fílmica llena de contenidos aleccionadores. Varias veces lo he citado en este cuaderno digital y en este día de ausencia he elegido un artículo que escribí en 2015, En caminar juntos está el secreto, porque recoge una imagen que figura ya de forma constante e icónica en la cabecera de este blog, muy querida por él y que eligió para la promoción de su película “Novecento”. Es una forma viva de agradecer lo aprendido de él, destacando sobre todo la dialéctica del mundo fascista y el comunista, la derecha y la izquierda, el conformismo y el inconformismo, los de arriba y los de abajo, en lenguaje político actual.

También, porque sigo creyendo que en caminar juntos está el secreto.

Sevilla, 26/XI/2018

En caminar juntos está el secreto

Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde.

Rebecca Solnit, Wanderlust. Una historia del caminar.

Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos está el secreto de la vida.

Hoy, he leído un artículo precioso de presentación de un libro sugerente por su título: “Wanderlust. Una historia del caminar”, de Rebecca Solnit: “Desde las primeras páginas de Wanderlust, eché a andar y ya no paré. Atravesé paisajes salvajes, acompañando a los pioneros de la caminata dos siglos atrás, aquellos que inauguraron la idea romántica y todavía vigente del paseo como liberación y como experiencia estética, y que acabaron cuestionando la propiedad privada (las puertas al campo, para nada metafóricas). Párrafo tras párrafo incursioné con ellos en bosques y desiertos, ascendí montañas por primera vez pisadas, y acabé regresando a las ciudades, las grandes ciudades donde el caminar es una forma de resistencia frente al urbanismo sin escala humana y contra el “¿te gusta conducir?”; una oportunidad para provocar esos cruces imprevisibles que enriquecen la vida urbana contra quienes intentan regularla y vigilarla; una forma de ejercer ciudadanía y reapropiarnos del espacio público en la línea de lo que ya leímos antes en Mike Davis o Manuel Delgado” (1).

Antonio Machado también es un referente en mi vida, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar”.

Vuelvo al Cuarto Estado. Me sobrecoge la fuerza de un camino de reivindicación pacífica que se traduce en las expresiones de la cabecera de esta marcha en la que hay una clara necesidad de hablar por parte de la mujer que lleva al niño en su brazo derecho y con la mano izquierda desea reforzar su pensamiento y sentimiento de clase en su marcha proletaria. Necesitaríamos hoy más que nunca estudiar a fondo este cuadro, que simboliza algo que es imprescindible en tiempos de regeneración ética. Al igual que nos recomendó hace siglos el Eclesiastés, lo mejor es caminar juntos para avanzar en progreso social cundo no entendemos nada de lo que está ocurriendo, porque si caemos o nos frustramos diariamente, entendiendo que la responsabilidad de la corrupción social no es solo del Estado, siempre tendremos alguien al lado que nos levante. La experiencia histórica así lo había entendido: el bienestar social, incluso los proyectos políticos compartidos, pueden llegar a ser como cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Incluso un cuarto poder, cuando el legislativo, el ejecutivo y el judicial, dejan de funcionar democráticamente.

Sevilla, 29/IV/2015

(1) Rosa, Isaac (2015, 27 de abril). Buena gente que camina. Babelia (El País).

¿Cuál es la verdad sobre Gibraltar?


Leyendo el contenido de la comparecencia ayer del presidente Sánchez acerca de los tres acuerdos fundamentales a los que se ha llegado sobre la futura relación con Gibraltar de España, el Reino Unido y la Unión Europea con motivo del Brexit, recordé que cuando era niño y trataba las cosas de niños, cantaba en mi colegio de forma desaforada a veces, una canción sobre Gibraltar, de la que no entendía nada, a pesar de los esfuerzos del profesor de formación política, fundamentalmente porque la letra era infumable para un niño del sur afincado en Madrid y viviendo en su nada discreto encanto de la burguesía.

El presidente dijo exactamente que con el acuerdo de última hora “En primer lugar, hemos logrado una declaración conjunta del Consejo Europeo y la Comisión Europea en el marco del acuerdo de retirada que descarta que el artículo 184 [del documento de acuerdo para la salida de Reino Unido de la Unión Europea] sea aplicable al contenido de la relación en el ámbito territorial. En segundo lugar, el Gobierno británico reconoce por escrito esta cuestión. Y en tercer lugar, el Consejo Europeo y la Comisión Europea refuerzan la posición de España, como nunca había estado, de cara a las negociaciones futuras”. También, informó que el acuerdo incluía una Declaración de los Veintisiete y de la Comisión, de que cualquier negociación futura sobre Gibraltar tendrá que contar con el visto bueno previo de España.

