En esta vacunación sólo avanzamos unidos

#EnestaVacunacionsoloavanzamosUnidos

Sevilla, 7/I/2021 / 12:19

En política siempre hay que tener en cuenta las prioridades que atiendan el interés general y la vacunación COVID-19 debería ser una de ellas, si no la primera. Ante esta breve reflexión que está tan de actualidad en el sentir de todas las personas de bien, nos encontramos con una situación, refrendada por los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, que estremece nuestra mente y nuestra alma, suscitando muchos interrogantes éticos y políticos:

Fuente: Ministerio de Sanidad. Informe de actividad de la Gestión Integral de la vacunación COVID-19

¿Cómo puede ser que después del esfuerzo mundial científico y después político y económico de la Unión Europea, nos encontremos en esta situación? La fría estadística nos muestra que analizando los datos a fecha de 5 de enero de 2021, de los que se dispone oficialmente en el país hasta el momento de escribir esta reflexión, sin mezcla de interés partidista alguno, aunque no exento de ideología, tan necesaria en este tipo de acciones públicas, de las 743.925 dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech entregadas a las Comunidades desde el pasado 26 de diciembre, sólo se han utilizado hasta el pasado 5 de enero un total de 139.339, es decir, el 18,7% de las dosis recibidas.

Decían los clásicos que contra facta non valent argumenta o lo que es lo mismo, contra hechos no valen argumentos. ¿Cómo ha podido ocurrir esto? Hemos escuchado razonamientos y excusas de todo tipo, algunos bastante peregrinos e impresentables,  pero la realidad es que no es admisible, democráticamente hablando, que en una semana hayamos “desperdiciado” la oportunidad de vacunar a más de 600.000 personas, que ahora son las que más la necesitan, siendo un auténtico escándalo que debería llevar a una cascada de dimisiones de gestores públicos de todo tipo, partido y lugar del país, con una urgente intervención del Estado.

Ha vencido la estrategia de “salvar la navidad” antes que nada y no atender la precariedad en la que se encuentra la Sanidad Pública. De aquellos polvos vinieron estos lodos y ahora no nos deben llevar a engaño alguno porque la estrategia necesaria de vacunación se conocía y la necesidad más urgente era la disponibilidad de profesionales y logística adecuada en una acción de vacunación masiva que no es la misma que la de la gripe, aunque se haya querido justificar así “porque ya hay experiencia”. No es lo mismo, de verdad que no es lo mismo que con otras campañas de vacunación. Era y es una situación excepcional y así se tenía que haber abordado en la estrategia de vacunación de Estado y de cada Comunidad Autónoma, con visión de Estado, valga la redundancia.

También echo de menos el silencio clamoroso y no sé si en algunos casos incluso cómplice, de la oposición de los Gobiernos y de sus mandatarios principales en los Parlamentos de las Comunidades Autónomas más rezagadas, que en algunos casos es de verdadera dejadez e irresponsabilidad pública manifiesta, aunque según los datos oficiales de los que dispongo en este momento, la responsabilidad creo que es prácticamente colectiva.

Es un espectáculo lamentable y cuando se inicia la cuesta de enero, nos atrevemos a pensar que si la situación no se corrige urgentemente, en vez de “cuesta” la estrategia de vacunación se va a convertir en el “Mulhacén y Veleta” de esta campaña, cimas o vacunas que sólo alcanzarán unos pocos y con una afectación irreversible para miles de personas que posiblemente morirán o sufrirán mucho por una razón: la vacuna no llegará a tiempo a sus vidas porque unos pocos irresponsables no están a la altura de las circunstancias, perdidos en una guerra política fratricida y de alta mediocridad, tan arraigada en un país clásicamente olvidadizo como el nuestro con las cosas (por llamar así de alguna forma a asuntos públicos de extraordinario interés general) que siempre se han hecho mal, muy mal y que si ahora se atendieran a tiempo y bien todavía podrían tener remedio.

Siento escribir en este tono, pero estoy profundamente indignado en mi permanente y ardiente impaciencia actual y en defensa de los nadies que ahora somos casi todos, no sólo los que describe Eduardo Galeano en su inolvidable poema. Estaremos muy atentos en este salón virtual y en la responsabilidad individual y colectiva que a cada uno le corresponde.

#EnestaVacunacionsoloavanzamosUnidos

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de HELLO! (mscbs.gob.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las niñas y los niños de cuento, según Saramago, en el Día de Reyes

Sevilla, 6 de enero de 2021

Tengo grabadas en mi memoria de secreto las palabras que vuelvo a publicar a continuación, que recuerdo cada día de Reyes como símbolo del mejor regalo que podemos recibir un día como hoy, aunque sea muy pequeño: aprender a soñar despiertos, como los niños y niñas de cuento, para volar muy alto, por encima de aquello que no nos gusta y nos hace sufrir a menudo. Como en la pandemia actual, sin ir más lejos. Sé que es un reto difícil. Saramago, en su relato “La flor más grande del mundo”, hacía al final la siguiente pregunta: ¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?

