En el Día de Andalucía, debemos ser ´escuchaores´ de su dolor y de su alegría

Antonio López Sancho, Caricatura del I Concurso de Cante Jondo, organizado por Falla y García Lorca en Granada, 1922.

A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Federico García Lorca, extracto de la presentación oficial en 1922, en Granada, del l Concurso de Cante Jondo.

Sevilla, 28 de febrero de 2023, en el Día de Andalucía

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante, al baile, al sentir cotidiano, el de todos los días. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como lo soñó Cernuda un día, esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó nuestro paisano, sevillano y andaluz, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, que escucho siempre con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro, que cantaba Ricardo Cantalapiedra en mis años jóvenes, porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas hace tan solo cien años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922.

Al igual que en relación con el dolor de esta tierra, que es inmenso, que se canta a diario con quejío muy sentido, es importante hablar de su alegría, en una relación diaria para una convivencia posible. Recuerdo siempre unas sevillanas realistas y muy acordes con la realidad actual, No me cuentes penas, interpretadas por Los amigos de Gines, salvando lo que haya que salvar, que decían los clásicos (mutatis mutandis). Reinterpretando su letra y llevándola a la realidad actual de este país, de esta Comunidad, tomo conciencia de que no sé lo que nos debemos unos a otros o a la sociedad en general, con sentimiento de clase o al menos tomando conciencia de que nada que sea humano me es ajeno, siguiendo al pie de la letra la máxima de Terencio, aunque es verdad que por el mero hecho de vivir estamos cumplíos, volcados en un mundo diseñado a veces por el enemigo: “barquitos veleros / Que se cruzan por el río / No me cuentes penas / Cuéntame alegrías / Que yo a nadie le cuento / Las penitas mías / Caminante del camino, aunque mires hacia atrás / El caminito perdío / Ya no lo vuelves a andar”. Vuelvo a afirmar una vez más, que suelo viajar en patera, con una fragilidad extrema, en una cáscara de nuez golpeada permanentemente por la vida.

Amigos de Gines, No me cuentes penas

Me retiro ahora a mi rincón de pensar, acompañado por Federico García Lorca y La Argentinita, como escuchaor de la Nana de Sevilla, para que siga muy pendiente de la exclusión de los más débiles y la pobreza infantil en nuestra tierra, en el Día de Andalucía, como escuchaor también de su dolor y de su alegría. En Andalucía ha tenido siempre un sentido muy especial la palabra “escuchaor”, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1).

NANA DE SEVILLA: canta Las Argentinita y toca el piano Federico García Lorca. Disco en La Voz de su Amo, 1931.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

NOTA: En la imagen de cabecera figura el cantaor Diego el Tenazas acompañado por el guitarrista Ramón Montoya y a la izquierda, en primer plano, La Niña de los Peines. Entre los caricaturizados: Manuel de Falla, Ignacio de Zuloaga, García Lorca, Santiago Rusiñol, Andrés Segovia, Fernando de los Ríos, Miguel Cerón. Imagen y texto recuperados de El Concurso de Cante Jondo de Granada, de 1922, organizado por Falla y Lorca, en la Biblioteca Nacional – Generación del 27 – Diputación de Málaga (malaga.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Viaje a la isla de Bes, de Teócrito, a Ibiza / 1. Siguiendo la estela de Rafael Alberti y María Teresa León

Rafael Alberti y María Teresa León, 1934

Sevilla, 27/II/2023

Gracias a la iniciativa pública del Estado de Bienestar, que auspicia el proyecto anual de turismo social con dinero público y gestión pública, y que se complementa con la aportación individual de cada pensionista interesado, inicié las gestiones el año pasado para hacer un viaje a Ibiza siguiendo la estela del que hicieron Rafael Alberti y María Teresa León, hace ya muchos años, concretamente en junio de 1936, a la isla del dios egipcio Bes, la que hoy llamamos Ibiza y, en ibicenco, Eivissa, un lugar al que Alberti denominó la isla de Teócrito y María Teresa León, el Mar de Ulises. Conocía este viaje tan especial a través de La Arboleda perdida, el libro de memorias del poeta, también por el relato escrito en Madrid, en 1937, Una historia de Ibiza, en el que utiliza el seudónimo de “Javier” como protagonista del mismo y, por último, por la que considero la mejor reseña del mismo, la que escribió María Teresa León en su Memoria de la melancolía, obra de la que conservo dos ediciones, la primera, de 1977, de la editorial Laia/paperback, una edición rústica que rescaté junto a otros nueve ejemplares en un supermercado, junto a lineales de todo tipo de alimentos y, la segunda, la que publicó el Círculo de Lectores, una edición muy cuidada de 1987 y con una introducción que, curiosamente, es una referencia continua de Alberti al viaje a Ibiza junto a María Teresa León, con un título lleno de esplendor y amor hacia ella: Cuando tú apareciste, porque el poeta estaba saliendo en ese mes de junio de 1936 de “un amor torturado”, “que me tironeaba y me hacía vacilar antes de refugiarme en aquel puerto”, tal y como lo expresó bellamente en Retornos del amor recién aparecido (en Retornos de lo vivo lejano, 1956):

Cuando tú apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mar en primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.

En estos meses de preparación del viaje he procurado informarme a fondo de las razones que movió a la pareja Alberti-León para dirigirse a un lugar que en aquellas fechas estaba tan apartado del país, tan ignorado. Quizá sea la propia María Teresa y, por su detallado contexto histórico, la obra de Antonio Colinas, Rafael Alberti en Ibiza, junto a la declarada también por el poeta, las fuentes más fiables de la auténtica razón de esta singladura hacia alguna parte. Se trataba, de verdad, de una elección al azar, después de un suceso real que ocurrió en los días previos a este viaje y que motivó el cambio de destino, porque ellos habían elegido Galicia para ese viaje veraniego, pero un choque de trenes en un túnel entre León y Galicia fue lo que realmente los llevó a elegir Ibiza, con un secreto a voces: escribir allí una obra de teatro, El trébol florido, para presentarla al Premio Nacional Lope de Vega. Pero será María Teresa León la que explique la “razón profunda” de ese cambio, porque según ella fue la superstición de Alberti, como “buen andaluz”, la que le llevó a “viajar en sentido opuesto”, expresado así, literalmente, en Memoria de la melancolía.

Finalmente, en la madrugada del 28 de junio de 1936, zarparon desde Alicante en el vapor-correo Jaime II, de la Compañía Transmediterránea, llegando a Ibiza ese día, a las doce y media de mediodía, hecho que fue recogido por el Diario de Ibiza, en su “Carnet social”, con la siguiente frase: “De viaje: […] igualmente llegaron D. Rafael Alberti y señora”.

Con estos antecedentes, iniciamos el viaje hacia Ibiza, un mundo desconocido en el que había que descubrir la isla de una forma diferente a como se la promociona desde el boom turístico que la caracteriza. El compromiso era firme, seguir la estela de Rafael Alberti y María Teresa León, lo que ellos vieron y describieron en las seis semanas que permanecieron allí, porque durante su estancia comenzó la Guerra Civil, un contraste garantizado sobre lo que después fuimos capaces de descubrir en una isla llena de luz, tal y como María Teresa la describe en sus primeras palabras sobre la isla: “Cuando el sol aparece todo reverbera, pues los muros están blanqueados por cales vibradoras”, la isla más hermosa del mundo, en la que decía que quería comprar una casa, asomada al mar, que llevara el nombre de “Casa de la Esperanza”, porque sería “admirable para morir en paz”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Las incertidumbres del Día Después

Mario Benedetti

Sevilla, 25/II/2023

Los que estamos acostumbrados a vivir en un casi permanente carpe diem, nos cuesta aceptar el principio de realidad del Día Después, de los días después, que son muchos. Acostumbrados a que todo fluya y casi nada permanezca, aceptar que el mundo líquido (Bauman), al igual que el tiempo, sigue o huye por donde puede o le dejan las circunstancias, ofrece muchas posibilidades de aprehender lo mejor de lo que nos sucede a diario y que forma parte de nuestra personalidad, fundamentalmente porque es fácil que mediante nuestro esfuerzo nos acostumbremos a ver, cada día, el vaso medio lleno de todo lo que nos ocurre de forma personal e intransferible, no medio vacío, que también es posible, sobre todo a nivel de sentimientos y emociones. Es lo que aprendí de Rafael Alberti en mis años jóvenes, cuando comparaba pensamiento y sentimiento en un poema precioso que no olvido: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso.

