No debemos olvidar a Alepo

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Sé que es difícil comprender la situación que atraviesa esta ciudad siria que ha dejado de tener relevancia en los noticiarios habituales, porque nos hemos acostumbrado a conocer su tragedia tras tragedia en una ruleta rusa de muerte sin sentido. No alcanzo a comprender cómo no es posible finalizar esta guerra absurda, como todas, a no ser que solo sea una guerra cosmética donde lo que solo importa es mantener la imagen de la necesaria dialéctica buenos/malos sin saber nunca donde están unos u otros, para que acabemos enloqueciendo todos.

¿Qué interese ocultos hay detrás o delante? He leído explicaciones de todo tipo, interesadas casi siempre porque nada es inocente en Alepo, todavía menos en Siria como Estado estratégico que para unos es aliado, entiéndase Rusia e Irán y para otros, Estado necesario para contener al ISIS que está por todas partes, donde Estados Unidos se hace fuerte liderando otro frente liberador, mientras que la maquinaria mortífera de la guerra hace su agosto, su septiembre y todo el calendario anual para justificar sus cuentas de resultados incluso con bombas de fósforo. Pero sobre Alepo llueve muerte hasta diluviar fuego casi todos los días y no comprendo cómo los organismos internacionales de todo cuño no hacen un frente común para detener esta locura de responsabilidad mundial.

¡Qué podemos hacer desde Sevilla o desde otros puntos de la geografía mundial! Todo lo que no nos gusta casi siempre está lejos, Alepo también, pero la realidad es que podemos denunciar por todos los medios posibles que la situación no puede continuar así ni un día más. Mientras, hay que ayudar desde organizaciones que todavía tienen el valor de estar allí prestando ayuda imprescindible, vital, tales como Médicos sin Fronteras, ACNUR, Cruz Roja y otras muchas organizaciones que con una generosidad sin límite arriesgan todos los días sus propias vidas, que también nos deberían conmover. También denunciando la situación desde las redes sociales para inundar el mundo de culpa para quienes tienen  la posibilidad real de solucionarlo y, también, de solidaridad hacia las que ya no tienen nada, ni siquiera esperanza para seguir viviendo, porque saben que en el Mediterráneo, por ejemplo, ya nadie canta sus excelencias para llegar al primer mundo.

Comprendí la semana pasada por qué Juan Manuel Serrat decía que ya no le apetecía cantar “Mediterráneo” porque se ha convertido en la sepultura de miles y miles de refugiados que escapan también de Alepo en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie, tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista. Quizá solo nos queden unas palabras, que nos permitan recordar una estrofa de la canción que todavía me estremece pensando en Alepo, dejándonos solos con nosotros mismos y como asumiendo en el “yo” mayestático una cierta responsabilidad sobre lo que está pasando en esta guerra tan absurda: “Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul / para que pintes de azul sus largas noches de invierno. / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”. Como la de los niños de Alepo que nos miran en este artículo y que tanto me ha impactado.

Sevilla, 25/IX/2016

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: https://es.wikipedia.org/wiki/Alepo

Cuestión de detalles

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Sigo manteniendo la ilusión de escribir y hablar bien, cada día mejor, cuidando todos los detalles para que todo lo que escriba y hable sea especial, no trivial y, sobre todo, no inocente. Lo vivo como un compromiso activo de mejora continua para buscar la verdad objetiva de lo que pienso y siento cada día. Más todavía cuando lo que escribo lo publico en algunas ocasiones en la noosfera, gracias al maravilloso mundo digital que nos rodea, entregándolo a los demás, que merecen siempre un trato diferente y singular. Es una forma de respetar a toda persona que me lee y escucha, una forma simbólica de agradecimiento por dedicar tiempo personal e intransferible a entablar una relación fugaz o permanente conmigo – ¿quién sabe? -, quizá por compromiso o por mera diversión, en una dialéctica permanente, como aprendí de Pascal cuando adquiríamos por razón de edad el compromiso de vivir apasionadamente.

