Elecciones generales 2019 / 2. Programas ajustados al principio de realidad

FREUD

«Freud es según un número considerable de gentes, de médicos jóvenes sobre todo…, un profeta, un descubridor de ciertos secretos humanos, cuya patentización ha de ejercer una profunda influencia reformadora no sólo en la terapéutica de los neuróticos, sino en la psicología en general, en la pedagogía, en la moral pública, en la metodología histórica, en la crítica artística, en la estética, en los procedimientos judiciales, etc. …»

José Ortega y Gasset

Una de las grandes aportaciones de Freud al conocimiento de la conducta humana fue establecer la dialéctica entre dos grandes principios, el de placer y el de realidad (1). En la fase preelectoral en la que nos encontramos, los partidos políticos que participarán en las próximas elecciones generales están preparando los programas que definirán los objetivos a alcanzar en la próxima legislatura. Como no me interesan todos por igual, porque parto del principio de no inocencia de los mismos, me quiero centrar en los de la izquierda en general, con su cadaunada ideológica (todos no son iguales), en cuyos programas deberían hacer un esfuerzo especial por ajustarlos al principio de realidad.

Utilizando el símil freudiano, llamo principio de realidad en política al abordaje de las cuestiones de Estado a contemplar en sus programas electorales, ajustadas a la verdad verdadera de lo que se va a llevar a cabo realmente en el plazo fijado para una legislatura (aplazando los resultados, en cada caso, en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior), teniendo en cuenta el estado del arte del Estado de Malestar Actual (principio de realidad) para reconducirlo al de Bienestar Futuro (principio de placer) soportado por otro gran principio constitucional, el llamado “interés general” en la tríada que lo justifica ideológicamente como partidos de izquierda: prioridad absoluta a la educación, salud y atención social con prelación hacia las personas mayores, gran reto en las décadas presentes y venideras, en áreas tan sensibles como pensiones, esperanza de vida y dependencia. A esta tríada, hay que añadir el denominador común de la dignidad humana, el trabajo remunerado, en términos de empleo. Los datos siguen siendo escalofriantes si analizamos con atención las cifras de paro de febrero de 2019.

Para reforzar el principio de realidad en esta etapa, es muy importante escuchar a la ciudadanía en actitud machadiana de búsqueda en común de la verdad política, para conocer cuáles son sus preocupaciones actuales, con rabiosa actualidad. El último barómetro publicado por el CIS, de febrero de 2019, debe ser tenido en cuenta en la elaboración de los programas que presentarán en los próximos días los partidos de izquierda. Es muy importante conocer que la población encuestada opina mayoritariamente que la situación política en España es “mala” en un 37, 4% que, junto a la respuesta de “muy mala” (32,7%), suma un total de un 70,1% de los encuestados opinando que la situación política es muy preocupante. Este dato permite de verdad partir del llamado “principio de realidad” estremecedor y que debe tenerse en cuenta como punto de partida en relación con la credibilidad hacia los partidos políticos y su forma actual de hacer política.

En relación con la pregunta respecto de los principales problemas que existen en España, en respuesta espontánea con prelación de los tres principales problemas, gana por goleada el “paro”, con un total del 60,6% de los encuestados, en la siguiente correlación de primer problema (39,1%), segundo (15,7%) y tercero (5.8%). Le sigue, a una distancia importante, el problema de “los/as políticos/as en general, los partidos y la política”, con un total del 29,4%, con la correlación 15,1%, 9,0% y 5,3%, respectivamente. En tercer lugar, en el ranking de problemas en España está “la corrupción y el fraude”, con un porcentaje del 23,1%, con una distribución entre primer y tercer problema del 9,3%, 9,2% y 4,6%, respectivamente.

Lo expuesto anteriormente es una fotografía instantánea y representativa del principio de realidad en este país. Al buen entendedor con pocas palabras basta en los programas políticos de la izquierda. Una lectura sosegada de este barómetro permitiría aplicar respuestas y soluciones a este principio de realidad en un programa que debe ajustarse al mismo. Todo lo demás son cánticos de sirenas y música celestial en un país muy descreído en relación con la política (véase la muestra) y con necesidades expresadas a pie de calle.