Avanzando en el arduo camino de la vida, pienso mucho en el después al que cantó Benedetti, en su Después, tal y como lo explicó espléndidamente en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida: “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos”. Benedetti me ha ayudado también en este cuaderno a comprender mejor el Buzón de tiempo: decía Cicerón que en algún momento hay que decir las cosas tal y como son, a pesar de que se demuestre siempre que cuando las personas están ausentes se puede escribir mejor, porque las cartas no se ruborizan, las personas sí. Es uno de los tres epígrafes de su libro, Buzón de tiempo: En el buzón del tiempo hay alegrías / que nadie va a exigir / que nadie nunca reclamará / y acabarán marchitas añorando el sabor de la intemperie / y sin embargo del buzón del tiempo / saldrán de pronto cartas volanderas / dispuestas a afincarse en algún sueño / donde aguarden los sustos del azar. Me ha acompañado en mi rincón de tocar el piano, el clave y el violín, un homenaje a las señales que nos da el paso de los años en nuestras manos: En las manos te traigo / viejas señales / son mis manos de ahora / no las de antes / doy lo que puedo / y no tengo vergüenza / del sentimiento. Me vanaglorio de haber entendido con Benedetti qué significa el pesimismo en la vida, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. He pedido a veces perdón por mi tristeza, retirándome durante horas a leer sus haikus para aprender con uno de ellos (199), que hace unos años me asustaba cambiar a determinadas estaciones del año, porque…, cosas de la vida, equivocado de siglo para algunos, ya soy casi un permanente invierno.

Aprendí en Testigo de uno mismo un soneto del pensamiento, precioso, que leyéndolo de nuevo me ha pre-ocupado (así, con guion), sobre todo por la segunda estrofa: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos. Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, sobre todo cuando nos comprometemos en el carpe diem existencial y vemos los resultados en los días de después,  lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, que también existe y… resiste. Gracias, Benedetti.

También aprendí de Benedetti a medir bien las pausas que se viven a flor de piel cada Día Después, a tener siempre sentido de la medida, flor que no suele adornar nuestras relaciones de todo tipo, porque él supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida y nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades. También, a querer siempre sin mirar atrás: Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. 

Llegado ya a una cierta edad y, sobre todo, en cada Día Después, aprendí de él a hacer balance de mi vida,en su poema Balanceos, en A título de inventario: en el sillón tranquilo de balance / en la reminiscente mecedora / qué más puedo emprender que sopesarme / llenar a plenitud los dos platillos / de la vieja balanza sin que sobren / los esplendores ni las cortedades / para evaluar añicos y bosquejos / y sopesar pesar balancearme / en el sillón tranquilo de balance. Cuando en los Días Después de cada pronunciamiento en este cuaderno digital, pienso en qué efectos puede tener en la Noosfera lo que escribo y publico, también acudo a Benedetti para recordar los matices revolucionarios en su intrahistoria, leyendo un texto precioso y lleno de contenido proactivo, Revolución y participación, en su obra Terremoto y después: “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”. Impecable. En roman paladino (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…, Gonzalo de Berceo), hechos son amores en vida y no buenas razones. Avanzando en el arduo camino de la vida, pienso mucho en el después, en su Después, en las incertidumbre diarias que tienen siempre su continuidad en el Día Después, porque sólo esperamos / que alguien nos sueñe sin puñales / de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido…

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Ucrania sigue representando hoy el miedo global en el Gran Teatro Dramático del Mundo

Teatro Dramático de Mariúpol (Ucrania), tras el bombardeo de 16 de marzo de 2022

Sevilla, 24/II/2023, en el primer aniversario de la invasión de Ucrania

No sé qué nos quedará por ver todavía con la guerra de Ucrania, en el día que se cumple el primer aniversario de aquella invasión inconcebible en democracia. Lo decía unos días después del comienzo de esta absurda guerra, en este cuaderno digital, con ocasión del bombardeo del Teatro Dramático en Mariúpol concretamente el 16 de marzo de 2022, en el que murieron más de trescientas personas, a pesar de que ya se había advertido que albergaba únicamente población civil, mujeres, ancianos y en su mayoría niños, hecho que se había divulgado pintando en grandes letras de color blanco la palabra “niños” (en ruso дети, como se puede observar en la imagen de cabecera), en la explanada delantera del edificio, para que se pudiera identificar bien en el caso de un bombardeo programado sobre la ciudad.

Un año después, me resisto a ser mero espectador de lo que está pasando y estoy viendo. Me remueve la conciencia todos los días y reconozco que estoy consternado y conturbado. Consternado, en el sentido profundo de la palabra tal y como se recogió por primera vez en el Diccionario de Autoridades publicado en 1729 por la Real Academia de la Lengua: “Atemorizado, asombrado, perturbado y espantado”. Cualquiera de las cuatro acepciones refleja bien mi estado de ánimo. Tanto que hemos luchado por la instauración de la democracia a lo largo de los siglos, como la mejor forma de convivencia humana y con profundo dolor contemplo de nuevo la imagen del Teatro Dramático de Mariúpol, que hace un triste honor a su nombre, hoy más que nunca. También, conturbado, atendiendo las ricas acepciones de las Autoridades citadas, porque estoy inquieto, conmovido, confundido y desasosegado, provocando todo ello una mudanza cerebral muy importante aunque siga escuchando la recomendación piadosa de San Ignacio en estos tiempos de guerras en la aldea global que se ha convertido el mundo al revés. Cada día que pasa estoy más convencido de que soy pesimista en el sentido más profundo del término que aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti en 1999 (1): Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.

Por estas razones de la razón y del corazón, como demócrata convencido, vuelvo a publicar mi última reflexión sobre lo que acontece en Ucrania, bajo un título meditado, Ucrania sigue representando hoy el miedo global, porque a pesar del miedo global a la libertad, abro una puerta siguiendo los consejos de Eduardo Galeano, una vez más, a través del llamado «derecho al delirio«, en un mundo loco, con ejemplos rotundos para pensar que son posibles en un mundo nuevo, una invitación a volar sobre la realidad que nos duele, consterna y conturba a diario, del que personalmente he escogido algunos que sanan mi alma: “los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda y, como corolario, la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: amarás a la naturaleza, de la que formas parte; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma”. Es verdad, estos delirios son una invitación a experimentar el derecho a volar alto, algo que agradezco cuando vivimos tan atados a la dura realidad de la tierra, situación que no nos permite ver mas allá de lo que nos transmiten a diario los agoreros mayores del mundo al revés. Tan lejos, tan cerca.

(1) Benedetti, Mario, Rincón de haikus, 2001. Madrid: Visor Libros.

Ucrania sigue representando hoy el miedo global

Ustedes que nunca hicieron nada / excepto construir para destruir, / ustedes juegan con mi mundo / como si fuera juguetito de ustedes, / ponen un arma en mi mano / y se esconden de mis ojos / y se dan la vuelta y corren alejándose / cuando vuelan rápidas las balas

Bob Dylan, Masters of War

Sevilla, 19/II/2023

El próximo viernes se cumple un año de la guerra invasora de Ucrania. Dos días después de haber comenzado este despropósito humano, escribí el año pasado un artículo que simboliza algo que el mundo oculta en actitud vergonzante, el miedo global, a pesar de seguir viviendo todos como si nada pasara. La verdad es que ha afectado ya a miles de millones de personas y lo sigue haciendo, sin que veamos una solución en el horizonte.