He seguido de cerca a maestros de la literatura ética, entre los que sobresale Gabriel García Márquez porque amaba los detalles. Quizá era la única forma de sustentar su realismo mágico, para que se comprendiera bien su forma de escribir y de hablar sobre la verdad de la vida con un español de Colombia precioso, musical, con lemas de comprensión bellísima. Lo comprobaba hoy en un artículo de Javier Lafuente en el diario El País, La pasión por el detalle del cronista Gabo, que me ha acercado todavía más a él, de quien sigo aprendiendo todos los días como ya he manifestado en alguna ocasión en este blog. Cuenta la extraordinaria aventura de la periodista Luzángela Artega cuando fue enviada muy cerca de Gabo, para ayudarle en los primeros borradores de la obra que se publicaría después bajo el título de Noticia de un secuestro. Necesitaba conocer todos los detalles de lo que había pasado en un hecho real que iba a tratar, que no se escapara nada que pudiera interesar al lector, sobre todo para no faltar a la verdad de lo ocurrido: “Necesitaba ambientar lo que le contaban, lo de afuera, confirmar hasta el último detalle, saber cuánto frío hacía, los semáforos que había, las balas que disparaban, quería saberlo absolutamente todo”.

Doy muchas vueltas a lo que escribo y siempre me hago una pregunta de principiante, ¿por qué escribo? Busco los detalles de cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, para no alterar la realidad, aunque después lo envuelva en la belleza que brinda la palabra, pero la obsesión por no dañar lo ocurrido es una necesidad ética de situación que me lleva a cuidar hasta el último detalle de texto y contexto. José Manuel Blecua, exdirector de la Real Academia Española de la Lengua, decía que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Me pasa con García Márquez. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial en un mundo sin detalles, vuelvo a copiar una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras para explicar los detalles de la vida. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, buscando detalles para ser más felices y entregárselos a los demás a través de la palabra escrita o hablada, un pormenor, una parte o fragmento de algo, según la RAE, a lo que llamamos verdad, que suele estar siempre atrás, en la trastienda de nuestra existencia.

Sevilla, 26/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://static.iris.net.co/semana/upload/images/2014/4/17/384136_174058_1.jpg

Donde Luis Cernuda nació

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Casa natal de Luis Cernuda, en calle Acetres, 6 (Sevilla) / JA COBEÑA

…Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros…

Luis Cernuda, A sus paisanos

Acabo de firmar en la plataforma digital Change.org una petición promovida por la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía (ADEPA), para que la Junta de Andalucía declare la casa natal de Luis Cernuda como Bien de Interés Cultural. El año pasado escribí en este sentido un post, que adjunto a continuación, en el que mostraba mi asombro por haber descubierto una realidad dolorosa en mis paseos matutinos de entonces, por la ciudad de sus sueños: “porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos”. Por ello, me alegra saber que se ha iniciado un camino para que con la declaración de su casa natal como BIC, la cultura triunfe en un mundo de mercancías.

El pasado 21 de septiembre lo leía en la edición digital de El País: “Es una casa poetizada. En ella se ha trasvasado poéticamente la infancia y la adolescencia del autor con más proyección de la generación del 27. Ahí descubrió la poesía, la música, la aparición del tiempo y el desconocido mundo de la homosexualidad”, apunta Rogelio Reyes, catedrático emérito de la Universidad de Sevilla y miembro de la asociación. “Lo interesante sería que las administraciones la adquirieran y rehabilitaran de forma respetuosa, sin desnaturalizar la casa, desde la que también se plasma en su obra una geografía sentimental del entorno”, señala Reyes, que fue presidente de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras”.

Tal y como él lo pidió a sus paisanos, hoy, siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla. Firma, si quieres estar cerca de Cernuda y su estela, en la plataforma citada y el poeta será conocido todavía más si algún día las personas que lo admiran pudieran atravesar el zaguán de Acetres, 6 para ver una vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtre tamizada la luz del mediodía y donde una estrella destaque sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que se agrupen las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua, unos peces escarlata que pueden nadar otra vez con inquieto movimiento. Como a él le gustaría volver a la casa que le vio nacer y crecer para entregarnos palabras y libertad envuelta en ellas.

Sevilla, 24/IX/2016

PALABRAS DEL AMANECER / 4. Donde Luis Cernuda nació…

Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia.

Luis Cernuda, A sus paisanos

No me hubiera gustado descubrir esta situación en paseos matutinos por la ciudad de sus sueños, porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos.

He recordado una y mil veces las palabras que nos dedicó hace muchos años, transidas de dolor por el trato recibido por parte de los sevillanos de pro y que las tengo grabadas a fuego en mi persona de secreto:

Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros.

