DATOS PÚBLICOS MASIVOS / y 6: Urge la protección del ecosistema público digital

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Finalizo esta serie dedicada a la visión estratégica del tratamiento de los datos públicos masivos que existen en la Administración tanto a nivel estatal como autonómico, centrando hoy este análisis en la reflexión estratégica sobre la auténtica razón de existir de los datos públicos masivos: la salvaguarda del interés general en la generación y tratamiento estratégico integral e integrado de los mismos, como resultado de las políticas digitales llevadas a cabo por el Gobierno correspondiente, protegiendo el ecosistema público digital del país.

¿Qué es el ecosistema público digital? El conjunto de personas atendidas por la Administración mediante sistemas de información que se interrelacionan entre sí en economías de escala, para obtener productos adecuados que salvaguarden el interés general de la ciudadanía y su evaluación continua. Entre estos productos adecuados se encuentra el tratamiento de la información que genera esta interrelación, creando bases de datos públicos masivos, por ejemplo y a título indicativo, que no exhaustivo, en ámbitos públicos de marcado interés general como puede ser la salud, educación, servicios sociales, empleo, entre otros. Siempre con visión de Estado, no solo en localizaciones territoriales concretas, que nunca formarían parte del ecosistema público digital, como ocurre en la actualidad, con ejemplos tan evidentes como los sistemas de información de salud de Comunidades Autónomas, que no pueden interoperar entre sí y con otros sistemas propios por no existir políticas digitales al respecto, generando además un gasto público insoportable y con daños colaterales al citado ecosistema, generando un puzle digital inhumano, al no poder obtenerse información conectada y compartida que redundaría en beneficio del interés general, gran víctima de esta dejación política. Para decirlo claramente, se está incurriendo en una clarísima dejación de cumplimientos constitucionales en el funcionamiento de la Administración al respecto.

Bajando a realidades concretas y próximas, los artículos anteriores de esta serie han abordado diferentes formas de abordar esta oportunidad extraordinaria que tienen tanto el Gobierno central como los Gobiernos de las Comunidades Autónomas en este país, en sus múltiples centros de procesos de datos, donde se trata de consolidar la información derivada de sus múltiples departamentos, sin visión alguna de pertenencia al ecosistema público digital que se debería definir, construir y estructurar con visión de Estado. El problema actual radica en que al no existir política pública digital de amplio espectro, lo que resulta es la proliferación de depósitos de información, digitales por supuesto, pero sin tratamiento profesional de ecosistema público digital, por problemas serios de interoperabilidad al no haberse fijado políticas públicas digitales al respecto.

¿Qué hacer? Ya lo he manifestado por activa y por pasiva en este blog: para empezar, es urgente crear una Secretaría de Estado de Política Digital, dependiente de la Presidencia del Gobierno, que establezca una estructura a nivel de Estado que fijara una estrategia pública digital, más allá de la estrictamente necesaria para el cumplimiento de la Agenda Digital de Europa que, por supuesto, integraría, pero como una responsabilidad pública más y no exclusiva, como ocurre en la actualidad, para llevar a cabo políticas digitales en el corto, medio y largo plazo, con visión más allá de una legislatura. Todo el tiempo que pase sin abordarse esta cuestión significará una pérdida de tiempo lamentable para salvaguardar el interés general de la ciudadanía en el ámbito digital, que es a quien debe servir. Además, porque mantener esta situación es un despilfarro de dinero público que no se debería permitir por más tiempo. Lo grave no es el gasto, que no inversión, en infraestructuras digitales para mantener el desorden digital existente, sino el tiempo perdido y que difícilmente se podrá recuperar, teniendo al alcance de la mano la posibilidad que ofrece una política adecuada en el tratamiento de los datos públicos masivos, que es lo que abordo ahora con carácter especial.

El ecosistema público digital está en peligro si no se toman medidas con carácter urgente y sin más dilación. Lo he dicho en múltiples ocasiones: no confundamos gasto con inversión pública al respecto. El problema actual no es que no haya dinero público para abordar estas cuestiones, el problema real es que no hay liderazgo político para coger el toro por los cuernos de una vez y llamar a esta realidad por su nombre: dejación política en un acción tan sentida y percibida por la ciudadanía, como es la realidad digital, al estar viviendo todos en un ecosistema digital que nos ofrece posibilidades extraordinarias para construir un mundo diferente, a pesar de los detractores del mismo, que también existen. Lo que no es tolerable es contemplar que el Estado es el primer artífice de este desastre en el tratamiento de los datos públicos masivos, al no ordenar y organizar política y legalmente esta actividad, teniendo muestras en el ámbito internacional donde ya se han tomado medidas serias al respecto.

Al igual que en el cambio climático, hay que convencer a los descreídos y distraídos que no acaban de convencerse de que el establecimiento de estas políticas digitales es imprescindible para el progreso de este país, donde la economía del conocimiento que puede ofrecer el ecosistema público digital puede ser una fuerza tractora extraordinaria como primer motor inmóvil (que decía Aristóteles) para obtener resultados alentadores para la ciudadanía y empresas emergentes. Porque urge salvar el ecosistema público digital.