Aprendí en mi cancionero de después de la guerra que Gibraltar era la punta amada de nuestra nación y de todo español, que a mi Patria le robaron tierra hispana del Peñón y que sus rocas “hoy hollaron con el asta de un extraño pabellón”. Atacábamos la canción en el patio del colegio de Madrid recordando que sonaban los clarines y el redoble del tambor, que por todos los confines se oía el grito de que Gibraltar sea español. No entendíamos nada de lo que seguíamos cantando a tontas y a locas: que si había que ir adelante por España, que si en Rusia ya triunfó “mi División” y que no había sido bastante hazaña “si es inglesa la bandera del Peñón”. Seguía una frase incomprensible entonces y ahora, absolutamente lamentable en tiempos de paz: “¡A la lid! ¡Con valor! ¡Empuñemos de nuevo el fusil! ¡A luchar!, ¡Con valor!, que en tus rocas sabremos morir”.

Me sobrecoge recordar estas estrofas lamentables. Tendría yo unos ocho años cuando cantábamos una y otra vez esta canción sin sentido. Y cuando ya era adolescente y pensaba como adolescente, apareció en nuestras vidas José Luis y su guitarra con otra soflama sobre Gibraltar en la que nos daba la tabarra con una clase de historia infumable pero muy apropiada para la época de la que no me explico como hemos salido adelante y sin aparentes daños mentales y sociales colaterales. Su canción Gibraltar tenía un estribillo cansino en medio de una acelerada clase de historia celtibérica: “Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar: 1704, el mes de julio una gran flota viene, suena el cañón y al archiduque Carlos le rinde nuestra gente, pero no a los ingleses el peñón. Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar. Unos años más tarde, por un tratado hacemos concesiones en Gibraltar dándole a los ingleses varias atribuciones, pero sin posesión territorial. Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar. Han pasado los años por el peñón y la bandera inglesa ondea al sol, más a pesar de todo, el mundo no ha olvidado que Gibraltar será siempre español. Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar. No tienen razón, bien lo sabe dios, no tienen razón, Gibraltar español”.

España ha cambiado mucho afortunadamente pero cada vez que tiemblan los cimientos de Gibraltar se acude al españolismo más rancio y de última hora. La relación con Gibraltar se tiene que cuidar con esmero, minuto a minuto, día a día, porque es un balón de oxígeno laboral para el llamado Campo de Gibraltar. Esa debe ser una de las razones de su rescate español in extremis en estos momentos, porque tampoco es ejemplo en su faceta de paraíso fiscal. Se necesita, ahora y siempre, alta diplomacia, alta sensatez política para seguir trabajando en una convergencia de este territorio que tiene una historia llena de sobresaltos por la cerrazón humana al entendimiento entre naciones.

La verdad es que agradeceríamos que, al menos, por una vez en la vida, supiéramos la verdad, la pura verdad, sobre Gibraltar.

Sevilla, 25/XI/2018

 

Ser o no ser tóxico, esa es la cuestión

El Diccionario Oxford ha declarado “tóxico” como la palabra del año 2018, en todas sus acepciones. Se veía venir desde hace tiempo, tal y como lo analicé en un artículo que publiqué en este cuaderno digital hace exactamente diez años, Cerebros tóxicos o tosigosos. Lo vuelvo a publicar haciendo las actualizaciones oportunas, escasas, porque creo que sigue teniendo actualidad plena. Es verdad que tal y como está la cosa, en ser o no ser tóxico está la cuestión.

Cerebros tóxicos o tosigosos

Dice la Real Academia que tóxico [tósigo], que proviene del griego τοξικόν φάρμακον, es un adjetivo que se define como “perteneciente a un veneno o toxina”. Su origen no es inocente porque “tósigo” es el veneno que emponzoñaba las flechas. Y para colmo y remate, “tosigoso” es otro adjetivo contundente, obviamente relacionado con el anterior, porque es su fundamento etimológico: envenenado, emponzoñado. Es decir, un cerebro tosigoso es un cerebro envenenado, emponzoñado. ¿A qué viene este comienzo tan bravío en un cuaderno de derrota [solo admitida por mí en el lenguaje marinero] como éste?