He visitado recientemente la cristalería “Valeriano Díaz”, que finaliza su estancia desde 1917 en la casa de Cernuda, llena de cachivaches arriba y abajo, pero que conserva en sus muros, en su patio, en su galería interior, un sabor de realidades y deseos de supervivencia en lo más profundo del ser humano sensible con la cultura y con el patrimonio literario de uno de sus hijos que nunca pudo ser pródigo en su tierra. Al entrar, cerré los ojos y vi la vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento.

Aunque me consta que hablar de estas realidades no es políticamente correcto en tiempos de turbación, tan revueltos, me gustaría hacer llegar a cuantas personas quieren a este poeta universal un llamamiento para unirnos en un frente cultural, como le gustaría a él nombrarlo, para intentar buscar una solución de mercado, pero sin tratamiento de mercancía pura y dura, a esta venta de un lugar que debería habilitarse como sede permanente, sobre todo sencilla y digna, de su obra y vida.

Porque siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla.

Sevilla, 18/V/2015

Alalá, en la calle de la utopía

Somos tristeza / por eso la alegría / es una hazaña
Mario Benedetti, Rincón de Haikus (132)

Ayer asistí a un estreno muy especial y esperado por mi parte, en calidad de presentación mundial, de un documental de largo metraje, Alalá, dirigido por Remedios Malvárez, en el contexto de la XIX edición de la Bienal de Flamenco que se celebra en la actualidad en Sevilla. Cuando conocí el cartel promocional del documental, dije que se acercaba “el momento de compartir Alegría, alalá en lenguaje caló, en la clave que expresó Mario Benedetti: “Defender la alegría como una bandera… como un principio / como un destino… como una certeza… como un derecho…”. Es un proyecto de cine social, un documental comprometido con causas que se pueden ganar y que los de siempre dan siempre por perdidas, llevado a cabo por Producciones Singulares, con la colaboración de la Fundación Alalá entre otras instituciones, recordándome el espíritu y la obra de Costa Gavras o Bertrand Tavernier en películas sublimes y mágicas de profundas raíces sociales”. El afamado director francés siempre ha hablado de su compromiso con la sociedad a través del cine, dejándonos muestras de ello en películas tan extraordinarias como “Hoy comienza todo”. Anoche lo recordé especialmente, porque Remedios Malvárez sigue su estela.

El gran acierto del documental es que durante los 78 minutos de proyección he estado presente en las Tres Mil Viviendas, un barrio muy conocido en Sevilla por las duras etiquetas sociales que le asigna siempre el primer mundo, guiado por la cámara dirigida por la mirada no inocente de Remedios Malvárez a quien conozco gracias a una experiencia anterior con su corto “Silencio”. He recorrido sus calles, acompañado siempre de Caracafé, director de la escuela de Arte del barrio y artífice del desarrollo de los sueños que hoy pueden tener muchos niños y niñas que viven allí sus pequeñas vidas, por el respeto reverencial a sus almas gitanas, a las profesoras de cante y baile y al profesor de percusión, entre otros colaboradores. También he entrado en algunas casas de los que menos tienen, aunque las he visto llenas de vida, de la forma de entender la alegría permanente en su vida. Lo cuenta Caracafé cuando, aunque fuera de noche, su padre los sacaba de la cama para celebrar la llegada de unas personas a las que había que ofrecer todo. Además, con alegría, con alalá.

He contemplado qué supone para esos niños y niñas disponer de una escuela de arte, guitarras, trajes de gitana y zapatos de baile alineados para unos pies que saben bailar descalzos, tal y como como han aprendido a andar por la vida los antepasados de su etnia gitana. También hemos ido a un mercadillo y nos hemos sentado alrededor de una mesa muy sencilla de un bar del barrio, en el que Raimundo Amador ha dejado con la boca abierta a dos alumnos de Caracafé que lo contemplaban con admiración reverencial, escuchándole tocar la guitarra y sus palabras cargadas de identidad agradecida hacia el que es y será su barrio querido de la infancia. Me ha mostrado que siempre es posible la integración de otras razas, en una lección magistral de los que menos tienen y para los que siempre somos “primos”.

