Los diccionarios no son inocentes

PAZ Y PALABRA

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero (1916-1979), En el principio

Mañana se publicará el nuevo Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), en su 23ª edición, que se presentará oficialmente el día siguiente, en un acto solemne presidido por los reyes don Felipe y doña Letizia en la sede académica. Es una noticia que pasará desapercibida para muchas personas, porque existen pre-ocupaciones [sic] más importantes, pero no debería ser así, porque las palabras escritas y habladas correctamente, con vida propia en el DRAE, reflejan un conocimiento real de la vida diaria, aprehendiendo la raíz de nuestro conocimiento y protegiendo la dignidad de ser personas, sencillamente porque hablamos. Mañana se debería explicar a las niñas y a los niños de este país, en las escuelas e institutos, la importancia de la palabra, porque es la principal característica de los seres humanos, los únicos seres que hablamos gracias a la maravilla de un medio tan maravilloso como la palabra, que siempre nos queda como algo personal e intransferible mientras no se convierte en mercancía.

Probablemente sea el conocimiento de la lengua una forma de ser más conscientes de lo que está pasando, porque creemos saber de qué se está hablando, pero a veces no comprendemos bien determinados significados actuales de palabras que utilizamos o escuchamos a diario, sin sentido alguno. Y las palabras, como las ideologías, no son inocentes.

DICCION
Dom RJ (1853), Pág: 603,3

Tal y como se ha anunciado oficialmente: “El Diccionario, cuya versión en papel ocupa 2.376 páginas, ha sido sometido a una profunda revisión durante los trece años transcurridos desde su anterior edición en 2001. El número de artículos de la 23ª edición ascenderá a 93.111, frente a los 88.431 incluidos en la anterior y más del doble de los aparecidos en el primer diccionario de uso de la RAE, publicado en 1780. En total, el Diccionario recogerá 195.439 acepciones, entre ellas cerca de 19.000 americanismos. Las enmiendas introducidas en esta vigesimotercera edición suman unas 140.000, que afectan a un total de 49.000 artículos. Las supresiones de artículos serán aproximadamente 1350. La aparición, entre 2009 y 2011, de un importante grupo de obras académicas (la Nueva gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española y el Diccionario de americanismos) ha hecho necesario el desarrollo de trabajos de armonización entre los contenidos de estas obras y el Diccionario. Con ello, se consolida la doctrina lingüística común que subyace a toda la producción académica. En esta línea, cabe destacar la regularización en el DRAE del tratamiento de las marcas geográficas americanas, así como la revisión de los extranjerismos”.

Los datos citados anteriormente reflejan un esfuerzo encomiable por unir cada día más el habla de los hispanoparlantes, porque es una realidad digna de encomio histórico el alcance actual de nuestro idioma, que se ve reflejado en estas cifras facilitadas por Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina: “El negocio económico de la lengua empuja a ello (las traducciones, las películas, las telenovelas). El criterio de optar por la voz que usa el mayor número de hablantes es muy lícito. Hoy estamos, en la mayoría de las naciones que hablan la lengua común, en un 95% de español general y un 5% de local. La versión en línea de los diarios ayuda. La radio, la vía más penetrativa, sigue demasiado atada a lo regional, por su impronta coloquial. Lo probamos cada día que las variantes locales se allanan sin mucho esfuerzo entre los hablantes”.

Creo que enriquecerá el tesoro lexicográfico español, una consulta que recomiendo por su interés extraordinario para conocer bien la intrahistoria de la dicción de la lengua española, base del Diccionario que mañana se publica: “El Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (NTLLE) reúne una amplia selección de las obras que durante los últimos quinientos años han recogido, definido y consolidado el patrimonio léxico de nuestro idioma. Contiene, dentro de un entorno informático de consulta, los facsímiles digitales de las obras lexicográficas de Antonio de Nebrija, fray Pedro de Alcalá, Sebastián de Covarrubias, Francisco del Rosal, César Oudin, Esteban Terreros, Ramón Joaquín Domínguez, Vicente Salvá, Elías Zerolo, Aniceto de Pagés, etc., además de toda la lexicografía académica, desde el Diccionario de autoridades hasta la 21.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española, pasando por las diversas ediciones del Diccionario manual e ilustrado y lo publicado del Diccionario histórico de 1933-1936”.

DICCION2
RAE U (1884) Pág: 383,1

Ante esta presentación oficial, quiero rescatar el contenido expresado por primera vez sobre la quintaesencia del diccionario de la lengua española, la “dicción”, tal y como lo recogió el Diccionario nacional o gran diccionario clásico de Ramón Joaquín Domínguez, publicado simultáneamente en Madrid y París en 1853, en sus siete acepciones, de las que escojo la cuarta: “Arte de bien decir, de espresarse [sic] con elegancia y concisión, de castigar y limar la lengua nativa, ú otra, en sus términos impropios, desapacibles, ásperos, superfluos, etc.”. También, la que figuró por primera vez como primera acepción, en la edición de la Real Academia de 1884, palabra, en negrita, que no era habitual en las diferentes dicciones del mismo, así como la segunda acepción junto a la de “palabra”, incluida por primera vez en la edición anterior de 1869, que se ha mantenido hasta nuestros días: “Manera de hablar ó escribir, considerada como buena o mala únicamente por el acertado ó desacertado empleo de las palabras y construcciones”.

En definitiva, las palabras no son inocentes, nunca lo han sido. La publicación del nuevo Diccionario es una ocasión para seguir conociendo nuestra lengua, sus significantes y significados. Uno de los problemas ordinarios que generan muchos desencuentros es cuando se produce la famosa situación de discrepancia entre dos o más personas, aunque en el diálogo se suele reconocer al final que en el fondo queríamos decir lo mismo. Pero no es así. En los tiempos que corren, no todos vamos en el mismo barco ni somos iguales y el diccionario sabe distinguir muy bien qué es un transatlántico y qué es una patera, tan frágil ella. Afortunadamente, nos queda la palabra, la primera acepción de dicción desde el siglo XIX, tan bien tratada por Blas de Otero, “por su acertado empleo de la misma”, como se ha comprendido en España desde 1869.

Sevilla, 15/X/2014

NOTA: la imagen que encabeza este post se ha recuperado el 15 de octubre de 2014, de la siguiente dirección: http://www.fundacionblasdeotero.org/es/festival-internacional-de-poesia/convocatoria

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