Vuelvo a publicarlo, sin cambiar nada, porque como decía mi admirado Eduardo Galeano en un poema que no olvido, las armas tienen miedo a la falta de guerra. Es el tiempo del miedo. Tengo que confesar que yo también lo tengo y sigo soñando en la paz y libertad que merece el pueblo ucraniano y, por extensión, la Humanidad.

Ucrania representa hoy el miedo global

Sevilla, 26/II/2022

Lo que está ocurriendo en Ucrania es un aviso para navegantes. Es tan grande el despropósito de Putin, porque tiene nombre y apellidos, que en este contexto he acudido de nuevo a un consultor de cabecera, Eduardo Galeano, a través de un poema dirigido a almas inquietas, El miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo en Ucrania da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

El año pasado escribí en una serie dedicada al futuro imperfecto sobre lo que vendría después de la pandemia, que necesitamos ahora más que nunca: seríamos capaces de superar el miedo. Cuando estamos saliendo poco a poco y con mucho sufrimiento de esta cruzada pandémica, decía algo también que hoy rescato en su fondo y forma, cambiando lo que hay que cambiar en referencia a la guerra en Ucrania, porque en este tiempo de miedo existencial, a lo que fue, a lo que será, a lo que ahora mismo está pasando y estamos viendo, creo que Galeano lo resume todo en un futuro imperfecto que supone tomar conciencia del miedo a la libertad de asumir o no lo que será después de esta guerra y a lo que será de y en nuestras vidas, si el espíritu imperialista de Rusia sigue por estos derroteros. En el fondo, es el miedo legítimo a la libertad del día después de un acontecimiento de la magnitud que nos está tocando vivir. He vuelto a buscar razones de la razón humana en la clínica del alma cercana a mí y he leído palabras que tengo grabadas en mi persona de secreto, que también rescato ahora junto a las de Galeano, en un esfuerzo por encontrar sentido a la vida. Cuando leí por primera vez El miedo a la libertad, de Erich Fromm, recuerdo que lo que más me impactó fue su página de presentación anterior al prefacio, que me ha acompañado a lo largo de mi vida, siendo uno de los libros que llevo siempre en mi búsqueda permanente de islas desconocidas viajando en patera, en mar abierto, como tantas veces he descrito en este cuaderno de derrota, en el lenguaje del mar:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Este texto, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto introductorio de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) a las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento.

Repasar palabra a palabra el texto expuesto nos puede dar una idea de lo que se llegó a pensar de la libertad humana en tiempos en los que lo más importante que había que hacer, visto cómo estaba la sociedad en general, era reforzar al ser humano por encima de todas las cosas: Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Se comprende perfectamente que el miedo a la libertad estriba en la decisión de abordar el futuro imperfecto actual como brutos (no hacen falta muchas explicaciones) o hacer “cosas superiores” que nos devuelvan la alegría de vivir despiertos y libres en el nuevo Renacimiento del Mundo, que algunos llaman ahora “Reconstrucción Mundial”, que nadie entiende ahora con guerras como la de Ucrania. Ese es el gran reto para saber qué significa tener miedo a la libertad de querer vivir con dignidad en un mundo que las guerras ponen otra vez al revés, como si no supiéramos lo que son.

(1) Eduardo Galeano (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Hay que seguir “molestando” a determinada gente de bien

Sevilla, 23/II/2023

En un día que recuerda en el calendario lo que sucedió en este país tan olvidadizo de la memoria democrática, de lo que personalmente no quiero ahora acordarme, el fallido golpe de estado del 23 de febrero de 1981, creo que tengo la obligación ética y en defensa de la democracia, de escribir sobre algo que ha manifestado recientemente en el Senado el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que no debería dejar tranquilas a las almas inquietas de la gente de mal, refiriéndose concretamente a la recientemente aprobada y conocida popularmente como ley trans: Por eso, deje ya de molestar a la gente de bien. Deje ya de meterse en las vidas de los demás”, a lo que el Presidente respondió con firmeza: «Nunca imaginé, señorías, que el reconocer derechos a minorías, en este caso al colectivo trans, fuera molestar a la gente de bien, señor Feijóo«. Si escribo estas palabras es porque me siento aludido, clasificándome como perteneciente a un colectivo denostado por las derechas en general, el llamado por ellos “gente de mal” y que poco les ha faltado para agregarle algo que siempre han creído en ello, “de mal vivir”, porque estoy totalmente de acuerdo con la ley denostada por el Partido Popular y su derecha ultramontana, es más, no me molesta para nada, me parece fantástico que avancemos en el plano de libertad y equidad social y sexual, por ejemplo, por no señalar otras muchas leyes y disposiciones en esta legislatura, auspiciadas por el gobierno de coalición y aprobadas democráticamente en ambas Cámaras, que ya sabíamos que tanto molestan a la gente de bien.

No hay que ser Einstein para adivinar quienes integran el colectivo de “gente de bien”, su patrón definitorio. Ni me molesto en describirlo, porque sabemos quienes son, salvo las excepciones que como en toda regla salvaría siempre. Ahora toca hablar de la gente de mal. Para Feijóo y las personas y territorios a los que representa en el Senado, gente de mal somos los que estamos cerca del estado de bienestar y lo que representa para la sociedad: la defensa a ultranza, democrática, del interés general de la ciudadanía, teniendo en cuenta siempre a los que menos tienen. Gente de mal es la que defiende los derechos fundamentales que figuran en la Constitución y cuida, hasta el extremo que lo permitan las leyes, la educación, la salud y los derechos y deberes sociales, como pilares fundamentales de un estado de derecho. Y aquí aparece la política que da sentido a los poderes del Estado, haciéndose patente que todos los partidos no son iguales y los gobiernos que conforman, tampoco.

Como formo parte de la gente de mal, que somos millones de personas en este país, estoy totalmente de acuerdo con que el gobierno de coalición se “haya metido en las vidas de los demás”, especialmente de todos, sin excepción alguna, como ha sido durante la pandemia, porque las medidas tomadas, democráticas en su desarrollo e implantación, han permitido que las vacunas no caigan del cielo sino de la economía europea y del Estado, que las ha financiado; que los trabajadores, gracias a los ERTE, no hayan perdido su empleo durante mucho meses; que las pensiones se estabilicen respetando el IPC interanual, que cientos de miles de personas y familias completas sobrevivan gracias al Ingreso Mínimo Vital, que el salario mínimo interprofesional alcance ya cifras decentes para las bases laborales, que se haya llevado a cabo una reforma laboral justa y equitativa, dando estabilidad a miles de trabajadores con contratos precarios; que se pueda decidir con libertad y responsabilidad sobre una muerte digna, que se defienda legalmente la memoria democrática en este país, que se pueda dar seguridad jurídica a ofrecer garantías integrales de la libertad sexual, con la conocida ley de sólo el sí es sí y la que ha merecido los calificativos y desprecio hacia la “gente de mal” que ha permitido que se aprobase recientemente la ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, siglas que molestan y mucho a la gente de bien a la que defiende Feijóo, el líder de la oposición.

Lo expuesto anteriormente es sólo una muestra de la actividad de disposiciones aprobadas por el gobierno de coalición, que tanto molestan a la “gente de bien”. Hay muchas más, pero para una muestra bastan los botones descritos, que abrochan una actitud política, ideológica por supuesto, porque no hay ideologías inocentes, afortunadamente, porque todos los gobiernos y gobernantes no son iguales, afortunadamente, otra vez. Porque se han llevado a cabo en democracia plena, sin usurpación alguna, legítimamente hasta la saciedad y en defensa siempre de los que menos tienen, de los nadies, a los que definía muy bien Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos, tantas veces citados en este cuaderno digital, porque no me olvido de ellos, citados por una persona como yo que, según Feijóo, pertenezco al clan de la gente de mal, porque estoy de acuerdo con las leyes y disposiciones aprobadas por el gobierno de coalición.

