Canción triste de la izquierda, hoy, en Andalucía

[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos.

Mario Benedetti, en el Soneto del pensamiento

¿Qué pasa en la izquierda de Andalucía? Hablo en presente porque creo que es necesario hacer un examen profundo de la situación actual de la denominada “izquierda” (para entendernos) y no quedarnos solo en lanzar ataques furibundos sobre todo el espectro del centro y de las derechas, como una mal entendida defensa para justificar lo ocurrido el pasado 2 de diciembre. La democracia nos enseña que hay que respetar de forma casi reverencial el resultado de las urnas. Otra cosa es conformarnos con lo ocurrido y dejar que todo siga igual. Decían los clásicos que evaluar es emitir juicios bien informados. Salvo error por mi parte en el rastreo técnico que he efectuado para evaluar lo ocurrido con la izquierda, creo que todavía no se ha hecho un examen a fondo de las circunstancias de texto y contexto en torno a las pasadas elecciones. La crisis de la izquierda data ya de hace varios años, quizá demasiados, donde se han ignorado continuamente las señales de falta de identidad de la militancia activa y pasiva en torno al espectro de la denominada izquierda. Lo ocurrido el día 2 en las pasadas elecciones al Parlamento de Andalucía ha sido la crónica de un desastre anunciado por el rebosamiento de la grave fractura de la izquierda en Andalucía. ¿Por qué un absentismo de la izquierda tan abrumador y lejano del derecho a votar?

¿Razones? Muchas y de variadas procedencias, pero la más importante es la falta de identidad de creencia en la ideología que debería sustentar la opción citada. Muchas veces he indicado en este blog que las ideologías no son inocentes, ninguna de ellas, pero ahora me centro en la izquierda (para seguir entendiéndonos). Todo lo que no sea cuidar la razón de por qué somos, existimos y vivimos dignamente, por medio de la política entendida en su justo sentido aristotélico, de la defensa de la ciudadanía en sus derechos y deberes, como garantía de la democracia, que solo se consigue a través de los programas políticos convincentes (que no todos son iguales y es donde la izquierda debe mostrar siempre su sensibilidad especial hacia todas las personas por justicia social y principios de equidad en la accesibilidad a la dignidad humana para todos, sin excepción alguna), es participar en conformismo diletante que es lo peor que le puede ocurrir a la izquierda (para entendernos de nuevo). Y la izquierda, digámoslo sin tapujos, se ha instalado en ese conformismo atroz. Decía en tal sentido Lukács, mi maestro en el neomarxismo de juventud, que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1). Las razones de la izquierda deben ser expuestas siempre de forma muy clara y de la forma más homogénea posible, impulsando sobre todo la transformación social, no solo los cambios, cuidando con esmero a los más débiles para alcanzar entre todos otro mundo posible. La fractura de la izquierda no ha hecho otra cosa en los últimos años que entorpecer con su división esta noble tarea de transformación. Así de claro y alto.

Además, me preocupa mucho el conformismo de la izquierda en Andalucía, que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los mediocres, tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa de la izquierda está fatal. Pero ¿qué es la cosa?, ¿su cosa, nuestra cosa?

La cosa de la izquierda es la vida misma, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna: encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda.

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como los de siempre -para tranquilizar sus conciencias- han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

La izquierda necesita gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso, del Parlamento de Andalucía en estos momentos, el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y a la Comunidad Autónoma de Andalucía por extensión, sobre todo a millones de personas que malviven por el paro y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha y de la ultraderecha ahora no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca de lo ocurrido el pasado 2 de diciembre, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país y de esta Comunidad sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice a que todo siga discurriendo con conformismo indigno.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para esta Comunidad, para este país, en definitiva, porque el problema de la izquierda activa es general. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

La izquierda, unida, jamás será vencida. Quizá sea la única forma de entonar a partir de ahora una canción alegre de la izquierda en Andalucía. Como la de Quilapayún.

