Sentido común en La Moncloa, en Cataluña: seny…

Se ha celebrado hoy en La Moncloa el encuentro tan esperado de los presidentes Sánchez y Torra. En ese Espacio Político [sic] hay que intentar dialogar con espíritu machadiano, preguntando ambos y escuchándose, con un objetivo claro: hablar de la nueva y posible configuración territorial y federal de España en la que Cataluña tenga la cabida que busca en alternativas independentistas que hoy día no tienen viabilidad en un Estado de Derecho. Hace falta compartir «seny», algo tan querido por el pueblo catalán, pero en el sentido que aprendí de mi gran maestro Ferrater Mora: «El seny no excluye, sino que muchas veces postula, el atrevimiento y la osadía, todo lo que, desde cierto punto de vista, puede parecer insensato, pero que, visto desde el horizonte de la continuidad, se convierte en una actitud sensata. El auténtico seny no se limita a perseguir lo más accesible, las realidades cotidianas e inmediatas; el auténtico seny, podríamos decir el ideal del seny, es perseguir lo que es justo, conveniente y correcto, aunque esta persecución sea en algunos momentos la acción más insensata que se pueda imaginar». Impecable, sobre todo cuando ambos han contemplado hoy la fuente que tantas veces recordaba Machado en la búsqueda de su sentido de la vida, haciendo camino al andar…

Vuelvo a publicar el artículo que escribí sobre el proceso catalán, entre otros, en tiempos revueltos del año pasado, porque necesitamos recuperar el espíritu de lo que allí expresaba. Para quien lo quiera comprender así. Hoy, más que nunca.

Sevilla, 9/VII/2018

SENY

Aprendí de Henry Bergson, en mis años jóvenes, que el sentido común es la facultad para orientarse en la vida práctica. Lo estudié con la ilusión de un españolito que vino al mundo en el siglo pasado y lo guardó Dios, tal y como lo comprendí textualmente cuando dejé de pensar como niño y leía con pasión a Machado. En este país se ha expresado siempre esta frase con cierto desdén al estimarse que es el menos común de todos los sentidos. Ahora, con los acontecimientos del proceso catalán, se ha recuperado en su versión catalana que, por cierto, es de una profundidad cultural extraordinaria.

En estos tiempos independentistas y revueltos, se ha hecho una continua llamada al seny catalán para poner ribetes de acero a la declaración unilateral de independencia, pero no ha servido de mucho una vez constatado lo que sucedió el pasado viernes en el Parlamento de Cataluña. En esta Comunidad, el lenguaje nunca es inocente y el seny se conoce bien por parte de sus habitantes. Pero pasa lo que pasa cuando se desprecian las palabras, tan sufridas siempre, con una utilización torticera de las mismas.

Cataluña necesita recuperar la seña de identidad del seny. Mi formación en el ámbito de la filosofía está en deuda permanente con José Ferrater Mora, que ahora rescato en lo afirmado por él en su obra Las formas de la vida catalana y referido a esta palabra: «El seny no excluye, sino que muchas veces postula, el atrevimiento y la osadía, todo lo que, desde cierto punto de vista, puede parecer insensato, pero que, visto desde el horizonte de la continuidad, se convierte en una actitud sensata. El auténtico seny no se limita a perseguir lo más accesible, las realidades cotidianas e inmediatas; el auténtico seny, podríamos decir el ideal del seny, es perseguir lo que es justo, conveniente y correcto, aunque esta persecución sea en algunos momentos la acción más insensata que se pueda imaginar». Transcendental para comprender su auténtico significado hoy. Dice también Ferrater Mora que la escuela escocesa que ha estudiado el sentido común se centra en la concepción de Reid cuando afirma este autor que “hay un cierto grado de sentido que resulta necesario para convertirnos en seres capaces de leyes y de gobierno propio” (1). El antecedente del seny demuestra que este sentido (común) es como una especie de facultad regulativa que “nos permite fundar nuestros juicios sin caer en el escepticismo ni en el dogmatismo”.