No es más bonita, pero sí cargada de sentimiento y pensamiento en un día especial para las niñas y los niños de cuento, aunque sé que el corazón es el que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento, tal y como lo aprendí en mis años jóvenes de Rafael Alberti, el niño andaluz que cantó como nadie a su mar de Cádiz, porque sabía que en él siempre se podía navegar soñando.

«Hoy es ese día, pero escribiendo por mi parte solo una pequeña introducción al mismo, que siempre recuerdo en días en los que los regalos se hacen presentes. Me refiero a un pájaro perdido que aprecio mucho, el 178 según Rabindranath Tagore, recuperándolo ahora como si fuera una anilla recordada por mí, sentado a la sombra de un pino solitario (grande, muy grande) de la carretera de Umbrete a Bollullos de la Mitación, ambos pueblos cercanos a Sevilla, en diciembre de 1965 y que eché a volar en mi imaginación. Era una época en que crecía en la búsqueda de la verdad machadiana, ni tuya ni mía, porque haciendo caso a D. Antonio la guardé siempre en una jaula dorada de silencios. Pasando páginas amarillas de un libro maravillosamente usado, que compré hace ya muchos años para hacer un regalo muy especial, con dos apellidos anónimos en la página interior del título: Gómez Aldemira, XI-1959, donde encontré por fin el pájaro perdido (el 178), que había buscado incluso en épocas en que me había distraído con un encantador de pájaros, Papageno, que me había presentado Mozart a través de sus limpias manos puestas sobre mí:

A mis amados les dejo las cosas pequeñas;
las cosas grandes son para todos.

Todo lo demás pertenece a la intrahistoria de Saramago en su precioso cuento que, hoy, quiero compartirlo con la Noosfera, como si fuera una estela interminable de un regalo digital pequeño (que también existe). Es una historia muy bonita.

Así pasó y así lo he contado.

La flor más grande del mundo

José Saramago

Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón.

Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras… Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas…

¡Hace ya tanto tiempo de eso!

En el cuento que quise escribir, pero que no escribí, hay una aldea. (Ahora comienzan a aparecer algunas palabras difíciles, pero quien no las sepa, que consulte en un diccionario o que le pregunte al profesor.)

Que no se preocupen los que no conciben historias fuera de las ciudades, ni siquiera las infantiles: a mi niño héroe sus aventuras le esperan fuera del tranquilo lugar donde viven los padres, supongo que también una hermana, tal vez algún abuelo, y una parentela confusa de la que no hay noticia.

Nada más empezar la primera página, sale el niño por el fondo del huerto y, de árbol en árbol, como un jilguero, baja hasta el río y luego sigue su curso, entretenido en aquel perezoso juego que el tiempo alto, ancho y profundo de la infancia a todos nos ha permitido…

Hasta que de pronto llegó al límite del campo que se atrevía a recorrer solo. Desde allí en adelante comenzaba el planeta Marte, efecto literario del que el niño no tiene responsabilidad, pero que la libertad del autor considera conveniente para redondear la frase. Desde allí en adelante, para nuestro niño, hay sólo una pregunta sin literatura: “¿Voy o no voy?” Y fue.

El río se desviaba mucho, se apartaba, y del río ya estaba un poco harto porque desde que nació siempre lo estaba viendo. Decidió entonces cortar campo a través, entre extensos olivares, unas veces caminando junto a misteriosos setos vivos cubiertos de campanillas blancas, y otras adentrándose en bosques de altos fresnos donde había claros tranquilos sin rastro de personas o animales, y alrededor un silencio que zumbaba, y también un calor vegetal, un olor de tallo fresco sangrado como una vena blanca y verde.

¡Oh, qué feliz iba el niño! Anduvo, anduvo, hasta que los árboles empezaron a escasear y era ya un erial, una tierra de rastrojos bajos y secos, y en medio una inhóspita colina redonda como una taza boca abajo.

Se tomó el niño el trabajo de subir la ladera, y cuando llegó a la cima, ¿qué vio? Ni la suerte ni la muerte, ni las tablas del destino… Era sólo una flor. Pero tan decaída, tan marchita, que el niño se le acercó, pese al cansancio.

Y como este niño es especial, como es un niño de cuento, pensó que tenía que salvar la flor. Pero ¿qué hacemos con el agua? Allí, en lo alto, ni una gota. Abajo, sólo en el río, y ¡estaba tan lejos!…

No importa.

Baja el niño la montaña,
Atraviesa el mundo todo,
Llega al gran río Nilo,
En el hueco de las manos recoge
Cuanta agua le cabía.
Vuelve a atravesar el mundo
Por la pendiente se arrastra,
Tres gotas que llegaron,
Se las bebió la flor sedienta.
Veinte veces de aquí allí,
Cien mil viajes a la Luna,
La sangre en los pies descalzos,
Pero la flor erguida
Ya daba perfume al aire,
Y como si fuese un roble
Ponía sombra en el suelo.

El niño se durmió debajo de la flor. Pasaron horas, y los padres, como suele suceder en estos casos, comenzaron a sentirse muy angustiados. Salió toda la familia y los vecinos a la búsqueda del niño perdido. Y no lo encontraron.

