El Club de las Personas Tibias, Tristes y Mediocres

PI

En el imaginario social de nuestro tiempo moderno, el Club de las Personas Tibias tiene colas para inscribirse en él e incluso están obligando a sus directivos a plantearse crear listas de espera. El problema radica en que un subgénero muy numeroso en la actualidad, el de las Personas Tristes y Mediocres, están ávidos de formar parte de este Club que se prodiga por doquier. Incluso hacerse con el poder sin escrúpulo alguno. La realidad es que están más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos.

Siempre he contrapuesto este Club al de las Personas Dignas, que poco a poco va incrementando su número de afiliados, afortunadamente, probablemente porque según el movimiento pendular de la historia, que ya preconizó en su momento Schopenhauer, lo necesitemos más que nunca. El Club de las Personas Tibias ignora que hay una cita memorable y de fácil recuerdo, del libro del Apocalipsis, que coincide con el número pi (3, 14-16), en la que Dios los abomina sin contemplaciones: “conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”.

¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

Estoy muy preocupado con la perpetuidad de este Club de las Personas Tibias, Tristes y Mediocres, desde tiempos del Apocalipsis. He escrito con frecuencia en este cuaderno sobre esta realidad y un compromiso de los que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas es desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia: “Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son siempre de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia” (1).

Hoy, tengo un encuentro en mi Club (de las Personas Dignas). Me han citado porque dice su directiva que tenemos que elaborar un plan estratégico de supervivencia ética ante el avance imparable del Club contrario de cuyo nombre no quiero acordarme. Voy con mucha ilusión, porque creo que nos van a regalar una linterna ética para descubrirlos, con un manual de instrucciones en el que se indica que una vez encendida y al igual que hacía Diógenes de Sinope cuando buscaba personas íntegras, tenemos que gritar a los cuatro vientos: ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que las personas tibios, tristes y mediocres salgan huyendo, rompiendo las filas de su Club, porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad, en cualquier estamento, probablemente muy cerca de donde vivimos, estamos y somos.

Sevilla, 14/III/2017

(1) https://joseantoniocobena.com/2015/02/17/hay-que-desenmascarar-a-los-mediocres/

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://ck022.k12.sd.us/specialevents/piday.htm

Tan cerca, tan lejos

PARTIR PARA CONTAR

Cuando entré el miércoles pasado en el espacio dedicado a la exposición de Yassine Chouati (Tánger, 1988) en la Facultad de Bellas Artes, bajo el título programático de Partir para contar, sentí la soledad del emigrante. Entré acompañado por la persona con la que comparto el largo viaje de la vida desde hace ya muchos años y experimentamos una sensación extraña, algo parecido a estar solos ante el peligro del mar abierto, en un espacio de performance vinculado a la migración. Concretamente, al espacio que separa dos orillas muy próximas a nosotros en Sevilla, las de Tánger y Tarifa, en un mar salpicado de muertes y desengaños de los que buscan un mundo diferente, lejos de la miseria y el dolor que generan la pobreza extrema, las guerras muchas veces fratricidas y la persecución por razón de creencia o religión.

El texto que recibe al visitante, unas palabras sentidas de Amin Maalouf, traduce en pocas palabras la crisis de identidad que atribuimos al llamado «mundo árabe», porque deberíamos reconocerlos como ciudadanos del mundo y que siempre han tenido muchas cosas que contar por su eterno viaje recreado en la memoria que es respetuosa con la historia, del que Andalucía es una muestra que olvidamos con mucha frecuencia: “(…) Cuántas veces me habrán preguntado, con la mejor intención del mundo, si me siento “más francés” o “más libanés”. Y mi respuesta siempre es la misma: “¡las dos cosas!” (Identidades asesinas, 1999).

Sentí algo especial al cruzar la performance de la alfombra roja entre las dos orillas, que tanto significa para Yassine y que ya había descubierto personalmente en su exposición de Julio de 2016. De izquierda a derecha, una vez atravesado el teórico mar de la discordia, te encuentras con unas fundas negras ¿quizá de ataúdes?, una maleta que incorpora en su interior recortado un videomontaje sobre la vida fácil del turismo que también atraviesa ese mar todos los días, pero con una realidad muy diferente. También unas fotografías de quien contempla esa mar entre África y Andalucía, la mar de Alberti, con la sensación personal de quien las ve como si en esa mar nunca pasara nada. Finalmente, una mujer marroquí con traje de gala, en una orilla de Tánger, en actitud de espera y ardiente impaciencia, tal y como la aprendí de Neruda. Sé que es la madre del artista, Yassine Chouati, y lo que representa para él, convencida de que hace ya muchos años su hijo partió para otro mundo mejor, en la otra orilla, con el sueño posible de que un día pudiera contar después todo lo que ha vivido y está viviendo en un viaje hacia islas desconocidas, apasionadamente.

