La música libera siempre el alma de secreto

Sevilla, 12/I/2021

Se llama Aarón Lee: “Mi nombre es Aaron… que en hebreo significa fortaleza y luz en la montaña… un niño criado entre el violín y Dios… mis días pasaban entre partituras y misas”. Esta es la pequeña historia de un joven de 32 años, madrileño con ascendiente coreano, hijo de un pastor bautista, que da vida al último espectáculo de otro desgraciado cierre cultural en Madrid, la Sala Pavón Kamikaze, con una obra que lleva por título Yo soy el que soy.

El relato autobiográfico, con la voz e interpretación de la actriz Verónica Ronda, comienza con la descripción hebrea de su nombre, Aarón, “mientras suena el Concierto para violín y orquesta de Chaikovski. En un escenario oscuro, con solo un piano de cola y dos taburetes, la voz de Ronda va narrando esos cinco años en la vida de este joven, presente en el escenario con su violín y la música que le ayudó a superar los trágicos momentos de su existencia, que fueron desde amenazas de muerte hasta su secuestro, orquestado por sus padres, en una isla de Corea, pasando por palizas y actuaciones en la calle para poder comer. Las partituras elegidas e interpretadas junto a Goldman, —director musical del espectáculo—, son una mezcla de música clásica, popular, tangos y hasta piezas de bandas sonoras de películas, y todo cumple la premisa de formar parte de la vida de Lee” (1).

Estoy de acuerdo con el director del montaje, Zenón Recalde, cuando afirma que es una historia de contenido sórdido pero que se presenta con una linealidad sin odio ni rencor, aunque recoge la dura realidad de “la intolerancia, del sectarismo, de las persecuciones por ideología, raza u orientación sexual. Es una vida digna de película, de superación en positivo”. La música ha sido la gran protagonista de la liberación de Lee lo que le permitió que en su momento fuera el miembro más joven de la Orquesta Nacional de España, que abandona unos años después de su ingreso, atento a la recomendación de su concertino, que le había indicado la conveniencia de no estar allí más de dos años.

Al final de la representación, Aarón interpreta la Chacona, de Johann Sebastian Bach, “un lamento, un grito desgarrador” y proclama para quien lo quiera escuchar y entender: “No soy ningún héroe. Pagué un peaje muy alto por ser quien soy, para ser libre. Cada dificultad, cada herida y cicatriz las he convertido en algo bello. El sufrimiento en sí no hace madurar al hombre. Es el hombre el que da sentido al sufrimiento. Y gracias a ello, yo soy el que soy”.

Es el final de la obra y el principio de un mundo nuevo para este violinista sobre el tejado que inspira sus sueños. También, para los que nos gusta soñar despiertos junto a la música que amamos. Todavía más cuando entro a conocer una Fundación que preside en la actualidad, Arte que alimenta, con tres objetivos muy claros y bien definidos: creer en el arte como instrumento de desarrollo personal y social, que puede ofrecer a niños y jóvenes la oportunidad de crecer, expresarse y potenciar sus capacidades. También, apoyar a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad y, por último, inspirar una nueva comunidad unida por la cultura, porque una sociedad que promueve el arte permanece unida y fuerte. Es esta unión la que permitirá tener un mayor impacto social. El cambio es ahora.

Nos piden, finalmente, que nos unamos a su comunidad.

(1) Homofobia y tortura: Aaron Lee saca a escena su infierno personal | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cielo azul de Rafael Alberti y María Teresa León, en tiempos de frío y nieve

Sevilla, 10/I/2021

Tengo que confesar que la nieve actual, junto con el frío, protagonistas de primera línea en nuestras vidas, me han llevado de la mano digital a conocer cómo Rafael Alberti y María Teresa León reforzaron su militancia en defensa de los más débiles durante su estancia en Rusia en tiempos de la Segunda República, invitados por la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios (MORP). A través de un artículo localizado en la red de redes, Poesía bajo la nieve: Rafael Alberti y Fedor Kelyin (Moscú, diciembre 1932 – febrero 1933), he conocido algunas vivencias del matrimonio Alberti-León que simbolizan una forma de aprehender la vida de una forma diferente, en un contexto nevado y frío: “El primer viaje que Rafael Alberti hace a la Unión Soviética a finales de 1932 tiene una importancia decisiva en su formación personal, ideológica y literaria”.