Seny tiene su antónimo, rauxa, con una traducción impecable, arrebato. Leí hace unos días una referencia a esta dialéctica que me pareció extraordinariamente clarificadora en estos momentos: “La oposición entre ambos conceptos se populariza con Jaume Vicens Vives, quien escribe en Notícia de Catalunya, en 1954, que «Ser arrauxat es, precisamente, andar falto de seny, obedecer a impulsos emocionales, actuar según determinaciones repentinas. En estas circunstancias nos dejamos llevar por la pasión, sin sopesar las realidades ni mesurar sus consecuencias. Somos entonces los hombres de la llamarada y de las actitudes extremistas. Nuestro sentido de la ironía nos falla y salimos a la calle devorados por un exceso de presión sentimental. El arrauxament es la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del todo o nada, la negación del ideal de compromiso y pacto dictada por la sensatez colectiva» (2).

Hay que recuperar sentido común, seny, para contrarrestar lo ocurrido en Cataluña. No perdamos tiempo. Nos queda esa palabra para comprender que a través de ella nos podemos convertir en seres capaces de leyes y gobiernos propios. Todos, incluso más allá de Cataluña.

Sevilla, 29/X/2017

(1) Ferrater Mora, José (1980, 2ª ed.). Diccionario de Filosofía (4). Madrid: Alianza Editorial, pág. 2985.
(2) https://verne.elpais.com/verne/2017/10/10/articulo/1507620898_691178.html

NOTA: la imagen se recuperó el 29/X/2017 de https://imagessl1.casadellibro.com/a/l/t0/31/9788494325731.jpg

Cosas de estío / 3. ¡Atiende a la música!

He finalizado la lectura de un libro de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida, en este estío tan especial. En general es una propuesta para configurar una pequeña biblioteca ideal que no deja indiferente a nadie. Hoy, vuelvo a leer un clásico para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier estación del año: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna.

En cualquier estío tenemos la oportunidad de disponer de más tiempo libre que en los restantes meses del año. Son sus “cosas”. La música es una oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y disfrutar de los placeres del alma que nos proporciona cuando pertenecemos al Club de las Personas Dignas. Este país no se caracteriza por el amor a la música porque no se educa para conocerla y amarla. Si, además, es clásica, hay muchas posibilidades de que la ignoremos por mero desconocimiento o desprecio, con una gran responsabilidad pública al respecto por su silencio institucional cómplice. Tener música es disponer de un bagaje diferente para ser y estar en el mundo.

Lo he manifestado en varias ocasiones en este cuaderno digital: admiro el simbolismo de la música. Cada día descubro un mundo nuevo al aproximarme al teclado o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. He descubierto la riqueza sonora del clave, el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario algo que ha perdurado a través de los siglos: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor.

Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, que figura curiosamente en un puesto especial de la banda sonora de mi vida, cuando buscaba comprender qué nos quería decir en aquella enigmática canción que llevaba un título programático “Centro de gravedad permanente” y que cantábamos en casa cuando nuestro hijo apenas sabía hablar pero sí cantar su estribillo famoso. Para que no cambie, con el aprendizaje de mi vida, atento a la música, lo que ahora pienso sobre la dignidad de la vida, de las cosas de estío, de la gente…, defendiendo el anhelado centro de gravedad permanente.

Sevilla, 8/VII/2018

 

Cosas de estío / 2. Una visita a Dar al-Imara

ESTRELLAS DE OCHO PUNTAS

El pasado 29 de junio, recién iniciado el estío, se difundió una noticia asombrosa para Sevilla, al haberse confirmado mediante la prueba del carbono 14 que los restos arqueológicos recién descubiertos en el Patio de Banderas, anexo al Alcázar de Sevilla, eran del siglo XI y que pertenecen a la Dar-al-Imara, zona que se creía perdida. Este descubrimiento nos permite comenzar a describir cómo vivía el rey poeta Al-Mutamid. Así lo había soñado hace ya muchos años y este descubrimiento me ha permitido compartir ese sueño hoy, en una “mañanica” del estío en Sevilla, un pueblo que según Mutamid “transmite nobleza”.

Sucedió la semana pasada en la Casa del Gobernador Al-Mutamid, del Palacio de la Bendición (Dar al-Imara) en Sevilla o lo que es lo mismo, los Reales Alcázares. Lo recordaba por la lectura de un libro que me introdujo hace ya muchos años en la cultura árabe, Azafrán (1), que me enseñó a descifrar el lenguaje de los símbolos que se muestran en los azulejos que cubren una faja de la fachada de ese hermoso palacio. La geometría que muestran a la perfección, se encuentra en las estrellas centrales de ocho puntas que figuran por doquier en el citado paño, en octógonos perfectos compuestos por dos cuadrados. Estos, reflejan la importancia de los edificios de base cuadrada que representan la estabilidad tanto terrenal como cósmica: “De la prolongación hacia el infinito de las líneas de esta estrella van surgiendo otras de distintos tamaños que además configuran otros cuerpos que podríamos juzgar de menor importancia, pero sin los cuales no se reproducirían periódicamente los principales”.

