Isabel Quintanilla pintó nuestra vida real y discreta

Sevilla, 27/II/2024

Hoy se inaugura en Madrid, en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el llamado “museo de todos”, una exposición temporal, El realismo íntimo de Isabel Quintanilla, dedicada a esta excelsa  pintora realista, a la que quiero dedicarle hoy también un pequeño homenaje personal porque la admiro desde hace ya muchos años, asimilando su obra a la escuela realista de Madrid, con Antonio López como gran representante de ella, junto a su compañera de vida, María Moreno. La sinopsis oficial de esta importante exposición presenta el hilo conductor de la misma: “El museo dedica por primera vez una exposición monográfica a una artista española, Isabel Quintanilla (1938-2017), una de las figuras fundamentales del realismo contemporáneo. La muestra reúne un centenar de obras de toda su carrera, incluyendo sus pinturas y dibujos más sobresalientes, muchas de ellas piezas nunca vistas en España por encontrarse principalmente en museos y colecciones de Alemania, país en el que tuvo un destacado reconocimiento en los años 1970 y 1980. Quintanilla vivió y trabajó en un momento de la historia de España en el que las mujeres artistas no tenían ni el peso ni el protagonismo del que disfrutaban los artistas masculinos, aspecto que no pasaba por alto en sus declaraciones públicas para reivindicar así el valor de su trabajo y el de sus compañeras. La pintura de Isabel Quintanilla es resultado de un dominio rotundo de la técnica y de un oficio adquirido en distintas escuelas, pero, sobre todo, de un trabajo continuado en el tiempo. La artista se refería siempre a la lucha constante que supone resolver los problemas que la pintura plantea a todo aquel que quiere valerse de ella para experimentar la realidad de otra manera. La selección de obras propone un recorrido evocador que nos sumerge en el “mundo Quintanilla”, protagonizado por sus objetos más personales, por la intimidad de las estancias de los diferentes domicilios y talleres donde vivió y trabajó, así como por su familia y sus compañeros. Un universo en el que el visitante va a reconocer ambientes y objetos que activarán sus emociones, objetivo que estuvo siempre presente en la autora. Como ella misma afirmó en numerosas ocasiones, la pintura era su vida y su vida era la pintura”.

Isabel Quintanilla, Ventana (1970), Galería Brockstedt, Berlín

Escribir hoy sobre ella me llena de emoción porque durante los primeros meses de la pandemia publiqué una serie de artículos que compilé posteriormente con un título evocador, La ventana discreta, en cuya portada figuraba una obra de Isabel Quintanilla, Ventana (1970), porque creí que esa imagen tan característica de la pintora madrileña resumía bien el hilo conductor de mi publicación y valía más que las cien mil palabras que contiene. En este sentido, adjunto el prólogo del libro, que enunciaba bien el significado y significante de una metáfora, la ventana que deseábamos abrir de nuevo durante el tiempo de pandemia para iluminar la salida del túnel en el que vivimos durante tanto tiempo.

Antonio López, La ventana por la tarde (1974-1982)

Tengo que reconocer que me apasiona el realismo mágico en la pintura de esta escuela madrileña, que conocí profundamente a través de Antonio López, mi admirado pintor hiperrealista, recordando hoy también una obra suya, La ventana por la tarde (1974-1982), donde se puede apreciar su arte para transmitir la realidad viva de lo que estás viendo a través de una ventana de la vida: “Algo pasa cuando miras el exterior desde el interior, no es un gesto más, tiene resonancias muy hondas, profundas, misteriosas.  La forma de la ventana delimitando el campo visual , la anatomía de esa forma, ya son interesantes en sí mismas, y jugar con ideas como la lejanía me parece muy estimulante como punto de partida. Supongo que también tendrá algo psicológico , como mirar por   un agujero, o el animal que se asoma desde su madriguera».

Antonio López e Isabel Quintanilla me han ayudado siempre a aprehender mejor la vida, de ahí mi deuda con el hiperrealismo en este país, que se muestra en todo su esplendor en la exposición que se inaugura hoy en el Museo de Todos, el Thyssen-Bornemisza, en Madrid. Y contemplando de nuevo las ventanas de ambos artistas, a los que tanto debo, que me permiten soñar con un mundo diferente: la ciudad tranquila, la llegada de la primavera, más pájaros, más vida, aunque sintamos muchas veces el vértigo existencial legítimo de cada día, con la cadaunada que siempre lleva dentro.

La ventana discreta

Prólogo

El libro que tiene ante sus ojos tiene un texto y contexto, con temporalidad cerrada, porque son casi cien mil palabras escritas e hilvanadas durante el estado de alarma con motivo de la pandemia en España del coronavirus COVID-19, que comenzó el 14 de marzo de 2020 y que finalizó el 20 de junio del mismo año. Han sido casi cien días naturales que han pasado como si fueran cien años, con daños colaterales tan importantes como las vidas de miles de pacientes que finalmente fallecieron en condiciones muy dolorosas para ellos, sus familiares y amigos y, obviamente, para todos los profesionales sanitarios que los atendieron con una entrega ejemplar.

En este contexto decidí ponerme a escribir como compromiso intelectual por la terrible pandemia, incluso días antes de que se declarara el estado de alarma: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante.

Así fue y así intenté escribir con un hilo conductor en cada post: nos quedaba la palabra. Si, además, podía aportar un rictus de esperanza a la situación que se nos vino encima como si fuera una erupción volcánica de miedo y desconcierto, mucho mejor. Comencé con una serie, con un post diario, denominada “Una quincena especial”, porque así lo decía el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19: “La duración del estado de alarma que se declara por el presente real decreto es de quince días naturales”. Quince días que se fueron alargando finalmente hasta casi cien (99 exactamente), con prórrogas que llevaron a la Política, ¡qué gran palabra!, a una situación calamitosa y muy poco ejemplar por parte de algunos partidos (todos no son iguales), por la falta de entendimiento en momentos tan transcendentales para el país.

Esta serie la inicié justificando por qué escribía en concreto durante la primera quincena natural del estado de alarma: “Lo primero que quiero publicar es la razón de por qué escribo. En esta ocasión cobra especial interés porque así intercambiamos valores culturales e intelectuales en momentos de crisis de salud pública, que se vuelcan en cada palabra de este cuaderno porque la escritura tampoco es inocente, como casi todo en la vida. Son señas de identidad y de principios que conviene conocer antes de abordar esta singladura de quince días en la que, a modo de aviso para navegantes, sigo al pie de la letra una consigna de José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida” en un tiempo en el que no se deben hacer mudanzas físicas aunque sí psíquicas y sociales: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

En vista de las sucesivas prórrogas, decidí continuar con una segunda serie a la que titulé “La ventana discreta”. Seguíamos confinados y era necesario continuar con el espíritu y la letra de la tarea iniciada en la primera serie, no desfalleciendo en el empeño de aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, como aquellos protagonistas de Santa María de Iquique a los que cantaba maravillosamente Quilapayún en una canción que nunca he olvidado. Así presentaba la serie cuando comenzaba la segunda quincena de confinamiento, con un título también esperanzador, La ventana discreta, “a modo de perspectiva esperanzadora sobre la situación que estamos viviendo en cada “carpe diem” particular. Necesitamos abrir ventanas metafóricas que permitan contemplar la vida de otra forma, porque es una oportunidad única de recuperar diálogo interior con nuestra persona de todos y, sobre todo, con la de secreto. Durante estos días es probable que nos sintamos a veces solos ante el peligro, en silencio, pero permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar y reflexionar, pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Las ventanas nos invitan a contemplar de forma diferente lo que antes pasaba desapercibido: la ciudad tranquila, la llegada de la primavera, más pájaros, más vida, aunque sintamos muchas veces el vértigo existencial legítimo. Necesitamos fijar la mirada en lo que auténticamente merece la pena, es decir, levantarnos desde nuestra perspectiva ética e iniciar un camino de compromiso personal y social para cambiar ese horizonte cerrado, clásico, que en el tiempo anterior, al que llamamos pasado, no nos ha llevado a veces a ninguna parte”.

