Caótica es una niña buzo imprescindible

Mas el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros…

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La realidad y el deseo

Sevilla, 3/VIII/2022

He leído con tristeza la carta abierta a los lectores que la librería Caótica ha publicado en su página web y de la que se han hecho eco los medios de comunicación social, explicando la difícil situación que está atravesando el proyecto cultural que nació hace ya muchos años en esta ciudad, que siempre lo ha necesitado, porque sabemos que Sevilla es más de bares que de librerías. De esta carta entresaco algunos párrafos que explican bien la delicada situación que están atravesando y que merece el apoyo de todas las personas que amamos el mundo del libro: «Nacimos como proyecto cultural cooperativo, sin ánimo de lucro, con una clara vocación de fomento a la lectura, para calar en todas las edades, y una idea fija: el activismo cultural. No dudamos en crear un proyecto de cultura del libro más generoso, amplio y enriquecedor para nuestra ciudad. Y, para ello, era necesario un local de mayores dimensiones, para ofrecer mayor fondo, mayor número de secciones, más espacio para deambular entre libros, para inculcar que “leer importa” y más aforo para actividades culturales, las grandes protagonistas. Un espacio que no fuera, tan sólo, un almacén de libros. […] Desafortunadamente, además de retrasos en el pago, hemos sido incapaces de pagar los últimos tres meses. Por lo que hemos recibido, de parte de la propiedad, una demanda de desahucio. A pesar de haber estado obligados a mantener la vigencia de un aval bancario por toda la duración del contrato del alquiler que cubra esta situación, la propiedad ha optado por la medida drástica del desahucio, entendiendo que no confía en nuestra permanencia ni nuestra solvencia, pero sobre todo privándonos de nuestro derecho a disfrutar del resto de vigencia de nuestro contrato por cinco años más, en los que amortizaríamos la fuerte inversión inicial realizada en el local y en los que cumpliríamos con nuestro plan de negocio para cumplir el ciclo del proyecto que iniciamos en 2017, el proyecto por el que tanto hemos trabajado los libreros y libreras de Caótica. Nos priva de ese derecho. Nos desahucia».

Como muestra de solidaridad con el proyecto y junto a la divulgación de la necesaria participación económica en la campaña que han lanzado por todos los medios de comunicación posibles, vuelvo a publicar el artículo que vio la luz en este cuaderno digital el 17 de febrero de 2020, Caótica, una librería singular, pocos días antes de que se declarara la pandemia de la COVID-19 que, de forma brutal, tanto daño ha hecho a la cultura en general y a las librerías en particular.

Siguiendo a Cernuda, Caótica, un gran trabajo humano, merece la atención de las personas que amamos la cultura y el precioso mundo de los libros.

Caótica, una librería singular

Sevilla, 17/II/2020

La extravagancia de Caótica, una librería que está muy cerca del kilómetro 0 de Sevilla, en la calle José Gestoso, se muestra en espacio cultural con una singularidad especial, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739 (RAE), con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida.

Ya he manifestado en diversas ocasiones , en este cuaderno digital, que Sevilla no es una ciudad de librerías sino de bares. Lo curioso es que Caótica ha incorporado en su zona de usos múltiples, un bar con una visión diferente, en el que cualquier cosa que tomes te sabe diferente al leer el mensaje que preside la barra más larga del mismo: “Somos el resultado de los libros que leemos, los viajes que hacemos y las personas que amamos”.

Es muy interesante conocer la experiencia diaria de esta librería, sus proyectos, el mundo de la cooperativa hecho realidad cultural en sus diversas formas de participar en el proyecto. Cuando entro en ella, no olvido los tres sueños de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella: distinguir el norte del sur (que también existe); leer a Schopenhauer, por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida y, en tercer lugar, abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee.

En Caótica te envuelven los libros y regalos en papel negro. Allí hay una persona anónima que pone orden al caos del mercado habitual en la compraventa de libros, dibujando con colores llamativos múltiples dibujos a los que acompaña siempre el nombre con el que desees llevarte el recuerdo principal de esa librería singular. Y la bolsa de papel ecológico en la que depositas unos regalos especiales llamados libros, lleva la imagen de una niña-buzo, imagen que preside la librería: “una obra realizada por el artista Alejandro Vicuña que encierra una simbología en sintonía con el origen —renacer— de Caótica. La ‘niña-buzo’ está coronada por el azul del cielo de la ciudad y bañada en el amarillo que la rodea, un color que para Caótica representa la reinvención. Es una niña desprotegida en medio del asfalto pero que no teme a nada, una niña valiente que se enfrenta a la jungla urbana y al conflicto para bucear por el océano cultural, y hacer del caos un lugar luminoso. Unas gafas, unas aletas y un tubo de respiración son su único equipaje para explorar el mundo que la rodea y para navegar entre libros sin miedo a la aventura”.

En el relato de la Creación, se dice que la tierra estaba “hueca y vacía”, es decir, era un caos total. Lo maravilloso es constatar que durante muchos siglos abuelas y abuelos, madres y padres, contaban, recordando a sus antepasados en los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, que Dios vio ese caos, que todo era caótico, insuflando el ruaj, el espíritu, cerniéndose sobre la haz de las aguas. A partir de aquel acontecimiento, se creó todo pero, especialmente, a la mujer y al hombre. Si todo era bueno, en riguroso hebreo, cuando creó al ser humano vio Dios que “era muy bueno”. Un adjetivo, muy (meod), que desde entonces ha impregnado de esperanza de vida a este loco mundo, dando una respuesta magistral para poner orden en una situación caótica el universo, de la materia: la llegada del ser humano, la aparición del habla, de la palabra. Algo muy bueno, evolución en estado puro y lo más importante: es un relato que todavía se puede encontrar en la más pequeña librería del mundo.

Caótica tiene orden y sentido. Comprar un libro en ella, todavía más, porque demuestra singularidad: sirve con el talento, no imita otros, sino que beneficia el que ya le dio el cielo azul de Sevilla, la ciudad de la niña-buzo, su imagen más querida y perfecta.

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://caotica.es/caotica/

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Valldemossa y el más allá de un encuentro real

Lang Lang , Preludio en Re mayor, Op. 28: No. 15, Gota de Lluvia, interpretado en un piano Steinway & Sons Spirio, el 28 de agosto de 2019

… y la experiencia de la vida nos enseña que allí donde no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, no existe admiración poética ni goces artísticos capaces de llenar el abismo que se abre en el fondo de nuestra alma.