Con esta serie, que finaliza hoy, cumplo otro sueño: llegar a ser, en un día no muy lejano, miembro del ecosistema público digital de este país, escribiendo hoy con palabras de compromiso activo que sirvan para los demás, aunque reconozco que ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, siendo consciente de que genera en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Pero son solo proposiciones, tal y como lo aprendí un día ya lejano de Pablo Milanés, porque las ideologías digitales, ya saben, tampoco son inocentes: Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin, tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño.

Sevilla, 2/XII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.mintic.gov.co/portal/604/w3-propertyvalue-634.html

El tiempo, según Eduardo Mendoza

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Ayer se otorgó el Premio Cervantes 2016, máximo galardón de las letras españolas, al escritor Eduardo Mendoza. Me alegró especialmente, porque lo relacioné inmediatamente con una experiencia personal del pasado mes de septiembre, leyendo un artículo suyo de despedida en la colaboración mensual de sus publicaciones en la última página de la revista ICON (Septiembre, 2016), publicada por la editora del diario El País. Lo envié a las personas que quiero, porque estimé que abordaba una cuestión transcendental en la vida que siempre me ha llamado la atención existencial: amar el tiempo propio y el de los demás. Llevaba por título “Tiempo de despedida” (1), una reflexión preciosa sobre la forma de estar en el mundo, sentarse en él (sitz in leben), teniendo en cuenta el factor tiempo, relativizando la forma de ser cada persona en su forma de comprenderlo, sentirlo y expresarlo.

Es verdad que en bastantes ocasiones he tratado en este cuaderno digital la relación humana con el tiempo, porque me preocupa apasionadamente. Decía Mendoza en su artículo que “Si me voy es porque me gusta hacer la mudanza de tanto en tanto, sin ton ni son. Por lo demás, el tiempo es relativo. Es un lugar común, pero en el fondo, no lo creemos. Vivimos pendientes del tiempo y nos cuesta imaginar cómo sería la vida sin un calendario y sin un reloj”. Es lo que aprendí hace ya muchos años del Eclesiastés, en su maravilloso capítulo 3, que nunca olvido, porque leyéndolo con atención siempre podemos reflexionar sobre momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno, en cada ecosistema temporal, sabiendo que todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: tiempo de nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi sin darnos tiempo para recuperarnos, aborda también una cuestión enigmática de profundo calado: “lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es”, resolviéndola con una solución teísta: “Y Dios restaura lo pasado”. ¿Qué Dios, en un mundo descreído?

Con motivo de la proclamación de este premio, he recordado también un dicho turco que me emocionó al conocer su profundo sentido: “Todo al final es como quien cava un pozo con una aguja”, donde el tiempo marca las diferencias para ser y estar en el mundo. Aprendí su significado en el universo extraordinario de la literatura que libera, leyendo el discurso que leyó Orhan Pamuk en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 2006, publicado después con un título muy sugerente, tanto como las palabras escritas en su dilatada vida: La maleta de mi padre. Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, como la de Mendoza, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos.

Es lo que a lo largo de su producción literaria nos ha entregado Eduardo Mendoza. Aunque haya ido muchas veces del timbo al tambo, haciendo mudanzas, como él dice, “sin ton ni son”, pero escribiendo con el alma, como lo escuché una vez en una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas… Hoy, sobre la forma en que Eduardo Mendoza escribe para entender su tiempo de recibir premios.

Sevilla, 1/XII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www-livreshebdo-fr.sargasses.biblio.msh-paris.fr/article/eduardo-mendoza-recoit-le-prix-franz-kafka-2015

(1) Sólo conservo una imagen del artículo, que adjunto, pidiendo disculpas por la dificultad probable de su lectura:

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Alma de colibrí

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Dirige tu camino a través de las ruinas del altar y el centro comercial, dirige tu camino a través de las fábulas de la Creación y la Caída, dirige tu camino más allá de los Palacios y elévate por encima de la podredumbre, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento.

Leonard Cohen, Steer Your Way

Mucho se ha escrito sobre el viaje final de Leonard Cohen, buscando la mano tendida de la mujer a la que quiso tanto, Marianne: “Bueno, Marianne, somos realmente viejos y nuestros cuerpos se están deshaciendo. Creo que te seguiré pronto. Has de saber que estoy tan cerca de ti que, si estiras la mano, podrás coger la mía. Sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría, pero no hace falta que añada nada porque tú de sobras lo sabes. Ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Te envío mi amor infinito. Nos veremos pronto en el camino”.

Leonard Cohen amaba este país. Lo contó de forma magistral en el discurso que pronunció en el acto de entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2011. Unas palabras sobrecogedoras, porque seis acordes de guitarra, aprendidos en años de juventud de un joven español anónimo, han servido para que Cohen siga entusiasmando al mundo con sus canciones, volando con alma de colibrí.

La lectura de un artículo precioso en el suplemento Babelia, del diario El País (1), me ha recordado la belleza del colibrí, un pájaro muy pequeño que se localiza en Sudamérica (ha sabido elegir una sabia cuna…), con una especial presencia en Colombia, como nos lo demuestra un lugar asombroso, El jardín encantado, aunque viajan sin cesar porque saben que su vida es muy corta: “El lunes 7 de noviembre, el alma de Leonard ascendió hacia los brazos de Marianne. En el disco, vemos un colibrí que sale volando desde una luminosa ventana hacia la oscuridad: “Escucha al colibrí / Cuyas alas no ves / Escucha al colibrí / No a mí”.