Había pasado ya un mes y las perspectivas no eran halagüeñas. Todo dejaba entrever que el confinamiento era una forma muy acertada de contener el virus y la tercera quincena era la crónica de un nuevo confinamiento anunciado. Es verdad que había una inquietud que se revestía de palabras especiales: bajar la curva, alcanzar la meseta, doblegar al virus y vencerlo, con prudencia, mucha prudencia y esperanza fundada en las mediadas que se estaban tomando, tan desconcertantes a veces. De esta forma, enfoqué una tercera serie, no numerada, en términos de búsqueda de la mejor salida posible a esta situación. Es lo que he denominado en el índice, Hacia la nueva normalidad, porque es un constructo que nos llenó de esperanza cuando apareció por primera vez, literalmente así, en el periódico oficial del Estado.

En esta recta final, que se alargaba mucho más tiempo del previsto inicialmente por la prisa existencial que nos entró a todos para salir del túnel, había que escribir, en la medida de los posible y sin faltar nunca al principio de realidad que todos teníamos que asumir, sobre la reconstrucción del país y con una mirada más ambiciosa todavía, sobre la reconstrucción del mundo, porque todo lo humano nos pertenece, con independencia de dónde vivamos: “Necesitamos pensar ya en la Reconstrucción del Mundo para poder reconstruir España. Así de claro y contundente. Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su “mala” suerte. En este contexto, he recordado como tarea preparatoria un cuento precioso de Jorge Luis Borges, El Congreso, que ya he comentado una vez en este cuaderno digital, porque traduce una realidad existencial del devenir del mundo en el que todos estamos ahora obligatoriamente obligados a comprenderlo para entendernos mejor. Leerlo es casi una obligación de Estado.

Con la lectura del cuento de Borges, les dejo, no sin antes decir que en esta serie innominada escribí 54 post que junto a los anteriores, suman un total de 88, hasta que llegó la jornada mágica del 21 de junio de 2020, en la que finalizaba el estado de alarma y comenzaba el tiempo nuevo de la nueva normalidad. Ese día quise resumir con un título programático un final digno para este tiempo de espera y esperanza, Romanza para un tiempo nuevo, porque en ese día confluían tres hechos relevantes, interrelacionados entre sí en el calendario, no por azar sino por necesidad: “Comienza una etapa novedosa de normalidad, después de un estado de alarma que ha durado casi cien días, entra el verano por la puerta grande y se celebra el Día Europeo de la Música, como me ha recordado hoy de forma espléndida la Fundación Juan March, a la que sigo en su devenir diario desde que descubrí que era depositaria de una obra memorable de Bacarisse, el Concertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, al que denominó Romanza. Creo que la conjunción de las tres realidades expuestas, ofrecen hoy la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir la vida en otro mundo diferente. Como no podía ser de otra forma he elegido una obra que conjugara estas realidades: el Concertino citado, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta”.

Hemos entrado de lleno en la nueva normalidad, aprendiendo a cuidar y cuidarnos con medidas de autoprotección y respeto a la vida de los demás. Eso espero en la esperanza de que a partir de hoy creemos en la forma de ser nuevas personas en España cantando, como diría Rafael Alberti en un contexto tan difícil como tuvo que vivir y al que aportó también esperanza: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música ha demostrado durante el estado de alarma y el confinamiento subsiguiente que es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Entre la multitud, el ciudadano Jesús

Salustiano García, La Resurrección de Cristo. Entre la multitud solo estás Tú. Cartel anunciador de la Semana Santa 2024, en Sevilla

Cristo perdonaría a mis críticos, porque no saben lo que dicen / Salustiano García

Sevilla, 30/I/2024

El pasado sábado 27 de enero, se presentó oficialmente en la red “X” (anterior Twitter), por parte del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla, el cartel que anuncia la Semana Santa de Sevilla este año (#SSantaSevilla24), con un título genérico, La Resurrección de Cristo, pintado por Salustiano García (Sevilla, 1965), “en el que aparecen elementos como el sudario del Cristo de la @HdadCachorro y las potencias del Cristo de la Hermandad del Amor (@Hdad_Amor)”. Esta obra también lleva una leyenda demostrativa del mensaje implícito en su expresión pictórica por parte del autor: «Entre la multitud solo estás Tú”.

Efectivamente y muy lejos de la controversia que se ha suscitado en esta ciudad por los de siempre, los que se arrogan la defensa de «la Sevilla de toda la vida», sin mezcla de progreso alguno, sólo veo la representación del ciudadano Jesús, en una imagen actualizada para este siglo, resaltando que entre la multitud de líderes de la historia está Él, la hermosa leyenda del cuadro. Su representación en el cartel anunciador de la Semana Santa de este año en Sevilla, me parece adecuada, emitiendo mi opinión desde una perspectiva laica de esa Semana que denomino en mi persona de secreto como Semana Laica, recordando de nuevo lo que varias veces he escrito en este cuaderno digital que busca «semanas desconocidas», especialmente, cuando ocurre en la sacrosanta Sevilla. Personalmente, sigo admirando a los que leyendo a Machado comprenden bien unos versos revolucionarios, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! O, ante esta representación de soledad humana, el que entrega su vida por la Humanidad. Soy consciente también de lo que significa para esta ciudad una Semana Santa, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, afectos, olores, silencios, aceras laicas, las que ensalzó siempre la urbanista americana Janer Jacobs, como he escrito en diversas ocasiones sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolos en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En 2006 escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, en un momento especial de investigación porque estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miras puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la definitiva.

Vuelvo a constatar que el mundo solo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos a lo que en esta ciudad se llama «la Sevilla de toda la vida». Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, han organizado tradicionalmente también las vacaciones de esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. La economía se adapta a esta realidad santa y hace su semana muy particular de mercado por tierra, mar y aire.

Me acuerdo también en estas fechas de las familias enteras procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido por otros “mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados que ni siquiera tienen parroquia al lado, blindados por la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que supuso la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas (1), que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo y sintiendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, el Ciudadano Jesús, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Volveré a leer en la próxima semana laica 2024, en Sevilla, pero como todas las demás, el libro de Steven Johnson, recuperado de mi biblioteca de cabecera, mi clínica del alma. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de la controversia con el cartel anunciador de la Semana Santa de este año en Sevilla, deseo transformar esta semana santa de la fe de mis mayores (sic, según el calendario católico) en una semana normal, laica, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante por los estragos humanos y económicos que está suponiendo el entorno mundial actual, incluida la trágica y dolorosa invasión de Ucrania o la guerra con toques genocidas en Gaza. Considero también que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: la inteligencia, entendida como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo. Inteligencia digital ahora a través de lo que se ha convertido en la gran ayuda para comunicarnos cuando en estos días de gran preocupación mundial y local, volvemos a pisar las aceras laicas de Jacobs, informados o no con los teléfonos inteligentes, ordenadores y tabletas, las radios y el mando del televisor o nuestra voz que, en algunas ocasiones, da órdenes a un asistente virtual que hace todo lo posible por entender lo que le estoy diciendo. Que tenga en cuenta mi dolor, ya es otra cosa, laica casi siempre, por cierto, aunque Stefan Zweig me recuerda siempre algo muy importante en el acontecer diario de esta sacrosanta ciudad: […] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida? (2). Sonrisas y lágrimas en una semana laica, paseando por sus aceras íntimas.