Lo curioso es que este conocimiento tardío de María Teresa y Rafael, no está centrado en ellos sino en un personaje entrañable que amaba la literatura española, Fedor Kelyin, que nos facilita sus impresiones sobre la estancia de esta pareja durante unos dos meses en Moscú, constituyéndose en el nexo ideal durante aquella estancia prolongada en el tiempo sobre su primera estimación. Es de agradecer que este interlocutor ruso, que lo llegan a considerar “su amigo”, hizo las traducciones del español al ruso para mejor conocimiento de los grandes representantes de la literatura en nuestro país: “Fedor Viktorovich Kelyin nació en Moscú en mayo de 1893. Cursó estudios en la Facultad de Filología Histórica de la Universidad de Moscú y en 1923 dio los primeros pasos de una larga y fecunda carrera profesional -de crítico, poeta y traductor- que durará hasta 1965, año de su fallecimiento, Las actividades de Kelyin se orientan primordialmente hacia la cultura hispánica en general y la literatura española de particular. Traductor de autores clásicos (Lope, Calderón, Cervantes) y contemporáneos (Machado, Lorca, Bergamín), se encarga durante la segunda guerra mundial de la edición española de la revista Literatura Soviética. Durante esa época y en años posteriores, su más estrecho colaborador es César Arconada que, como es sabido, fija su residencia en la Unión Soviética después de la Guerra Civil. Kelyin es el compilador del primer diccionario español-ruso publicado en la época soviética y prologa diversas ediciones de textos de Tirso de Molina (1935), García Lorca (1957), Rubén Darío (1958) y Cervantes (1961). Llega a desempeñar las funciones de VicePresidente de la Asociación Soviética de Amistad y Cooperación Cultural con América Latina”.

Lo importante de este hallazgo es que constituye una aportación directa sobre la impresión de Kelyin sobre María Teresa y Rafael, de forma directa, amigo que citaría posteriormente Alberti en La arboleda perdida. En unos de los primeros encuentros en el hotel de Moscú donde fijaron su residencia, Kelyin recoge sus impresiones de forma minuciosa: “Curiosamente, en todos los años que he trabajado con españoles, nunca he oído a ninguno de ellos leer sus propios versos. Estoy acostumbrado de alguna manera al modo, o al acento, si se quiere, de su recitación. Pero Rafael leía su poema sobre el hambre sufrida en un pueblo de Extremadura de una manera muy diferente: no como un recitador profesional, sino como un poeta, con inspiración. Su voz fina y grave invariablemente se elevaba hacia el final de cada verso, buscando la conclusión de la frase poética, de la melodía. La última sílaba débil se alargaba ligeramente; pronunciaba toda la frase como si fuera algún tipo de estribillo deliberadamente trágico. En su estilo de recitación, Rafael me recordaba sobre todo a Edward Bagritsky [ … ] Luego Rafael calló; nos había encantado con su lectura. Parecía que su voz trágica hubiera llenado la habitación. En cierto modo, el trabajo de Alberti se volvió profético. La crisis espiritual que había experimentado despertó partes de él que nadie había visto antes. Bajo el poeta pequeñoburgués de años anteriores, surgió un «cantor del pueblo», o, para ser más exactos, un cantor de la furia y la tristeza del pueblo [ … ]”.

Recomiendo la lectura completa del artículo, sobre todo para conocer cómo se localizó el artículo original en ruso y cómo se elaboró este artículo recopilatorio, sobre el que escribo estas líneas. Kelyin resalta la trayectoria personal de Alberti, a través de sus palabras: “En nuestro país -remarcaba [Alberti]- puede hacer tanto frío en las montañas como el que tenéis aquí -fuera estaba a quince grados bajo cero- pero nuestro cielo es muy distinto, muy azul». Nos contó muchas cosas, muy animadamente, sobre los campesinos españoles, su valor y su determinación. «¡Espere a venir a España! Saldremos de viaje por todo el país, a pie y a caballo». Luego sus pensamientos volvieron de nuevo a la literatura española. Empezó a leernos algunos poemas, y una vez más me asaltó la idea de su parecido con Bagritski. Rafael, como Bagritski, parecía tener una memoria poética enorme que lo abarcaba todo. Cualquier nombre que le mencionara, Rafael me respondía rápidamente recitando de memoria páginas enteras, casi libros enteros. Aquella mañana recitó especialmente muchos viejos romances populares [ … ] «Pero la canción de canciones todavía permanece, entre la multitud todavía alguien canta … pero no será para ti el juicio final, no cerraré mis labios para ti».

De vuelta a España, Kelyin sabe que al matrimonio Alberti-León les quedaba empezar a sentir el hielo en sus corazones: “Los Alberti se marcharon a principios de febrero, una tarde de helada, dejando en el MORP [Unión Internacional de Escritores Revolucionarios] una reputación de gran maestría artística, honestidad, sinceridad y amor a la vida, factores de la verdadera esencia de la revolución. Mientras se iban, prometieron esforzarse por apoyar a los pioneros revolucionarios de la literatura española. No tuvieron una recepción amistosa a su vuelta de España. Los críticos burgueses, tan enamorados de los anteriores trabajos de Alberti -su «señorita inglesa» y sus «ángeles»- se revolvieron indignados ante sus amargas verdades sobre los campesinos de Extremadura. «La caída de un talento», fue el juicio que hizo Domenchina, el crítico del periódico El Sol, sobre la revolución espiritual de Alberti. Más tarde, los Alberti adquirieron un recinto con capacidad para varios miles, donde los trabajadores, los campesinos, los estudiantes revolucionarios y los poetas pudieran, con su apoyo, atrapar cada palabra, cada verso. Alberti se está desarrollando como poeta revolucionario. En los momentos más difíciles, permanece en primera línea con el periódico que han creado, Octubre, con la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios Españoles, con su trabajo en los locales con los obreros”.