Lo recorrieron todo, desatados en lágrimas, y era casi la puesta de sol cuando levantaron los ojos y vieron a lo lejos una flor enorme que nadie recordaba que estuviera allí.

Fueron todos corriendo, subieron la colina y se encontraron con el niño que dormía. Sobre él, resguardándolo del fresco de la tarde, se extendía un gran pétalo perfumado, con todos los colores del arco iris.

A este niño lo llevaron a casa, rodeado de todo el respeto, como obra de milagro. Cuando luego pasaba por las calles, las personas decían que había salido de casa para hacer una cosa que era mucho mayor que su tamaño y que todos los tamaños.

Y ésa es la moraleja de la historia.

Éste era el cuento que yo quería contar. Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis cómo sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías, y tal vez más adelante acabéis sabiendo escribir historias para los niños…

¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?…«

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cinco de enero de Miguel Hernández, pastor de sueños

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Miguel Hernández, Las abarcas desiertas

Sevilla, 5 de enero de 2021

He recordado siempre a Miguel Hernández en este cuaderno digital, en los últimos años, al acercarse los días de navidad o cuando ha sido necesario desagraviarlo por el tratamiento impresentable recibido por determinadas autoridades de este país. Hoy, vuelvo a abrir mi libro de celebraciones laicas y rescato unas palabras suyas que rescaté en momentos de solidaridad con los niños y niñas necesitados de su época, de su país, en días muy complejos de Reyes en 1937. Hoy, en plena pandemia, quiero entregar este pájaro perdido a la Noosfera como símbolo de altavoz social de las niñas y los niños de este país, de mi Comunidad, Andalucía, que sufren las consecuencias de la pandemia y del mal endémico de la pobreza extrema, porque son miles de realidades personales y familiares que viven a la intemperie ante el frío de la sociedad con la que paradójicamente conviven.

«La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era «recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor» (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que «Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería».

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

2020, una función única para aves enjauladas con ganas de volar

Sevilla, 3/I/2021

Estuve en la cola virtual del Teatro de la Zarzuela desde primera hora de la tarde del pasado 31 de diciembre, porque estaba interesado en conseguir una entrada, también virtual, para la sesión de las 9 de la noche. Representaban 2020, única función, protagonizada por José Coronado, aunque tengo que confesar que tuve especial interés en asistir porque el guion era de un profesional de la televisión pública, Carlos del Amor, al que admiro profundamente. Reportaje financiado con dinero público, producido en tiempo público y llevado a cabo por trabajadores de la televisión pública. Un claro ejemplo de eficacia y eficiencia públicas cuando lo que se quiere preservar es el interés general.

Me pareció una idea brillante y no me defraudó. Ha sido un reportaje excepcional, en el que se ha condensado en casi veinticinco minutos, todo lo que nos ha ocurrido en este país en un año extraordinariamente complejo. Los Telediarios de la 1, con una idea muy original y de corte cinematográfico,  han dicho adiós “al año 2020 con un reportaje especial que repasa lo vivido en estos doce meses que han quedado marcados por la pandemia”.

Los primeros planos del reportaje, con las primeras palabras de José Coronado, “Soy 2020, ¡vaya año! […] ahí dentro tendrían que haber remado todos en la misma dirección”, en la puerta de Congreso, presagiaban que podíamos asistir a una retrospectiva de sumo interés general preparada por los servicios informativos de la televisión pública, de la que tanto espero siempre. 2020 habla de trifulcas, con un deseo claro y conciso: ¡Ojalá que el año que me sucede os vea y os escuche poneros de acuerdo en las cosas que a todos importan y que representáis! La referencia a 2019, representado por José Sacristán, es una retrospectiva de un año que recordamos como el “último año” en que pudimos disfrutar de todo, pero que ya no existe y que quizás hemos echado de menos en bastantes ocasiones.

¡Vacío y silencio!, las dos palabras que mejor definen a 2020, pidiéndonos perdón por tantos días sin luz, por las noches en vela, por las lágrimas derramadas, por las no despedidas, por situarnos a todos a dos metros de distancia, por detener nuestra vida. Su despedida es necesaria, ¡que se vaya! Y comienza la representación, que recomiendo verla completa. Casi en el minuto veintiuno, 2020 comienza su despedida: “¡Ojalá hayáis aprendido algo, no lo sé, sinceramente no lo sé…, ojalá el silencio deje paso al bullicio, que no al ruido; ojalá desparezca el dolor y la incertidumbre. Muchas gracias. ¡Cuídense!”.

