La letra, con emociones entra


Fotograma de la película Ser y Tener (imagen recuperada de http://thecia.com.au/reviews/b/images/be-and-to-have-0.jpg, el 7 de septiembre de 2008)

Septiembre es un mes muy propicio para hablar de “letras”. Mi mentalidad académica, por deformación profesional, siempre me predispone a tener la sensación de que cualquier ciclo de la vida comienza en septiembre: un nuevo curso vital, académico, político, judicial, funcionarial, familiar y personal. Y para reforzar esta predisposición natural he leído recientemente y con especial interés un artículo, Cuando el profesor admira a sus alumnos, que me ha llenado de satisfacción porque vislumbro que algo se mueve en la enseñanza pública que tanto admiro y defiendo: “hemos buscado tiempo [los profesores] para algo aparentemente menos urgente pero importante: la formación. Y el tema tratado en la última de nuestras jornadas de formación ha sido la inteligencia emocional. Nos venimos planteando desde hace unos años que no podemos trabajar con los alumnos y enseñarles un concepto de algo que nosotros no conocemos. Todavía hay personas que no conocen la automotivación, la empatía o las habilidades de relación. Los profesores necesitamos saber cómo se gestiona todo ello para transmitirlo a los alumnos” (1).

Pertenezco a la generación que aprendió con el axioma “la letra con sangre entra”, aunque es verdad que mi experiencia personal con mi maestra de toda la vida, Dª Antonia, era una auténtica excepción. Fue maestra de vida en el pleno sentido de la palabra, pero excepto ella los demás profesores pertenecían a la cofradía de regla y palmetazo, con expresiones sofisticadas hasta la Universidad, con la mejor demostración hecha carne (y sangre) a través del suspenso y tente tieso, sin aproximaciones reales a la vida de cada persona que participa en estos ciclos vitales de sumo interés para su realización presente y futura. Con carencias que determinan la vida personal e intransferible, que pasan de Curso en Curso, sin que se haya “enseñado” la automotivación y autoestima, la empatía o las habilidades sociales que se expresan siempre a través de la inteligencia intra e interpersonal, es decir, la inteligencia social (2).

En todos los órdenes de la vida, esperamos siempre lo mismo: ser respetados en nuestros estados de ánimo, en nuestros sentimientos y emociones, porque somos prisioneros de ellos como tantas veces he escrito en este cuaderno en relación con las estructuras cerebrales del sistema límbico que tanto condicionan la inteligencia humana. Si esto es así, ¿por qué se obvia esta formación continua en la vida, de forma tan clarividente? Durante muchos años he trabajado el constructo de habilidades sociales y cada segundo que pasa estoy más convencido de que el “secreto” de la felicidad en vida (que no después de la muerte) está en respetarnos tal y como somos, teniendo la sensación real de que somos respetados y ad-mirados por parte de los demás.

Por otro lado, la realidad es terca: “Las autoridades educativas, sin embargo, parecen mirar para otro lado. Pere Darder, presidente del Consejo Escolar de Cataluña, partidario de estas nuevas técnicas, se muestra cauteloso: “No pedimos un cambio, pedimos una revolución”. Y esa revolución consiste en volver del revés el sistema y desterrar las secuelas de aquel inquietante axioma de la letra, con sangre entra. Con todo, Darder cree que el camino está iniciado y no tiene vuelta atrás” (3).

Termina el artículo con una breve y contundente exposición, “revolucionaria” en sentido estricto, con una afirmación rotunda, que me llena de esperanza: “Hemos aprendido la importancia de la gestión y el dominio de la actitud: hacia nuestros compañeros, nuestros alumnos, las familias de nuestros alumnos; nos ha sorprendido comprobar que podemos variar nuestra actitud, que nosotros somos los que controlamos nuestro estado, que éste es fruto de una elección. ¿Hay algo más gratificante que escuchar a un profesor contar con pasión y armonía cuánto le emocionan sus alumnos? ¿O a aquel que siente admiración por sus alumnos? Nuestros escolares están obligados a pasar en nuestras aulas al menos seis horas de su día. El regalo que merecen es una buena gestión de la inteligencia emocional por nuestra parte”.

En este mes de septiembre, en las diversas “quincenas de oro” y ataques de autoestima controlada por el mercado puro y duro como consumidores para “no ser tontos”, que nos encontramos por doquier comercial, me encantaría que aparecieran “ofertas” para conocer este recurso que está al alcance de todas las personas, desde su nacimiento, porque su existencia, es decir, la inteligencia emocional, solo necesita ser descubierta y apoyada por las redes familiares y sociales. La única diferencia es que no es mercancía, sino un derecho inalienable de las personas. Constitucional, porque la inteligencia emocional es el resultado de estructuras cerebrales en acción estrechamente vinculadas con la salud mental. Nada más. De esta forma, al comenzar el “Curso vital” 2008-2009, ¡por lo menos!, podríamos garantizar que los responsables y “maestras” y “maestros” del espacio escolar, académico, político, judicial, funcionarial, familiar y personal, cada una y cada uno con su rol y estatus específico, respetan la posibilidad de que nos ad-miren (miren hacia nuestro interior) cada vez que hacemos bien ó mal algo, porque al fin y al cabo todas y todos estamos siempre aprendiendo a vivir con sentimientos y emociones, como letras que “entran” en nuestras vidas grabadas a fuego, desesperadamente…

Sevilla, 7/IX/2008

Nota: Cuando había finalizado de redactar este post, he sabido que la próxima semana se publica un libro que me ha suscitado enorme interés y relacionado estrechamente con el contenido de este post. Lleva por título: Mal de escuela, de Daniel Pennac, publicado en Barcelona por la editorial Mondadori. ¡Me lo quedo! Seguro.

(1) Sanz, Paloma (2008, 5 de septiembre). Cuando el profesor admira a sus alumnos. El País, p. 29.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital), p. 93-142. Recomiendo la lectura específica del Capítulo 5º sobre Inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social.
(3) Prades, Joaquina (2008, 5 de septiembre). La escuela saca suspenso en emociones. España se resiste a implantar técnicas para educar los sentimientos, salvo algunos centros pioneros. La corriente divide al profesorado. El País, p. 28.

Ética del cerebro


Foto cortesía del Prof. Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional. Esta imagen del cerebro humano utiliza colores y forma para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas.

He leído recientemente un reportaje muy sugerente sobre dilemas en el cerebro (1), que trata sobre la técnica de estimulación magnética transcraneal desarrollada por el Dr. Álvaro Pascual-Leone, director del Berenson-Allen Center, para la estimulación cerebral no invasiva, en Boston, que vuelve a recordarme mi inquietud para seguir investigando sobre las bases neurológicas de la ética cerebral humana. Hace casi cuarenta años estudié con ahínco la ética de situación, casi a escondidas, que conocí a través de un libro que aún conservo en mi biblioteca, Ética de situación (2), porque no estaba bien vista ni por el Régimen, ni por la Iglesia oficial. Pero me llamaba la atención, poderosamente, porque hacía mucho más humana la vida, porque aceptaba el dilema de la decisión ética, aquella que al tomarla implicaba posibles daños colaterales que siempre se podrían justificar. Y ésa situación de marras era lo que podía dejar tranquila la conciencia. Quizá era donde estaba su secreto, en tranquilizar temporalmente la conciencia humana del yo para no sufrir más de lo necesario, porque determinadas situaciones justifican irremisiblemente determinadas decisiones.

