Se llama Gabriel Boric y es la nueva esperanza de Chile

El Presidente de la República, Gabriel Boric Font participando en un acto cultural con vecinos y vecinas de la comuna de La Pintana – 13 marzo 2022.

Sevilla, 14/III/2022 – 13:15 CET (Hora estándar de Europa Central)

¡Trabajadores de mi patriatengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor!

Salvador Allende, Palacio de la Moneda (Santiago de Chile), Radio Magallanes, 9:10 A.M., 11 de septiembre de 1973

Con estas palabras inolvidables de Salvador Allende, que anteceden, finalizó el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, su discurso oficial en el acto de toma de posesión el pasado viernes 11 de marzo, un joven de 36 años que ha aunado voluntades de millones de chilenos con la base indestructible del amor y del sufrimiento, como nos ha recordado Quilapayún, desde hace ya muchos años, en su aclamada y preciosa Cantata de Santa María de Iquique: ¿Qué hacer entonces, qué, si nadie escucha? / Hermano con hermano preguntaban. / Es justo lo pedido y es tan poco / ¿tendremos que perder las esperanzas? // Así, con el amor y el sufrimiento / se fueron aunando voluntades, / en un solo lugar comprenderían, / había que bajar al puerto grande.

Con estas palabras que siguen, de profundo respeto y admiración hacia el nuevo presidente de Chile, quiero resaltar también hoy, una vez más, un pequeño homenaje particular al pueblo chileno, porque formé parte de mi conciencia social escuchando a Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani, Violeta Parra, Julio Numhauser y otros tantos “cantores” y grupos chilenos que amaban y aman la democracia por encima de todo. La aportación de Neruda es otro cantar del alma mía, que reconozco, guardo, respeto y aprendo. También he sentido el dolor mantenido en el tiempo por la terrible dictadura de Pinochet y en recuerdo a la libertad malherida del pueblo chileno, que he grabado de forma indeleble en mi mente y en mi corazón a lo largo de casi 49 años y de lo que he dado pruebas fehacientes en este cuaderno digital cada 11 de septiembre. Gracias sinceras por lo que aprendí de la democracia chilena, de sus cantores, grupos folklóricos, poetas, escritores y políticos dignos que tanto han sufrido dentro y fuera del país. Del pueblo llano de Iquique.

Recuerdo ahora que en el acto oficial de anuncio del nuevo gobierno chileno, el pasado 21 de enero, tras el triunfo en las elecciones generales a la presidencia, compuesto por 14 mujeres y 10 hombres, el nuevo Presidente dijo a los elegidos, que “[…] Necesitamos que dialoguen, que escuchen mucho, que escuchen el doble de lo que hablen, que preparen sus agendas con dedicación, que visiten los barrios y las regiones, que estén en las calles y construyan soluciones en conjunto con la gente de Chile». Asimismo, en el primer encuentro con su nuevo Gobierno, afirmó que “sentirnos parte de un mismo proyecto y recordar permanentemente que nos debemos al pueblo de Chile, genera una ética colectiva que nos va a permitir tener un buen Gobierno”.

Su discurso de toma de posesión como Presidente de la República, desde el Palacio de La Moneda, es de una calidad extraordinaria y recomiendo su atenta lectura. Ahora hago referencia a determinados pasajes del mismo porque considero que son una bocanada de aire fresco en un mundo tan contaminado por la desafección política, algo que en nuestro país es una realidad ya muy preocupante. Los trascribo sin comentario alguno para que permanezcan objetivamente en nuestras almas,  junto a su calidad más plena:

[…]

La emoción qué he sentido hoy día al atravesar la Plaza de la Constitución y entrar a este Palacio de La Moneda, es profunda y necesito, existencialmente necesito compartirla con ustedes. Son parte protagónica de este proceso, el pueblo de Chile es protagónico en este proceso, no estaríamos aquí sin las movilizaciones de ustedes. Y quiero que sepan que no llegamos aquí solo para llenar cargos y solazarnos entre nosotros, para generar distancias inalcanzables, llegamos aquí para entregarnos en cuerpo y alma al compromiso de hacer mejor la vida en nuestra patria.

Y quiero que sepan que no llegamos aquí solo para llenar cargos y solazarnos entre nosotros, para generar distancias inalcanzables, llegamos aquí para entregarnos en cuerpo y alma al compromiso de hacer mejor la vida en nuestra patria.

Quiero decirles, compatriotas, que he visto sus caras recorriendo nuestro país, las de las personas mayores cuya pensión no les alcanza para vivir porque algunos decidieron hacer de la previsión un negocio.

Las de quienes se enferman y sus familias no tienen cómo costearle los tratamientos. Cuántos de ustedes nos han hablado, nos hemos mirado a los ojos.

Las de los estudiantes endeudados, las de las y los campesinos sin agua por sequía y por saqueo.

Las de las mujeres que cuidan a sus niños con TEA [Trastorno del Espectro Autista] que en cada lugar de Chile me las encuentro. A sus familiares postrados, a sus bebés indefensos.

Las de las familias que siguen buscando a sus detenidos desaparecidos qué no dejaremos de buscar.

Las de las disidencias y diversidades de género que han sido discriminadas y excluidas por tanto tiempo.

Las de los artistas que no pueden vivir de su trabajo porque la cultura no es lo suficientemente valorada en nuestro país.

Las de las dirigentas sociales que luchan por el derecho a una vivienda digna en las poblaciones de Chile.

Las de los pueblos originarios despojados de su tierra, pero nunca, nunca de su historia.

Las de la clase media acogotada, las de los niños y niñas del Sename [Servicio Nacional de Menores], nunca más, nunca más, las caras de las zonas más aisladas de nuestro país como el Magallanes de dónde vengo, las de quiénes viven en la pobreza olvidada.

Con ustedes es nuestro compromiso [la negrita es mía].

Es sólo una muestra, pero lo breve si bueno dos veces bueno, como aprendí desde pequeño de Baltasar Gracián. Sólo dos apuntes más:

Chilenas y chilenos: Mi sueño es que cuando terminemos nuestro mandato, y hablo en plural porque esto no es algo individual, esto no se trata de mí, esto se trata del mandato que el pueblo nos diera a este proyecto colectivo, cuando terminemos este mandato podamos mirar a nuestros hijos, a nuestras hermanas, a nuestros padres, a nuestras vecinas, a nuestros abuelos y sintamos que hay un país que nos protege, que nos acoge, que nos cuida, que garantiza derechos y retribuye con justicia el aporte y el sacrificio que cada uno de ustedes, de los habitantes de nuestra patria, hacen para el desarrollo de nuestra sociedad.