Finalmente, Rozalén despide a 2020 con una canción preciosa, Aves enjauladas, mirándolo a los ojos, como una premonición de la belleza de la vida a la que volveremos con seguridad ética. Eso sí, corriendo para abrazarnos:

Cuando salga de esta iré corriendo a buscarte
Te diré con los ojos lo mucho que te echo de menos
Guardaré en un tarrito todos los abrazos, los besos
Para cuando se amarre en el alma la pena y el miedo
Me pondré ante mi abuela y de rodillas
Pediré perdón por las veces que la descuidé
Brindaremos por los que se fueron sin despedida
Otra vez, otra vez
Pero mientras los pájaros rondan las casas nido
Una Primavera radiante avanza con sigilo
He zurcido mis telitas rotas con aguja e hilo
Me he mirado, valorado, he vivido

Somos aves enjauladas
Con tantas ganas de volar
Que olvidamos que en este remanso
También se ve la vida pasar
Cuando se quemen las jaulas
Y vuelva a levantarse el telón
Recuerda siempre la lección
Y este será un mundo mejor

Cuando salga de esta iré corriendo a aplaudirte
Sonreiré, le daré las gracias a quién me cuide
Ya nadie se atreverá a burlar lo importante
La calidad de la sanidad será intocable
No me enfadaré tanto con el que dispara odio
Es momento de que importe igual lo ajeno y lo propio
Contagiar mis ganas de vivir y toda mi alegría
Construir, construir
Pero mientras el cielo y la tierra gozan de un respiro
Reconquistan los animalitos rincones perdidos
He bebido sola lentamente una copa de vino
He volado con un libro, he vivido

Somos aves enjauladas
Con tantas ganas de volar
Que olvidamos que en este remanso
También se ve la vida pasar
Cuando se quemen las jaulas
Y vuelva a levantarse el telón
Recuerda siempre la lección
Y este será un mundo mejor

Cuando salga de esta iré corriendo a abrazarte

Impecable reportaje, digno de una televisión pública, con una idea original y guion de Carlos del Amor, a quien profeso admiración y respeto como ciudadano cuidadoso con la cosa pública (res publica). Me emociona hoy compartir este reportaje. Gracias, porque ser o no ser es ahora la única cuestión, pensando sobre todo en las ganas de vivir de las personas mayores de este país que nos acompañan día a día y en los más de 300.000 niños y niñas que han nacido en 2020 en este país y que tienen derecho a vivir y soñar despiertos en un mundo mejor.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ojalá descubramos en 2021 los mapas del alma y del tiempo

Eduardo Galeano (1940-2015)

Sevilla, 2/I/2021

El principio esperanza de Ernst Bloch puede ser un buen hilo conductor del año que estrenamos ayer. Más importante aún es descubrir los mapas del alma y del tiempo porque nos reconfortarán en momentos difíciles, sobre todo a los nadies. Eduardo Galeano nos lo recuerda en unas palabras preciosas que reproduzco íntegras a continuación, en este cuaderno de derrota, en lenguaje marino, pronunciadas al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, porque nos ayudarán a descubrir el alma en mapas, a modo de islas desconocidas todavía sin descubrir. Sobre todo, porque iniciamos la singladura compleja de 2021, un tiempo con el alma dentro.

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

En aquél acto leyó algunos relatos breves de un libro muy querido por él, El libro de los abrazos, aunque no he podido identificar cuáles fueron. A modo de búsqueda incesante por mi ardiente impaciencia, he elegido el primero, El Mundo, porque quizá sea una tarea apasionante identificar en los mapas del alma, en este tiempo de coronavirus, a las personas que son “fueguito” en sus vidas. Veamos por qué:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
– El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Hoy he comprendido por qué Galeano recibió ese premio. Me he acercado a él y me ha encendido la luz que necesito ahora para descubrir mejor los mapas de mi tiempo y de mi alma. Le estoy muy agradecido. Esa es la razón de por qué comparto ahora su palabra.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No neguemos a 2021 lo que miramos con esperanza ahora

Ángel González

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

Ángel González, en Alocución a las veintitrés

Sevilla, 31/XII/2020

En unos días de discursos inocuos de Reyes, Barones y Presidentes de Comunidades Autónomas, Ángel González nos ofrece una visión personal de la vida en una alocución de fin de año cargada de historia reciente en este país y en el mundo que nos rodea, salvando lo que haya que salvar. Lleva por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año complejo, para no olvidarlo, vuelvo a leerla detenidamente porque siempre calma mi ardiente paciencia y conmueve mi alma de secreto.

Lo decía el año pasado a estas alturas del calendario: estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud cuando finaliza este año. Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, presidentes o ministros, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás? ¿afecta solo a los de arriba o solo a los de abajo, a los de izquierdas o a los de derechas? ¿a todos?

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra que aún nos queda en tiempos difíciles de coronavirus y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos. Porque nos ofrece, entre otras muchas cosas, tener fe en ella aunque la terca realidad nos complique a veces la vida. Porque ahí está, a pesar de que algunos ciudadanos perfectos sólo ven el mundo del nunca jamás en todo lo que les rodea, sin mezcla de esperanza alguna.

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Nos queda la palabra… «confinamiento»

Sevilla, 30/XII/2020

Para la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), promovida por la Agencia EFE y la Real Academia Española, «Confinamiento» es la palabra del año 2020. Para mí también lo fue cuando escribí el artículo que sigue a continuación, que dediqué a la situación de confinamiento, 49 días después de haberse declarado el estado de alarma que nos llevaba a vivir una situación nueva para millones de personas en este país. Pertenezco a la generación que comprende que los diccionarios no son inocentes.

