El ingenio digital

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Todo lo que se desarrolla hoy alrededor del mundo digital que preconizó Nicholas Negroponte, está vinculado estrechamente al ingenio. Pero, ¿qué es el ingenio? Aprendí muchas cosas sobre su significado cuando leí en 1993 un libro precioso de mi maestro a distancia, José Antonio Marina, que tenía un título sugerente, Elogio y refutación del ingenio. Me quedé con una idea muy clara y atrevida: “ingenio es como el sueño de una inteligencia que sueña con la libertad, que desea vivir desligada, sin unción, sin respeto, sin coacciones, sin miedo, dedicada a jugar” (1). Libertad, desligación, devaluación y juego, son la clave genética del ingenio.

En las páginas del diario El País, apareció el pasado viernes un anuncio de la multinacional Siemens, del que entresaco el mensaje central, que reflejaba muy bien qué es el ingenio digital y cómo nos puede servir como gran ejemplo de aplicación para las personas en esta nueva cultura mundial:

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Gracias al uso racional, ingenioso, de las TIC, las ciudades pueden ser más inteligentes y las aceras y sus calles también, como soñó Jane Jacobs en su dilatada vida profesional. La ciudad de Böblingen (Alemania) ofrece calidad de vida a sus habitantes gracias a la regulación digital de los semáforos conectados con los sistemas de posicionamiento de los satélites. Es un ejemplo muy válido para comprender de forma accesible para todos la revolución del mundo digital gracias al ingenio.

Es necesario constatar que el ingenio humano trabaja siempre en el terreno de las paradojas, que es lo que le permite avanzar. Es más llamativo todavía cuando conocemos la asombrosa imperfección del cerebro humano y cómo se vuelve ingenioso por necesidad, nunca por azar, al buscar de forma obligada la libertad, la desligación de la seguridad cuando crecemos, la devaluación progresiva de lo que no nos ayuda a avanzar y el juego con las posibilidades de ser cada día más felices. Un cerebro kluge, que en su momento traté en este cuaderno digital que busca siempre islas desconocidas, como ésta en Alemania, cuya traducción más acertada del término kluge , «ingenioso» (cerebro ingenioso), la encontramos precisamente en la lengua alemana, pero en un contexto que nos hace tocarnos la ropa: se trata del ingenio que hay que desarrollar para que una máquina funcione, como sobre la que el autor demuestra el origen del vocablo, un alimentador de papel, de la marca Kluge, “inventado” en 1935, como complemento de las impresoras mecánicas: “…era un mecanismo de lo más caprichoso, sujeto a frecuentes averías y endemoniadamente difícil de reparar, pero ¡qué ingenioso!” [¡qué kluge!].

Es muy curiosa esta situación en el mundo digital, sabiendo que a veces falla el cerebro, el principal artífice del ingenio, porque la naturaleza lo ha predispuesto en clave de kluge. La sabiduría popular lo traduce en saber “agudizar el ingenio”. Porque es difícil aceptar que vengamos así de fábrica, con defectos, con taras que ha propiciado la propia evolución, preparándonos a lo largo de existencia de cada persona para tomar conciencia de esta situación, reflejada en los fallos de la memoria, en los sentimientos y emociones que no somos capaces de controlar y, lo que es verdaderamente abrumador, saber que enferma en el momento en el que la maquinaria que creíamos perfecta del organismo, no le presta verdadera atención. Vuelvo a repetirlo: la maquinaria corporal, no nosotros, ni el alma humana.

Volvamos al ejemplo de Böblingen. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente, todavía más cuando deseamos que sean inteligentes (smart cities): “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (2). La escala incorrecta es que no somos conscientes de que en ese aquí y ahora en el que nos toca vivir a cada una, a cada uno, se están produciendo movimientos ciegos en nuestras casas, barrios, pueblos y ciudades, ajenos a nuestro control inteligente, pero que están condicionando la vida de los más próximos, quizás hoy lejanos y muy desconocidos, aunque es posible, real, que con las decisiones urbanísticas de hoy, no dejemos vivir a los que queremos por la degradación de un hábitat propicio y que hoy decimos que “disfrutamos” como eslogan aprendido en la cartelería de la usura enladrillada.

