Con una palabra basta: Maestras

Fotograma del cuadro de Artemisia Gentileschi, Judith y su criada (ca. 1625-1627), en la exposición MaestrasInforme Semanal – Maestras, femenino plural . RTVE, 4 de noviembre de 2023

Sevilla, 6/XI/2023

El reportaje titulado Maestras, femenino plural, emitido el pasado sábado 4 de noviembre en la televisión pública (Radio Televisión Española, RTVE), en su espacio multipremiado a lo largo de los años de emisión, Informe semanal, me pareció un acontecimiento cultural extraordinario desde varios puntos de vista: técnico, ideológico y pedagógico. Técnico, porque se utilizó un recurso cinematográfico complejo, el plano secuencia, dado que durante la emisión del mismo no hubo cortes, sino que la cámara acompañó al presentador, Carlos del Amor, a quien tanto aprecio, para mostrarnos la exposición temporal Maestras, que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos, como figura en su eslogan, dedica desde el pasado 31 de octubre de 2023 al 4 de febrero de 2024.

Desde el punto de vista ideológico, porque la exposición no es inocente, tal y como se presenta por el Museo y por la Comisaria de la citada exposición, Rocío de la Villa: “Artemisia Gentileschi, Angelica Kauffmann, Clara Peeters, Rosa Bonheur, Mary Cassatt, Berthe Morisot, María Blanchard, Natalia Goncharova, Sonia Delaunay o Maruja Mallo fueron artistas célebres en su tiempo que hoy vuelven a ser reconocidas como maestras, en contestación al borrado en la historia del arte que sufrieron junto a otras que rompieron moldes con obras de indudable excelencia. Con casi un centenar de piezas, entre pinturas, esculturas, obras sobre papel y textil, esta exposición, comisariada por Rocío de la Villa desde una perspectiva feminista, presenta un recorrido desde finales del siglo XVI a las primeras décadas del siglo XX, a través de ocho escenas relevantes en el camino de las mujeres hacia su emancipación. Partiendo de la noción actual de sororidad, focaliza grupos de artistas, mecenas y galeristas que compartieron valores y condiciones socioculturales y teóricas favorables, pese al sistema patriarcal. La conjunción de periodos históricos, géneros artísticos y temas es el eje principal sobre el que se vertebra la exposición, evidenciando cómo estas artistas abordaron cuestiones candentes en su época, tomaron posición y aportaron nuevas iconografías y miradas alternativas. La exposición se divide en ocho secciones: Sororidad I. La causa delle donne; Botánicas, conocedoras de maravillas; Ilustradas y académicas; Orientalismo/costumbrismo; Trabajos y cuidados; Nuevas maternidades, Sororidad II; Complicidades y, por último, Emancipadas.

Sin desmerecer a ninguna de estas Maestras escogidas para la exposición temporal, tengo que confesar mi debilidad por una de ellas, Artemisia Gentileschi, de la que se muestran tres obras, Judith y su criada, Yael y Sísara y Susana y los viejos, muy representativas de su maravillosa y fecunda producción artística con mensaje social, artista a la que ha dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital, no todas las que merece, porque su vida personal y artística, su Causa de denuncia social, llevada a la magia de sus pinceles y trazos, la considero genial. De hecho, la exposición comienza en la primera sección, la dedicada a mostrando obras de esta pintora: “En el siglo XVII, en Italia, en plena Contrarreforma y en paralelo a los escritos de las autoras de la querella de las mujeres, como Modesta dal Pozzo (Il merito delle donne) y Arcangela Tarabotti (Tiranía paterna), artistas respaldadas por mecenas representan en pinturas de historia figuras mitológicas, heroínas bíblicas y personajes históricos como Judit, Yael, Susana y Porcia. A través de ellas evidencian el silencio impuesto y su exclusión por el discurso patriarcal, que degrada a estas heroínas en historias tergiversadas y pinturas eróticas ofensivas. Lavinia Fontana y Fede Galizia, Artemisia Gentileschi y Elisabetta Sirani conforman tres generaciones de artistas que triunfan con sus versiones castas e inauguran así una tradición alternativa”.