Pasados los años, muchos…, he descubierto que hice aprendizajes sobre la llamada “situación” como fenómeno externo al yo, que ocurría siempre fuera de uno mismo. Ahora pienso que el auténtico reto está en descubrir por qué el problema de la situación no está fuera sino dentro de uno mismo, en el cerebro de cada persona, que no se puede repetir en idénticas condiciones pero sí definir un patrón ¿universal? de “conducta ética cerebral”, al activarse siempre determinadas estructuras cerebrales por medio de circuitos que siempre se “encienden” (activan) ante situaciones similares. Y que se pueden “modificar” interviniendo en ellas.

La lectura del reportaje citado me ha activado y deparado nuevas ilusiones para aproximarse a este viejo problema humano, sobre una de sus bases neurológicas en la investigación actual: la intromisión física en áreas del cerebro que “toman” decisiones que llamamos “éticas”, a través de una técnica: la estimulación magnética transcraneal: “Veamos uno [los experimentos actuales] sencillo: te colocan en la cabeza un artilugio un tanto extraño pero en absoluto amenazante, que el investigador va orientando hasta encontrar el área de Broca, la zona del cerebro que controla el habla. Cuando la localiza, te pide que le expliques una historia. Mientras estás hablando, activa un mecanismo y sientes como una pequeña descarga. No duele, sólo notas que algo extraño ocurre en tu boca. Las palabras no te salen. Sabes muy bien lo que quieres decir, pero tu garganta no responde. Es como una de esas pesadillas en las que basta una palabra para que se abra la puerta que te salvará de tus perseguidores, ¡y no hay manera de pronunciarla! Entonces el investigador te sugiere que en lugar de hablar, cantes. Y entonces, sí que puedes. ¿Por qué? Porque la función de cantar está en el lóbulo derecho, y lo que tienes bloqueado es el izquierdo” (2).

Más adelante se aborda la quintaesencia del problema, es decir, la intervención directa a través de estas técnicas sobre el comportamiento humano, con manipulación de estructuras cerebrales que bloquean actitudes anteriores de corte ético. Y estos avances certifican una realidad defendida científicamente por Marc Hauser, psicobiólogo de la Universidad de Harvard y autor del libro Moral Minds (3), en relación con el llamado “instinto moral”: “Nacemos con un instinto moral, una capacidad que crece de forma natural en cada niño, desarrollada para generar juicios rápidos sobre lo que es correcto o incorrecto, y basada en unos procesos que actúan de forma inconsciente. Parte de este mecanismo fue diseñado por la mano ciega de la selección darwiniana millones de años antes que nuestra especie evolucionase. Otros aspectos fueron añadidos o actualizados durante la historia de nuestros antepasados, y son exclusivos de los humanos y su psicología moral”, teoría expuesta en su libro Mentes Morales: la naturaleza de lo correcto y lo incorrecto (4).

Por didáctica neurológica, estos autores recurren a clásicos populares en relación con la teoría de los dilemas, destacando sobre todo dos: el del tranvía ó tren, y el de la entrega de dinero, para reforzar la “universalidad” de los patrones éticos, que transcribo literalmente del reportaje por su claridad expositiva: “Tenemos un tren que viene a toda velocidad; el sujeto al que se plantea el dilema está junto a una bifurcación en la que hay una aguja que se puede accionar para que el tren vaya por una vía o por la otra. En una de las vías hay un trabajador y en la otra tres. El tren no puede detenerse. Lo único que puede hacer el sujeto es mover la aguja para que vaya por una vía o por la otra. ¿Qué hará? La mayoría de los que participan en este dilema accionan la manivela para que el tren vaya hacia la vía en la que sólo hay un trabajador. Deciden que muera uno para salvar a tres. En el segundo dilema, la situación es la misma, pero en lugar de bifurcación, hay una sola vía. Muy cerca del sujeto, hay un operario trabajando en la vía y unos metros más allá, otros tres. El tren parará automáticamente si se interpone un objeto en su camino. El sujeto sabe que la única cosa que puede hacer es empujar a la vía al trabajador que tiene más próximo. ¿Lo hará? La decisión es la misma, matar a uno para salvar a tres, pero empujando, que es distinto. La mayoría de quienes participan en esta prueba deciden no empujar al trabajador y, por tanto, mueren los otros tres. Hay algo, en este caso, por encima del raciocinio, que no les deja optar por la mejor solución. Algo de orden moral. Daria Knoch y Ernst Fehr siguieron avanzando con un nuevo dilema, el del Ultimatum Game. Participan dos sujetos a los que se ofrece una cantidad importante de dinero que podrán repartirse entre ellos sólo si se ponen de acuerdo en el reparto. A uno se le dará la facultad de proponer el trato y el otro sólo tendrá dos opciones, aceptar o rechazar la oferta. Si la acepta, cada uno se llevará la parte acordada. Si la rechaza, ninguno recibirá nada. El planteamiento racional sería: puesto que él tiene la capacidad de decidir, si rechazo la oferta, me quedo sin nada. Luego la posición más ventajosa —y egoísta— es aceptar lo que me proponga. Pues no. La mayoría de los sujetos que participan en el Ultimatum Game rechaza la oferta si ésta es inferior al 40%. La rechazan de plano, y además suelen enfadarse. Pero si en lugar de una persona, es un ordenador el que hace la oferta injusta, entonces, ¡la mayoría acepta lo que la máquina le ofrece!” (5).

¡Oh, sorpresa! Esto ocurre porque con la máquina no tenemos reparos para interactuar dado que no tenemos que justificar nada ante nadie, ante los demás, tal y como se afirma en el citado reportaje: “¿Por qué esta diferencia? Porque un ordenador no es humano. Con la decisión de rechazar la oferta injusta, practican el llamado “castigo altruista”, un rasgo muy humano: actuar contra el propio interés por defender un principio moral”. Además, interviniendo a través de las técnicas de estimulación magnética transcraneal, se puede sacar una conclusión que abre muchos interrogantes, porque “los humanos inhiben el egoísmo con valores sociales y morales, y eso se hace en esa parte concreta del cerebro [la disrupción del cortex dorsolateral derecho (y no el izquierdo) mediante estimulación magnética intracraneal, reduce el impulso de rechazar las ofertas intencionadamente injustas]. La especie humana es capaz de exhibir justicia recíproca, lo cual implica el castigo de los individuos que tienen conductas injustas, incluso cuando eso daña el propio interés. Para ello ha desarrollado un sistema cortical capaz de inhibir la acción reflexiva encaminada a buscar el propio interés. Y este sistema de inhibición es tan fuerte que somos capaces de llegar a matarnos a nosotros mismos por convicciones políticas y morales”.