Me consta lo que supone para Yassine cada “exposición” de su persona de secreto. Recuerdo haber leído en su obra pictórica, en concreto en “Hilan delgado”, algo que está detrás de esta nueva obra: “Este proyecto pictórico engloba una serie de obras donde se pretende cuestionar el fenómeno de la pérdida de identidad en los medios de comunicación. Éstos emplean las imágenes de las víctimas de los conflictos que están teniendo lugar en el mundo como un mecanismo a través del cual visualizar las cifras resultantes de las contiendas, olvidándose de la seriedad de los dramas personales que se esconden tras esas cifras; yo, en cambio, propongo visualizar justamente lo contrario: el dolor de las víctimas, la alienación a la que están sometidos, lo precario de la situación en la que viven”.

Salimos de la exposición leyendo entrelíneas los cuatro mensajes de las especias trufadas de color que nos regalaba Yassine como testigos de la identidad marroquí, a modo de despedida. En el momento justo en que abandonábamos aquella soledad sonora y sentida, entraron unos jóvenes, quizá para descubrir una realidad que nos la pintan siempre como lejana, cuando está mucho más cerca de lo que parece. No es solo una performance, no, sino una forma de presentarnos el malvivir que sufren personas con las que compartimos la existencia de la aldea global en un mundo diseñado a veces por el enemigo. Cuando cruzábamos el patio de la Facultad de Bellas Artes, atestado de estudiantes sentados en el suelo y disfrutando de la luz del atardecer de Sevilla, recordé mi sentimiento de Yassine y que conservo de su exposición anterior: “Un niño marroquí que dejó un día ya lejano sus zapatos en la orilla y quiso navegar hacia la libertad sin olvidar nunca su pasado, su tierra y su parentela, con un mensaje claro de revolución activa, dándole una vuelta a la forma de ser y estar muchas personas en el mundo propio y de los demás. Para que él y su pueblo puedan estar arriba en un tiempo próximo después de años de estar abajo, dejando de ser alfombra roja de los poderosos. Y me ha emocionado saber que gracias a personas como él podemos confiar tal día como hoy en que otro mundo aún es posible. Todo un ejemplo”.

Vayan a ver la exposición desde esta orilla teóricamente tan segura. Les conmoverá por su austeridad y silencio, pero un aviso para navegantes en mares procelosos: como ocurre con las ideologías…, tendrán la sensación de que lo que allí se expone no es inocente.

Sevilla, 12/III/2017

Nos queda… la palabra justa, la palabra

El día siguiente a la celebración del Día Internacional de la Mujer, cuando volvemos al terco camino de la vida corriente del día a día en minúscula, deseo compartir con la alfombra pensante de la humanidad, que es lo que llamamos hoy Internet o Noosfera, según Teilhard de Chardin, un vídeo efímero que se podrá ver hasta mañana viernes a través del portal web de El País. Trata del sorprendente trabajo de una mujer, Tita, una maestra en el pleno sentido del término “maestra” que tanto admiro y que aprendí en su auténtico sentido de ser a través de la que tuve durante años complejos en Madrid, Dª Antonia. Después, se tendrá que localizar una vez que la productora lo introduzca en el mercado cinematográfico documental que ya sabemos lo que sufre en el mundo actual, tan sabio él, como cantaba sobre la ciencia Enrique Morente: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

El título del documental es el hilo conductor de la enseñanza de Antía Cal, Tita, cuando al terminar la clase de cada día pedía a los niños y niñas que resumieran en una sola palabra cómo había sido su experiencia: “allí [su escuela] inventó un juego: la palabra justa. Al terminar la clase cada alumno debía escribir en un papel de manera sintética lo que había aprendido. Si fuera posible, en una sola palabra. Entre todos elegían la mejor respuesta” (1). Tenía que ser “la palabra justa”. He visto con admiración y respeto el documental y creo que sería una buena práctica si cada día buscáramos al finalizar el día el momento de pensar en un rincón imaginario de nuestra persona de secreto y compartiéramos con las personas que queremos “la palabra justa” del día. Probablemente, asistiríamos a un momento mágico de conocimiento y respeto con lo que mejor nos queda…, la palabra, aunque perdamos a veces la vida, el tiempo, todo lo que tiramos, como un anillo, al agua. Porque, aunque perdamos la voz en la maleza diaria, nos queda la palabra, gracias a Tita la palabra justa, la palabra.