Mi enhorabuena, de nuevo, a la televisión pública de este país, en general y a Carlos del Amor, en particular, por esta esfuerzo de pedagogía cultural, tal y como se muestra en el primer vídeo que acompaña a este artículo, que recomiendo ver sin interrupciones, si es posible, tal y como lo ha pretendido mostrar el presentador utilizando la citada técnica de plano secuencia. Seguir de cerca las palabras de Carlos del Amor y las imágenes que se muestran en una visita cargada de técnica e ideología, muestran también que es posible aprender con pedagogía didáctica, la tercera visión que exponía al principio en relación con esta exposición, las maravillas de las obras artísticas de mujeres que se presentan en esta muestra, auténticas Maestras de Vida, que durante tanto tiempo se han ocultado por problemas de patriarcado y de género, en general, nunca mejor dicho. Se pueden contemplar, al menos por una vez en la vida, en esta exposición, más de cien obras de 70 mujeres artistas, que ha sido difícil localizarlas en manuales de historia de las Artes, a lo largo de muchos siglos, porque estaban secuestradas en los sótanos de Museos y Bibliotecas Públicas, en los Fondos de la Vergüenza Artística y del Olvido, en cualquier país de este mundo al revés, del que el nuestro también tiene forma parte por su culpa y desmemoria histórica, de género y censura multisecular antidemocrática.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Pedro Cano pinta el dolor ajeno, incómodo pero necesario

Pedro Cano – Carga

Sevilla, 19/X/2023

En el contexto triste y doloroso de las guerras actuales, que son varias en el mundo, aunque ahora tienen más relevancia las de Israel con Hamás, así como la de Ucrania, he localizado una isla desconocida para millones de personas en este país, una exposición del pintor Pedro Cano (Blanca, Murcia, 1944), Siete, que todavía se está celebrando en Madrid, en la Casa de Vacas, un lugar que conservo intacto en mi memoria de niño que jugaba cerca de allí, en mis visitas al Parque del Retiro.

La muestra se explica a sí misma en la sinopsis oficial de presentación de su contenido: “Siete es el resultado de anotaciones improvisadas en pequeñas notas escritas o dibujadas a lo largo de muchos años, que terminan convirtiéndose en un ciclo pictórico completo. Al cumplir 75 años Pedro decidió recopilar gran parte de estas reflexiones agrupándolas en siete trípticos. Es un trabajo de recopilación y contracción de todo un recorrido de décadas observando grandes temas de la vida del hombre como la migración, la injusticia y el sufrimiento, pero también la ayuda y la solidaridad humanas”.

Los trípticos llevan nombres programáticos: Espera, Juego, Interior, Salto, Carga, Bicicletas y Trabajo, que se desarrollan a través de unas reflexiones del artista sobre los temas representados, etiquetados de forma no inocente. El periodista de RTVE, Carlos del Amor, que ayer recibió el premio Ondas 2023, de lo que me congratulo por la admiración que le profeso, dedicó el pasado el pasado 16 de octubre un buen reportaje, muy breve, pero dos veces bueno, en el telediario 2 de RTVE, con un título también programático como esta obra de Cano: «Arte incómodo, pero necesario: la obra de Pedro Cano que refleja el dolor detrás de la guerra. El artista Pedro Cano ha pintado durante los últimos años escenas de gente al límite, de personas que llevan toda la vida sobreviviendo, de gente» y con una sinopsis esclarecedora: «Algunas veces, el arte se parece demasiado a la realidad y el lienzo alberga escenas que parecen planos congelados de un telediario. El artista Pedro Cano ha pintado durante los últimos años escenas de gente al límite, de personas que llevan toda la vida sobreviviendo, de gente que vive con dificultad y anhela otro lugar. Todo ello lo ha plasmado en un riguroso blanco y negro que, pese a ello, tiene diversos matices».. En citado reportaje dijo que «[…] muchas de estas obras que ven tienen más de diez años, pero el mundo se empeña en preguntar dos veces, por ejemplo con la misma guerra aunque los contendientes cambien» Cuenta también que Pedro Cano lleva muchos años pintando a gente al límite, que lleva toda la vida sobreviviendo, machacada, que anhela otro lugar, con una característica pictórica que le da más valor cromático desde una perspectiva ética, al pintar esta desgracia ajena, a veces propia, utilizando exclusivamente el blanco y negro.