He vuelto a recordar el libro de Fletcher que citaba anteriormente, porque en su capítulo final, planteaba cuatro casos a los que no se daba respuesta: intrigas de espionaje (chantaje por el sexo), un adulterio como sacrificio (un embarazo forzado para recuperar la libertad en un campo de concentración), ¿tenía derecho a provocar su propia muerte? (abandonar un tratamiento con objeto de que la familia cobre una póliza para asegurar su subsistencia) y la misión especial del bombardero nº ¡3 [el Enola Gay que lanzó la bomba sobre Hiroshima] (sobre las recomendaciones del Informe solicitado por el Presidente Truman para decidir sobre el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima en 1945). Probablemente, coincidiríamos todas las personas en la respuesta a tenor de cada patrón de conducta, en aquél contexto histórico y social, a tenor de los patrones éticos y morales de la época en la que el “pietismo” y el “moralismo” eran moneda común. O no. Pero lo que se plantea a partir de las investigaciones actuales es que aún existiendo hoy día patrones morales se puede intervenir en el cerebro “modulando” el córtex dorsolateral derecho, en una dialéctica permanente de razón (córtex) y emociones (sistema límbico). Sabiendo como sabemos que el cerebro no descansa nunca, es decir, que está en autoregulación continua, muy atento a “lo que pasa” en su interior, construyendo defensas y arquetipos éticos moduladores en la consciencia, gastando permanentemente el 20% de la energía que gasta nuestro organismo, tanto cuando está muy activo como cuando está en reposo.

En mi libro Inteligencia digital, publicado en 2007, ya abordaba este interesante proyecto de ética del cerebro, de ética de la inteligencia: “Si lo psíquico precede a lo morfológico (¿recuerdan el ejemplo que expliqué sobre la fiereza del tigre anteriormente?), lo importante es la base que ocupa la inteligencia sobre la potencialidad de ser. Así se ha demostrado en la historia de la humanidad: las nuevas especies aparecidas en la selva de Foja son importantes para la humanidad porque la inteligencia del ser humano ha permitido organizar expediciones y utilizar “herramientas especiales” para darles valor. Si no hubiera sido por la explosión del conocimiento humano, las famosas especies que se han descubierto “ahora”, continuarían en el anonimato. Como el funcionamiento de las neuronas. Nuevas especies y neuronas en movimiento perpetuo siempre estaban allí. Cobra especial interés en este apartado la ética de la investigación, la ética del cerebro, como nueva expresión que algún día no muy lejano me gustaría desarrollar y que aprendí de los profesores López Aranguren y Sánchez Vázquez. Son las neuronas interactuando las que hacen posible poner en valor las personas y las cosas. Nace así un nicho de investigación apasionante” (6). Y de esta forma empezamos a hacer un nuevo y apasionante camino científico: “La grandeza del ser humano radica en demostrar a través de la inteligencia que lo biológico (la biosfera) solo tiene sentido cuando va hacia adelante y se completa en la malla pensante de la humanidad, en la malla de la inteligencia (la Noosfera). En definitiva, su tesis radicaba en llevar al ánimo de los seres humanos la siguiente investigación: estamos “programados” para ser inteligentes. Para los investigadores y personas con fe, la posibilidad de conocer el cerebro es una posibilidad ya prevista por Dios y que se “manifiesta” en estos acontecimientos científicos. Para los agnósticos y escépticos, la posibilidad de descubrir la funcionalidad última del cerebro no es más que el grado de avance del conocimiento humano debido a su propio esfuerzo, a su autosuficiencia programada” (7).

Sevilla, 2/IX/2008

(1) Pérez Oliva, M. (2008, 30 de agosto). Dilemas en el cerebro. En el futuro será posible leer el pensamiento y tal vez llegar a modular el comportamiento. La puerta a un mundo insospechado está abierta. El País. Revista de Verano, p. 6s. Asimismo, recomiendo la lectura de la entrevista mantenida por Eduardo Punset con el profesor Alvaro Pascual-Leone, perteneciente al programa de TVE, Redes.
(2) Fletcher, J. (1970). Ética de situación. Barcelona: Ariel (Libros del Nopal).
(3) Recomiendo la lectura completa de la entrevista de Eduard Punset con Marc Hauser, psicobiólogo de la Universidad de Harvard y autor del libro Moral Minds. Boston, diciembre de 2007 (recuperada el 30 de agosto de 2008, de http://www.smartplanet.es/redesblog/wp-content/uploads/2008/06/entrev003a.pdf).
(4) Recuperado el 31 de agosto de 2008, de http://lacomunidad.elpais.com/apuntes-cientificos-desde-el-mit/2008/1/30/neurofilosofia-moral).
(5) Pérez Oliva, M., ibídem.
(6) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital), p. 284s.
(7) Cobeña Fernández, J.A. (2007), Ibídem, p. 285s

Volar, volar, volar…

Dedicado a los familiares, amigas y amigos de las personas que fallecieron en el accidente del avión de Spanair, de 20 de agosto de 2008. Para construir, en medio de una ceremonia de confusión de opiniones de todo tipo que saturan la inteligencia humana y digital.


Paisaje con la caída de Ícaro, Pieter Brueghel el Viejo, c.1558, Museos reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas.

Desde hace millones de años, el ser humano ha visto volar a los pájaros y esa imagen se ha grabado en el cerebro de cada mujer, de cada hombre, de nuestros antepasados, formando un archivo documental de millones de imágenes que se han perpetuado en la genética neuronal, creando millones de archivos en hipocampos humanos, en caballos encorvados que se asemejan a los que surcan las profundidades submarinas. Un día, el ser humano quiso volar, surcar los cielos y se puso a ello. Podía ser.

Quizá, a través del pintor Brueghel, el Viejo, tenemos noticias de diversos momentos de la historia en que las personas quisieron estar cerca de los cielos, de Dios, echando a volar su imaginación, pasando en primer lugar, históricamente, por la tradición oral sobre los acontecimientos de Babel, donde se quiso tocar el cielo escalando hacia él. Y no se sabía volar, aunque hoy volvamos a Brueghel, desesperadamente: “La pasión por el cuadro de Brueghel [La construcción de la Torre de Babel (1563)] comienza a complicarse. Mucho más cuando entramos de lleno en el texto bíblico del libro del Génesis, 11, 1-9, del que extractamos pasajes que no tienen desperdicio para nuestra finalidad digital. El versículo de arranque es una realidad parcial hoy: “Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras (…) Entonces se dijeron el uno al otro: “Ea, vamos a fabricar ladrillos y cocerlos al fuego” (…). Después dijeron: “Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra”. Pero Dios decidió darse una vuelta por el mundo y, en concreto, por aquel sitio y dijo: “He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. Ea, pues, bajemos y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo. Y desde aquel punto los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahvéh el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra”. No pudo ser.

Quizá sea el mito de Ícaro y Dédalo, desde la visión escéptica de Brueghel en su cuadro “Paisaje con la caída de Ícaro” (porque las personas tienen que seguir viviendo [arando y pescando…] a pesar de un acontecimiento tan importante como la caída de Ícaro al mar), el que resume de forma más profunda el fracaso humano de experimentar el vuelo libre por imitación, llegando al siglo XXI con necesidad de apoyos metálicos y electrónicos para alcanzar ese sueño. Ícaro, hijo del arquitecto Dédalo, fue encarcelado junto a su padre en Creta: “Dédalo consiguió escapar de su prisión, pero no podía abandonar la isla por mar, ya que el rey mantenía una estrecha vigilancia sobre todos los veleros, y no permitía que ninguno navegase sin ser cuidadosamente registrado. Dado que Minos controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí empezando por las más pequeñas y añadiendo otras cada vez más largas, para formar así una superficie mayor. Aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro. Ícaro, su hijo, observaba a su padre y a veces corría a recoger del suelo las plumas que el viento se había llevado, y tomando cera la trabajaba con sus dedos, entorpeciendo con sus juegos la labor de su padre. Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera, y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. Entonces padre e hijo echaron a volar. Pasaron Samos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender como si quisiese llegar al paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente sus artes, llamó a la tierra cercana al lugar del mar en el que Ícaro había caído Icaria en su memoria. Dédalo llegó sano y salvo a Sicilia bajo el cuidado del rey Cócalo, donde construyó un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda al dios”. No pudo ser.