Si traslado esta reflexión a mi Comunidad Autónoma, Andalucía, sé identificar quienes molestan a la gente de bien y se meten en sus difíciles vidas, cuando se denuncia que uno de cada cuatro habitantes de la Comunidad —en torno a 2,2 millones de personas— se encontraba en 2021 en una situación de exclusión moderada o severa, tal y como reflejaba el Informe territorial sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía, 2022, a lo que la gente de bien respondía, hace tan sólo unos meses, con una medida que se descalifica por sí sola, cuando en el otoño pasado se decidió en el Parlamento andaluz prescindir del impuesto de patrimonio de los más ricos de la Comunidad, un total de unos 100 millones de euros al año, aproximadamente, gente de bien, acción no inocente que me va y me viene en una actitud solidaria y de ruptura de los silencios cómplices, al haber contemplado que no hubo acciones contundentes de una oposición timorata en el Parlamento de Andalucía, que no se hizo sentir en las calles de Andalucía. No sólo es el ejemplo, entre otros muchos, de un problema de cantidad económica a perder por los que menos tienen, sino de amparo a quien más tiene.

Otros ejemplos de «molestar» probablemente a la gente de bien en mi tierra, ha sido la publicación por mi parte de dos artículos en este cuaderno digital, en referencia al deterioro imparable de la sanidad pública en Andalucía, Es una realidad la venta controlada del Sistema Sanitario Público de Andalucía, la joya de la corona y La crisis sanitaria pública actual, ¿es de modelo estratégico o de ideología?, en los que defiendo la atención pública de salud de forma determinante, desde la perspectiva de ideología comprometida con los derechos fundamentales de base constitucional y pública a través del Estado de Bienestar, por supuesto, respetando la salvaguarda del interés general y metiéndome en la vida de la ciudadanía andaluza, sabiendo a través de Cernuda, que el andaluz es siempre un enigma al trasluz que lo ilumina, respeta y atiende.

Los nadies y los pobres severos en Andalucía, son los que sufren continuamente los daños colaterales en recursos de salud, educación y servicios sociales, de carácter público. ¡Qué mas da, si son gente de mal! Esa y otras muchas son las razones de por qué hay que seguir “molestando a determinada gente de bien” (todos no son iguales) y metiéndonos, la gente de mal, en la difícil vida de los que menos tienen.

NOTA: la imagen se recuperó el 27/X/2017 de https://cdn.urgente24.com/sites/default/files/notas/2017/08/06/mediocridad-.jpg

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La crisis sanitaria pública actual, ¿es de modelo estratégico o de ideología?

Paulo Freire [el educador que murió aprendiendo] fue un hombre que creyó, como yo creo, en la contradicción, en la duda, en el movimiento. Dijo la frase más bonita de todas, la que yo recuerdo dicha jamás por un latinoamericano a lo largo del siglo XX: “somos andando…”, es perfecto.

Eduardo Galeano

Sevilla, 18/II/2023

Sigo muy pre-ocupado (con guion), es decir, muy ocupado de forma prioritaria, en tratar de averiguar qué está pasando en la sociedad actual con la crisis de la sanidad pública en este país y, por aproximación, con la de Andalucía. Es cierto que el estrés que ha sufrido la Sanidad Pública durante la pandemia por la COVID-19, ha sido algo excepcional y mantenido en esta travesía tan difícil, que ha supuesto poner al límite al Sistema y que ha dado muestras de sus fisuras a pesar del trabajo excepcional de sus profesionales, sin dejar a ninguno atrás y que nunca les reconoceremos de forma suficiente, digna y justa. Pero a través de esas fisuras hemos visualizado también problemas estructurales que han llevado a esta Sanidad Pública, enferma de financiación y de falta de profesionales, junto a graves problemas organizativos, a una situación límite que exigiría en estos momentos un Pacto de Estado, en el que se debería partir del reconocimiento de la salud como pilar básico del llamado Estado de Bienestar, como derecho fundamental que es en este país, donde se deberían abordar los problemas sustantivos de presente y futuro, así como las peculiaridades del Estado de Autonomías y de los Sistemas de Salud descentralizados, para finalizar en una legislación de rango sustantivo para todo el país. Este Pacto de Estado debería evitar discriminaciones de todo tipo y salvaguardar exclusivamente el interés sanitario general, basado en el principio de equidad, como precepto constitucional que no se debería olvidar nunca, teniendo siempre en mente la realidad flagrante de la pobreza severa en el país, donde cualquier enfermedad hace siempre especial mella.

Las personas que defendemos el llamado Estado de bienestar desde la perspectiva socialdemócrata, no liberal ni conservadora a ultranza, por reducir a tres la actual lucha de modelos sociales de hacer política, aunque hay más modelos posibles, tenemos la ob-ligación (seguimos con los guiones, que marcan prioridades), de unirnos en el análisis didáctico de lo que está pasando, porque si no lo hacemos es probable que solo sepamos que lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa.

Parto de la base de que es imprescindible seguir defendiendo los principios del Estado de bienestar, con el determinante económico que lo sostiene, sin lugar a dudas, porque no se alimenta del aire ni del espíritu en sentido más literal, sí del ideológico, nunca inocente, porque no debe serlo dado que todos no somos iguales ni los Gobiernos tampoco, sobre todo del que piensa en todos los seres humanos sin excepción alguna y dando prioridad absoluta, proporcional y progresiva, a los que menos tienen. Pero al tener que optar por un modelo, no pienso en el conservador ni en el liberal, que existen y campan a sus anchas, con horizontes anclados en el vencimiento del comunismo en su retorcida interpretación actual, sabiendo que el capitalismo es su benefactor máximo, el que está detrás de todo lo que se mueve.

Sentados estos principios, parto de la base de algo que ya presenté en este cuaderno digital en el curso de verano que hice en la imaginaria escuela del mundo al revés, en el mes de julio pasado, según el modelo de Eduardo Galeano, en su segunda edición. Como somos andando en esta realidad actual de crisis de modelos, opto por el que propicia la democracia económica que puede sustentar ese Estado de bienestar tan deseado por los demócratas de pro, como teoría científica que inspira un modelo revolucionario, el socialismo participativo, liderado por ejemplo por Thomas Piketty, que se presentó el año pasado en la Fundación Sistema, de inspiración profundamente socialista, no inocente tampoco, en el último número (331) de su revista Temas, de julio de 2022, dedicado a Thomas Piketty y el socialismo participativo, en el que su editorial situaba muy bien la dialéctica de fondo de este nuevo constructo junto al de socialismo participativo.

La revista incluía artículos de sumo interés actual para comprender bien estos conceptos, que derivan en nuevos paradigmas para la transformación ordenada de la sociedad, en los nuevos tiempos líquidos (Zygmunt Baumann) en los que todo se mueve y casi nada permanece, algo que no es especialmente novedoso si nos acordamos de los presocráticos que hace ya muchos siglos lo presentaron en sociedad ante una sociedad convulsa. Precisamente, en su editorial, abordaban una realidad social y económica muy preocupante: “Las crisis más recientes que hemos y estamos viviendo –Gran Recesión, Gran Reclusión, guerra en Europa– han puesto sobre la mesa diferentes formas de afrontar las consecuencias sociales y económicas que se derivan de esos conflictos. Si durante la Gran Recesión, las políticas de austeridad –con el Estado más distante que presente– fueron el frontispicio a partir del que se produjo el despliegue de toda una serie de iniciativas de impactos letales para la sociedad, como fueron los recortes en los servicios públicos, el mantenimiento a toda costa de las reglas de equilibrio, la contracción del crédito o el forzado retorno de deudas públicas, en las dos últimas crisis –la Gran Reclusión y la guerra abierta en Europa desencadenada por la agresión rusa en Ucrania– el papel de los Estados se ha revelado crucial. Todo en un sentido: la importancia del Estado social y la necesidad de una fiscalidad progresiva, herramientas imprescindibles para la construcción de una economía más justa y eficiente. Lo cual supuso una reivindicación en toda regla de las economías públicas, frente a los profetas acríticos de los equilibrios innatos del mercado”.