La emergencia social es la evolución de reglas simples a complejas: las hormigas crean colonias. Ahí están. Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas, como en el caso de Böblingen. Ahí está. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, lo que permite hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia Española da a estos vocablos construidos de la misma forma. Con la inteligencia creadora de la famosa urbanista Jane Jacobs, a quien citaba anteriormente: que se respeten planes urbanísticos en los que las manzanas de casas sean más pequeñas, en aceras más vitales, en zonas de uso múltiple por doquier y sistemas de transporte público que siempre piensen en las personas [¡!]. Para que el viaje de la vida sea siempre a alguna parte (3).

Álex, el pasajero del autobús de Böblingen, llega a tiempo a su cita con Andrea gracias al ingenio para la vida, porque hay personas que trabajan en el mundo digital y sueñan con la libertad, desean vivir desligados de la tradición que defiende siempre que inventen otros; sin unción, sin respeto, sin coacciones, sin miedo, dedicados a jugar con lo que más aman en su universo digital. En ese proyecto, son ingeniosos porque quieren que seamos puntuales en las ciudades que habitamos y que haya menos corazones rotos, gracias al uso racional de las tecnologías de la información y comunicación. Una maravilla.

Sevilla, 18/IX/2016

(1) Marina, José Antonio (1993). Elogio y refutación del ingenio. Barcelona: Anagrama, pág. 24.
(2) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes, Madrid: Turner-FCE, pág. 90.
(3) https://joseantoniocobena.com/2008/02/21/jane-jacobs-o-la-inteligencia-emergente/

Optimistas bien informados

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Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. Matsuo Bashō (1644-1694)

Hablo de los pesimistas, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti (1) en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. Efectivamente, ante la situación actual del país desde la perspectiva política, estamos obligatoriamente obligados a informarnos bien de lo que sucede, caminando por las grandes alamedas de la transparencia que todos los días hay que buscar, no vaya a ser que nos ocurra lo mismo que a Diógenes de Sinope, prototipo de la escuela cínica, cuando “buscaba a un hombre”. Un día estaba en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Pesimismo en estado puro.

Otra cosa es que, en plan pesimista total, sepamos detectar algo importante en política: localizar los elementos de verdad en todo lo que se mueve en este ámbito, informarnos bien como optimistas natos que somos, porque en ese mundillo político corre la voz de que si algunos dijeran alguna vez la verdad…, mentirían.

Sevilla, 14/IX/2016

(1) Benedetti, Mario (2001). Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://cronopiolandia.wordpress.com/category/mario-benedetti/

 

La izquierda digna, unida, jamás será vencida

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como los de siempre, para tranquilizar sus conciencias, han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

El resultado de la sesión de investidura de ayer mostró la necesidad de gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y sobre todo a millones de personas que malviven por el paro y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca del acto fallido de ayer,  deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna (#IzquierdaJamásVencida, como ejemplo de hashtag, entre otros), publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice al 31 de octubre. Es imprescindible la movilidad social y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país es posible.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

(Si te preocupa la situación actual de este país y crees en la izquierda digna, pasa estas palabras a quien creas que le pueden interesar, porque hoy es el tiempo que puede ser mañana. Estamos en la cuenta atrás para luchar por la gobernabilidad de este país, ante la incapacidad demostrada por nuestros representantes políticos hasta hoy)

Sevilla, 3/IX/2016

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

Necesitamos recompensar los descubrimientos políticos de utilidad general

EUREKA

Estoy muy pre-ocupado [sic] con la situación política actual en este país. Todo tiene su tiempo y cada tiempo su momento, pero mi condición actual -ordenada administrativamente- de estar siempre en estado de júbilo (con perdón), no justifica que no siga comprometido intelectualmente con la cosa política que nos ocupa en estos tiempos revueltos. Por ello he recordado una curiosa experiencia política que conocí hace ya muchos años a través de Aristóteles, en su extraordinaria obra dedicada íntegramente a la política, que sería muy interesante importar con carácter inmediato, salvando lo que haya que salvar, ante el desconcierto que estamos viviendo en esta etapa de investidura política. Por si fuera útil para alguien, algunos o todos los que viven de forma especial la cosa política que tanto nos concierne.