George Sand, Un invierno en Mallorca

Sevilla, 2/VIII/2022

Uno de los privilegios que me ha ofrecido la vida es conocer un pueblo mallorquín, Valldemossa, un claro objeto de deseo cultural que vi cumplido en el verano de 2016. Ayer volví a ver algunas de sus calles con motivo de la visita de la familia real, con el Rey Felipe VI a la cabeza, recordándome cada plano del reportaje vivencias inolvidables de rincones con encanto de ese pequeño municipio, una antigua alquería en el Valle de Muza (de ahí su nombre), conocido mundialmente por haber albergado en el siglo XIX al compositor polaco Fréderic Chopin y a su pareja de entonces, George Sand (seudónimo de su auténtico nombre y género, Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant), pero muy volcado hoy al turismo sacrificando su silencio de día para recibir el ruido del mundo, tan contradictorio con el espíritu monástico del que hacen gala sus habitantes a través de Chopin. George Sand vivió junto a Chopin una arriesgada aventura de amor en Mallorca en las postrimerías del siglo XIX, concretamente desde el 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839, unos años después de la desamortización de la Cartuja de Valldemossa, donde finalmente se hospedaron. 

En aquella visita anunciada de 2016 y antes de asistir al concierto programado en el homenaje anual a Chopin, estando cerca del lugar donde vivió días muy difíciles, recogidos en una obra de George Sand, que recomiendo especialmente, Un invierno en Mallorca (1), visitamos la Fundación Cultural Coll Bardolet, donde se exponen pinturas del pintor catalán que da nombre a la entidad, Josep Coll Bardolet, que cedió a Valldemossa, lugar donde vivió más de 60 años. Su obra es un canto permanente a la naturaleza, la tradición y el amor a la vida. Aquella noche musical, el protagonista era un pianista coreano de fama internacional, Kung-Woo Paik (Seúl, 1946), reconocido intérprete de la obra de Chopin y que pude corroborarlo durante el concierto que ofreció en la Cartuja, junto a la celda donde el compositor polaco escribió diversas obras, ya citadas en la serie que escribí sobre aquel viaje hacia una isla desconocida para mí y que se puede leer de nuevo en este cuaderno digital. El ambiente para componer el maravilloso Scherzo número 3, entre otras obras suyas, que interpretó Paik con manos maestras de setenta años, lo imaginé en el contexto de su duro invierno de 1883-1884 en aquella Cartuja tan fría, desamortizada, que le prestó acogida después de haber sido expulsado de mala manera de su residencia anterior.

Paik salió de la celda de Chopin, convertida en un camerino muy especial con motivo del concierto, para subir al pequeño estrado que habían habilitado junto a ella y después de los aplausos de bienvenida se situó a duras penas ante el piano Steinway & Sons preparado para la ocasión, que tocaría maravillosamente segundos después, con una iluminación muy doméstica, porque a petición del intérprete tuvieron que localizar en la casa aledaña a la Cartuja unas lámparas de pie para iluminar su teclado, en una imagen que se comenta por sí sola y que Paik no entendía por mucho que los organizadores del concierto se esforzaran en solucionarlo de forma artesanal y doméstica, poco profesional. Aquí en este país, resolvemos siempre estas situaciones diciendo que “son cosas del directo” o “caprichos de artistas” [literal, aquel día], pero fue una situación lamentable. Sobre todo, porque conservaba en mi mente el relato de George Sand, la pareja sentimental de Chopin, sobre la celda que habitaron y donde “el enfermo”, que nunca fue citado por su nombre, buscaba en la composición diaria la comprensión de su mundo de secreto tan singular, donde unas gotas de lluvia podía elevarlas a los cielos de la música, como ocurrió en un Preludio muy conocido, homónimo (op. 28, 15). Sentí la soledad en aquel ambiente monástico y comprendí cómo Frédéric y George podían considerar la compañía que les ofrecieron desde el primer momento el boticario, el sacristán y María Antonia, una especie de ama de llaves que solo quería reconocimiento por su asistencia, sin interés económico alguno.

Las palabras anteriores son recuerdos de Valldemossa, más allá del paseo real de ayer tarde, en una estancia plebeya, pero que fue para nosotros de un encanto especial, aunque al finalizar aquella jornada nos devolviera este pueblo-alquería al principio de realidad de cada día, con preguntas que leí en el libro de Sand antes de viajar a Mallorca: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Efectivamente, un viaje siempre es un punto de partida para vivir nuevas experiencias, ir hacia alguna parte…, a un lugar escondido en el alma. Y esta razón de partir fue la que me impulsó a buscar aquel año en Mallorca algo más que viajar a cualquier precio, su valor intrínseco, algo que Chopin, junto a George Sand encontró en aquella isla, en aquella Cartuja, entregando al mundo obras inolvidables compuestas en su pianino Pleyel, “llegado en el mejor estado posible a pesar del mar y del mal tiempo, y de la aduana de Palma…”, que “llenaba la bóveda elevada y resonante de la celda con un sonido magnífico”, tales como algunos de sus Preludios entre los que destaca el llamado “Gota de Lluvia” (op. 28, No. 15), la segunda Balada en fa mayor op. 38, el tercer Scherzo en do sostenido menor op. 39 y una de las Polonesas, la op. 40. En cuanto al preludio Gota de Lluvia, Sand escribió sobre el compositor: “[…] Mientras tocaba el piano tuvo un sueño en el que se vio a sí mismo ahogado en un lago y grandes gotas de agua helada caían de forma regular sobre su pecho. Cuando le hice escuchar el sonido de las gotas de lluvia que, de verdad, estaban cayendo desde el tejado, rítmicamente, negó haberlas oído. Se enfadó mucho de que yo lo interpretara como la muestra de un sonido imitativo. Protestó con toda su fuerza -y tenía razón- contra la puerilidad de dicha imitación auditiva. Su genio estaba lleno de misteriosos sonidos de la naturaleza, pero transformados en sublimes equivalencias musicales en su pensamiento pero no a través de imitaciones sin originalidad de los sonidos reales».

Mas allá del paseo real de ayer, que como la música militar nunca me sabe levantar, recordé palmo a palmo el que realizamos aquella tarde por el pueblo-alquería, acompañados en cada puerta por un azulejo distinto dedicado a Santa María Thomàs, con textos que exaltan siempre la protección de cada casa y de cada familia. Después del concierto, salimos de aquella Cartuja tan lúgubre pero con el buen sabor de boca de las obras interpretadas por Paik, encontrándonos con una experiencia desoladora, porque el pueblo entero estaba cerrado, solo había calles solas y en completo silencio, sin posibilidad alguna de poder comentar en algún sitio acogedor la gran interpretación de Paik, con el que me hubiera gustado compartir su estancia en la celda de Chopin, más allá del actual reclamo turístico, sobre todo en un lugar que le ofreció una digna estancia en tiempos revueltos y cómo se había sentido al tocar los aspergios continuos del Scherzo 3, que según todas las fuentes oficiales fue compuesto en 1839 por Chopin en el “pianino” Pleyel [sic, en el libro original de Sand] que tanto trabajo había costado trasladar desde París hasta aquél lugar tan inhóspito en aquellos años del siglo XIX y … en aquel verano en Mallorca, en 2016.