Pedro Cano afirma en el reportaje que «el mundo está lleno de locura y de dificultades», que sigue su torpe curso, plasmándolo en estas obras. La muestra recoge estas veintiuna pinturas que él enseña, en formato de siete trípticos, comentándolas personalmente un día a la semana, en la Casa de Vacas, asumiendo su responsabilidad ética como artista. Mientras, consolida su obra y su leyenda en su tierra natal, Blanca (Murcia), desde su Fundación, que lleva el nombre de su tierra natal ante el mundo enseñando, a través de actividades diversas, a contemplar el mundo de otra forma, más solidaria y auténtica: «Blanca es el corazón del Valle de Ricote, un lugar en el que convivieron en armonía las tres culturas. Queremos contribuir, además de al disfrute del arte, a la convivencia entre los pueblos. Mi apuesta es por la calidad y por hacer las cosas con el máximo esfuerzo y entrega”. En esta Fundación se pueden contemplar, por ejemplo, «55 cuadros que interpretan los lugares descritos por Ítalo Calvino en Las ciudades invisibles. Se trata de un libro que habla sobre uno de los viajes de Marco Polo; en una de sus travesías, Marco Polo llega a China y el emperador, a pesar de ostentar un poder colosal, no sabe cómo es el mundo; Marco Polo le enumera y describe una serie de ciudades que ha visitado, todas ellas con nombre de mujer». No he omitido esta referencia expresa a Calvino por la celebración, en estos días, del centenario de su nacimiento. Otro pequeño homenaje.

Arte incómodo, pero necesario – Telediario2, 16/10/2023

Me quedo ante este hallazgo extraordinario de la obra de Pedro Cano, con las palabras finales de Carlos del Amor en el citado reportaje: «La exposición se inauguró antes de la última guerra, nada había pasado pero estaba ya todo pintado, porque por desgracia nunca es la última guerra, siempre es la penúltima y siempre hay una persona cargando a otra, siempre hay una madre o un padre…, gritando, sin que nadie parezca querer escucharlo».

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UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Antonio López continuará pintando a Sevilla, una Ítaca especial

Sevilla, 4/X/2023

El pasado lunes vino el pintor Antonio López a esta ciudad y siempre es acogido con profundo respeto y afecto, reconociendo una deuda con ella, dos pinturas inéditas e inacabadas, en formato panorámico de la ciudad, que comenzó en 2012 desde la Torre Schindler, integrada en el Pabellón de la Navegación durante la EXPO´92, que permanecen inacabadas y no a bien recaudo, como él mismo ha manifestado en su intervención en la jornada inaugural de la XXII Semana de la Arquitectura de Sevilla, en la que se presentó también la exposición ‘Arquitecturas en proceso’, en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla (COAS), donde se muestran los obras citadas, junto a una tercera que representa un paisaje de Madrid, también en proceso, inacabada, en el sentido que el autor da a esta palabra.