El colibrí es el ave más pequeña del mundo. ¡Qué maravilla de la naturaleza! Mueve sus alas entre 60 y 90 veces por segundo y su gran corazón late entre 500 y 1.200 veces por minuto, aunque por la noche sus latidos son mucho más lentos. En proporción a su tamaño, posee el cerebro y el corazón más grande del mundo. No puede caminar, solo posarse. De su alma sabemos poco, pero nos da señales de ella todos los días, volando siempre, que para él es su caminar diario.

Leonard Cohen ha acompañado durante muchos años a los que valoramos la belleza de las palabras cantadas, incluso cundo suenan a testamento vital que se declara a los cuatro vientos, llevadas en las alas del pequeño colibrí para quien lo quiera leer o contar, porque lo importante es saber disfrutar de los viajes cortos como a veces son los momentos bellos de la vida, en los que disfrutamos tanto. Seguirlo…, volando por encima de la podredumbre, es otra cosa, porque nos falta su alma, su preciosa vida. La del colibrí, la de Cohen.

Sevilla, 28/XI/2016

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: http://www.jardinencantado.net/#fotos

(1) Manzano, Alberto (2016, 22 de noviembre). Escucha al colibrí. Babelia (El País.com).

Casi todo es preludio en la vida

Estoy ensayando en el piano el Preludio número 7 del conjunto que escribió Chopin en el periodo transcurrido entre 1835 y 1839, probablemente compuesto durante su estancia en Valldemossa (Islas Baleares) y que hoy figura en su catálogo como Opus 28, 7. Es una partitura preciosa de escasos compases, 16 exactamente, pero que muestra la maestría del compositor polaco en toda su extensión. El andantino, primera parte de esta partitura que se ejecuta con movimiento lento pero vivo, ayuda a introducir sentimiento en esta obra, equiparada en su conjunto con la que Bach publicó bajo el título de El clave bien temperado.

¿Por qué traigo a colación esta reflexión sobre este preludio? Básicamente porque casi todo en la vida es una introducción, un preludio, a situaciones que se desconocen cómo transcurrirán con el tiempo por derroteros insospechados, porque todo tiene su tiempo y su momento. Pero tienen una belleza especial, sobre todo cuando lo concebimos con el arte de empezar algo en la vida, el momento mágico de la página en blanco en la realidad de cada día, en la que puede ocurrir de todo pero en la que tenemos la gran oportunidad de darle un sentido especial. En definitiva, es la combinación histórica del lema preludio en sus dos acepciones principales según la Real Academia Española de la Lengua: aquello que precede y sirve de entrada, preparación o principio a algo y también, por analogía en este caso, la composición musical de corto desarrollo y libertad de forma, generalmente destinada a preceder la ejecución de otras obras.

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Chopin, F, Preludio, Op.28,7 (fragmento)

Lo breve, si bueno, dos veces bueno. Chopin lo sabía y así lo dejó escrito en esta obra magna, Preludios, de la música clásica. Vuelvo a tocar el número 7 con su pasión característica, cuidando el andantino para dar sentido a la entrada tranquila que merece toda experiencia que comienza cada día para vivir dignamente y a la que, en esta ocasión, pongo música para enriquecer la banda sonora de mi vida.

Sevilla, 27/XI/2016

Alalá de Sevilla: para que no se olvide

La semana pasada publiqué un post con este título, dedicado a Alalá, un largometraje documental que tuve la oportunidad de verlo, sentirlo y disfrutarlo en la presentación mundial que se hizo aquí en Sevilla, durante la Bienal de Flamenco de este año. Mañana es el día en que podemos compartir de nuevo su contenido precioso en los Cines Nervión (Sala 14), donde se podrá constatar que otro cine es posible cuando se tiene ojo crítico de la realidad social adversa que está a veces tan cerca de nosotros y que no debe pasar por alto. Sobre todo, porque nos deja el mensaje esperanzador de que el amor y el sufrimiento pueden aunar también las voluntades. Con tu quiero y mi puedo.

Por estas razones, no debemos faltar a esta cita tan especial. Lo decía en el post de ayer, Cuando nos salimos del cuadro de la vida: «Ahora viene el viernes negro (black friday), importación conductual de consumo que saludamos todos juntos y en unión como Pepe Isbert a Míster Marshall, en una película celtibérica que aún permanece vigente en su mensaje a pesar de haber pasado por el túnel del tiempo. Prefiero ir el jueves próximo (24/XI) a ver el documental cinematográfico Alalá (alegría, en caló), saliéndome del cuadro de todos los días, para intentar comprender que el mundo de los niños de la barriada de las Tres Mil Viviendas, en Sevilla, contado maravillosamente en esta película, nos permite vislumbrar que otro mundo es posible y muy diferente al que nos pintan a diario, porque Groucho ya lo dijo metafóricamente: que busquen a esos niños de cuatro años y más, en las Tres Ml Viviendas, por ejemplo, que lo saben todo. Es lógico que, como ellos, queramos huir hacia otro mundo donde el arte de vivir no se compra ni se vende en el supermercado del consumo, ni en museos vivientes no inocentes. Sin más marco que el de la dignidad humana, que da la felicidad auténtica cuando se entra en él y del que, hoy por hoy, no me gustaría salir. A pesar de todo, porque en la gran exposición del mundo en que vivimos, que podría llevar por título «Metavida», tenemos que plantearnos alguna vez que la vida digna hay que interpretarla alguna vez sobre la propia vida, saliéndonos todas las veces que haga falta de los marcos que nos impone a diario la sociedad y que no nos gustan».