Me imagino que cuando anoche desapareciera de aquel entorno maravilloso la caravana real, el preludio de Chopin Gota de Lluvia sonaría en sus calles para quien quisiera escucharlo, porque él todavía estaba allí para recordarnos que, cuando no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, hay que saber llenar los abismos en nuestras almas mediante la admiración poética y los goces artísticos. Palabras de la plebeya George Sand junto a Chopin, en Valldemossa, más allá de una visita real.

(1) Sand, George, Un invierno en Mallorca, 1975. Palma de Mallorca: Ediciones La Cartuja.

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Agosto es Beñesmer

Rafael Alberti y Nuria Espert, Lanzarote 1979

Sevilla, 1/VIII/2022

Cuando comienza este mes siempre lo recuerdo, desde hace ya bastantes años, con la denominación «Beñesmer», con una traducción preciosa, «Luna de Agosto», como se conocía en la cultura guanche, porque «era la festividad más importante de los aborígenes guanches (Islas Canarias). Era la fiesta de la cosecha y el día central del año de magos. En él, los guanches ordenaban los asuntos materiales, y festejaban y veneraban las tradiciones culturales y espirituales. Era considerada como el «Año Nuevo Guanche», que coincidía con la recogida de la cosecha». Me parece extraordinaria esta celebración, porque crea una identidad del tiempo en una cultura muy desconocida, teniendo en cuenta que el Imperio Romano apartó todas las culturas existentes en el mundo y el emperador Augusto hizo una de las suyas estableciendo este mes con su nombre y dedicado a él. La Historia es implacable y como buscador de islas descononocidas, en las que suceden historias con minúsculas que engrandecen el alma humana, vuelvo a publicar el contenido que dediqué en 2020 a esta palabra guanche que tiene hoy un sentido pleno en momentos difíciles para el mundo en general. Espero que esta «luz de luna llena» de agosto no se apague en los días y meses venideros, porque el mundo necesita salir del túnel actual y emprender un nuevo camino con ilusiones temporales que lleven la luz de luna dentro.

Agosto 2020 / 1. Beñesmer

En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:

Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital,  La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.

MESA DE TRABAJO SARAMAGO 2010
Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA

Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.

En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.

NOTA: la imagen de Rafael Alberti y Nuria Espert se recuperó el 1 de agosto de 2020 de https://biosferadigital.com/noticia/pastor-de-vientos-y-volcanes-el-rastro-de-alberti

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Blanca Andreu, escritora entre silencios

Sevilla, 30/VII/2022

El 18 de febrero de 2010, se presentó en Madrid una obra, Los archivos griegos, que hoy tiene una importancia crucial para conocer la trayectoria de una escritora de cuna gallega, Blanca Andreu (La Coruña, 1959), que así le gusta que la reconozcan como tal, aunque su obra emblemática era un compendio poético doloroso que escribió con tan sólo 20 años, De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, un conjunto de papeles desordenados que Francisco Umbral recogió de una papelera y que una vez ordenados los presentó al premio Adonais, en 1980, obteniéndolo por unanimidad del jurado y sin que la autora conociera tal evento, porque Umbral no se lo comentó. De esta obra ella recuerda que “el Adonais me hizo mucho daño porque era una obra muy atormentada, aunque estaba llena de metáforas. Eran cosas que me dañaban a mí y a otras personas que me conocieron en alguna ocasión. Las poesía afecta para bien y para mal”.

¿Por qué he citado esa presentación en Madrid de Los archivos griegos, para hablar de Blanca Andreu? Fundamentalmente, porque aquél día de febrero, en Madrid, sé que el poeta y escritor Juan Cobos Wilkins, que presentó el acto, al que citó mal el cronista del diario El País que elaboró la reseña, dijo de ella algo muy importante, que valoro especialmente por mi amistad histórica con Cobos Wilkins, así escrito correctamente: “el nuevo libro de Andreu muestra el compromiso del poeta con el mundo. Donde hay madurez, belleza y transparencia”. Para mí, una patente de corso para reconocer hoy a esta escritora entre silencios. Una conversación entre Blanca Andreu y Juan Cobos Wilkins, que les recomiendo escuchar y ver, me ha ayudado a comprender su amistad madura, bella y transparente, a lo largo del tiempo.

El compromiso de Blanca Andreu con el mundo se ha llevado a cabo en muy pocas obras publicadas, aunque con una vida sorprendente que invito a conocer a través de un artículo excelente de Manuel Jabois en el diario El País, Blanca Andreu, la poeta que triunfó a los 20 años y prefirió desaparecer: “Me halaga que me crean muerta”, donde afirma algo aleccionador en la entradilla: “La autora, que se alejó de la fama después de ganar los premios más importantes en los ochenta, habla desde su retiro del proceso creativo, de su relación con Juan Benet y su vida fuera de los focos: “Yo no sabía que la gloria era dar la cara”.

Es una escritora creyente, según la definición de creencia del filósofo en el exilio, durante la dictadura de este país, José Ferrater Mora, al que conocí hace ya muchos años y estudié en profundidad, cuando en un libro precioso, que aprecio mucho en mi clínica del alma, mi biblioteca, El hombre en la encrucijada, manifestó algo muy importante para resolver el enigma de vivir con creencias, algo que está presente siempre en la obra de Andreu (1). Él decía que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar. Puede ser una buena forma de encontrarnos cara a cara con el niño o niña que fuimos y que nunca debimos abandonar para resolver el enigma de vivir dignamente.

Cualquiera de las obras de Blanca Andreu, nos acercan a estas creencias, a sus silencios históricos, a su respeto reverencial a la dignidad y pudor de lo que se escribe, porque después de publicar algo que se ha escrito hay que explicarlo con ribetes de coherencia personal. Desde De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, un título sorprendente para un premio tan “religioso”, publicado por RIALP, editora confesional donde las haya y muy cerca del Opus Dei, hasta Los archivos griegos, transcurren treinta años de profundo silencio, sólo salpicados de alguna publicación también premiada que consolidan su obra breve, algo que declara y sin falso pudor que hizo por si conseguía el dinero de los premios, porque lo necesitaba. De este intervalo es una obra preciosa, El sueño oscuro, dedicada a Juan Benet, su pareja inseparable hasta el fallecimiento del ingeniero y escritor, donde figuran dibujos de él y a quien dedicó el libro recopilatorio de poemarios importantes.      

Algo que me ha sorprendido de su visión teológica de la vida desde su niñez, es la amistad que conservó siempre con Vicente Ferrer, a quien recuerda en su famosa expresión de «hacer cada día una buena acción». Él está presente en este blog, en su cabecera, desde casi su creación, porque creí siempre en él y lo sigo haciendo en la ardua tarea de la Fundación en Anantapur, la ciudad del infinito, en hindi. Blanca Andreu no lo olvida: “No practico ninguna religión, pero tengo mucha fe. Pienso en cómo tengo que gestionar mi vida para poder hacer, como me decía Vicente Ferrer, la acción buena. Porque una vida tan solitaria no es una vida muy proclive a hacer cosas por los demás. En fin, también estoy implicada con la Fundación Vicente Ferrer. Tengo nueve cartas suyas que guardo como un tesoro. Me ayudó mucho tras morir Juan [Benet]”.