En este primer año de Gobierno también nos hemos impuesto como tarea acompañar de manera entusiasta nuestro proceso constituyente por el que tanto hemos luchado. Vamos a apoyar decididamente, decididamente el trabajo de la Convención. Necesitamos una Constitución que nos una, que sintamos como propia, una Constitución que, a diferencia de la que fue impuesta a sangre, fuego y fraudes por la dictadura, nazca en democracia, de manera paritaria, con participación de los pueblos indígenas, una Constitución que sea para el presente y para el futuro, una Constitución que sea para todos y no para unos pocos. Los invito a que nos escuchemos de buena fe, sin caricaturas, sin caricaturas, tomémonoslo en serio, de todos los bandos. Nos lo digo a nosotros mismos también, escuchemos de buena fe, sin caricaturas para que el plebiscito de salida sea un punto de encuentro y no de división y podamos aquí, junto al pueblo, firmar por primera vez en la historia de Chile una Constitución, democrática, paritaria, con participación de todas y todos nuestros pueblos. Chilenas y chilenos: El mundo nos está mirando. Quiero decirles chilenos y chilenas que el pueblo nos está mirando, el mundo nos está mirando y estoy seguro de que también ven con complicidad lo que está pasando en Chile.

Con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades

Una vez leído el discurso completo, comprendo que lo cerrara con un recuerdo especial a Salvador Allende, que tampoco he olvidado, como se puede constatar en bastantes páginas de este cuaderno digital. Les aseguro que me he quedado con su nombre, porque me entrega de nuevo la esperanza en el ser humano:

Sé que en 4 años más el pueblo de Chile nos juzgará por nuestras obras y no por nuestras palabras y que, como decía un viejo poeta, el adjetivo cuando no da vida, mata. Hoy era necesario hablar, mañana todos juntos a trabajar. Como pronosticara hace casi 50 años Salvador Allende, estamos de nuevo, compatriotas, abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, el hombre y la mujer libre, para construir una sociedad mejor. Seguimos. ¡Viva Chile!

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Recordando al músico de Venecia y al confinamiento por la COVID-19

Adagietto de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler, en la Banda Sonora Original de Muerte en Venecia, 1971

Sevilla, 13/III/2022 – 13:00h CET

Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos.

Eduardo Galeano

Esta noche, cuando el reloj marque las veinticuatro horas, se cumplirán dos años exactos de la entrada en vigor del confinamiento por la declaración del estado de alarma en el país, debido a la pandemia de la COVID-19. Hemos recorrido dos años muy difíciles y estamos constatando a diario que queda todavía mucho por reconstruir en el Estado y en el mundo en general, como consecuencia de la pandemia, agravado ahora todo por la invasión de Ucrania por si nos faltaba algo en este mundo al revés.

Por este motivo, vuelvo a compartir el artículo que publiqué ese día, 14 de marzo de 2020, El músico de Venecia y el coronavirus, cuando iniciábamos un camino hacia ninguna parte por el desconcierto mundial en el que nos movíamos a diario. Fue el comienzo de una larga serie de artículos que más adelante recopilé en una publicación transida de esperanza, La ventana discreta, en la que me asomaba a un mundo nuevo, lo que se dio en llamar “la nueva normalidad” y que justificaba así en el Prólogo: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante”

Leo el artículo citado y pienso que la cita de la literatura que figura al principio, sigue siendo una metáfora sobre la realidad de la vida de nuestros antepasados, que intentaron abordar épocas difíciles en las que el mal asolaba la humanidad y en las que se ha dejado para la posteridad un mensaje de la importancia de dar sentido a la vida, que es lo que más importa ante avisos tan importantes para navegantes, a pesar de lo que decía Groucho Marx con su sabiduría mordaz: “¿Por qué debería preocuparme de la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”. De todas formas, en aquella ocasión tan dura y desconocida, planteé la opción de entrar en la clínica del alma de cada casa, la biblioteca, para refugiarnos en la literatura y en la música. Decía en aquella ocasión que “Hoy ya no se habla de ir a lazaretos sino de permanecer en nuestras casas el tiempo que sea necesario hasta que el coronavirus se dé por controlado y se autorice la vuelta a la vida normal, acompañados en el caso de Sevilla por su calor tradicional de primavera y verano, porque “aquí se puede ser feliz”. Así se expresaba Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905, cuando comenzaba a despertar el siglo XX. Leo también con atención las páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. Aquello se justificaba porque Zweig escribió en aquella ocasión algo sorprendente para el alma de Andalucía y Sevilla: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Me acompañó también la música, en un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que sigo escuchando siempre con atención reverencial. Quizá me ayuda todos los días a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, “aquí [en Sevilla] se puede ser feliz”, tras una experiencia de juventud en esta ciudad. Lo hago extensivo a un sueño que persigo como si fuera una realidad: aquí, en el lugar del mundo en que cada uno vive, se puede ser feliz.

Esta noche se cumplen dos años exactos de la entrada en vigor del estado de alarma y, como consecuencia de ello, de los confinamientos más extremos que ha conocido este país desde la guerra civil del siglo pasado. Durante este tiempo me he esforzado en conocer la verdad de lo que ha ocurrido con el objetivo de emitir juicios bien informados, lejos de músicos celestiales, como el de Venecia, que no han reconocido la gravedad de la epidemia en beneficio propio y lejos del interés general. El que quiera entender que entienda, porque hoy pocas palabras bastan.

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.

El músico de Venecia y el coronavirus

Fotograma de Muerte en Venecia, 1971

Sevilla, 14/III/2020

Una pregunta de Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia, la obra inolvidable de Thomas Mann, a un músico que pasa junto a él pidiendo la voluntad, “¿Por qué desinfectan Venecia?” y la respuesta a la misma, “Está indicado por el calor y el siroco”, me han recordado -en este confinamiento legal y preventivo que estamos viviendo- la necesidad de que conozcamos en cada momento la verdad de lo que está pasando con el coronavirus, tal y como lo vengo expresando los últimos días. La insistencia de Aschenbach, que no se cree lo que le ha dicho el músico, traduce la inquietud legítima que tenemos en la sociedad por saber la realidad de lo que nos rodea por muy cruda que sea.

“¿De manera que no hay ninguna epidemia en Venecia?”, pregunta Aschenbach. “¿Una epidemia?”, contesta el músico de manera desafiante. “¿Qué epidemia va a haber? ¿Es epidemia el siroco? ¿Acaso es una epidemia nuestra Policía? ¡Usted bromea! ¡Una epidemia! ¡No diga usted eso! Sólo se trata de una medida de previsión policial. ¿Entiende usted? Una disposición en vista del tiempo bochornoso”.

Salvando lo que haya que salvar hoy, podemos cambiar la palabra siroco por coronavirus o policía por el estado de alarma y el acto de previsión policial como una medida para evitar mayores contagios y de previsión para contener en lo posible males mayores. El escritor Gustav von Aschenbach, uno de los protagonistas de la obra de Thomas Mann, prefirió abrazar el amor cerca de Tadzio desoyendo todas las recomendaciones para preservar su salud en una ciudad donde el cólera indio hacía estragos.