Definitivamente, me quedo hoy pensando en la leyenda del cartel tan denostado por miles de personas, «Entre la multitud solo estás Tú”. Esa es la realidad histórica que deberíamos interpretar hoy, la del Ciudadano Jesús.

(1) Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961, pág. 50. Nueva York: Vintage.

(2) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, 2015. Madrid: Sequitur.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hay que levantar la nariz del papel para ver lo que no está bien visto

Sevilla, 29/I/2024

Como lector fiel de la obra excelente de Ítalo Calvino, he recordado hoy algo que completa el fenómeno de escribir, porque si importante es detenerse un momento ante la hoja en blanco y pensar que “es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (El arte de empezar y el arte de acabar), todavía más lo es cuando estamos  convencidos de que el escritor “tiene que levantar la nariz del papel”, sobre todo “para ver lo que no está bien visto. Si levantas la nariz del papel, puedes encontrarte con la leyenda que Goya escribió debajo de uno de sus grabados de la Guerra, allí donde dice: «No se puede mirar». O con esa otra inscripción que escribió debajo de una de las estampas del Cuaderno de la Inquisición, en la que se ve a un reo destrozado por el tormento: Por mover la lengua de otro modo. […] Mirar lo que no se puede ver. Ver lo que no está «bien visto». Porque está tapado, porque se oculta o se esconde. O porque resulta incómodo, molesto” (1). Decía Ítalo Calvino, sumido en una dialéctica muy interesante, algo que no olvido: “La discontinuidad entre la página escrita, fija y estable, y el mundo móvil y multiforme que hay fuera de la página nunca deja de sorprenderme: ¿qué pasa en el momento en que levanto la nariz de la página escrita y miro a mi alrededor, momento repetido innumerables veces a lo largo del día, tal vez el momento clave, el momento de la verdad”.

Lo manifestado anteriormente es lo que me viene sucediendo últimamente ante los noticiarios mundiales y locales. Ante este cúmulo de situaciones preocupantes y maldades de alto voltaje, compruebo una vez más que sólo me queda la palabra para reflexionar sobre lo que está pasando y estamos viendo todos los días, sobre todo para ver lo que no está bien visto, sabiendo el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Es preocupante la situación descrita porque temo un correlato fácil, el conformismo, expresado en el socorrido «¡yo, solo, qué puedo hacer. Nada!», si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana y no nos deje ver más allá de nuestras narices, porque nos las levantamos y menos a la hora de pronunciarnos sobre eso que pasa a diario y no nos gusta.

El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de una frase sonora, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivoal desaliento.

Ante la situación mundial más próxima, las guerras de Ucrania, que sufre horas de olvido en la actualidad y la de Israel en Gaza, con tanto crimen execrable, he recordado a Manuel Rivas en la Conferencia citada, Por una luciérnaga, porque trae a colación la necesidad del compromiso por parte de quienes escriben, club al que pertenezco llenando páginas de este cuaderno digital, incluso porque es una llamada de atención para levantar la nariz de esta página en blanco de hoy y contribuir de esta forma a parar las citadas guerras: “En una conferencia pronunciada en Múnich en 1976, con el título «La profesión de escritor», Canetti relató el hallazgo de una nota anónima fechada el 23 de agosto de 1939, justo una semana antes del estallido de la segunda Guerra Mundial. El texto era muy breve, casi telegráfico: «Ya no hay nada que hacer. Pero si de verdad fuese escritor, debería poder impedir la guerra». Canetti cuenta como, al principio, le irritó aquella nota. Hace falta ser pretencioso, venía a decir, he ahí alguien que sobrevaloraba de tal manera la condición de escritor que le otorgaba poderes tan excepcionales como el de impedir una guerra. «En los días que siguieron», cuenta Canetti, «me di cuenta asombrado de que la frase se negaba a abandonarme y acudía a mi todo el tiempo, y de que yo la cogía, la desmembraba, lanzándola lejos y volvía a recogerla, como si solo estuviese en mi poder encontrarle algún sentido».

Las palabras pueden y deben parar las guerras y conflictos armados, incluso todo lo que nos sucede a diario y no nos gusta. Desde las resoluciones últimas de la ONU, hasta esta pequeña reflexión, debemos tomar conciencia de que, al final, son sólo un conjunto de palabras las que contribuyen a la aproximación para acabar con tanto dolor humano, no sólo de las guerras, sino de cualquier dolor que nos rodea. Hablando se entiende la gente, el mundo. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a nuestra especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Haber escrito hoy estas líneas significa que lo hago como acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, que ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia de la Vida no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora. La de los nadies organizados, también.

Finalizo por hoy, al escribir estas palabras de forma especial y levantando la nariz para ver lo que no nos gusta, aplicando el principio de realidad extrema, sabiendo que me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso, quien lea hoy estas palabras notará si le falta algo o no a este mensaje implícito. Es lo que se llama corazón, alma o un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro o de su blog, más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión. De una forma especial y levantando la nariz del papel para ver lo que no está bien visto.

(1) Rivas, Manuel, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra). Conferencia Spinoza, 2022.

 CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Aún aprendo (ancora imparo)

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos / llevan / en los ojos / un niño, / y los niños / a veces / nos observan / como ancianos profundos.

Pablo Neruda, Oda a la edad

Sevilla, 23/I/2024

Un dibujo de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos (Francia), 1828), Aun aprendo, catalogado como autorretrato del pintor, utilizando lápiz negro sobre papel verjurado, agrisado, que figura en los fondos del Museo Nacional del Prado, representa de forma excelente la mejor actitud que se puede adoptar cuando llegamos a una ´matusalénica edad´, como la calificaba Mario Benedetti en su precioso poema, Como siempre. Esta obra no está expuesta, tal y como se informa en la página oficial del Museo Nacional del Prado, aunque sí se describe con el detalle siguiente: “Quizá sea este dibujo del Cuaderno de Burdeos I o Cuaderno G, titulado Aun aprendo, el que mejor sintetiza el espíritu de Goya en esos postreros años de su vida, realizado hacia 1825-28. De hecho, se ha convertido en una referencia recurrente en la historiografía de Goya, que ha querido ver en él un autorretrato simbólico en el que se expresa la voluntad inquebrantable de desarrollo personal que le llevó a continuar materializando sus nuevas ocurrencias en variados soportes. Si en ocasiones anteriores los viejos que aparecían en sus obras mostraban una visión negativa del paso del tiempo, en este dibujo se puede apreciar un significativo cambio de perspectiva, subrayado por el elocuente título de raíz clásica, acorde con el optimismo recobrado en Burdeos por Goya”.