Cuando se aproximaba el final de la película, llegó al barrio Arcángel, un artista de la palabra cantada con sentimiento, que dijo cosas tan importantes como que esos niños tenían que ser primeros personas libres, con conocimiento, independientemente de que llegaran a ser artistas o no, porque el flamenco era su vehículo de libertad de la que les llevaba de la mano un guía espiritual extraordinario, de nombre «flamenco» y…“Caracafé”. En ese momento, apareció un plano muy rápido, en el que figuraba una placa de la calle Utopía, en un barrio tan alejado aparentemente de ella. Yo no lo creo así, porque me parece una experiencia ciclópea la que se está llevando a cabo allí, en las tres mil formas de vivir la alalá, la alegría que tanto desconocemos en su esencia. Por eso, Alalá es una hazaña, tal y como lo aprendí un día ya lejano de Mario Benedetti, que tanto la cantó.

En las Tres mil Viviendas hay personas singulares y una productora singular ha fotografiado sus vidas y les ha puesto animación de cine, no por lo que tienen o les ha entregado la sociedad de consumo y mercado, sino porque la singularidad es una identidad, tal y como la definía el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida. Es fácil comprobarlo viendo el documental, divulgando su precioso contenido, una obra hecha con pensamiento y sentimiento, para que se escuche siempre el corazón y resuene mucho más fuerte que el viento. Libre solo el corazón, más que el viento (Rafael Alberti).

Sevilla, 23/IX/2016

El ingenio digital

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Todo lo que se desarrolla hoy alrededor del mundo digital que preconizó Nicholas Negroponte, está vinculado estrechamente al ingenio. Pero, ¿qué es el ingenio? Aprendí muchas cosas sobre su significado cuando leí en 1993 un libro precioso de mi maestro a distancia, José Antonio Marina, que tenía un título sugerente, Elogio y refutación del ingenio. Me quedé con una idea muy clara y atrevida: “ingenio es como el sueño de una inteligencia que sueña con la libertad, que desea vivir desligada, sin unción, sin respeto, sin coacciones, sin miedo, dedicada a jugar” (1). Libertad, desligación, devaluación y juego, son la clave genética del ingenio.

En las páginas del diario El País, apareció el pasado viernes un anuncio de la multinacional Siemens, del que entresaco el mensaje central, que reflejaba muy bien qué es el ingenio digital y cómo nos puede servir como gran ejemplo de aplicación para las personas en esta nueva cultura mundial:

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Gracias al uso racional, ingenioso, de las TIC, las ciudades pueden ser más inteligentes y las aceras y sus calles también, como soñó Jane Jacobs en su dilatada vida profesional. La ciudad de Böblingen (Alemania) ofrece calidad de vida a sus habitantes gracias a la regulación digital de los semáforos conectados con los sistemas de posicionamiento de los satélites. Es un ejemplo muy válido para comprender de forma accesible para todos la revolución del mundo digital gracias al ingenio.

Es necesario constatar que el ingenio humano trabaja siempre en el terreno de las paradojas, que es lo que le permite avanzar. Es más llamativo todavía cuando conocemos la asombrosa imperfección del cerebro humano y cómo se vuelve ingenioso por necesidad, nunca por azar, al buscar de forma obligada la libertad, la desligación de la seguridad cuando crecemos, la devaluación progresiva de lo que no nos ayuda a avanzar y el juego con las posibilidades de ser cada día más felices. Un cerebro kluge, que en su momento traté en este cuaderno digital que busca siempre islas desconocidas, como ésta en Alemania, cuya traducción más acertada del término kluge , «ingenioso» (cerebro ingenioso), la encontramos precisamente en la lengua alemana, pero en un contexto que nos hace tocarnos la ropa: se trata del ingenio que hay que desarrollar para que una máquina funcione, como sobre la que el autor demuestra el origen del vocablo, un alimentador de papel, de la marca Kluge, “inventado” en 1935, como complemento de las impresoras mecánicas: “…era un mecanismo de lo más caprichoso, sujeto a frecuentes averías y endemoniadamente difícil de reparar, pero ¡qué ingenioso!” [¡qué kluge!].

Es muy curiosa esta situación en el mundo digital, sabiendo que a veces falla el cerebro, el principal artífice del ingenio, porque la naturaleza lo ha predispuesto en clave de kluge. La sabiduría popular lo traduce en saber “agudizar el ingenio”. Porque es difícil aceptar que vengamos así de fábrica, con defectos, con taras que ha propiciado la propia evolución, preparándonos a lo largo de existencia de cada persona para tomar conciencia de esta situación, reflejada en los fallos de la memoria, en los sentimientos y emociones que no somos capaces de controlar y, lo que es verdaderamente abrumador, saber que enferma en el momento en el que la maquinaria que creíamos perfecta del organismo, no le presta verdadera atención. Vuelvo a repetirlo: la maquinaria corporal, no nosotros, ni el alma humana.