No se la pierdan, porque la historia, junto a las palabras que nos quedan, nos ha enseñado que nadie se baña dos veces en el mismo y gran río (guadalquivir, en árabe al-wādi al-kabīr, «el río grande») de la alegría (alalá, en caló), felicidad y dignidad humanas.

Sevilla, 23/XI/2016

ALALÁ DE SEVILLA

El próximo jueves, 24 de noviembre, se proyecta en los Cines Nervión de Sevilla, en la Sala 14 y a las 20:15 horas, la película Alalá (alegría, en caló), un largometraje documental, excelente, sobre la realidad de transformación social y cultural de un barrio complejo en Sevilla, las Tres Mil Viviendas, gracias a una modesta escuela de flamenco, en la que los auténticos protagonistas, como estrellas invitadas de esta película, son los niños y niñas que allí viven y comparten muchos momentos de cada día con el flamenco y con personas que se acercan a esta realidad para enseñarles y transmitirles su arte.

Con motivo de esta proyección, he recordado la experiencia del cine transformador en Giancaldo, el pueblo en el que vivía Salvatore, el niño protagonista de Cinema Paradiso, sobre todo por una frase de Alfredo, el proyeccionista, que me emociona siempre cada vez que veo esta película maravillosa y que dirige a Totó, Salvatore cuando decide descubrir un nuevo mundo de ciudad: “hagas lo que hagas, ámalo”. Es lo que diría a estos niños y niñas de las Tres Mil Viviendas. También al equipo técnico de la película y a su directora, Remedios Malvárez, que ve las cosas que pasan de forma muy diferente a los demás, no inocente: hagáis lo que hagáis, amadlo. Con alalá.

Este día puede ser una oportunidad excelente para ir a los Cines Nervión como acto solidario con estos protagonistas excelentes y con los creadores de este largometraje documental. También, porque “os van a encandilar los niños artistas de nuestro barrio”, como decía recientemente la Comisionada del Polígono Sur (@poligono­­_sur) en un tuit lleno de sentimiento y dignidad. Allí nos podemos unir para construir un espacio de tejido crítico en esta ciudad que necesita aproximarse cada día más a la realidad social de este barrio, que nos enseña tantas cosas buenas y tanta alalá (alegría) para el tedioso día a día en el que a veces estamos instalados casi sin darnos cuenta. Para que aprendamos también, que otra Sevilla, en las Tres Mil Viviendas, es posible.

Sevilla, 15/XI/2016

Cuando nos salimos del cuadro de la vida

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Pere Borrell y del Caso, Huyendo de la crítica (1874).

El Museo del Prado ha preparado una exposición sorprendente y de gran calidad artística, con una denominación muy sugerente, Metapintura. Un viaje a la idea del arte (Museo Nacional del Prado 15/11/2016 – 19/02/2017), que recoge un hecho transcendental en el mundo del arte: la pintura es necesario interpretarla alguna vez sobre la propia pintura. Entre los cuadros expuestos, proveniente de galerías y museos internacionales, así como de colecciones públicas y privadas, me ha llamado la atención uno en particular. Se titula, Huyendo de la crítica, y es un trampantojo del pintor catalán Pere Borrell y del Caso, pintado en 1874.

Creo que la representación de lo que nos sucede en determinados momentos de la vida, tan próximos en estos días por el macrocosmos político y social que nos rodea, se puede expresar muy bien examinando con detenimiento esta pintura. Todos, sin excepción, vivimos en el cuadro que nos pinta la vida a diario. Así nos ven y así lo cuentan a los demás. Así nos vemos y así figuramos ante los otros, con dificultades notorias para salirnos del marco familiar, laboral y social establecido.

Groucho Marx, a quien acudo tantas veces para comprender la vida, como su famoso niño de cuatro años, me lo recuerda muchas veces: que se pare el mundo que me bajo. Ahora, contemplando este cuadro tan extraordinario, podría decir sin sonrojo alguno: que pare la exposición permanente de mi vida, que me salgo del cuadro que me imponen.

Es verdad. Alguna vez hay que tomar esta decisión para no seguir “exponiéndonos” sin sentido alguno en este mundo diseñado por el enemigo. Es una imagen preciosa, en la que este niño quiere acabar con una ceremonia de confusión que no tiene sentido alguno, en un mundo con una falta clamorosa de valores, donde agradecemos cualquier detalle de calidad humana porque nos parece extraordinario cuando debería ser una experiencia cotidiana. Basta recordar las últimas imágenes de los niños sirios víctimas de una guerra cruel y sin sentido alguno: ¡No puedo aguantarlo más!