Sevilla, 9/III/2017

(1) Álvarez, Pilar (2017, 8 de marzo), Una palabra para Tita, El País.com

Lo que no se olvida

sucesos-vitoria

Hoy se cumple el 41 aniversario de la muerte violenta de cinco trabajadores en los llamados “sucesos de Vitoria”, cuando España daba los primeros pasos para la Transición que tanto se critica ahora, desgraciadamente, por la forma en que se desarrolló. Aquella tragedia comenzó a las cinco y diez de la tarde del 3 de marzo de 1976 cuando efectivos de la Compañía de Reserva de Miranda de Ebro y de la guarnición de Vitoria de la Policía Armada desalojaron de la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga a 4.000 trabajadores en huelga reunidos en asamblea. Wikipedia recoge aquella situación en los siguientes términos: “La policía lanzó gases lacrimógenos al interior de la iglesia y disparó con fuego real y pelotas de goma a las personas que salían del recinto. Murieron 5 personas y fueron heridas de bala más de ciento cincuenta”. Los fallecidos fueron: Pedro María Martínez de 27 años de edad, trabajador de Forjas Alavesas y Francisco Aznar Clemente de 17 años de edad, estudiante y operario de panadería, que fallecieron en el mismo lugar de los hechos. Romualdo Barroso Chaparro de 19 años y José Castillo de 32 años, que resultaron gravemente heridos en la intervención de la Policía fallecieron posteriormente. Bienvenido Pereda de 30 años, trabajador de grupos Diferenciales, falleció posteriormente.

Estos hechos marcaron un punto de inflexión de mi vida, hasta el punto de que al haber hecho referencia a estos gravísimos incidentes en una intervención pública mía unos días después, sufrí persecución de autoridades académicas y sanitarias en el hospital en el que trabajaba hasta el límite de tener que abandonar mi puesto de trabajo y comenzar un nuevo ciclo de vida, en términos puros y duros de giro copernicano. Recuerdo la cercanía que encontré siempre, entre otras muchas personas, en Manuel Gerena, el cantautor al que Alberti siempre recordaba por su apellido porque «consonaba muy bien con la pena».

Nunca paso por alto esta fecha en mi vida de secreto. Sigo pensando que la muerte violenta de Pedro María, Francisco, Romualdo, José y Bienvenido, por el mero hecho de hacer una huelga, manifestarse y encerrarse en una iglesia, fue un hecho luctuoso definitivo para que este país iniciara una Transición imprescindible en un país tan dual como el nuestro, por mucho que algunos la nieguen hoy sin mucho escrúpulo político. Para mí, algo tan transcendental cómo para hacer una opción por trabajar sin descanso a favor de la democracia, incorporándome a la lucha diaria hasta hoy para que el interés general presidiera siempre mi quehacer cotidiano. Para no olvidarlo, ni siquiera un momento.

Sevilla, 3/III/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.buscameenelciclodelavida.com/2016/03/vitoria-3-de-marzo-de-1976.html

La historia triste de un autobús naranja

chrysallis

Todo empezó en enero de este año con la campaña promovida por la Asociación Chrysallis Euskal Herria, Asociación de Familias de Menores Transexuales, sencilla y directa, en el País Vasco y Navarra: hay niñas con pene y niños con vulva. Causó bastante impacto y su material didáctico es muy interesante consultarlo, porque no se conoce bien la situación de niños y niñas que viven esta realidad y necesitan que se maneje de forma correcta e integradora.

Ahora, la plataforma Hazte Oír, comenzó una campaña el pasado lunes a través de mensajes tránsfobos en un autobús de llamativo color naranja, del siguiente tenor: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo«, como respuesta a la iniciativa de Chrysallis. Según noticias de prensa de esta mañana, “El magistrado de Instrucción número 42 de Madrid ha ordenado que se prohíba la circulación del autobús tránsfobo fletado por esta organización ultracatólica, que a principios de semana recorrió las calles de Madrid con mensajes provocadores y que tenía previsto iniciar una ruta por varias ciudades de España. El juez, que considera que esta campaña se dirige a personas con una orientación sexual «distinta» para lesionar su «dignidad», ha adoptado esta medida con carácter cautelar para evitar una «perpetuación» de un posible delito y ha dictado que el autocar no puede salir a la vía pública hasta que no retire los mensajes contra la transexualidad que luce en sus costados” (1).