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Voy a dar las explicaciones necesarias. Vivimos tiempos en los que es difícil moverse en tareas de identificación de cerebros sanos. Se habla mucho de varios mundos felices, de conquistas exitosas a cualquier precio, de felicidad envasada de mil formas, pero la realidad es que vivimos muy pre-ocupados [sic] con otra realidad bien distinta: proliferan los cerebros malvados y, sobre todo, tóxicos, que nos complican la vida hasta límites insospechados. En el trabajo, jefas y jefes, tosigosos; en la familia, parejas y parientes de diversos grados, también tosigosos; amigas, amigos, aún más tosigosos si cabe y, por proximidad en el calendario electoral, políticos tosigosos. Ante la necesidad de identificarlos de forma correcta y rápida, he pensado que vendría bien hacer un pequeño manual de primeros auxilios para identificar los cerebros tóxicos, las personas tosigosas, que envenenan sus alrededores, dándonos cuenta en la mayor parte de las ocasiones y amargándonos la vida, casi siempre.

1. La tela de araña o el arte de hacer la vida imposible a los demás

Una característica común, para empezar, es su estrategia querulante: tejen una tela de araña a su alrededor en la que solemos caer atrapados, porque la vida les corresponde vivirla solo a ellos y porque se hacen portavoces de las quejas de los demás para “solucionarlas”. Suelen tener el discreto encanto de la atracción ¿fatal?, porque enmascaran bien sus auténticas intenciones. Sucede cuando vislumbramos que alguna persona, en cualquier rol que ocupe, nos a-tosiga (¿recuerda la etimología de tóxico?): nos envenena paulatinamente. Primer indicador, porque trabajan normalmente a largo plazo, como el trabajo que realizan las arañas en sus telas transparentes y de dibujos insólitos. Pero cuando te quieres dar cuenta, ya estás en el interior de sus cerebros fruto del tósigo, del veneno que emponzoña sus flechas preferidas: palabras, miradas y gestos de cualquier tipo, fabricadas siempre en el interior de sus estructuras cerebrales. Es decir, son enemigos de cuidado. He leído recientemente un artículo sobre psicología laboral, centrado en los “jefes nocivos que irradian malestar” (1), donde entre los estresores más importantes que se identifican en un estudio de gran interés científico, Informe Cisneros VI, la mala calidad de management (jefe) alcanza un porcentaje muy relevante entre los analizados: el 45,70%, solo superado por el clima laboral deteriorado. El paso a la identificación de “mobbing” (acoso laboral de superiores y compañeros, y del “burnout” (síndrome del trabajador carbonizado o achicharrado) está dado, así como el nacimiento del neomanagement, como forma de dirigir organizaciones y personas mediante la continua destrucción de los recursos humanos, del clima laboral y del entorno organizativo (2).

En la Administración Pública, que conozco de primera mano y en la que he trabajado durante más de treinta años, también ocurren estos fenómenos y, lógicamente, por extrapolación también está afectada por los estilos tosigosos de dirección: narcisista (siempre busca subordinados que no le hagan sombra), psicópata (luce sus encantos y embauca a los más débiles para destruirlos después, paulatinamente) y paranoide (atento a cualquier movimiento de los subordinados, desconfiando de todo y de todos), que derivan en dos actitudes amenazantes, tosigosas: autoritarismo a ultranza o consentidores de todo para que nuca se le pueda recriminar nada pero donde el clima laboral se acaba haciendo irrespirable y las consecuencias en relación con la salud mental acaban siendo desastrosas. Las flechas tosigosas del jefe han hecho diana.

