Palabras de hipocampo

PALABRAS DE HIPOCAMPO

El buzón del tiempo me permite ahora cumplir con objetivos que debo a la Noosfera. En esta ocasión, publico un nuevo libro, PALABRAS DE HIPOCAMPO, que tiene alma, tal como la he entendido siempre y como la he ido compartiendo durante toda mi vida, en unas palabras que pinté en 2008: «cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo. Y me vuelvo a mi hombre de secreto, a reflexionar la frase que regaló Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…».

El libro, que puede/s bajártelo también desde aquí, se distribuye bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional, basada en una obra centrada en el blog www.joseantoniocobena.com, en los términos que figuran al finalizar un adelanto del Prólogo que reproduzco a continuación:

Prólogo
____________________________________________________________________

Nos queda la palabra. Nos queda porque tenemos una estructura en el cerebro, el hipocampo, que permite alojarlas para después representarlas de muchas formas. Las palabras de este libro, que las he buscado apasionadamente en mi hipocampo, son bocetos y pinturas de relatos cortos, largos o simplemente letras dibujadas a modo de palabras que pertenecen a mi persona de secreto.

Deseo compartirlas mediante este libro. He dedicado un tiempo a mi memoria para ordenar experiencias y vivencias de lo vivido lejano o a corto plazo, pero siempre cumpliendo con la coherencia de un archivo ordenado por el suelo firme que he procurado cuidar al máximo, la ética personal e intransferible que hay que seguir memorizando y guardando todos los días porque en cualquier momento hay que aplicarla.

Hay una intención no inocente, porque los relatos, cartas y artículos que figuran a continuación, publicados ya en mi blog, son un homenaje continuo a la palabra, porque hace muchos años se nos dotó de una capacidad evolutiva que nos permitió pronunciarlas y guardarlas.

Hoy abro esta caja de secretos, de palabras ordenadas y entrelazadas entre sí. Parcialmente, desde luego, pero con la ilusión de que quien quiera leerlas sepa interpretarlas con la profundidad que en su momento se vivieron antes de escribirlas. Esa es la maravilla de cada hipocampo, personal e intransferible, como el tuyo, lector o lectora, porque “cabalgando despacio es posible que podamos conocerle bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno”.

Sevilla, en el mes de marzo de 2014.

Licencia de Creative Commons
Palabras de hipocampo by Jose Antonio Cobena Fernandez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://www.joseantoniocobena.com.

___________________________________________________
OFEC

Los sueños se cumplen y hoy lo demuestro publicando un nuevo libro, Origen y futuro de la ética cerebral mediante este medio tan extraordinario como es Internet, que se puede conseguir pulsando también aquí, una entrega no situada en el mercado del libro, sino en la inteligencia libre, colectiva y conectiva que da valor a la vida, no confundiendo nunca valor y precio.

Sevilla, 18/II/2014

Licencia Creative Commons
Origen y futuro de la ética cerebral por José Antonio Cobeña Fernández se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

Basada en una obra de www.joseantoniocobena.com

El alma buena de Se-Chuan

Hoy he recibido un regalo entre otros muchos en lo que algunas personas llaman «rutina de cada día»: un artículo sobre unas palabras escritas por Bertolt Brecht, que se convirtieron en obra de teatro y que ahora se representa en Madrid, con escasez de medios, pero pletórica en mensajes. Me refiero a «La persona buena de Se-Chuan», donde Clara Morales, en el diario El País, explica extraordinariamente bien el hilo conductor de esta obra que siempre persiguió el autor a través de una pregunta directa: ¿Es posible ser bueno en un mundo obligado a la mezquindad para sobrevivir?

Me ha emocionado recordar a este autor, ya mencionado en alguna ocasión en este blog, pero hoy especialmente, porque lo leí cuando tenía 23 años, en una España muy difícil, que helaba muchos corazones, y la utilicé en pleno franquismo, en las clases que impartía en la Universidad de Sevilla, para que mis alumnos y alumnas descubrieran que otro mundo era posible a través del mensaje explícito de Brecht.