Sevilla, 28/XII/2018

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s; Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3; Cobeña Fernández, J.A. El cerebro necesita ideología, cada día: https://joseantoniocobena.com/2012/03/19/el-cerebro-necesita-ideologia-cada-dia/.

Al Jesús desconocido

RESCATE OPEN ARMS1

Dedicado a todas las personas que respetan al ciudadano Jesús, hoy y siempre.

Mientras estaba esperando en la calle a su familia, sintió bastante desasosiego al ver la ciudad llena de símbolos de Navidad. Hablaba frecuentemente con amigos del sentido de estos días en charlas interminables y casi siempre finalizaban con un sentimiento de soledad al tomar conciencia de que al analizar estas fiestas en profundidad tenía una sensación parecida a los que gritaban a Pablo en el Areópago de Atenas: “¿Qué querrá decir este charlatán?” Y otros: “Parece ser un predicador de realidades o divinidades extranjeras”. La realidad es que lo único que deseaba era dar sentido a unos días especiales que poco a poco van siendo dominados por la economía de mercado, por la sociedad de consumo. ¡Es la economía, estúpido!, gritaban a su alrededor.

Pasados unos días, unos cuantos lugareños le llevaron a un lugar tranquilo, sin llegar a ser nunca el rincón de pensar, lejos del areópago virtual en el que se ha convertido el mundo, para decirle lo siguiente: “¿Podemos saber cuál es esa reflexión sobre estos días que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas, escribes cosas raras para los tiempos que corren y querríamos saber qué es lo que significan”. La verdad es que muchos ciudadanos de esta ciudad imaginaria en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir u oír la última novedad o cotilleo digital.

Ya reunidos de nuevo y armado de valor y ardor guerrero les dijo:

“Veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, vuestros belenes, he encontrado uno en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Jesús desconocido» Recuerdo que el Dios que decís que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Dicen que Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: «Porque somos también de su linaje». Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. Eso dicen los más respetuosos con la divinidad».

Esta última idea les molestó mucho y se acabó la reunión en un silencio profundo. Algunos comprendieron el mensaje implícito de sus palabras en la Navidad de 2018. Otros se fueron huyendo como de la peste y lo divulgaron por las redes sociales. Se quedó pensando que tal y como se leía en los títulos de crédito finales de las películas de su infancia rediviva, cualquier parecido de aquellas palabras con la realidad de lo aquí ocurrido en la Navidad actual no era pura coincidencia.

Sevilla, 23/XII/2018

NOTA: la imagen de la tripulación del “Open Arms”, durante las tareas de rescate de 307 personas, el viernes 21 de diciembre de 2018 frente a las costas libias, se ha recuperado hoy de https://elpais.com/politica/2018/12/22/actualidad/1545496688_708877.html?rel=mas

El aleluya de Mozart (II)

Todos los años, cuando se acercan estas fechas festivas en torno a una historia que perdura a lo largo de los siglos, la de un niño Jesús proletario, como le gustaba decir a José Saramago, suelo escribir unas palabras que envuelven otras que he escrito en este cuaderno digital en torno a la Navidad. Es mi forma de entender un regalo y su estela, dedicado a las personas que me acompañan en este viaje digital y humano.

En este sentido he querido recuperar hoy unas palabras escritas el año pasado y que deseo recuperar por mi proximidad a Mozart, al que sigo de cerca en mi formación musical actual, intentando comprender lo que soñó al reinterpretar una palabra mágica y su contenido desarrollado en una partitura asombrosa. El aleluya (¡Alabad a Dios!) final de Mozart sigue muy presente en nuestras vidas…, en su música, aunque se ignore que cierra una composición con un libreto esperanzador, donde cada uno, cada una, debe buscar el día amigo que brilla, para que sobrevenga la esperada tranquilidad que necesitamos hoy más que nunca:

Regocijaos, alegraos,
¡oh vosotras, almas felices!
cantando dulces cánticos.
Respondiendo a vuestros cánticos,
los cielos se unirán a mí.