Ahora viene el viernes negro (black friday), importación conductual de consumo que saludamos todos juntos y en unión como Pepe Isbert a Míster Marshall, en una película celtibérica que aún permanece vigente en su mensaje a pesar de haber pasado por el túnel del tiempo. Prefiero ir el jueves próximo (24/XI) a ver el documental cinematográfico Alalá (alegría, en caló), saliéndome del cuadro de todos los días, para intentar comprender que el mundo de los niños de la barriada de las Tres Mil Viviendas, en Sevilla, contado maravillosamente en esta película, nos permite vislumbrar que otro mundo es posible y muy diferente al que nos pintan a diario, porque Groucho ya lo dijo metafóricamente: que busquen a esos niños de cuatro años y más, en las Tres Ml Viviendas, por ejemplo, que lo saben todo. Es lógico que, como ellos, queramos huir hacia otro mundo donde el arte de vivir no se compra ni se vende en el supermercado del consumo, ni en museos vivientes no inocentes. Sin más marco que el de la dignidad humana, que da la felicidad auténtica cuando se entra en él y del que, hoy por hoy, no me gustaría salir. A pesar de todo, porque en la gran exposición del mundo en que vivimos, que podría llevar por título «Metavida», tenemos que plantearnos alguna vez que la vida digna hay que interpretarla alguna vez sobre la propia vida, saliéndonos todas las veces que haga falta de los marcos que nos impone a diario la sociedad y que no nos gustan.

Sevilla, 22/XI/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 5. ¿Inteligencia de negocio o de interés general?

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

La respuesta planteada en el título de este post no está en el viento (Bob Dylan, dijo), porque las dos estrategias digitales pueden convivir perfectamente, si son rigurosas, objetivas y evaluables. En tal sentido he pensado siempre que la propiedad de la información pública debería ser como la del campo, para quien la trabaja, salvando lo que haya que salvar y sería un motivo de orgullo público que se entregara a la ciudadanía por la Administración, perfectamente trabajada con visión de interés general y disponibilidad plena para salvar la equidad en la accesibilidad a la misma. Mi experiencia en el sector público avala esta respuesta, aunque voy a tratar de desarrollarla en claves estratégicas para ambas partes interesadas, la Administración Pública y el sector empresarial. Es probable que esta música suene solo cuando se trata de la inteligencia de negocio (business intelligence) en su estricto sentido y casi siempre con soluciones externas a la propia Administración. Más que a esta vertiente tradicional, quiero referirme ahora al movimiento que hace el camino contrario, es decir, la inteligencia de interés general, que se trata con la inteligencia pública digital (digital public intelligence) mediante políticas que llevan a cabo estrategias públicas digitales y que ya he definido en anteriores artículos, que es la que trata internamente la información, los datos públicos masivos, para ponerlos a disposición de la sociedad que es de donde se nutre, junto con la acción administrativa, llamada también función pública, que es la que caracteriza legalmente ese tratamiento.

Es muy importante este punto de partida porque los datos públicos masivos existen. El problema radica en cómo están alojados en los servidores públicos y cómo se almacena y trata esa información, en ámbitos sensibles y no sensibles, tales como salud, educación, justicia, servicios sociales, empleo, etc. Sin política digital adecuada es muy difícil tratar con la calidad científica que se necesita los datos públicos digitales, porque aparecerán dispersos y en un estado de muy difícil generación de informes solventes y de gran rigor técnico. Que sean útiles para la reutilización de ámbito público que necesita la sociedad en sus múltiples manifestaciones y aplicaciones posibles, así como las personas individualmente, las organizaciones públicas y privadas, empresas, instituciones científicas, medios de comunicación social, etc., que deberían confíar en las fuentes públicas de datos masivos.

Los datos públicos masivos nunca deben ser mercancías, sino derechos y deberes de carácter público puestos al servicio de la sociedad en su conjunto, garantizando en alta disponibilidad la equidad en la accesibilidad digita a los mismos. Es en este ámbito donde creo que existen unos nichos, minas verdes de datos que explicaba en un artículo anterior, donde las empresas emergentes y consolidadas, públicas y privadas, pueden disponer de una información ingente para buscar respuestas al tratamiento que se considere más adecuado sobre los datos que se pueden obtener de la Administración, como objeto declarativo de derechos y deberes públicos, sin más cortapisa que el respeto escrupuloso a la protección identidad de personas y acciones públicas que tengan que mantener la confidencialidad, sujeta a la ley y al derecho correspondiente, nada más, pero no defenderse desde la Administración en la empalizada de la protección de datos, como si se hablara de la División Acorazada Guzmán el Bueno, para entendernos, para no facilitar información en alta disponibilidad, que es consustancial con la necesidad de la sociedad de conocer qué pasa a diario en la función pública de cualquier Administración, en sus instituciones y servicios públicos de toda índole y que son inherentes a su razón de ser y existir.

Es obvio que ambas interpretaciones de tratamiento de la inteligencia digital, la pública y la privada (en relación con los datos públicos masivos), pueden coexistir, pero sin mezclarse en un todo revuelto donde a veces no se sabe dónde empieza una y acaba la otra. Es importante abrir este debate en la sociedad en foros públicos, con transparencia total, porque es una forma de abrir las grandes alamedas donde encontremos Administraciones Públicas que disponen de unos datos públicos masivos que pertenecen a la sociedad que es de donde emanan, de acuerdo con los grandes principios constitucionales que rigen en la forma de entender la Administración en este país: “La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho (Constitución Española, Art. 103.1.).