Está en discusión la traída y llevada libertad de expresión, a la que se recurre últimamente con demasiada rapidez en todo el país en casos controvertidos, pero es evidente que este autobús no es inocente y juega con realidades vitales de niños y niñas que en un Estado de Derecho se deben controlar, de acuerdo con la Ley y el citado Derecho. Hay que dejar actuar a la justicia y respetarla una vez más.

Viviendo esta realidad, he recordado en tal sentido y cambiando lo que haya que cambiar, un artículo que escribí en 2015, El autobús de la libertad, porque en aquella experiencia se utilizaba también un autobús pero como medio necesario para llevar esperanza a hijos e hijas de presos de Cochabamba, en Bolivia y que me conmovió: “Todos los días, un autobús desvencijado recorre las calles de Cochabamba, en Bolivia, para recoger niños y niñas que viven con sus padres en las cinco cárceles de la ciudad y que permiten que los hijos de los presos vivan con ellos. Son unas condiciones infernales, porque exige a estos padres un trabajo suplementario en el comedor o la lavandería de la cárcel para ganar el dinero que cuesta que vivan con ellos, pero lo hacen encantados porque están convencidos de que sus hijos e hijas son felices todas las mañanas esperando el autobús financiado por el Centro de Apoyo Integral Carcelario y Comunitario (CAICC), para asistir a clase y porque los lleva a una vida de libertad y conocimiento: “Mi guagüita vive en la cárcel, pero ella no está detenida. Toditos los días esperamos al bus, Pepa vuelve contenta” (2). Y lo que es mejor: saben que vuelven todos los días, sin daño alguno, con lo poco que vale la vida en esa ciudad”.

Nada que ver con el autobús naranja de Hazte Oír, que no es de libertad y que provoca dolor en personas afectadas, sobre todo niños y niñas “diferentes”, que merecen toda la protección social y respeto de la sociedad en la que deben crecer como personas dignas. Historia triste.

Sevilla, 2/III/2017

(1) http://politica.elpais.com/politica/2017/03/02/actualidad/1488444432_091924.html

(2) Silva, Melisa (2015, 25 de junio). El país de los niños encarcelados. El País.com (Planeta Futuro).

Enigma al trasluz, el andaluz

cernuda

Sombra hecha de luz,
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.

Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Celebramos hoy el Día de los andaluces, de las andaluzas, el día de los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él; que somos nobles porque sabemos perdonar y comprender tanto a los que nos ofenden con el paro y la corrupción que a veces no hay nada que perdonar. También, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera.

Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, porque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra.

Sevilla, 28 de febrero de 2017, Día de Andalucía

Un Óscar llamado dignidad

Hace unas horas que hemos conocido el resultado de los Óscar de 2017, triunfando como ganadora una película, Moonlight, que en territorio Trump es un éxito sin precedentes, frente a la nominada oficial, La La Land. Dicen los medios periodísticos que cuenta la historia de Chiron, un joven afroamericano con una difícil infancia y adolescencia, que crece en una zona conflictiva de Miami. Es una historia muy habitual, por desgracia, que ocurre a personas a las que se llaman “diferentes” por pertenecer al mundo gay, siendo además de color negro, en América, que crecen en familias desestructuradas para consuelo de los de siempre y que es lo que quiere olvidar Trump a golpe de talonario y malas palabras por su doble moral, bailando con los Gobernadores americanos en la contrafiesta de los Óscar, como si lo que estaba pasando en el Dolby Theatre en Los Ángeles no fuera con ellos.

He recordado inmediatamente un artículo que publiqué en 2015, que llevaba por título “La dignidad de un niño gay” (que reproduzco a continuación), también americano, blanco, pero que simboliza a los que todos los días, en cualquier país del mundo, ganan el óscar a su triunfo diario para poder vivir dignamente, como deseaba Chiron, el protagonista de Moonlight, en los términos que escribí aquél día no tan lejano en el tiempo: “Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739 [servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo], con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales”.

Es lo que simboliza Chiron. Le acompañaremos en el cine y en la película de la vida, porque en este caso cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, como a todos los niños y niñas del mundo arcoiris que luchan a diario por ser y estar en un mundo diferente, de igualdad, integración y respeto, que un día deciden por sí mismos cómo van a ser, no dejando que otros decidan por ellos.