Esta cita de la literatura que tanto nos ha hecho reflexionar, es una metáfora sobre la realidad de la vida de nuestros antepasados que han intentado abordar épocas difíciles en las que el mal ha asolado la humanidad y en las que se ha intentado dejar para la posteridad un mensaje de la importancia de dar sentido a la vida, que es lo que más importa ante avisos tan importantes para navegantes.

El confinamiento en las casas impuesto por el Estado puede ser una buena oportunidad para acudir a la literatura y encontrar en ella un remanso de paz en el rincón de pensar que cada uno elija libremente en su casa. Hoy ya no se habla de ir a lazaretos sino de permanecer en nuestras casas el tiempo que sea necesario hasta que el coronavirus se dé por controlado y se autorice la vuelta a la vida normal, acompañados en el caso de Sevilla por su calor tradicional de primavera y verano, porque “aquí se puede ser feliz”. Así se expresaba Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905, cuando comenzaba a despertar el siglo XX. Leo también con atención las páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen.

En estos días difíciles sigo leyendo a Stefan Zweig en la obra citada y sus palabras se graban en mi cerebro como el mejor bálsamo para tiempos complejos y de turbación: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Me acompaña también un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que escucho con atención reverencial. Quizá me ayude a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, “aquí [en Sevilla] se puede ser feliz”, tras una experiencia de juventud en esta ciudad.

Con ella me quedo hoy a pesar de todo y porque necesito conocer la verdad de lo que está ocurriendo, lejos de músicos celestiales como el de Venecia que no la reconocen.

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La invasión de Ucrania nos está enfermando el alma

Albert György, Melancolía o El vacío del alma, 2012 – Muelle de Mont Blanc, Ginebra (Suiza)

Sevilla, 12/III/2022

… nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era.

Eduardo Galeano, en Patras arriba. La escuela del mundo al revés

En los primeros días de la creación, supe hace ya muchos años que la tierra estaba “hueca y vacía”. La verdad es que pasaron casi desapercibidas en mi vida estas dos realidades, pero en este tiempo de controversia permanente, con una invasión en Ucrania que nos conmueve a diario, son dos palabras que vuelven a tener una importancia transcendental. En aquél relato mágico del Génesis, la deidad correspondiente solucionó el problema de la oquedad y el vacío creando lo que le pareció “muy bueno”, el ser humano, a diferencia de los cielos y tierra, por ejemplo, que sólo eran creaciones “buenas”. Ese adverbio, muy, puso al ser humano en un sitio especial y así lo han contado durante miles de años los abuelos a sus nietos, en las orillas del Tigris y el Éufrates, en el actual Iraq, desde que la escritura nos lo recuerda en relatos que ya tienen más de 2.700 años.

Ha pasado mucho tiempo, pero estamos viviendo la invasión de Ucrania, para dejarla hueca y vacía en un alarde de imperialismo sin límites, un símbolo de profundo calado existencial. En este contexto, he recordado que el año pasado visité el Museo Nacional Reina Sofía, prácticamente vacío, en una visita fugaz a Picasso a través de su obra magna, Guernica, ante la que me detuve escudriñando cada centímetro de una pintura que considero prodigiosa, por su simbolismo y por lo que supone reflexionar sobre ella, en vivo y en directo, después de su azaroso viaje por el mundo. En la ida y vuelta por las salas del surrealismo, bastante huecas y vacías, hice la parada obligada ante esta sorprendente manifestación de dolor y rabia por lo acontecido no sólo en Guernica, sino en todo el país, aunque la frágil memoria histórica que nos embarga lo olvide a pasos agigantados, provocando en mi alma un duro vacío difícil de explicar. Una situación que ahora, con la realidad de Ucrania, se hace más cercana todavía.

Salvando lo que haya que salvar, lo que quiero demostrar es que lo más preocupante ante lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo casi minuto a minuto, es constatar el vacío de valores humanos en el Primer Mundo, en las grandes potencias occidentales, para comprenderlo en su justo sentido, porque aunque vivamos en ese mal llamado «primer mundo», no somos conscientes de que nuestra vida se vacía de valores y esperanza, porque la convivencia es cada día más difícil, dado que lo que acusa el vacío es el alma humana que se consuela a duras penas con su soledad de nuevos ricos o complejos imperialistas como los de Putin. En las clases finales de Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés, aborda unas lecciones de la sociedad de consumo y un curso intensivo de incomunicación, que ahora sufrimos por ejemplo por los acontecimientos de Ucrania, con una reflexión impecable, que leo una y mil veces en esta ardiente impaciencia ante la crisis mundial que se avecina y la escasez de todo que nos rodea por las esquinas del consumo, simbolizado en los elevados precios de las energías y las posibles estanterías vacías en comercios y superficies de todo tipo, es decir la manifestación palpable de que la tierra se queda poco a poco “hueca y vacía”, sin que se aviste un dios que vuelva a recordarnos que lo mejor que tiene el mundo son las personas que lo pueblan: “Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los oídos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. Los presidentes de los países del sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, un acto de magia que nos convertía a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro, deberían ser procesados por estafa y por apología del crimen. Por estafa, porque prometen lo imposible. Si todos consumiéramos como consumen los exprimidores del mundo, nos quedaríamos sin mundo. Y por apología del crimen: este modelo de vida que se nos ofrece como un gran orgasmo de la vida, estos delirios del consumo que dicen ser la contraseña de la felicidad, nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era”.

Galeano lo confirma: este loco mundo, con Putin ahora al frente como protagonista indeseable, está enfermando nuestra alma y nos están dejando sin casa, con un sentimiento permanente de oquedad y vacío. Además, esta transformación existencial me lleva a escribir estas palabras con lo poco que me queda de esa alma vacía. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado de nuevo una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja, intentando salir como podemos del vacío y oquedad que nos rodea ahora, con la invasión de Ucrania como lección a aprender en un burdo mundo al revés, en el que constatamos que la izquierda está a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

No es lo mismo legitimidad que ética política

Sede de las Cortes Generales de Castilla y León, en Valladolid. Detalle del Hemiciclo.

Sevilla, 11/III/2022

Sé que estamos viviendo en una España al revés, donde la confusión de términos nos invade por tierra, mar y aire, sobre todo porque más allá del léxico hay una ideología no inocente detrás de muchas palabras, lo que se podría resumir en lo ocurrido ayer con una sola frase: todo vale en política. Lo afirmaba Eduardo Galeano en su visión del mundo al revés: al final, la izquierda está a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, o lo que es lo mismo, la ultraderecha está en el centro de la derecha, a la que pretende difuminar, fulminar o desenmascarar, quién sabe, ganando terreno político en un gobierno por estrenar. Así lo explicaba también Galeano, en palabras que todos las podemos entender muy bien: “No se necesita ser un experto politólogo para advertir que, por regla general, los discursos sólo cobran su verdadero sentido cuando se los lee al revés. Pocas excepciones tiene la regla: en el llano, los políticos prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión. Algunos quedan redondos, de tanto dar vueltas; produce tortícolis verlos girar, de izquierda a derecha, con tanta velocidad. ¡La educación y la salud, primero!, claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!, y la educación y la salud son las primeras en ahogarse. Los discursos elogian al trabajo, mientras los hechos maldicen a los trabajadores. Los políticos que juran, mano al pecho, que la soberanía nacional no tiene precio, suelen ser los que después la regalan; y los que anuncian que correrán a los ladrones, suelen ser los que después roban hasta las herraduras de los caballos al galope” (1). La ética política no se improvisa ni se cambia de buenas a primeras, porque la gran verdad de la ética, en cualquiera de sus manifestaciones, consiste en defender siempre y sin fisuras la razón que justifica todos los actos humanos de bien, en libertad, con dignidad extrema, defendiendo siempre el interés general en democracia como su auténtico caldo de cultivo, porque sin ella no podemos avanzar mucho en la sociedad. Es la “solería” que se va poniendo cada día en todo el país, sin excepción alguna, con actos y actitudes que dignifican la política, que no la envilece o daña. El profesor López Aranguren, definía la ética como el “suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos”, que tantas veces he abordado en este blog.