Ahora, sabemos ya cómo se puede volar, nuestro cerebro permite elegir, pero solo “pareciéndonos” a las aves del Cielo, aquellas que vio Dios como “bueno” cuando las creó, a diferencia de la creación del ser humano. Aunque nunca hemos podido volar por nosotros mismos, el acto creador de la inteligencia humana, aquél que ya nos permite volar a nuestra manera, ser inteligentes para seguir viviendo, dice el cronista histórico que proporcionó una gran satisfacción al Creador (para cada una, para cada uno, dondequiera que esté ó quienquiera que sea): y vio Dios que muy bueno… (no solamente bueno). Pudo ser, aunque no conozcamos todavía el Paraíso que al fin y al cabo también buscaban Ícaro y los constructores de Babel, apasionadamente.

Sevilla, 27/VIII/2008

E la nave va…


Milo Manara (E la nave va…)

El pasado 24 de agosto inserté una nota final en el post dedicado al proceso de duelo, Duelo y cerebro, con ocasión del accidente del avión de Spanair, de 20 de agosto de 2008, en el que pedía disculpas por no poder insertar imágenes en los post. Hoy, cumpliendo con mi compromiso, comunico que ya se ha solucionado el problema existente, que se debía a una serie de permisos que no se habían activado por el proveedor después del cambio de versión del programa que sustenta este cuaderno de derrota… (¿recuerdas?). Y la nave, Isla desconocida, va…

Sevilla, 26/VIII/2008

Duelo y cerebro

El núcleo accumbens, principal estructura cerebral que interviene en el proceso de duelo (imagen recuperada, de http://thebrain.mcgill.ca/flash/i/i_03/i_03_cr/i_03_cr_que/i_03_cr_que.html, el 23 de agosto de 2008)

Desde el 20 de agosto, estamos asistiendo a un proceso de duelo permanente por las víctimas del accidente sufrido por el avión de la compañía Spanair, en el vuelo JK 5022. Todas las interpretaciones en torno al desgraciado suceso están rodeando los mecanismos de defensa del ser humano, centrados en el fenómeno de duelo, fundamentalmente el que protagonizan los principales afectados, es decir, los familiares y principales allegados de las personas que han fallecido en el mismo. También, el que desarrollan los profesionales que intervienen en grandes catástrofes, porque tienen que elaborar de alguna forma el retorno a lo vivido tan próximo y dar rienda suelta a los sentimientos y emociones que han experimentado y grabado en cada hipocampo personal e intransferible de forma tan dramática. El duelo es un proceso muy desconocido, con sede en una estructura cerebral, el núcleo accumbens, responsable de nuestras formas de reaccionar ante la separación radical, arraigadas en el cerebro primitivo desde hace millones de años, que en estos momentos, puede ayudar a todas y todos, conocerlo en profundidad, al identificarlo como cauce fisiológico del malestar y bienestar personal paradójico, al obtener la persona afectada determinadas recompensas físicas y psíquicas mientras que estamos instalados en él.

¿Por qué vivimos y experimentamos el duelo? Parto de la definición de duelo como proceso psicológico ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo, emocional y comportamental, en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe (1). Este proceso psicológico, que se desencadena a raíz de un acontecimiento vital de muerte y desaparición, de separatidad, en definitiva, tiene una base cerebral de gran importancia para desentrañar su base neuronal en el núcleo accumbens que actúa a modo de interruptor cognitivo, sentimental y emocional para desencadenar una serie de comportamientos que se han descrito en la literatura neurocientífica actual del duelo.

Se han estudiado de forma muy rigurosa las diferentes fases del proceso que desencadena el duelo y su elaboración posterior, destacando personalmente el esquema de Bowlby, autor al que he seguido a lo largo de cuarenta años desde que estudié su concepto de “separatidad” (2):

“La fase 1, “fase de entumecimiento o shock”, es la fase temprana de intensa desesperación, caracterizada por el aturdimiento, la negación, la cólera y la no aceptación. Puede durar un momento o varios días y la persona que experimenta el duelo puede recaer en esta fase varias veces a lo largo del proceso de luto.
– La fase 2, “fase de anhelo y búsqueda”, es un periodo de intensa añoranza y de búsqueda de la persona fallecida, caracterizada por inquietud física y pensamientos permanentes sobre el fallecido. Puede durar varios meses e incluso años de una forma atenuada.
– La fase 3 o “fase de desorganización y desesperanza”, en la que la realidad de la pérdida comienza a establecerse, la sensación de sentirse arrastrado por los acontecimientos es la dominante y la persona en duelo parece desarraigada, apática e indiferente, suele padecer insomnio, experimentar pérdida de peso y sensación de que la vida ha perdido sentido. La persona en duelo revive continuamente los recuerdos del fallecido; la aceptación de que los recuerdos son sólo eso provoca una sensación de desconsuelo.
– La fase 4, “fase de reorganización”, es una etapa de reorganización en la que comienzan a remitir los aspectos más dolorosamente agudos del duelo y el individuo empieza a experimentar la sensación de reincorporarse a la vida, la persona fallecida se recuerda ahora con una sensación combinada de alegría y tristeza y se internaliza la imagen de la persona perdida”.

Indiscutiblemente, lo sucedido en el avión de Spanair, de nombre Sunbreeze (Brisa del Sol), ha contado con variables intervinientes que agudizan estos procesos por reunir factores múltiples de desconcierto centrados en el desconocimiento real de lo que ocurrió, cuestión que adquiere una importancia transcendental en estos procesos y que debe ser atendido con prioridad absoluta.

Desde el proceso de inteligencia digital, se ha descubierto recientemente, una base científica para “alojar” (valga la expresión) el duelo, en su fase complicada, en el núcleo accumbens, al llevar a cabo un estudio comparativo entre el duelo no complicado y el complicado (3), utilizando imágenes de Resonancia Magnética Funcional: “Hasta ahora, poco se sabía de los mecanismos neurales que distinguen ambos tipos de duelo, explican los investigadores en la revista especializada Neuroimage [(4)], pero se habían considerado algunos mecanismos hipotéticos, como la actividad relacionada con el dolor (con la angustia social por la pérdida) y la actividad relacionada con la recompensa (con los comportamientos de apego). Una de las investigadoras, la doctora Mary-Frances O’Connor, declaró para la publicación de la UCLA que, en lo que se refiere al mecanismo de recompensa, la idea es que, mientras nuestros seres queridos están vivos, obtenemos señales gratificantes cuando los vemos o cuando vemos objetos que nos los recuerdan. Tras la muerte de un ser allegado, los que se adaptan a la pérdida dejan de obtener esta recompensa neural. Por el contrario, los que no consiguen adaptarse, continúan anhelándola, porque cada vez que ven una señal del ser querido aún obtienen la recompensa neural correspondiente. Todo este mecanismo sucede a nivel inconsciente, es decir que el doliente no pone en ello ninguna intención. El estudio se centró en analizar si las personas que sufren de duelo complicado presentan una mayor actividad tanto en el circuito de recompensa del cerebro como en el circuito del dolor. Para ello, fueron analizadas 23 mujeres que habían sufrido la pérdida de sus madres o de alguna hermana como consecuencia del cáncer de mama”.