He encontrado a Blanca Andreu en plena singladura vital, algo maravilloso en un mundo plagado de malas noticias. Contaré con ella, ofreciéndole un asiento en la amura de babor de mi “Isla desconocida”, que nunca es inocente en su posición actual y navegando al desvío, leyendo un poema, Escucha, escúchame, en De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, como un grito desesperado para entender la vida: Escucha, dime, siempre fue de este modo, / algo falta y hay que ponerle nombre, / creer en la poesía, y en la intolerancia de la poesía, y decir niña / o decir nube, adelfa, / sufrimiento, / decir desesperada vena sola, cosas así, casi reliquias, casi lejos. Porque lo que nos hace sufrir más en la vida es la separación del niño o niña que siempre fuimos o la dura separatidad, cada día, de lo que amamos y nos hace felices por encima de todo.

(1) Ferrater Mora, José, El hombre en la encrucijada, 1965. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

NOTA: la imagen de Blanca Andreu se ha recuperado hoy de Blanca Andreu: De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall – Babab.com

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Las postales deberían volver este verano

Sevilla, 29/VII/2022

En julio de 2020 escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba por título Las postales eran para el verano, como aquellas bicicletas famosas de Fernando Fernán Gómez, de feliz memoria. Hoy, vuelvo a rescatar aquel texto íntegro, porque deseo que no se quede en el recuerdo nostálgico de esas tarjetas mágicas, sino en un compromiso que podríamos adoptar en el ecuador de este verano tan especial, enviando postales de nuevo a las personas que apreciamos y queremos. Voy a hacerlo personalmente, utilizando los medios habituales para tal menester: tarjeta postal, bolígrafo y sello. Sobre todo, escribiéndolas a mano, recordando la caligrafía que me enseñó mi querida maestra, Doña Antonia, a las que tantas veces he recordado en estas páginas.

Lo aprendí hace tiempo: “El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…” (1). Es lo que probablemente intentó explicarnos Gabriel García Márquez, hace ya muchos años, sobre el realismo mágico de sus palabras manuscritas, aunque él las escribiera con una máquina de escribir clásica que quizás superaba con creces la letra creada por la bola de tungsteno de su bolígrafo BIC de turno. Pero ese realismo tan personal probablemente estaba allí, muy pendiente de su mano creadora, al igual que estaba en mi infancia más próxima. Como para él lo estaba en la carta comunicando la pensión al coronel Buendía, que tanto esperó, mucho menos importante que lo que nos sucede en el día a día, cuando vamos como él del timbo al tambo de nuestras vidas. Algo parecido en este verano tan especial en nuestras vidas en el que, probablemente, recibir una postal de alguien que conocemos y queremos nos alegrará ese momento mágico, casi atemporal, que García Márquez siempre retrataba de forma magnífica. dando sentido a nuestras vidas.

Las postales eran para el verano

No es por pura nostalgia, que también (siendo sincero), sino porque en este verano tan especial es necesario recordar aquellas pequeñas cosas que hicieron felices, por definición, a millones de personas a partir del 1 de octubre de 1869, día en la que consta fehacientemente que se envió “la que se considera la primera postal de la historia. Viajó de la localidad austríaca de Perg a la de Kirchdorf, y tardó solo un día en llegar. El mensaje era breve y de carácter personal: el emisor preguntaba al receptor si le gustaría visitarlo”.

He leído con atención reverencial un artículo sorprendente sobre la historia de las tarjetas postales, Las postales no se inventaron para mandar saludos, sino para ahorrar costes, muy ilustrativo para conocer cómo y cuándo comenzaron a enviarse millones de tarjetas postales a lo largo de ciento cincuenta años de su historia. Si alguna palabra puede resumir qué es lo que reflejaba esta nueva forma de relacionarse las personas, era la concisión. Cuando se concibió como medio de comunicación, la economía global estaba presente en su formato: pequeña, formato homogéneo porque era impresa por el Estado, incluido el sello, no llevaba sobre y era de formato abierto que cualquiera podía leer, es decir, una auténtica revolución para la época que se podía resumir en una frase publicitaria: todo en uno. Se compraba, se escribía con brevedad obligada y se enviaba, tres pasos obligados pero que simplificaban de forma sorprendente el rito de escribir cartas, cada día más complejo en su fondo y forma.

Las tarjetas postales han formado parte de nuestras vidas. Recuerdo ahora cuando vivía en Roma y enviaba postales a mi familia y amigos, porque descubrí otra realidad que con el paso del tiempo ha evolucionado: la compra de los sellos. En Italia se rotulaban los estancos como “Sali, Francobolli e Valori Bollati”, sales, sello y papel timbrado, porque la sal fue un monopolio del Estado hasta 1973, con una larga historia desde el Imperio Romano. Sorpresas que me daba la vida en el viaje de una postal hacia alguna parte. De todas formas, nada cómo las postales que cuando era un niño escribía a la empleada de hogar que trabajaba en mi casa de Madrid, Marina, que me dictaba lo que quería decir, con palabras de amor, a su querido Juanito, que trabajaba como emigrante en Suiza, concretamente en Biel-Bienne. Eran textos imposibles, clásicos populares, con la entradilla clásica: “Espero que al recibo de ésta estés bien, nosotros bien gracias a Dios”. Yo avisaba a Marina que no me quedaba espacio para lo fundamental, pero ella se conformaba con que su novio supiera interpretar lo que una pareja en posturas imposibles y con el texto que figuraba en el anverso de aquella postal en blanco y negro, tan edulcorada, quería transmitir al receptor de la misma: “Tú eres mi destino y mi estrella, yo por ti todo lo cambiara” [sic], que no lograba entender en el tiempo verbal que utilizaba, pero que hacía todavía más imposible su comprensión. Lo de menos era lo que escribía con tanto primor y en letra inglesa en nombre de Marina a su novio, sino lo que ella quería que entendiera en palabras de toda la vida. Así, muchas veces durante años de la dura emigración española y que ahora olvidamos con tanta insensatez.  Las tarjetas postales fueron un salvoconducto para expresar sentimientos y emociones de lo que se veía y se quería teletransportar al receptor de turno, en “color por technicolor” y con pocas palabras, en una España que abusaba mucho del blanco y negro, como el de la postal imposible de Marina.

Las tarjetas postales han caído en desuso y han sido sustituidas por las redes sociales. Tenían su estación por excelencia, el verano. Ahora, en cualquier época del año existen mil formas de enviar imágenes y palabras que dejan atrás a un medio que fue revolucionario en su época y que tenía su encanto y su factor sorpresa. Su concisión, llena casi siempre de sentimientos y emociones, lo decía todo, con un secreto a voces que se esperaba con la ilusión de lo desconocido: alguien se había acordado de nosotros y se había molestado en dar varios pasos por mí, por nosotros: elegir la tarjeta, escribirla, ponerle el sello (con lengua o esponja mojada) y echarla al buzón.