La sinopsis oficial de la exposición, elaborada por el Comisario de la misma, Daniel Bilbao, ofrece información sustancial sobre este evento en la ciudad: “[…] No es habitual que un artista permita que su obra se muestre públicamente sin que la haya concluido. La exposición Arquitecturas en proceso, de Antonio López, supone un hito, una oportunidad para aproximarnos a los procedimientos y planteamientos del artista, a sus dudas y aciertos, a sus acotaciones precisas y sus arrepentimientos, en definitiva, un acercamiento a sus desafíos y logros sobre el soporte pictórico. En diciembre de 2022, la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y la Real Academia Santa Isabel de Hungría invitaron al artista a participar como conferenciante en el I Ciclo de Dibujode la tradición académica a la modernidad contemporánea […] La relación de Antonio López con el entorno urbano es poliédrica, abordando diversos puntos de vista, desde la visión natural del viandante frente a perspectivas elevadas en las que nos muestra una panorámica dominadora de la ciudad. En cada una de sus obras el espectador puede percibir la desnudez del proceso creativo, la profusión de recursos plásticos y la destreza de sus pinceles. Es sobradamente conocida su dimensión del tiempo y sus dilatados procesos de ejecución, quizás más por su propio interés y disfrute del camino, de la búsqueda en sí, que por la necesidad de finalizar cada obra. De alguna forma pareciera que el pintor atendiese los consejos del poeta Kavafis en su poema Ítaca: Cuando emprendas tu viaje a Ítaca / Pide que el camino sea largo, / Lleno de aventuras, lleno de experiencias… […] La luz de Sevilla le seduce, especialmente la luz del verano, por ello ha trabajado en estas obras en intervalos de mayo a octubre. En palabras del autor «En verano es como más Sevilla, porque el calor potencia lo esencial, lo que yo siento de Sevilla», explica un artista que asegura estar buscando en estas obras «la luz sobre Sevilla, «sobre ese blanco amarillento» que a Antonio López le recuerda a África». Desde que las iniciase en 2012, estas pinturas se han visto afectadas por diferentes circunstancias y factores de conservación que han ido dejando huellas sobre ellas, y que el autor integra como hallazgos, en algunos de los casos. Así, pueden observarse cotas de medición, hilos de referencia manchas rectificadas y rotos casuales que desvelan el estado procesual de estas obras; «Si vamos a mostrar los cueros los mostramos tal cual» (10), estas palabras del autor en relación a esta exposición evidencian su honestidad sin ambages, posicionamiento que nos trae a la mente la frase de Goya «El tiempo también pinta» (11), con la que el maestro aragonés desvelaba su sensibilidad al apreciar la huella que el tiempo deposita sobre las obras de arte. A partir de ahora, Antonio López trabajará las obras en su taller de Madrid, con el apoyo de estudios del natural de menor formato que realizará en Sevilla y que le permitirán seguir el proceso en su atelier madrileño”.

Lo expuesto anteriormente, girando esencialmente sobre el «proceso pictórico» en los cuadros de Antonio López, algunas veces “inacabados”, en un viaje permanente a su Ítaca particular, me recuerda las palabras que le dediqué en otra visita a esta amada ciudad en 2016, en la que abordé esta realidad inacabada en determinadas obras de su extensa producción, una clave singular que él vive sin desasosiego, que me lleva a reflexionar sobre lo inacabado que es todo lo que nos rodea. La realidad es terca cuando la situamos en el marco de la temporalidad, porque es verdad que todo fluye y nada permanece, porque cada cosa tiene su tiempo y cada tiempo su momento. En el caso de Antonio López, como su propio nombre anuncia, todo es sencillo en él, tal y como ya he hablado tantas veces de él en este cuaderno digital: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, inacabadas, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte. Un trabajador del arte, que se siente ahora más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Como una pintura inacabada para mí, que inicié en 2005, una copia de sus lirios y hojas verdes en un patio muy particular, que no pretenden decir nada más que sus pinceles pintan la vida con un realismo mágico que no te permiten perder detalle alguno de lo que pasa, de lo que ocurre, de lo que las personas sienten. Sencillez y maestría en estado puro. En mi caso, en los lirios citados, inacabados hasta hoy, esperando que algún día, como Schubert, pueda expresar en trazos de color lo que llevo dentro de mi persona de secreto.

En este contexto, recuerdo también una anécdota preciosa que contaba con asiduidad Miguel Delibes sobre estas experiencias vitales inacabadas, en este caso sobre su busto en bronce que realizó Antonio López y le entregó en octubre de 2011, que él contó con el gracejo que siempre le acompañaba en recuerdos íntimos. Como también tardaba, estaba ávido de la última noticia sobre su busto. Encontrándose con un amigo común de Valladolid, Antonio Piedra, le sonsacó información, para que le informara de alguna forma cómo estaba en las manos de Antonio López, cuándo podría ver “su cabeza”, si se parecía, si era un trabajo importante para Antonio López, etc. y cuándo la podría ver finalizada. Ante tanta insistencia y después de varios rodeos, “Antonio Piedra, que mantenía una actitud reverencial, de respeto hacia el pintor-escultor, emitió un levísimo cloqueo y se diría, por sus ademanes y la exageración de su rostro, por la manera de abrir la boca, un poco exagerada, que iba a pronunciar un largo discurso, pero dijo simplemente:

– Estás hablando, la verdad”.