El resultado ha ayudado a localizar bien la reacción cerebral ante imágenes de los seres queridos que han fallecido, activándose de forma sustancial el núcleo accumbens, es decir, se ha demostrado que el dolor crea adicción porque esta estructura se activa al visualizar o recordar a los seres que se querían y que han fallecido. Se necesita en definitiva este recuerdo porque es lo “único gratificante”, aunque “El estudio respalda por tanto la hipótesis de que los apegos activan los circuitos de recompensa y pueden por tanto convertirse en una interferencia para la adaptación a las pérdidas. Es decir que, aunque la activación del núcleo accumbens no satisfaga emocionalmente a los dolientes, señala O’Connor, se convierte en una respuesta que hace aún más difícil de superar la realidad del fallecimiento”. Y la adicción al dolor “puede llegar a generar el anhelo recurrente de emociones dolorosas como la ansiedad intensa o el deseo de morir. Ahora, este síndrome ha sido definido por un conjunto de criterios empíricos y se está considerando su inclusión en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la American Psychiatric Association (Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos), el DSM-IV. Este manual consiste en una clasificación de los trastornos mentales con el propósito de proporcionar descripciones claras de éstos para facilitar sus diagnósticos”.

Ya sabemos la importancia de estos estudios de laboratorio con personas afectadas por procesos de duelo. El conjunto de neuronas que se recuestan cerca del sistema límbico, implicando la amígdala, el hipocampo y la corteza cerebral, se conoce como el “núcleo accumbens” (del verbo latino “accumbo”: recostarse, tenderse). Este núcleo cumple también una misión importante en el cerebro: obtener placer y mantenerlo el mayor tiempo posible, gracias a un neurotransmisor, la dopamina, que produce sentimientos y emociones de gozo como refuerzo ante determinados problemas que elabora la corteza prefrontal, con los que se encuentra en una experiencia tan traumática como la ocurrida en Barajas, llevándola a una proactividad encaminada a buscar continuamente actividades que permitan bienestar, bien-ser, en definitiva.

Una maravillosa función de esta estructura cerebral que nos hace más vulnerables ante desórdenes de la vida y de la muerte de seres queridos, pero que también está preparada desde hace millones de años para interactuar con otras estructuras y buscar quizá, desesperadamente, la felicidad robada en la propia vida.

Sevilla, 24/VIII/2008

(1) Navarro Serer, Mariano (2006). La muerte y el duelo como experiencia vital: acompañando el proceso de morir. Informació Psicològica (88), pág. 17.
(2) Flórez, S.D. (2002). Duelo. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 25 (3), 77-86.
(3) Martínez, Y. (2008). El duelo por la muerte de un ser querido puede volverse adictivo. Los recuerdos tristes activan las neuronas de los centros de recompensa del cerebro (recuperado de http://www.tendencias21.net/El-duelo-por-la-muerte-de-un-ser-querido-puede-volverse-adictivo_a2380.html, el 23 de agosto de 2008).
(4) O’Connor, M.F., Wellisch, D.K., Stanton, A., Eisenberger, N.I., Irwin, M.R. & Lieberman, M.D. (2008). Craving love? Enduring grief activates brain’s reward center. NeuroImage, Volume 42, Issue 2, 15 August 2008, p. 969-972.

NOTA: por problemas técnicos derivados de un cambio de versión en el programa sobre el que está soportado este blog, no es posible insertar imágenes, temporalmente, hasta su resolución. Pido disculpas sinceras a todas las personas que se aproximan a esta «Isla Desconocida», porque en un post como el que antecede es más fácil conocer la estructura cerebral correspondiente a través de la imagen adecuada, aunque los enlaces que introduzco en el texto puede ser una solución provisional. Informaré puntualmente cuando atiendan la solicitud que he formulado al proveedor de servicios de Internet donde tengo alojado el blog. Gracias.

El aquí y ahora del agua

“El progreso humano no es ni automático ni inevitable. El futuro ya está aquí y debemos enfrentar la cruda urgencia del ahora. En este acertijo constante que implica la vida y la historia, la posibilidad de llegar tarde existe. Podemos rogarle desesperadamente al tiempo que detenga su paso, pero el tiempo es sordo a nuestras súplicas y seguirá su curso. Sobre montañas de blancas osamentas y desperdicios de múltiples civilizaciones se observan las terribles palabras: Demasiado tarde”.

Martin Luther King Jr. (1967) “¿Qué rumbo tomamos ahora: el del caos o el de la comunidad?”

Con esta rotunda frase comienzo a desgranar el contenido aleccionador del último “Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido”, como corolario personal a mi visita a la Exposición de Zaragoza, con el eje temático de «Agua y desarrollo sostenible», dedicada a este recurso de indudable impacto en las vidas de las personas. Todavía más, en sus cerebros, tal y como lo desarrollé en un post específico, Agua y cerebro, que publiqué en este cuaderno digital en 2006 y en el que resaltaba un hilo conductor de especial relevancia para la inteligencia humana: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”.

A propósito de esta reflexión, me llena de orgullo digital y compartido en la Noosfera, saber que esta cita se ha recogido en la Propuesta de reforma de la Constitución Nacional de Colombia para consagrar el derecho al agua potable como fundamental, mediante la convocatoria de un referendo, promovida por Ecofondo, “fondo ambiental democrático y participativo, sin ánimo de lucro, que canaliza recursos de cooperación internacional para medio ambiente. Conformado por un total de 152 organizaciones no gubernamentales, organizaciones comunitarias de base, instituciones de investigación, centros universitarios y organismos gubernamentales que desarrollan trabajo ambiental en Colombia, es la organización de organizaciones ambientales más grande del continente”.

Siendo esta realidad así, el Informe 2007-2008 alerta de nuevo sobre cuestiones sobre el agua que nos parecen lejanas pero que algún día no lejano, posiblemente en el aquí y ahora (el clásico hic et nunc) de cada una, de cada uno, pueden hacer muy próximas la sentencia de Martin Luther King, Jr.: ya es demasiado tarde: “Mientras los pobres viven en la Tierra dejando una huella ecológica apenas perceptible, soportan el grueso de las consecuencias de la gestión no sostenible de nuestra interdependencia ecológica. Hasta la fecha, los habitantes de los países desarrollados se han limitado a ajustar los termostatos, soportar veranos más largos y calurosos y observar cambios en las estaciones para hacer frente al cambio climático. Además, a medida que aumenta el nivel del mar, ciudades como Londres y Los Ángeles pueden enfrentar el riesgo de inundaciones, pero sus habitantes están protegidos por modernos sistemas de defensa. Por el contrario, cuando el calentamiento global altera los patrones climáticos en el Cuerno de África, significa la pérdida de cosechas y hambruna, o que las mujeres y las jóvenes deban dedicar largas horas del día a buscar agua”.