El día amigo brilla,
ahora que tormentas y nubes han huido.
Una inesperada tranquilidad ha sobrevenido para el justo.
En todas partes reinaba la oscura noche,
pero finalmente se alzan felices
incluso los que tenían temores,
regocijándose en la venturosa aurora
y ofreciendo a manos llenas
guirnaldas y lirios.

Tú, corona de las vírgenes,
danos la paz,
mitiga la congoja
que hace suspirar al corazón.

¡Aleluya!

El maestro austriaco siempre apreció con respeto reverencial la música de Haendel. En 1777, bastantes años después del fallecimiento del músico alemán, el compositor Georg Vogler enseñó por primera vez su oratorio El Mesías, a Mozart, en Mannheim, aunque la historia ha demostrado que fue el barón Gottfried van Swieten quien puso un gran empeño en que Haendel fuera conocido y respetado en Viena, entregando varias partituras de Haendel a Mozart con objeto de que las estudiara y preparara una versión actualizada de las mismas. Entre ellas se encontraba la de El Mesías, a la que incorporaría instrumentos más sofisticados que los utilizados por Haendel, tanto en viento como en metales. Así fue y en 1789 se publicó la citada versión reorquestada (KV 572).

Mozart había publicado en Milán, en 1773, una composición muy hermosa con libreto de da Ponte, el motete Exsultate, jubilate (KV 165), que finalizaba con un movimiento final dedicado a una palabra que es el hilo conductor de la Navidad, Aleluya. Escucho muchas veces esta obra cantada de forma asombrosa por Aksel Rikkvin y es todavía más sorprendente el cuidado extremo que tuvo en la revisión de El Mesías de Haendel en esta parte fundamental de la misma. La humildad del compositor austriaco se muestra en todo su esplendor en la partitura de la versión que hizo sobre el maravilloso Mesías de Haendel. Dos formas de interpretar el Aleluya y una sola forma de componer con una espiritualidad incontestable.

En estos días, en los que el mundo se distrae con los recuerdos de aquel acontecimiento que encumbró al Mesías prometido después de su nacimiento, como una de las historias mejor contadas de la humanidad, he querido recordar al compositor de Salzburgo, por la forma de transmitir a través de la música la belleza de la vida que nace en cada momento feliz, que solo se entiende cuando nos proponemos vivir apasionadamente las experiencias del afán de cada día, de cada carpe diem, sin que tengamos que recurrir a la Navidad para experimentarlo ocasionalmente.

¡Aleluya!

Sevilla, 20/XII/2018

Quiero a la Constitución como para leerla cada noche

. FALTA MAR

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Mañana cumple nuestra Constitución cuarenta años, recordando fechas inolvidables al ser aprobada por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto andaluz. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Lo sucedido el pasado domingo en las elecciones de Andalucía son un reflejo de la imprescindible transformación social que necesitamos abordar para reforzar el sentido del voto constitucional ante la clamorosa ausencia en las urnas de más de dos millones de electores andaluces. Sin votos la democracia se debilita hasta extremos inconcebibles porque algo pasa en nuestra sociedad para que haya esta deserción de participar en la ceremonia democrática por excelencia a través del voto personal e intransferible. O la realidad del voto del desencanto que ha canalizado Vox con sus artes marciales.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para leerla cada noche. No lo olvido en el marcapáginas del libro de mi vida. El país, nuestra Comunidad debe aspirar siempre a ser una asociación de personas libres articulada por la Constitución.

Sevilla, 5 de diciembre de 2018, un día antes del 40 cumpleaños feliz de la Carta Magna que permite aunar el amor y el sufrimiento de millones de ciudadanos y ciudadanas en este país tan necesitado de señas de identidad de Estado que se articulen a través de la Constitución.

NOTA: la imagen que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

La jornada de reflexión hermosea la democracia

ENCRUCIJADA

Hoy estamos viviendo la jornada de reflexión en Andalucía ante las elecciones al Parlamento de la Comunidad Autónoma que se celebrarán mañana. Me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades que tanto aprecio y en su contexto he descubierto una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente” que recupero para festejar esta jornada. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo hermosear también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de mi voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide ni siquiera un momento en esta jornada tan vistosa de reflexión.