Lo que ocurre durante la estancia del pintor en Burdeos, que efectivamente fue para él un rejuvenecimiento pleno en su vida personal y profesional, lo conocemos a través de Laurent Matheron, en la biografía publicada en 1858, en la que “recoge una anécdota que induce a considerar este dibujo, como ocurre con el resto de su producción, desde una óptica más melancólica. Narraba Matheron que, a poco de llegar el pintor a Burdeosle fue ya imposible salir sin la ayuda de su joven compatriota Brugada. Apoyándose en su brazo y por los sitios menos frecuentados probaba a marchar solo, pero eran inútiles sus esfuerzos; las piernas no le sostenían. Entonces exclamaba montando en cólera: -¡Qué humillación! ¡A los ochenta años me pasean como a un niño; es necesario que aprenda a andar!-. Buena parte de las interpretaciones del dibujo que aquí comentamos vienen condicionadas por los referentes visuales que Goya pudo haber conocido y utilizado. Según estos planteamientos, Goya habría sido un artista de extraordinaria cultura visual y literaria, conocedor de los clásicos latinos a través de las traducciones y de las fuentes emblemáticas del Renacimiento presentes en numerosos libros y estampas, que le habrían servido de punto de partida para elaborar este dibujo”.

Lo que más me interesa resaltar es el título de esta obra, Aun aprendo, que “tiene su origen en la sentencia utilizada por Platón y Plutarco: anchora imparo, mientras que la imagen de un viejo apoyado en dos bastones se ha relacionado con la estampa también llamada Anchora imparo grabada en 1536 por Girolamo Fagiuoli, en la que se representa a un anciano en el andador de un niño. En la primera mitad del siglo XVI era un lugar común representar a Cronos como a un anciano barbado, provisto de una túnica y apoyado en dos bastones con los que camina trabajosamente, tal y como aparece en una estampa de Marcantonio Raimondi (h. 1470/82-1527/34). Más cercana en el tiempo está la estampa de William Blake (1757-1827) que ilustraba el libro de Henry Fuseli Lectures on Painting, que Goya pudo conocer, y con la que Aun aprendo presenta ciertas similitudes formales. En ella se muestra a M. Angelo Bonarotti apoyado en un bastón, mirando penetrantemente al espectador, ante un fondo oscuro en el que se vislumbra el Coliseo de Roma. El lema de esta estampa es asimismo Ancora imparo, también aplicado al polifacético artista del Renacimiento en su biografía. En el dibujo Goya nos expresa en primer lugar la soledad del hombre en el tránsito de la vida, pero también el camino de la oscuridad hacia la luz, soberbiamente representada la primera con intensos trazos de lápiz litográfico sutilmente matizados con unas leves líneas oblicuas del rascador, apenas perceptibles, mientras que la luz se muestra con la propia blancura del papel. El inestable paso adelante, solo posibilitado por el sustento que le aportan los dos bastones que sujeta con unas manos, cuya cuidadosa representación permite apreciar la inflamación de las articulaciones producida por la artrosis, ayuda a expresar la fragilidad del anciano que necesita aprender de nuevo a caminar pese a la edad, del mismo modo que el niño ha de hacerlo en su infancia. El venerable rostro, circunscrito en una cabellera y una barba encrespadas y abundantes, muestra una mirada que, como en tantas obras de Goya, alberga el sentido final del dibujo. Los ojos cansados dejan entrever unas pupilas que, lejos de mirar al frente, lo hacen hacia un lado de modo melancólico. Se produce así una tensión entre el rumbo de sus pasos y su mirada lateral que, si queremos comprender el dibujo en clave de autorrepresentación, expresaría esa tensión entre las carencias de la vejez y la voluntad de continuar avanzando (Texto extractado de Matilla, J. M.: «Aun aprendo», en Matilla, J. M., Mena Marqués, M.: Goya: Luces y Sombras, 2012, pp. 314-317, n. 95)”.

¡Qué importante reflexión de Goya! Cuenta Irene Vallejo en una columna periodística, Aún aprendo, recogida en su obra El futuro recordado (1), que “Somos seres hambrientos. Hambrientos de justicia, de amor, de conocimiento. Ninguna de estas ansias tiene edad. Desde muy pequeños, los niños quieren averiguar las causas y los motivos de las cosas”, sus famosos y continuos “por qué?  “[…] La educación nace de un anhelo más profundo que el mero entrenamiento para trabajar… […] aprender es un placer inagotable y un vivero de salud. El griego Solón, uno de los Siete Sabios, fue tal vez el único poeta antiguo que se reveló contra la erosión de los años. Poseía el don del asombro y la curiosidad. Escribió: “Envejezco aprendiendo”. Siglos después, otro gran maestro lanzó el mismo mensaje. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrató a un anciano encorvado -quizá el mismo- con barba blanca y dos bastones; sobre la imagen se lee: “Aun aprendo”. Solón y Goya sabían que la búsqueda jamás termina, ni aunque seas un genio en el umbral de la muerte”.

En roman paladino (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…, Gonzalo de Berceo), lo he manifestado en alguna ocasión en este cuaderno digital: aún aprendo porque sólo sé que no sé nada. Sé, además, que el saber no ocupa lugar, pero tengo que reconocer que cada vez queda menos sitio en mi cerebro, aunque la ciencia, en la que creo firmemente, me dice que no es verdad, porque cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de frase del cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte, a seguir aprendiendo cada día, cada segundo de hálito vital. Hacia dónde, solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras. A pesar de todo, les aseguro que aún aprendo.

(1) Vallejo, Irene, El futuro recordado, Zaragoza: Contraseña, 2020.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

El décimo de navidad y ´La Natividad´ del Maestro de Sopetrán: ¿azar cultural o imperiosa necesidad social?

La Natividad (izqda.), Maestro de Sopetrán. Hacia 1470. Óleo sobre tabla, 103 x 60 cm. Museo Nacional del Prado

Sevilla, 9/XII/2023

Este año, cada décimo de la “capilla”, en argot lotero, del Sorteo Extraordinario de Navidad, lleva la reproducción de un cuadro del Maestro de Sopetrán, La Natividad, autor que según el Museo Nacional del Prado, la prestigiosa pinacoteca que colabora un año más con este Sorteo, es un “artista flamenco del que no se conserva ninguna otra obra firmada ni documentada más que las tablas que proceden del Retablo de la Virgen, en la ermita [benedictina] de Santa María de Sopetrán (Guadalajara), por lo que se recurrió a este nombre convencional. La ermita fue fundada por el marqués de Santillana y finalizada por su hijo el I duque de Infantado, probablemente la persona que aparece retratada en una de las tablas, cuya indumentaria ha sido fechada hacia 1470. Las características técnicas de las tablas (ver Laura Alba, María Dolores Gayo y Maite Jover “Maestro Viajeros, obras importadas. Las tablas del Maestro de Sopetrán», en Rogier van der Weyden y España, Actas del Congreso Internacional (Lorne Cambell, José Juan Perez Preciado (eds.), Madrid, Museo del Prado, 2016, pp. 131-141) han probado que se trata de obras hechas en los Países Bajos, por lo que se trataría de obras realizadas allí por encargo de la familia Mendoza y posteriormente importadas a España, justificándose así la amalgama de influencias puntuales de artistas como Rogier van der Weyden o Hugo van der Goes, que demuestra el Maestro de Sopetrán en sus obras”.