Ha sido un hallazgo interesante en este mes de nieves y he querido compartirlo con la Noosfera. Sobre todo para comprender cómo nuestra literatura y poesía fue respetada siempre más allá de nuestras fronteras. El amor de Fedor Kelyin por la literatura española merece al menos este reconocimiento. Y una cosa más. Una frase de Alberti en una carta a Kelyin después de este viaje, me ha recordado inmediatamente a José Saramago: «Si el Fascismo triunfa aquí, definitivamente nos vamos a Lanzarote (la isla donde los reaccionarios españoles conviven con sus enemigos revolucionarios)», me escribía con amarga ironía Rafael en una de sus últimas cartas [ … ]”. Una premonición de la acogida de esta querida isla a escritores con alma inquieta, revolucionaria.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Filomena nos habla a través de los cristales, avisa

Sevilla, 9/I/2021

Una borrasca de nombre extraño, Filomena, cuyo origen es el de una santa desconocida y controvertida para el Vaticano, fue rescatada en el siglo XIX en Roma, Su culto y también las preguntas sobre su identidad, surgieron exactamente en Roma el 25 de mayo de 1802, durante las excavaciones en la Catacumba de Priscila en la vía Salaria: “Se descubrieron entonces los huesos de una joven de trece o catorce años y un pequeño vaso que contenía un líquido considerado sangre de la Santa. El nicho estaba cerrado con tres tejas de barro sobre las que estaba escrito: “LUMENA PAX TE CUM FI”. Se creyó que, inadvertidamente, se había invertido el orden de los tres fragmentos,  escritos entre el siglo III y IV d.C., y que en realidad tenía que leerse: «PAX TE / CUM FI / LUMENA” o sea: «La paz sea contigo, Filomena». Los signos decorativos alrededor del nombre, sobre todo la palma y las lanzas, hicieron pensar que los huesos pertenecían a una mártir cristiana de los primeros siglos. En esa época, en efecto, se consideraba que la mayor parte de los cuerpos presentes en las Catacumbas pertenecían a las persecuciones de la época apostólica”. Años más tarde se comprobó que todo era un mar de dudas y que Filomena era tan sólo una chica normal y que el pequeño vaso no contenía sangre sino un ungüento de la época.

Ahora, en actitudes más prosaicas y laicas, nos ofrece la oportunidad de admirarnos ante la naturaleza desatada o quedarnos ante el origen atmosférico y sus consecuencias níveas y de frío, con el resultado del famoso aviso de Al Gore: “Estábamos avisados”. No sé, no sé, pero por si acaso he recordado ahora un poema precioso de Ángel González, Estampa de invierno (1), que asimilo en mi persona de secreto por el frío de Filomena vestida de blanco, entrando por un resquicio de la ventana de mi alma:

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.

No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.

(En un lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)

No.
No está desajustada la ventana;
la que está desquiciada es mi memoria.

 En tiempos de coronavirus, contemplo la belleza de la nieve en Madrid, tierra de mi infancia y soy consciente de que nuestros recuerdos, a veces, no son fruto de una ventana desajustada de la vida, sino de una memoria desquiciada en lo más íntimo de la propia intimidad, tal y como lo aprendí de San Agustín (intimior intimo meo), por el sufrimiento de lo que está pasando y porque las cifras de contagios y fallecimientos por la pandemia en nuestro país no quiero que sean como una rutina o cantinela sorda en mi vida, aunque con la ilusión puesta en las vacunas que arropan ahora el frío de tantas almas inquietas: las de él, ella, nosotros,  nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas; la tuya, la mía, sin dejar nunca a nadie atrás en este momento tan complicado en nuestras vidas, observando cómo nieva y entra frío a través de los resquicios de las ventanas de nuestras vidas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de How to Insulate Your Windows for Winter. (northantswindows.com)

(1) González, Ángel (2018, 6ª imp.). Estampa de invierno en Palabra sobre palabra, Madrid: Austral.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En esta vacunación sólo avanzamos unidos

#EnestaVacunacionsoloavanzamosUnidos

Sevilla, 7/I/2021 / 12:19

En política siempre hay que tener en cuenta las prioridades que atiendan el interés general y la vacunación COVID-19 debería ser una de ellas, si no la primera. Ante esta breve reflexión que está tan de actualidad en el sentir de todas las personas de bien, nos encontramos con una situación, refrendada por los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, que estremece nuestra mente y nuestra alma, suscitando muchos interrogantes éticos y políticos:

Fuente: Ministerio de Sanidad. Informe de actividad de la Gestión Integral de la vacunación COVID-19

¿Cómo puede ser que después del esfuerzo mundial científico y después político y económico de la Unión Europea, nos encontremos en esta situación? La fría estadística nos muestra que analizando los datos a fecha de 5 de enero de 2021, de los que se dispone oficialmente en el país hasta el momento de escribir esta reflexión, sin mezcla de interés partidista alguno, aunque no exento de ideología, tan necesaria en este tipo de acciones públicas, de las 743.925 dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech entregadas a las Comunidades desde el pasado 26 de diciembre, sólo se han utilizado hasta el pasado 5 de enero un total de 139.339, es decir, el 18,7% de las dosis recibidas.