Volvamos al ejemplo de Böblingen. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente, todavía más cuando deseamos que sean inteligentes (smart cities): “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (2). La escala incorrecta es que no somos conscientes de que en ese aquí y ahora en el que nos toca vivir a cada una, a cada uno, se están produciendo movimientos ciegos en nuestras casas, barrios, pueblos y ciudades, ajenos a nuestro control inteligente, pero que están condicionando la vida de los más próximos, quizás hoy lejanos y muy desconocidos, aunque es posible, real, que con las decisiones urbanísticas de hoy, no dejemos vivir a los que queremos por la degradación de un hábitat propicio y que hoy decimos que “disfrutamos” como eslogan aprendido en la cartelería de la usura enladrillada.

La emergencia social es la evolución de reglas simples a complejas: las hormigas crean colonias. Ahí están. Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas, como en el caso de Böblingen. Ahí está. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, lo que permite hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia Española da a estos vocablos construidos de la misma forma. Con la inteligencia creadora de la famosa urbanista Jane Jacobs, a quien citaba anteriormente: que se respeten planes urbanísticos en los que las manzanas de casas sean más pequeñas, en aceras más vitales, en zonas de uso múltiple por doquier y sistemas de transporte público que siempre piensen en las personas [¡!]. Para que el viaje de la vida sea siempre a alguna parte (3).

Álex, el pasajero del autobús de Böblingen, llega a tiempo a su cita con Andrea gracias al ingenio para la vida, porque hay personas que trabajan en el mundo digital y sueñan con la libertad, desean vivir desligados de la tradición que defiende siempre que inventen otros; sin unción, sin respeto, sin coacciones, sin miedo, dedicados a jugar con lo que más aman en su universo digital. En ese proyecto, son ingeniosos porque quieren que seamos puntuales en las ciudades que habitamos y que haya menos corazones rotos, gracias al uso racional de las tecnologías de la información y comunicación. Una maravilla.

Sevilla, 18/IX/2016

(1) Marina, José Antonio (1993). Elogio y refutación del ingenio. Barcelona: Anagrama, pág. 24.
(2) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes, Madrid: Turner-FCE, pág. 90.
(3) https://joseantoniocobena.com/2008/02/21/jane-jacobs-o-la-inteligencia-emergente/

Optimistas bien informados

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Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. Matsuo Bashō (1644-1694)

Hablo de los pesimistas, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti (1) en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. Efectivamente, ante la situación actual del país desde la perspectiva política, estamos obligatoriamente obligados a informarnos bien de lo que sucede, caminando por las grandes alamedas de la transparencia que todos los días hay que buscar, no vaya a ser que nos ocurra lo mismo que a Diógenes de Sinope, prototipo de la escuela cínica, cuando “buscaba a un hombre”. Un día estaba en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Pesimismo en estado puro.

Otra cosa es que, en plan pesimista total, sepamos detectar algo importante en política: localizar los elementos de verdad en todo lo que se mueve en este ámbito, informarnos bien como optimistas natos que somos, porque en ese mundillo político corre la voz de que si algunos dijeran alguna vez la verdad…, mentirían.

Sevilla, 14/IX/2016

(1) Benedetti, Mario (2001). Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://cronopiolandia.wordpress.com/category/mario-benedetti/

 

La izquierda digna, unida, jamás será vencida

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como los de siempre, para tranquilizar sus conciencias, han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

El resultado de la sesión de investidura de ayer mostró la necesidad de gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y sobre todo a millones de personas que malviven por el paro y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca del acto fallido de ayer,  deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna (#IzquierdaJamásVencida, como ejemplo de hashtag, entre otros), publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice al 31 de octubre. Es imprescindible la movilidad social y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país es posible.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

(Si te preocupa la situación actual de este país y crees en la izquierda digna, pasa estas palabras a quien creas que le pueden interesar, porque hoy es el tiempo que puede ser mañana. Estamos en la cuenta atrás para luchar por la gobernabilidad de este país, ante la incapacidad demostrada por nuestros representantes políticos hasta hoy)