En aquella ocasión, analicé la trazabilidad histórica del verbo «confinar» y su acción principal, el confinamiento, destacando una acepción que no era la principal para el Diccionario de la Lengua Española (RAE) pero que comprendí que tenía un sentido especial como decisión personal e intransferible que iba más allá de la impuesto por la autoridad competente: decido recluirme en casa para igualarme y ponerme a la misma altura de los otros confinados. Por responsabilidad personal y colectiva, solidaridad y respeto al bien común y al interés general de todos, sin excepción alguna.

Siento ahora, al escribir estas líneas, que el mejor homenaje que podemos hacer hoy a la palabra del año, es recuperar este sentido solidario y comprometido con la situación actual. Fundamentalmente, por el bien de todos y porque siempre nos queda la palabra «confinamiento» en el sentido profundo y liberador que nos transmitió Blas de Otero:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero (1916-1979), En el principio

Confinarse es también ponerse a la altura del otro

Sevilla, 3/V/2020

Quien se acerca a este cuaderno digital sabe que recurro con mucha frecuencia a conocer a fondo el significado de las palabras en nuestro rico lenguaje en todas sus acepciones. En los 49 días que llevamos de confinamiento, el verbo “confinar” y su acción principal de “confinamiento”, son palabras buscadas de forma masiva en internet. He recurrido a investigar la trazabilidad del verbo confinar y a través del buscador denominado Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE) he localizado, en relación con el verbo “confinar”, todas las acepciones desde 1611 hasta 1992, a las que se puede incorporar las últimas actualizaciones del Diccionario de la Lengua Española hasta 2019 en su versión electrónica 23.3.

La trazabilidad citada se ha centrado a lo largo de la historia en el ámbito penal y militar casi siempre refiriéndose a personas o decisiones políticas, en términos de destierro o castigo, conllevando siempre la privación de libertad hasta nuestros días. Confinar, en la actualidad se entiende en las dos primeras acepciones, como desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria o recluir algo o a alguien dentro de límites (DLE RAE, 2019). En ambos casos, su aplicación al estado de alarma sigue teniendo un marcado sesgo penal, de condena política (1853) u orden militar.

Siendo esto así, me ha llamado la atención la segunda acepción que aparece en el Diccionario de Autoridades (primer diccionario oficial de la Real Academia Española), diccionario de la lengua castellana, “en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua […], compuesto por la Real Academia Española, publicado en Madrid, en 1729, en la imprenta de Francisco del Hierro”. En ella se dice que confinar “se toma algunas veces por igualar o poner en una misma altura o paralelo una cosa con otra. Es de raro uso”. Esta visión más amable de confinar se refuerza en el diccionario de Vicente Salvá, publicado en París en 1846, que “comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]”, porque en la tercera acepción de confinar se pasa a igualar a personas y no cosas: igualarse, ponerse a la misma altura que otro.

Estas últimas acepciones, con una diferencia de 117 años, no se mantienen en las sucesivas publicaciones del Diccionario Usual de la Real Academia Española, desde 1780 hasta 1843, en nueve actualizaciones y tampoco en el diccionario de Núñez de Taboada publicado por Seguin, París, en 1825. Este análisis nos permite concluir que la acepción más amable con el lema “confinar”, igualarse, ponerse a la misma altura que otro, aparece exclusivamente en ambos Diccionarios de 1729 y 1846, volviéndose a incluir exclusivamente en el diccionario de Gaspar y Roig de 1853 y en el suplemento del publicado por Ramón Gaspar Domínguez en 1869.

En relación con lo expuesto anteriormente, es interesante señalar una acepción de “confinar” que aparece por primera vez en el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española (RAE), publicado en 1927 en Madrid por Espasa-Calpe, en el que se recoge una tercera acepción en los siguientes términos y como un galicismo: “encerrarse, recluirse: se confinó en su casa”, como acepción en la que se expresa una decisión personal y no impuesta. Volvió a recogerse esta acepción de nuevo en la segunda y tercera edición de este diccionario manual, publicadas en 1950 y 1983, respectivamente, desapareciendo curiosamente en la actualización como manual de 1989. Pasó esta acepción definitivamente del diccionario manual al usual en la edición de 1984, estrictamente en los siguientes términos: “encerrarse, recluirse”, como tercera acepción, desapareciendo definitivamente desde la edición del diccionario usual de 1992 hasta la última edición en soporte papel, llevada a cabo en 2014 y la última actualización en red de la edición (versión electrónica 23.3).

He intentado expresar con este análisis breve la importancia de las palabras en el acervo cultural de este país, porque las palabras tienen un sentido muy profundo cuando nos afectan directamente, como en este caso es la realidad del confinamiento. El hecho de haber destacado la acepción de “igualarse o ponerse a la altura misma altura que otro” es intentar reforzar la idea de que lo que se pretende con el confinamiento en el estado de alarma que se decretó el 14 de marzo pasado es igualar la situación de permanecer localizados en su residencia, saliendo de forma controlada, dentro de unos límites, respetando el espacio de los otros empezando por uno mismo, preservando de esta forma la salud de todos. Creo que es lo que la Real Academia Española, limpiando, fijando y dando esplendor a nuestras formas de hablar, ha pretendido trasladar a los diccionarios con la expresión más genuina de “confinar” y su acción directa, el “confinamiento”. Quizá, con la riqueza que aporta la lengua francesa (galicismo), tal y como hemos visto anteriormente: es una decisión personal que se toma comprendiendo el sentido actual ante la pandemia del COVID-19. Decido recluirme en casa para igualarme y ponerme a la misma altura de los otros confinados. Por el bien de todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.rae.es/recursos/diccionarios