Traigo a colación una tabla interesante para comprender el clima tóxico laboral en este país, publicado en la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 2015 6ª EWCS – España, por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT):

ECTE 2015 TABLA 10

2. La negación de la recompensa (a veces, de la existencia)

Nuestro cerebro está preparado para trabajar básicamente en el modo placer, bienestar, bienser (si se pudiera decir así), por decirlo de alguna forma. No va a bien al cerebro trabajar en modo dolor, malestar, malser. Además, nuestros circuitos cerebrales han evolucionado para superar las malas pasadas del cerebro antiguo, el reptiliano, de autodefensa continua con agresividad latente y manifiesta porque no sabemos por dónde nos pueden dar un palo. Y claro, ante cerebros tóxicos, tosigosos, reverdecen viejas conductas ancestrales que nos hacen sufrir, y mucho. El cerebro necesita siempre recompensas al tremendo desgaste que sufre cada segundo para tenerlo todo a punto. Y los cerebros de los contrarios, tosigosos, saben de esta debilidad innata en el cerebro humano, también en el suyo. Y las recompensas se sustraen permanentemente para causar dolor crónico. Bastaría hacer un pequeño recorrido por los cerebros de los más próximos en nuestras vidas de diario, para no complicárnosla más, para identificar a aquellos cerebros que nos sustraen el placer de las recompensas por lo que decimos, hacemos y vivimos en cualquier situación humana. Porque, casi siempre, eso es lo único que sabemos hacer, que hemos aprendido mejor o peor y es lo que de verdad proyecta nuestras personas de secreto. Si ni siquiera eso se reconoce, no me extraña nada que mueran mujeres casi a diario, que muchas personas trabajadoras vuelvan a sus casas hechas polvo por sus relaciones laborales con compañeros y jefes, y las amistades se rompan por palabras emponzoñadas porque los que están cerca tienen cerebros tosigosos, que lanzan flechas envenenadas a diario casi sin darnos cuenta. Porque son también narcisistas, psicópatas o paranoides.

3. La negación de la inteligencia (de todas las inteligencias)

Existen también cerebros tóxicos que destrozan la inteligencia en general y la inteligencia social, en particular, aquella que comprende la capacidad de autoconocimiento de quién soy y cómo me relaciono con los demás, configurándonos como zombis reales, de carne y hueso cuando se niega mediante malas artes. Son los peores, porque son los que no paran hasta destruir a sus contrarios definitivamente. Y de esta forma comienza el largo camino de laminación personal. Aparecen los primeros síntomas de libro (somatizaciones, estrés, depresión, ansiedad, abatimiento total, pérdida de autoestima en la representación diaria en el gran teatro del mundo personal y asociado) y comienza el ciclo de la puerta giratoria de centros de salud, centros especializados de salud mental y hospitales, con el gran asociado de ganancia secundaria que se llama “baja laboral”. ¡Conseguido!, dicen estos cerebros de la miseria humana. Menos mal que se conoce muy bien el daño en determinadas estructuras cerebrales que se produce por mor de estas situaciones, donde juegan un papel trascendental el cortisol y la adrenalina, agentes transmisores de carga positiva para el cerebro, sobre los que ya he hablado en varios posts de este cuaderno y a los que remito para su lectura atenta. La vida emocional se va al traste porque es muy difícil contrarrestar tanto veneno si no estamos preparados para ello y acompañados sobre todo de un adecuado apoyo social.

4. ¿Qué hacer? (sin acudir a Lenin)

Pensar fríamente que hay que desenmascarar a estos cerebros, donde quiera que estén, con denuncias privadas y públicas, porque es enfermizo que se tengan contemplaciones con ellos. Existen en un Estado de derecho, como el de España, medidas laborales, judiciales e incluso, de salud pública, para erradicar estas situaciones que hacen tanto daño a muchas personas anónimas. Acudir también a profesionales de la salud mental. Sigo defendiendo, por tanto, la teoría de la construcción del cerebro feliz, cuando afirmaba recientemente que “es probable que cambie nuestra actitud ante la vida sabiendo que depende muchas veces de procesos en la neurotransmisión que, si los conocemos bien, podemos autojustificar las reacciones del periodista holandés que no gustaba a Van Gaal [contratóxico: siempre positivo, nunca negativo]: “Tengo la impresión que la próxima vez que nos comamos una almendra, vamos a tener una sensación (¿emoción, sentimiento?) diferente de lo que hacemos. Probablemente, porque la amígdala cerebral de cada una, de cada uno [estructura cerebral con forma de almendra], ha mandado unas señales neurológicas diciendo a la corteza cerebral que ya sabe por qué está sintiendo algo especial. Misión cumplida”. Hoy, de forma especial, porque ya sé que muchas veces no se puede controlar de forma autónoma la actitud positiva o negativa ante la vida propia o asociada, maravillándonos de dos pequeñas estructuras, del tamaño de una almendra, las amígdalas cerebrales, que me proporcionan un bien-estar o un bien-ser (perdón por el neologismo), que el cerebro se encarga de tratarlo para que cada persona sea más inteligente en el acontecer diario, con sus cadaunadas, de cada una, de cada uno, de todos”.