En la presentación oficial del sorteo de este año, la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado ha expresado el alcance del mismo, 185 series, cada serie con 100.000 billetes y cada billete con 10 décimos, lo que hace un total de 185 millones de décimos de Lotería de Navidad, una ocasión imprescindible desde la óptica de difusión de la cultura, que al elegir este año la tabla de La Natividad del Maestro de Sopetrán, tiene un significado especial por su calidad artística, en primer lugar, “un cuadro de estilo flamenco en el que se aprecian los detalles y la belleza de los elementos que la componen y cuyos colores adquieren especial importancia. Asimismo, se da la circunstancia de que se desconoce la identidad del autor, fue anónimo, por lo que la elección de esta obra es un reconocimiento también a las miles de personas anónimas que trabajan cada día de forma excelente, y aunque no sean conocidos, aportan un valor incalculable a toda la sociedad y hacen de España un país que progrese y avance”.

Con los datos anteriores, debemos considerar que el alcance cultural de difusión de la obra La Natividad, del Maestro de Sopetrán, es inigualable en términos cuantitativos. Si lo interpretamos desde la óptica cualitativa, lo considero una oportunidad y una fortaleza para la cultura, siempre y cuando contribuyamos entre todos a la difusión de este acontecimiento artístico, más allá del verdadero alcance e hilo conductor del sorteo, la obtención de un premio con el señuelo del “gordo” de fondo, que poderoso caballero es. Cuando escribo estas palabras, hasta el infinito y más allá de la motivación cultural, hay un regusto no inocente en lo que se mueve unos días antes del Sorteo de Navidad de este año, lo que me lleva a recordar la dialéctica continua en nuestras vidas de azar y necesidad, todo ello jaleado por la mercadotecnia de la navidad. Al final, todo es lotería en la vida de este país y de este mundo al revés, en un sorteo continuo, con premios y sin ellos, quizás con un regusto borgiano a través de su relato La lotería en Babilonia, publicado en 1941 (1) en un contexto político mundial muy especial, un cuento muy profundo en contenidos y con un mensaje muy claro, que se explica al final del mismo: el azar es una necesidad social para que todo funcione y así hasta el infinito, porque todo, absolutamente todo, se sortea, incluso la muerte. Es el propio Borges quien manifiesta sin rubor alguno que este cuento no es inocente en sus simbolismos y que trata de una ficción política. El problema radica es saber identificar quién es el dueño de la Organización que está detrás de “la lotería” mundial, la Compañía actual, porque existir… existe.

El que quiera entender que entienda o que juegue al azar en su vida. Esa Compañía, bajo diversos nombres hoy, sigue viva. Tenemos un origen común, sin lugar a dudas también babilonio, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, ni de la mala suerte en la lotería de la vida, porque a esa señora, la culpa de los falsos compañeros de viaje, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Unos pocos, la Compañía actual según Borges, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, deciden en este momento que escribo estas palabras, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, cómo se reparte hoy la miseria en la lotería del mundo al revés y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más, bajo la apariencia de suerte en un sorteo nada inocente. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, incluso con interpretaciones tan bellas como La Natividad del Maestro de Sopetrán, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria y mala suerte actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. Los jugadores anónimos de una lotería mundial que reparte de todo menos esperanza y dignidad humana. La Compañía del siglo XXI, según la Historia.

(1) Borges, Jorge Luis, en Ficciones (El jardín de senderos que se bifurcan), Madrid: Alianza Editorial, 1996.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cavo con una aguja el pozo de vivencias lejanas

Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla, […] escribo para ser feliz.

Orhan Pamuk, en el discurso del acto de entrega del Premio Nobel de Literatura 2006

Sevilla, 26/XI/2023

Estoy convencido de que el pintor que siempre ha vivido en la persona de secreto del premio Nobel de Literatura en 2006. Orhan Pamuk, nunca ha muerto: “Tengo que escribir sobre el placer que siento al escribir por encima de un dibujo. Esto es lo que hay que decir: entre los 7 y los 22 años pensé que iba a ser pintor. A los 22, murió el pintor que había en mí y empecé a escribir novelas. En 2008, entré en una tienda y salí con dos enormes bolsas llenas de lápices y pinceles; luego, entre el placer y el temor, empecé a dibujar en pequeños cuadernos. No, el pintor que había en mí no estaba muerto». Es lo que le ha llevado a la publicación de su última obra, Recuerdos de montañas lejanas, cuya descripción oficial nos ayuda a comprender su hilo conductor: “Desde hace quince años, Orhan Pamuk escribe y dibuja a diario en sus cuadernos. Anota sus pensamientos sobre la actualidad, dialoga con los personajes de sus novelas, confiesa sus miedos y preocupaciones, narra sus encuentros y viajes y reflexiona sobre el amor y la felicidad. Por primera vez, el escritor que soñaba con ser pintor nos muestra una cuidada selección personal de sus dibujos, una bellísima aproximación a la íntima y prolífica lectura que hace Pamuk del mundo y de la vida a través de un conmovedor mosaico de paisajes y reflexiones. Recuerdos de montañas lejanas se convierte así en un verdadero espacio artístico alejado del diario o las memorias tradicionales, dando lugar a un libro singular e inimitable”.

Si publico hoy este acontecimiento literario es por mi profunda admiración de este escritor, con el que comparto la justificación de por qué escribo, tal y como lo he reflejado en páginas de este cuaderno digital, en numerosas ocasiones, entre las que destaco una, fundamental, cuando recordé unas palabras suyas en el acto de entrega del citado Premio Nobel de Literatura, publicadas después en un libro con un título muy sugerente, La maleta de mi padre (1), en el que nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo en este cuaderno digital con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017. Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual a imagen y semejanza de cada uno. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos clamando solos en su desierto personal. Y sigo buscando cada día las razones de Orhan Pamuk cuando hablaba de la maleta que un día le entregó su padre y que reflejaba lo que había aprendido de él y de una premonición hecha hacia él después de un abrazo de silencio: “…me dijo de repente y como si tal cosa que algún día me darían el premio [Nobel de Literatura] que hoy recibo con gran alegría”.

En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que comencé a escribir por primera vez las páginas de este blog, en diciembre de 2005, se acercan cada día a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes con fían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con un a aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos, porque doy mucho valor a los recuerdos de vivencias lejanas, a esas montañas existenciales que tan sabiamente dibujaba Orhan Pamuk en sus libros de notas.

Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.

Estos son determinados principios existenciales a la hora de escribir, que tantas veces he reiterado en estas páginas y que hoy, al conocer la última publicación de Pamuk, me vuelvo a reafirmar en ellos, con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, utilizando de nuevo aquellas palabras que debo a él, “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, salvando lo que debo salvar, simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de él, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro desvencijado vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo. A veces, siguiendo tan solo la ruta de un pájaro herido, leyendo de nuevo a Pamuk para no sentirme así, por no vivir así, perdido. Gracias anticipadas si está interesado o interesada en leer unas palabras necesarias en mi vida, casi imprescindibles para seguir escribiendo, porque escribo por tres razones.

En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora.

Vuelvo a Orhan Pamuk, del que me gusta “copiar” sus sentimientos, afectos y palabras, como dije anteriormente y citando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE. Quizás, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado también una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja, recordando nuestras vivencias, que algunas veces aparecen como montañas lejanas.