No ha pasado de moda el contenido de esta obra, porque todavía seguimos empeñados en ser cada día mejores, más buenos, en el buen sentido de la palabra «buenos», recordando también a Machado cuando hace setenta y cinco años que murió bastante solo en Coilloure y alejado de las personas y de la tierra que tanto amaba, probablemente haciéndose también la pregunta tan directa y contemporánea de Brecht.

Sevilla, 27/II/2014

___________________________________________________
OFEC

Los sueños se cumplen y hoy lo demuestro publicando un nuevo libro, Origen y futuro de la ética cerebral mediante este medio tan extraordinario como es Internet, que se puede conseguir pulsando también aquí, una entrega no situada en el mercado del libro, sino en la inteligencia libre, colectiva y conectiva que da valor a la vida, no confundiendo nunca valor y precio.

Sevilla, 18/II/2014

Licencia Creative Commons
Origen y futuro de la ética cerebral por José Antonio Cobeña Fernández se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

Basada en una obra de www.joseantoniocobena.com

Origen y futuro de la ética cerebral

OFEC

Los sueños se cumplen y hoy lo demuestro publicando un nuevo libro, Origen y futuro de la ética cerebral, mediante este medio tan extraordinario como es Internet, que se puede conseguir pulsando también aquí, una entrega no situada en el mercado del libro, sino en la inteligencia libre, colectiva y conectiva que da valor a la vida, no confundiendo nunca valor y precio.

El libro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional, basada en una obra centrada en el blog www.joseantoniocobena.com, en los términos que figuran al finalizar un adelanto del Prólogo que reproduzco a continuación:

Prólogo
____________________________________________________________________

Siempre hay razones de la razón, mucho más que del corazón, para reflexionar sobre el fundamento de las razones éticas que justifican las decisiones humanas, sobre todo en una época histórica en la que los llamados “valores” están en entredicho o simplemente arrinconados por la sociedad que nos ha tocado vivir. También, porque todas las religiones, sin excepción alguna, están pasando una factura a la historia en plena crisis de sus fundamentalismos, que intentaban e intentan justificar la razón última de todas las cosas, de todos los actos humanos. Y cuando se habla de valores hay que acudir irremediablemente a la razón de esos actos humanos, la que los justifica, en una búsqueda que tenga sentido. No hacemos nada porque nos da la gana o porque hemos nacido así, sino porque siempre hay una causa, consciente o inconsciente, que nos lleva a actuar de una determinada forma o de otra, desde la perspectiva ética de cada uno.

Tradicionalmente, se ha analizado esta situación como un auténtico problema ético y esa es la palabra, ética, la que intento desentrañar en los artículos que bajo el formato de post, se incluyen en este libro, previamente seleccionados de mi blog http://www.joseantoniocobena.com, que a lo largo de ocho años he escrito yendo del timbo al tambo, en una frase preferida y muy querida por Gabriel García Márquez.

No he querido escribir un tratado de ética, pero sí ensayar una reflexión compartida de la razón y del corazón, que siempre coexisten, para abordar una tesis que me acompaña en mi persona de secreto desde hace ya muchos años. Se trata, nada más y nada menos, de intentar descubrir que los actos humanos nacen siempre de la solería que hemos ido instalando a lo largo de la vida en nuestro cerebro, es decir, el suelo firme que hemos construido en la vida diaria, que justifica todos los actos humanos, en frase muy feliz del Profesor López-Aranguren, que aprendí hace también muchos años, pero que nunca logré comprender bien hasta que descubrí qué es el cerebro y qué papel juega en nuestras vidas y en su proyección ética.

Esta es la razón de ser de este libro, entregar a la Noosfera, a la malla pensante de la humanidad, es decir, a aquellas personas que lo quieran leer con pre-ocupación [sic] e interés social, unas reflexiones que demuestran que el cerebro es la base donde residen todos los actos humanos, el lugar donde se forja la historia de cada uno, su intrahistoria, en una estructura cerebral que se llama hipocampo, por ejemplo, y entre muchas otras como podrán comprobar, que trabajan incansablemente con independencia de lo que queramos hacer y entender cada día.