Visto lo visto, agradecería que en las introducciones o exposiciones de motivos de los programas políticos de la izquierda se hiciera una referencia a lo que técnicamente se sabe que piensa la población sobre la situación del país. Bastaría, a titulo de ejemplo, que se hiciera un cuadro de doble entrada de este avance de resultados de febrero de 2019 y a la izquierda figurara con letras mayúsculas la opinión de la ciudadanía y a la derecha la respuesta ajustada al principio de realidad. Sería extraordinario, porque lo que de verdad se busca es el principio del placer o, lo que es lo mismo, el mejor estado del bienestar posible, sin engaño alguno. Son solo proposiciones, como diría Pablo Milanés, pero en lo que va casi todo mi empeño.

Lo he manifestado en este blog en varias ocasiones: el problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta en los partidos de izquierda altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era. La izquierda está avisada por la ciudadanía.

#IzquierdaJamásVencida

Sevilla, 12/III/2019

(1) Laplanche, J. y Pontalis, J.B. (1996). Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona: Paidós, págs. 296-299:

Principio de placer: uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental: el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. Dado que el displacer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas, el principio de placer constituye un principio económico.

Principio de realidad: uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior.

Considerado desde el punto de vista económico, el principio de realidad corresponde a una transformación de la energía libre en energía ligada; desde el punto de vista tópico, caracteriza esencialmente el sistema preconsciente-consciente; desde el punto de vista dinámico, el psicoanálisis intenta basar el principio de realidad sobre cierto tipo de energía pulsional que se hallaría más especialmente al servicio del yo.

Elecciones generales 2019 / 1. Dignidad de la izquierda por encima de todo

Inicio esta serie en el cuaderno digital en el que escribo ahora con ardiente impaciencia, ocupando un sitio en la amura de babor de “La Isla Desconocida”, el barco imaginario de José Saramago para los que amamos los cuentos de las islas desconocidas, saliendo de nosotros mismos para estar siempre con los demás, defendiendo la vida digna de todos y, sobre todo, la de los que menos tienen. Escribo porque me queda la palabra en un momento transcendental para este país ante las próximas elecciones generales de 28 de abril y porque creo que a través de ella, la palabra, podemos crear un Partido de Personas Dignas, virtual en este momento, pero que podría llegar a ser algo más, con un objetivo también muy claro: acabar con silencios cómplices que se visibilizan de forma dramática con la abstención de votantes de izquierda en el Día de la Democracia, en el día que estamos llamados a votar en libertad. Si nos lo proponemos con la dignidad de cada una, de cada uno, que tanto amo, venceremos. Dignidad de la izquierda, por encima de todo.

A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, a partir de hoy voy a escribir sobre mis principios éticos para vivir dignamente interpretando la política e intentar transformar la sociedad y, si no gustan a los demás, no tengo otros. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como los de siempre y para tranquilizar sus conciencias han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

El pueblo unido, jamás será vencido, / el pueblo unido jamás será vencido…

De pie, cantar / que vamos a triunfar. / Avanzan ya / banderas de unidad. / Y tú vendrás / marchando junto a mí / y así verás / tu canto y tu bandera florecer. / La luz / de un rojo amanecer / anuncia ya / la vida que vendrá. / De pie, luchar / el pueblo va a triunfar. / Será mejor / la vida que vendrá / a conquistar / nuestra felicidad / y en un clamor / mil voces de combate se alzarán, / dirán / canción de libertad, / con decisión / la patria vencerá. / Y ahora el pueblo / que se alza en la lucha / con voz de gigante / gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido, / el pueblo unido jamás será vencido…

Las próximas elecciones generales están cerca, muy cerca y necesitamos gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y sobre todo a millones de personas que malviven por el paro, por el dolor de la pobreza y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca de las elecciones en Andalucía, de infeliz memoria para la izquierda digna, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna (#IzquierdaJamásVencida, como ejemplo de hashtag, entre otros), publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad Pública y en la Universidad de las Aceras y de las Calles que tanto amaba la urbanista Jane Jacobs, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice al 28 de abril desde las zonas de confort. Hay que romper definitivamente con el mantra de la crónica de una abstención anunciada de la izquierda. Es imprescindible la movilidad social y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país es posible.