Sevilla, 1/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

Elecciones en Andalucía: el Partido Abstencionista

ABSTENCION

Si hay algo que me preocupa en las elecciones de Andalucía es la abstención en su fondo y forma. Los datos de las últimas elecciones en 2015 fueron ya muy preocupantes porque quien ganó en Andalucía fue la abstención: un 36,6% del censo de votantes o lo que es lo mismo, 2.266.104 votantes no fueron a las urnas a depositar su voto. Es una cifra para reflexionar porque el triunfador relativo, el Partido Socialista, obtuvo el 35,41% del censo, con un total de 1.411.278 votos, casi un millón de personas menos de los que se abstuvieron en aquella ocasión.

Creo que tenemos el deber de votar en esta ocasión transcendental para Andalucía. Sabemos lo que queremos y a través de los programas conocemos quién habla de lo de siempre sin aportar nuevas ideas y proyectos y quién desea transformar honradamente Andalucía, que tanta atención necesita en sus puntos más débiles: paro, ética política y atención preferente a la educación, salud y servicios sociales.

Con ocasión de las elecciones generales al Congreso en 2016 escribí un artículo con el hilo conductor de la abstención, El Partido Abstencionista, en el que también analicé su proyección en Andalucía: “¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término “democracia”, porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable”.

Los datos arrojan un dato preocupante: en torno a dos millones de votantes andaluces no suelen participar en los comicios, ni generales ni autonómicos. Hoy día los necesitamos porque lo único que puede aunar voluntades en la participación democrática mediante la inserción en la urna del sobre verde. Es la única forma que ofrece la democracia de poder transformar lo que no nos está haciendo bien alguno, pensando en uno mismo y en los demás.

A diferencia de lo que decía Groucho Marx, tengo unos principios sobre la abstención y si no gustan ya digo alto y claro desde este foro que no tengo otros. Lo repetiré una y mil veces y antes del día de reflexión vuelvo a pronunciarme sobre esta realidad social, la abstención, que tanto daño hace al progreso de la democracia y por extensión, ahora, a esta Comunidad Autónoma: “Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco o verde, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no».

Lo que no se comprende, aunque sea legítima, es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma, Andalucía en concreto en este aquí y ahora, viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 30/XI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.0800flor.net/wp-content/uploads/2012/10/la-foto-2.png

El día de un librero digno: Guido Orefice

DIA LIBRERIAS 2018

En mi imaginario hay recuerdos que no se borran, como el de un librero digno de cuyo nombre, Guido Orefice, quiero acordarme especialmente hoy, día de las librerías. Recuerdo que era el protagonista de la película La vida es bella, porque abrir una librería era uno de sus sueños, junto a comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). No lo he olvidado desde que le conocí en aquella película excelente que me dejó helado el corazón por su hilo conductor.

Recordando, leo de nuevo lo que escribí en esta efeméride del año pasado, de la que no cambio nada: «Vivimos unos años en los que abrir librerías no es lo habitual en la economía de mercado, más bien cerrarlas. Que se les dedique un día especial me parece extraordinario en los tiempos que corren y en los que no se valoran los llamados “placeres inútiles”, entre los que se encuentra el acto de leer apasionadamente. Días como hoy nos ofrecen la oportunidad para acercarnos de nuevo a los libros, sabiendo de antemano que nada es inocente en este negocio. Lo que sí tengo claro es que, gracias a libreros a libreras, seguimos ilusionados en conocer bien a autores que nos devuelven muchas veces la razón de existir o ser, aunque la dialéctica que viven las librerías con la competencia del mundo digital abre una nueva forma de adquirir este conocimiento. Lo leía recientemente en la revista “Mercurio” (nº 191, mayo de 2017), en una entrevista a Lola Larumbe, propietaria de una librería también muy querida por mí, “la Alberti”, como se la conoce coloquialmente en Madrid. Ante la pregunta de cómo se puede convencer al lector para que acuda más a las librerías y menos a esas plataformas de Internet que sirven tan eficazmente, Lola responde: “Es una cuestión de principios. Si no vivimos con unos principios, apaga y vámonos. Nuestra actitud ha de ser activa y combativa. Si no quieres subempleos, sueldos mínimos, contratos basura, no puedes engordar ese sistema. Como nuestro poder político es muy pequeño, hay que consumir responsablemente, es casi la única arma”.