Sevilla, 27/II/2017

La dignidad de un niño gay

DIGNIDAD EN LA SINGULARIDAD

La doble moral americana no tiene límites. Esta noticia no es una más en la crónica de sucesos indeseables porque tiene un contenido especial, tal y como la hemos conocido en nuestro país a través del Huffington Post: “Cuando un niño tiene miedo de su futuro por ser homosexual es momento de detenernos, reflexionar y analizar si algo está fallando en nuestra sociedad. El 3 de julio, Humans of New York, un proyecto creado hace cinco años por el fotógrafo Brandon Stanton, publicó en su página de Facebook la fotografía de un niño llorando acompañada de la siguiente descripción: «Soy homosexual y me da miedo mi futuro y que no le agrade a las personas».

El hecho se ha convertido en noticia porque la fotografía tuvo que ser subida dos veces en Facebook, ya que la primera vez fue eliminada por la red social debido a un «problema técnico» que habría dejado la publicación invisible por un tiempo, según informó The Telegraph. La doble moral en una sociedad que practica los vicios privados que se convierten en públicas virtudes, gracias al mercado de los sentimientos que se venden y pagan a cualquier precio, hace su aparición también en las redes sociales, porque estas noticias gráficas molestan en la sociedad del bienestar más que del bienser (perdón por el neologismo).

Nos permite, al menos, hacer hoy una reflexión: necesitamos cantar el elogio de la singularidad, tal y como lo escribí recientemente en este cuaderno de inteligencia digital que busca siempre islas desconocidas: “Creo que más que normalidad, habría que hablar de singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía”.

Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales.

Sevilla, 9/VII/2015

El peso de las Administraciones, ¿lastra el dinamismo de Sevilla?

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Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda (El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947)

Ayer se celebró la tercera sesión del Ciclo “Sevilla, a debate”, que actualmente se está desarrollando en Sevilla. Intervine en esta sesión como ponente, compartiendo la mesa con Alfonso Carnerero Parra y Rosa Madrid Racero, en su papel de moderadora e impulsora de ideas a tratar. Deseo poner a disposición de las personas que suben a este barco imaginario del blog, al modo que contó un día ya lejano Jose Saramago y que busca siempre islas desconocidas, el cuaderno de notas que utilicé durante la misma, para un tiempo concertado que no debería superar diez minutos. Es verdad que lo que allí ocurrió ya no se vuelve a repetir porque nadie se baña dos veces en el mismo río y porque en los tiempos modernos que vivimos todo fluye y casi nada permanece.

Aun así, adjunto mis notas, que se enriquecen con la posibilidad de poder ver en imágenes lo que allí pasó, gracias al trabajo de la Asociación “Iniciativa Sevilla Abierta”, organizadora del Ciclo, a quien agradezco una vez más la invitación para participar en la misma.

Luis Cernuda escribió en Desolación de la quimera (1956-1962) unos versos muy duros, cargados de dolor interno, dirigidos a sus paisanos de Sevilla donde nos decía que “… el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Finalicé mi intervención con un pequeño homenaje a él leyendo el verso que inicia este post, veinticinco días después de que el Ayuntamiento de Sevilla, una Administración Local, hubiera soltado lastre… aprobando por unanimidad comprar su casa natal, con dinero público, sacándola del mercado inmobiliario para que pasara a ser patrimonio cultural del mundo, de este país, de su ciudad, de sus paisanos. Un buen ejemplo.

Sevilla, 21/II/2017

Sevilla, a debate / II. Hace falta construir teoría crítica sobre esta ciudad

sevila111

http://sevilla111.com/default.htm

E la nave va… Ya han pasado dos lunes y el debate sobre Sevilla está siendo una realidad incuestionable en esta actividad cultural tan necesaria para el presente y futuro de la ciudad. Tenemos el deber de construir teoría crítica sobre la realidad actual de Sevilla y su provincia, con apertura de miras y grandeza de visión no cateta sobre lo que de verdad nos pasa, aunque a veces tengamos que reconocer que no sabemos bien lo que nos pasa, ¿o sí? Contestar a estas preguntas del ciclo… es la cuestión, porque las respuestas no están en el viento.

El lunes 6 de febrero comenzó en esta ciudad un ciclo, “Sevilla, a debate’, organizado por la asociación Iniciativa Sevilla Abierta. El próximo lunes 20 de febrero, a las 20:00 horas, participo en la Sesión 3 del Ciclo, que lleva por título: ¿EL PESO DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS LASTRA EL DINAMISMO DE LA CIUDAD?, en el Salón de actos de la Fundación Cruzcampo, en Sevilla. Agradezco especialmente, una vez más, a Juan Luis Pavón Herrera, Fundador y Director en Sevilla World, la invitación para intervenir en este ciclo, que me ha ofrecido en nombre de Iniciativa Sevilla Abierta.