La patria está / forjando la unidad. / De norte a sur / se movilizará / desde el salar / ardiente y mineral / al bosque austral / unidos en la lucha y el trabajo / irán, / la patria cubrirán. / Su paso ya / anuncia el porvenir. / De pie, cantar / el pueblo va a triunfar. / Millones ya, / imponen la verdad, / de acero son / ardiente batallón, / sus manos van / llevando la justicia y la razón. / Mujer, / con fuego y con valor, / ya estás aquí / junto al trabajador. / Y ahora el pueblo / que se alza en la lucha / con voz de gigante / gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido, / el pueblo unido jamás será vencido…

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

(Si te preocupa la situación actual de este país y crees en la izquierda digna, comparte estas palabras con quien creas que les pueden interesar, porque hoy es el tiempo que puede ser mañana. Estamos en la cuenta atrás para luchar por la gobernabilidad digna de este país, ante la incapacidad demostrada por determinados representantes políticos indignos hasta hoy)

Sevilla, 11/III/2019

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

El 8 de Marzo y las mujeres azules: un ejemplo a seguir

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2019

La Organización de las Naciones Unidas declara el próximo 8 de Marzo como el Día Internacional de la Mujer, con el tema “Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio», colocando “la innovación por parte de las mujeres y las niñas, para las mujeres y las niñas, en el centro de los esfuerzos para lograr la igualdad de género”. La innovación se forja en la educación del conocimiento de las niñas y de los niños, de las mujeres, de los hombres, en cada escuela de este país y en sus familias, pensando siempre en la igualdad, tal y como lo escribí en este cuaderno digital compartido con la Noosfera en 2015, Palabras de amanecer / 1. Las mujeres azules, en el comienzo de una serie y que hoy recupero como contribución antecedente a la celebración de este día, como un homenaje muy particular al texto y al contexto de ese Día.

El color azul de aquella mañana de mayo en Sevilla, que me inspiró el artículo, nada tenía que ver con el color rosa asociado a las niñas y compañeras en las clases de mi infancia. Maravillosa y simbólica lección que no olvido.

Sevilla, 3/III/2019

Palabras de amanecer / 1. Las mujeres azules

LA MUJER CONQUISTA AL MUNDONena Sánchez (2010). Educándose, la mujer conquista el mundo – JA COBEÑA

Me he encontrado con ellas muchas veces. Las he visto casi siempre desde el coche o desde la ventanilla del autobús. Pero ayer las contemplé de otra manera, frente a frente. Están pintadas en una fachada lateral de la Escuela Infantil Pública “El Ángel de la Guarda”, situada en el Polígono de San Pablo, un barrio humilde de Sevilla que acogió en 2010 una iniciativa maravillosa, Arte para todos, donde se puede contemplar en perfecto estado esta pintura mural realizada por Nena Sánchez, natural de la isla caribeña de Curaçao. Pinta mujeres azules porque ella no pinta una raza concreta, con los prejuicios mentales de quien las mira, sino a la mujer en general. Además, no llevan en sus cabezas cestas de frutas, por ejemplo y como es natural en su tierra y en su parentela, sino libros y sobre ellos un mundo redondo que simboliza los objetivos de desarrollo del milenio, que en 2015 se deberían haber alcanzado y que ella lo hace público como leyenda de su pintura: “Educándose, la mujer conquista el mundo”.

Después de cinco años, muchas personas del Polígono, en su ir y venir del timbo al tambo, en frase tan querida por García Márquez, siguen leyendo este mensaje todos los días. Nadie lo ha borrado ni han pintado mancha alguna sobre esta obra de arte, porque respetan lo allí expuesto. Las niñas y los niños del Polígono que asisten a esa Escuela, saben que tienen un compromiso inmediato: comprender el papel de la mujer en la vida, imprescindible si se inserta en la sociedad a través de la cultura, de la educación para ser ciudadanas conociendo sus derechos y deberes.