Espero que les sea útil. Cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente «solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso y que espero que este libro ayude a conocerlas bien, para justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo.

Finalizo con el apartado dedicado a los agradecimientos en la construcción de mi solería ética tan particular, que cuando llueve se moja como todas las demás, cuestión que me lo facilita siempre Violeta Parra en su maravillosa interpretación del agradecimiento a la vida:

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Empiezo por las personas más próximas: María José, esposa, compañera y amiga, porque después de treinta años de convivencia me ha demostrado que Benedetti llevaba razón: hemos cumplido años de perlas que hemos sabido cultivar juntos y guardar en el buzón del tiempo. A Marcos, mi hijo, a quien tanto debo siempre porque tiene una virtud que destaca sobre las demás: sabe esperar en todos los órdenes de la vida, sin buscar nada a cambio, no confundiendo nunca valor y precio. A mi escasa familia, a quien tanto comprendo por la dureza del contexto en que hemos vivido. A mis profesores y maestros, con especial mención a Dª Antonia, aquella maestra en mi colegio del Madrid burgués de los años cincuenta, que me llenaba siempre los bolsillos de caramelos de colores para que fuera feliz en mis tiempos revueltos. A la Iglesia de Roma, porque creí en ella hasta que conocí el pie gastado de San Pedro y de acuerdo con el poeta Alberti, descubrí que había que ser pescador y bajar al río de la vida, porque era lo mío.

A mis amigos y amigas, en la clave de un pájaro perdido de Rabindranath Tagore que aprecio tanto, porque les entrego las cosas pequeñas que van implícitas en este libro. A la Universidad y a la Administración Pública de la Junta de Andalucía, porque me han permitido prestar servicios públicos (casi cuarenta años) persiguiendo exclusivamente el interés general. Y a todos aquellos nombres de los que aprendí tanto, sin dejar a nadie atrás. Por último, a Manuel Rivas, un escritor al que sigo de cerca siempre por su compromiso ético, personal y social tan activo y porque en la frase introductoria y de resumen de este libro, expresa en trece palabras y en voz baja, lo que yo he necesitado decir en más de 171.000. Por eso y por muchas cosas más, gracias maestro Rivas y, sobre todo, gracias a la vida que me ha dado tanto para comprender la ética de mi cerebro, la de todos los días, para poder justificar mis actos y compartirlos con todos.

Sevilla, febrero de 2014

Licencia Creative Commons
Origen y futuro de la ética cerebral por José Antonio Cobeña Fernández se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

Basada en una obra de www.joseantoniocobena.com

Andalucía: una realidad positiva (III)

Inicié el año pasado una serie dedicada a resaltar las realidades positivas de Andalucía. Hoy aporto una experiencia que me ha sobrecogido, la jubilación de un profesor de francés en un Instituto de Sevilla, Salvador García Narváez, aparentemente anónimo, pero que ha dado la vuelta al mundo, por el homenaje que le ofrecieron sus alumnos. Ayer lo presencié en un informativo de una cadena de televisión de ámbito nacional.

Como servidor público, tiene ya mi reconocimiento expreso. Son personas necesarias, algunas veces imprescindibles.

Divúlgalo, si puedes, porque es una maravilla contemplar estas realidades en los tiempo que corren. En la Noosfera deben comunicarse de forma viral estas noticias.

Gracias.

Sevilla, 6/II/2014

José Mujica: un discurso político diferente, extraordinario

Esta mañana me han hecho un regalo precioso, envuelto en mensaje digital de afecto, a través de un amigo de mi hijo. Gracias a los dos. Vicente me ha entregado 45 minutos de reflexión profunda sobre qué está pasando en el planeta tierra por una ambición sin precedentes. He escuchado al Presidente de Uruguay, José Mújica, con el respeto que pide para los ciudadanos anónimos que formamos parte de la especie humana. Hoy, de la Noosfera.

