Todas las revoluciones tienen su octava

CLAVEL EQUIVOCO
Clavel equívoco

Han pasado unos días sin pasear por las calles virtuales de Grándola, vila morena. Y es verdad que ese día, 25 de abril, tuve un recuerdo para la revolución de los claveles, también para Marcos, aquél joven propagador de buenas noticias (que tanta falta hace…), lo que luego se llamó “evangelio” y, lógicamente, para nuestro hijo al que decidimos ponerle un nombre programático, de los que no se deben olvidar nunca por lo que significan. Hoy me lo ha vuelto a recordar un amigo virtual en la Noosfera, eraser, al que gusta pasear también por calles revolucionarias, cuidadoso de cualquier detalle digital que conmueva conciencias adormecidas. Gracias eraser, porque ese recuerdo marquiano, ¿se podría decir así?, nos une a personas que no nos adormece el estado actual de la cuestión de vivir, existir, ser ó estar, ser ó tener. Es verdad: Marcos ó José Afonso.

Y Marcos, que después la Iglesia oficial lo declaró “santo”, a su pesar, me permite recordarlo en su octava, tal y como se decía en mi casa madrileña cuando el discreto encanto de la burguesía se había olvidado felicitar a alguien y pretendía siempre llegar a tiempo. Probablemente, porque no lo sentían de verdad. Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares. Es probable que a partir de este sentimiento de pertenencia, ya no necesitemos octavas, porque si la revolución interior siempre está viva, porque no nos deja estar tranquilos en el conformismo, no hace falta institucionalizarla. Se vive día a día. Sin octavas.

Sevilla, 2/V/2009

El olvido se podrá comprar

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Luis Cernuda, Donde habite el olvido

¡Que viene, que viene!. Se va sabiendo cada vez más de los procesos cerebrales que nos permiten recordar, que protegen los archivos de la memoria que, a veces, preferiríamos borrar. Y el 26 de abril saltó al mundo una noticia de interés manifiesto: el olvido se podrá comprar. Sugerente, éticamente hablando. Se abren unas perspectivas extraordinarias para recuperar felicidad perdida, bienestar legítimo, bien-ser (¡perdón, por el neologismo!), del que algunas veces he hablado en este blog (El cerebro feliz). Y el texto de referencia dice lo siguiente (tal cual: http://www.elpais.com/articulo/opinion/olvido/disposicion/elpepiopi/20090427elpepiopi_3/Tes):

ANÁLISIS: EL ACENTO
El olvido a su disposición

“Preferiría no hacerlo», era todo lo que necesitaba decir Bartleby el escribiente para no hacer nada que le desagradara. Pronto, las personas de carne y hueso podremos contar con una opción casi tan buena como la del personaje de Herman Melville: «No quiero acordarme». El pasado es inmutable, pero la memoria es frágil. Sobre todo ahora que ha llegado un compuesto químico llamado ZIP. En las pruebas con ratones, una dosis de ZIP elimina por completo cualquier recuerdo que el animal estuviera recuperando de la memoria en ese momento. La molécula funciona tanto para borrar procedimientos motores, hábitos afectivos y conocimientos geométricos. Es eficaz y altamente específico. Y no destruye neuronas. Borra limpiamente el recuerdo, con más eficacia y nitidez que el propio paso del tiempo.

Los científicos utilizan esta molécula del olvido para estudiar las bases biológicas de la memoria, uno de los grandes problemas no resueltos de la neurología clásica. Pero también discuten su posible uso futuro en pacientes humanos. La idea inicial sería usarlo para ayudar a las personas a olvidar hechos traumáticos, como una violación, o los hábitos asociativos que les conducen a las drogas.