Antonio López – Facultad de Bellas Artes, Sevilla, octubre 2016 / JA COBEÑA

Si contemplan con detenimiento la fotografía anterior, que hice a Antonio López desde el balcón de la primera planta de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla en octubre de 2016, porque no quise interrumpirle en el encuentro con sus alumnos (encuentro inacabado…), se puede apreciar su persona de todos, atento, sencillo, escuchando en el peripatos aristotélico, sentado en la vida (sitz in leben) que dicen los alemanes. Seguro que fue una clase magistral, aunque conociéndole bien, estoy seguro de que la dejó inacabada para que cada uno la finalizara con su mejor forma de entender la vida. Es verdad, allí estaba Antonio López en estado puro, como hizo el pasado lunes aquí en Sevilla, en el COAS, con una sinfonía de palabras inacabadas:

– Estaba enseñando, la verdad.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Josephine Nivison retrató su soledad junto a Edward Hopper

Sevilla, 27/IX/2023

Es frecuente encontrar en este cuaderno digital páginas dedicadas a las compañeras de vida de grandes artistas, varones por más señas, que vivieron eclipsadas por múltiples motivos a la sombra de ellos, pasando a ser colas de cometas, como llamaba a esta situación María Teresa León, la compañera fiel de Rafael Alberti. Es el caso de Josephine Nivison, más conocida desgraciadamente como Josephine Hopper, también como Jo, a secas, modelo sempiterno de amante, compañera y esposa del pintor Edward Hopper, a quien una obra publicada recientemente en la emblemática editorial francesa Gallimard, Un pas de deux, escrita por Javier Santiso, le devuelve su sitio histórico de forma digna, así como el brillo y esplendor que nunca se le reconoció en su vida y obra junto al pintor. La sinopsis oficial, presentada por el autor de esta obra, no deja lugar a dudas: “Esta novela retrata la vida y obra de Edward Hopper a través de los ojos de su esposa, también artista. Josephine constata así sin concesiones una existencia amurallada a la sombra de un hombre por el que sacrificó su talento y su aspiración a la felicidad. Este amante, que nunca dejó de alejarse, sólo lo retuvo convirtiéndose en su modelo y, al final, en todas las mujeres a la vez, a falta de ser suya. La magnífica y cruel historia de esta pareja en la mano devoradora de la creación es llevada por un lenguaje lírico y habitado que explora la profundidad de los sentimientos, desde la esperanza de los comienzos hasta la inmensa pena por lo que se perdió inexorablemente en la noche”.

En la citada sinopsis de la editora figura también una frase del libro que recuerda los sentimientos cruzados de la pintora sobre Hopper: «A veces sueño que me veo dando pinceladas, la sangre sube a mis ojos, recupero el pelo de la bestia, destruyo los verdes, dejo caer diferentes capas de azules en el lienzo. Estoy entonces como un ángel en medio de los tubos, sorteando los charcos de colores, y el hombre que está a mi lado, sin estar allí, se convierte en nada más que un recuerdo lejano, un fuego loco, un grito en las vetas del lienzo”. Me he detenido en la portada del libro, un cuadro muy famoso de Hopper, Sol de la mañana (1952), en el que aparece su esposa Josephine (Jo), con 69 años, porque tiene un significado especial, que resumo en palabras ya publicadas en este cuaderno durante la pandemia del COVID-19: “Él abordaba con frecuencia la realidad de la espera en muchos cuadros con ventanas y puertas que suponen un respiro en la soledad de cada protagonista y en situaciones personales, familiares, de pareja, a modo de juego existencial en las que cada uno tenemos que buscar la mejor salida al conflicto de vivir confinados con virus o sin él. Los óleos representan muy bien nuestra situación actual, porque son retratos anticipados. Estamos muchas veces solos ante el peligro, en silencio y permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar, reflexionar y pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Estamos viviendo todavía, durante el estado de alarma, en espacios cerrados frente al enemigo único, atrincherados, aunque siempre nos quedan ventanas amplias o pequeñas, desnudas, como invitando a saltar a través de ellas observando los cuadros de Hopper, porque no tienen limitación alguna, solo el vértigo existencial legítimo para trascenderlas y volver a la vida para recorrer las grandes alamedas de la desescalada en libertad”.