No se pierdan, por favor, los diez minutos finales. Sobran los comentarios, porque pueden alterar la quintaesencia de sus palabras, esencialmente necesarias en un tiempo de ausencia de valores éticos y de desafección política.

Sevilla, 19/I/2014

El Génesis de Salgado (II)

Vuelvo a escribir hoy sobre una experiencia fantástica del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, en su descubrimiento paulatino del escenario auténtico del Génesis, que conocí cuando se iniciaba, en 2005. Publiqué una carta en la revista dominical de La Vanguardia, Magazine, El Génesis de Salgado, que la premiaron con una estilográfica Montblanc, y que recuerdo con especial cariño:

“Existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. La lectura del “viaje a las raíces del ser humano”, texto de Sebastião Salgado publicado en el Magazine de 5/VI/2005, me ha recordado este gran matiz, mucho más al fijar el objetivo principal de su proyecto “Génesis”: “volver a conectarnos con cómo era el mundo antes de que la humanidad lo dejase prácticamente irreconocible”. Sebastião Salgado ha iniciado una obra encomiable. Aun así, le pediría que hiciera un esfuerzo a sus 61 años por encontrar y fotografiar algún lugar o momento de la humanidad que siguiera engrandeciendo la lectura del Génesis. Aunque sólo fuera para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno” (1).

Hoy, ocho años después, he conocido que se abre una exposición en Caixaforum de Madrid sobre 245 imágenes de aquella aventura, como resumen excelente de la experiencia, en un reportaje que publica el diario El País, con un título muy similar a aquella carta citada anteriormente: Sebastião Salgado, libro del Génesis, donde el autor intenta explicar el para qué de esta inmensa obra: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Lo que más me ha impresionado de los comentarios de Salgado es que su único interés era descubrir cómo podía ser el mundo narrado en el Génesis, donde una cosa estaba clara: no era necesario el dinero para descubrir la grandiosidad del ser humano. Así lo escribí también, el año pasado en un post, Dios no tiene dinero, en el que defendía la tesis de que a Dios no le hacía falta dinero para hacer obras maravillosas, como un guiño sobre una frase desafortunada del tristemente célebre Mr. Adelson: “Las Vegas es más o menos como lo haría Dios si tuviera dinero” (2). En algo sí acierta este poderoso caballero: Dios no tiene dinero” […] Sé que Salgado no se pasará por Las Vegas, y que a Adelson no le interesan estos relatos, sino trabajar en lo irreconocible para Dios, pero creo que muchas personas, a través de las religiones y de diversas culturas, saben a ciencia cierta que ese Dios del desafío no tiene dinero, ni lo tuvo, ni lo tendrá, pero que sigue orgulloso de haber creado al hombre y a la mujer, a pesar de la crisis mundial en la que estamos instalados, pendientes, eso sí, del rescate ético para comprender mejor los asuntos mundanos que tanto gustan a Mr. Adelson”.

Han pasado muchos años y algo me queda claro cómo cuando conocí por primera vez aquél texto del Génesis, a través de un adverbio, muy, no inocente por cierto: las personas que ha conocido Salgado saben en su tradición oral que lo mejor que le pudo ocurrir al mundo era la creación del ser humano: “y vio Dios que muy bueno”. Y Sebastião Salgado lo ha fotografiado…, siendo fiel a Darwin.

Sevilla, 17/I/2014

(1) Cobeña Fernández. J.A. (2005). El Génesis de Salgado, post publicado en el blog “El mundo sólo tiene interés hacia adelante”, el 17 de diciembre de 2005.

Gelman y Saramago: trabajadores del compromiso activo

Ayer falleció el poeta argentino Juan Gelman (Premio Cervantes en 2007). He conocido su dolor histórico por la represión de la dictadura argentina, al perder a su hijo y nuera, embarazada, en años para el olvido. No ocurrió así en el caso del poeta, porque durante muchos años buscó al nieto desaparecido, porque siempre creyó que estaba vivo.