Me refiero concretamente a una parte de la Constitución ideada por Hipódamo de Mileto, hijo de Eurifón, “inventor de la división de las ciudades en calles que aplicó al Pireo, y que por otra parte mostraba en su manera de vivir una excesiva vanidad, complaciéndose en arrostrar la opinión pública que le censuraba por la compostura de su cabellera y la elegancia de su vestido, usando lo mismo en verano que en invierno trajes a la vez ligeros y de abrigo, hombre que tenía la pretensión de no ignorar nada de cuanto existía en la naturaleza, es también el primero que, sin haberse ocupado nunca de los negocios públicos, se aventuró a publicar algo sobre la mejor forma de gobierno. Su república se componía de diez mil ciudadanos, distribuidos en tres clases: artesanos, labradores, y defensores de la ciudad, que eran los que hacían uso de las armas. Dividía el territorio en tres partes: una sagrada, otra pública, y la tercera poseída individualmente”. Pero lo que he recordado hoy especialmente es que “garantizaba también por medio de la ley las recompensas debidas a los descubrimientos políticos de utilidad general”. Genial.

En estos tiempos de mediocridad galopante y de enrocamiento de los partidos que teóricamente deberían defender el interés general, observamos el agotamiento y desencanto que transmiten en general como si la cosa política estuviera agotada, afectando muy seriamente a los principios de la democracia. Sería necesario rescatar también a Mozart para aprender de un protagonista de su ópera La Flauta Mágica, Papageno, ante la necesidad urgente de buscar con él encantadores de pájaros (ya sabemos que sin aclararnos qué tipos de pájaros son imposibles de encantar), que fueran capaces de desmantelar los negocios de Reinas y Reyes de la Noche que corresponda y que cada uno sabrá interpretar con ejemplos de hoy.

Volvamos a Hipódamo de Mileto. Decía Aristóteles en el comentario a esta experiencia tan atrevida, que “En cuanto a las recompensas que se conceden a los que hacen algunos descubrimientos útiles para la ciudad, es una ley seductora en la apariencia, pero peligrosa. Será origen de muchas intrigas y quizá causa de revoluciones. Hipódamo toca aquí una cuestión sobre un objeto bien diferente: ¿están o no interesados los Estados en cambiar sus instituciones antiguas en el caso de poderlas reemplazar con otras mejores? Si se decide que tienen interés en no cambiarlas, no podría admitirse sin un maduro examen el proyecto de Hipódamo, porque un ciudadano podría proponer el trastorno de las leyes y de la constitución como un beneficio público”. Es verdad, pero estamos asistiendo a un espectáculo de agotamiento político por las fórmulas encorsetadas en las que transcurren los debates y la forma de abordarlos en el Palacio de la verdad democrática, el Congreso, así como de la propia representación política con el sistema electoral actual, que urge introducir cambios a marchas forzadas, maximis itineribus que decía Aristóteles.

En cualquier caso, es imprescindible que en política se hable de futuro y de una forma diferente de hacer las cosas políticas, con arte. Es una delicia seguir leyendo a Aristóteles cuando analiza, eso sí sin emitir juicios personales sobre la experiencia que narra, el modelo político de Hipódamo de Mileto: “La innovación ha sido provechosa en todas las ciencias, en la medicina, que ha prescindido de sus viejas prácticas, en la gimnástica, y en general, en todas las artes en que se ejercitan las facultades humanas; y como la política debe ocupar también un lugar entre las ciencias, es claro que es necesariamente aplicable a ella el mismo principio. Podría añadirse que los hechos mismos vienen en apoyo de esta aserción. […] La humanidad en general debe ir en busca, no de lo que es antiguo, sino de lo que es bueno. Nuestros primeros padres, ya hayan salido del seno de la tierra, ya hayan sobrevivido a alguna gran catástrofe, se parecen probablemente al vulgo y a los ignorantes de nuestros días; por lo menos, esta es la idea que la tradición nos da de los gigantes hijos de la tierra; y sería un solemne absurdo atenerse a la opinión de semejantes gentes. Además la razón nos dice, que las leyes escritas no deben conservarse siempre inmutables. La política, y lo mismo pasa con las demás ciencias, no puede precisar todos los pormenores. La ley debe en absoluto disponer de un modo general, mientras que los actos humanos recaen todos sobre casos particulares. La consecuencia necesaria de esto es, que en ciertas épocas es preciso modificar determinadas leyes”.