Decían los clásicos que contra facta non valent argumenta o lo que es lo mismo, contra hechos no valen argumentos. ¿Cómo ha podido ocurrir esto? Hemos escuchado razonamientos y excusas de todo tipo, algunos bastante peregrinos e impresentables,  pero la realidad es que no es admisible, democráticamente hablando, que en una semana hayamos “desperdiciado” la oportunidad de vacunar a más de 600.000 personas, que ahora son las que más la necesitan, siendo un auténtico escándalo que debería llevar a una cascada de dimisiones de gestores públicos de todo tipo, partido y lugar del país, con una urgente intervención del Estado.

Ha vencido la estrategia de “salvar la navidad” antes que nada y no atender la precariedad en la que se encuentra la Sanidad Pública. De aquellos polvos vinieron estos lodos y ahora no nos deben llevar a engaño alguno porque la estrategia necesaria de vacunación se conocía y la necesidad más urgente era la disponibilidad de profesionales y logística adecuada en una acción de vacunación masiva que no es la misma que la de la gripe, aunque se haya querido justificar así “porque ya hay experiencia”. No es lo mismo, de verdad que no es lo mismo que con otras campañas de vacunación. Era y es una situación excepcional y así se tenía que haber abordado en la estrategia de vacunación de Estado y de cada Comunidad Autónoma, con visión de Estado, valga la redundancia.

También echo de menos el silencio clamoroso y no sé si en algunos casos incluso cómplice, de la oposición de los Gobiernos y de sus mandatarios principales en los Parlamentos de las Comunidades Autónomas más rezagadas, que en algunos casos es de verdadera dejadez e irresponsabilidad pública manifiesta, aunque según los datos oficiales de los que dispongo en este momento, la responsabilidad creo que es prácticamente colectiva.

Es un espectáculo lamentable y cuando se inicia la cuesta de enero, nos atrevemos a pensar que si la situación no se corrige urgentemente, en vez de “cuesta” la estrategia de vacunación se va a convertir en el “Mulhacén y Veleta” de esta campaña, cimas o vacunas que sólo alcanzarán unos pocos y con una afectación irreversible para miles de personas que posiblemente morirán o sufrirán mucho por una razón: la vacuna no llegará a tiempo a sus vidas porque unos pocos irresponsables no están a la altura de las circunstancias, perdidos en una guerra política fratricida y de alta mediocridad, tan arraigada en un país clásicamente olvidadizo como el nuestro con las cosas (por llamar así de alguna forma a asuntos públicos de extraordinario interés general) que siempre se han hecho mal, muy mal y que si ahora se atendieran a tiempo y bien todavía podrían tener remedio.

Siento escribir en este tono, pero estoy profundamente indignado en mi permanente y ardiente impaciencia actual y en defensa de los nadies que ahora somos casi todos, no sólo los que describe Eduardo Galeano en su inolvidable poema. Estaremos muy atentos en este salón virtual y en la responsabilidad individual y colectiva que a cada uno le corresponde.

#EnestaVacunacionsoloavanzamosUnidos

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de HELLO! (mscbs.gob.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las niñas y los niños de cuento, según Saramago, en el Día de Reyes

Sevilla, 6 de enero de 2021

Tengo grabadas en mi memoria de secreto las palabras que vuelvo a publicar a continuación, que recuerdo cada día de Reyes como símbolo del mejor regalo que podemos recibir un día como hoy, aunque sea muy pequeño: aprender a soñar despiertos, como los niños y niñas de cuento, para volar muy alto, por encima de aquello que no nos gusta y nos hace sufrir a menudo. Como en la pandemia actual, sin ir más lejos. Sé que es un reto difícil. Saramago, en su relato “La flor más grande del mundo”, hacía al final la siguiente pregunta: ¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?

No es más bonita, pero sí cargada de sentimiento y pensamiento en un día especial para las niñas y los niños de cuento, aunque sé que el corazón es el que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento, tal y como lo aprendí en mis años jóvenes de Rafael Alberti, el niño andaluz que cantó como nadie a su mar de Cádiz, porque sabía que en él siempre se podía navegar soñando.