Para no olvidarlo hoy, en tiempos difíciles, porque el texto era casi lo de menos. Yo sabía que la persona que me la envió en alguna ocasión, al escogerla entre miles de postales posibles,  pensaba de mí que yo era su destino y su estrella y que por mí, todo lo cambiaría.

NOTA: la imagen, que recoge el anverso y reverso de la primera tarjeta postal de la historia, se ha recuperó el 12 de julio de 2020 de: https://www.ausstellung-postkarte.de/

(1) Millán, José Antonio (2015, 22 de octubre). El misterio de las palabrasEl País.com.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Sí, me preocupa lo que puede llegar a este país

Fotograma del anuncio Prohibido bajar los brazos

Sevilla, 28/VII/2022

Llevo escuchando y viendo determinados mensajes publicitarios en las últimas semanas, no inocentes, junto a imágenes muy cuidadas desde la perspectiva subliminal, que deseo compartir en una reflexión sobre las fronteras actuales de la ética de la comunicación social. He elegido tres muestras de anuncios y una última de cierre. Leer estos guiones y visualizarlos junto a las imágenes que las acompañan, cuestión imprescindible para entender mi mensaje hoy, pueden ayudarnos a comprender que algo no funciona en este país de bares, que no de librerías.

Si vas a darle una vuelta a todo, decide tú la dirección.

Responde con total libertad, ¿dónde te ves en cinco años?, ¿crees en el amor para toda la vida? La pandemia te ha hecho más distante, ¿superhéroe favorito?, ¿cuáles son tus puntos fuertes?, ¿y los débiles?, ¿qué es para ti el éxito?, ¿qué es el arte?, ¿dónde irías si pudieras volar? Defínete en una frase, ¿cómo definirías el color dorado?, ¿estás pensando en dar un giro a tu vida? Si vas a darle a una vuelta a todo, decide tú la dirección. Si fueras un animal, ¿cuál serías? (todo ello acompañado por la canción “Territory“, interpretada por The Blaze).

Aquí, ahora y así.

Mensaje a…: Necesito que me escuches, necesito unas vacaciones, no necesito irme muy lejos de aquí, lo que necesito es irme muy lejos de ti, no necesito tu pesimismo, ni tus dudas, ni tus miedos. Han sido dos años muy duros y ahora necesito tu lado bueno. Ahora necesito estar con la gente que quiero, que me ayude a creer en mí; ahora necesito y comer cosas buenas que me hagan feliz. Inspírame a probar cosas nuevas, necesito un cambio, deja de decirme que vendrán tiempos mejores (suena de fondo una canción, Aquí, ahora y así…, escrita por Rigoberta Bendini e interpretada por Santi Balmes). El tiempo que nos ha tocado vivir es mi vida y ahora sé cómo quiero vivirla (cierra este guion una frase en off: enviar este mensaje a mí mismo).

Prohibido bajar los brazos.

Hoy ha sido un día duro y he estado trabajando como un perro. Hoy ha sido un día duro, debería estar durmiendo como un tronco. Pero cuando llego a casa veo que las cosas que haces harán que me sienta bien. Sabes que trabajo todo el día para ganar dinero con el que comprarte cosas. Y merece la pena sólo por oírte decir que vas a dármelo todo. Es por eso que me encanta llegar a casa, porque cuando te pillo a solas sabes que me siento bien. Cuando estoy en casa todo parece estar bien, cuando estoy en casa sintiendo que me abrazas fuerte. Hoy ha sido un día duro y he estado trabajando como un perro. Hoy ha sido un día duro, debería estar durmiendo como un tronco. Pero cuando llego a casa junto a ti veo que las cosas que haces harán que me sienta bien.

Tengo que declarar ya que estos mensajes los he escogido de tres campañas de compañías cerveceras en este verano: El Águila, Estrella Damm y Estrella Galicia, aunque hay más donde escoger en un despliegue mediático sin precedentes, donde beber es algo bueno, que nos ayuda a alcanzar metas. Inquietantes campañas, inquietantes textos, inquietantes imágenes, que resumen bien lo que la última empresa quiso explicar previamente a sus clientes, según afirmó antes de la campaña Santiago Miguélez, director de Marketing Iberia de Hijos de Rivera, con motivo del lanzamiento de la acción Que hable la cerveza: “Hemos querido que nuestro mensaje llegue primero a nuestros consumidores habituales, a quienes piden una Estrella Galicia en su bar de siempre. Es nuestra forma de mostrarles todo lo que hemos aprendido de ellos: que por muy difíciles que se pongan las cosas, nunca hay que bajar los brazos”. Sobran palabras: ha hablado la cerveza.

Decía al principio que había elegido cuatro muestras. La cuarta es para cerrar esta reflexión de verano, porque ante lo expuesto con técnicas subliminales y directas en muchos casos, no olvidando especialmente el mensaje “que hable la cerveza”, me quedo muy pre-ocupado (con guion) con tanto consumo de alcohol y con el señuelo de los protagonistas de los anuncios que he desarrollado al comienzo de estas líneas: Si vas a darle una vuelta a todo, decide tú la dirección, Aquí, ahora y así y Prohibido bajar los brazos. Me refiero a la campaña de Vodafone, Non ti preoccupare, “no te preocupes” en italiano, que viene a decir que no hay que preocuparse por nada, porque con ellos todo es más fácil y todo está resuelto no sólo en el mundo de la comunicación. La canción de fondo, Arriva, arrriva, de Filipo María Armeni (Z100), un auténtico éxito de los 90, hilo conductor del anuncio, lo deja bien claro: Llega, llega, lo que tiene que llegar,  no te preocupes, no te preocupes // Lo que se supone que tiene que llegar, no llega. Preocúpate entonces, preocúpate.

Obviando la cerveza, que personalmente no quiero que me hable, quiero seguir pre-ocupado (con guion), es decir, ocupado con carácter preferente en seguir luchando por un mundo diferente, transformando día a día aquello que no me gusta, las pequeñas cosas, sabiendo que lo que tiene que llegar, que siempre deseo que sea lo mejor para todos, debe ser un motivo de pre-ocupación a la hora de tomar decisiones bien informadas, en el aquí y ahora de cada uno y sin bajar los brazos ni siquiera un momento. Lo mismo que dicen los anuncios, pero sin gota alguna de alcohol, en un ejemplo claro de ética 0/0. Eso sí, pre-ocupado con el ocaso de la democracia en este país, sumido en una borrachera de ideologías y creencias cada día más evidente.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Paula Rego, una pintora rebelde, imprescindible

Sevilla, 27/VII/2022

Paula Rego (Lisboa, 1935 – Londres, 2022), una pintora portuguesa, rebelde con causa, que pintó de forma continua el mundo de la mujer en episodios de vida no amables para ellas, falleció el mes pasado en Londres, ciudad que la acogió durante muchos años de su azarosa vida, coincidiendo actualmente con la exposición temporal de parte de su obra en el Museo Picasso de Málaga, inaugurada el pasado mes de abril y que finalizará el próximo mes de agosto. Creo que el mejor homenaje que se le puede ofrecer ahora es reconocer su obra y amplificarla por todos los medios posibles, porque es fascinante su intramundo pictórico.