Un gran debate está en medio de esta situación, aunque siempre creo que hay elementos de convergencia muy claros. La librería que es atendida por profesionales del libro te ofrece un asesoramiento personal e intransferible, en espacios de diálogo responsable que no encuentras en Internet, donde lo probable es que la orientación de compra sea por opiniones de servicio, pero difícilmente de contenidos. Es lo que Lino (mi librero de Madrid) hacía muy bien cuando yo era un niño, porque hablaba con él como niño, pensaba como niño, razonaba con él como niño. Ahora, que he dejado las cosas de niño, busco siempre profesionales en este sector, en una ciudad como Sevilla que es más de bares que de librerías.

MICRORRELATO

He recordado también una historia preciosa que sucedió en 2015 en una librería de Sevilla, La casa tomada, porque una vez una persona tuvo también el sueño de Guido Orefice: abrir una librería: “Un microrrelato de Mª José Barrios copiado a mano por Marta González para colocar en nuestra puerta, que seguro que hemos compartido por aquí más de una vez. Una foto improvisada de nuestro amigo Juan Antonio Hidalgo que desde hace una semana nos encontramos por todos lados, con miles de comentarios, “me gusta”, retuiteos y compartidos en redes sociales… y hoy nos topamos con esta noticia. No es la primera vez que el cuento se comparte en Internet, si bien es cierto que en esta ocasión ha tenido una repercusión sin igual. La única nota amarga, que no llega a empañar la alegría de las libreras, es que en la mayoría de los casos no se cita el nombre de la librería ni de la autora del microrrelato. Tampoco el cartel lo incluye, ya que su intención nunca fue la de llegar tan lejos, sino tan solo la de provocar la sonrisa de los clientes”.

María José Barrios nos ha traído una reflexión, abriendo una librería, con nombre y apellidos, al mundo de la Noosfera. Ha cumplido el mejor sueño con una microhistoria del Sur, que también existe, muy bella. Desde La casa tomada… por Internet. Esta es la razón de por qué busco libros con la linterna de Diógenes, para localizar libreros y libreras para una nueva forma de descubrir la vida pasada, presente y futura a través de algunos libros. Los que nunca se olvidan, porque hubo siempre una persona detrás que, como Lino, te habló de su quintaesencia, no de los fárragos en los que los sume el mercado.

Sencillamente, porque siempre te ayudan a comprender que leer consiste en ver más allá de las páginas de un libro, como le ocurría a Guido Orefice, que quería ser librero para demostrar al mundo que, a pesar de todo, la vida es bella».

Estas palabras son un pequeño homenaje a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, abren todos los días sus puertas para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices.

Sevilla, 16/XI/2018, Día de las Librerías en España.

Faltas de ortografía, de lectura, de… educación

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Estos días aparecen noticias de las insultantes faltas de ortografía que inundan el país, como hecho constatado en unas oposiciones recientes, que muestran una vez más la mala educación que hace estragos en el sentido más profundo de la palabra “educación”. Un maestro, un profesor, con faltas de ortografía, que no redacten bien, que no lean y que no sepan dirigirse a su alumnado con oratoria cuidada, no pueden enseñar casi nada, por mucho que se esfuercen en su labor docente, porque están dejando ver unas carencias fundamentales: la falta de lectura, de rigor en la escritura y en el dictado de los aprendizajes propios que ahora tienen que transmitir, porque la oratoria también tiene su importancia y no solo es cuestión de algunos clásicos impopulares hoy día.

