A la manera… de Trump (II)

Sevilla, 4/XI/2020

Instalado desde hace tiempo en la ardiente paciencia de Neruda, estoy viviendo hoy el escrutinio de las elecciones en los Estados Unidos con bastante desasosiego por las consecuencias propias y asociadas del resultado final. Otra vez ha vuelto Trump a hacer de las suyas esta madrugada, desde la Casa Blanca, cuando todavía no ha finalizado el recuento democrático de votos en diversos Estados, situación que le incomoda y que estima que se debería paralizar inmediatamente: “Esto es un fraude al pueblo estadounidense. Una vergüenza para nuestro país”, porque “Francamente, hemos ganado las elecciones. Nuestro objetivo ahora es garantizar la integridad de las mismas. Iremos al Tribunal Supremo. Es un momento muy triste”. Y otra perla final: “Vamos muy por encima, pero nos están intentando robar las elecciones. Nunca les dejaremos que lo hagan. ¡No se pueden emitir votos después de que las urnas estén cerradas!”. Impresentable.

En esta larga espera desde esta parte del mundo al revés en la que vivo, he leído de nuevo el artículo que escribí en enero de 2016, en los primeros días de la presidencia de Trump, con motivo del baile de gala que celebraba la efeméride. Lo hicieron al son de una canción mítica de mi adolescencia, pero con el trasvase americano de Paul Anka y Frank Sinatra. Era un aviso para navegantes americanos y del mundo global, donde Trump dejó claro que iba a gobernar a su manera. Así, hasta hoy. Como diría Al Gore, estábamos avisados.

A la manera… de Trump

La pareja presidencial eligió el pasado viernes la canción My way, una versión adaptada de la canción Comme d´habitude, de Claude François, con letra de Paul Anka (no la original francesa) e interpretada de forma mítica por Frank Sinatra, en el primer baile de gala como broche final de la ceremonia oficial del juramento de Donald Trump como 45º presidente de los Estados Unidos de América. Es una premonición de lo que puede ser su estilo presidencial, su manera de gobernar, a tenor de la estela que ha dejado en la campaña electoral de infeliz recuerdo por su falta de respeto a las mujeres, las minorías, los inmigrantes y los derechos civiles.

Ayer supimos que la web de la Casa Blanca ya no ofrecerá su información oficial en español, como un paso más de integrismo nacionalista americano y desprecio a la comunidad hispanohablante que vive en Estados Unidos y fuera de su territorio. Es un ejemplo flagrante de cómo va a implantar desde el primer día de mandato presidencial su manera de integrar a quienes no piensan ni viven como él. Mal presagio, si atendemos sus exabruptos diarios, firmas de decretos para desmantelar proyectos tan emblemáticos como Obamacare y la amenaza constante hacia quienes ha señalado con el dedo del imperio que ahora está en sus manos, en su manera de hacer política. También, ha retirado el busto de Luther King en el despacho oval del sitio que ocupaba hasta ahora, incorporando uno de Winston Churchill. Siguiendo la tradición de cambios, también ha redecorado esa estancia para recuperar el color dorado de sus cortinas habituales en la Trump Tower. Todo un símbolo.

He repasado mentalmente dos estrofas de la canción My way, por si podía entrever algún significado al ser elegida en un momento tan especial. La primera, porque también es premonitoria, a su manera: El final, se acerca ya, / lo esperaré, serenamente, / ya ves, que yo he sido así, / te lo diré, sinceramente, / viví, la inmensidad, / sin conocer, jamás fronteras / y bien, sin descansar, y a mi manera. La segunda, porque sé que la llevará a rajatabla, también con sus maneras: Porque sabrás, que un hombre al fin, / lo conocerás por su vivir, / no hay por qué hablar, ni que decir, / ni que llorar ni que fingir, / puedo seguir, hasta el final, / a mi manera.

He buscado la canción original que inspiró la versión actual de Sinatra en la banda sonora de mi vida y recupero la letra que me ha sonado siempre en un francés parisino, con la traducción que a duras penas hice en mis años de Bachillerato, porque Claude François me susurraba el comportamiento ante la persona que amaba en la adolescencia castellana, como amor no correspondido o como sueños no alcanzados: Como siempre, / todo el día / trataré de disimular. / Como siempre, / sonreiré. / Como siempre, / incluso me reiré, / como siempre. / En fin, viviré el día, / como siempre.

Sinceramente, me sigue pareciendo mucho más interesante esta vivencia llena de contrapuntos humanos que contemplar un baile sobre una canción que deja bien claras, metafóricamente, las maneras de Trump. A pesar de Sinatra y de Claude François.

Sevilla, 23/I/2016

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.