La sinopsis oficial de la citada muestra, sintetiza en pocas palabras la obra ingente de la artista: “La exposición de Paula Rego (Lisboa, 1935 – Londres, 2022) presenta la obra de una artista insobornable de extraordinaria imaginación que ha redefinido el arte figurativo y revolucionado la representación de las mujeres. La exposición refiere su notable trayectoria, poniendo de manifiesto el carácter autobiográfico de buena parte de su arte, el contexto sociopolítico donde hunde sus raíces y el amplio espectro de sus puntos de referencia, desde el cómic hasta la pintura de historia. A través de más de ochenta obras, entre collages, pinturas, pasteles de gran formato, dibujos y aguafuertes, el recorrido abarca desde sus trabajos en los años sesenta hasta las escenas ricamente estructuradas y estratificadas de las dos primeras décadas de este siglo. Sus pinturas, collages y dibujos de los años sesenta y setenta se oponen con pasión y fiereza a la dictadura portuguesa, utilizando una diversidad de fuentes de inspiración entre las que se cuentan el anuncio publicitario, la caricatura y la noticia de prensa. También se exploran los cuentos populares en cuanto representaciones de la psique y el comportamiento humanos, como en Blancaflor, El demonio y su mujer en la cama (1975). En 1980 Rego abandonó el collage y regresó a la pintura, combinando recuerdos de la infancia con sus experiencias de mujer, esposa y amante. La exposición ofrece obras importantes de esa época: ejemplos de la serie “Las niñas Vivian”, donde las niñas se rebelan contra una sociedad coercitiva, y las pinturas seminales que cimentaron la fama de la artista. A lo largo de toda su carrera Rego se ha mostrado fascinada por la narración de historias. En la exposición figuran grabados pertenecientes a su serie Nursery Rhymes (1989), donde se sumergió en la extrañeza y la crueldad de las canciones infantiles tradicionales de Gran Bretaña. En su condición de primera artista residente en la National Gallery, Rego también se ha inspirado en la historia del arte, tejiendo alusiones a maestros como Hogarth y Velázquez en pinturas donde las protagonistas son mujeres y el foco está puesto sobre su lucha hacia la emancipación, como La artista en su estudio (1993). Parte de la exposición son asimismo los pasteles grandes de figuras femeninas aisladas que Rego hizo durante las décadas de 1990 y 2000, en series como “Mujer perro” y “Aborto”, origen de algunas de sus imágenes más conocidas e impactantes. Las de la serie “Aborto”, que la artista se enorgulleció de ver integrada en la campaña por la legalización del aborto en Portugal, presentan a mujeres en el día después de un aborto ilegal. En Posesión (2004), otra gran serie de pasteles rara vez expuestos, la experiencia directa de Rego en materia de depresión y terapia se suma como fuente de inspiración a las fotografías preparadas de presuntas enfermas de “histeria” en el siglo XIX”.

Creo que es importante aprovechar esta oportunidad museística para contemplar la obra de Paula Rego e intentar asimilar sus mensajes explícitos en cada una de sus obras. Me ha llamado la atención una en particular, La artista en su estudio (1993), porque simboliza su forma de ser y estar en el mundo y en cada uno de los motivos que figuran en el lienzo: “La artista en su estudio se realizó recurriendo y combinando recursos clásicos de distintos géneros pictóricos. Los objetos que se incluyen hacen referencia a la vanitas clásica, es decir la pintura de naturalezas muertas que alude a la inevitabilidad del paso del tiempo. Rego se sirve también del retrato tomando ventaja del modo como este gran género en la historia del arte se sirve de la elección de los ropajes, los accesorios o la elección del ambiente para subrayar la clase social, la ocupación y el carácter de los personajes. La postura de la figura central está inspirada en George Sand, la novelista francesa del siglo XIX que firmaba con un pseudónimo masculino y que solía vestirse de manera considerada por entonces propia de hombres. Al igual que Sand, la figura de Rego juega con las convenciones de género, presentándose frente al espectador explícitamente abierta de piernas y fumando en pipa”.

A George Sand, seudónimo de su auténtico nombre y género, Amandine Aurore Lucile Dupin (baronesa Dudevant), pareja de Chopin,  dediqué también en un verano no lejano y en este cuaderno digital, unas palabras de reconocimiento expreso: Unos días de verano en Mallorca / 1. George Sand y Chopin. Hoy, junto a las de Paula Rego, simbolizan mi respeto por las mujeres rebeldes, imprescindibles, artistas en el arte de vivir despiertas, que luchan todos los días para entregar al mundo una forma diferente de aprehender la vida.

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Tina Modotti, una fotoperiodista social de belleza cansada

Sevilla, 26/VII/2022

El pasado 15 de julio se inauguró en Madrid una exposición sobre la fotoperiodista social Tina Modotti, organizada por el Museo Cerralbo y PHotoESPAÑA, que permanecerá abierta hasta el 2 de octubre de este año, en la que según la sinopsis oficial se hace “un recorrido, a través de 120 imágenes por la biografía y la obra de una de las grandes mujeres de la fotografía del siglo pasado. Con una brevísima carrera como fotógrafa, la italiana fue capaz de crear una estética de gran contundencia, convirtiéndose además en una de las principales reporteras de unos de los periodos más convulsos de la historia se México, país en el que residía y en el que murió. Tina Modotti nació en Italia (Udine, 1896) y falleció en México 46 años después. Esta mujer excepcional fue inmigrante en Estados Unidos, actriz de Hollywood, fotógrafa, revolucionaria, militante comunista, refugiada política y miembro del Socorro Rojo Internacional. Asumió desde muy joven un rol de mujer en oposición al imaginario social impuesto en la época. Y en el corto tiempo que duró su rica existencia buscó la belleza a través de la fotografía, y trabajó a favor de la justicia social desde la militancia política”.

Junto a estas palabras oficiales de presentación de Tina Modotti en la exposición citada, hoy reproduzco de nuevo el artículo que escribí sobre ella en enero de este año, Tina Modotti: el olvido de su belleza cansada, en el que desarrollo un retrato más íntimo de su vida y obra y, sobre todo, su presencia en España durante la Guerra Civil. Siempre que hay una oportunidad de rescatar en este cuaderno digital a estas personas imprescindibles de la vida, en el sentido más profundo de la palabra “imprescindible”, que aprendí hace ya muchos años de Bertolt Brecht, me sumo a tenerlas presentes en determinados momentos como éste, en el que vuelve Tina Modotti a Madrid, para que conozcamos su pasado estelar y su entrega a una determinada ideología que la marcó para siempre. Algo que necesitamos reforzar en estos momentos de desafección política en relación con ideologías que luchan siempre por salvaguardar el interés general de todos, sin olvidar jamás a los nadies de Galeano, tan cerca de nosotros y tan necesitados de atención personal y social para su presente actual. Como Modotti hizo a lo largo de su vida.