Efectivamente, la compañía de personas comprometidas ayudó a Gelman a no cejar en el empeño. Y Saramago fue una de esas personas que ayudó a localizar a su nieto, escribiendo una carta al Presidente de Uruguay, en 1999, pidiéndole su colaboración:

Juan Gelman, el gran poeta argentino, uno de los mayores que el mundo tiene hoy, busca, desde hace años, a su nieto nacido en 1976, en Montevideo, adonde los esbirros de la dictadura militar, en una operación más del Plan Cóndor, transportaron a la madre embarazada. El padre de ese niño o de esa niña apareció muerto en Argentina, asesinado, con un tiro en la nuca. De la madre nada se sabe, su rastro se pierde en un centro clandestino de detención de Montevideo, capital del país del doctor Julio María Sanguinetti. Si está vivo, el nieto de Juan Gelman tiene hoy 23 años. ¿Dónde se encuentra? El presidente de la República Oriental de Uruguay no se llama Juan Gelman, pero podría, para su infelicidad, siendo, como también es, simplemente Julio María Sanguinetti estar ahora en la situación del poeta, es decir, buscando con desesperación a su propio nieto. ¿Qué haría? Si Juan Gelman, admitamos ahora esta suposición, fuese el presidente de Uruguay, ciertamente el doctor Sanguinetti llamaría a su puerta y le diría: «Ayúdeme a encontrar a mi nieto». Y Juan Gelman, de eso tengo certeza, pondría toda su autoridad al servicio de esa justicia.

Gelman ha muerto con un deber cumplido, porque finalmente conoció a su nieta que hoy lleva un nuevo nombre y los apellidos de sus padres, de su abuelo: María Macarena Gelman García. Y ha entregado a la humanidad una obra extraordinaria con la clave aprendida de su madre a través de la parábola del ciempiés, haciendo sólo camino al andar:

«una araña que preguntó sorprendida a un ciempiés cómo podía moverse un bicho con 92 patas más que ella; si primero movía 50 y luego las otras 50, si las movía de diez en diez, de cuatro en cuatro o de una en una. Una cuestión que dejó al ciempiés tan confundido en su reflexión que nunca más volvió a caminar”.

Es lo que hizo siempre, obligado por los dolores propios y ajenos:

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Sevilla, 15/I/2014

Serrat y la montonera

El pasado 31 de diciembre publiqué un post dedicado a Serrat, como felicitación expresa de fondo y forma al haber cumplido 70 años, agradeciéndole el hecho irrefutable de haber formado parte de la banda sonora de mi vida.

Hoy, he leído con emoción manifiesta la historia detallada de la canción «La montonera», escrita con la razón del corazón de Diego A. Manrique, en el diario El País, que es importante releer con detalle para comprender bien la decisión de Serrat de que esta canción no se convirtiera en mercancía, aunque el autor la ha insertado en su post, La canción que Serrat prohibió, como nuevo homenaje a un cantautor tan necesario para la democracia.

Merece la pena leer la intrahistoria de la canción. Sobre todo para no actuar como necios, confundiendo una vez más valor y precio. Todo un ejemplo.

Sevilla, 11/I/2013

Vicente Ferrer: una persona imprescindible


Hoy se proyecta en la TVE1 la película «Vicente Ferrer», a las 22:30 horas. Debemos verla y sentirla, para pasar a alguna acción solidaria con la Fundación. Divúlgalo si puedes.

Sevilla, 9/I/2014

Serrat: gracias, setenta veces

Juan Manuel Serrat cumplió setenta años el pasado 27 de diciembre y quiero dedicarle hoy una felicitación especial. Hay razones personales de todos y otras de secreto para agradecerle todo lo que he recibido de él durante más de cincuenta años. Todavía recuerdo la compañía sonora que me ha ofrecido a través de su forma de entender la vida y la obra de Antonio Machado y Miguel Hernández, en momentos en los que una de las dos Españas nos helaba el corazón.