Es lo que intentó reflejar Nena. Mi agradecimiento a esta pintora por haber formado parte de un proyecto extraordinario. Espero que con una lectura mundana y laica del cometido del ángel de la guarda de la Escuela donde pintó Nena, la educación, como dulce compañía, no desampare nunca a las niñas y niños que allí estudiaron y también lo hacen hoy, ni de noche ni de día.

Pensé en la importancia de la educación para ser ciudadanos del mundo y seguí caminando en un amanecer concreto. Se acercaban niños y niñas a la Escuela. Me abrí paso entre ellos y comprendí mejor que nunca este mensaje callejero en una pared pintada de una escuela de ángeles laicos que los deberían educar siempre para conquistar el mundo de la dignidad de todos y la de secreto.

Sevilla, 13/V/2015

El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color (II)

GREEN BOOK

Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El domingo pasado consiguió 3 Oscar la película Green Book: mejor película, mejor actor secundario y mejor guion adaptado, a la que dediqué un artículo el 17 de febrero. Vuelvo a publicarlo hoy como homenaje al hilo conductor de la película: la necesaria comunicación entre millones de personas diversas (con color de raza incluido) en un mundo diseñado, a veces, por el enemigo. Un relato real y que merece todos los elogios posibles para que Estados Unidos salga de la acromatopsia (1) a la que a veces quiere someter al mundo, donde es verdad que hay algo más que los grises permanentes, que suelen utilizar sus líderes políticos actuales y sus temibles asociados a los que eufemísticamente llamamos «hombres de negro»…

Sevilla, 26/II/2019

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar color a la óptica de la vida. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente, recuperaré la lectura que en su momento me sobrecogió tanto y la proyectaré en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

OSCAR 20191

El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK

La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares. La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro «animador de color». Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no».


Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

Elecciones generales: necesitamos abrir grandes alamedas de libertad

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Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Acabo de leer esta noticia en El País: “O Frente Popular o Partido Popular». El PP plantea la campaña electoral como una batalla entre dos frentes: la suma con Ciudadanos y Vox frente al PSOE, Podemos, «independentistas y batasunos». Pablo Casado ha asegurado este viernes que no pretende llamar al «voto del miedo», pero el próximo 28 de abril, ha insistido, se elegirá entre «el amigo de Torra o el que ya tiene preparado el artículo 155 en Cataluña», sin límite de tiempo, nombrando a los consellers desde el Gobierno central y ampliándolo a todas las competencias autonómicas, ha precisado”. En tiempos modernos de silencios cómplices es necesario, hoy más que nunca, rescatar ideología y creencias de que otra España es posible para salir urgentemente de la mediocridad política que nos invade ante el ejercicio de la política del miedo y de trincheras. Todos los políticos no son iguales y sé quienes están por la labor de resolver problemas de la ciudadanía y del andar día a día por grandes alamedas de libertad. Lo dijo Salvador Allende hace ya muchos años en momentos terribles para su país, representando al Frente Popular, del que nunca se avergonzó, cuando la derecha hizo estragos por doquier: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

He crecido con el desgarro de aquella noticia del golpe de estado en el momento que ocurrió, en mis años jóvenes; he grabado a fuego en mi cerebro las últimas palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda, examinándolas todas y quedándome con todo lo bueno que hay en ellas; he seguido de cerca a los embajadores de la cultura chilena en el exilio, el grupo Quilapayún, aprendiendo con ellos que el pueblo unido jamás será vencido y que con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades para construir un mundo mejor, como clamaban a su cielo particular en la cantata de Santa María de Iquique. También sé que, para pasear por las grandes alamedas como personas libres, tenemos que juntar las manos con las de otros para abrir murallas reales y virtuales.