Lo que más me molesta es que se busque un culpable en el mundo digital fuera de las propias personas. Las reglas impuestas por las tecnologías en la telefonía móvil por ejemplo, con su lenguaje tan particular, no deberían alterar el aprendizaje correcto de las esenciales normas de ortografía y redacción en todas las personas, mucho más en el mundo de la docencia. Las abreviaturas, contracciones y neologismos digitales no son los verdaderos culpables de este desastre, porque pertenecen a un nuevo vocabulario digital en constante evolución que, en un día no muy lejano, se incorporarán al diccionario de la lengua española, “fijándolas y dándoles brillo y esplendor” (según el lema de la Real Academia Española), sino la ordenación y organización actual de la docencia y discencia (Paulo Freire dixit), en las que hay una ausencia clamorosa de valoración de la correcta ortografía y redacción asociadas a la educación en general y, sobre todo, a la lectura.

Decía Gabriel García Márquez, en su discurso ante la Asociación de Academias, en el marco del IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias (Colombia) en 2007, que “Los lectores de Cien Años de Soledad son hoy una comunidad que, si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”. Es verdad, porque de la lectura solo se obtienen beneficios. Me emocionó también en su momento leer las razones para escribir que tiene Orhan Pamuk, premio nobel de literatura en 2006 porque, salvando lo que haya que salvar, podrían entenderse también como razones para leer, asegurando de esta forma la ortografía y sintaxis mejores que podamos soñar: “¡Escribo porque quiero hacerlo, con toda el alma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo común y corriente. Escribo para que libros como los míos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa cómo yo, cómo nosotros en Estambul y en Turquía hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque creo más en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir conlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qué estoy furioso con ustedes, con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para terminar de una vez por todas esta novela, este texto, esta página que en algún momento comencé a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil en la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendrán en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo es increíblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la opulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del sentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jamás podré llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz”.

Sustituir en este texto la palabra “escribir” por “leer” sería un buen ejercicio para “educar”, en el sentido más pleno de trabajar por y para la educación, con ortografía y sintaxis incluidas. Hagan la prueba, porque me parece una experiencia extraordinaria. ¿Saben por qué? Porque como Pamuk dice en su preciosa exposición, leemos para ser felices y así me gustaría volver a expresarlo a mis alumnos de toda la vida, para que también sean felices a través de la palabra, que aún nos queda. Porque también fui profesor en momentos cruciales de mi existencia y no lo he olvidado nunca, cuidando las palabras y lo que significan, eso sí, correctamente dichas y escritas, con alma abierta para llenarla de palabras aprendidas en la lectura y transmitidas en castellano perfecto. Leyendo a García Márquez y a Pamuk, por supuesto.

Sevilla, 7/XI/2018

 

¡Bienvenido Mr. Halloween!

Sé que esto no hay quien lo pare porque la maquinaria del mercado no tiene compasión con los que detestamos estas importaciones americanas masivas, que vienen para quedarse definitivamente con nosotros, pero siempre me recuerdan estas situaciones el contenido de la canción que Lolita Sevilla interpretaba en la inolvidable película de Berlanga ¡Bienvenido Mr. Marshall!:

Los yanquis han venido, olé salero, con mil regalos
y a las niñas bonitas van a obsequiar con aeroplanos, 
con aeroplanos de chorro libre que corta el aire, 
y también rascacielos, bien conservaos en frigidaire.

¡Americanos, vienen a España guapos y sanos,
viva el tronío de ese gran pueblo con poderío, 
olé Virginia,  y Michigan, y viva Texas, que no está mal,
os recibimos, americanos con alegría, olé mi mare, olé mi suegra y olé mi tía!

El plan Marshall nos llega del extranjero pa´ nuestro avío,
y con tantos parneses va a echar buen pelo Villar del Río. 
Traerán divisas pa´ quien toree mejor corría, y medias y camisas pa´ las mositas más presumías

¡Americanos, vienen a España guapos y sanos,
viva el tronío de ese gran pueblo con poderío, 
olé Virginia,  y Michigan, y viva Texas, que no está mal,
os recibimos, americanos con alegría, olé mi mare, olé mi suegra y olé mi tía!