Ayer leí un artículo extraordinario, pero inquietante en el buen sentido de la inquietud, de Diego A. Manrique, en el diario El Pais, Serrat y su “Montonera”, sobre una canción desconocida para muchas personas porque no autorizó convertirla en mercancía. En ella se hace una referencia expresa a su compromiso activo con la izquierda revolucionaria argentina, convirtiéndose en un ejemplo digno de admiración, pero inquietante cuando hay que volver la vista atrás. La letra de “La montonera” es un compendio de dudas sobre la base de que no es fácil crear iconos revolucionarios (Perón…), a pesar de la ejemplar vida de aquella militante de base argentina: “Cayéndose y volviéndose a levantar, la montonera / que buen vasallo sería / si buen señor tuviera”.

Esta lectura me ha recordado momentos difíciles en mi vida, cuando en 1968 tomé la decisión de comprometerme con el llamado tercer mundo, iniciando un viaje a Italia para quedarme allí unos meses y formarme en un proyecto de entrega personal a los más desheredados. Serrat ya me acompañaba con su canción Ahora que tengo veinte años por esos mares de Dios que tan bien cantó desde 1969 recordando a Machado:

Ahora que tengo veinte años, ahora que aún tengo fuerzas, que no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre. Ahora que me siento capaz de cantar si otro canta. Hoy que aún tengo voz y aún puedo creer en Dios… Quiero cantar a las piedras, a la tierra, al agua, al trigo y al camino, que voy pisando. A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro, y al viento que por la mañana viene a besarme el rostro.

Aquella experiencia italiana no acabó bien, porque la forma de entender la evangelización la Iglesia católica, apostólica y, sobre todo, romana, no era compatible con lo que pensábamos el grupo de españoles que habíamos viajado hasta un pueblo cerca del lago de Garda con un solo objetivo: llevar la ansiada libertad a los más débiles de la tierra. Preparamos un manifiesto de queja y nos expulsaron por revolucionarios, poniéndonos a los cinco en la calle, ligeros de equipaje, con billetes de autobús, tren y barco para volver a España por el querido Mediterráneo de Serrat.

No lo he olvidado nunca. Aprendí mucho de aquella experiencia con 21 años recién cumplidos y siempre me vi reflejado, a lo largo de años posteriores, en una hermosa canción de las colecciones citadas: Para la libertad…, en un disco memorable publicado en 1972, con poemas de Miguel Hernández y que todavía me acompaña en cada viaje interior que inicio:

Para la libertad sangro, lucho y pervivo
[…]
Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.

Por haber puesto banda sonora a mi vida y cuando cumples setenta años, gracias Serrat por las pequeñas cosas que aprendí a valorar contigo desde los veinte años: “… que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón.”

Sevilla, 31/XII/2013

NOTA: para facilitar la comprensión de fondo y forma de la canción «Ahora que tengo veinte años», adjunto la traducción al castellano:

Ahora que tengo veinte años, ahora que aún tengo fuerzas, que no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre. Ahora que me siento capaz de cantar si otro canta. Hoy que aún tengo voz y aún puedo creer en Dios… Quiero cantar a las piedras, a la tierra, al agua, al trigo y al camino, que voy pisando. A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro, y al viento que por la mañana viene a besarme el rostro. Quiero alzar la voz por una tempestad, por un rayo de sol, o por el ruiseñor que ha de cantar al atardecer. Ahora que tengo veinte años, ahora que aún tengo fuerzas, que no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre. Ahora que tengo veinte años, ahora que el corazón se me dispara, por un instante de amar, o al ver un niño llorar… Quiero cantar al amor. Al primero. Al último. Al que te hace padecer. Al que vives un día. Quiero llorar con los que se encuentran solos, y sin ningún amor van pasando por el mundo. Quiero alzar la voz, para cantar a los hombres que han nacido de pie, que viven de pie, y que de pie mueren. Quiero y quiero y quiero cantar. Hoy que aún tengo voz. Quién sabe si podré mañana.

Pero hoy sólo tengo veinte años. Hoy aún tengo fuerzas, y no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre…