La democracia está bloqueada, vigilada

ENSAYO SOBRE LA LUCIDEZ

Sevilla, 3/XI/2019

Lo dijo ya Saramago en la presentación en Barcelona de su libro, Ensayo sobre la lucidez, el 26 de abril de 2004: “Sufro la manía de mirar qué hay detrás de las cosas y digo lo que todo el mundo sabe: la democracia es un sistema bloqueado, vigilado. Tenemos todas las libertades, pero estamos dentro de una burbuja. En las elecciones podemos quitar a un gobierno y poner a otro, pero no podemos cambiar el poder. El poder real es el económico y es el Fondo Monetario Internacional quien determina nuestras vidas”.

Aquella obra tan controvertida presentaba una realidad que a veces sentimos como muy próxima en la realidad actual de este país: el símbolo del hartazgo mediante el voto masivo en blanco. Leyendo hoy los resultados de la última encuesta que se publica formalmente en prensa, la sombra de la abstención, que no la del voto en blanco, siempre está presente. Se interpretan los datos como una consolidación de la palabra temida por todos: bloqueo de nuevo para impedir que se pueda votar un gobierno que se haga cargo de la política activa del país: sea el resultado que sea, según las encuestas, el bloqueo permanece, es decir, nada cambia, todo permanece.

De ahí la interpretación magistral de Saramago: la democracia está bloqueada y así se proyecta en la constitución de los gobiernos, porque el poder no cambia: es el económico, el poderoso caballero Don Dinero, El Fondo Monetario Internacional, las siglas de los dueños de los múltiples fondos de inversión que con solo pulsar una tecla de sus portátiles o teléfonos móviles hunden a un país si se lo proponen.

Se comprende perfectamente que Saramago plantee la metáfora dura del voto en blanco, aunque personalmente lo respeto pero no lo comparto. Es una revolución blanca, pero prefiero la que mediante el voto de tu quiero y mi puedo, hace posible la vida digna para toda la ciudadanía de este país. ¿Revolución roja? Así lo he manifestado en reiteradas ocasiones en este blog: “Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no, a pesar del Fondo Monetario Internacional.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país viaje posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos. El Partido Abstencionista prepara ya los resultados de estas elecciones generales, su mejor encuesta. Estamos avisados de nuevo y sabemos que está muy interesado en fomentar la abstención a cualquier precio.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.