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, ilusionándome con amores y no solo buenas razones de participación social constructiva de quienes piensan y trabajan por una España diferente, en la que tengamos cabida todos, aunque tengamos que modificar antes que después la Constitución para que podamos integrar territorios diferentes y que necesitan una autoafirmación de su entidad histórica, sin que por ello se tenga que desmembrar el país. Entenderemos hoy, mejor que ayer, que España necesita una revolución social para no olvidar unas palabras paradigmáticas de Mario Benedetti en Revolución es participación, para alejar definitivamente el fantasma dañino de la abstención en las próximas elecciones generales (2): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”. Impecable.

Creo que somos millones de personas las que deberíamos movilizarnos ya en este país para llenar las grandes alamedas de libertad de nuestros pueblos y ciudades, desafiando desde este preciso momento, de forma pacífica, pues nos queda todavía la palabra, a quienes avisan a navegantes descreídos que viene el monstruo político del Frente Popular, al que tanto respeto tal y como lo concibo: una ideología, no inocente, que persigue resolver los problemas de vivir a diario, como individuos y en comunidad, en todos los frentes posibles, pero con prioridades centradas en la salud pública universal, la educación pública universal, la atención a servicios sociales públicos universales de dependencia e inclusión social y el hilo conductor de la vida digna: el trabajo remunerado de forma decente que permita a cada ciudadano recibir la contraprestación dineraria por el trabajo bien hecho. Con el adjetivo “universal” siempre presente, reiterativo, para no excluir nunca a los más débiles, a los que menos tienen.

Será la única forma de que, como personas libres pertenecientes al Frente Popular de la Dignidad Humana, podamos construir una sociedad española mejor. Es lo que no olvido del mensaje esperanzador y paradójico de Salvador Allende.

Sevilla, 16/II/2019

(1) La imagen se recuperó el 11 de septiembre de 2018 de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2)Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

Nos “españamos” con las cosas que suceden en España (II)

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El grito

Acabo de leer las noticias políticas de España en varios periódicos digitales y me sobrecogen, mejor dicho, me «españan», sobre todo las de la derecha cerril y ultramontana, en un mar revuelto de insultos y descalificaciones a diestra y siniestra, ignorando que el diálogo con Cataluña debe llevarse hasta el final político que marca la Constitución, sin tener que judicializarse todo por definición, en una proclamación urgente y permanente de la separación de poderes.

Vuelvo a leer un artículo que escribí el año pasado sobre este verbo italiano, spagnarsi, porque me permite reescribir aquellas palabras cambiando hoy lo que hay que cambiar. Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Hace algunos años volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones políticas como las que estamos viviendo estos días, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país, de todos los políticos y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 8/II/2019

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

Me disgusta la democracia cuando calla

Estamos viviendo momentos transcendentales en este país, en el que parece que la democracia calla, aunque cuando lo hace… me disgusta, recordando los contrarios del poema precioso de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas. Salvando lo que haya que salvar, cada estrofa se podría asimilar al amor profundo, la creencia en la vida democrática y el disgusto por su silencio. Tengo la sensación de que hay un silencio aterrador, desesperado, cómplice, a la hora de defender la democracia, controlada por el poder del dinero, que siempre ha sido y es un poderoso caballero.

Asistimos incólumes a las bravatas de Trump, al drama humano en Venezuela y otras partes del mundo, al dolor de los migrantes que caminan hacia ninguna parte, al paro estructural, a la abstención clamorosa en los procesos de elecciones, como ha ocurrido recientemente en Andalucía; a la fragmentación territorial y política de este país que lo hace cada vez más ingobernable y con avisos para navegantes de la derecha cerril que a la memoria histórica hacia las personas que murieron de mala forma en la guerra civil se la denomina “gasto en desenterrar huesos”. Y la democracia calla, no va a las urnas.

La estrofa final del poema me inspira su contrario aplicándolo a la democracia, un amor verdadero: Me [disgustas] cuando callas porque estás como ausente. / Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa bastan. / Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Solo recupero la alegría de vivir en un día cualquiera como hoy cuando, gracias a seres humanos, a millones de seres anónimos que se esfuerzan diariamente por hacer la vida más amable y digna a los demás, constato que podemos sacar a la democracia de su silencio, de su ausencia, de su distancia, de su dolor, porque creo entonces que otro mundo es posible. Y comienzo a estar alegre, alegre de que no sea cierto su silencio.