Sevilla, 3/IX/2016

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

Necesitamos recompensar los descubrimientos políticos de utilidad general

EUREKA

Estoy muy pre-ocupado [sic] con la situación política actual en este país. Todo tiene su tiempo y cada tiempo su momento, pero mi condición actual -ordenada administrativamente- de estar siempre en estado de júbilo (con perdón), no justifica que no siga comprometido intelectualmente con la cosa política que nos ocupa en estos tiempos revueltos. Por ello he recordado una curiosa experiencia política que conocí hace ya muchos años a través de Aristóteles, en su extraordinaria obra dedicada íntegramente a la política, que sería muy interesante importar con carácter inmediato, salvando lo que haya que salvar, ante el desconcierto que estamos viviendo en esta etapa de investidura política. Por si fuera útil para alguien, algunos o todos los que viven de forma especial la cosa política que tanto nos concierne.

Me refiero concretamente a una parte de la Constitución ideada por Hipódamo de Mileto, hijo de Eurifón, “inventor de la división de las ciudades en calles que aplicó al Pireo, y que por otra parte mostraba en su manera de vivir una excesiva vanidad, complaciéndose en arrostrar la opinión pública que le censuraba por la compostura de su cabellera y la elegancia de su vestido, usando lo mismo en verano que en invierno trajes a la vez ligeros y de abrigo, hombre que tenía la pretensión de no ignorar nada de cuanto existía en la naturaleza, es también el primero que, sin haberse ocupado nunca de los negocios públicos, se aventuró a publicar algo sobre la mejor forma de gobierno. Su república se componía de diez mil ciudadanos, distribuidos en tres clases: artesanos, labradores, y defensores de la ciudad, que eran los que hacían uso de las armas. Dividía el territorio en tres partes: una sagrada, otra pública, y la tercera poseída individualmente”. Pero lo que he recordado hoy especialmente es que “garantizaba también por medio de la ley las recompensas debidas a los descubrimientos políticos de utilidad general”. Genial.

En estos tiempos de mediocridad galopante y de enrocamiento de los partidos que teóricamente deberían defender el interés general, observamos el agotamiento y desencanto que transmiten en general como si la cosa política estuviera agotada, afectando muy seriamente a los principios de la democracia. Sería necesario rescatar también a Mozart para aprender de un protagonista de su ópera La Flauta Mágica, Papageno, ante la necesidad urgente de buscar con él encantadores de pájaros (ya sabemos que sin aclararnos qué tipos de pájaros son imposibles de encantar), que fueran capaces de desmantelar los negocios de Reinas y Reyes de la Noche que corresponda y que cada uno sabrá interpretar con ejemplos de hoy.

Volvamos a Hipódamo de Mileto. Decía Aristóteles en el comentario a esta experiencia tan atrevida, que “En cuanto a las recompensas que se conceden a los que hacen algunos descubrimientos útiles para la ciudad, es una ley seductora en la apariencia, pero peligrosa. Será origen de muchas intrigas y quizá causa de revoluciones. Hipódamo toca aquí una cuestión sobre un objeto bien diferente: ¿están o no interesados los Estados en cambiar sus instituciones antiguas en el caso de poderlas reemplazar con otras mejores? Si se decide que tienen interés en no cambiarlas, no podría admitirse sin un maduro examen el proyecto de Hipódamo, porque un ciudadano podría proponer el trastorno de las leyes y de la constitución como un beneficio público”. Es verdad, pero estamos asistiendo a un espectáculo de agotamiento político por las fórmulas encorsetadas en las que transcurren los debates y la forma de abordarlos en el Palacio de la verdad democrática, el Congreso, así como de la propia representación política con el sistema electoral actual, que urge introducir cambios a marchas forzadas, maximis itineribus que decía Aristóteles.

En cualquier caso, es imprescindible que en política se hable de futuro y de una forma diferente de hacer las cosas políticas, con arte. Es una delicia seguir leyendo a Aristóteles cuando analiza, eso sí sin emitir juicios personales sobre la experiencia que narra, el modelo político de Hipódamo de Mileto: “La innovación ha sido provechosa en todas las ciencias, en la medicina, que ha prescindido de sus viejas prácticas, en la gimnástica, y en general, en todas las artes en que se ejercitan las facultades humanas; y como la política debe ocupar también un lugar entre las ciencias, es claro que es necesariamente aplicable a ella el mismo principio. Podría añadirse que los hechos mismos vienen en apoyo de esta aserción. […] La humanidad en general debe ir en busca, no de lo que es antiguo, sino de lo que es bueno. Nuestros primeros padres, ya hayan salido del seno de la tierra, ya hayan sobrevivido a alguna gran catástrofe, se parecen probablemente al vulgo y a los ignorantes de nuestros días; por lo menos, esta es la idea que la tradición nos da de los gigantes hijos de la tierra; y sería un solemne absurdo atenerse a la opinión de semejantes gentes. Además la razón nos dice, que las leyes escritas no deben conservarse siempre inmutables. La política, y lo mismo pasa con las demás ciencias, no puede precisar todos los pormenores. La ley debe en absoluto disponer de un modo general, mientras que los actos humanos recaen todos sobre casos particulares. La consecuencia necesaria de esto es, que en ciertas épocas es preciso modificar determinadas leyes”.