(1) Pamuk, Orhan, La maleta de mi padre. Barcelona: Random House Mondadori, 1997.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Con una palabra basta: Maestras

Fotograma del cuadro de Artemisia Gentileschi, Judith y su criada (ca. 1625-1627), en la exposición MaestrasInforme Semanal – Maestras, femenino plural . RTVE, 4 de noviembre de 2023

Sevilla, 6/XI/2023

El reportaje titulado Maestras, femenino plural, emitido el pasado sábado 4 de noviembre en la televisión pública (Radio Televisión Española, RTVE), en su espacio multipremiado a lo largo de los años de emisión, Informe semanal, me pareció un acontecimiento cultural extraordinario desde varios puntos de vista: técnico, ideológico y pedagógico. Técnico, porque se utilizó un recurso cinematográfico complejo, el plano secuencia, dado que durante la emisión del mismo no hubo cortes, sino que la cámara acompañó al presentador, Carlos del Amor, a quien tanto aprecio, para mostrarnos la exposición temporal Maestras, que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos, como figura en su eslogan, dedica desde el pasado 31 de octubre de 2023 al 4 de febrero de 2024.

Desde el punto de vista ideológico, porque la exposición no es inocente, tal y como se presenta por el Museo y por la Comisaria de la citada exposición, Rocío de la Villa: “Artemisia Gentileschi, Angelica Kauffmann, Clara Peeters, Rosa Bonheur, Mary Cassatt, Berthe Morisot, María Blanchard, Natalia Goncharova, Sonia Delaunay o Maruja Mallo fueron artistas célebres en su tiempo que hoy vuelven a ser reconocidas como maestras, en contestación al borrado en la historia del arte que sufrieron junto a otras que rompieron moldes con obras de indudable excelencia. Con casi un centenar de piezas, entre pinturas, esculturas, obras sobre papel y textil, esta exposición, comisariada por Rocío de la Villa desde una perspectiva feminista, presenta un recorrido desde finales del siglo XVI a las primeras décadas del siglo XX, a través de ocho escenas relevantes en el camino de las mujeres hacia su emancipación. Partiendo de la noción actual de sororidad, focaliza grupos de artistas, mecenas y galeristas que compartieron valores y condiciones socioculturales y teóricas favorables, pese al sistema patriarcal. La conjunción de periodos históricos, géneros artísticos y temas es el eje principal sobre el que se vertebra la exposición, evidenciando cómo estas artistas abordaron cuestiones candentes en su época, tomaron posición y aportaron nuevas iconografías y miradas alternativas. La exposición se divide en ocho secciones: Sororidad I. La causa delle donne; Botánicas, conocedoras de maravillas; Ilustradas y académicas; Orientalismo/costumbrismo; Trabajos y cuidados; Nuevas maternidades, Sororidad II; Complicidades y, por último, Emancipadas.

Sin desmerecer a ninguna de estas Maestras escogidas para la exposición temporal, tengo que confesar mi debilidad por una de ellas, Artemisia Gentileschi, de la que se muestran tres obras, Judith y su criada, Yael y Sísara y Susana y los viejos, muy representativas de su maravillosa y fecunda producción artística con mensaje social, artista a la que ha dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital, no todas las que merece, porque su vida personal y artística, su Causa de denuncia social, llevada a la magia de sus pinceles y trazos, la considero genial. De hecho, la exposición comienza en la primera sección, la dedicada a mostrando obras de esta pintora: “En el siglo XVII, en Italia, en plena Contrarreforma y en paralelo a los escritos de las autoras de la querella de las mujeres, como Modesta dal Pozzo (Il merito delle donne) y Arcangela Tarabotti (Tiranía paterna), artistas respaldadas por mecenas representan en pinturas de historia figuras mitológicas, heroínas bíblicas y personajes históricos como Judit, Yael, Susana y Porcia. A través de ellas evidencian el silencio impuesto y su exclusión por el discurso patriarcal, que degrada a estas heroínas en historias tergiversadas y pinturas eróticas ofensivas. Lavinia Fontana y Fede Galizia, Artemisia Gentileschi y Elisabetta Sirani conforman tres generaciones de artistas que triunfan con sus versiones castas e inauguran así una tradición alternativa”.

Mi enhorabuena, de nuevo, a la televisión pública de este país, en general y a Carlos del Amor, en particular, por esta esfuerzo de pedagogía cultural, tal y como se muestra en el primer vídeo que acompaña a este artículo, que recomiendo ver sin interrupciones, si es posible, tal y como lo ha pretendido mostrar el presentador utilizando la citada técnica de plano secuencia. Seguir de cerca las palabras de Carlos del Amor y las imágenes que se muestran en una visita cargada de técnica e ideología, muestran también que es posible aprender con pedagogía didáctica, la tercera visión que exponía al principio en relación con esta exposición, las maravillas de las obras artísticas de mujeres que se presentan en esta muestra, auténticas Maestras de Vida, que durante tanto tiempo se han ocultado por problemas de patriarcado y de género, en general, nunca mejor dicho. Se pueden contemplar, al menos por una vez en la vida, en esta exposición, más de cien obras de 70 mujeres artistas, que ha sido difícil localizarlas en manuales de historia de las Artes, a lo largo de muchos siglos, porque estaban secuestradas en los sótanos de Museos y Bibliotecas Públicas, en los Fondos de la Vergüenza Artística y del Olvido, en cualquier país de este mundo al revés, del que el nuestro también tiene forma parte por su culpa y desmemoria histórica, de género y censura multisecular antidemocrática.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Pedro Cano pinta el dolor ajeno, incómodo pero necesario

Pedro Cano – Carga

Sevilla, 19/X/2023

En el contexto triste y doloroso de las guerras actuales, que son varias en el mundo, aunque ahora tienen más relevancia las de Israel con Hamás, así como la de Ucrania, he localizado una isla desconocida para millones de personas en este país, una exposición del pintor Pedro Cano (Blanca, Murcia, 1944), Siete, que todavía se está celebrando en Madrid, en la Casa de Vacas, un lugar que conservo intacto en mi memoria de niño que jugaba cerca de allí, en mis visitas al Parque del Retiro.

La muestra se explica a sí misma en la sinopsis oficial de presentación de su contenido: “Siete es el resultado de anotaciones improvisadas en pequeñas notas escritas o dibujadas a lo largo de muchos años, que terminan convirtiéndose en un ciclo pictórico completo. Al cumplir 75 años Pedro decidió recopilar gran parte de estas reflexiones agrupándolas en siete trípticos. Es un trabajo de recopilación y contracción de todo un recorrido de décadas observando grandes temas de la vida del hombre como la migración, la injusticia y el sufrimiento, pero también la ayuda y la solidaridad humanas”.