Recuerdo que, para apreciar bien esta constelación, había que dar unos pasos atrás para tener una perspectiva más amplia de este maravilloso mensaje de la interdependencia para realzar la unión cósmica. Y había que volver al sitio descrito anteriormente, tan cercano que se podría tocar para creer su mensaje, porque este plano tan cercano de las líneas que se observan en las múltiples estrellas y octógonos, nos ayuda a comprender que son posibles distintos caminos para llegar a cualquier punto del paño de azulejos, simbolizando la realidad de las más variadas interpretaciones para alcanzar la comprensión de la vida. Las preguntas en Azafrán las recuerdo de forma emocionada: “¿Quiere esto decir que se puede alcanzar un objetivo desde muy diversos puntos? ¿O que la verdad se esconde entre diversas perspectivas? Muchos son los senderos”.

La faja de azulejos me propuso un mensaje: los seres humanos nos necesitamos con orden y concierto y necesitamos la libertad de estas líneas múltiples de azulejos que podemos dibujar en nuestra vida a la medida de cada uno, de cada una.

Salí de Dar al-Imara con la lección aprendida. Mis antepasados árabes me recuerdan hoy que lo que allí hicieron era una oportunidad para ser más libres, en una representación preciosa de la representación del cosmos. Cosas de este estío en Sevilla, en un palacio de la bendición en el que Mutamid habitó cerca de las estrellas de los azulejos que todavía hoy me emocionan y al que cantó en su destierro en Agmat, cerca de Marrakech:

“El palacio de Al Mubarak (“de la Bendición”) llora sobre las huellas de Ibn Abbad / como llora sobre las de las gacelas y los leones / Su Al Turayyá [sala de las Pléyades] llora y sus estrellas ya no están sumergidas por las lluvias vespertinas y matinales producidas por las Pléyades… Quisiera saber si pasaré todavía otra noche teniendo delante y detrás de mí un jardín y un estanque. Sobre una tierra que hace crecer los olivos, que transmite nobleza y en la que se arrullan las palomas y gorgojean los pájaros…”.

Sevilla, 7/VII/2018

(1) García Marín, José Manuel (2005). Azafrán. Barcelona: Roca Editorial de Libros.

 

Cosas de estío / 1. Tener un verano en un lugar

Antonio de Nebrija, andaluz universal, recogió por primera vez el vocablo Estío, en su Vocabulario Español-Latino editado en Salamanca en 1495 (c.a.), con dos acepciones de esta palabra exacta con su correspondencia latina: parte del año (estas-estatis) y tener en lugar (estivo). También, una tercera acepción derivada de las anteriores, estival (estivalis): cosas de estío. La riqueza de nuestro lenguaje ya la tenemos fijada y con limpieza y esplendor desde el siglo XV. Seis siglos después, inicio hoy una serie de artículos sobre las cosas del verano, porque es una estación que el Diccionario de Autoridades (que tanto aprecio), en el siglo XVII, reconocía ya en Europa como el “tiempo más apacible y suave”, sobre todo por “las mañanicas”.

Dicho y hecho. Por las mañanicas me pongo a escribir sobre cosas de esta estación, que solo ocurren o se han encontrado en ella y, sobre todo, porque pasan en un determinado lugar, acepción que ha perdurado a lo largo de los siglos porque “tener estío” tenía que ser necesariamente en un lugar. Lo descubrió de forma magistral Antonio Machado en un poema, Noche de verano, en el que une el estío a un lugar querido en su melancólico estío: Es una hermosa noche de verano. / Tienen las altas casas / abiertos los balcones / del viejo pueblo a la anchurosa plaza. / En el amplio rectángulo desierto, / bancos de piedra, evónimos y acacias / simétricos dibujan / sus negras sombras en la arena blanca. / En el cénit, la luna, y en la torre, / la esfera del reloj iluminada. / Yo en este viejo pueblo paseando / solo, como un fantasma.