Es verdad, los yanquis nos han traído Halloween, nos “obsequian” a lo largo del año con este tipo de regalos, próximamente el “viernes negro”, en un no parar de consumo. Vienen a España guapos, sanos y con dinero, como la última experiencia vergonzante de la visita de Richard Gere, con honores próximos a un Jefe de Estado y solo nos falta gritar todos al unísono,  Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío.

Hoy, no recibo a los americanos con alegría, menos cuando sé que se va a militarizar la valla que separa Estados Unidos de México ante la marea humana que se avecina buscando un mundo mejor y que nos recuerda la que todos los días se acerca a nuestras costas con una clamorosa indiferencia por parte de muchas personas.

Soy respetuoso con las tradiciones y la noche de Halloween o de la Víspera de Todos los Santos, es una de ellas, con diversas inspiraciones culturales, celta y católica, como principales, pero la mercadotecnia se apodera rápidamente de estas celebraciones milenarias y las transforman en una maquinaria implacable de hacer dinero, nada más. España no lo vivía así, aunque Galicia y Asturias tengan reminiscencias importantes de este tipo de celebraciones, que tienen para ellos su sentido.

Lo siento, pero prefiero leer hoy, de nuevo, El monte de las ánimas, de mi paisano Gustavo Adolfo Bécquer, intentando comprender desde Andalucía qué ocurre en este país en momentos en los que es probable que en una noche de los difuntos nos despierte a no sé qué hora “el doble de las campanas”. Como decía él, puede ser que su tañido monótono y eterno nos traiga “a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. (…) Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo, cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche». No es lo mismo.

Sevilla, 31/X/2018
 

Elecciones en Andalucía: ese claro objeto del deseo

Dedicado a las personas que piensan que Andalucía puede cambiar e iniciar un camino diferente, nuevo e ilusionante a través de las elecciones próximas del 2 de diciembre, sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, porque siempre he creído en el mundo digital.

Pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos les ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, son los que logran hacerlo. Piensa… y vota de forma diferente.

José Antonio Cobeña. Votar diferente

No sé si tú, lector o lectora de estas palabras, tienes la misma sensación que yo, pero estando tan cerca de las elecciones del 2 de diciembre, fecha histórica en cualquier calendario democrático, no se aprecia movimiento alguno de los partidos en liza, como si se hubiera instalado en Andalucía una indiferencia, cansancio y desafección política de dimensiones incalculables. Se podría decir en términos fellinianos e pur niente si muove (y, sin embargo, nada se mueve). Cuenta una leyenda que Murillo captó perfectamente esta expresión tan atrevida del movimiento revolucionario de la Tierra que descubrió Galileo (eppur si muove) y así lo dejó pintado en una esquina del cuadro que le dedicó «Galileo en prisión» y que alguien se encargó de ocultar, probablemente los que introducían la palabra nada en cada paso de su vida, porque preferían que todo siguiera igual. Es muy preocupante esta situación porque en unas elecciones se trata, nada más y nada menos, que de posibilitar cambios imprescindibles en la forma de hacer política en Andalucía y debería interesar tanto a la ciudadanía y a quienes gobiernan habitualmente, como a la tranquila oposición que hasta ahora se ha instalado en el parlamento andaluz.

El hartazgo por corrupción de determinados líderes políticos ha hecho estragos en los últimos diez años de la vida política de este país y la falta de ejemplaridad política también. He comprendido el sentido de la frase repetida en muchas ocasiones por Michael Ignatieff, el candidato malogrado a primer ministro de Canadá, en su experiencia política desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país: nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad. Ahí está parte de la cuestión actual que a la que se debe enfrentar cualquier político, por el hartazgo ante tanto mandatario instalado en la mentira. Es escalofriante el poder de esta reflexión, porque es una realidad ciudadana que emerge sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan”. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. Así de sencillo, pero así de difícil en la situación actual, porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión con retranca gallega de fondo que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era.