Thomas Piketty, al que he dedicado ya diversas reflexiones en este cuaderno digital, a título indicativo dos, La igualdad no es inocente: transforma la sociedad para alcanzar la libertad y II Curso de verano para entender el mundo al revés / 6. La economía democrática es un camino que se hace andando, transformando la sociedad, viene siendo un ardiente defensor del socialismo participativo, pero la situación económica que estamos atravesando, de urgente revisión científica, técnica y su correlato político imprescindible por parte de los Gobiernos de una determinada ideología de izquierda, le llevan en la actualidad a armar, con teoría económica científica y aplicando el principio de realidad, una democracia económica, ante los signos de ocaso que acusa, en beneficio del interés general de la sociedad en general y no sólo de su élite inmune e impune ante cambios drásticos en la economía, que ahora se siente perjudicada por los derroteros económicos actuales: “Para armar la democracia económica que reclama actualmente Piketty, su propuesta se funde en la idea del socialismo participativo. Visión que se alinea con un federalismo europeo, que defiende la mancomunidad de la deuda soberana de los países de la Unión Europea, la urgencia para que paguen más los que más tienen –y que suelen eludir su responsabilidad fiscal evadiendo capital hacia paraísos fiscales, tal y como han constatado las investigaciones de Gabriel Zucman–. Y, a la vez, se hace una seria advertencia: sólo con fórmulas de gobernanza pero, al mismo tiempo, de contundencia política, los más ricos –ese uno por ciento que se detalla en las estadísticas oficiales, que detenta el grueso de la riqueza mundial (esto no es una opinión: son datos)– se avendrán a pagar lo que les corresponde por justicia social”.

En el segundo artículo citado destaqué que “El asunto nuclear está en localizar dónde está el fundamento de la economía democrática, que no está sólo en que el Estado acuda en ayuda de la sociedad, pero con ribetes de acero: “la recuperación económica desde el gran motor de la inversión pública y de las ayudas a las empresas, no ha de ser un ejercicio sin retorno: y en éste, el devengo de impuestos forma parte de la ecuación. Los gobiernos no pueden ser solo prestamistas de última instancia –una expresión muy adecuada de otro gran historiador económico, Charles Kindlerberger–, sino inversores en primera instancia, tal y como apuntan los últimos trabajos de Mariana Mazzucato. Y, como tales, exigir las contrapartidas perentorias que compensen el enorme esfuerzo de toda la sociedad. Los impuestos, como primera estación de salida”. Pero el retorno de las empresas “ayudadas” por el Estado, deben llevarse a cabo para devolver de múltiples formas estos beneficios obtenidos, con nuevas fórmulas de economía democrática y de participación real y efectiva de los trabajadores incluso en sus Consejos de Administración.

Me reafirmo en algo esencial: tengo un trabajo ciclópeo de compromiso intelectual y social por delante, dado que la actual crisis del Sistema Nacional de Salud, no me es ajena, como nada que sea humano, porque persigo el interés general y no el de unos pocos. Dice Joaquín Estefanía en un artículo muy interesante publicado esta semana, Estado de bienestar: historia y crisis de una idea revolucionaria, con una entradilla definitoria, La idea de proteger al ciudadano desde la cuna hasta la tumba está en apuros. Una de las causas es la crisis presupuestaria de los Estados, con una población envejecida sostenida por menos trabajadores en peores condiciones, que “No hay elemento más reconocido de la sociedad del bienestar que el Sistema Nacional de Salud británico; fue la joya de la corona y la envidia de todos los países, y hoy está en las ruinas. En Francia se lucha calle a calle por el futuro de las pensiones, con las mayores movilizaciones populares en décadas. En todos los países se discute si la educación realmente existente sigue siendo el ascensor social que se construyó hace décadas o, en vez de propiciar la igualdad de oportunidades, genera un “monopolio de oportunidades” para los más ricos. No hay dinero para universalizar los cuidados a los más dependientes. Por último, el teletrabajo y otras modalidades contemporáneas de empleo sirven para desocializar el mercado laboral: cada vez más gente se encuentra fuera de los convenios colectivos, y tiembla el derecho del trabajo. En suma, el Estado de bienestar, aquella revolución callada que explotó a partir de la segunda posguerra mundial liderada por el laborista Clement Attlee, que debía proteger al ciudadano “desde la cuna hasta la tumba” por el solo mero hecho de serlo, está en dificultades”.

Ante lo expuesto anteriormente, surge la gran pregunta: ¿la crisis sanitaria pública actual es sólo una crisis de financiación económica o de modelo de diseño y gestión? Creo que las dos, pero sobre todo de creencia en el Estado de bienestar, con el mejor modelo estratégico de salud, que se adapte a las circunstancias sociosanitarias actuales, que cambian obviamente con el paso de los años, porque si hay ideología de defensa de las garantías públicas, desde la cuna hasta la tumba, suele haber dinero para su financiación, a través de la economía democrática. Lo que no es presentable es confiar sólo en la financiación para garantizar el sostenimiento de cualquier Sistema Nacional de Salud, incluso el que no está orientado a la ciudadanía en general, sin exclusión alguna, que es por donde empezábamos a escribir estas líneas, fundamentalmente porque hay modelos no inocentes, en el que el capital y los fondos de inversión hacen su permanente agosto descapitalizando los recursos públicos ya existentes de forma gradual, hasta hacerlos insostenibles como justificación de que la sanidad privada es la única salida que existe. Por tanto, las ideologías que sustentan la democracia son las garantes de la economía democrática y participativa de la sociedad en el Estado de bienestar, no al revés, desde el capitalismo puro y duro, sin democracia y sin participación social alguna.

Vuelvo a leer a Eduardo Galeano, en sus principios adoptados por la escuela del mundo al revés, aunque creo que el socialismo participativo y la economía democrática, estuvieron siempre muy presentes en su vida y obras dejadas para la posteridad. Como decía Pablo Milanés en su preciosa canción Proposiciones, sólo Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño. Galeano, refiriéndose a la participación ciudadana en América latina, perfectamente extrapolable al mundo en general decía que “En América latina, son una peligrosa especie en expansión: las organizaciones de los sin tierra y los sin techo, los sin trabajo, los sin; los grupos que trabajan por los derechos humanos; los pañuelos blancos de las madres y las abuelas enemigas de la impunidad del poder; los movimientos que agrupan a los vecinos de los barrios; los frentes ciudadanos que pelean por precios justos y productos sanos; los que luchan contra la discriminación racial y sexual, contra el machismo y contra la explotación de los niños; los ecologistas; los pacifistas; los promotores de salud y los educadores populares; los que desencadenan la creación colectiva y los que rescatan la memoria colectiva; las cooperativas que practican la agricultura orgánica; las radios y las televisiones comunitarias; y muchas otras voces de la participación popular, que no son ruedas auxiliares de los partidos, ni capillas sometidas a ningún Vaticano. Con frecuencia, estas energías de la sociedad civil sufren el acoso del poder, que a veces las combate a bala. Algunos militantes caen, acribillados, en el camino. Que los dioses y los diablos los tengan en la gloria: son los árboles que dan frutos los que sufren las pedradas”.

La economía participativa no es sólo asunto de partidos o de sus ruedas auxiliares (al buen entendedor con pocas palabras basta), ni de capillas sometidas a las creencias religiosas con el Vaticano como garantía. Los que militan en la vida para transformar el mundo son los imprescindibles de Bertolt Brecht, porque los árboles que dan frutos suelen ser los que reciben más pedradas: “La historia oficial, memoria mutilada, es una larga ceremonia de autoelogio de los mandones que en el mundo son. Sus reflectores, que iluminan las cumbres, dejan la base en la oscuridad. Los invisibles de siempre integran, a lo sumo, la escenografía de la historia, como los extras de Hollywood. Pero son ellos, los actores de la historia real, los negados, mentidos, escondidos protagonistas de la realidad pasada y presente, quienes encarnan el espléndido abanico de otra realidad posible”. En ellos cobra una especial relevancia tanto el socialismo participativo como la economía democrática, porque cuando se unen podemos ser y estar en el mundo andando y transformando el nuevo orden mundial. También los modelos más beneficiosos en el campo de la salud pública, por ejemplo, para ser diseñada de la mejor forma posible en nuestro mundo actual, con soluciones inteligentes no exentas de ideología que defienda los intereses de todos, pero sobre todo de los más débiles, para que no haya exclusión alguna, porque el Estado de bienestar garantiza la atención pública desde la cuna hasta la tumba. Seremos mejor atendidos por el Sistema de Salud correspondiente, porque seremos andando, a pesar de las contradicciones y dudas en la búsqueda del mejor modelo de Sanidad Pública, tal y como nos lo indicaba el carismático educador brasileño Paulo Freire y no a cualquier precio, sino sólo al de la dignidad y solidaridad humanas que sólo propicia el Estado de bienestar.