Sé que hoy tengo noche, que no mañana, balcones abiertos, situación que solo se produce en esta parte del año, evónimos y acacias en todo su esplendor para hacer las sombras más bellas de la luna siempre negras. Y la vida nos lleva a veces a pasear solos en lugares concretos en verano, como fantasmas, buscando cosas que pasan sin saber lo que nos pasa en un lugar próximo y cercano. Y me pongo a pensar en unos ojos que me recuerdan noches de verano, escuchando a Paco Ibáñez en una interpretación de un poema precioso de Machado en la que por una vez se siente acompañado.

Sevilla, 6/VII/2018

Las Ítacas son también para el verano

ROZYTE MARIANO POZO

Mariano Pozo, Rozyte

Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.

Konstantinos Kavafis, Ítaca

El verano es una estación que invita a viajar o a imaginar sueños, que es otra forma de hacer viajes de interior (del alma). Ayer tuve la oportunidad de rememorar viajes hacia alguna parte, Ítacas de mi vida, visitando dos exposiciones en Antequera, muy relacionadas hoy entre sí. Me refiero a una exposición itinerante del fotógrafo malagueño, Mariano Pozo, con un título muy sugerente: Capítulos vividos, colgada en el patio principal de la Biblioteca Municipal, una colección de imágenes que conforman una forma de entender su Ítaca particular. Me emocionó una sobre todas: la de Rozyte, una actriz lituana que enloqueció al morir su marido, también actor y que deambula por las calles de Vilnius hacia ninguna parte en un viaje a su interior tan particular. Para no olvidarla.

LA LLEGADA TORAL

Cristóbal Toral, La llegada, 1989

La segunda experiencia fue en la visita que tenía comprometida en este viaje con Cristóbal Toral, en su tercera planta del Museo de la Ciudad. Una vez más estuvimos a solas, recordando con interpretación laica un poema de Alberti escrito en su Ítaca romana que recuerdo habitualmente, Entro Señor en tus iglesias [siempre vacías], cambiando lo que haya que cambiar al poder decir también hoy “entro Cristóbal en tus salas, siempre vacías…”. Me detuve en esta ocasión en una obra, La llegada, en la que aparece su sempiterna mujer sola, entrando en una habitación llena de vacío. No tiene nombre, pero me sugirió, una vez más, el drama de tantas mujeres que sufren a solas la incomprensión de un mundo diseñado a veces por el enemigo. Para no olvidarlas.

EL VENDEDOR DE GLOBOS

Mariano Pozo, El vendedor de globos

Salí de aquella sala solitaria y recordé otra imagen de Mariano Pozo en la exposición, que me devolvió la esperanza de continuar el viaje hacia las Ítacas de mi vida. Era la de un vendedor de globos, en la Semana Santa de Málaga, que corre por las calles de la ciudad rodeado de la magia suficiente como para alegrar la vida de niñas y niños en Andalucía, en la edad en la que inician sus viajes a sus Ítacas tan diminutas, en momentos en que sería más importante recordarles al Jesús de la mar que al del madero, haciendo caso siempre a Machado, que hizo un camino impecable de dignidad hacia su Ítaca tan particular. Para no olvidarlo.

Sevilla, 4/VII/2018

 

Bye, bye, PowerPoint

No vivas en la tierra
como un inquilino
ni en la naturaleza
al modo de un turista
Vive en este mundo cual si fuera la casa de tu padre
Cree en los granos en la tierra, en el mar
pero ante todo en el hombre

Nazim Hikmet (1902-1963) Tal vez mi última carta a Memet

En un fajín promocional de un libro precioso de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida (1), el crítico literario Jordi Llovet dice que este libro es “Una defensa de la literatura contra todas las modas pedagógicas actuales, en las que el Power Point [sic] parece ser un bálsamo peligroso para todo tipo de enseñanzas”. Me he puesto ojos a la lectura y recomiendo que más tarde que nunca lean este libro porque van a comprender bien por qué Ordine defiende a capa y espada la utilidad de lo que hoy se llama “lo inútil”.