Sevilla, 6/II/2019

NOTA: en el vídeo, Víctor Jara interpreta el Poema 15 del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado en 1924. Esta canción pertenece al disco sencillo Venían del desierto, en su cara B, publicado en 1972 y que pertenecía al álbum El derecho de vivir en paz lanzado el año anterior.

Yo no pido

A estas alturas de la película de mi vida, no pido casi nada, recordando a Pablo Milanés. Me ha emocionado escuchar a su hija, Haydée Milanés, cantando esta canción preciosa junto a Pablo y Fito Páez. Mientras la escucho, tarareo en voz baja que yo no pido que en este mundo tan convulso me bajen estrellas azules; solo pido que mi espacio se llene con la luz que necesito para seguir viviendo. Yo no pido que me firmen papeles grises para seguir convencido de lo que el mundo necesita, el respeto a las personas dignas, el amor distribuido. Solo pido que los demás quieran las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no voy a negar casi nada, convencido de que el futuro mejor algún día llegará y del presente, qué me importa la gente si es que siempre van a hablar (mal, por supuesto). Solo pido que la utopía de un mundo mejor, en este aquí y ahora, siga llenando este minuto -en el que escribo- de razones para respirar. No necesito que la vida me complazca y tampoco pido que se niegue, que no hable por hablar.

Aunque lo necesito, yo no pido que la utopía de ese mundo mejor me baje una estrella azul, solo pido que mi espacio compartido con las personas que quiero se llene con su luz.

Sevilla, a 2 de febrero de 2019, horas antes de estar cerca de Pablo Milanés, a quien tanto aprecio y no olvido. A quien no pido nada, porque todo es agradecimiento hacia él en la intrahistoria de mi memoria de hipocampo.

Las palabras siempre vienen detrás

hechos son amores

No he olvidado estas palabras de Benedetti en Revolución es participación (1): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”.

En estos días del terremoto político en Andalucía suenan con gran fuerza en mi interior, incluso volviendo a recordar un refrán de mi infancia: hechos son amores y no buenas razones. Los hechos políticos verdaderos son los que abren siempre caminos nuevos, porque el ejemplo de lo que sucede en beneficio de todos es lo que convence de verdad a la ciudadanía. Lo que ocurre es que casi siempre invertimos los términos en política y se suele hablar más que demostrar lo que verdaderamente convence, es decir, los hechos verdaderos y constatables. Tenía razón Michael Ignatieff, el candidato a la presidencia de Canadá, cuando afirmaba que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”, pero este “amor”, la verdad, hay que asumirlo siempre.

El problema en estos días es que la izquierda sigue empecinada en no hablar de lo que ha sucedido en Andalucía, del fracaso político real y constatable. Mucho mejor sería, incluso por higiene mental de izquierdas, analizar en profundidad los hechos que han llevado a esta situación que ahora incluso busca gente para ocupar el muro de las lamentaciones, constatándose en estos días terribilis que ya falta mar para acoger a los que se están tirando del barco político correspondiente, tocado y hundido. Y lo que está pasando es que la desmovilización de la izquierda es total, porque se ha vaciado su alma política. Y hay que mirar hacia atrás sin ira, para seguir aprendiendo de los errores. El escritor portugués Lobo Antúnes lo comentó una vez y se me ha quedado grabado para siempre. Era una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja, es decir, los equivocados, los fracasados temporalmente, debemos buscar de nuevos hechos, amores, que nos lleven a abrir caminos ilusionantes por las grandes alamedas políticas de una sociedad diferente, instalada en la libertad, donde puedan pasear por ellas las personas libres. Aunque tengamos que mirar de forma obligada hacia atrás para analizar en profundidad qué ha pasado y corregir los errores, para que las nuevas ilusiones encuentren las mejores palabras que anunciar.