Tina Modotti: el olvido de su belleza cansada

Sevilla, 11/I/2022

Hoy, después de leer con suma atención un artículo excelente publicado en elDiario.es, me acerco a una historia fantástica que difícilmente se puede sintetizar en la brevedad de un post, aunque sí cumple el objetivo de este blog: descubrir una isla desconocida, en la que perdura la biografía de Tina Modotti (1896-1942), la actriz, fotógrafa y militante comunista italiana que nos presentó en sociedad la novelista, periodista y biógrafa Elena Poniatowska, Premio Miguel de Cervantes en 2013, en su obra Tinísima (1), a través de sus 663 páginas, publicada en México en 1992, donde “nos lleva por la fascinante historia de una de las mujeres más destacadas en el área artística y política de la primera parte del siglo XX […] Ella es retratada dentro del círculo en que se movió junto a personajes de renombre dentro del ámbito político cultural. Su amor por la justicia, el comunismo y la fotografía son las características que más se destacan dentro del relato y que bajo vivencias personales, y a pesar de sus no tan largos años de vida, la fortaleza de su carácter y visión de mundo son la fuerza de toda la narración. Los amores, amistades y relevancia de las ideas inmortalizan a una mujer carismática en épocas dadas entre guerras y revoluciones”.

En síntesis, la vida de Tina Modotti es un cúmulo de experiencias de revolución interior en un contexto social muy difícil en el primer cuarto del siglo XX, porque Tina Modotti, una mujer que nace en Udine en 1896, “[…] un pueblo italiano en el que había trabajado como obrera siendo casi una niña, viaja de adolescente a Estados Unidos en barco, testigo y parte de las migraciones masivas que tanto han tenido que ver con el norte, centro y sur de América. Luego se convierte en la joven fascinada con la posibilidad de un éxito veloz, propio del “american dream”, participa en películas mudas, descubre la vida de los artistas de vanguardia, recibe la adoración de los hombres, en particular la de su primer marido, Roubaix de L’Abrie Richey; y conoce a su segundo amor, amén de maestro de fotografía, Edward Weston. Posteriormente, huye de los rigores de la cultura anglosajona a México; se convierte en artista, en admiradora y modelo de Diego Rivera, y se adscribe a las utopías de progreso y revolución socialista mundial. Se une al pintor Xavier Guerrero y comienza a explorar las tradiciones y pasiones antimodernas del México posrevolucionario, lanzado hacia el futuro con toda su carga de atavismo. En este país se convierte en una diva, rodeada por una “pléyade” de artistas y personalidades públicas, y se hace famosa como fotógrafa. Conoce al revolucionario cubano Julio Antonio Mella, con el que vive una historia amorosa que está de algún modo presente en todo el texto [Tinísima], y que transcurre poco antes de que él fuese asesinado por sus enemigos políticos. Finalmente, es juzgada por conspiradora y expulsada de México por extranjera. Después de vagar una temporada en un barco que hace las veces de cárcel, comienza su periplo europeo, escenario de su relación con el revolucionario italiano Vittorio Vidali, y llega a transformarse en una suerte de Mata Hari, aunque bastante puritana, del espionaje soviético, y, tiempo después, en la militante sacrificada y humilde que sirve a los republicanos españoles como enfermera, cocinera y, alguna vez, traductora, olvidada de que fue en el pasado una fotógrafa talentosísima y original, tal como lo evidencian las frecuentes alusiones en la novela y las fotos que ilustran el texto. Prematuramente envejecida y aplastada por las decepciones y fracasos de su paso por la Alemania prenazi, La Unión Soviética y la Guerra Civil española, vuelve a México acompañada por Vidali y muere en este país a los cuarenta y cinco años” (2).

Cumplo hoy una misión: rescatar del olvido a una mujer extraordinaria que también colaboró en la lucha por la libertad de este país, formando parte de una memoria histórica que no deberíamos olvidar nunca, como narra con pulcro detalle Elena Poniatowska en el libro citado y que he leído con atención reverencial a pesar de la dureza de gran parte de las páginas dedicadas a Tina durante la guerra civil española en los años 1936 a 1939. Rafael Alberti, con quien compartió días muy tristes durante esa guerra tan descarnada, cainita y fratricida, junto a María Teresa León, hablaba así de ella: “Tina Modotti era una mujer extremadamente bella, pero a mí me pareció que era una belleza cansada, la de una mujer que había tenido una vida muy intensa, que había trabajado mucho…”, como atestiguan las veces que Elena Poniatowska la cita junto a él y su trabajo incansable en Madrid, a través de la organización denominada Socorro Rojo, en su trabajo diario como camarada Carmen, allí donde hacía falta, desde la enfermería hasta en la cocina del Hospital Obrero.

Su vida fue apasionante, una vida corta porque murió en México con tan sólo 45 años, mientras viajaba en un taxi, su país querido donde había crecido años antes como persona libre y comprometida con la política y la justicia social. La visión de Elena Poniatowska sobre Tina Modotti durante su estancia en España, comienza a detallarse en Tinísima a partir de la página 422, que he leído con atención para conocer su dura experiencia durante la guerra civil en Madrid y a partir de julio de 1936. Su periplo comienza como enfermera del Hospital Obrero y miembro del batallón femenino del Quinto Regimiento de Madrid, utilizando su nuevo nombre como camarada del Partido Comunista, María. Me ha llamado la atención la referencia al Batallón del Talento, en Madrid, que formaba parte del Quinto Regimiento, en el que figuraban Machado, Alberti, León Felipe, Miguel Hernández, Bergamín, entre otros, con misiones específicas con los milicianos y milicianas, sobre todo en el ámbito de la educación y la cultura, enseñándoles a leer y a escribir, junto a colaboraciones en el periódico Misión Popular.

Lo que me ha estremecido es conocer la cercanía de Tina con Antonio Machado en su exilio del país. Elena Poniatowska lo detalla a partir de la fecha en que Tina conoce las condiciones lamentables en la que Antonio Machado, su madre y su hermano José junto a su pareja, cruzaron la frontera francesa. En una reunión en París en febrero de 1939, en la que estaba presente Tina Modotti, el que fuera ministro de Exterior de Negrín, detalla cómo el doctor Puche llevó a Machado a la frontera y que sabía que estaba alojado en un hotel de Colliure desde el 29 de enero. Con anterioridad, Tina se había preocupado desde su estancia en Valencia como miembro del Socorro Rojo, de que había que ayudar a Machado a dirigirse a Francia. Tina viajó a Colliure y regresó llorando ante la situación de Machado y su madre, con 88 años. Gracias a su intervención, el Socorro Rojo dispuso que a todos los refugiados españoles se les ofreciera apoyo moral, material y orientación jurídica. De esta forma, el primer caso que se trata es el de Antonio Machado, su madre y su hermano José. A pesar de estas buenas intenciones nadie responde ante la situación lamentable de los Machado, falleciendo el insigne poeta el 22 de febrero de 1939, en una austeridad y olvido clamorosos, en soledad y con un féretro envuelto con el calor la bandera republicana. Como detalla Elena Poniatowska en su obra, Julián Zugazagoitia, que fue ministro de la Gobernación durante el gobierno de Negrín, presente en el fallecimiento de Machado como cónsul, pronunció ante el féretro del poeta, en francés, unas palabras teñidas de dolor y simbolismo: “Pobres españoles, han perdido la guerra porque todos son poetas”. En el fondo de su alma.