En un país como el nuestro, en el que la educación y la cultura brillan por su ausencia, en el que perseguimos solo lo útil contra viento y marea, hablar de estas cosas, repito: educación y cultura, te sitúa fuera del siglo como por ensalmo, siendo arrojado fácilmente por la borda del mercado. Esta es la razón de una de mis ilusiones actuales que deseo compartir con las personas que navegan conmigo en esta “Isla Desconocida” de Saramago, es decir, el cambio de Gobierno puede propiciar un cambio en las políticas de educación y cultura que tanto necesita este país. Sigo de cerca las intervenciones de las dos personas responsables de ambas carteras porque es urgente llevar a cabo pactos de Estado para que España recupere sendas que nunca debió perder en la articulación de la educación integral e integrada en todos los niveles que la imaginación digna pueda hoy soñar despierta. Y canalizar la cultura para compartir todos el arte de vivir.

Cuando se habla de educación hay que hablar necesariamente de sus grandes protagonistas, los profesionales que ejercen esta profesión, educar. Dice Ordine que la formación “requiere plazos largos. Orientarla exclusivamente por las presuntas ofertas del mercado laboral es perder de antemano la partida. No necesitamos reformas genéricas, sino asegurar una buena selección de los docentes. Los jóvenes reclaman sobre todo profesores que vivan con pasión y con verdadero interés la disciplina que imparten. Se trata de una exigencia sacrosanta, cuyos efectos beneficiosos todos nosotros hemos podido experimentar en nuestra vida estudiantil [-…]  No se puede hablar al alumnado sin amar lo que se enseña. O tirar de powerpoint o prezi sin más, repitiendo todo lo que allí se expone sin orden ni concierto, sin alma didáctica alguna a pesar de la modernidad digital.

Finaliza el autor con una referencia a Einstein en el capítulo dedicado a la educación en su libro Mis ideas y opiniones y su canto a la curiosidad innata en los seres humanos, que permite desarrollar la creatividad y la fantasía. Dice Ordine que: “La buena escuela no la hacen ni las pizarras interactivas multimedia, ni las tablets, ni los managers, ni los demagógicos acuerdos a corto plazo con empresas y centros profesionales: la hacen solo los “buenos docentes”, aquellos que, renunciando a las “medidas coercitivas”, logran que “la única fuente de respeto del alumno al profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de éste” (pág. 71s del libro de Einstein). Al docente le incumbe la delicada misión de hacer comprender a sus estudiantes que la enseñanza es una gran oportunidad ofrecida por la sociedad para ayudarnos a hacernos mejores, mujeres y hombres libres capaces de saber vivir”.

Vuelvo a leer a Nazim Hikmet, en el poema que encabeza estas líneas, para comprender qué significa luchar por la libertad de vivir a pesar de todo:

Ama la nube, la máquina y el libro
pero ante todo, ama al hombre
Siente la tristeza
de la rama que se seca
del planeta que se extingue
del animal inválido
pero siente ante todo la tristeza del hombre
Que todos los bienes terrestres
te prodiguen la alegría
Que la sombra y la luz
te prodiguen la alegría
Que las cuatro estaciones
te prodiguen la alegría
Pero ante todo, que el hombre
te prodigue la alegría
 

Sevilla, 2/VII/2018

(1) Ordine, Nuccio (2017). Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. Barcelona: Acantilado.

Los últimos migrantes (no olvidemos al Aquarius)

Todo pasa y casi nada queda. Seguimos viviendo todos los días las tragedias de los migrantes que se acercan a España buscando otro mundo posible. Ayer leíamos la frialdad con la que han sido recibidos los 238 migrantes recogidos por el barco alemán Lifeline, en Malta, porque no les ha quedado más remedio a las autoridades de La Valeta y porque varios países europeos se han ofrecido a recibirlos en un reparto a veces inhumano, malgré tous, en todas las conjugaciones y responsabilidades públicas posibles (la tuya, la mía, la suya, la nuestra, la vuestra y la suya; la de todos, en definitiva). Mientras Europa busca fórmulas para resolver un problema que tenemos muy cerca y a diario en nuestras costas andaluzas, el Aquarius zarpó hace unos días, desde Valencia, a seguir cumpliendo una misión, ofrecer puertos seguros a los migrantes, que se olvida por determinados poderes públicos, para atender a los que naufragan en alta mar, muy cerca del Sur de Europa, que todavía existe en la clave de Benedetti.

Comprendo mejor que nunca un poema suyo dedicado a las últimas golondrinas, recordando a un sevillano universal, evocando el cansancio de tanto alarde migratorio, de tanto y tanto cruce sobre el mar, y retórica, y pretextos, y alcores.