El problema, como suele ocurrir, está en las fronteras invisibles. ¿Por qué no borrar toda memoria dolorosa? ¿Por qué no acceder al paraíso en la cabina de montaje? Borrar o modificar los recuerdos de la gente, aun cuando sean recuerdos dolorosos, es una posibilidad llena de incertidumbres. Una cosa es que las personas tengan aversión al sufrimiento en el momento de experimentarlo, y otra que quieran eliminarlo de su pasado. El aprendizaje del dolor es parte de la formación del individuo, y las experiencias desagradables constituyen un valioso cuerpo de conocimiento sobre el mundo al que, probablemente, sería arriesgado renunciar en ciertas situaciones. Otra cosa es que estos argumentos lograran detener a alguien que tuviera el fármaco en su mano y un recuerdo insoportable en su cabeza. Contra todo consejo médico, la amnesia selectiva podría convertirse en una droga de abuso del futuro.

Todo venía por la publicación, el pasado 26 de abril, de un reportaje publicado en el diario El País firmado por Javier Sampedro, de sumo interés: “¿Te gustaría borrar los malos recuerdos?. Utilizar fármacos ‘amnésicos’ para eliminar los recuerdos parece posible por primera vez. Una molécula ha demostrado en ratones que es capaz de hacerles olvidar todo: desde experiencias placenteras hasta las desagradables”, donde se planteaba una pregunta muy inquietante: “¿Qué es mejor, borrar lo que uno ha hecho o lo que piensan los demás? La memoria es inestable, maleable y muy manipulable”. Y ya hay respuestas en el laboratorio.

Todo se ha andado y todo se andará. La molécula del olvido se ha descubierto en el laboratorio. Ya se sabe que algunos ratones han agradecido el experimento y ¡ya son felices!. Un día escribí en este blog un post, Cerebro humano, cerebro de ratón, en que manifestaba lo siguiente: “somos, en definitiva, más libres, porque nos conocemos mejor, a través de la verdadera causa de la salud y la enfermedad, gracias a proyectos cuya base científica nace en un pequeño ratón de la factoría Allen, que siempre estará cerca, paradojas de la vida, de la humanidad y de la genética del que conocí hace muchos años, de nombre Mickey [Mouse]”.

Aquella situación, no tan lejana, del queso que un día desapareció de su vista y les produjo tanto dolor, ya no lo volverán a recordar jamás. Lo decía la noticia: “En las pruebas con ratones, una dosis de ZIP [compuesto químico] elimina por completo cualquier recuerdo que el animal estuviera recuperando de la memoria en ese momento”. Y la he vuelto a leer muchas veces, en una composición artística del autor o autora, porque me ha parecido extraordinario que el propio cerebro humano haya llegado a este descubrimiento. Y vuelta a empezar. Situaciones como esta no las deberíamos olvidar. Y el drama shakesperiano está servido, porque olvidar o no olvidar, esa es la cuestión.

Sevilla, 28/IV/2009

Andalucía sin tópicos

MAGAZINE-ANDALUCIA

En un texto dedicado a sus paisanos, decía el poeta sevillano Luis Cernuda que “el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. La edición especial de Magazine dedicada a Andalucía en el alma, del pasado 5 de abril, merece el reconocimiento.

Es un trabajo hecho con amor hacia una comunidad que respira tradición y revolución a través del conocimiento. Averroes, filósofo y médico cordobés, dejó escrito que era más importante trabajar en el conocimiento creativo que en la tradición, es decir, diraya versus riwaya. Y atendiendo al talento andaluz se ha avanzado en una tierra colmada de civilizaciones multiseculares que han gestionado el trabajo bien hecho en todas las manifestaciones artísticas posible.

Aprendí de otros que cuando falta alma, falta vida. Por el contrario, cuando existe alma, como en este caso de Andalucía, existe vida. Y me puse a leer atentamente, como gustaba a Cernuda, este Magazine, con amor hecho, en el que ha triunfado el mejor recurso compartido de la vida: el talento de la palabra humana. Con alma.

Carta publicada en la Revista dominical Magazine, el 26 de abril de 2009

Inteligencia digital para niños y niñas autistas

Un ejemplo paradigmático de inteligencia digital lo he encontrado hoy al conocer, con detalle, la disponibilidad en la red de un programa, Zac Browser, concebido desde su origen para los niños autistas. No quiero explicar nada que lo hace por sí solo. Entren en estas páginas http://www.zacbrowser.com/es/index.html y http://www.peoplecd.com/) y lean, vean y sientan cómo es una realidad la inteligencia digital, tal y como la he definido tantas veces en su tercera acepción, de las cinco propuestas en mi libro Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (1): 3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación”, sabiendo que en sí misma no es software, en una dialéctica posible: “Y me quedó claro que la inteligencia es un don humano (para algunas personas “divino”), pero que afortunadamente, no es una lotería: venimos pre-programados a la vida, después de un proceso de concepción y construcción cerebral que se prolonga a lo largo de nueve meses (sinceramente, de toda la vida…). En cualquier caso, se viene demostrando científicamente que la inteligencia, ni siquiera la estrictamente digital, no se puede instalar como un software” (por cierto, ¿libre ó de mercado? Ninguno)”.

Solo me queda el reconocimiento y agradecimiento personal a John LeSieur, el programador que ya está haciendo muy felices a más de 750.000 niños en el mundo gracias a Zac Browser. ¿Por qué? Porque su software…, sobre todo, tiene alma.

Sevilla, 10/IV/2009

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital).

Recordar y predecir (I)

Me acuerdo de esas veces en que no
sabes si estás muy feliz o muy triste.

Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo

He comenzado a leer un libro sorprendente, Me acuerdo (1), que simboliza una actividad cerebral de importancia transcendental en la vida de las personas. Recordar o no recordar, esa es la cuestión. He llegado a esta lectura por dos razones fundamentales: la localización del libro a través de un artículo de Guillermo Altares, Cuando un recuerdo es algo que tenemos (2), y mi permanente actitud de investigación sobre las estructuras cerebrales que nos permiten recordar a través de la memoria. Una aventura apasionante.

Dice Altares que “Esa mezcla, lo que tenemos, lo que hemos perdido, es lo que nos convierte en nosotros y el pintor Joe Brainard (1942-1994) encontró una fórmula maravillosa para navegar por la memoria, los Me acuerdo…”. Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno.

¿Por qué recordamos? Lo hacemos por aprendizaje y programación genética. También, como autoprotección ante determinadas agresiones de la vida. Aprendemos a recordar situaciones vitales, resultados placenteros o displacenteros y, gracias al recuerdo, consciente o inconsciente, reaccionamos de forma controlada ó incontrolada. Fundamentalmente, porque los sentimientos y emociones acompañan siempre al conocimiento, a la respuesta medida o desmedida donde el recuerdo de situaciones anteriores de cariz similar han grabado ya un “programa” reactivo o proactivo (mejor, predictivo) en la memoria. De esta forma se acepta científicamente la realidad del intenso trabajo del hipocampo, estructura cerebral responsable de ordenar y organizar la memoria, sobre todo, la de largo plazo.

Así lo explicaba en un post anterior, El caballo encorvado, del que recomiendo su lectura pausada: “Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum, (la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” [3]. Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volúmenes de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

He seguido leyendo el libro de Brainard. Creo que con sus “me acuerdo…” comprendo mejor el porqué de la soledad sonora de muchas personas a la hora de quedarse solas consigo mismas, más en su caso histórico al tener que demostrar al mundo que su soledad gay lo podía conducir a la muerte por sida, como fue su caso. Conjugar el verbo acordarse sería un ejercicio práctico para compartir experiencias necesarias en la vida. Porque por mucho que nos esforcemos en olvidar, el hipocampo particular nos recuerda que todavía están allí millones de grabaciones neuronales para cuando las queramos rescatar de la filmoteca existencial. Con la dificultad añadida de que muchas veces, estos recuerdos “nos vienen” a borbotones, sin control posible.

Y me acuerdo ahora, de una frase rotunda del artículo de Altares: “Algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado”.

Comienza ahora el esfuerzo denodado por hacernos profesionales de la predicción, si fuera posible, para refugiarnos paradójicamente en los mejores recuerdos, utilizando la memoria como el mejor recurso/escudo humano en el cerebro. Pero sobre esta realidad hablaré el próximo día. Si me acuerdo…, Amarcord.

Sevilla, 6/IV/2009

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.
(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País (Babelia), p. 8.
(3) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).

Próximamente, en este salón…

Al igual que Juan Manuel Serrat, en aquella preciosa canción de “Los fantasmas de Roxy”, anuncio que “próximamente, en este salón” virtual, a diferencia de aquella demolición del cine de sus sueños más preciados, el Roxy, presentaré un post que me está llevando tiempo y estudio, porque me atrevo a mostrar al mundo entero (el que rodea a cada una, cada uno …, ¡nada más y nada menos!), que vivimos siempre atados y bien atados a una dialéctica incuestionable de origen cerebral: recordar y predecir. Esa es la cuestión.

No ocupará este blog, con ocasión del nuevo post anunciado, ningún proyecto bancario, como el de aquella canción, destruyendo sesiones continuas donde “echaban NO-DO y dos películas de ésas que tú detestas y me chiflan a mí, llenas de amores imposibles y pasiones desatadas y violentas”.

Estoy descubriendo la importancia que hoy día damos a los recuerdos, jugando a recordar lo que no podemos olvidar, porque un día aprendí que solemos vivir mucho de la represión existencial al rechazar hacia el inconsciente tendencias inaceptables que surgen como consecuencia de conflictos psicológicos no resueltos. Las que nos hacen recordar aquello que nos cuesta borrar y que nos impide predecir sin riesgos.

Y es que no es posible la destrucción de nuestras intrahistorias. Por eso he recordado a Serrat, en su canción, tarareando su preciosa letra: “Yo fui uno de los que lloraron/cuando anunciaron su demolición,/con un cartel de: «Nuñez y Navarro,/próximamente en este salón»./En medio de una roja polvareda/el Roxy dio su última función,/y malherido como King-Kong/se desplomó la fachada en la acera./Y en su lugar han instalado/la agencia número 33/del Banco Central./Sobre las ruinas del Roxy/juega al palé el capital”.

Y mientras, estudio esta relación para el recuerdo grato, con el que se disfruta. Porque Joan Manuel Serrat, como obrero de la canción que protesta por no estar cómodo en este salón real -que no virtual- en el que nos toca vivir, me susurra al oído que hoy, mañana, pasado mañana, cuando siga avanzando en esta micro-investigación, puede ser un gran día/donde todo está por descubrir,/si lo empleas como el último/que te toca vivir./Saca de paseo a tus instintos/y ventílalos al sol/y no dosifiques los placeres;/si puedes, derróchalos./Si la rutina te aplasta,/dile que ya basta/de mediocridad”.

Porque los fantasmas del Roxy, los recuerdos, a veces, no descansan en paz…

Sevilla, 29/III/2009

El cerebro disfruta con los libros

Cartel de la Feria del Libro (Bogotá), s/d

El cerebro percibe o goza de los contenidos y formato de un buen libro. Así lo hemos aprendido de la tradición de las palabras vividas en determinados contextos, porque así se ha transmitido. En el siglo XIX se fijó por primera vez la palabra disfrutar en el ámbito de la lengua castellana, para dar brillo y esplendor a su contenido: coger, lograr, percibir los productos y utilidades de alguna cosa (RAE U, 1822). Es decir, cojo un libro, logro hacerme con él y percibo su contenido adaptándolo a mis expectativas, a mi conocimiento, a mis sentimientos y emociones. Lo abrazo. Me abraza. Todo eso produce un libro ó una revista de historia, por ejemplo.