Los trípticos llevan nombres programáticos: Espera, Juego, Interior, Salto, Carga, Bicicletas y Trabajo, que se desarrollan a través de unas reflexiones del artista sobre los temas representados, etiquetados de forma no inocente. El periodista de RTVE, Carlos del Amor, que ayer recibió el premio Ondas 2023, de lo que me congratulo por la admiración que le profeso, dedicó el pasado el pasado 16 de octubre un buen reportaje, muy breve, pero dos veces bueno, en el telediario 2 de RTVE, con un título también programático como esta obra de Cano: «Arte incómodo, pero necesario: la obra de Pedro Cano que refleja el dolor detrás de la guerra. El artista Pedro Cano ha pintado durante los últimos años escenas de gente al límite, de personas que llevan toda la vida sobreviviendo, de gente» y con una sinopsis esclarecedora: «Algunas veces, el arte se parece demasiado a la realidad y el lienzo alberga escenas que parecen planos congelados de un telediario. El artista Pedro Cano ha pintado durante los últimos años escenas de gente al límite, de personas que llevan toda la vida sobreviviendo, de gente que vive con dificultad y anhela otro lugar. Todo ello lo ha plasmado en un riguroso blanco y negro que, pese a ello, tiene diversos matices».. En citado reportaje dijo que «[…] muchas de estas obras que ven tienen más de diez años, pero el mundo se empeña en preguntar dos veces, por ejemplo con la misma guerra aunque los contendientes cambien» Cuenta también que Pedro Cano lleva muchos años pintando a gente al límite, que lleva toda la vida sobreviviendo, machacada, que anhela otro lugar, con una característica pictórica que le da más valor cromático desde una perspectiva ética, al pintar esta desgracia ajena, a veces propia, utilizando exclusivamente el blanco y negro.

Pedro Cano afirma en el reportaje que «el mundo está lleno de locura y de dificultades», que sigue su torpe curso, plasmándolo en estas obras. La muestra recoge estas veintiuna pinturas que él enseña, en formato de siete trípticos, comentándolas personalmente un día a la semana, en la Casa de Vacas, asumiendo su responsabilidad ética como artista. Mientras, consolida su obra y su leyenda en su tierra natal, Blanca (Murcia), desde su Fundación, que lleva el nombre de su tierra natal ante el mundo enseñando, a través de actividades diversas, a contemplar el mundo de otra forma, más solidaria y auténtica: «Blanca es el corazón del Valle de Ricote, un lugar en el que convivieron en armonía las tres culturas. Queremos contribuir, además de al disfrute del arte, a la convivencia entre los pueblos. Mi apuesta es por la calidad y por hacer las cosas con el máximo esfuerzo y entrega”. En esta Fundación se pueden contemplar, por ejemplo, «55 cuadros que interpretan los lugares descritos por Ítalo Calvino en Las ciudades invisibles. Se trata de un libro que habla sobre uno de los viajes de Marco Polo; en una de sus travesías, Marco Polo llega a China y el emperador, a pesar de ostentar un poder colosal, no sabe cómo es el mundo; Marco Polo le enumera y describe una serie de ciudades que ha visitado, todas ellas con nombre de mujer». No he omitido esta referencia expresa a Calvino por la celebración, en estos días, del centenario de su nacimiento. Otro pequeño homenaje.

Arte incómodo, pero necesario – Telediario2, 16/10/2023

Me quedo ante este hallazgo extraordinario de la obra de Pedro Cano, con las palabras finales de Carlos del Amor en el citado reportaje: «La exposición se inauguró antes de la última guerra, nada había pasado pero estaba ya todo pintado, porque por desgracia nunca es la última guerra, siempre es la penúltima y siempre hay una persona cargando a otra, siempre hay una madre o un padre…, gritando, sin que nadie parezca querer escucharlo».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Antonio López continuará pintando a Sevilla, una Ítaca especial

Sevilla, 4/X/2023

El pasado lunes vino el pintor Antonio López a esta ciudad y siempre es acogido con profundo respeto y afecto, reconociendo una deuda con ella, dos pinturas inéditas e inacabadas, en formato panorámico de la ciudad, que comenzó en 2012 desde la Torre Schindler, integrada en el Pabellón de la Navegación durante la EXPO´92, que permanecen inacabadas y no a bien recaudo, como él mismo ha manifestado en su intervención en la jornada inaugural de la XXII Semana de la Arquitectura de Sevilla, en la que se presentó también la exposición ‘Arquitecturas en proceso’, en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla (COAS), donde se muestran los obras citadas, junto a una tercera que representa un paisaje de Madrid, también en proceso, inacabada, en el sentido que el autor da a esta palabra.

La sinopsis oficial de la exposición, elaborada por el Comisario de la misma, Daniel Bilbao, ofrece información sustancial sobre este evento en la ciudad: “[…] No es habitual que un artista permita que su obra se muestre públicamente sin que la haya concluido. La exposición Arquitecturas en proceso, de Antonio López, supone un hito, una oportunidad para aproximarnos a los procedimientos y planteamientos del artista, a sus dudas y aciertos, a sus acotaciones precisas y sus arrepentimientos, en definitiva, un acercamiento a sus desafíos y logros sobre el soporte pictórico. En diciembre de 2022, la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y la Real Academia Santa Isabel de Hungría invitaron al artista a participar como conferenciante en el I Ciclo de Dibujode la tradición académica a la modernidad contemporánea […] La relación de Antonio López con el entorno urbano es poliédrica, abordando diversos puntos de vista, desde la visión natural del viandante frente a perspectivas elevadas en las que nos muestra una panorámica dominadora de la ciudad. En cada una de sus obras el espectador puede percibir la desnudez del proceso creativo, la profusión de recursos plásticos y la destreza de sus pinceles. Es sobradamente conocida su dimensión del tiempo y sus dilatados procesos de ejecución, quizás más por su propio interés y disfrute del camino, de la búsqueda en sí, que por la necesidad de finalizar cada obra. De alguna forma pareciera que el pintor atendiese los consejos del poeta Kavafis en su poema Ítaca: Cuando emprendas tu viaje a Ítaca / Pide que el camino sea largo, / Lleno de aventuras, lleno de experiencias… […] La luz de Sevilla le seduce, especialmente la luz del verano, por ello ha trabajado en estas obras en intervalos de mayo a octubre. En palabras del autor «En verano es como más Sevilla, porque el calor potencia lo esencial, lo que yo siento de Sevilla», explica un artista que asegura estar buscando en estas obras «la luz sobre Sevilla, «sobre ese blanco amarillento» que a Antonio López le recuerda a África». Desde que las iniciase en 2012, estas pinturas se han visto afectadas por diferentes circunstancias y factores de conservación que han ido dejando huellas sobre ellas, y que el autor integra como hallazgos, en algunos de los casos. Así, pueden observarse cotas de medición, hilos de referencia manchas rectificadas y rotos casuales que desvelan el estado procesual de estas obras; «Si vamos a mostrar los cueros los mostramos tal cual» (10), estas palabras del autor en relación a esta exposición evidencian su honestidad sin ambages, posicionamiento que nos trae a la mente la frase de Goya «El tiempo también pinta» (11), con la que el maestro aragonés desvelaba su sensibilidad al apreciar la huella que el tiempo deposita sobre las obras de arte. A partir de ahora, Antonio López trabajará las obras en su taller de Madrid, con el apoyo de estudios del natural de menor formato que realizará en Sevilla y que le permitirán seguir el proceso en su atelier madrileño”.