Sin comentarios ante estas últimas palabras. No nos queda duda alguna: necesitamos recompensar los descubrimientos políticos de utilidad general. Salgamos como Diógenes a buscarlos por las calles, que son de todos, que preconizó en su día este arquitecto de la política tan singular, Hipódamo de Mileto, a quien se las debemos hoy día. Hagámoslos públicos, porque el museo de innovación política tiene desgraciadamente las estanterías vacías.

Sevilla, 2/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://latam.askmen.com/noticias-poder-dinero/2344/article/como-sucede-un-momento-eureka

Las fotografías nunca son inocentes

MARC RIBOUD

Como ocurre con las ideologías, las fotografías nunca son inocentes porque siempre hay un ojo humano detrás que ordena. Hoy hemos conocido el fallecimiento del fotógrafo francés Marc Riboud, que muchas personas recordarán por su famosa fotografía de la chica con la flor, por cierto, no inocente. He conocido el hilo conductor de su profesión, una frase de un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija momentos especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento de nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función.

Deseo hacer un reconocimiento al trabajo desarrollado por Riboud a lo largo de su dilatada vida, fotografiándola e incorporándola a su paraíso particular, que simboliza un homenaje a fotógrafas y fotógrafos de todo el mundo, no inocentes por su ideología, que nos siguen aportando a diario imágenes para no olvidar que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, aprendiendo de otro fotógrafo excepcional, Sebastião Salgado, que salió a buscarlo en 2005 para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Hay fotógrafos y fotógrafas que retratan almas especiales, en blanco y negro, como Riboud o Salgado, porque muchas veces estamos ciegos ante el color que dio al mundo la creación transcendental del hombre y la mujer, que tuvieron la oportunidad de ver durante un tiempo el paraíso de sus almas. Gracias, hoy, a Marc Riboud, a Salgado y a tantos profesionales anónimos que aun jugándose a diario la vida nos aportan tanta verdad a través de sus ojos, como aprendimos un día de Machado, ya que no son ojos porque los veamos, sino que son ojos porque a través de sus fotografías nos ayudan a ver.

Sevilla, 31/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/31/actualidad/1472636848_761527.html

Sé lo que entrego, no lo que se recibe

BLAS DE OTERO

Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido
Antonio Porchia (1885-1968)

Ante el fenómeno de la hoja en blanco, con el que me encuentro cada día que escribo en este blog, recuerdo siempre esta frase del poeta ítalo-argentino Antonio Porchia, que me parece extraordinaria y llena de sentido en un momento crucial para los que apreciamos el arte de escribir. Puedo decir todo o nada en lo que doy, pero existe para mí el compromiso ético de decir siempre algo especial, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de mi admirado Ítalo Calvino. En definitiva, se trata de respetar el arte de empezar y acabar un artículo, un post, sobre todo porque deseamos transmitir a los demás la magia que rodea siempre a las palabras.

Suponiendo que digo algo especial cada día, siempre queda el escenario desconocido de cómo se reciben estas palabras que todavía me quedan. Lo que entrego lo conozco bien, lo he vivido casi siempre y, sobre todo, lo he sentido como especial. Lo que desconozco es qué significan para quien lo lee y lo interioriza o simplemente pasa de puntillas sobre ellas.

La duda de Porchia es hoy la mía, pero tengo clara una razón para escribir y entregar palabras especiales a los demás. Verán. Escribir en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma”.