Basta un ejemplo para certificar este pacto de silencio cómplice que existe en la actualidad. Nos sentimos muy poco concernidos con los programas políticos que se presentarán oficialmente dentro de unos días, porque con independencia de que deban obedecer a las ideologías que inspiran cada partido político, la participación ciudadana universal debería ser un primer mandamiento de la ética política actual: qué piensa, desea, valora, opina y necesita decir la ciudadanía, para ser escuchada en clave de empoderamiento compartido. Sabemos por el último barómetro del CIS de octubre de 2018, en su avance de resultados y con ámbito de Estado, que arroja unos datos muy preocupantes y que se deberían analizar con lupa ante las próximas elecciones andaluzas. Dice la verdad verdadera de lo que piensa y sabe la ciudadanía común.

Entresaco solo algunos datos que considero relevantes en relación con nuestro pasado, presente y futuro político, que se refleja en el siguiente cuadro, donde lo más preocupante se observa en la pregunta 8, si se relaciona obviamente con las dos anteriores: no hay perspectiva positiva de futuro político mejor porque la situación política era, es y será mala.

CIS OCTUBRE 2018

A continuación, he recogido de forma completa la pregunta 9, ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?, por su inmenso valor de perspectiva global para analizar con detalle el estado del arte político en el Estado, destacando porcentualmente el resultado jerarquizado en relación con el paro (36,4%), la corrupción y el fraude (13,9%) y los/as políticos/as en general, los partidos y la política (13,8). Me ha sorprendido el lugar que ocupa la educación, el 13º, con un porcentaje bajísimo, 1,4% del total. Más que sorpresa me causa perplejidad si somos conscientes del papel que debe jugar la educación en la situación social tan alarmante que estamos atravesando en todas las perspectivas de vida.

CIS OCTUBRE 20181

Y un tercer botón de muestra de lo que se debería considerar con carácter prioritario en Andalucía, junto con los resultados anteriores, para sumergirnos en un baño de realidad social propia y asociada, es atender el fondo y forma de la pregunta 12 y sus respuestas jerarquizadas, donde se atisba el principio de confianza que todavía otorga la población española a la democracia en general (89,1% uniendo las respuestas muy de acuerdo y de acuerdo), por encima de las respuestas siguientes que mayoritariamente son bastante descorazonadoras, “Esté quien esté en el poder, siempre busca sus intereses personales”, el 80,6% y “Los/as políticos/as no se preocupan mucho de lo que piensa la gente como yo”, con un 79,3%, uniendo también ambas respuestas.

CIS OCTUBRE 20182

Es una breve reflexión en la antesala de las elecciones andaluzas, tengo que afirmar de nuevo que se nos presenta una nueva oportunidad para generar cambios copernicanos en nuestra Comunidad mediante el voto. Lo he afirmado en diversas ocasiones en este cuaderno digital y no me cansaré de repetirlo: ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 2 de diciembre de 2018. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual.

La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, a través de los programas de los partidos que participen en esta primera etapa anual de participación ciudadana.

El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos o muchos entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de los partidos no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social económica, educativa, de salud y bienestar social que cada persona debe elegir para ser y existir todos los días, de acuerdo con el programa político que mejor responde a la ideología de cada persona, a su creencia. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción (texto en cursiva). Por algo será. Y los Gobiernos, los partidos, los representantes políticos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, mediante el voto, en unas elecciones, porque todos no son ni somos iguales en Andalucía. Afortunadamente, Andalucía, con el voto próximo podemos creer en ella porque e pur si muove, como el mejor homenaje que podemos ofrecer a Murillo en un año en el que lo recordamos especialmente. Sin escondernos en la esquina del cuadro actual andaluz que pintan ahora, con escaso éxito, los agoreros de turno.

Sevilla, 28/X/2018