Es una gran oportunidad, legítima y fascinante, para todo el sector público y privado del país, que necesita trabajar en clave de predicción individual y social al servicio de los habitantes del mismo en sus múltiples actividades diarias. Y el secreto está en esos datos públicos masivos, que deben entregarse a quienes los trabajan, la propia Administración, cuando se convence de ello y pone medios de política digital aplicada en este ámbito, y la sociedad que los necesita para su propio interés general. Sin ninguna duda, los datos públicos masivos, como cuando se habla de la propiedad del campo, es decir, la información derivada de la disponibilidad de los datos públicos masivos debe ser para quienes la trabajan, que pueden ser la propia Administración, como depositaria de la misma con visión de entrega y transferencia inmediata y, sobre todo, los ciudadanos y organizaciones públicas y privadas, interesados en ello. De esta forma, no sería necesario tener que esperar a la noche del domingo correspondiente, para enterarnos de qué pasa en la Administración Pública, a nivel de Estado y de las Autonomías a través del programa El Objetivo (La Sexta), con su maldita hemeroteca, pruebas de verificación, sé lo que hicisteis con el último contrato y otras secciones de marcado interés público, como lo demuestra cada vez que interviene en el mismo el presidente de la Fundación Civio, por ejemplo. Aparece siempre la Administración a remolque de lo que se necesita conocer y comprobar, nunca delante, cuando con una actitud predictiva en el tratamiento de los datos públicos masivos, podría adelantarse a estos y otros acontecimientos mucho más importantes para el interés general.

Debería ser la propia Administración Pública la que a través de la televisión pública ofreciera programas de divulgación sobre esta área tan sensible para la población. Todos ganaríamos en credibilidad y respeto hacia la función pública, objetiva, de ética contrastable y razonable, porque cree y divulga la alta disponibilidad de los datos públicos masivos, mucho más allá de los Portales de Transparencia que son un esfuerzo en sí reconocible, pero que no se pueden quedar solo ahí por razones más que obvias. Constitucionales, sin lugar a dudas y con carácter preferente, que también existen, por cierto.

Un matiz, para finalizar. Verán que no hemos hablado hasta ahora de tecnología de inteligencia de negocio o pública digital, porque doy por hecho que existe tecnología más que suficiente para aplicar las claves estratégicas expuestas anteriormente en éste y en anteriores artículos de esta serie. El problema no está ahí, porque la Administración puede utilizar en su caso el mejor software y hardware existente y su resultado ser la digitalización del desorden, nada más. El software y las máquinas inteligentes para tratar los datos públicos masivos de la Administración deben ser la consecuencia de una decisión anterior de política digital de carácter estratégico, no al revés. Disponer o no, previamente, de política digital específica en este ámbito de actuación pública con rango de Estado, esa es la cuestión, porque se necesita su ordenación desde el ámbito legal sustantivo, respetándose posteriormente su desarrollo y cuidando las peculiaridades de cada Comunidad Autónoma en su aplicación también legal, real y efectiva. Luchemos por ello.

Sevilla, 21/XI/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 4. Una mina inagotable

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Todavía estamos impactados por el último programa de Jordi Évole, eVictims, en el que se explicaba con detalle una cara no amable de la revolución digital: las minas de coltán, el mineral que tanto hace sufrir a los que lo extraen, en una explotación miserable, las llamadas minas rojas e incluso las verdes, que acaba incorporándose a los teléfonos móviles que utilizamos a diario, entre otros aparatos electrónicos que lo integran como componente esencial.

Salvando lo que haya que salvar y siguiendo con el símil, los datos públicos masivos que posee la Administración, alojados en Centros de Procesos de Datos y de Tratamiento de la Información (las nuevas “minas digitales”), están como yacimiento por explotar en unas minas, también rojas o verdes, dependiendo de la forma de conservarlos y ponerlos a disposición de la ciudadanía. Sin política digital que tutele de forma efectiva y garantista la legislación vigente, en referencia a la transparencia y accesibilidad real y objetiva de los mismos, más allá de los portales de transparencia, se convierten en una mina de un color u otro por los beneficios o daños colaterales que pueden llegar a producir cuando se tratan o no como derecho de la ciudadanía a conocerlos, bajarlos y explotarlos de la forma más accesible y libre posible.

Los datos públicos masivos son una mina roja cuando no tienen orden ni concierto y se entregan a cuentagotas en una ceremonia de confusión para quien los quiera conocer. Además, al no existir muchas veces política digital en la generación y conservación de los mismos, en un marco legal de interoperabilidad con visión de Estado, producen casi siempre una fragmentación de límites inalcanzables. Por no citar los múltiples formatos en los que se conservan y publican, donde la disponibilidad en bruto es un desiderátum en el mejor de los casos, porque tratados para una intelección de los mismos rápida y sencilla es una flor que no suele adornarlos.

Un ejemplo muy clarificador lo encontramos en el campo de la salud. Al no estar interconectados los diferentes Sistemas de Salud, en tiempo real, la ciudadanía no puede beneficiarse de la interoperabilidad en la alta disponibilidad de los diagnósticos que se pudieran utilizar en el citado tiempo real, contrastando la información que hubiera en la mina de salud correspondiente y que se pudiera poner a disposición de los médicos de todo el país de forma antecedente y no solo consecuente. Además, muchas veces se utiliza la legislación de protección de datos de carácter personal como arma arrojadiza para no avanzar en este campo de alta disponibilidad de la información objetiva de carácter clínico para todo el país, convirtiéndose estos datos masivos públicos de salud en una mina roja en la que es muy difícil entrar para extraer la información que pertenece a la propia ciudadanía, porque gracias a ella se genera. Bastaría con una disociación de datos tutelada. Nada más.