En definitiva: sabemos que podemos identificar y desenmascarar los cerebros tosigosos, porque sabemos algo más sobre sus comportamientos. Nos hemos “quedado con sus cerebros” y sabemos dónde y cómo viven. Creo, sinceramente, que hemos dado los primeros pasos para editar un manual, una guía rápida, para identificar y erradicar a los cerebros tosigosos que pululan por nuestros alrededores. Por nuestro (clásico) bien, por nuestra salud mental, por nuestra propia y merecida felicidad personal y social. Por ética social, propagada hoy mediante inteligencia digital. Porque, ¡ya está bien!

Sevilla, 18/XI/2018

NOTA: La fotografía se recuperó de http://img100.imageshack.us/img100/3733/01pg4.jpg, el 25 de enero de 2008

(1) Ferrado, M. L. (2007, 12 de enero). Jefes nocivos que irradian malestar. El País, Salud (Mensual de biomedicina y calidad de vida), 1-4.
(2) Piñuel, I. (2004). Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas. Madrid: El País Aguilar.

La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad

Una romanza es una composición de aire tierno y sencillo, un aria que solo quiere transmitir sentimientos. Estos días estoy experimentando una emoción especial tocando en fase de aprendizaje la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor. Mis profesoras de piano y violín han hecho los arreglos necesarios porque la versión original de 1952 es para guitarra y orquesta. Creo que les ha quedado preciosa.

Navegando por la memoria, entre lo que somos, tenemos y hemos perdido, he recordado al pintor Joe Brainard porque encontró una fórmula maravillosa para navegar por ella, los Me acuerdo…”. Así es y hoy me he acordado de la persona que ha colgado en Youtube el vídeo de la cabecera de este post, cuando decía que “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Han pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando toco de forma incipiente la Romanza en sus dos versiones, para piano y violín, con fallos lógicos por mi parte en su ejecución y en este momento de aprendizaje, siento estas palabras como si fueran la letra de esta composición que representa el dolor de la España que ha tenido helado el corazón durante muchos años. No me importa repetir los compases una y otra vez porque es una forma de comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ellos. Ya la recordé el año pasado en este cuaderno digital, cuando dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Recientemente, he localizado un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de “La música en la Generación del 27” que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”. Me ha permitido conocer su obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Ha sido un hallazgo que me permitirá conocer a fondo a Bacarisse, en su vida y en su obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando comienzo hoy mi ensayo de violín, he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido…, en un día próximo de infeliz memoria. Para lo que sirva, compartiéndolo en el club de las personas dignas y libres.

Sevilla, 17/XI/2018

El día de un librero digno: Guido Orefice

DIA LIBRERIAS 2018

En mi imaginario hay recuerdos que no se borran, como el de un librero digno de cuyo nombre, Guido Orefice, quiero acordarme especialmente hoy, día de las librerías. Recuerdo que era el protagonista de la película La vida es bella, porque abrir una librería era uno de sus sueños, junto a comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). No lo he olvidado desde que le conocí en aquella película excelente que me dejó helado el corazón por su hilo conductor.

