Nacho Duato recrea hoy en San Petersburgo el lago de los cisnes

El lago de los cisnes, dirección: Nacho Duato / Ballet del Teatro Mijáilovski (San Petersburgo)
Tchaikovsky, El lago de los cisnes, Escena Final / Herbert von Karajan. Filarmónica de Berlín

Sevilla, 1/X/2021

Hoy se estrena en el Teatro Mijáilovski de San Petersburgo, El lago de los cisnes, con la coreografía y puesta en escena de Nacho Duato, director artístico de la Compañía de Ballet del teatro citado. Debería ser un acontecimiento para nuestro país, por el gran impacto internacional que tiene este evento y que pasará bastante desapercibido en su tierra, sin prestarle la atención que merece, tal y como expresaba Luis Cernuda en sus palabras dirigidas a sus paisanos andaluces, en su caso, por el desencanto que recibía en Andalucía en relación con su vida y obra: el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros. La sinopsis oficial de esta obra expresa que: “La versión del coreógrafo español Nacho Duato del “ballet más importante de la escena rusa” es más fantasía que cuento de hadas. “Nos estamos alejando del romance de los castillos medievales y los rituales de la corte”, dice el coreógrafo. “Quiero crear una historia más contemporánea, profundamente emocional y humana. Estas emociones provienen de la música de Tchaikovsky, pero el escenario será el siglo XX. La artista Angelina Atlagic ha ideado trajes fantásticamente hermosos y un diseño escénico extremadamente elegante”. Nacho Duato utiliza fragmentos de la coreografía clásica de Lev Ivanov y Marius Petipa en su producción, pero el acto final será algo completamente nuevo. “La escena final puede sorprender al público”, insinúa el coreógrafo. “No quiero regalarlo, es mejor que todos lo interpreten a su manera. Pero si me preguntan si hay un final feliz, diré esto: tal como yo lo veo, lo hay “.

El lago de los cisnes, Ballet del Teatro Mijáilovski – Coreografía: Nacho Duato

En una entrevista que publicó ayer la Agencia EFE, Duato se atreve con “El lago de los cisnes” en San Petersburgo, el coreógrafo de talla internacional afirma que “Soy el primer extranjero desde (el francés Marius) Petipa que estrena un lago de los cisnes. Es algo bastante inusual”, “Intento hacer un Lago que conecte con la gente. Por eso lo he situado en la época en que acabaron aquí los Románov, a principios de siglo XX” y “Acorto un poco la música, quito todo lo que tenga que ver con la pantomima y trato de explicar la historia siempre a través del movimiento y no a través del mimo. De momento, moverlo cinco siglos hacia aquí”, entre otras manifestaciones. Me alegra saber que en enero vuelve a España para un proyecto de la Compañía Nacional de Danza, que dirigió entre 1990 y 2010: “Por fin, después de once años de ausencia, me han invitado a hacer una nueva producción. Voy a hacer un ballet de media hora que empezaré en enero. El estreno será en marzo, pero todavía no sé el teatro”.

La verdad es que Nacho Duato debería volver a nuestro país para que se le ofreciera el proyecto que merece: dirigir, al igual que está haciendo en la actualidad en San Petersburgo, una Compañía de ballet de un Teatro Nacional que fuera un escaparate mundial de lo que él sabe hacer de forma extraordinaria. Se lo merece, porque su sentimiento es muy triste en relación con la cultura en nuestro país, en el sentido de que si España “[…] no apoya a sus artistas y no ama el arte y desde el colegio no le enseña la belleza a los niños (…) es un zombi”, como acaba afirmando en la citada entrevista.

Mientras, en el después de este estreno mundial, me quedaré con la incógnita de qué ha querido transmitir Nacho Duato con la escena final de su lago de los cisnes, porque ahora no lo ha querido contar en beneficio de que, como la vida misma, cada uno lo viva como mejor sepa hacerlo. Él nos garantiza que es un final feliz y con eso me quedo en estos tiempos tan convulsos. Con eso me basta, acompañado siempre por la maravillosa música del maestro Tchaikovsky. Escucho con atención casi reverencial la escena final de esta bella obra, bajo la batuta de Herbert Von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Berlín y con el violín de Michel Schwalbé, intentando comprender a través de la partitura los mensajes del triunfo del amor a pesar de todo, simbolizado en la petición de perdón de Sigfrido a Odette, que finalmente muere en sus brazos, aunque las aguas crecen y acogen a los dos amantes que desaparecen entre el oleaje, todo ello acompañado del crescendo e los metales y de la percusión. Las cuerdas y posteriormente la fanfarria de los metales se esfuerzan en demostrar que el bien vence siempre al mal, a los cisnes negros de la vida que también existen. Finalmente los cines blancos recobran su libertad. La coda final se encarga de enunciarlo y dar acogida a este solemne triunfo sobre las fuerzas del mal. Karajan ha vuelto a dar vida hoy a una obra sublime sintetizada en estos extraordinarios cinco minutos inolvidables. Se lo agradezco, al igual que a Nacho Duato, que volverá a recordarnos esta tarde en San Petersburgo el mensaje principal de la obra de Tchaikovsky, con mi respeto, atención y admiración a su dilatada obra artística.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.