«Hoy es ese día, pero escribiendo por mi parte solo una pequeña introducción al mismo, que siempre recuerdo en días en los que los regalos se hacen presentes. Me refiero a un pájaro perdido que aprecio mucho, el 178 según Rabindranath Tagore, recuperándolo ahora como si fuera una anilla recordada por mí, sentado a la sombra de un pino solitario (grande, muy grande) de la carretera de Umbrete a Bollullos de la Mitación, ambos pueblos cercanos a Sevilla, en diciembre de 1965 y que eché a volar en mi imaginación. Era una época en que crecía en la búsqueda de la verdad machadiana, ni tuya ni mía, porque haciendo caso a D. Antonio la guardé siempre en una jaula dorada de silencios. Pasando páginas amarillas de un libro maravillosamente usado, que compré hace ya muchos años para hacer un regalo muy especial, con dos apellidos anónimos en la página interior del título: Gómez Aldemira, XI-1959, donde encontré por fin el pájaro perdido (el 178), que había buscado incluso en épocas en que me había distraído con un encantador de pájaros, Papageno, que me había presentado Mozart a través de sus limpias manos puestas sobre mí:

A mis amados les dejo las cosas pequeñas;
las cosas grandes son para todos.

Todo lo demás pertenece a la intrahistoria de Saramago en su precioso cuento que, hoy, quiero compartirlo con la Noosfera, como si fuera una estela interminable de un regalo digital pequeño (que también existe). Es una historia muy bonita.

Así pasó y así lo he contado.

La flor más grande del mundo

José Saramago

Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón.

Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras… Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas…

¡Hace ya tanto tiempo de eso!

En el cuento que quise escribir, pero que no escribí, hay una aldea. (Ahora comienzan a aparecer algunas palabras difíciles, pero quien no las sepa, que consulte en un diccionario o que le pregunte al profesor.)

Que no se preocupen los que no conciben historias fuera de las ciudades, ni siquiera las infantiles: a mi niño héroe sus aventuras le esperan fuera del tranquilo lugar donde viven los padres, supongo que también una hermana, tal vez algún abuelo, y una parentela confusa de la que no hay noticia.

Nada más empezar la primera página, sale el niño por el fondo del huerto y, de árbol en árbol, como un jilguero, baja hasta el río y luego sigue su curso, entretenido en aquel perezoso juego que el tiempo alto, ancho y profundo de la infancia a todos nos ha permitido…

Hasta que de pronto llegó al límite del campo que se atrevía a recorrer solo. Desde allí en adelante comenzaba el planeta Marte, efecto literario del que el niño no tiene responsabilidad, pero que la libertad del autor considera conveniente para redondear la frase. Desde allí en adelante, para nuestro niño, hay sólo una pregunta sin literatura: “¿Voy o no voy?” Y fue.

El río se desviaba mucho, se apartaba, y del río ya estaba un poco harto porque desde que nació siempre lo estaba viendo. Decidió entonces cortar campo a través, entre extensos olivares, unas veces caminando junto a misteriosos setos vivos cubiertos de campanillas blancas, y otras adentrándose en bosques de altos fresnos donde había claros tranquilos sin rastro de personas o animales, y alrededor un silencio que zumbaba, y también un calor vegetal, un olor de tallo fresco sangrado como una vena blanca y verde.

¡Oh, qué feliz iba el niño! Anduvo, anduvo, hasta que los árboles empezaron a escasear y era ya un erial, una tierra de rastrojos bajos y secos, y en medio una inhóspita colina redonda como una taza boca abajo.

Se tomó el niño el trabajo de subir la ladera, y cuando llegó a la cima, ¿qué vio? Ni la suerte ni la muerte, ni las tablas del destino… Era sólo una flor. Pero tan decaída, tan marchita, que el niño se le acercó, pese al cansancio.

Y como este niño es especial, como es un niño de cuento, pensó que tenía que salvar la flor. Pero ¿qué hacemos con el agua? Allí, en lo alto, ni una gota. Abajo, sólo en el río, y ¡estaba tan lejos!…

No importa.

Baja el niño la montaña,
Atraviesa el mundo todo,
Llega al gran río Nilo,
En el hueco de las manos recoge
Cuanta agua le cabía.
Vuelve a atravesar el mundo
Por la pendiente se arrastra,
Tres gotas que llegaron,
Se las bebió la flor sedienta.
Veinte veces de aquí allí,
Cien mil viajes a la Luna,
La sangre en los pies descalzos,
Pero la flor erguida
Ya daba perfume al aire,
Y como si fuese un roble
Ponía sombra en el suelo.

El niño se durmió debajo de la flor. Pasaron horas, y los padres, como suele suceder en estos casos, comenzaron a sentirse muy angustiados. Salió toda la familia y los vecinos a la búsqueda del niño perdido. Y no lo encontraron.

Lo recorrieron todo, desatados en lágrimas, y era casi la puesta de sol cuando levantaron los ojos y vieron a lo lejos una flor enorme que nadie recordaba que estuviera allí.

Fueron todos corriendo, subieron la colina y se encontraron con el niño que dormía. Sobre él, resguardándolo del fresco de la tarde, se extendía un gran pétalo perfumado, con todos los colores del arco iris.

A este niño lo llevaron a casa, rodeado de todo el respeto, como obra de milagro. Cuando luego pasaba por las calles, las personas decían que había salido de casa para hacer una cosa que era mucho mayor que su tamaño y que todos los tamaños.

Y ésa es la moraleja de la historia.