Los vídeos sobre Tina Modotti (primera y segunda parte), que se inician con el que figura en la cabecera de estas palabras, ilustran de forma suficiente la vida y obra de esta mujer de gran belleza interior, pero también de “belleza cansada” por su azarosa vida, tal y como lo pudo comprobar Rafael Alberti en la convivencia con ella durante los primeros años de la guerra civil española, de infeliz recuerdo, pero sí del necesario respeto que debemos profesar a este acontecimiento, al formar parte de la memoria histórica de este país. Les recomiendo que los vean con el respeto también de quienes nos acercamos a estos ejemplos revolucionarios, que no deberíamos olvidar en tiempos durmientes, de mediocracia y silencios cómplices.

(1) Poniatowska, Elena, Tinísima, 1992: México: Ediciones Era.

(2) Kozak.pmd (pitt.edu)

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¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!

Sevilla, 25/VII/2022, festividad del Apóstol Santiago

En 2017 visité Galicia y su ciudad emblemática, Santiago de Compostela,  contemplándola desde el primer momento como una representación obvia de una tierra conservadora de su tradición, de su cultura, de su amplio conocimiento del mundo, de sus viajeros hacia muchas partes. En aquella visita pensé en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas dependiendo de dónde se situaban las comas y la ideología al interpretarla, porque nunca fue una frase inocente: ¡Santiago, cierra, España!, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en Don Quijote de la Mancha o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia, aunque sin entrar nunca en su verdadero contenido histórico y muy lejos de unirlo a la tradición jacobea. La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas las palabras por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán. Así, durante muchos siglos porque Santiago Apóstol es el patrón de este país, aunque mucho podemos decir los ciudadanos como marineros demócratas del mismo.

Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que figura en Don Quijote de la Mancha y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. El primero porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan (1).

La segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón, Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: “Santiago y abre España, a la libertad y al progreso”. Bastante disgusto costó a Valle-Inclán esta interpretación de la falta de libertad en este país.

En aquél viaje a Galicia en 2017 no vi a Santiago Apóstol por ninguna parte. A través de las calles del Hórreo, Vilar y Franco, fuimos a la plaza del Obradoiro, encontrándonos con un tremendo desencanto artístico: la policromía del Pórtico de la Gloria no se podía contemplar en su justo sentido porque todo estaba en obras de restauración y limpieza. Andamios por allá y por acullá. Sólo se podía acceder a la catedral por dos sitios, con colas interminables: una para abrazar al santo [sic] y otra para visitar la catedral. Indescriptibles eran las aglomeraciones, desconcierto y filas, que me recordaban (con el debido respeto a los peregrinos de corazón y razón) lo que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Desistimos de guardar las colas, porque nos gusta más bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto sus pies gastados en la Basílica de su nombre (según Alberti), porque al fin y al cabo es lo nuestro (2):

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Creo que a Santiago, su fiel amigo, después llamado apóstol por la Iglesia Católica de Roma, así como a su compañero Pedro, les diría Jesucristo lo que a nadie le diría, que escribía también Alberti en el poema citado anteriormente, Entro Señor en tus iglesias, en su obra Roma, peligro para caminantes, porque que no sé si a estas alturas de la vida, pasaría lo mismo al andar por las calles de Santiago de Compostela para poder abrazarlo y verlo de nuevo.

Me sigue agradando la interpretación de la frase de Valle Inclán, al recordarla hoy de nuevo, ¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!, porque en estos tiempos convulsos necesitamos creer que es posible abrirnos a un nuevo pacto de Estado, más que nunca, ante el flagrante ocaso de la democracia.

(1) Cervantes, Miguel de (2004), Don Quijote de la Mancha, 2004. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

(2) Alberti, Rafael, Basílica de San Pedro, en Roma, peligro para caminantes, 1968. México: Joaquín Mortiz.

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Colombina y su cancionero musical para el siglo XXI

Sevilla, 24/VII/2022

No todo es un mundo al revés. También existe una Academia del Placer, aquí en Sevilla, la ciudad en la que Stefan Zweig decía que «se podía ser feliz». Surcando mares en una búsqueda incesante de islas desconocidas, la misión clara de este cuaderno digital, he descubierto una de calidad excepcional. Me refiero a la publicación de un disco compacto, Colombina. Música para los Duques de Medina Sidonia, elaborado y configurado por el consort sevillano Accademia del Piacere, conjunto de cámara vinculado siempre al Renacimiento, que tiene al frente al violagambista Fahmi Alqhai, sevillano de cuna aunque de madre palestina y padre sirio, en una selección hermosa de obras del Cancionero Musical de la Colombina: “una de las colecciones de polifonía más relevantes del siglo XV. Sus 95 piezas conforman el corpus polifónico más antiguo del repertorio español, siendo la mayoría obras profanas (salvo doce piezas religiosas, dos en francés, cuatro sin texto y una instrumental). El compositor predominante es Juan de Triana, aunque también contiene composiciones de otros autores de renombre como Johannes Cornago, Johannes de Urrede y Johannes Ockeghem”.

De la selección ofrecida en esta publicación, hay un homenaje explícito al músico sevillano Juan de Triana y es una oportunidad de conocer bien la música que amenizaba la alta sociedad de esta ciudad en el siglo XV, capital comercial europea y, para muchos, la puerta de América. La Biblioteca Colombina conserva como oro en paño este Cancionero Musical, “preservado gracias al celo bibliófilo del hijo de Cristóbal Colón, Hernando, que lo adquirió en 1534, fue manuscrito muy probablemente en la opulenta capilla del Duque de Medina Sidonia, y es testimonio de la gran Sevilla de la era colombina”.

Me refugio ahora en mi clínica del alma para escuchar una de las obras qua aparecen en Colombina, Que bonito niño chiquito, estudiando también la historia del convento de San Pedro de Alcántara, un lugar muy desconocido en esta sacrosanta ciudad, que ha elegido Fahmi Alqhai como un lugar preferente para interpretar obras de música antigua con un valor añadido excelente del barroco, que fue fundado en el siglo XVII para uso de la Orden de Frailes Menores Descalzos de San Francisco. Lo visitaré pronto para intentar comprender lo que Fahmi Alqhai ha descubierto en la iglesia de este convento hasta llegar allí para grabar este precioso disco.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.