Miro muchas veces hacia atrás, como aprendí en una ocasión de una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque nunca lleguemos a saber lo que los demás han entendido sobre aquello que se entrega mediante algo maravilloso que nos queda: la palabra.

Sevilla, 29/VIII/2016

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776

Todo aquél que es alguien…

Así se promocionó la última película de Woody Allen en el Festival de Cannes de este año: todo aquél que es alguien estará en… Café Society, jugando con su hilo conductor, tal y como se explicaba en el documento distribuido oficialmente a la prensa como notas de producción. El constructo “Café Society” se refiere al ambiente de aristócratas, artistas y personalidades que frecuentaban los cafés y los restaurantes de moda en Nueva York, París y Londres al final del XIX y principios del XX. Esta denominación estuvo en boga en Nueva York en los años 30, donde existían docenas de clubes, que incluso en algún caso contaban con orquestas sinfónicas. Cada noche, frecuentaban los clubes de jazz de Greenwich Village, el Morocco de Midtown, así como el célebre Cotton Club situado en la calle 124 de Harlem.

El guionista y director de la película, lo afirma con gran rotundidad: «Esa época siempre me ha fascinado. Es uno de los períodos más emocionantes en la historia de la ciudad, donde la emoción reinaba todas las noches porque el Distrito de Manhattan vibraba al ritmo de sus teatros, cafeterías y restaurantes elegantes y con estilo».

Anoche, sin ser afortunadamente alguien del estilo preconizado en la película, estuve… en Café Society y tengo que reconocer que me causó muy buena impresión, aunque ese, definitivamente, no sea mi espacio vital habitual. La voz en off de Woody Allen me introdujo en ese fascinante mundo y comprendí muy bien el hilo conductor de la película, a través de diálogos memorables que, desgraciadamente, no pude retenerlos todos en mi mente. Recuerdo algunos de especial interés, como por ejemplo el referido a la vida que “es una comedia, escrita por un comediógrafo sádico “, “el amor no correspondido provoca más muertes al año que la tuberculosis”, “los sueños son siempre eso, sueños” (como broche final de la vida, no solo de la película) o “ante las preguntas sin respuesta la mejor respuesta es la que no existe”. También, los referidos al sarcasmo de la dialéctica de judaísmo y cristianismo en los últimos momentos antes de la ejecución del gánster de la familia o los planos electrizantes del reencuentro en Nueva York de los dos protagonistas de la película, Bobby (Jesse Eisenberg) y Vonnie (Kristen Stewart), cada uno ya en su microcosmos forzado o, mejor, creado a pesar de ellos mismos, negando ambos el principio de realidad cuando el amor planta cara ante cualquier persona que lo aprecia y vive. Que, además, siempre vuelve, sin que se necesite ser alguien en esta vida para triunfar en ella.

CAFE SOCIETY

Gran película de Allen, al que siempre he manifestado mi aprecio y respeto en el mundo del cine. Sus ochenta años reflejan una forma de ser y estar en el mundo que necesita soñar todos los días para poner el color que su gran amigo y director de fotografía, Vittorio Storaro, le ha ofrecido por primera vez utilizando una cámara digital. Sencillamente porque los grises de Nueva York y su mundo sórdido no tienen nada que ver con el color de California, Hollywood y, sobre todo, Beverly Hills. Es lo que nos quiere decir cuando se abre el primer plano de la película, en una piscina donde reina el color blanco, el de la casa que había pertenecido en la vida real a Dolores del Rio y que el responsable de decorados consideró perfecta para utilizarla en esta ocasión, porque en los clubes de Nueva York predominaba siempre el negro, el blanco y el rojo, mientras que esta casa de la actriz mexicana tenía una piscina blanca con fondo azul, todas las paredes blancas, una terraza con predominio del césped verde y un mobiliario magnífico, en colores plata y turquesa de la época.