Lo que sucedió ayer en la Comunidad de Castilla-León, a la que VOX gusta llamar “Castilla la Vieja”, tomen nota, en la que el partido de ultraderecha entra por primera vez en el Gobierno de una Comunidad, nada menos que con la Vicepresidencia, la Presidencia del Parlamento Autonómico y tres Consejerías, por determinar su alcance, es para mí un ejemplo meridiano de la España al revés. Conviene leer los términos exactos del Acuerdo de Legislatura, donde casi todo queda en palabras, porque lo que se ha manifestado por parte de los lideres de VOX, horas antes de su firma, era para tentarse la ropa. Todo muy democrático y muy legítimo, pero muy poco ético desde la perspectiva política, fundamentalmente porque ese partido de ultraderecha no cree en el Estado de las Autonomías, es decir, no cree en determinados artículos de la Constitución y va a por ella, confunde todo tipo de violencias y las equipara, para acabar invisibilizando la de género, que destaca sobre todas por su esencia de sufrimiento para las mujeres, dentro y fuera de las familias, porque ese escarnio contra ellas no sólo se produce en el seno de la familia, en el ámbito “intrafamiliar” dicen ellos, sino en el laboral o en el de la vida diaria y anónima de quienes la sufren minuto a minuto, entre otros muchos entornos nada amables por el simple hecho de ser mujer. A ello hay que agregar la criminalización de la migración que ellos llaman “ilegal”, cuando lo verdaderamente ilegal es que estemos rodeados de nadies que no tienen dónde ir y refugiarse, que necesitan más que nunca nuestra comprensión y apoyo. Y una cosa más, entre otras muchas en su programa político: la defensa de la memoria histórica es casi un cuento chino, como si de la guerra civil española en el siglo pasado no se derivaran responsabilidades de todo tipo a pesar del tiempo transcurrido. Lo que piensan de la pertenencia a Europa ya se conoce, porque su antieuropeísmo es de libro, por si esto se nos olvidaba también. Ya lo ha advertido el presidente del Partido Popular Europeo, Donald Tusk, al conocer el Acuerdo, del que ha dicho que es una “capitulación» del Partido Popular en España.

En este marco incomparable de falta de ética política, con un efecto halo de legitimidad, asistimos también a un reguero de manifestaciones de la derecha “encubriendo” como pueden y de forma vergonzante lo firmado ayer “in extremis” en Castilla-León, con una palabra como denominador común: el acuerdo es “legítimo”, pero cuando ellos analizan cómo se constituyó el Gobierno actual de este país, lo acusaban, y siguen haciéndolo de forma reiterada, de “ilegítimo”, sin despeinarse un solo momento. Y no es lo mismo, no. Un ejemplo: la confluencia de los partidos PSOE y Unidas Podemos, que hizo posible el gobierno actual del PSOE, no recoge en ningún momento la anuencia de programas incompatibles con la Constitución. El de Castilla-León, sí, porque es su quintaesencia anticonstitucional lo que les pesa más que los fárragos de las intervenciones públicas de sus líderes, que al final son solo palabras.

Vuelvo a insistir en algo que he manifestado recientemente ante situaciones como la que he analizado anteriormente, por las que nos encontramos conturbados y decepcionados: ahora debo escribir estas líneas y saltarme algo que conozco bien por el arte de callar, porque cuando hablo y escribo es porque tengo algo más importante que decir que guardar silencio. Lo que ocurrió ayer en Castilla-León, nos recuerda que con unas elecciones legítimas los ciudadanos firmamos de algún modo un contrato social con la política que impera, lo que nos lleva a descubrir la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca aquella frase del filósofo Emilio Lledó, que me marcó para siempre: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario por tanto comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. O seguir confundiendo legitimidad con ética política, que no es lo mismo.

Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política (que no sólo es en el área económica) es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe de forma tentacular y nos lleva a un conformismo y desafección política terribles. La tentación es huir hacia adelante, pero hacia ninguna parte, porque queramos o no necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo ocurrido ayer en Castilla-León, es posible que volvamos a caer en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (2) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, que diría el torero El Guerra, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, la de los Gobiernos correspondientes también, queramos normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales para convertirlo todo en un mundo al revés sin contrato social alguno. O lo que es lo mismo, seguir confundiendo la legitimidad como acto pasajero para cubrir apariencias, con la ética como actitud permanente de dignidad pública y privada a lo largo de nuestra vida.

(1) Galeano, Eduardo, Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

(2) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino, 1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3.

NOTA: la imagen de cabecera, recuperada hoy de https://www.ccyl.es/Content/VisitaVirtual/, ofrece un detalle del Hemiciclo de las Cortes Generales de Castilla y León, en el que figura el Mosaico de los Cántaros, en mármol y caliza, que lo preside, datado en el siglo IV. La luz natural entra a través del cristal serigrafiado y láminas de alabastro.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

«Resistencia» no es sólo un nombre de barco

ENDURANCE – ERNEST SHACKLETON / RTVE

Sevilla, 10/III/2022

Hemos conocido recientemente el hallazgo del pecio en el mar de Weddell (Océano Atlántico), donde se encuentra casi intacto el velero bergantín Endurance (Resistencia), protagonista de la expedición de Ernest Shackleton, explorador polar angloirlandés y su primer comandante, hundido en 1915 a unas cuatro millas al sur de la posición que su capitán, Frank Worsley, registró antes de que la tripulación tuviera que abandonarlo, al quedar atrapado en el hielo. El 9 de agosto de 1914 y coincidiendo con la entrada oficial del Reino Unido en la Primera Guerra Mundial, el Endurance, de 44 metros de eslora, inició su mítica singladura hacia la Antártida desde el puerto inglés de Plymouth, pasando de forma obligada como inicio de la aventura antártica, por las islas de Georgia del Sur.