Tengo experiencia en otros campos de datos públicos masivos, como puede ser los económicos y presupuestarios. Siempre he defendido que la caracterización del tratamiento de la información de estos datos debería llevarse a cabo desde una óptica que se llama, en terrenos de mercado, inteligencia del negocio (Business Intelligence) y que en la Administración de debería llamar inteligencia pública digital (Digital Public Intelligence), como tantas veces he defendido en mi acción pública y, ahora, en este blog, que aplicada a los datos públicos masivos se debería comprender a través de las cinco acepciones siguientes:

1. La ciudadanía es capaz de adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de la información que existe en los datos públicos masivos que se manejan y tratan en la relación con la Administración digital, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida [la habilidad] de haberse hecho muy capaz de ella [por la voluntad del Gobierno correspondiente], en el marco de lo propugnado por el Artículo 103 de la Constitución al referirse de forma muy breve a la Administración.

2. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba mediante disposiciones, el desarrollo de la capacidad que tienen las personas de recibir la información que figura en los datos públicos masivos de los que dispone, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de la equidad en la accesibilidad a los mismos, mediante los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

3. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba que la inteligencia pública digital permita a la ciudadanía, a la que sirve, adquirir conocimiento por empoderamiento, como capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que viva, mediante la equidad en la accesibilidad y obtención de los datos públicos masivos que pueda tratar adecuadamente a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

4. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe saber discernir que la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, mediante la obtención de los datos públicos masivos que pueda tratar adecuadamente a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

5. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica del doble uso, rojo (nula disponibilidad en tiempo real) o verde (alta disponibilidad en tiempo real), con una vigilancia adecuada por parte de la Administración Pública.

No solo es un problema de dinero, porque fácilmente se confunde en la Administración, como hace todo necio, valor y precio, sino de eterna confusión entre inversión y gasto, como también he explicado en este cuaderno digital, en otra serie dedicada a la política digital con visión de Estado. Si existiera esta política estatal y, por extensión, en las Comunidades Autónomas, otro gallo cantaría en este ámbito. No es la economía solo, es la política digital adecuada de la planificación estratégica en la creación, consolidación, interoperabilidad nacional y autonómica, accesibilidad y alta disponibilidad de los datos públicos masivos que tienen su origen en la relación de los ciudadanos con la Administración a través de actos públicos y viceversa. Mientras esto ocurre, estaremos permitiendo que haya minas rojas en la accesibilidad a los datos públicos masivos, con las consecuencias tan perniciosas que origina una pésima planificación en este campo tan necesario para desarrollar la inteligencia humana que sabe y debe acceder a minas verdes de los citados datos.

Sevilla, 16/XI/2016

NOTA: la imagen se ha obtenido hoy de http://www.jcmagazine.com/wp-content/uploads/2012/06/data-center.jpg

He buscado la Luna Grande, la Superluna

 

superluna

Superluna / JA COBEÑA

Y en las noches
que haya luna llena
será porque el niño
esté de buenas.
Y si el niño llora
menguará la luna
para hacerle una cuna.

Mecano, Hijo de la luna

He cumplido el compromiso contraído esta mañana cuando publiqué el post Hijo de la Superluna y la he buscado, llegada la noche, para decirle que el niño que siempre fui, de piel, no se cree lo que estoy viendo y lo que está pasando en el mundo en el que vivo, que no me gusta. Y le he contado el cuento que escribí un día y que leí esta mañana, esperando todavía su respuesta, que ya la conozco y me reconforta: «Hoy he vuelto a leer este cuento escrito hace ya unos años para mi persona de secreto y esta noche voy a buscar la luna grande, la Superluna, para decirle a solas que el niño que siempre fui, de piel, no se cree lo que está viendo y pasando en este mundo al revés. Aprendí de Saramago eso, que había que dejarse llevar siempre por el niño que fuimos y le leeré este cuento en voz baja, porque estoy «de buenas» como el niño de Mecano. También, porque ante tanto desconcierto vital sé «que es capaz de menguar» para hacer una cuna al niño que todos llevamos dentro y porque no vuelve a visitarnos hasta el 25 de noviembre de 2034. La verdad es que no podemos esperar tanto para volver a hablar con ella, para consolarnos mutuamente, porque también sufre y no encuentra «querer que la haga mujer», a pesar de estar hoy… tan bella».

Así la he visto y así lo cuento, con el regalo de su imagen tal y como era a las 20:56 horas.