José Antonio Cobeña Fernández

Ex secretario general del Servicio Andaluz de Salud (2000-2004)

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Odisha: People advised to use umbrella for social distancing | Sambad English

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad

Me disgusta cuando calla la democracia, cuando parece que está ausente

Víctor Jara: Me gustas cuando callas (1972), del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Poema 15, publicado en 1924.

Sevilla, 17/II/2023

Asistimos diariamente a un goteo malayo para horadar la democracia en sus bases más beneficiosas para la humanidad. En nuestro país, asistimos a un escándalo tras otro al ver cómo se trata la democracia, su ocaso, que tantas veces he denunciado en este cuaderno digital, a pesar de que en los últimos años y gracias a la coalición del gobierno actual, se han dado pasos de gigante en beneficios sociales que, aparentemente, muy poca gente aprecia, bajo el mantra de que “todos los políticos son iguales”, es decir, lo peor de lo peor, cuando está suficientemente demostrado que no es así, por mucho que se empeñen en confirmarlo la derecha y la ultraderecha de este país. Ahí están los logros en salud pública con la atención a la pandemia del COVID-19, ya olvidada, la reforma laboral, el salario mínimo interprofesional, el ingreso mínimo vital, los avances incontestables en el ajuste social y económico de las pensiones, las leyes que dan más felicidad a colectivos sociales tradicionalmente marginados bajo las siglas LGTBI y derivados, la libertad sexual, la ley de la eutanasia, la de memoria democrática y tantas otros logros sociales que la memoria frágil de este país olvida y trata como si no se hubiera hecho nada. ¡Qué injusto!

En 2019 escribí una reflexión sobre esta alarmante situación, bajo el título Me disgusta la democracia cuando calla, porque el clima era parecido, donde decía algo que rescato hoy para tranquilizar mi alma de secreto, en la búsqueda de un mundo diferente para vivir con dignidad humana, tratando de que me remueva la conciencia y no deje de luchar y trabajar para transformar el mundo en el que vivimos, en la medida de mis posibilidades. Dije entonces algo que tiene ahora plena actualidad: “estamos viviendo momentos transcendentales en este país, en el que parece que la democracia calla, aunque cuando lo hace… me disgusta, recordando los contrarios del poema precioso de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas. Salvando lo que haya que salvar, cada estrofa se podría asimilar al amor profundo, la creencia en la vida democrática y el disgusto por su silencio. Tengo la sensación de que hay un silencio aterrador, desesperado, cómplice, a la hora de defender la democracia, controlada por el poder del dinero, que siempre ha sido y es un poderoso caballero”. Hace unos días lo ejemplificaba con lo que está sucediendo en Andalucía con su Sistema Sanitario Público, que se vende poco a poco al mejor postor y que al paso que va dejará de ser “la joya de la corona” para convertirse en “bisutería fina”, porque se esquilmará en sus bases, quedando sólo para atender a los nadies, desde la perspectiva benefactora de lo más ricos, es decir, los de siempre y los allegados de última hora, ante el deterioro galopante del servicio público de salud, haciendo “su correspondiente año”, que no sólo “su agosto” las multinacionales de los seguros privados, para ricos y sobre todo para pobres, que también existen bajo la denominación de seguros low cost, que sólo el inglés los salva cuando lees la letra pequeña de las exclusiones que contienen.

Asistimos incólumes a las bravatas de la derecha ultramontana y la educada, que también existe, ante todo lo que en democracia se mueve en favor del interés general, al dolor de los migrantes que caminan hacia ninguna parte, al paro estructural, al deterioro controlado de los servicios públicos en general, a la abstención clamorosa en los procesos de elecciones, como ha ocurrido últimamente en las elecciones de Andalucía, sin ir más lejos, con un gran triunfo del Partido Abstencionista; a la fragmentación territorial y política de este país que lo hace cada vez más ingobernable y con avisos para navegantes de la derecha cerril que, a la memoria histórica hacia las personas que murieron de mala forma en la guerra civil, la reduce a “gasto en desenterrar huesos”. Y la democracia calla, no va a las urnas para acabar con esta ignominia general.

La estrofa final del poema de Neruda me vuelve a inspirar su contrario aplicándolo a la democracia, un amor verdadero a la dignidad humana: Me [disgustas] cuando callas porque estás como ausente. / Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa, bastan. / Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Vuelvo a recordar algo en lo que creo profundamente: sólo recupero la alegría de vivir en un día cualquiera como hoy cuando, gracias a seres humanos, a millones de seres anónimos que se esfuerzan diariamente en nuestro país y en el mundo por hacer la vida más amable y digna a los demás, constato que podemos sacar a la democracia de su silencio, de su ausencia, de su distancia, de su desencanto, de su dolor, porque creo entonces que otro mundo es posible. Y comienzo a estar alegre, alegre de que no sea cierto su silencio.

NOTA: en el vídeo, Víctor Jara interpreta el Poema 15 del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado en 1924. Esta canción pertenece al disco sencillo Venían del desierto, en su cara B, publicado en 1972 y que pertenecía al álbum El derecho de vivir en paz lanzado el año anterior.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Vicente Aleixandre vuelve a Ibiza desde Sevilla

Sevilla, 16/II/2023

No es una distopía al uso, sino una historia breve, real como la vida misma, que deseo compartir con la Noosfera. En un viaje reciente que he efectuado a Ibiza, siguiendo la estela del que hicieron Rafael Alberti y María Teresa León a esa isla en 1936 y donde vivieron de forma compleja los primeros días de la guerra civil, tuve un encuentro mágico con mi paisano Vicente Aleixandre, poeta al que admiro y al que he dedicado varias páginas en este cuaderno digital. Fue en un mercadillo hippie, muy conocido en la isla, en el que encontré una obra suya preciosa, Historia del corazón (1), editada en 1977, que conocía bien, porque en ella figura un poema, Mano entregada, al que dediqué un artículo en este cuaderno en 2015, Elogio de la mano, como pequeño homenaje a su obra y por una razón del corazón, como su historia: me apasiona la contemplación de la mano humana.

Al abrir el libro, antes de comprarlo, descubrí que pertenecía al fondo de la “Casa de Cultura y Biblioteca Pública de Ibiza”, con páginas selladas y con el registro y signaturas oficiales de la citada Biblioteca. No me lo pensé dos veces y lo compré por una módica cantidad comparándola con el valor inmenso de lo que significaba para mí, no confundiendo la relación valor y precio que aprendí hace ya muchos años de otro paisano nuestro, Antonio Machado, con una finalidad clara: devolverlo a su legítima “dueña”, una Biblioteca Pública a la que le pertenece y, simbólicamente, a la ciudadanía de Ibiza, concretamente a la Biblioteca Pública Insular, con una denominación actual diferente a la de los registros y sellos que figuran en el libro, para que los niños y niñas, jóvenes y personas mayores, en Ibiza, puedan leer a este autor extraordinario a través de una obra simbólica y de una calidad excepcional, que vuelve a esa tierra preciosa desde la ciudad en que nació y para tener un sitio en sus estanterías de uso público.