Éste era el cuento que yo quería contar. Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis cómo sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías, y tal vez más adelante acabéis sabiendo escribir historias para los niños…

¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?…«

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cinco de enero de Miguel Hernández, pastor de sueños

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Miguel Hernández, Las abarcas desiertas

Sevilla, 5 de enero de 2021

He recordado siempre a Miguel Hernández en este cuaderno digital, en los últimos años, al acercarse los días de navidad o cuando ha sido necesario desagraviarlo por el tratamiento impresentable recibido por determinadas autoridades de este país. Hoy, vuelvo a abrir mi libro de celebraciones laicas y rescato unas palabras suyas que rescaté en momentos de solidaridad con los niños y niñas necesitados de su época, de su país, en días muy complejos de Reyes en 1937. Hoy, en plena pandemia, quiero entregar este pájaro perdido a la Noosfera como símbolo de altavoz social de las niñas y los niños de este país, de mi Comunidad, Andalucía, que sufren las consecuencias de la pandemia y del mal endémico de la pobreza extrema, porque son miles de realidades personales y familiares que viven a la intemperie ante el frío de la sociedad con la que paradójicamente conviven.

«La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era «recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor» (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que «Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería».

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

2020, una función única para aves enjauladas con ganas de volar

Sevilla, 3/I/2021

Estuve en la cola virtual del Teatro de la Zarzuela desde primera hora de la tarde del pasado 31 de diciembre, porque estaba interesado en conseguir una entrada, también virtual, para la sesión de las 9 de la noche. Representaban 2020, única función, protagonizada por José Coronado, aunque tengo que confesar que tuve especial interés en asistir porque el guion era de un profesional de la televisión pública, Carlos del Amor, al que admiro profundamente. Reportaje financiado con dinero público, producido en tiempo público y llevado a cabo por trabajadores de la televisión pública. Un claro ejemplo de eficacia y eficiencia públicas cuando lo que se quiere preservar es el interés general.

Me pareció una idea brillante y no me defraudó. Ha sido un reportaje excepcional, en el que se ha condensado en casi veinticinco minutos, todo lo que nos ha ocurrido en este país en un año extraordinariamente complejo. Los Telediarios de la 1, con una idea muy original y de corte cinematográfico,  han dicho adiós “al año 2020 con un reportaje especial que repasa lo vivido en estos doce meses que han quedado marcados por la pandemia”.

Los primeros planos del reportaje, con las primeras palabras de José Coronado, “Soy 2020, ¡vaya año! […] ahí dentro tendrían que haber remado todos en la misma dirección”, en la puerta de Congreso, presagiaban que podíamos asistir a una retrospectiva de sumo interés general preparada por los servicios informativos de la televisión pública, de la que tanto espero siempre. 2020 habla de trifulcas, con un deseo claro y conciso: ¡Ojalá que el año que me sucede os vea y os escuche poneros de acuerdo en las cosas que a todos importan y que representáis! La referencia a 2019, representado por José Sacristán, es una retrospectiva de un año que recordamos como el “último año” en que pudimos disfrutar de todo, pero que ya no existe y que quizás hemos echado de menos en bastantes ocasiones.

¡Vacío y silencio!, las dos palabras que mejor definen a 2020, pidiéndonos perdón por tantos días sin luz, por las noches en vela, por las lágrimas derramadas, por las no despedidas, por situarnos a todos a dos metros de distancia, por detener nuestra vida. Su despedida es necesaria, ¡que se vaya! Y comienza la representación, que recomiendo verla completa. Casi en el minuto veintiuno, 2020 comienza su despedida: “¡Ojalá hayáis aprendido algo, no lo sé, sinceramente no lo sé…, ojalá el silencio deje paso al bullicio, que no al ruido; ojalá desparezca el dolor y la incertidumbre. Muchas gracias. ¡Cuídense!”.

Finalmente, Rozalén despide a 2020 con una canción preciosa, Aves enjauladas, mirándolo a los ojos, como una premonición de la belleza de la vida a la que volveremos con seguridad ética. Eso sí, corriendo para abrazarnos:

Cuando salga de esta iré corriendo a buscarte
Te diré con los ojos lo mucho que te echo de menos
Guardaré en un tarrito todos los abrazos, los besos
Para cuando se amarre en el alma la pena y el miedo
Me pondré ante mi abuela y de rodillas
Pediré perdón por las veces que la descuidé
Brindaremos por los que se fueron sin despedida
Otra vez, otra vez
Pero mientras los pájaros rondan las casas nido
Una Primavera radiante avanza con sigilo
He zurcido mis telitas rotas con aguja e hilo
Me he mirado, valorado, he vivido

Somos aves enjauladas
Con tantas ganas de volar
Que olvidamos que en este remanso
También se ve la vida pasar
Cuando se quemen las jaulas
Y vuelva a levantarse el telón
Recuerda siempre la lección
Y este será un mundo mejor