Es una pregunta muy sugerente y sobre la que sigo reflexionando en estos días preparatorios para mi intervención. Animo a quien lea esta convocatoria y esté interesado en asistir, que la entrada es libre hasta completar aforo. La organización del Ciclo desea que se confirme previamente la asistencia a cualquier sesión a la que deseen acudir, con el fin de que se pueda reservar asiento, escribiendo a la dirección de correo electrónico sevillaabierta@gmail.com. Recuerdan que el aforo es de 160 sillas.

La participación en este ciclo la considero como una forma de compromiso intelectual y social con todas las personas que pensamos que Sevilla tenemos que definirla más allá de su color especial y de su estereotipo de ciudad diferente, porque todos los días debemos buscar su mejor forma de ser y estar en el mundo y que de forma tan sabia dejó abierta Manuel Machado al cantar a Andalucía y caracterizar cada provincia, excepto Sevilla.

Lo escribí en 2006 en este cuaderno digital y sigo manteniendo viva la llama de la dignidad del compromiso intelectual, sobre todo porque no quiero participar en los silencios cómplices que nos rodean por todas partes en Sevilla, Andalucía, España y más allá de nuestro país. Reproduzco y comparto a continuación aquella reflexión, para que no se me olvide… ni siquiera un momento

El compromiso intelectual

Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y “quesentir” diario (perdón por el neologismo). Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver, pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Sevilla, 14/II/2017, enamorado de esta ciudad

NOTA: la imagen recuperada hoy de http://sevilla111.com/default.htm, a pesar del tiempo transcurrido desde su realización, es un símbolo de las muchas formas de ver Sevilla. Canal Sur daba la noticia en 2010, año de realización del proyecto, en los siguientes términos: “Meses de trabajo han dado como fruto la fotografía más grande del mundo. Una súper fotografía de 111 mil millones de píxeles, formada por 9.750 imágenes, tomadas a unos 60 metros de altura, desde el punto más alto de la famosa Torre Schindler en la Isla de la Cartuja. Como curiosidad, si imprimiéramos esta imagen ocuparía nada más y nada menos que 13.800 metros cuadrados, algo más que la superficie de dos campos de fútbol”.

Imprescindibles ocultos

Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Bertolt Brecht, Elogio a los combatientes

No necesitan muchos comentarios estas palabras. Quizá, solo cambiaría la palabra hombres por personas. En estos momentos de desconcierto existencial necesitamos personas buenas y mejores que ponen su inteligencia al servicio de los demás, cada una donde es, está, trabaja y vive, luchando contra la mediocridad, la tristeza y la tibieza, denunciando los silencios cómplices y rompiendo moldes a diario. Y debemos admirar y cuidar, sobre todo, a las personas que a través de su compromiso activo al servicio del interés general, se convierten en imprescindibles.

He visto la película Figuras ocultas, excelente, trayéndome a la memoria de secreto la vida de personas que están en el anonimato más terco y que son imprescindibles ocultos gracias a su inteligencia y a su conciencia de clase. En la película se resalta el papel estelar de tres mujeres afroamericanas, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, que fueron pioneras en el mundo aeroespacial, gracias a su inteligencia matemática y a su conciencia de clase. Impecable en su trama, que desarrolla un guion basado en hechos reales.

Las tres protagonistas trabajaron en la división segregada de cálculo en el área oeste de Langley Research Center (NASA). Gracias a los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, el coronel John Glenn se convirtió en el primer astronauta norteamericano en hacer una órbita completa de la Tierra. Dorothy Vaughan consiguió ser la primera supervisora de los servicios de IBM en la Agencia y Mary Jackson fue la primera mujer en ser ingeniera aeroespacial de Estados Unidos.

Cuando te recuerdan esta realidad histórica ejemplarizante, tomamos conciencia del valor de los talentos ocultos, que están muchas veces muy cerca de nosotros. Ha llegado el momento de hacerlos visibles, porque además los necesitamos para cambiar el mundo que, como se demuestra en la película, siempre es posible. En este caso, porque el parecido de las inteligencias imprescindibles con la realidad expuesta no es pura coincidencia.

Sevilla, 12/II/2017