Este juego de palabras lo he experimentado con un descubrimiento en días pasados de una revista publicada en Andalucía, por el Centro de Estudios Andaluces, Andalucía en la historia, que me ha llenado de orgullo al percibir en su contenido, al que he tenido acceso por primera vez en el número 23, que la historia es una fuente de conocimiento que despierta interés social por conocer claves de aproximación a la verdad de lo ocurrido durante siglos en este territorio tan creativo. Me interesó su contenido, centrado en un dosier sobre la prensa andaluza, por haber formado parte de esta intrahistoria andaluza, al haber sido Presidente de un Consejo de Administración de la sociedad editora de un periódico en la provincia de Huelva (1983-1984), La Noticia, que marcó un desafío a una forma de manifestarse la sociedad, en clave periodística de integración de opiniones y creencias. Con anterioridad, en 1976, por colaboraciones periódicas en un diario que rompía moldes en clave de apertura y compromiso social, El Correo de Andalucía, en el que me ilusionaba entregar mis originales muy cerca de la rotativa, en el edificio del Polígono de la Carretera Amarilla, para la célebre página 3 de opinión, en noches apresuradas de la nueva Andalucía que soñábamos, que queríamos.

Me han regalado dos libros con la suscripción: La Andalucía del exilio y Magia y vida cotidiana. Andalucía, siglos XVI-XVIII, que ya están en lista de espera para coger, lograr, percibir y gozar su contenido, su utilidad. Gracias a las posibilidades del cerebro, aunque tengo que reconocer que el sistema límbico va a jugar un papel primordial: me va a permitir disfrutar de ellos. Una vez más, procurando no confundir valor y precio.

Sevilla, 22/III/2009

A la mayor gloria de Dios (AMDG), de las personas

RESTAURANTE SAN IGNACIO LOYOLA

Ha sido una vuelta a la memoria de hipocampo, un ejercicio de moviola existencial. Ha ocurrido el sábado 14 de marzo de 2009, en una visita cálida a Fuenteheridos (Huelva), el pueblo de los ciudadanos de la fuente, no sé si heridos todavía en su amor propio… Me habían comentado que habían inaugurado un nuevo restaurante en la calle Cruz, 6, junto a la parroquia, en una antigua residencia de retiro de los jesuitas. No lo podía creer. Allí, en aquella casa, había pasado días de compromiso existencial hace más de 35 años, cuando formaba parte de una Asociación pre-ocupada por la situación de familiares de las personas que ingresaban en el Hospital de las Cinco Llagas, hoy sede del Parlamento andaluz, de sus hijos, a los que el ingreso les impedía atenderlos adecuadamente. Y los llevábamos allí en verano, para ofrecerles la mejor calidad de vida humana. Éramos muchas personas, jóvenes y mayores que poníamos ilusiones, dedicación personal e intransferible y compromiso social para atender situaciones sociales muy complejas.

Entré en aquella casa, restaurada y adaptada a su nuevo cometido. Me permitieron recorrerla casi palmo a palmo: las dos habitaciones de la entrada (sin el tapiz de damasco rojo), el salón de la antigua capilla, la escalera central de caoba, el tragaluz cenital redivivo, el azulejo de San Ignacio, rodeado de sus palabras programáticas: a la mayor gloria de Dios, las habitaciones ó celdas de la planta alta, de la planta baja, el pozo y el jardín.

Los nuevos gestores de la casa, del restaurante, me explicaron todos los detalles de la restauración, una obra emprendida por jóvenes de la sierra de Huelva, con muchas ilusiones y proyectos para hacer mudanzas importantes en tiempo de turbación económica y existencial. Excelentes.

La moviola personal me devolvió muchos recuerdos imborrables, de personas a las que quiero, de algunas que ya no están físicamente en este mundo pero que me permitieron ser persona, de experiencias que daban sentido a la vida en años difíciles para el compromiso social, de nombres concretos: Don Antonio, Salvador, Pedro, Enrique (grande), Enrique (chico), Mari-Carmen (hasta 2), Concha, Merche, Margarita, Tanché y otros muchos que no cabrían en este post sentido. Miguel y Dolores, ciudadanos con residencia permanente en Fuenteheridos, con su actitud de generosidad hasta límites insospechados. Gracias a todas y todos, porque fueron personas entrañables, cuyo valor excelente radicaba en la disponibilidad para estar contigo, conmigo, con aquellas niñas y niños que corretearon en su día por aquella casa que había sido residencia de los jesuitas, con un único objetivo: devolverles la felicidad que la enfermedad robaba a sus padres en un hospital de Sevilla.