Vicente Aleixandre vuelve a su casa, a Ibiza, a su Biblioteca Pública, lugar de donde no debía haber salido. Lo devuelvo, es más, lo entrego con la mano entregada que aprendí a comprenderla leyendo sus versos en un poema que vuelvo a reproducir hoy, completo:

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro
hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor
hermoso.

Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán
dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado
de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo,
oh cuerpo sólo sonido de mi voz poseyéndole.

Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el
hueso rehúsa
mi amor -el nunca incandescente hueso del hombre-.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.

Como dije en mi artículo de 2015, en homenaje a Aleixandre, sabemos ya que nuestras manos tienen una historia de más de tres millones de años, tal y como lo describió la revista Science ese año, en su artículo precioso (2). Es una de las maravillas de la naturaleza humana que junto al habla supone una evolución transcendental para las personas de hoy. Es una experiencia gratificante mirar con delicada atención nuestras manos y reparar en lo que nos aportan día a día, tanto en la vida diaria que las necesitan para atender múltiples necesidades, como para expresar de forma maravillosa los sentimientos y emociones en momentos vitales siguiendo instrucciones de determinadas estructuras del cerebro. Hoy, es lo que he sentido al envolver con mis manos el libro de Aleixandre y depositarlo en Correos para que vuelva a Ibiza, a una Biblioteca Pública, un lugar en el que creo que volverá a estar a disposición de quien lo quiera leer y comprender qué significa una historia preciosa del corazón. Nada más.

(1) Aleixandre, Vicente, Historia del corazón, 1977 (3ª ed.), Madrid: Espasa-Calpe.

(2) Skinner, M.M., Stephens, N.B., Tsegai, Z.J., Foote, A.C., Nguyen, N.H., Gross, T., Pahr, D.H., Hublin, J.J. y Kivell, T.L. (2015). Human-like hand use in Australopithecus africanusScience, 23, Vol. 347 no. 6220, pp. 395-399.

NOTA: en la fotocomposición de la imagen, realizada por el autor de este artículo, se ha utilizado una imagen de Vicente Aleixandre recuperada de la página web: La esclarecedora biografía de Vicente Aleixandre, escrita por Emilio Calderón (mundiario.com).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Sigo caminando en belleza para que todo en belleza acabe

Que en belleza camine.
Que haya belleza delante de mí
y belleza detrás
y debajo
y encima
y que todo a mi alrededor sea belleza
a lo largo de un camino de belleza
que en belleza acabe.

Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en El cazador de historias.

Sevilla, 6/II/2023

En 2021 escribí el artículo que reproduzco a continuación, «Camino en belleza para que todo en belleza acabe», como homenaje a las palabras que nos conducen a crear belleza, porque la vida así es, bella, cuando adoptamos una postura de asunción del principio de realidad y dedicamos la inteligencia a su fin fundamental: solucionar problemas que enturbian esa belleza diaria que la vida contiene. Ayer me sorprendieron las numerosas entradas en este blog, rescatando aquellas palabras de Galeano en su libro «El cazador de historias», que hoy vuelvo a reproducir, porque estamos necesitados de recordar estancias breves en islas desconocidas y bellas, que nos aportan tanto.

Para respetar la esencia de aquellas palabras, las he dejado intactas, aunque el hilo conductor del texto, en su contexto, era fijar una ruta no inocente ante la llamada «nueva normalidad», saliendo del túnel de la pandemia, de la que ya nos acordamos muy poco, así como de lo aprendido en la misma. Lo que pretendo es aportar esperanza en los términos expuestos por Galeano en su obra, sobre todo cuando dice que «las palabras viajan sin apuros, como las almitas peregrinas que vagan por el mundo y como algunas estrellas fugaces que a veces se dejan caer, muy lentamente,  en los cielos del sur», de España y Andalucía, en este caso.

Frecuentando este cielo del sur, he recordado ahora que también tenemos el deber de aportar belleza en la vida, algo que nos enseñó un poeta andaluz del siglo XVIII, Dionisio Solís, cordobés por más señas, que se formó en esta ciudad, Sevilla, dejándonos un ejemplo precioso sobre «decir bellezas», escribirlas también, tal y como lo recoge mi preciado Diccionario de Autoridades, algo de lo que estamos también muy necesitados, porque quien busca belleza la encuentra y quien la recibe, la entrega. Es a través de una seguiriya, Al retrato de una dama, cuando lo dice todo a los escuchaores del Sur: Al retrato de Anarda, / todos atiendan, / que aunque yerre las coplas / diré bellezas. Decirlas es «hablar oportunamente, con gracia y donaire sobre alguna materia, o discurrir con erudición y primor: como se suele decir de un gran Orador o de un hombre discreto y docto, que ocasionan deleite en los que los oyen discurrir y hablar».

Momentos como los que estamos viviendo en este país, nos alejan de la belleza, encanto y alegría, una secuencia existencial necesaria, dañada continuamente por la política contaminada de algunos partidos, que nos asola sin compasión alguna. En estos tiempos de turbación general, una mudanza metafórica que me permito, escapando de la recomendación de San Ignacio, es visitar por Internet el Hermitage y contemplar allí Las Tres Gracias de Canova, en su primera versión, que representan la belleza, el encanto y la alegría, porque existen a pesar de todo. Un escultor lo representó de forma maravillosa y cada uno de nosotros, al esculpir nuestra propia vida, podemos dar forma a nuestra forma de ser y estar en el mundo aprendiendo de este modelo y de la secuencia existencial que nos transmite. No hay que olvidar que la vida es bella, que tiene su encanto, aunque reconozco que «somos tristeza / por eso la alegría / es una hazaña» (Mario Benedetti, Rincón de Haikus, 132).

Camino en belleza para que todo en belleza acabe

Hoy, como casi todos los días cuando me pongo a escribir sobre la página en blanco, he tomado conciencia de algo que aprendí de Eduardo Galeano leyendo su precioso libro, El cazador de historias: “Camino y en mis adentros las palabras caminan también, en busca de otras palabras, para contar las historias que ellas quieren contar. Las palabras viajan sin apuros, como las almitas peregrinas que vagan por el mundo y como algunas estrellas fugaces que a veces se dejan caer, muy lentamente,  en los cielos del sur. Las palabras caminan latiendo. Y en esos días, por pura casualidad, me entero de que en lengua turca caminar y corazón tienen la misma raíz (yürümek, yürek) (1).

En la serie que dediqué este verano a Eduardo Galeano, bajo el epígrafe “El buscador de historias”, comencé esa andadura con unas palabras dedicadas a los caminantes del mundo, en las que decía que él había escrito ese libro a modo de testamento espiritual, porque “a través de innumerables historias nos entrega su alma convertida en palabras recogidas en cuatro capítulos de su vida, «Molinos de tiempo», «Los cuentos cuentan», «Prontuario» y «Quise, quiero, quisiera», que agrupan palabras sentidas y sintientes para él y para todos, en un ejemplo de su generosidad literaria y de compromiso activo a través de la palabra. El último, «Quise, quiero, quisiera», corresponde al poema navajo [que da título a estas palabras] y que escogió personalmente para abrochar su obra, con tres tiempos verbales que encierran en sí mismos toda su vida y que he elegido para abrir el largo caminar de estas líneas”.

Caminar y buscar se funden en un abrazo de la vida que me acompaña todos los días para seguir caminando el mundo en el que vivo, estoy y soy. Siento como mías las palabras de Galeano, porque en cada camino y búsqueda diaria del sentido de la vida, las palabras caminan también en mis adentros, “en busca de otras palabras, para contar las historias que ellas quieren contar”, como me ocurre ahora mismo al teclearlas y dejarlas con su vida adentro. Sé que ellas viajan sin apuros, porque caminan latiendo, sobre todo cuando ya sé que en nuestros antepasados turcos, caminar y corazón tienen la misma raíz (yürümek, yürek).