Será la única forma de hacer justicia a lo ocurrido en Andalucía, porque podremos por fin justificar con palabras los hechos que hoy, por silencios cómplices y vergonzantes de la izquierda, por el absentismo galopante de más de dos millones, seiscientos mil electores en potencia, nos atenazan y nos dejan mudos. La revolución conlleva siempre participación y presencia.

Es verdad, hechos son amores votados y no buenas razones, porque las palabras deben venir siempre detrás para explicar todo, incluso para decir claro y alto por qué no se ha justificado la derrota de la izquierda en el momento oportuno. Por mucho que nos duela hacerlo.

Sevilla, 13/I/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://youtu.be/Z7YdxHDpFcU

(1) Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

¡Preferiría no bajarme… del barco político!

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El espectáculo que estamos viviendo estos días en relación con la elección de la Presidencia de la Junta de Andalucía, refleja la «altura» política de los dirigentes que pugnan por hacerse con el gobierno de esta Comunidad. Lo sucedido con los documentos cruzados de los denominados «acuerdos», teledirigidos desde los aparatos centrales de los partidos en liza como un desprecio manifiesto a los dirigentes de los mismos en esta Comunidad, que luego se anuncian y reinterpretan de mil formas posibles, reflejan también la frase gloriosa de Groucho Marx en relación con sus principios: no hay que preocuparse, porque si no gustan hay otros.

He repetido hasta la saciedad en este blog y lo vuelvo a hacer hoy, que la lectura del relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, me sigue marcando en diferentes etapas de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria, ante situaciones concretas, tomar este tipo de decisiones de mantenernos o no en el barco político correspondiente, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones tenemos la tentación de copiarle sin rubor alguno.

La situación política del país, en general, y de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en particular, es una continua ceremonia de confusión que alimenta al Bartleby que casi todos llevamos dentro y estamos tentados de abandonar el barco en el que cada uno navega por los mares procelosos de la vida, ante un panorama muy desalentador desde la pertenencia democrática que cada uno tiene y defiende. Siendo una realidad que invade muchas personas de secreto, creo que hay que saber reaccionar a tiempo y permanecer en el barco, en plena tempestad, porque ahora es cuando más nos necesita la sociedad en general y la democracia en particular.

Lo difícil es practicar cómo hacerlo. Sin ánimo de dar lecciones a nadie, creo que estamos viviendo momentos especiales en los que se necesita hablar de compromiso activo en cada momento en el que lo requiera el guion político que corresponde ahora en Andalucía, que tanto nos preocupa, como en su momento escribí sobre el proceso catalán.

El síndrome de Bartleby se une también al que sufrimos al tener la tentación de tirarnos del barco en el que navegamos a diario. El contexto político actual, con el gran triunfo en Andalucía del partido abstencionista, es propicio para este abandono de barcos de dignidad, en la búsqueda imposible de islas vírgenes de la condición humana. Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo como es el actual, sentimos con frecuencia algo que se puede convertir en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Como en todo aforismo, lo que expresa es objetivo, porque vivimos rodeados de deserciones de ideales y de compromisos sociales, representados en los famosos dichos “a mí que no me llamen” o “que lo resuelvan los verdaderos culpables”, como si lo que está ocurriendo no fuera también una responsabilidad “política” de todos en el sentido más pleno de la política activa. Es también inteligible (otra condición de todo aforismo), porque muchas personas que se mantenían hasta ahora en el puente de mando personal, político y profesional en el país, saben que es cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica es obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Es verdad, desgraciadamente, que cada uno está al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte con la fragilidad que le es propia, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Ojalá, nazca un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar… del desencanto y de la desafección política

Aunque en esta ocasión, como en todo aforismo, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto. Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar dignamente a los cuatro vientos: ¡preferiría no bajar del barco político!, sin que ello nos arrojara al mar del desconsuelo. Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero seguir en la lucha por la verdad desnuda y buscada en común. En mi soledad sonora a veces, porque escuchar y saber determinadas cosas en estos días, no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 9/I/2019