Ayer, 14 de marzo de 2009, me volví a encontrar con todos aquellos protagonistas de aquél mundo feliz. Cuando bajaba por la calle Maestra Adame recordé que para mayor gloria de las personas, la ética del compromiso personal y social fue -y todavía hoy lo es- posible.

Sevilla, 15/III/2009

Cuando desperté, mi blog todavía estaba allí

MOLINOS DE VIENTO

A modo de cerebros, ante el viento que genera la crisis – Molinos de Viento en Ciudad Real

“cuando empieza a soplar el viento, algunos corren a esconderse
mientras otros construyen molinos de viento”

(refrán popular asiático)

Es la primera vez, en tres años, que me he ausentado de la cita en la Noosfera durante un mes. No he estado fuera de ella, físicamente hablando, pero sí de esta ob-ligación [sic] con el ejercicio de la inteligencia digital. Y me preocupa pensar que el ejercicio de lo cotidiano robe esta posibilidad de desarrollo de la inteligencia creadora. Quizá, estoy, estás, está, estamos, estáis, están… viviendo momentos de compulsión vital. Y he vuelto a mi tarea de búsqueda de «islas desconocidas». Cuando frecuentaba esta tarea, recordando el futuro de Pereira, de Tabucchi, he encontrado dos (existen más), que quiero presentar en sociedad digital desde mi orilla.

La primera ha sido en la asistencia a una de las sesiones programadas en Imaginática 2009, celebrada en el Aula Magna de la Facultad de Física de la Universidad de Sevilla. Me atrajo el título, En busca de islas desconocidas y sus autores: Braima Mane, un ingeniero de telecomunicaciones de Guinea Bissau y Marcos Cobeña Morián, estudiante de Ingeniería Informática. Y no me defraudó. El protagonismo fue el de la inteligencia personal, colectiva y conectiva. Rompió muchos moldes. Quien buscara el reino del chip, descubrió que aquél no era el sitio adecuado. Solo quedó patente que el conocimiento era el rey de la vida y que para muchas personas todavía existen islas desconocidas, con tres razones de búsqueda ó encuentro: menos es más, la actitud permanente de búsqueda y una biografía de modelo que, en este caso, era Braima. Y el objetivo de la exposición se cumplió: en la clave de Saramago [El cuento de la isla desconocida], Braima y Marcos zarparon en un pequeño barco virtual donde, con los asistentes a bordo, navegamos entre África, Cuba y España, buscando islas desconocidas, con un par de maletas más vacías que llenas.

La segunda isla desconocida ha sido una dirección electrónica: http://www.agoratalentia.es/documentos/everis.pdf, en la que he encontrado unas razones para comprender mejor cómo actuar ante los molinos de viento actuales, la «crisis», palabra y realidad que me hizo sospechar, tal y como lo planteaba en mi post anterior, que estaba naciendo una oportunidad de desarrollo de la inteligencia personal e intransferible, como recurso que no se ha agotado todavía, con gráficas desoladoras de paro humano, pero no cerebral. He visto la presentación de Marc Alba varias veces y tengo que decir que me ha ayudado a despertar y darme cuenta de que mi blog todavía estaba aquí. Esta es la auténtica razón de mi vuelta a esta cita ob-ligada para garantizar la búsqueda compartida de islas desconocidas.