Después sigue una aventura romántica, coral, porque todos los protagonistas se necesitan entre sí en una historia entrelazada de contrapuntos éticos, donde no solo destacan los más jóvenes e inexpertos, Bobby y Vonnie, que brillan por sí mismos, sino también y, sobre todo, la voz del autor que desea explicarla con sus propias palabras, para que nada ni nadie las contaminen con el paso del tiempo.

Salí de aquél Café con la reafirmación sobre el poder de los sueños, con una nueva lección aprendida, por dolorosa que era. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar la vida con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. Y una última reflexión: es conveniente soñar junto a la persona o personas que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y estos días de tanta mercancía ofrecida a cualquier postor, podemos probarlo. Es lo que tiene no confundir en agosto, como todo necio, el valor y precio de cada sueño. Incluido éste, precioso, de Woody Allen.

Sevilla, 27/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.hollywoodreporter.com/review/cafe-society-cannes-review-892693

En política, ¿quién engaña a quién?

PENELOPE

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas

Leí hace ya bastantes años una fábula preciosa de Augusto Monterroso, a quien tanto admiro por su amor a la brevedad y levedad de las cosas importantes de la vida, con un título sugerente, La tela de Penélope o quién engaña a quién, que recobra para mí, ahora, un sentido especial:

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

Hoy escuchaba y leía las últimas negociaciones entre el PP y Ciudadanos, así como el silencio sonoro y cómplice de la denostada izquierda (a la que tanto respeto y quiero), impasibles todos en su ademán, y he recordado esta fábula. Sobre todo el momento final, grandioso, porque dormimos como ciudadanos mientras otros viajan, tejen y diseñan nuestras vidas sin darnos cuenta, desgraciadamente, de casi nada de lo que está pasando ahora tan cerca de nosotros mismos.

Sevilla, 24/VIII/2016

NOTA: imagen recuperada hoy de: http://odiseodisea.blogspot.com.es/2013_01_01_archive.html

Las islas humanas, las más inaccesibles y desconocidas

TRES HOMBRES QUE CAMINANAlberto Giacometti, Tres hombres que caminan (1948)

Es un asunto que me interesa mucho y que motivó el comienzo del viaje con esta bitácora, que ha cumplido ya diez años en la Noosfera. Me lo ha vuelto a recordar un artículo muy interesante publicado hoy de nuevo en el diario El País, Las 10 islas habitadas más inaccesibles del mundo, que ya había leído en 2014, con la curiosidad que siempre me despierta el mundo de las islas, sobre todo si son desconocidas e inaccesibles.

He buscado siempre en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás” (1). Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

De todas las experiencias que conozco la que más me apasiona es la de las islas humanas, casi siempre inaccesibles y desconocidas, la auténtica realidad de lo que somos como personas cada día en el mundo. Desde que leí el cuento de la isla desconocida, escrito de forma magistral por Saramago, que tantas veces he comentado y recomendado en este cuaderno digital, no he abandonado el mensaje que transmite: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Y aquella respuesta tan hermosa no la olvido: es necesario conocer bien la isla que somos, saliendo de nosotros de vez en cuando para comprender las otras islas que forman el archipiélago humano de la vida, por inaccesibles y desconocidas que parezcan y aunque muchas veces estemos a muchos kilómetros de distancia unos de otros. O de nosotros mismos.

Sevilla, 23/VIII/2016

(1) https://joseantoniocobena.com/2014/02/12/islas-conocidas-desconocidas-y-remotas/

No olvidemos a Omran

 

OMRAN

Desde que vi la imagen de Omran por primera vez, no puedo olvidarla. Es un niño sirio de cuatro años, víctima de los últimos bombardeos en Alepo. Es importante que estas imágenes se difundan para que tomemos conciencia de que cada uno, en lo que pueda hacer, debe trabajar por la paz, porque estas situaciones no son solo responsabilidad de los otros. Estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, aunque tú y yo de esta guerra sepamos poco. Aunque solo sea poniendo paz en el ámbito en el que vivimos, trabajamos y somos. Omran lo merece.

Sevilla, 20/VIII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.lanacion.com.ar/1929737-yo-lloraba-el-no-dijo-el-fotografo-que-retrato-al-nino-sirio-omran