Sin comentarios ante estas últimas palabras. No nos queda duda alguna: necesitamos recompensar los descubrimientos políticos de utilidad general. Salgamos como Diógenes a buscarlos por las calles, que son de todos, que preconizó en su día este arquitecto de la política tan singular, Hipódamo de Mileto, a quien se las debemos hoy día. Hagámoslos públicos, porque el museo de innovación política tiene desgraciadamente las estanterías vacías.

Sevilla, 2/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://latam.askmen.com/noticias-poder-dinero/2344/article/como-sucede-un-momento-eureka

Las fotografías nunca son inocentes

MARC RIBOUD

Como ocurre con las ideologías, las fotografías nunca son inocentes porque siempre hay un ojo humano detrás que ordena. Hoy hemos conocido el fallecimiento del fotógrafo francés Marc Riboud, que muchas personas recordarán por su famosa fotografía de la chica con la flor, por cierto, no inocente. He conocido el hilo conductor de su profesión, una frase de un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija momentos especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento de nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función.

Deseo hacer un reconocimiento al trabajo desarrollado por Riboud a lo largo de su dilatada vida, fotografiándola e incorporándola a su paraíso particular, que simboliza un homenaje a fotógrafas y fotógrafos de todo el mundo, no inocentes por su ideología, que nos siguen aportando a diario imágenes para no olvidar que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, aprendiendo de otro fotógrafo excepcional, Sebastião Salgado, que salió a buscarlo en 2005 para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Hay fotógrafos y fotógrafas que retratan almas especiales, en blanco y negro, como Riboud o Salgado, porque muchas veces estamos ciegos ante el color que dio al mundo la creación transcendental del hombre y la mujer, que tuvieron la oportunidad de ver durante un tiempo el paraíso de sus almas. Gracias, hoy, a Marc Riboud, a Salgado y a tantos profesionales anónimos que aun jugándose a diario la vida nos aportan tanta verdad a través de sus ojos, como aprendimos un día de Machado, ya que no son ojos porque los veamos, sino que son ojos porque a través de sus fotografías nos ayudan a ver.

Sevilla, 31/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/31/actualidad/1472636848_761527.html

Sé lo que entrego, no lo que se recibe

BLAS DE OTERO

Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido
Antonio Porchia (1885-1968)

Ante el fenómeno de la hoja en blanco, con el que me encuentro cada día que escribo en este blog, recuerdo siempre esta frase del poeta ítalo-argentino Antonio Porchia, que me parece extraordinaria y llena de sentido en un momento crucial para los que apreciamos el arte de escribir. Puedo decir todo o nada en lo que doy, pero existe para mí el compromiso ético de decir siempre algo especial, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de mi admirado Ítalo Calvino. En definitiva, se trata de respetar el arte de empezar y acabar un artículo, un post, sobre todo porque deseamos transmitir a los demás la magia que rodea siempre a las palabras.

Suponiendo que digo algo especial cada día, siempre queda el escenario desconocido de cómo se reciben estas palabras que todavía me quedan. Lo que entrego lo conozco bien, lo he vivido casi siempre y, sobre todo, lo he sentido como especial. Lo que desconozco es qué significan para quien lo lee y lo interioriza o simplemente pasa de puntillas sobre ellas.

La duda de Porchia es hoy la mía, pero tengo clara una razón para escribir y entregar palabras especiales a los demás. Verán. Escribir en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma”.

Miro muchas veces hacia atrás, como aprendí en una ocasión de una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque nunca lleguemos a saber lo que los demás han entendido sobre aquello que se entrega mediante algo maravilloso que nos queda: la palabra.

Sevilla, 29/VIII/2016

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776