Sabes
gustavo adolfo
en cualquier año de éstos
ya no van a volver
las golondrinas
ni aún las pertinaces
las del balcón
las tuyas

es lógico
están hartas
de tanto y tanto alarde
migratorio
de tanto y tanto cruce
sobre el mar y retórica
y pretextos
y alcores

su tiempo ya pasó
lo reconocen
y a mitad de su ida
o de su vuelta
oscuras
cursilíneas
tiernitas de alas largas
se dejarán caer
como buscando
cada una su ola
terminal.

¡Ojalá llegue el día en que su tiempo de tanto sufrimiento pase, que los reconozcamos en su tierra de origen, sin necesidad de volar tan bajo, para que ya no tengamos que reconocerlos a mitad de su ida o de su vuelta, porque ya no desafiarán al mar como buscando de forma desesperada su ola terminal!

Mientras…, no olvidemos al Aquarius y lo que simboliza junto a otros barcos de rescate para dar respuesta a tanto desajuste social a escala mundial.

Sevilla, 29/VI/2018

 

 

Pensemos lo que nadie piensa

Escucho con frecuencia un programa radiofónico excelente en Radio Clásica, Longitud de onda, que finaliza siempre con una frase que pronuncian al unísono los presentadores del mismo, Fernando Blázquez y Yolanda Criado: «Porque la ciencia nos enseña a ver lo que todo el mundo ha visto, pero a pensar lo que nadie ha pensado». En un mundo tan distraído de lo que de verdad nos debería pre-ocupar [sic], se agradece que la radio pública forme a sus oyentes en un ámbito de relación entre la música y la ciencia de amplio espectro, de forma tan amena y con una calidad divulgativa extraordinaria. Porque este tipo de radio, pública por supuesto, nos hace ser ciudadanos más libres y comprometidos con la vida.

Les invito a entrar en su página oficial y disfrutar de una hora y media de auténtico aprendizaje acompañado por música excelente que nos permitirá pensar en lo que nadie piensa, idea tan querida por el filósofo Schopenhauer. Es un orgullo nacional que el dinero público se invierta en estos menesteres tan beneficiosos para el alma humana. Es cuando se aprecia de verdad que Antonio Machado tenía razón cuando diferenciaba algo no inocente en la vida diaria: todo necio confunde valor y precio.

Comprendo que ponernos a pensar lo que nadie piensa es una tarea apasionante y atrevida en sí misma, pero a pesar de la mediocridad que nos invade deberíamos sacar tiempo para dedicarnos a utilizar la mente humana para producir ideas buenas y amables con la sociedad en la que vivimos, estamos y somos. Acabar con el pensamiento único en todas las ramas del saber no tiene precio, pero quizá nos ayude a descubrir algo en lo que casi nadie cae a diario: el mercado nos distrae continuamente y no nos deja pensar en libertad, el auténtico valor de la dignidad humana. Es verdad: podríamos ver también la otra cara de lo que llamamos ciencia, porque alguna vez podríamos pensar lo que nadie ha pensado.

No olvido lo que una vez le escuché a Enrique Morente en su Soleá de la ciencia: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí. Tenemos un tesoro individual que se llama cerebro, personal e intransferible, donde se puede elaborar el conocimiento gradual a lo largo de la vida a través de la inteligencia creadora, que es la única que nos libera. Tiene un problema, que consiste en que no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”.

Pensar en lo que nadie piensa puede ser una tarea de personas normales y corrientes, más bien de personas singulares, porque es la realidad de lo que somos, dado que no nos repetimos (por ahora…). Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia y la capacidad de hablar, como primeras señas de identidad humana que nos hacen ser personas y de identidad intransferible, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía que traspasa los límites de personas corrientes. Hablemos de personas singulares, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida, siendo personas corrientes, es decir, de trato llano y familiar [sic, según la RAE]. Impecable definición, mientras corremos con la vida a cuestas, porque miles de millones de personas somos corrientes y singulares.