En la orilla que me encuentro en la actualidad, en la singladura que inicié hace unos días para seguir buscando islas desconocidas de esperanza, en un mundo terco que se encarga a diario de arrebatárnosla, considero que Galeano me acompaña para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando pasado el ecuador de esta pandemia nos acercamos a una isla especial que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos: el principio esperanza, que se inspira en el camino de la belleza que puede presentarse en la vida de cada uno cuando nos lo proponemos: Que en belleza camine. / Que haya belleza delante de mí / y belleza detrás / y debajo / y encima / y que todo a mi alrededor sea belleza / a lo largo de un camino de belleza / que en belleza acabe. Él lo cuenta de una forma especial al detallarnos la historia de la tribu Pawnee, junto al río Platte, en el relato Las Estrellas (2), del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo que late a través de la palabra, que nos queda y… además, es bella:

A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen.
Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer.
Y quisieron conocerse.
La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste.
Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo.
Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién.
Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo
.

(1) Galeano, Eduardo, El cazador de historias, 2016. Barcelona: Siglo XXI España.

(2) Galeano, Eduardo, Ibidem, p. 20.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Nuestro cerebro se podrá jaquear

Sevilla, 3/II/2023

Es una evidencia científica comprobable que el cerebro se puede hackear (utilizaré de aquí en adelante la acepción en español jaquear, porque así lo recoge ya el Diccionario de la lengua española de la RAE), definiendo la palabra como “Introducirse de forma no autorizada en un sistema informático” que, aplicado a la cuestión que trato hoy, se podría entender como “Introducirse de forma no autorizada en el cerebro humano”. El asunto es de importancia trascendental y muestra de ello es que se ha celebrado recientemente, en Santiago de Chile, un encuentro denominado Congreso Futuro, Sin límite real, en el que ha participado la doctora Divya Chander, experta en neurociencia, en el Bloque 22, con la denominación de “Cómo lo hacemos. Desatar los límites”, alertando sobre el desarrollo de las interfaces cerebro-máquina (BCI), “porque están modificando lo que significa actualmente ser humano. “Estamos redirigiendo la especie humana. Todo lo que nos implantamos cambia el cerebro”, sostiene la presidenta de Neurociencia de la Singularity University, la universidad de Silicon Valley”, según recoge una entrevista muy interesante publicada en el diario El País. Ante la pregunta de si somos jaqueables, algo que afirma rotundamente la doctora Chander, responde lo siguiente: “Sí, hay dos formas en que podemos ser hackeados. Una es a través de un aparato electrónico de uso personal, como tu teléfono o computadora. Puedes tener información que deseas proteger y que alguien encuentre la manera de acceder y tomar esos datos o escuchar algo que no quieres. Si tienes un dispositivo implantable, como puede ser una interfaz cerebro-máquina o un desfibrilador cardíaco, la señal puede ser secuestrada, al igual como se puede hurguetear en tu móvil. Es como un tipo muy básico de piratería electrónica digital. La otra forma realmente interesante es intervenir el circuito neuronal y cambiarlo o mover patrones de aprendizaje y memoria. Eso es aún más extraño y aterrador, pero no digo que estemos en ese punto de Matrix”.

Después de narrar experiencias actuales para mostrar los avances científicos en estas interfaces cerebro-máquina, la doctora Chander responde a una cuestión esencial, ¿Qué cree usted que va a pasar? Con una visión a la que denomina “distópica”: “Creo que estos movimientos pro interfaces cerebro-máquina, mejora cognitiva, miembros biónicos, etc. van a hacer uso de estas tecnologías. Ellos estarán en un extremo. Luego, en el medio, habrá personas que no sabrán cómo se sienten al respecto, pero que encontrarán genial que se usen para sanar a pacientes. Y en el otro extremo estará el grupo que diga ‘Vine a la tierra de esta manera. Así me hizo Dios. No me toques. Esto es moralmente incorrecto’ ¿Qué va a pasar? Un grupo lo va a hacer y se volverá increíblemente poderoso. Van a mejorar cognitiva y físicamente. Y el grupo del otro extremo se va a quedar rezagado. Y habrá guerras y terrorismo entre los dos polos y unos tratarán de subyugar a otros”.

He abordado los problemas expuestos anteriormente a lo largo de muchos años en este cuaderno digital, básicamente desde una postura de defensa de la ética digital, que existe, pero respetando como paso previo inexcusable la existencia de una ética cerebral. Así lo expuse con carácter divulgativo en mi libro Origen y futuro de la ética cerebral, publicado en 2014, donde en su prólogo afirmaba lo siguiente: “Siempre hay razones de la razón, mucho más que del corazón, para reflexionar sobre el fundamento de las razones éticas que justifican las decisiones humanas, sobre todo en una época histórica en la que los llamados “valores” están en entredicho o simplemente arrinconados por la sociedad que nos ha tocado vivir. También, porque todas las religiones, sin excepción alguna, están pasando una factura a la historia en plena crisis de sus fundamentalismos, que intentaban e intentan justificar la razón última de todas las cosas, de todos los actos humanos. Y cuando se habla de valores hay que acudir irremediablemente a la razón de esos actos humanos, la que los justifica, en una búsqueda que tenga sentido. No hacemos nada porque nos da la gana o porque hemos nacido así, sino porque siempre hay una causa, consciente o inconsciente, que nos lleva a actuar de una determinada forma o de otra, desde la perspectiva ética de cada uno. Tradicionalmente, se ha analizado esta situación como un auténtico problema ético y esa es la palabra, ética, la que intento desentrañar en los artículos que bajo el formato de post, se incluyen en este libro, previamente seleccionados de mi blog www.joseantoniocobena.com, que a lo largo de ocho años he escrito yendo del timbo al tambo, en una frase preferida y muy querida por Gabriel García Márquez. No he querido escribir un tratado de ética, pero sí ensayar una reflexión compartida de la razón y del corazón, que siempre coexisten, para abordar una tesis que me acompaña en mi persona de secreto desde hace ya muchos años. Se trata, nada más y nada menos, de intentar descubrir que los actos humanos nacen siempre de la solería que hemos ido instalando a lo largo de la vida en nuestro cerebro, es decir, el suelo firme que hemos construido en la vida diaria, que justifica todos los actos humanos, en frase muy feliz del Profesor López Aranguren, que aprendí hace también muchos años, pero que nunca logré comprender bien hasta que descubrí qué es el cerebro y qué papel juega en nuestras vidas y en su proyección ética. Esta es la razón de ser de este libro, entregar a la Noosfera, a la malla pensante de la humanidad, es decir, a aquellas personas que lo quieran leer con pre-ocupación [sic] e interés social, unas reflexiones que demuestran que el cerebro es la base donde residen todos los actos humanos, el lugar donde se forja la historia de cada uno, su intrahistoria, en una estructura cerebral que se llama hipocampo, por ejemplo, y entre muchas otras como podrán comprobar, que trabajan incansablemente con independencia de lo que queramos hacer y entender cada día. Espero que les sea útil. Cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente «solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso y que espero que este libro ayude a conocerlas bien, para justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo”.

No sé si he aclarado bien mi posición en relación con los jaqueos del cerebro, una estructura tan compleja y maravillosa que ofrece una identidad única a cada persona, a lo largo de su vida, su suelo firme, su ética para actuar en busca de la gran misión de la inteligencia humana: resolver los problemas del día a día, ayudados, eso sí, por la inteligencia digital, la que usa de forma racional las tecnologías de la información y comunicación para estar informados, no permitiendo intrusiones salvajes aunque lleven apellidos científicos y éticos; también, para ser más libres y emitir juicios bien informados.

Encuentros como Congreso Futuro, Sin límite real, celebrado el pasado mes de enero en Chile, son fundamentales para el debate científico y humano sobre nuestro presente y futuro. En cualquier caso, estamos avisados, entre otros científicos, por la doctora Divya Chander. Es lo que hoy, siguiendo a Ítalo Calvino, quería dejar claro cuando me he enfrentado a la pantalla en blanco de mi ordenador: compartir con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera, algo esencial, que el cerebro no se debería jaquear, amparado por legislación digital específica y con alcance universal, como derecho humano, aunque estoy convencido de que en un día no muy lejano será posible hacerlo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!