Recordando, leo de nuevo lo que escribí en esta efeméride del año pasado, de la que no cambio nada: “Vivimos unos años en los que abrir librerías no es lo habitual en la economía de mercado, más bien cerrarlas. Que se les dedique un día especial me parece extraordinario en los tiempos que corren y en los que no se valoran los llamados “placeres inútiles”, entre los que se encuentra el acto de leer apasionadamente. Días como hoy nos ofrecen la oportunidad para acercarnos de nuevo a los libros, sabiendo de antemano que nada es inocente en este negocio. Lo que sí tengo claro es que, gracias a libreros a libreras, seguimos ilusionados en conocer bien a autores que nos devuelven muchas veces la razón de existir o ser, aunque la dialéctica que viven las librerías con la competencia del mundo digital abre una nueva forma de adquirir este conocimiento. Lo leía recientemente en la revista “Mercurio” (nº 191, mayo de 2017), en una entrevista a Lola Larumbe, propietaria de una librería también muy querida por mí, “la Alberti”, como se la conoce coloquialmente en Madrid. Ante la pregunta de cómo se puede convencer al lector para que acuda más a las librerías y menos a esas plataformas de Internet que sirven tan eficazmente, Lola responde: “Es una cuestión de principios. Si no vivimos con unos principios, apaga y vámonos. Nuestra actitud ha de ser activa y combativa. Si no quieres subempleos, sueldos mínimos, contratos basura, no puedes engordar ese sistema. Como nuestro poder político es muy pequeño, hay que consumir responsablemente, es casi la única arma”.

Un gran debate está en medio de esta situación, aunque siempre creo que hay elementos de convergencia muy claros. La librería que es atendida por profesionales del libro te ofrece un asesoramiento personal e intransferible, en espacios de diálogo responsable que no encuentras en Internet, donde lo probable es que la orientación de compra sea por opiniones de servicio, pero difícilmente de contenidos. Es lo que Lino (mi librero de Madrid) hacía muy bien cuando yo era un niño, porque hablaba con él como niño, pensaba como niño, razonaba con él como niño. Ahora, que he dejado las cosas de niño, busco siempre profesionales en este sector, en una ciudad como Sevilla que es más de bares que de librerías.

MICRORRELATO

He recordado también una historia preciosa que sucedió en 2015 en una librería de Sevilla, La casa tomada, porque una vez una persona tuvo también el sueño de Guido Orefice: abrir una librería: “Un microrrelato de Mª José Barrios copiado a mano por Marta González para colocar en nuestra puerta, que seguro que hemos compartido por aquí más de una vez. Una foto improvisada de nuestro amigo Juan Antonio Hidalgo que desde hace una semana nos encontramos por todos lados, con miles de comentarios, “me gusta”, retuiteos y compartidos en redes sociales… y hoy nos topamos con esta noticia. No es la primera vez que el cuento se comparte en Internet, si bien es cierto que en esta ocasión ha tenido una repercusión sin igual. La única nota amarga, que no llega a empañar la alegría de las libreras, es que en la mayoría de los casos no se cita el nombre de la librería ni de la autora del microrrelato. Tampoco el cartel lo incluye, ya que su intención nunca fue la de llegar tan lejos, sino tan solo la de provocar la sonrisa de los clientes”.

María José Barrios nos ha traído una reflexión, abriendo una librería, con nombre y apellidos, al mundo de la Noosfera. Ha cumplido el mejor sueño con una microhistoria del Sur, que también existe, muy bella. Desde La casa tomada… por Internet. Esta es la razón de por qué busco libros con la linterna de Diógenes, para localizar libreros y libreras para una nueva forma de descubrir la vida pasada, presente y futura a través de algunos libros. Los que nunca se olvidan, porque hubo siempre una persona detrás que, como Lino, te habló de su quintaesencia, no de los fárragos en los que los sume el mercado.

Sencillamente, porque siempre te ayudan a comprender que leer consiste en ver más allá de las páginas de un libro, como le ocurría a Guido Orefice, que quería ser librero para demostrar al mundo que, a pesar de todo, la vida es bella”.

Estas palabras son un pequeño homenaje a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, abren todos los días sus puertas para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices.

Sevilla, 16/XI/2018, Día de las Librerías en España.

Propuestas para mejorar Andalucía

CABECERA ISA

ISA PROPUESTAS

Ayer se celebró un acto en Sevilla, promovido por la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, a la que pertenezco, para presentar un manifiesto con quince propuestas para mejorar Andalucía, en el contexto de las próximas elecciones de 2 de diciembre, con objeto de compartirlas y “estimular que sirvan de referencia a las personas que, en las listas electorales de los partidos políticos, concurren a los comicios para representar a la sociedad en el Parlamento de Andalucía”.