Sevilla, 7/III/2009

Hay que utilizar el cerebro para afrontar la crisis

AGORA TALENTIA

Todos y todas hablamos de la crisis que nos rodea (del latín crisis, y éste del griego krisis, juicio, decisión), que nos cerca en el día a día. Como miembro activo de la Noosfera, he localizado en 0,04 segundos “187.000.000 de crisis” [sic] en Google, a las 21 horas y 26 segundos del sábado 7 de febrero de 2009, es decir, existen ciento ochenta y siete millones de búsquedas en Internet en las que figura, de una ú otra forma, la palabra “crisis”. Si quieren, es un juego de palabras, pero su alcance es muy importante: la palabra interesa mucho al mundo Internet. Esta oferta es desbordante. Yendo a territorios más próximos, descubro que cuando concreto la búsqueda mediante la expresión “la crisis en Andalucía”, la localización se reduce a 904.000 resultados, en el argot de Google. Y siguiendo el discurso de detective digital, busco algunas respuestas científicas en el afrontamiento de esta realidad, la crisis, intentando centrar posibles respuestas a la misma en las estructuras cerebrales, encontrándome con “resultados” esplenderosos, más de un 1. 530.000 y con una búsqueda atractiva, localizando una referencia que me parece sugerente en los tiempos que corren: Cerebro contra crisis, eje del foro mundial del talento. Solucionar la crisis utilizando el cerebro (Ésta es la meta del Primer Foro Mundial ‘Ágora Talentia’ [http://www.agoratalentia.es/], organizado por el Gobierno de Navarra, que se celebrará los días 11 y 12 de febrero en Baluarte. En este encuentro bienal, unos 350 expertos internacionales en diferentes ámbitos ofrecerán un ciclo de conferencias seguido de un debate. El objetivo es el desarrollo del talento como herramienta para «cambiar el modelo económico», dijo Enrique Mulder, comisario del foro. Una de las claves para conseguirlo es «ver cómo interactúan empresa, familia, sociedad y escuelas y conseguir que haya una mayor coordinación entre estos agentes», comentó Mulder. «En la globalización, no se consigue prosperar a través de materias primas, tecnología, sino por la inteligencia humana», afirmó. Sir Ken Robinson, un líder mundial en la educación y los negocios, Richard Florida, escritor y columnista del New YorkTimes, y Sam Lipson, director de Salud Ambiental de Cambridge serán algunos de los expertos invitados).

Me ha sobrecogido un posible conductor del encuentro: Solucionar la crisis utilizando el cerebro. Estoy plenamente de acuerdo con este desideratum: tenemos una oportunidad en la nueva era que se abre paso en el mundo convulso: recurrir al cerebro, a la inteligencia aplicada, como estructura integradora de la búsqueda de soluciones a la crisis. Basta una lectura pausada de la importancia del conocimiento, del principal recurso humano para abordar este desorden mundial, para comprender que es muy probable que se produzca una convulsión en el mercado de los valores del mercado, valga la redundancia, descubriendo que el cerebro humano es el único recurso capaz de ordenar el caos real en el que se desenvuelve el mundo, a trancas y barrancas. Y el secreto no está en el dinero, en sí mismo, ni en la producción, sino en la nueva forma de entender la inteligencia que se muestra como talento para resolver los problemas latentes y manifiestos. Y, obviamente, recomiendo la lectura pausada de los post que he escrito a lo largo de tres años en este cuaderno de derrota, dedicados a las estructuras básicas del cerebro, para comprender de forma sencilla por qué es la base de la inteligencia que nos permite ser más libres, controlar cualquier tipo de crisis y situarnos ante el gran dilema de la felicidad humana: conocer la existencia y tener libertad para tomar decisiones. Conocimiento y libertad para dar respuesta a la crisis, a cualquier crisis, que nuestros antepasados del país siempre entendieron desde 1729 como “el juicio que se hace sobre alguna cosa, en fuerza de lo que se ha observado y reconocido acerca de ella” (RAE A 1729 (Pág. 661,1).

Lea el programa del encuentro citado anteriormente, sobre talento en la era de la crisis del conocimiento. Los “resultados” del mismo, próximamente en este salón virtual, una vez que se clausure el Foro y sepamos, por ejemplo, que el futuro depende del talento propio y asociado, porque la solución a la crisis está mas cerca de lo que a menudo creemos, porque quizá vive en la puerta de al lado… Desde luego, en nuestro cerebro individual y conectivo, en un descubrimiento que puede durar un milisegundo vital. También, mediante la inteligencia digital en la aldea global.

Sevilla, 7/II/2009