Lo expuesto anteriormente, girando esencialmente sobre el «proceso pictórico» en los cuadros de Antonio López, algunas veces “inacabados”, en un viaje permanente a su Ítaca particular, me recuerda las palabras que le dediqué en otra visita a esta amada ciudad en 2016, en la que abordé esta realidad inacabada en determinadas obras de su extensa producción, una clave singular que él vive sin desasosiego, que me lleva a reflexionar sobre lo inacabado que es todo lo que nos rodea. La realidad es terca cuando la situamos en el marco de la temporalidad, porque es verdad que todo fluye y nada permanece, porque cada cosa tiene su tiempo y cada tiempo su momento. En el caso de Antonio López, como su propio nombre anuncia, todo es sencillo en él, tal y como ya he hablado tantas veces de él en este cuaderno digital: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, inacabadas, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte. Un trabajador del arte, que se siente ahora más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Como una pintura inacabada para mí, que inicié en 2005, una copia de sus lirios y hojas verdes en un patio muy particular, que no pretenden decir nada más que sus pinceles pintan la vida con un realismo mágico que no te permiten perder detalle alguno de lo que pasa, de lo que ocurre, de lo que las personas sienten. Sencillez y maestría en estado puro. En mi caso, en los lirios citados, inacabados hasta hoy, esperando que algún día, como Schubert, pueda expresar en trazos de color lo que llevo dentro de mi persona de secreto.

En este contexto, recuerdo también una anécdota preciosa que contaba con asiduidad Miguel Delibes sobre estas experiencias vitales inacabadas, en este caso sobre su busto en bronce que realizó Antonio López y le entregó en octubre de 2011, que él contó con el gracejo que siempre le acompañaba en recuerdos íntimos. Como también tardaba, estaba ávido de la última noticia sobre su busto. Encontrándose con un amigo común de Valladolid, Antonio Piedra, le sonsacó información, para que le informara de alguna forma cómo estaba en las manos de Antonio López, cuándo podría ver “su cabeza”, si se parecía, si era un trabajo importante para Antonio López, etc. y cuándo la podría ver finalizada. Ante tanta insistencia y después de varios rodeos, “Antonio Piedra, que mantenía una actitud reverencial, de respeto hacia el pintor-escultor, emitió un levísimo cloqueo y se diría, por sus ademanes y la exageración de su rostro, por la manera de abrir la boca, un poco exagerada, que iba a pronunciar un largo discurso, pero dijo simplemente:

– Estás hablando, la verdad”.

Antonio López – Facultad de Bellas Artes, Sevilla, octubre 2016 / JA COBEÑA

Si contemplan con detenimiento la fotografía anterior, que hice a Antonio López desde el balcón de la primera planta de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla en octubre de 2016, porque no quise interrumpirle en el encuentro con sus alumnos (encuentro inacabado…), se puede apreciar su persona de todos, atento, sencillo, escuchando en el peripatos aristotélico, sentado en la vida (sitz in leben) que dicen los alemanes. Seguro que fue una clase magistral, aunque conociéndole bien, estoy seguro de que la dejó inacabada para que cada uno la finalizara con su mejor forma de entender la vida. Es verdad, allí estaba Antonio López en estado puro, como hizo el pasado lunes aquí en Sevilla, en el COAS, con una sinfonía de palabras inacabadas:

– Estaba enseñando, la verdad.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Josephine Nivison retrató su soledad junto a Edward Hopper

Sevilla, 27/IX/2023

Es frecuente encontrar en este cuaderno digital páginas dedicadas a las compañeras de vida de grandes artistas, varones por más señas, que vivieron eclipsadas por múltiples motivos a la sombra de ellos, pasando a ser colas de cometas, como llamaba a esta situación María Teresa León, la compañera fiel de Rafael Alberti. Es el caso de Josephine Nivison, más conocida desgraciadamente como Josephine Hopper, también como Jo, a secas, modelo sempiterno de amante, compañera y esposa del pintor Edward Hopper, a quien una obra publicada recientemente en la emblemática editorial francesa Gallimard, Un pas de deux, escrita por Javier Santiso, le devuelve su sitio histórico de forma digna, así como el brillo y esplendor que nunca se le reconoció en su vida y obra junto al pintor. La sinopsis oficial, presentada por el autor de esta obra, no deja lugar a dudas: “Esta novela retrata la vida y obra de Edward Hopper a través de los ojos de su esposa, también artista. Josephine constata así sin concesiones una existencia amurallada a la sombra de un hombre por el que sacrificó su talento y su aspiración a la felicidad. Este amante, que nunca dejó de alejarse, sólo lo retuvo convirtiéndose en su modelo y, al final, en todas las mujeres a la vez, a falta de ser suya. La magnífica y cruel historia de esta pareja en la mano devoradora de la creación es llevada por un lenguaje lírico y habitado que explora la profundidad de los sentimientos, desde la esperanza de los comienzos hasta la inmensa pena por lo que se perdió inexorablemente en la noche”.

En la citada sinopsis de la editora figura también una frase del libro que recuerda los sentimientos cruzados de la pintora sobre Hopper: «A veces sueño que me veo dando pinceladas, la sangre sube a mis ojos, recupero el pelo de la bestia, destruyo los verdes, dejo caer diferentes capas de azules en el lienzo. Estoy entonces como un ángel en medio de los tubos, sorteando los charcos de colores, y el hombre que está a mi lado, sin estar allí, se convierte en nada más que un recuerdo lejano, un fuego loco, un grito en las vetas del lienzo”. Me he detenido en la portada del libro, un cuadro muy famoso de Hopper, Sol de la mañana (1952), en el que aparece su esposa Josephine (Jo), con 69 años, porque tiene un significado especial, que resumo en palabras ya publicadas en este cuaderno durante la pandemia del COVID-19: “Él abordaba con frecuencia la realidad de la espera en muchos cuadros con ventanas y puertas que suponen un respiro en la soledad de cada protagonista y en situaciones personales, familiares, de pareja, a modo de juego existencial en las que cada uno tenemos que buscar la mejor salida al conflicto de vivir confinados con virus o sin él. Los óleos representan muy bien nuestra situación actual, porque son retratos anticipados. Estamos muchas veces solos ante el peligro, en silencio y permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar, reflexionar y pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Estamos viviendo todavía, durante el estado de alarma, en espacios cerrados frente al enemigo único, atrincherados, aunque siempre nos quedan ventanas amplias o pequeñas, desnudas, como invitando a saltar a través de ellas observando los cuadros de Hopper, porque no tienen limitación alguna, solo el vértigo existencial legítimo para trascenderlas y volver a la vida para recorrer las grandes alamedas de la desescalada en libertad”.

Josephine Nivison, Obituary, s.d. Whitney Museum of American Art

Lo que nunca pudo pintar Hopper fue el pensamiento de Josephine en su soledad sonora, que ahora nos lo retrata en formato de novela Javier Santiso. Estoy muy interesado en leerla en su francés nativo, porque podré conocer sentimientos y emociones que harán brillar la vida y obra de Josephine. Sobre todo para acompañarla en ese sentimiento de soledad que tan admirablemente retrató siempre Hopper a Jo, su mujer, compañera , amante y, sobre todo, modelo permanente de inspiración en su presente vital y artístico. También, para comprenderla como cola de cometa en la vida del pintor. En esa clave están escritas estas palabras, algo que sucedió también a muchas mujeres en este país, sobre todo en una de las dos Españas que nos helaba siempre el corazón. Al buen entendedor de olvidos, con pocas palabras basta. Ellas, hoy, también Josephine Nivison, lo merecen todo, en letra grande, con emoción política y con la dignidad de la memoria histórica que merecen. Con melancolía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!