Y todo esto nos parece ruido de tambores lejanos, tomando conciencia del problema cuando en nuestras viviendas falta agua o se nos avisa que estamos en época de sequía. En la identificación de los cinco mecanismos clave de transmisión a través de los cuales el cambio climático puede paralizar y luego revertir el desarrollo humano, el agua es protagonista principal de la siguiente forma:

Producción agrícola y seguridad alimentaria.

El cambio climático afectará las precipitaciones, las temperaturas y el agua disponible para actividades agrícolas en zonas vulnerables.

Estrés por falta de agua e inseguridad de agua.

Los cambios en los patrones de escorrentía y el derretimiento de glaciares aumentarán el estrés ecológico, comprometiendo con ello el agua para fines de riego y asentamientos humanos. Otros 1.800 millones de personas podrían habitar en zonas con escasez de agua en 2080.

Aumento en el nivel del mar y exposición a desastres meteorológicos.

Los niveles del mar podrían aumentar rápidamente con la acelerada desintegración de los mantos de hielo. El aumento de la temperatura mundial en 3ºC o 4°C podría desembocar en el desplazamiento permanente o transitorio de 330 millones de personas a causa de las inundaciones. Este fenómeno podría afectar a más de 70 millones de habitantes de Bangladesh, seis millones en el Bajo Egipto y 22 millones en Viet Nam.

Ecosistemas y biodiversidad.

El cambio climático ya está transformando los sistemas ecológicos. Alrededor de la mitad de los sistemas de arrecifes de coral del mundo han sufrido “descoloramiento” como resultado del calentamiento de los mares. La creciente acidez del océano es otra amenaza a largo plazo de los ecosistemas marinos.

Salud humana.

Los países desarrollados ya están preparando sus sistemas de salud pública para enfrentar futuras crisis climáticas, tal como lo sucedido durante la ola de calor de 2003 en Europa y las condiciones más extremas durante los veranos e inviernos.


Escultura móvil de garrafas de plástico de la cúpula central. Expo Zaragoza 2008 – Pabellón El Faro, de iniciativas ciudadanas (Fotografía del autor)

Creo que he regresado de Zaragoza con alguna lección aprendida y aprovechando la oportunidad que nos brinda la Noosfera, sigo defendiendo en este medio la capacidad que nos brinda la inteligencia digital para tomar conciencia del doble uso del agua por la educación lamentable que se recibe sobre las realidades enunciadas anteriormente, tal como lo exponía en el post citado: “Hay que pensar fríamente que algo hay que hacer en relación con este fenómeno silente, en el que la inteligencia humana sufre sus consecuencias. Creo que a partir de la lectura de los datos facilitados por el documento citado [Informe sobre Desarrollo Humano 2006. Más allá de la escasez: Poder, pobreza y la crisis mundial del agua], puede ayudarnos saber que el agua tiene más valor que precio. Y la inteligencia digital puede hacer un hueco para abordar este problema si estamos de acuerdo en construir juntos una definición sobre la que estoy trabajando últimamente: capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso”.

Utilizando un paralelismo, en este aquí y en este ahora, deberíamos desarrollar una actitud comprometida, unas habilidades responsables y un conocimiento adecuado de la realidad del agua en nuestro entorno más próximo, utilizando la inteligencia digital, es decir, los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso, ofreciéndonos información adecuada y legítima, compartida, sobre el agua que diariamente se nos escapa entre nuestros dedos a pesar de su necesaria e imprescindible presencia en nuestros cerebros, en nuestra inteligencia personal e intransferible, que nos obliga a valorarla de una forma muy especial por ser una excelente fuente de vida.

Sevilla, 17/VIII/2008


Expo Zaragoza 2008 – Pabellón El Faro, de iniciativas ciudadanas (Fotografía del autor)

Nota: deseo dedicar este post, de forma especial, a todas las organizaciones no gubernamentales, personas, empresas, instituciones y asociaciones en general, que han hecho posible la construcción física y ética del Pabellón El Faro, de iniciativas ciudadanas, en Expo Zaragoza 2008. Una auténtica lección de oportunidad solidaria y de inteligencia digital, recordando todavía el momento emocionante de mi participación personal en el Proyecto Implícate, campaña para recoger firmas con destino al Presidente Zapatero, el Secretario General de ONU, Ban Ki Moon y el Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, que exige hacer efectivo el derecho humano al agua potable y el saneamiento y la defensa de los ecosistemas.

La consciencia, según Eric Kandel

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Eric Kandel. Ilustración de Joseph Adolphe (recuperada de http://www.columbia.edu/cu/alumni/Magazine/Fall2006/kandel.html, el 18 de julio de 2008)

«Aún no sabemos qué es la consciencia. Ahora comprendemos sólo del 15% al 20% del cerebro. Hemos progresado mucho, y no se resolverá en menos de cien años. Cuando yo empecé en los cincuenta, teníamos el 5%. Parecía un sueño imposible. Según mi filosofía, uno debiera tener sueños imposibles sólo si supone que los va a transformar en posibles. Dedicarse a sueños imposibles que uno sabe que no son realizables es perder el tiempo» (1). De esta forma se expresaba el Nobel de Medicina, Eric Kandel, en una entrevista que mantuvo en Viena el pasado 16 de julio, con motivo de su incorporación al Instituto de Ciencias y Tecnología de Austria, su país natal.

Sigo sorprendiéndome con la capacidad deslumbrante del saber hacer del cerebro, claro objeto de deseo para las neurociencias en general. Y me encantó recuperar la trayectoria de maestría de Kandel, Premio Nobel de Medicina en el año 2000, por entregar al mundo científico un gran hallazgo: «Aprender cambia la forma como las células del cerebro se comunican entre ellas en centros específicos. El punto de comunicación se llama sinapsis, y demostré que éste puede transformarse según la forma de aprendizaje».

En mi análisis iniciático de Teilhard de Chardin, al introducirme en la encrucijada neurocientífica de la aparición del hombre, me sorprendió siempre la aparición de la consciencia que ya jugaba un papel transcendental en la justificación de la caracterización del ser humano (2): “La gran especialización ha estado radicada en el cerebro, en tres direcciones diferentes pero complementarias: afinamiento de los nervios, perfeccionamiento del cerebro e incremento de la consciencia. El gran salto en este perfeccionamiento larvado en millones de años se produce según la tesis de Teihard hace solo un “millón de años”. Vital Kopp describe esta situación con un cierto aire novelesco: “Helo ahí de repente. Silenciosamente se presenta este ser, el completamente distinto, el más misterioso y desconcertante de todos los seres del cosmos, de naturaleza totalmente diferente, que escapa a la tradicional teoría de los seres vivos…Pero es en el interior donde se ha efectuado la revolución, un sacudimiento de dimensiones planetarias en la biosfera entera” [(1)]. Y de esta forma se pone la primera piedra de la noosfera. Es el único ser vivo que mira dentro de sí. Y vuelve a presentarse en sociedad la tesis ya planteada en este recorrido actualizado en busca del punto omega de la vida: se hace visible, por primera vez, el interior de las cosas y alguien nos lo explica con el lenguaje, con palabras, con signos que manifiestan la realidad de las cosas. Me ha maravillado siempre la grafía en hebreo de [la palabra] casa: bet [תב]. Quien conoce cómo se escribe se da cuenta inmediatamente cómo hubo mucho interés en los primeros antropopitecos en demostrar la oquedad como símbolo de la acogida que presta una casa. Los tres trazos formando un hueco es una forma visible de expresar el interior cósmico. La experiencia fue antes que la palabra (el interior cósmico)”.