Es importante leerlas, sabiendo que no es un documento cerrado sino un avance de participación ciudadana en unas elecciones que personalmente estoy viviendo muy vacías de contenido previo y que son un claro objeto de deseo, tal y como manifestaba recientemente en este cuaderno digital: “Nos sentimos muy poco concernidos con los programas políticos que se presentarán oficialmente dentro de unos días, porque con independencia de que deban obedecer a las ideologías que inspiran cada partido político, la participación ciudadana universal debería ser un primer mandamiento de la ética política actual: qué piensa, desea, valora, opina y necesita decir la ciudadanía, para ser escuchada en clave de empoderamiento compartido. Sabemos por el último barómetro del CIS de octubre de 2018, en su avance de resultados y con ámbito de Estado, que arroja unos datos muy preocupantes y que se deberían analizar con lupa ante las próximas elecciones andaluzas. Dice la verdad verdadera de lo que piensa y sabe la ciudadanía común”.

Sevilla, 15/XI/2018

Faltas de ortografía, de lectura, de… educación

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Estos días aparecen noticias de las insultantes faltas de ortografía que inundan el país, como hecho constatado en unas oposiciones recientes, que muestran una vez más la mala educación que hace estragos en el sentido más profundo de la palabra “educación”. Un maestro, un profesor, con faltas de ortografía, que no redacten bien, que no lean y que no sepan dirigirse a su alumnado con oratoria cuidada, no pueden enseñar casi nada, por mucho que se esfuercen en su labor docente, porque están dejando ver unas carencias fundamentales: la falta de lectura, de rigor en la escritura y en el dictado de los aprendizajes propios que ahora tienen que transmitir, porque la oratoria también tiene su importancia y no solo es cuestión de algunos clásicos impopulares hoy día.

Lo que más me molesta es que se busque un culpable en el mundo digital fuera de las propias personas. Las reglas impuestas por las tecnologías en la telefonía móvil por ejemplo, con su lenguaje tan particular, no deberían alterar el aprendizaje correcto de las esenciales normas de ortografía y redacción en todas las personas, mucho más en el mundo de la docencia. Las abreviaturas, contracciones y neologismos digitales no son los verdaderos culpables de este desastre, porque pertenecen a un nuevo vocabulario digital en constante evolución que, en un día no muy lejano, se incorporarán al diccionario de la lengua española, “fijándolas y dándoles brillo y esplendor” (según el lema de la Real Academia Española), sino la ordenación y organización actual de la docencia y discencia (Paulo Freire dixit), en las que hay una ausencia clamorosa de valoración de la correcta ortografía y redacción asociadas a la educación en general y, sobre todo, a la lectura.

Decía Gabriel García Márquez, en su discurso ante la Asociación de Academias, en el marco del IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias (Colombia) en 2007, que “Los lectores de Cien Años de Soledad son hoy una comunidad que, si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”. Es verdad, porque de la lectura solo se obtienen beneficios. Me emocionó también en su momento leer las razones para escribir que tiene Orhan Pamuk, premio nobel de literatura en 2006 porque, salvando lo que haya que salvar, podrían entenderse también como razones para leer, asegurando de esta forma la ortografía y sintaxis mejores que podamos soñar: “¡Escribo porque quiero hacerlo, con toda el alma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo común y corriente. Escribo para que libros como los míos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa cómo yo, cómo nosotros en Estambul y en Turquía hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque creo más en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir conlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qué estoy furioso con ustedes, con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para terminar de una vez por todas esta novela, este texto, esta página que en algún momento comencé a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil en la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendrán en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo es increíblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la opulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del sentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jamás podré llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz”.

Sustituir en este texto la palabra “escribir” por “leer” sería un buen ejercicio para “educar”, en el sentido más pleno de trabajar por y para la educación, con ortografía y sintaxis incluidas. Hagan la prueba, porque me parece una experiencia extraordinaria. ¿Saben por qué? Porque como Pamuk dice en su preciosa exposición, leemos para ser felices y así me gustaría volver a expresarlo a mis alumnos de toda la vida, para que también sean felices a través de la palabra, que aún nos queda. Porque también fui profesor en momentos cruciales de mi existencia y no lo he olvidado nunca, cuidando las palabras y lo que significan, eso sí, correctamente dichas y escritas, con alma abierta para llenarla de palabras aprendidas en la lectura y transmitidas en castellano perfecto. Leyendo a García Márquez y a Pamuk, por supuesto.

Sevilla, 7/XI/2018