Cuando salga de esta iré corriendo a aplaudirte
Sonreiré, le daré las gracias a quién me cuide
Ya nadie se atreverá a burlar lo importante
La calidad de la sanidad será intocable
No me enfadaré tanto con el que dispara odio
Es momento de que importe igual lo ajeno y lo propio
Contagiar mis ganas de vivir y toda mi alegría
Construir, construir
Pero mientras el cielo y la tierra gozan de un respiro
Reconquistan los animalitos rincones perdidos
He bebido sola lentamente una copa de vino
He volado con un libro, he vivido

Somos aves enjauladas
Con tantas ganas de volar
Que olvidamos que en este remanso
También se ve la vida pasar
Cuando se quemen las jaulas
Y vuelva a levantarse el telón
Recuerda siempre la lección
Y este será un mundo mejor

Cuando salga de esta iré corriendo a abrazarte

Impecable reportaje, digno de una televisión pública, con una idea original y guion de Carlos del Amor, a quien profeso admiración y respeto como ciudadano cuidadoso con la cosa pública (res publica). Me emociona hoy compartir este reportaje. Gracias, porque ser o no ser es ahora la única cuestión, pensando sobre todo en las ganas de vivir de las personas mayores de este país que nos acompañan día a día y en los más de 300.000 niños y niñas que han nacido en 2020 en este país y que tienen derecho a vivir y soñar despiertos en un mundo mejor.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ojalá descubramos en 2021 los mapas del alma y del tiempo

Eduardo Galeano (1940-2015)

Sevilla, 2/I/2021

El principio esperanza de Ernst Bloch puede ser un buen hilo conductor del año que estrenamos ayer. Más importante aún es descubrir los mapas del alma y del tiempo porque nos reconfortarán en momentos difíciles, sobre todo a los nadies. Eduardo Galeano nos lo recuerda en unas palabras preciosas que reproduzco íntegras a continuación, en este cuaderno de derrota, en lenguaje marino, pronunciadas al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, porque nos ayudarán a descubrir el alma en mapas, a modo de islas desconocidas todavía sin descubrir. Sobre todo, porque iniciamos la singladura compleja de 2021, un tiempo con el alma dentro.

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

En aquél acto leyó algunos relatos breves de un libro muy querido por él, El libro de los abrazos, aunque no he podido identificar cuáles fueron. A modo de búsqueda incesante por mi ardiente impaciencia, he elegido el primero, El Mundo, porque quizá sea una tarea apasionante identificar en los mapas del alma, en este tiempo de coronavirus, a las personas que son “fueguito” en sus vidas. Veamos por qué:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
– El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Hoy he comprendido por qué Galeano recibió ese premio. Me he acercado a él y me ha encendido la luz que necesito ahora para descubrir mejor los mapas de mi tiempo y de mi alma. Le estoy muy agradecido. Esa es la razón de por qué comparto ahora su palabra.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No neguemos a 2021 lo que miramos con esperanza ahora

Ángel González

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

Ángel González, en Alocución a las veintitrés

Sevilla, 31/XII/2020

En unos días de discursos inocuos de Reyes, Barones y Presidentes de Comunidades Autónomas, Ángel González nos ofrece una visión personal de la vida en una alocución de fin de año cargada de historia reciente en este país y en el mundo que nos rodea, salvando lo que haya que salvar. Lleva por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año complejo, para no olvidarlo, vuelvo a leerla detenidamente porque siempre calma mi ardiente paciencia y conmueve mi alma de secreto.

Lo decía el año pasado a estas alturas del calendario: estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud cuando finaliza este año. Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, presidentes o ministros, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás? ¿afecta solo a los de arriba o solo a los de abajo, a los de izquierdas o a los de derechas? ¿a todos?

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra que aún nos queda en tiempos difíciles de coronavirus y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos. Porque nos ofrece, entre otras muchas cosas, tener fe en ella aunque la terca realidad nos complique a veces la vida. Porque ahí está, a pesar de que algunos ciudadanos perfectos sólo ven el mundo del nunca jamás en todo lo que les rodea, sin mezcla de esperanza alguna.

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Nos queda la palabra… «confinamiento»

Sevilla, 30/XII/2020

Para la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), promovida por la Agencia EFE y la Real Academia Española, «Confinamiento» es la palabra del año 2020. Para mí también lo fue cuando escribí el artículo que sigue a continuación, que dediqué a la situación de confinamiento, 49 días después de haberse declarado el estado de alarma que nos llevaba a vivir una situación nueva para millones de personas en este país. Pertenezco a la generación que comprende que los diccionarios no son inocentes.

En aquella ocasión, analicé la trazabilidad histórica del verbo «confinar» y su acción principal, el confinamiento, destacando una acepción que no era la principal para el Diccionario de la Lengua Española (RAE) pero que comprendí que tenía un sentido especial como decisión personal e intransferible que iba más allá de la impuesto por la autoridad competente: decido recluirme en casa para igualarme y ponerme a la misma altura de los otros confinados. Por responsabilidad personal y colectiva, solidaridad y respeto al bien común y al interés general de todos, sin excepción alguna.