Y es que la consciencia lleva retando al cerebro humano millones de años (3): “Y Teilhard se hace fuerte en un argumento muy sólido: el interior o consciencia es una dimensión equitativa y saludable del Universo, sin distinción, que corresponde a la materia entera del mismo, “aunque con intensidad muy variada”. Su gran limitación vino de la prohibición científica a la hora de “excavar” las entrañas de la Tierra con su martillo de geólogo. Más difícil era admitir que también se podía excavar el interior cósmico que afecta por igual al ser humano que al celentéreo tan complicado que citábamos anteriormente, pero que es una forma de ser animal muy diferente (sin ir más lejos el moho de fango que narra de forma fascinante Steven Johnson en su obra “Sistemas emergentes”, al justificar su teoría de la agregación social)”.

Comprendo perfectamente la ilusión científica, convertida en sueño realizable, de Eric Kandel al calcular el reto científico del descubrimiento real de la consciencia humana, porque también lo viví de forma contemporánea a él (3): “Avanzando en esta reflexión crítica, me he encontrado con una anotación mía, de hace treinta y ocho años, sobre esta frase de corte teilhardiano: “Así en el cosmos entero, el lado exterior material, el único que la ciencia suele tomar en consideración, está acompañado de un lado interior consciente, las más de las veces oculto”. Y escribo así: “esta frase resume todo lo dicho anteriormente”. Es verdad, porque lo oculto es lo que apasiona menos en la verdad científica. Aunque a mi me supuso poner en crisis la razón de la razón y la del corazón en una dialéctica pascaliana que permite hoy la realidad de una enorme pre-ocupación (así escrito) sobre el lado interior del cerebro y de su máxima expresión comprensiva y de aprehensión a través de la inteligencia. Y culmina esta teoría en una definición apasionante, también subrayada: la consciencia es una propiedad cósmica de intensidad variable, que podemos seguir a través de todos los grados ascendentes de crecimiento de la vida, hasta el pensar reflejo del hombre”.

Y para seguir investigando, he comenzado una nueva lectura apasionada y apasionante de un libro autobiográfico de Kandel: En busca de la memoria (4), porque en la foto de la portada, que recoge una instantánea del negocio de sus padres en Viena, ocupada por los nazis, dedicado a la venta de juguetes y maletas, he vislumbrado que quizá también, a través de su lectura, puedo descubrir las mías [las maletas de mi memoria de hipocampo], en una búsqueda de sueños hechos realidad, es decir, posibles. Tomaré las notas necesarias para compartirlas en la amura de babor que tanto aprecio.

Sevilla, 25/VII/2008

(1) Rudich, J. (2008, 17 de julio). «¡Ya he logrado comprender el 15% del cerebro!», El País, p. 44.
(2) http://www.joseantoniocobena.com/?p=91
(3) http://www.joseantoniocobena.com/?p=88
(4) Kandel, E. (2007). En busca de la memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente. Buenos Aires: Katz Editores.

Si eres humano…

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Recuperado de http://blog.agirregabiria.net/2007/09/gnothi-sauton-concete-ti-mismo.html, el 12 de julio de 2008

Cuando frecuentaba la historia griega en mi adolescencia, viajando intelectualmente hasta Delfos, tengo que reconocer que asimilé una máxima que figuraba en el frontispicio del oráculo/templo de Apolo, como compromiso para la vida ordinaria y que permanece en mi hipocampo con la frescura de entonces: ¡Conócete a ti mismo!, modulada sin lugar a dudas por un oráculo de respuesta a Creso, rey de Lidia, recogido en versos gnómicos (de opinión), que son un claro exponente de la dialéctica científica y humana de todos los días: “εἰ θνητός εἶ, βέλτιστε, θνητὰ καὶ φρόνει”, es decir, «si eres humano, procura pensar en cosas humanas».

Después apareció el comediógrafo Menandro, que corrigió esta sentencia, y nos complicó la existencia: mejor que «conócete a ti mismo» es «conoce a los demás».

Hace unos meses, Forges, nuestro cronista del humor inteligente, dio una vuelta de tuerca a Creso y Menandro, entre otros, al manifestar en boca de un protagonista de sus viñetas (su oráculo), algo transcendental para la vida diaria: “los funcionarios sabemos cosas que los humanos ni sospecháis”.

Y otros buscan a Dios por todas partes y no lo encuentran, como pasaba con las cosas divinas en Delfos, como pasaba también en las iglesias de Roma que recorría Rafael Alberti, en su exilio italiano de finales de los sesenta, en el siglo pasado: “Confiésalo, Señor, sólo tus fieles hoy son esos anónimos tropeles que en todo ven una lección de arte, miran acá, miran allá, asombrados, ángeles, puertas, cúpulas, dorados… y no te encuentran por ninguna parte”.

Y como soy humano y funcionario (en perfecto griego del oráculo, mortal entre los mortales), voy a pensar por qué han muerto 15 sin papeles subsaharianos, entre ellos nueve niños de entre 12 meses y nueve años, cuando sus padres solo buscaban la felicidad humana, cosas humanas, en una patera [isla] desconocida, viajando hacia Andalucía…, porque probablemente está ya entreabierta alguna puerta para el compromiso.

Sevilla, 12/VII/2008

Teléfonos inteligentes, memorias afectadas

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Steve Jobs, Fundador y Presidente de Apple (recomiendo ver y escuchar atentamente este video: http://video.google.com/videoplay?docid=3014637678488153340)

Todo está preparado para la gran fiesta digital de 11 de julio de 2008, con la presentación y disponibilidad en 22 países del mundo, del teléfono iPhone -la estrella celular de Apple-, entre los que se encuentra España, en este caso de la mano de Telefónica. Según ha manifestado esta operadora en noticias de alcance, “actuará con precios agresivos [sic], y mientras llega el día “D” (de digital también…) de la agresividad del consumo en su máxima expresión, leo con atención esta noticia, que simboliza la dialéctica del quiero y no puedo inteligente con soporte chino: “Desde cuatro pequeñas plantas de montaje en la ciudad sureña en expansión de Shenxhen, Fu vende cientos de teléfonos al mes y cuenta con granjeros, emigrantes y otros usuarios de bajos ingresos para expandir su red de ventas. «No puedes esperar que un granjero que gana unos 930 euros al año se gaste 465 en un teléfono nuevo», dijo Fu. «Pero el granjero también quiere teléfonos que parezcan buenos, que puedan hacer fotos y reproducir música».” (1)

Con esta captación del principio de realidad de los mercados sumergidos, de los que venden y compran escondiéndose en el anonimato invertido de Diógenes de Sínope, aquél sabio cínico al que se le veía su orgullo a través de las agujeros de su túnica, sabemos más de algo que está más cerca de nosotros de lo que a veces creemos, es decir, del principio “querer y no poder”, donde las apariencias engañan a todas y todos, empezando por los que compran a bajo precio la supuesta “calidad” de sus vidas, plagadas de marcas fatuas, como la del iPhone falsificado, con H delante, en top mantas y crakeos, porque la etiqueta de pobreza no inteligente se muestra a los cuatro vientos, aunque los protagonistas de la gran brecha digital existente siempre estén alineados y más representados socialmente, etiquetados miserablemente, en la pobreza de los auténticos pobres, aunque los de espíritu y conocimiento demuestren su poder adquisitivo exhibiendo en público su flamante iPhone ó Hi-Phone, dependiendo de la ética (digital, por supuesto) de cada cual, con fecha de fabricación y/ó caducidad humana de 11 de julio de 2008.