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El termopolio de Pompeya: la comida caliente y rápida del siglo I

Sevilla, 27/XII/2020

No, no es una inocentada en la víspera del día de los Santos Inocentes. Se trata del descubrimiento en las ruinas de Pompeya de un termopolio, una casa de comida rápida y caliente, también de bebidas, que ya existía en el año 79 (siglo I), año de la erupción del Vesubio, en excelente estado de conservación. La representación de una pintura de Nereida a caballo, descubierta en 2019, abrió el camino para excavar completamente una casa de comidas, habituales en Pompeya donde se solía comer frecuentemente fuera de casa en casi ochenta locales de este tipo, en la que destaca en su decoración de la época, a título de reclamo publicitario, detalles de naturaleza muerta, descubriéndose también restos de alimentos, huesos de animales y de víctimas humanas de la erupción, quizás los de su propietario.

Se ha podido recuperar completamente el trazado del local que se encuentra en el cruce de dos calles, la de las Bodas de Plata y la de los Balcones: “Frente al termopolio, situado en una plaza, se ha encontrado una cisterna, una fuente y un depósito para distribuir el agua), ubicada a poca distancia de la tienda ya conocida por el fresco descubierto de gladiadores en combate. Las decoraciones del mostrador, las primeras en emerger de la excavación, muestran en el frente la imagen de una Nereida a caballo en un entorno marino y en el lado más corto la ilustración, probablemente de la propia tienda como rótulo comercial. El hallazgo, en el momento de la excavación, de ánforas colocadas frente al mostrador reflejaba que la imagen no se había pintado por casualidad”.

Se han encontrado en el interior de las vasijas perfectamente alineadas en el mostrador, restos de comidas preparadas con los animales que aparecen en las pinturas publicitarias del mismo, tales como ánades reales expuestos boca abajo, listos para ser preparados y comidos, un gallo y un perro con correa, éste a modo de advertencia sobre la vigilancia del lugar (Cave Canem) o algo más que se explica a continuación, un detalle curioso que se encuentra en el marco de la pintura del perro, en el que se puede leer un grafiti de la época con la siguiente inscripción:  “Nicia cineadecacator”: Nicia (probablemente un liberto de Grecia) ¡Cacatore, invertido!, que  “probablemente lo dejó un bromista que quería burlarse del dueño o de alguien que trabajaba en el termopolio”.

También se han encontrado huesos humanos, como los de un individuo “de al menos 50 años, que probablemente fue colocado en una cama o un catre al momento de la llegada de la corriente volcánica, como lo demuestra el compartimento para albergar la cama y una serie de clavos y restos de madera encontrados debajo del cuerpo”. Cerca, se han encontrado objetos de despensa y transporte tales como nueve ánforas, una bandeja de bronce, dos frascos, una olla común de cerámica de mesa. El suelo de toda la sala está formado por fragmentos de terracota, en el que se han insertado en algunos lugares fragmentos de mármol policromado compuesto de alabastro, piedras de sedimento y mármol azul y gris oscuro.

Este descubrimiento fascinante nos lleva a pensar que hay muy pocas cosas nuevas bajo el sol que nos puedan sorprender más que vivir dignamente, ser más que tener, porque siempre tenemos tiempo de seguir aprendiendo de la historia. Hoy, de Pompeya. El símbolo del descubrimiento del termopolio nos muestra que algo que nos parecía tan moderno, como los establecimientos de comida rápida, las casas de comidas de toda la vida, los McDonald´s y Burger King de hoy, entre otros lugares de cuyo nombre no quiero acordarme, ya existieron hace nada menos que dos mil años. También, que la tradición bíblica nos recuerda que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar del tiempo a lo largo de la vida, que también se viene repitiendo desde que el mundo es mundo: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi nada, pero administrar esta carga vital, en su tiempo específico, es harina de otro costal.

Excepto dos muy concretas, nacer y morir, que compartimos todos los seres vivos en el ciclo vital natural y evolutivo, las demás oportunidades compartidas por la experiencia de Qohélet (persona educada en la Asamblea), dependen de nuestra forma de vivir el tiempo en el que nos ha tocado desarrollarnos como seres humanos. Cada uno, cada una, con sus cadaunadas, puede repasar en su particular experiencia esta lista tan sabia, para comprobar qué realidad de las citadas hemos vivido o nos gustaría experimentar mediante esta oportunidad que nos ofrece el tiempo actual de pandemia. Es la ocasión para tachar algunas ya vividas y pasadas o resaltar con fosforescencia las que se pueden jerarquizar como más atractivas.

Podemos probar para ver qué nos queda por vivir según el guion del Eclesiastés (Qohélet), aprendiendo hoy algo muy importante en la casa de comidas calientes de Pompeya: un día, todo desaparece y muchos siglos después descubren que hubo tiempo de todo, incluso de cruzarse entre las calles de las Bodas de Plata y la de los Balcones de una Pompeya rediviva, para comprar una comida rápida y caliente antes de que la lava los borrara de la vida casi sin darse cuenta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Riccardo Muti vuelve a dirigir el Concierto de Año Nuevo

Sevilla, 26/XII/2020

Este año dirigirá a la Filarmónica de Viena, por sexta vez en el Concierto de Año Nuevo, el director de orquesta napolitano Riccardo Muti. Será un concierto muy especial, sin público asistente por la situación actual de la pandemia , aunque acompañado por millones de personas que podremos seguirlo por la retransmisión de la televisión austriaca, de calidad asegurada en su realización, en la Sala Dorada del acogedor Musikverein (Club de Música) de Viena.

Riccardo Muti escribió en su autobiografía, Primero la música, después las palabras, que quizás ese título (no suyo, sino de Giovanni Battista Casti) se podría interpretar como una contradicción, pero a lo largo de su vida la palabra escrita e interpretada por la partitura ha tenido un lugar especial, sobre todo en las representaciones teatrales de las óperas, donde la palabra de los libretos suelen ir siempre más allá a través de la música que las interpreta. También, porque en su autobiografía sólo quería encerrarse y reflexionar sobre su vida, sobre sí mismo y dar la importancia que en sí misma tiene la palabra para un músico como él.

Su trayectoria musical se puede conocer con detalle en su página oficial, donde describe su marcha iniciática a Milán desde su Nápoles natal, donde empezó a consagrarse como un excelente director de orquesta, hasta nuestros días, en los que dirige oficialmente la Orquesta Sinfónica de Chicago. Desde 2015 está volcado en la formación de jóvenes músicos a través del Proyecto Riccardo Muti Italian Opera Academy.

La Filarmónica de Viena, con la que tiene un recorrido de más de cincuenta años en común y con más de quinientas actuaciones conjuntas, informa oficialmente que “cuando Riccardo Muti levante su batuta para el Concierto de Año Nuevo el 1 de enero de 2021, será la sexta vez que dirija este prestigioso concierto. La asociación entre la Filarmónica de Viena y los Jardines de la Ciudad de Viena para los arreglos florales en toda la Sala Dorada del Musikverein de Viena, está en vigor desde 2015. Una vez más este año, para deleite de los televidentes de todo el mundo, los jardineros y floristas austriacos, llevarán a cabo los arreglos florales que iluminan la Sala Dorada con un color especial de los Jardines de la Ciudad de Viena”.

El Concierto, que comenzará a las 11:15 horas, se desarrollará de acuerdo con el siguiente programa:

PRIMERA PARTE

Franz von Suppé

Fatinitza March

Johann Strauss II.

Schallwellen (Ondas sonoras), Waltz, op. 148

Johann Strauss II.

Niko Polka, op. 228

Josef Strauss

Ohne Sorgen (Sin cuidado), Polka rápida, op. 271

Carl Zeller

Grubenlichter (Lámparas Davy), Vals

Carl Millöcker

En Saus und Braus (Living It Up), Galop

SEGUNDA PARTE

Franz von Suppé

Obertura a «Poeta y Campesino»

Karl Komzák

Bad’ner Mad’ln (Chicas de Baden), Waltz, op. 257

Josef Strauss

Margherita Polka, op. 244

Johann Strauss I.

Galop veneciano, op. 74

Johann Strauss II.

(Voces de la primavera), Waltz, op. 410

Johann Strauss II.

En el Krapfenwaldl, Polka francesa, op. 336

Johann Strauss II.

Nueva Melodies Quadrille. 254

Johann Strauss II.

El vals del emperador, 437 op.

Johann Strauss II.

Tempestuoso en el amor y la danza, Polka rápida, op. 393

Para finalizar el concierto, este año se va a estrenar una partitura nueva, enriquecida a lo largo de los años, de la famosa Marcha Radetzky de Johann Strauss (op. 228), que fue interpretada por primera vez en un Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, el 1 de enero de 1946, gracias a un arreglo de Leopold Weninger publicado por la editorial Benjamin en Leipzig en 1914. Este año, el presidente de la Filarmónica de Viena, Daniel Froschauer, encargó a la biblioteca musical de la orquesta localizar y documentar los cambios que ha sufrido la partitura a lo largo de casi setenta y cinco años e incorporarlos a la nueva partitura actual que se interpretará en el próximo Concierto de Año Nuevo dirigido por Muti.

Una vez más y en plena pandemia tendremos la oportunidad, a través del Concierto de Año Nuevo, de experimentar en nuestra vida el gran aserto musical del barroco y del clasicismo: musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor. Ahora, de la mano de Riccardo Muti.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El discurso desnudo del Rey

Sevilla, 25/XII/2020

He leído con profunda atención el discurso que pronunció anoche el Rey, según la costumbre nacional en Nochebuena y que había levantado una gran expectación. Es verdad que recorrió la agenda de lo ocurrido en este país en los últimos meses, frecuentando el futuro con soluciones y visión de Estado,  pero tuvo un silencio cómplice que no me ha pasado por alto: alguna referencia de lo que ha pasado con los líos éticos y económicos de su Padre, que son un clamor popular. En el cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, en sus párrafos finales, se menciona un supuesto traje nuevo del emperador que nadie veía aunque nadie decía nada, excepto un niño, recurso que también utilizó Groucho Marx en Sopa de ganso, la sabiduría infantil sin filtro alguno, salvando lo que haya que salvar: “¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“:

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; más pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

Es un cuento hecho realidad ahora, porque el discurso de anoche estaba desnudo de referencias de Felipe VI a su padre y su alargada cola de despropósitos que tanto ha salpicado la ya dolorosa pandemia, haciendo un daño irreparable. En el mes de agosto pasado escribí un artículo con motivo de la salida vergonzante del Rey emérito de este país, Agosto 2020 / 4. El traje nuevo del rey, en el que contaba que el Rey emérito ya no estaba en España: “Se ha ido después de haberlo consultado con su espejo. Es una noticia de un calado excepcional porque compromete muchas cosas, fundamentalmente la Constitución, al tocar de lleno a la Jefatura del Estado, de la que se debe esperar siempre no heroicidades sino la máxima ejemplaridad en todos los ámbitos de la vida real. Correrán ríos de tinta para analizar todo lo ocurrido, verdaderamente lamentable, pero cada uno tiene una parte en la responsabilidad de analizarlo como es debido”.

Esa es la razón de por qué vuelvo a abrir un libro al que tengo especial aprecio, el cuento de Andersen citado, El traje nuevo del emperador, pero interpretado y leído por actores que son amigos de Steven Spielberg. Hace ya muchos años conocí una experiencia dirigida por este afamado director, el proyecto Starbright (hoy Starlight), del que aprendí muchas cosas. Pero sobre todo me llamó la atención la publicación de un cuento, El traje nuevo del emperador (1), editado por la Fundación del mismo nombre y con el prólogo de Spielberg, que servía para financiar una parte de los gastos de los diferentes proyectos de la Fundación, que recomiendo leer en su versión al castellano y por sus magníficas ilustraciones. Suelo leerlo a menudo, sobre todo para refrescar siempre una recomendación del reconocido director: ¡Cuidado con los tejedores espabilados! (incluidos determinados partidos políticos y militares de este país).

Hojeándolo de nuevo con atención, he vuelto a leer la interpretación que del mismo hace la actriz Geena Davis, dedicado especialmente al espejo imperial [o real], que en estos momentos reales creo que ha tenido un papel decisivo y refiriéndome en estos momentos al discurso de anoche, donde cada uno, cada una, vuelve a desempeñar perfectamente su papel:

“Soy PERFECTO

No bromeo, soy perfectísimo. Reflejo las cosas exactamente como son. Soy incapaz de cometer un error.

Es cierto que el emperador y yo hemos discutido a menudo por unos cuantos kilos o por la progresiva extensión de su calva, pero por lo general termina aceptando mi punto de vista. Por esta razón me había divertido tanto con la farsa de los tejedores. Estaba seguro de que una vez que el emperador se contemplara en mi luna el día de la gran prueba final vería la verdad: los ladrones quedarían en evidencia, y al final todos nos desternillaríamos de risa.

Pero no: el emperador se plantó delante de mí y nos miramos el uno al otro. Con los ojos buscaba el reflejo de su persona, pero no podía dejar de mirar los de sus consejeros, que seguían el “ensayo general” desconcertados. Estoy convencido de que Su Majestad vio lo que yo, sin dejar lugar a dudas, reflejaba: un emperador prácticamente desnudo, enmarcado en un espejo; un par de nerviosos “tejedores”; el transparentemente siniestro primer ministro, y todo el cabeceo aprobatorio de la corte imperial de tontos.

Sin embargo, no dijo esta boca es mía. Nadie dijo una palabra. Yo casi me hago añicos por la frustración. Había creído que el emperador era un hombre sensato.

¡Por mi gloria! ¿Es que no se daba cuenta?

Parece ser que no. Muchas veces, los “tejedores” más próximos [del Rey] son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean (al buen entendedor en este país con pocas palabras basta, porque de todo hay en en esa viña del Señor). Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño de Andersen o de Groucho Marx o cualquier persona digna, incluso un juez, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de que podamos ser otros, porque son los que de verdad denuncian a personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, reyes o reinas, cosidos puntada a puntada por modistos o tejedores -supuestamente imparciales- que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de los silencios cómplices.

Así lo leí un día ya lejano y así lo he vuelvo a contar hoy, con un problema serio a diferencia de cómo finalizaban los cuentos en mi infancia: colorín, colorado, este cuento real no se ha acabado. Confío ahora en el niño avispado de Andersen o en el de cuatro años de Groucho Marx, para que nos digan la verdad de una vez por todas y nos interpreten de la mejor forma posible el discurso desnudo, anoche, del Rey. La necesitamos, porque en el caso de la Jefatura del Estado constitucional, no se trata, como en el cuento, de «aguantar hasta el fin».

(1) The Starbright Foundation (1998). El traje nuevo del emperador. Barcelona: Ediciones B.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.