Sevilla, 14/XI/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 3. Transparencia, ese claro objeto de deseo

La política digital transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia. Es verdad, porque el marco en el que se tiene que desenvolver la política digital de los Gobiernos progresistas que la desarrollen, es el de la transparencia que se comprende en sí misma, que algunos viven (sin hacer esta política) como un castigo divino, cuando debía ser la quintaesencia de esta acción política que ahora nos ocupa en esta serie. No solo es el resultado final de un camino legal, que también lo es, sino una actitud política de gobernanza que ampara los datos públicos masivos que posee en sus servidores gracias a la interrelación con la ciudadanía, a quien sirve y de la que se retroalimenta. La transparencia no es solo el objeto de una ley o un portal específico, sino una actitud pública mantenida en el tiempo, para que la accesibilidad a los datos digitales sea una constante en alta disponibilidad, gracias a una clara y rotunda política digital de carácter sustantivo, con visión de Estado y con una proyección hacia el Estado de las Autonomías, cruzada permanentemente por una transversalidad digital de amplio espectro que solo se consigue con políticas y estrategias digitales progresistas, avanzadas, que trabajan siempre en clave de interoperabilidad integral, sin fronteras atómicas que lo impidan.

Entiéndase esta última expresión como la infraestructura digital instalada en la actualidad a lo largo y ancho del país, que no implantada, por las diferentes Administraciones, con idénticas finalidades, pero que forman una torre de babel digital de imposible interrelación y acceso. No solo es un claro derroche de dinero público, sino algo mucho peor. Se dilapida cada segundo la interrelación e interoperabilidad de datos masivos compartidos y transparentes que podrían suponer una información y servicios a la ciudadanía de un valor incalculable y solo porque no se toman medidas de política digital compartida, sustantiva, desde la perspectiva legal. Es lo que permitiría llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas por parte de la ciudadanía, entendida como la capacidad que tiene y se le transfiere mediante empoderamiento digital para emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas cuando tienen un marco de transparencia esencial que se encuentra en los datos públicos masivos que obran en su poder, llamado «servidores oficiales».

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Fundación Civio

La transparencia está íntimamente unida al empoderamiento digital, entendido como “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC” a través del tratamiento adecuado y transparente de los datos públicos masivos. Lo comentaba recientemente en este cuaderno digital: sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama en 2008, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que permita conformar un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones. Es lo que posibilita realmente la transparencia, que no es un asunto estrictamente digital, pero que está indisolublemente unido a ella porque la necesita en su excelente estado del arte actual, a través de las TIC y sus instrumentos estrella como la telefonía inteligente y medios de comunicación integral como las actuales redes sociales, sin ir más lejos.

La política digital en relación con la transparencia es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Tampoco, por los que se ajustan, porque no queda más remedio, a cumplir con la Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y del buen gobierno, o las ya publicadas al respecto en diferentes Comunidades Autónomas, sin disponer de las infraestructuras digitales necesarias para garantizarla hasta sus últimas consecuencias. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, educación, salud, dependencia, entre otras, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción y sin fronteras atómicas. Por ello, el marco de la política digital de transparencia no es un asunto tecnológico sino constitucional, como declarativo de derechos y deberes fundamentales que se digitalizan y se deben dar a conocer y tratar como información básica y especializada, a desarrollar y publicar por la Administración en formatos adecuados, interoperables y abiertos, que siempre depende del Gobierno correspondiente. En cualquier caso, nunca es inocente en su planteamiento tecnológico, que debe ser dirigido siempre por la política digital definida por el citado Gobierno.  Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog: elevar la política digital a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales, para que se puedan compartir hasta la saciedad los datos públicos masivos que generan. O el emprendimiento en la reutilización de los datos públicos masivos que pone a disposición de la ciudadanía el Gobierno digital correspondiente, empoderando a la ciudadanía para que los conozca y trate, aunque hoy todavía lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano, a pesar de las leyes existentes.

Un ejemplo de transparencia que tiene el sustento de los datos públicos masivos, vale más que mil palabras. Sé que el Presupuesto del Estado y de las Comunidades Autónomas maneja términos diseñados a veces por el enemigo, pero conozco casos muy emblemáticos y didácticos para comprenderlo. Pongo el ejemplo del trabajo que realiza actualmente en España la Fundación Civio con algunas Comunidades Autónomas que se están situando cada vez más en clave de Gobiernos abiertos y transparentes, a través de la herramienta basada en la aplicación de los Presupuestos Abiertos de Aragón que Aragón Open Data ha abierto al uso público y que recomiendo analizar con detalle respecto de Andalucía, por ejemplo, donde se muestra y demuestra con creces que cuando hay voluntad política de difundir un Presupuesto es posible hacerlo. Se analiza la distribución del presupuesto regional en España durante los años 2006 al 2015, pudiéndose observar tanto el gasto presupuestado total, como el presupuesto por habitante. Se pueden ver las cantidades por área funcional, como por ejemplo Sanidad, referidas a cada región o a todo el territorio nacional. Conozco a David Cabo, trabajador incansable a favor del conocimiento accesible y libre, Patrono Fundador y Director de la Fundación, porque en su momento trabajé con mucha ilusión por incorporar esta herramienta en Andalucía, solución que finalmente no se llevó a cabo, con gran decepción por mi parte.

Creo que se comprende bien por qué la transparencia basada en los datos públicos masivos correctamente utilizados, se convierte en un claro objeto de deseo que se puede alcanzar si se implantara en este país una política digital con visión de Estado y con una proyección democrática y de coparticipación en el ecosistema público digital de las Comunidades Autónomas.

Sevilla, 11/XI/2016

(1) Weiss, C.H. (1998). Evaluation. Methods for studying programs and policies. New Jersey: Prentice Hall.