Escuchando hoy de nuevo Longitud de onda, con un título apasionante en el programa de hoy, ¿Quién dirige la orquesta del cerebro?, he descubierto los secretos de cómo reacciona el cerebro cuando se afina un instrumento. Nunca lo había pensado, pero hoy la ciencia me ha demostrado que me ha comprendido a mí, como preguntaba Morente, porque lo que hay detrás de una simple nota “la” es algo que ensalza la mente maravillosa de cada ser humano, lo que nos hace singulares a través de la ciencia, cuando pensamos en lo que nadie piensa y aprendemos a escuchar.

Sevilla, 27/VI/2018

Las abejas saben qué es nada

PANAL DE ABEJAS1

Yendo del timbo al tambo, camino intelectual que practicaba en bastantes ocasiones Gabriel García Márquez, ha caído en mis ojos una noticia maravillosa sobre la inteligencia de las abejas. Estaba leyendo con gran interés un artículo reciente de Science cuando, de forma sorprendente, descubro que Manuel Rivas publica hoy un artículo en El País Semanal, La guerra de las abejas, que viene a confirmar la sospecha mundial sobre la mortandad sin paliativos de este ser polinizador de vida, debido a las multinacionales del sector de plaguicidas, fulminando su inteligencia para dar vida a la vida.

Siguiendo con la lectura de la investigación publicada en Science, descubro que “Las abejas melíferas entienden el concepto de cero, al igual que los delfines y las personas. No es solo que estos insectos sean capaces de discernir que «nada» es diferente de «algo»: son también capaces de ubicar el cero en el extremo inferior de una secuencia de números positivos” (1). La síntesis de la investigación se centra en que “para averiguar si las abejas melíferas podían entender el concepto de nada, los investigadores atrajeron a abejas que volaban en libertad hacia una pantalla con tarjetas blancas, cada una de las cuales contenía entre dos y cinco formas oscuras. Algunos animales recibían una gota de agua dulce cada vez que se dirigían a la tarjeta que mostraba el menor número de objetos, mientras que otros eran recompensados cuando elegían la tarjeta que contenía más elementos. Tras un día de entrenamiento, los autores introdujeron tarjetas con un objeto y otras que no mostraban ninguno. Los insectos fueron sistemáticamente capaces de identificar las tarjetas en blanco como aquellas que contenían el menor número de formas. La ejecución de la tarea mejoró aún más cuando las tarjetas en blanco se presentaban junto a otras que incluían cuatro o cinco elementos”.

Queda mucho por saber y por demostrar en esta investigación, pero hoy sabemos más que ayer en la cooperación inteligente de determinados seres vivos para hacernos la vida más feliz. Lo corrobora una acertada expresión de Rivas en su artículo: “Maurice Maeterlinck oteó el peligro de un destino apocalíptico para el ser humano. Pero hoy tendría que escribir el envés catastrófico de esa civilización autora de una arquitectura natural más que admirable: “Ningún ser vivo, ni siquiera el hombre, ha realizado en su esfera lo que la abeja en la suya; y si una inteligencia ajena a nuestro globo viniese a pedir a la Tierra el objeto más perfecto de la lógica de la vida, habría que presentarle el humilde panal de miel”.

Maeterlinck lo dijo en 1901, en su curiosa obra dedicada al mundo de las abejas. Mientras que digiero esta situación tan alarmante y silente, busco el símbolo del panal de miel para entender la lógica de la vida. Y leo a Machado, que sabía bastante de estos diminutos seres inteligentes, de los que hoy sabemos que saben qué es la nada: Anoche cuando dormía / soñé ¡bendita ilusión! / que una colmena tenía / dentro de mi corazón; / y las doradas abejas / iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel.

Me tranquiliza saber que hay Universidades, investigadores y escritores que están preocupados en este ir y venir del timbo al tambo de las abejas, como ejemplo de maltrato animal sin contemplaciones. También cuando leo al maestro Rivas: “Los fanáticos del “solucionismo tecnológico” están experimentando con las RoboBee (abejas robot), una especie de drones de 80 gramos de peso, con los que pretenden sustituir a las abejas. Lo que hace falta a la humanidad es el activismo de la polinización. Aprender de las abejas y polinizar la política, el periodismo, la cultura y la ciencia. Más biodiversidad y menos bioperversidad”.

No lo olvidemos: es probable que antes de que apareciera el ser humano en el mundo, las abejas ya estuvieran allí. Antes que nosotros, ya sabían qué es nada. Escalofriante y maravilloso.