Quien frecuenta este cuaderno de derrota (en lenguaje del mar), sabe que está especializado en buscar islas desconocidas. Por este motivo, aventuras como la del Endurance (1) tienen un sitio de honor en este cuaderno digital, interpretándolo siempre desde la amura de babor de la vida, que no de estribor, por aquello de la ideología que, en mi caso, no es inocente. Aquella tripulación, al mando de su ideólogo, Ernest Shackleton, compuesta por un total de 28 hombres, reclutadas al parecer por un anuncio sorprendente, “Se requieren hombres para un viaje peligroso. Salario bajo. Frío polar. Horas de completa oscuridad. Regreso a salvo dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, tomó conciencia poco a poco de que la expedición tenía un final en las puertas de la Antártida porque el hielo les impedía continuar. Así estuvieron durante diez meses, esperando que el cambio de tiempo les permitiera reanudar la navegación, pero no ocurrió así y el barco sufrió las inclemencias del tiempo, dejándolo inservible hasta tal punto que ellos mismos comprobaron cómo se hundía en aquel tenebroso mar de Weddell. Lo sintetizó bien en una frase que pasó a la posteridad: “Se ha ido, muchachos”.

Lo que ocurrió desde aquel momento se conoce por numerosos reportajes, entrevistas, libros y recortes de prensa, porque es verdad que el resultado humano de aquella expedición fue sorprendente, en términos mucho más desesperanzados que los que figuraban en el anuncio citado, fundamentalmente porque hicieron honor a la denominación del barco: “Resistencia”. Shackleton, en un ejemplo de liderazgo digno de encomio, con el recurso de tres botes del barco, logró finalmente salvar a toda la tripulación, en un ejemplo de heroicidad y solidaridad que ha sabido reconocer la historia mundial. Una gesta que duró dos años, hasta que finalmente fueron rescatados todos el 30 de agosto de 1916 en la isla Elefante, el primer punto que alcanzaron después de la salida de la pequeña expedición para el rescate, comandada también por el propio Shackleton y cinco tripulantes del Endurance.

Tripulación del Endurance

Todo lo anterior, una aventura aleccionadora en todos sus términos, me recuerda una vez más el compromiso contraído por mí un día ya lejano con José Saramago, cuando comencé a escribir en este cuaderno de derrota mis anotaciones sobre la búsqueda incesante de islas desconocidas, en la clave que nos regaló con sus palabras trazadas en un libro inolvidable, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña siempre en los viajes hacia alguna parte de mi vida. Cualquier situación, como la descrita por ejemplo con la localización del Endurance, puede ser una buena excusa para volver a iniciar esta apasionante búsqueda. En 2014, con motivo de la publicación de un libro precioso, Atlas de islas remotasconocidas hasta donde he podido investigar, propuse que también se debería hacer un atlas de islas desconocidas, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque en el libro se hacía una reflexión sorprendente y, quizá, disuasoria: “El paraíso es una isla. Y el infierno también”. Todo ello me lleva a considerar también que hay que saber hacia dónde navegamos en el río o mar de la vida todos los días y a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás. Existen además, varias puertas a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda…

Así lo escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias para vivir con dignidad humana: “Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad”, porque […] “El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias a él, fueron 43 pequeñas páginas las que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente -intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso”.

El paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día. Quizá deberíamos aprender en el aquí y ahora de cada uno, de la misión y visión perfecta del charrán ártico, que persigue un objetivo claro que siempre cumple: alcanzar las metas propuestas volando por esos mundos de dios. Porque buscar islas desconocidas, es decir, descubrir cómo somos cuando decidimos vernos desde fuera, es lo mejor que nos puede pasar en la vida sola o asociada. Al fin y al cabo, la vida se nos pasa… volando. También, resistiendo, como hemos podido comprobar durante la pandemia, situación que con la localización en estas fechas del Endurance, se nos antoja como una metáfora perfecta de lo que significó la supervivencia de aquella expedición en una expedición hacia alguna parte. Así lo cantábamos no hace tanto tiempo: Resistiré / Erguido frente a todo / Me volveré de hierro para endurecer la piel / Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte / Soy como el junco que se dobla / Pero siempre sigue en pie.

Vuelvo a entrar hoy en mi clínica del alma, mi biblioteca, para abrir de nuevo El cuento de la isla desconocida, de José Saramago, tantas veces citado como hilo conductor de estas páginas, y leo algo muy esclarecedor para viajar por mares y océanos procelosos, donde se encontraba por ejemplo el lugar inhóspito en el que tuvo lugar el hundimiento del Endurance: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer humilde del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

(1) Lansing, Alfred, Endurance. La prisión blanca, Madrid: Capitán Swuing, 2015.

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¡Ay, Luisico!, la intrahistoria de unos versos y dibujos de Federico García Lorca

Sevilla, 9/III/2022

Los encontré finalmente en un ejemplar original de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, publicada en 1949 (1), que recibí ayer con la ilusión de un niño con zapatos nuevos, que se decía en mi infancia de Madrid, donde en el índice, bajo la denominación de “Tabla”, aparecen siete poemas y dos dibujos inéditos de Federico García Lorca, con un subtítulo que dice textualmente lo siguiente: “Los publica Luis Rosales”. Hasta ahí todo bien, excepto cuando se conoce la intrahistoria de cómo se obtuvieron los originales citados. Lo cuenta con detalle Ana Merino en su última obra, Amigo (2), sobre la que recientemente he escrito un artículo en este cuaderno digital que tiene como misión descubrir ”islas desconocidas” para el alma de todos y la de secreto.

En la citada novela, la protagonista, Inés, narra un hecho real en su investigación sobre un archivo de Joaquin Amigo, gracias a una invitación que se le hace para ordenar ese archivo que conservaba en Madrid, María, una nieta de Joaquín. El archivo era en realidad una caja que su mujer, Rosario de la Quintana, guardaba en el altillo de un armario de su dormitorio con documentos de todo tipo, junto a unas estanterías que mandó hacer en su casa de Ronda (Málaga) que contenía sus libros, todo ello a raíz de la dolorosa muerte del gran amigo de García Lorca, sólo nueve días después del asesinato del poeta y en su caso, de una forma igualmente trágica, al haber sido arrojado al vacío del Tajo de Ronda por las milicias republicanas. En sus primeros pasos, descubre que entre las personas que siguieron cerca de la familia de Amigo estaban Ian Gibson, Félix Grande y el poeta Luis Rosales, que aun teniendo diez años menos que Joaquín Amigo mantenían una relación de amistad y respeto mutuo. Fue en una de las visitas de Luis Rosales a la viuda de Amigo cuando se produjo un hecho que quiero resaltar hoy para hacer un pequeño homenaje a Federico García Lorca y a su gran amigo Joaquín Amigo, valga más que nunca la redundancia, al publicar en este artículo lo que de verdad sucedió con los siete poemas y los dos dibujos originales de García Lorca, que figuraban en la caja celosamente guardada en su casa por la esposa de Joaquín y que Luis Rosales se llevó un día de visita. Esta intrahistoria la cuenta su nieta a la protagonista, en el sentido de que Rosales pidió prestados esos poemas y dibujos y nunca los devolvió, a pesar de que Rosario se los pidió en reiteradas ocasiones. De ahí la expresión de dolor de Rosario al recordar este hecho: ¡Ay Luisico, Luisico! Luego, “se quedaba en silencio”.