Siento ahora, al escribir estas líneas, que el mejor homenaje que podemos hacer hoy a la palabra del año, es recuperar este sentido solidario y comprometido con la situación actual. Fundamentalmente, por el bien de todos y porque siempre nos queda la palabra «confinamiento» en el sentido profundo y liberador que nos transmitió Blas de Otero:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero (1916-1979), En el principio

Confinarse es también ponerse a la altura del otro

Sevilla, 3/V/2020

Quien se acerca a este cuaderno digital sabe que recurro con mucha frecuencia a conocer a fondo el significado de las palabras en nuestro rico lenguaje en todas sus acepciones. En los 49 días que llevamos de confinamiento, el verbo “confinar” y su acción principal de “confinamiento”, son palabras buscadas de forma masiva en internet. He recurrido a investigar la trazabilidad del verbo confinar y a través del buscador denominado Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE) he localizado, en relación con el verbo “confinar”, todas las acepciones desde 1611 hasta 1992, a las que se puede incorporar las últimas actualizaciones del Diccionario de la Lengua Española hasta 2019 en su versión electrónica 23.3.

La trazabilidad citada se ha centrado a lo largo de la historia en el ámbito penal y militar casi siempre refiriéndose a personas o decisiones políticas, en términos de destierro o castigo, conllevando siempre la privación de libertad hasta nuestros días. Confinar, en la actualidad se entiende en las dos primeras acepciones, como desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria o recluir algo o a alguien dentro de límites (DLE RAE, 2019). En ambos casos, su aplicación al estado de alarma sigue teniendo un marcado sesgo penal, de condena política (1853) u orden militar.

Siendo esto así, me ha llamado la atención la segunda acepción que aparece en el Diccionario de Autoridades (primer diccionario oficial de la Real Academia Española), diccionario de la lengua castellana, “en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua […], compuesto por la Real Academia Española, publicado en Madrid, en 1729, en la imprenta de Francisco del Hierro”. En ella se dice que confinar “se toma algunas veces por igualar o poner en una misma altura o paralelo una cosa con otra. Es de raro uso”. Esta visión más amable de confinar se refuerza en el diccionario de Vicente Salvá, publicado en París en 1846, que “comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]”, porque en la tercera acepción de confinar se pasa a igualar a personas y no cosas: igualarse, ponerse a la misma altura que otro.

Estas últimas acepciones, con una diferencia de 117 años, no se mantienen en las sucesivas publicaciones del Diccionario Usual de la Real Academia Española, desde 1780 hasta 1843, en nueve actualizaciones y tampoco en el diccionario de Núñez de Taboada publicado por Seguin, París, en 1825. Este análisis nos permite concluir que la acepción más amable con el lema “confinar”, igualarse, ponerse a la misma altura que otro, aparece exclusivamente en ambos Diccionarios de 1729 y 1846, volviéndose a incluir exclusivamente en el diccionario de Gaspar y Roig de 1853 y en el suplemento del publicado por Ramón Gaspar Domínguez en 1869.

En relación con lo expuesto anteriormente, es interesante señalar una acepción de “confinar” que aparece por primera vez en el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española (RAE), publicado en 1927 en Madrid por Espasa-Calpe, en el que se recoge una tercera acepción en los siguientes términos y como un galicismo: “encerrarse, recluirse: se confinó en su casa”, como acepción en la que se expresa una decisión personal y no impuesta. Volvió a recogerse esta acepción de nuevo en la segunda y tercera edición de este diccionario manual, publicadas en 1950 y 1983, respectivamente, desapareciendo curiosamente en la actualización como manual de 1989. Pasó esta acepción definitivamente del diccionario manual al usual en la edición de 1984, estrictamente en los siguientes términos: “encerrarse, recluirse”, como tercera acepción, desapareciendo definitivamente desde la edición del diccionario usual de 1992 hasta la última edición en soporte papel, llevada a cabo en 2014 y la última actualización en red de la edición (versión electrónica 23.3).

He intentado expresar con este análisis breve la importancia de las palabras en el acervo cultural de este país, porque las palabras tienen un sentido muy profundo cuando nos afectan directamente, como en este caso es la realidad del confinamiento. El hecho de haber destacado la acepción de “igualarse o ponerse a la altura misma altura que otro” es intentar reforzar la idea de que lo que se pretende con el confinamiento en el estado de alarma que se decretó el 14 de marzo pasado es igualar la situación de permanecer localizados en su residencia, saliendo de forma controlada, dentro de unos límites, respetando el espacio de los otros empezando por uno mismo, preservando de esta forma la salud de todos. Creo que es lo que la Real Academia Española, limpiando, fijando y dando esplendor a nuestras formas de hablar, ha pretendido trasladar a los diccionarios con la expresión más genuina de “confinar” y su acción directa, el “confinamiento”. Quizá, con la riqueza que aporta la lengua francesa (galicismo), tal y como hemos visto anteriormente: es una decisión personal que se toma comprendiendo el sentido actual ante la pandemia del COVID-19. Decido recluirme en casa para igualarme y ponerme a la misma altura de los otros confinados. Por el bien de todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.rae.es/recursos/diccionarios

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.