Sevilla, 24/VI/2018

(1) https://www.investigacionyciencia.es/noticias/las-abejas-pueden-contar-hasta-cero-16468

Menores solos, no acompañados

 

MARCELINO

En estos días pasados, en los que hemos vivido emociones especiales en torno a las controvertidas peripecias éticas del Aquarius, se ha utilizado de forma machacona una frase que golpea cualquier conciencia: “a bordo viajaban más de cien menores solos, no acompañados”. He reflexionado mucho sobre esta realidad que se hizo patente a la hora de desembarcar en Valencia. La realidad de estos niños y niñas víctimas de su propio destino incierto, ante el silencio cómplice de muchos países y organismos internacionales, supone en sí misma un test de ética mundial.

Con este marco tan poco propicio para veleidades, he tenido la oportunidad de visitar una exposición en el espacio Caixaforum de Sevilla, dedicada a Cine y emociones. Un viaje a la infancia y organizada por la prestigiosa Cinémathèque française y la Obra Social “la Caixa”. Leo el programa con atención reverencial, donde se detalla que en la muestra “se configura un retrato emocional de la niñez, a través de siete ámbitos que entrelazan películas y materiales de diversa índole para conformar un retrato emocional de la niñez”:

  1. Alegría: muestra películas que reflejan el afán de los niños por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar.
  2. Rabia: explora los instantes de enfado y frustración que se viven durante la infancia, que quedan grabados en la memoria y que se reconocen al verlos en la pantalla.
  3. Risa: muestra cómo la risa de los niños en el cine se contagia a los espectadores, no solo por la ternura que provoca sino también por la identificación con la travesura, la situación inesperada o la invención de algo nuevo y disparatado.
  4. Lágrimas: la soledad, el abandono o el rechazo son algunos de los sentimientos tratados en este ámbito, como manifestaciones del sufrimiento infantil que generan en el espectador una sensación de dolor compartido.
  5. Miedo: explora los momentos de terror durante la infancia. El miedo puede ser producto de una fantasía, pero su efecto es real en estos pequeños y en quienes los miran desde la butaca.
  6. Valentía: recuerda que en la infancia se puede ser también el más valiente gracias a una energía que permite superar cada desafío que el camino plantea. Paradójicamente, el valor de los más pequeños enseña a los mayores que sus desafíos a veces no son tan difíciles de afrontar.
  7. Ilusión: el cine genera siempre fascinación en los espectadores. ¿Cómo se construye esa ilusión? ¿cómo la viven los niños cuando juegan a ser cineastas?

La cubierta de los tres barcos de la esperanza, Aquarius, Dattilo y Orione ha sido un plató improvisado donde tripulantes y miembros de SOS Méditerranée y Médicos del Mundo, han podido vivir y sentir con estos niños y niñas, ya acompañados, todas las emociones descritas en esta exposición casual, pero de forma amplificada. Y con muchas más.

Lo he recordado y he hecho un ejercicio de niñez rediviva cuando al bajar las escaleras mecánicas para acceder a la exposición, me he encontrado con la mirada de Marcelino o Pablo Calvo, tanto monta, monta tanto, un héroe de mi infancia que me enseñó a comprender qué es la alegría, qué significa la rabia no contenida, cómo podemos reírnos hasta de nuestra sombra, cómo lloran los niños, a diferencia de las niñas, porque yo escucha siempre que “los niños no lloran”…; también, a sentir miedo en un entorno que no era de fantasía, a ser valiente ante los acosos escolares (hoy bullying) de mis compañeros y, sobre todo, a ilusionarme con cualquier cosa.

Aquella soledad acompañada de un niño del Sur en Madrid, la paliaba siempre mi querida maestra, Doña Antonia, a la que nunca olvido. Ella llenaba de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.

Imaginábamos aventuras muy particulares, como las que ocurrían en los patios de nuestras casas o en las aceras de nuestras calles queridas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. A partir de aquel día, siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino, un niño solo y acompañado.

Cuando me retiraba de aquella pantalla panorámica de acceso a la exposición, recordé junto a Marcelino lo que habían vivido recientemente los niños y niñas del Aquarius, Orione y Dattilo, cuando en su soledad sonora y acompañada pensaban que el carpe diem de aquellas escenas de película, en las tres cubiertas salvadoras, era lo más maravilloso que les podía ocurrir en ese momento.

Sevilla, 23/VI/2018