Y más dramática es la inversión existencial que se produce en el cerebro humano al utilizarse estos artilugios sin control alguno, porque la inteligencia, que se construye siempre con memoria, necesita ejercitarse a diario, entrando en clara contradicción con la memoria digital de estos teléfonos inteligentes, donde el hecho de que no tengamos que hacer esfuerzo alguno para resolver algunas cuestiones de intendencia diaria, sobre todo de búsqueda y localización de personas ó cosas, aletargan uno de los recursos más maravillosos del cerebro humano, la memoria: “Se ha vuelto fácil olvidar cómo enseñar a los jóvenes a recordar. El ideal victoriano del conocimiento enciclopédico ha desaparecido. Con la actual explosión de información, nadie podría saberlo todo. Además, nadie se siente motivado para saber siquiera un poco, y desde luego no por la vía de memorizarlo. Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips del ordenador, el almacenamiento humano de datos mengua. Con los teléfonos móviles, ya nadie se sabe los números de teléfono. Los mecanismos de búsqueda en Internet se multiplican, y las cosas que antes confiábamos a nuestro cerebro, las tenemos ahora en las puntas de los dedos siempre que seamos capaces de recordar las contraseñas.” (2)

Por eso, el caballo encorvado de nuestros cerebros, el hipocampo, deja de percibir los susurros humanos, aunque sean débiles, aunque sean limitados, abandonando el encanto de saber decir en un primer intento “lo que busco, lo que sé, lo que amo, lo tengo en la punta de la lengua” y, desde la inteligencia digital, saber localizarlo en el teléfono inteligente que me acabo de comprar y ajustado a mis necesidades vitales, como mujer, como hombre, como adolescentes, como niñas, como niños, y no como el gadget de última generación del que, probablemente, no saquemos rendimiento existencial para casi nada.

Sevilla, 5/VII/2008

(1) Reuters-Pekín (2008, 24 de junio) Hiphone: un “iPhone de top manta”, El País.com. Tecnología.
(2) Bader, Jenny Lyn (NYT) (2007, 29 de septiembre) En la era digital, la memorización se está extinguiendo. Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips disminuye el humano, El País.com. Tecnología.

Melismas de Juan Peña y Gabriel García Márquez

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Acudiendo a las memorias de mi hipocampo, recuerdo que conocí a Juan Peña, El Lebrijano, en junio de 1965. A toda la familia Peña, unidos como una piña, viajando desde Lebrija para ofrecernos en Umbrete (Sevilla) un recital familiar. Todo se debía a la colaboración que prestaba Pedro Peña, un compañero mío en aquél Colegio Menor, primo hermano de Juan, donde nos preparábamos a los diecisiete años para cantar a Dios, sus pompas y sus obras. Aquella noche, que luego serían dos, dos años seguidos, Juan, sus padres, sus tíos, sus sobrinos, primos y toda su parentela, nos obsequiaban con su modo de ser y estar, gitano, con una lección que aprendí en relación con el destino. Primero, el día concertado, nos hablaban a todos en el salón de actos. Después cenábamos juntos y en el “Merendero”, en el patio exterior, comenzaba la fiesta dirigida por la familia Peña. Me encantaba la dulzura de María “La Perrata”, la madre de Juan, sus palmas, su “jaleo”, su encantamiento colectivo, hasta el punto de que salí a bailar delante de ellos, para dar unos pasos, torpes pasos, simulando un taconeo que les llenaba de gozo. Lo que no lográbamos arrancar del tímido Pedro. A mí, lo que me asombraba era el encanto sugestivo que expresaban en todas sus manifestaciones. Y algunos churumbeles cruzaban el escenario sin contemplaciones, como desafiando la vida. Y los despedíamos en la puerta del Colegio cantando todos juntos un estribillo que nunca he olvidado:

«Ya se van los gitanos / por los caminos, por los caminos. / Van en caravana/ que es su sino, ese es su sino.»

Y volví a coincidir con toda la familia Peña, quizá fuera en 1973, con motivo de la operación del padre de Juan, sencilla en origen pero de la que no pudo recuperarse ni en la sala de despertar. Y tuve que decírselo, con la autorización del cirujano, con el dolor que me suponía comunicarles de forma contradictoria lo que presagiaba, unos minutos antes, que todo iba a ir muy bien. Y compartí el dolor con ellos. En su silencio, en sus expresiones de ausencia incomprensible. Lo que es muy difícil explicar.

Posteriormente, Pedro Peña, hermano de Juan, colaboró conmigo en Huelva, en una actividad de sensibilización social gitana, en la época en que practicaba la docencia vinculada al trabajo social. Siempre amable, siempre cercano, maestro de maestros en docencia y guitarra. La familia Peña era siempre un referente. A Juan lo he seguido por sus discos, por las referencias de sus múltiples actuaciones. En una grabación muy querida por mí, donde procuraba aprender a conocer todos los “palos” de la A a la Z, me sobrecogió siempre una alboreá flamenca cantada a dúo por María “La Perrata” y Juan Peña, madre e hijo, hijo y madre, un romance morisco, de Gerineldo, que estremece a cualquiera, donde la melodía melismática (a cada sílaba le corresponde más de una nota) acerca la alboreá, la alborada, el cante por excelencia en las mañanas de las bodas gitanas, a los cantes por soleá:

«Dónde está la novia
novia tan bonita
estaba cortando rosas
por la mañanita»

Y Juan, que cuando canta se moja el agua, en metáfora acertada de Gabriel García Márquez, comienza a poner pensamiento y sentimiento albertianos, en su nueva obra, a las letras de Gabo, a párrafos cruzados de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada, de Ojos de perro azul, algunos cuentos peregrinos, y de El coronel no tiene quien le escriba.

Cuando el sábado 21 de junio de 2008, lo escuchaba a cinco metros de su voz, en la plaza de San Francisco, en Sevilla, con ecos de aquella maravillosa familia Peña que conocí en Umbrete, en una actuación pública, que él sabe apreciar, sin taquillas discriminadoras, comprendí mejor que nunca unas palabras suyas que “aparecen” al retirar el disco de su estuche, cuidado hasta el último detalle:

«Cuando estamos creando y por las flores que nos envían,
nos damos cuenta que Dios existe»

Es que en El Lebrijano, pensamiento y sentimiento se convierten en agua que se moja, hasta desaparecer en su voz, al escucharse el corazón de todas y de todos mucho más fuerte que el viento, por las melismas de refreso [sic] que él solo canta, que él solo conoce…

Sevilla, 30 de junio de 2008