La verdad es que no se sabe por qué ocurrió este hecho. Hoy, publico este artículo como homenaje a la amistad entrañable de Federico García Lorca y Joaquín Amigo, que para mí representa algo más que una amistad, porque ambos eran de ideas e ideologías muy diferentes y conservaban su unión con esmero y delicadeza casi benedictina, desde que se conocieron y hasta sus dolorosas muertes, que ambos sufrieron auspiciadas por bandos diferentes, como un hecho irrefutable de que de su destino era permanecer unidos hasta la muerte a pesar de todo.

Los siete poemas y los dos dibujos de Federico García Lorca, que figuraban en poder de Joaquín Amigo, publicados por Luis Rosales, con una única reseña que figura en  el titulado “La oración de las rosas”, que dice lo siguiente: “Las seis primeras composiciones pertenecen al libro inédito “La suite de los espejos”, que el poeta compuso con anterioridad al “Poema del Cante Jondo”, son un hallazgo que quiero compartir hoy con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, al tener delante la revista original en la que se publicaron. La “Oración de las rosas” es probablemente la primera composición poética de García Lorca”. Como se observa, no hay ni una sola mención a cómo obtuvo Luis Rosales estos originales. ¡Ay, Luisico! Difícilmente sabremos por qué ocurrió este hecho. Una buena respuesta puede ser leerlos hoy con respeto reverencial a la amistad de García Lorca y Amigo, porque coinciden las fechas en que el poeta regaló a Joaquín un ejemplar de la primera edición de Impresiones y paisajes, publicada en 1918 con una dedicatoria sentida y si los poemas citados se publicaron antes del “Poema al Cante Jondo”, estamos hablando de un regalo efectuado en 1920, aunque la única fecha que figura en ellos es de 7 de mayo de 1918, concretamente en “La oración de las rosas”, considerada siempre como la primera composición poética de García Lorca. Su entrega a Joaquín simboliza algo muy importante en sus vidas contrapuestas: el respeto a su amistad por encima de todo.

Recomiendo la lectura de los siete poemas en este enlace, que corresponde a la publicación oficial, así como la visualización de los dos dibujos, en el orden que figuran en el ejemplar de la revista citada, Cuadernos Hispanoamericanos, aunque agrego a continuación el segundo dibujo, Jardín de Orfeo, porque no figura en el enlace citado, que corresponde a la página 19 del original:

Agradezco a Ana Merino haber conocido la intrahistoria de esta amistad inolvidable. Amigo es algo más que una novela. Es, sobre todo, una licencia de género literario que se permite la autora para demostrar, con una ficción biográfica, presidida por un trabajo de investigación muy riguroso, casi de ensayo total, que la verdad tiene ribetes de acero para que el dolor de lo ocurrido sea mejor entendido por todos. Un esfuerzo literario digno de reconocimiento cuando la realidad de las dos Españas se aborda de la forma en que se presenta el contenido de este libro. Fundamentalmente, porque el alma de García Lorca es inabarcable y sólo hacemos maniobras de aproximación para intentar comprenderla y explicarla de la forma más accesible para la conciencia de todos, de unos y otros, como siempre debería ser en esta España tan dual y cainita. Otro ejemplo precioso de la grandeza de espíritu de Federico García Lorca, que perdura en el tiempo y en la memoria histórica de este país y que ahora, gracias a Ana Merino, podemos conocerla mejor y con múltiples detalles. Los poemas y dibujos de Federico García Lorca atestiguan una amistad ejemplar. Léanlos y contemplen sus dibujos. En ellos hay muchas respuestas a la sinrazón actual de un auténtico mundo al revés. Por ejemplo en Tierra:

Andamos
sobre un espejo
sin azogue,
sobre un cristal
sin nubes.
Si los lirios nacieran
al revés,
si las rosas nacieran
al revés,
si todas las raíces
miraran las estrellas,
y el muerto no cerrara
sus ojos…,
seríamos como cisnes.

(1) Merino, Ana, Amigo. Barcelona: Destino-Planeta Libros, 2022.

(2 García Lorca, Federico, Siete poemas y dos dibujos inéditos, en Cuadernos Hispanoamericanos, 10 (Julio-Agosto), 1949. Madrid: Cultura Hispánica. Seminario de Problemas Hispanoamericanos, 9-19.

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Si Alicia renaciera en este mundo al revés

lustración original de “Alicia en el País de las Maravillas”, de sir John Tenniel, en el capítulo ‘Una merienda de locos”.

Sevilla, 8/III/2022, en el Día Internacional de la Mujer

Cuando en este Día Internacional de la Mujer, los ojos se nos llenan de lágrimas al ver caminar a miles de mujeres junto a sus hijos, por las gélidas carreteras de Ucrania, en búsqueda de un mundo mejor, bajo el rugido infernal de los bombardeos y disparos descontrolados, he recordado el pensamiento de Eduardo Galeano sobre la niña Alicia para presentarnos su escuela del mundo al revés: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies (1). Ya estamos en el año veintidós de este milenio y las palabras de Galeano suenan igual cuando asistimos como espectadores impávidos a esta masacre de Ucrania, donde miles de mujeres simbolizan el largo camino que todavía les queda para su reconocimiento en términos de igualdad ante la vida y para alcanzar la paz de género, que también existe. Ellas con sus hijos y sus maridos al frente. Como siempre, en otras guerras.

En este Día Internacional de la Mujer, quiero agradecer a la vida, por escrito, mi experiencia personal con el ejemplo de una protagonista de ese cuento, una niña llamada Alicia, en su país de las maravillas, a la que agradezco hoy todo lo aprendido de su ejemplo a lo largo de los años, a través de la lectura madura de su historia narrada por Lewis Carroll, estando de acuerdo con lo que Juan Ramón Jiménez escribía en el Prólogo de su precioso libro “Platero y yo”: “Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! […] Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.”. Porque Alicia, como mujer, nos introduce en un largo camino para comprender el papel de ser humano cuando tiene que enfrentarse a la realidad de la vida.

En el mundo al revés en el que vivimos a diario y que me tiene últimamente tan ocupado y desconcertado, pienso que siendo adulto leí siempre, con alma de niño, el libro de Alicia en el país de las maravillas, porque era una isla espiritual en la que podía vivir como Juan Ramón Jiménez pensaba en ese prólogo que nunca he olvidado: “Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca”. Esa es la razón clara de por qué aprendí tantas cosas, siempre, de una niña fantástica, Alicia, un ejemplo para saber qué es el silencio y comprender la quintaesencia de la palabra en una frase enigmática del sombrerero: “Comienza por el principio y cuando termines de hablar…¡te callas!”, si es que no tengo algo mejor que decir que el silencio, tal y como hizo Alicia.

Es lo que comprendí en ella cuando “sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad”. Supe más tarde que aquello se llamaba el principio de realidad, en un diálogo sublime con el sombrerero: “Pero un sueño no es la realidad (Alicia). Y, ¿quién te dice cuál es cuál? (Sombrerero). Pero lo que tengo que reconocerle a la niña Alicia es algo muy importante en la vida, algo que utilicé muchas veces en mis presentaciones y conferencias profesionales: saber dónde tenemos que ir en cada momento de la vida, para no correr el riesgo de perdernos, aunque hablara en algunas ocasiones de estrategias digitales públicas que afectaban a millones de personas en Andalucía y que se tenían que desarrollar con espacio, dinero y tiempo…, públicos:

  • “ ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
  • Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
  • No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
  • Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
  • … siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
  • ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!”

Supe, llegado al ecuador de la vida, que había que estar a veces loco para seguir luchando contracorriente en la vida, frecuentando experiencias personales y laborales en las que me podían decir ¿qué hace un chico como tú en un sitio como éste?, ¡hay que estar loco! Lo descubrí, siguiendo al pie de la letra unas palabras de Alicia:

  • “Hasta ahora no he tomado nada -protestó Alicia en tono ofendido-, de modo que no puedo tomar más.
  • Quieres decir que no puedes tomar menos -puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada.
  • Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
  • Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
  • ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
  • Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí”.

Escucho a diario la utilización despectiva del adjetivo “loco” en locuciones diarias a nuestro alrededor del tipo “tal o cual persona está loca” por lo que piensa, escucha, dice y escribe. Lo descubrí también en Federico García Lorca, en unas palabras pronunciadas en un acto con estudiantes de la Universidad de Madrid, en 1934, presentando unos versos del poeta chileno Pablo Neruda, cuando les decía lo siguiente: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir”.

La locura no es una señora con un gorro de puntas de las que cuelgan cascabeles, en un nuevo acto machista por asignación de este rol pérfido a la mujer. La locura puede ser entendida en su sentido más noble como la capacidad de alternar la crudeza de la vida diaria, el mundo al revés, con el bienestar personal, mediante “lecturas especiales/ideales” de lo que está ocurriendo (2), por ejemplo lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo, aunque si la naturaleza humana no responde a las necesidades diarias, la gracia nunca puede presuponer lo que naturaleza no da (gratia non datur, natura dispensatur). El famoso cuento del violín, escrito por Federico el Grande, lo resume muy bien: la vida me pide, a veces, que toque el violín solo con tres cuerdas, luego con dos, luego con una [cada una, cada uno que ponga otro nombre a las cuerdas de su locura…], pero los resultados son obvios, la locura crece:

Os pido, si os place, que este cuento
Os enseñe, queridos amigos,
Que por grande que sea el talento
El arte no se basta sin los medios

Así lo he vivido y así lo cuento, aunque les aseguro que cualquier parecido de lo que le sucedía a Alicia con mi realidad nunca ha sido una pura coincidencia. De ahí mi agradecimiento como deuda, tal y como lo comentaba al principio de estas líneas, gracias a lo que una niña maravillosa me ha enseñado a lo largo de mi vida, encerrado algunas veces en una isla espiritual, desconocida para muchos, la que buscaba apasionadamente también, hace un siglo, un niño andaluz como yo llamado Juan Ramón Jiménez.

Es verdad que si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. En marzo de 2022, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Sería la visión de una gran mujer, tal y como nos lo cuenta la historia y para aprender siempre de ella.

(1) Galeano, Eduardo, Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

(2) Alberto Manguel publicó en 2006 un libro muy interesante, Nuevo elogio de la locura (Barcelona: Lumen), que nos ayuda a comprender al lector ideal de la vida, junto a otras muchas definiciones: “Robinson Crusoe no era un lector ideal. Lee la Biblia para hallar respuestas. Un lector ideal [de lecturas especiales] lee para encontrar preguntas” (los corchetes son míos).

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Admirar la vida, a personas, esa es la cuestión

Sevilla, 7/III/2022

Dedicado a mi nieto Adrián, que cada día que pasa admira más todo lo que está a su alrededor.

En un mundo de permanente turbación y mudanzas, alejándose de la recomendación sabia de San Ignacio de Loyola, necesitamos recuperar con urgencia la capacidad de admiración de personas, de la naturaleza y de determinadas cosas. Quien siga de cerca las páginas de este cuaderno digital habrá podido observar que soy un apasionado de la curiosidad en su vertiente sana, que decía el diccionario de Covarrubias, es decir, alejada del asombro cuando se entiende como algo que nos conmueve e incluso nos paraliza por miedo, porque la auténtica admiración muestra siempre la vertiente amable que me permite admirarme de casi todo y de casi todas las personas, en su versión aristotélica, escudriñando lo más íntimo de la propia intimidad de las personas y de las cosas y moviéndome a actuar inmediatamente para descubrir que hay detrás de cada persona y de cada cosa en la vida. Es como si se prolongara esa vida en una eterna pregunta de niño marxiano de cuatro años, aquél que mandó buscar Groucho en Sopa de ganso para resolver problemas, que siempre pregunta en bucle el porqué de todo lo que se mueve porque, dicho sea de paso, alguien o algo tuvo la responsabilidad hace millones de años de poner en marcha el universo. De ahí las eternas preguntas de los creacionistas y evolucionistas: averiguar quién fue o cómo era el “primer motor inmóvil”, como curioseaba Aristóteles en sus obras, para enseñarnos qué es el asombro sano o la admiración de todas las cosas.

Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como el “universo del entretenimiento”, donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es asombrarse o admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de asombrarse, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que el asombro y la curiosidad siguen siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

Ante un escenario tan atractivo para descubrir islas desconocidas y curiosas del conocimiento, acudo con frecuencia a mi manual de cabecera, Una historia natural de la curiosidad, donde Alberto Manguel explica en sus 541 páginas aspectos mágicos de esta realidad humana que tantas respuestas da a la vida, incluso en momentos de pandemia. Ser curiosos eleva el espíritu y eso me basta. Así lo sugería Cicerón, según aparece en una copia realizada en el siglo IX de un texto suyo en el que, al final de una frase, aparecía un signo de pregunta que se representaba por una escalera ascendente hacia la parte superior derecha de la línea de texto, «en una serpenteante línea diagonal que nace en la parte inferior izquierda” (1).

Cuando se publicó este libro excelente e Manguel, leí un artículo extraordinario que sintetizaba muy bien su obra. Así lo recogí en un post del que entresaco dos preguntas y respuestas de Manguel que me sobrecogen siempre que las leo porque comprendo perfectamente la depreciación de la curiosidad en estos tiempos modernos: “Hay ciertas interrogaciones que nos hacemos en diferentes momentos de nuestra vida. De niños la primera pregunta es ¿por qué? ¿Por qué lo que veo en el espejo soy yo?, ¿por qué no me dejan hacer ciertas cosas? Después las preguntas cambian, y cuando llegas a la vejez vuelven las de la niñez. Pero con el sentimiento de no querer encontrar una respuesta, sino demorarse en el placer de la pregunta”, para seguir diciendo “¿Para qué la sociedad y el poder arrinconan la curiosidad? Si haces una caja cuadrada, debes crear elementos con ángulos rectos para que entren en ella. Si crean una sociedad de consumo deben crear consumidores, si no, no funciona. El sistema tiene que impedir que te hagas preguntas esenciales porque si te las haces no hay más consumo. Por eso la sociedad no alienta la reflexión. Es un sistema depredador que busca el beneficio en una estructura productiva”.

Cuando también nos encontramos con el sentido del asombro, debemos tener en cuenta que ese asombro es bueno si nos lleva a la admiración y no al miedo a lo desconocido, porque es un término ambiguo por definición. Así lo explica el Diccionario panhispánico de dudad, cuando aborda el lema “asombrar(se)”: Cuando significa ‘causar asombro’, por tratarse de un verbo de «afección psíquica», dependiendo de distintos factores, el complemento de persona puede interpretarse como directo o como indirecto: «El relato lo asombró» (García Márquez, en El amor en tiempos de cólera, 1985). La afección psíquica que producen determinados “asombros” está demostrada con la maestría del gran Gabo, lo que traduce de forma sencilla que la “admiración”, rodeada casi siempre de “curiosidad”, incita a ir hacia adelante en descubrir la causa de la admiración, frente al “asombro” que, a veces, paraliza por la sorpresa o desencanto que supone.

Quizás sea una publicación de la bióloga americana Rachel Carson, El sentido del asombro (2), la que mejor define este lema porque no bien entendido y alejado de la admiración, puede confundirnos. Esta publicación nació en un artículo Ayuda a tu hijo a asombrarse (Help your child to wonder) publicado en la revista Woman’s Home Companion en el año 1956, que debido a su temprano fallecimiento no pudo ampliarse en contenidos como ella hubiera querido. Aun así, ella lo proyectó en su cercanía a un sobrino, Roger, que le mostró la capacidad de asombro en un niño, muy sensibilizado con la naturaleza: Para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, se necesita la compañía al menos de un adulto con quien poder compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo en que vivimos. No se puede explicar mejor y en el universo de los cuentos infantiles. Carson lo definía bien en el artículo citado: “Si yo tuviera influencia sobre el hada madrina, aquella que se supone que preside el nacimiento de todos los niños, le pediría que le concediera a cada niño de este mundo el don del sentido del asombro tan indestructible que le durara toda la vida (…)”.

El placer del asombro y la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas, que se asombran de muchas personas o cosas, mostrando la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que nos asombra, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada.

(1) Manguel, Alberto, Una historia de la curiosidad. Madrid: Alianza Editorial, p. 17, 2015.

(2) Carson, Rachel, El sentido del asombro, Madrid: Encuentro, 2021.

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Allí la guerra, aquí la paz

Sevilla, 6/III/2022

Allí la guerra, aquí la paz, es la frase que pronuncia continuamente el pianista alemán Davide Martello (aunque en su presentación artística es Klavierkunst, arte pianístico), que desde el jueves pasado está tocando un piano rudimentario, artesanal, en Medyca, un pueblo polaco cercano a la frontera con Ucrania. Su historia es una representación de la generosidad humana porque lleva muchos años trasladándose a zonas de conflicto para acompañar con la música a los que huyen o están sufriendo el azote de las guerras. Afganistán, campos de refugiados en Turquía o durante los atentados de París, han sido zonas que ha frecuentado para seguir lanzando al mundo el auténtico lema de la música, que preside mi clave y que tantas veces he citado en este cuaderno digital: la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum). Él manifiesta que va «donde haya un conflicto para intentar calmar los ánimos y repartir paz entre quien me quiera escuchar».

Leyenda en la tapa de mi clave

Una de sus canciones preferidas es Angels, de Robbie Williams, que interpreta a menudo, como un canto de esperanza a algo tan importante en la vida como es el amor,  cuando todo lo demás falla: De nuevo tú te cuelas en mis huesos, / dejándome tu beso junto al corazón, / y otra vez tú abriéndome tus alas, / me sacas de las malas, rachas de dolor, / porque tú eres el ángel que quiero yo. ¿Representarán los ángeles los sueños para despertarnos en un mundo diferente? También, Yesterday, la inolvidable canción de Los Beatles: Ayer todos mis problemas parecían tan lejos / ahora es como si estuvieran aquí para quedarse / oh, creo en el ayer […] Ayer el amor era un juego tan fácil / ahora necesito un lugar donde esconderme / oh, creo en él ayer. El ayer de paz que se vivía en Ucrania a pesar de su último tiempo tan convulso.

Cada uno tiene que posicionarse ante esta invasión absurda, que no guerra, porque Ucrania no la ha querido nunca. Por mi parte, creo en el compromiso intelectual y artístico, como es este ejemplo del pianista alemán, para estar cerca de los que están sufriéndola en proporciones ciclópeas, con un desgarro humano que se contempla a través de las noticias que nos llegan, porque la realidad es que lo que está pasando lo estamos viendo, nunca mejor dicho en lenguaje periodístico. Davide Martello lo hace de la mejor forma que puede y debe, porque su saber ser y estar en el mundo contribuye ahora a mitigar, aunque sea tan sólo unos minutos, el dolor por el daño que sufren los miles de refugiados que cada segundo entran en Polonia. Me solidarizo con él y con el símbolo de la paz que ha pintado con tiza en su piano. Él sabe que su música es ahora, para los ucranianos que huyen de la invasión rusa, compañera en la alegría y medicina para el dolor. A los principales afectados por la invasión, eso les basta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Miguel Hernández, ante la tristeza de las guerras

Sevilla, 5/III/2022

El próximo veintiocho de marzo se cumplen ochenta años del fallecimiento del poeta Miguel Hernández. No lo olvido, como se puede comprobar repasando páginas de este cuaderno digital, a lo largo de sus dieciséis años de vida. Hoy, lo he recordado especialmente por el poema Tristes guerras, de su Cancionero de ausencias (1938-1941), que reproduzco a continuación sin más comentarios para no empañar su mensaje, que en estos momentos es imprescindible escucharlo para comprender bien su fondo y forma.

Tristes guerras
Si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas
Si no son las palabras
.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres
Si no mueren de amores.

Tristes. Tristes.

Igualmente, invito a escuchar su voz en la única grabación que se conserva en la actualidad, realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la «Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

Ante lo que está pasando y estamos viendo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no nos queda nada más que seguir luchando sin descanso por el triunfo de las palabras, que aún nos quedan, alzando la voz con ellas y siempre que lleven el amor y la paz dentro, como aprendimos de Miguel Hernández, un poeta del pueblo para el pueblo: Para el hijo será la paz que estoy forjando. / Y al fin en un océano de irremediables huesos / tu corazón y el mío naufragarán, quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.