Josephine Nivison, Obituary, s.d. Whitney Museum of American Art

Lo que nunca pudo pintar Hopper fue el pensamiento de Josephine en su soledad sonora, que ahora nos lo retrata en formato de novela Javier Santiso. Estoy muy interesado en leerla en su francés nativo, porque podré conocer sentimientos y emociones que harán brillar la vida y obra de Josephine. Sobre todo para acompañarla en ese sentimiento de soledad que tan admirablemente retrató siempre Hopper a Jo, su mujer, compañera , amante y, sobre todo, modelo permanente de inspiración en su presente vital y artístico. También, para comprenderla como cola de cometa en la vida del pintor. En esa clave están escritas estas palabras, algo que sucedió también a muchas mujeres en este país, sobre todo en una de las dos Españas que nos helaba siempre el corazón. Al buen entendedor de olvidos, con pocas palabras basta. Ellas, hoy, también Josephine Nivison, lo merecen todo, en letra grande, con emoción política y con la dignidad de la memoria histórica que merecen. Con melancolía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

No depende todo del color con el que el mercado nos obliga a mirar la vida

Victoria Finlay, Color

Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

Ramón de Campoamor (1817-1901), en Las dos linternas, 1846.

Sevilla, 20/VIII/2023

Aprendí hace ya muchos años, al aproximarme a la psicología del color, que éste proyecta siempre un acorde cromático, entendido como la asociación del mismo a un determinado efecto, promovido siempre por el sistema límbico, es decir, los sentimientos y las emociones, demostrando que el color no tiene una presencia inocente en nuestras vidas: “Ningún color aparece aislado; cada color está rodeado de otros colores. En un efecto intervienen varios colores -un acorde de colores-. Un acorde cromático se compone de aquellos colores más frecuentemente asociados a un efecto particular. Los resultados de nuestra investigación ponen de manifiesto que colores iguales se relacionan siempre con sentimientos e impresiones semejantes. Por ejemplo a la algarabía y a la animación se asocian los mismos colores que a la actividad y la energía. A la fidelidad, los mismos colores que a la confianza. Un acorde cromático no es ninguna combinación accidental de colores, sino un todo inconfundible. Tan importantes como los colores aislados más nombrados son los colores asociados. El rojo con el amarillo y el naranja produce un efecto diferente al del rojo combinado con el negro o el violeta; el efecto del verde con el negro no es el mismo que el verde con el azul. El acorde cromático determina el efecto del color principal (1). Sin ir más lejos, estamos asistiendo en estos días al efecto «Barbie», en el que el rosa se demuestra que no fue, no es, ni será inocente en la vida de los niños y niñas del globo terráqueo.

Cada año nace un nuevo color gracias al mercado, no al arte, ni a la cultura en general, con una marca que todo lo puede, Pantone, que lo único que hace es adaptar el mercado a estas circunstancias, por llamarlas de alguna forma, convirtiéndose el color, como casi todo, en mercancía. Los colores ya no contienen palabras sino números y códigos complejos, aunque desde 2000 la multinacional Pantone elige un “color del año”, al que siempre le pone un nombre, pero desde una óptica estrictamente mercantil. Sin ir más lejos y al igual que en años anteriores, a los que personalmente he dedicado artículos en este cuaderno digital, Pantone escogió para este año el Viva Magenta (PANTONE 18-1750), que se presentó por parte de Leatrice Eiseman, Directora Ejecutiva del Pantone Color Institute, con palabras “cautivadoras”, eso sí con números por delante para garantizar la gama cromática de sus famosos abanicos de colores: “En esta era de la tecnología, buscamos inspiración en la naturaleza y en lo que es real. PANTONE 18-1750 Viva Magenta desciende de la familia de los rojos y se inspira en el rojo de la cochinilla, uno de los tintes más preciados pertenecientes a la familia de los tintes naturales, así como uno de los más fuertes y brillantes que el mundo ha conocido. Arraigado en lo primordial, PANTONE 18-1750 Viva Magenta nos reconecta con los materiales elementales. Invocando las fuerzas de la naturaleza, PANTONE 18-1750 Viva Magenta cubre nuestro espíritu, ayudándonos a construir nuestra fuerza interior”.

VIVA MAGENTA, Pantone, Color del Año 2023

Tampoco se quedan atrás otras palabras dedicadas por la empresa a esta llegada de este color del año 2023: “Viva Magenta 18-1750, vibra con brío y vigor. Es un tono arraigado en la naturaleza que desciende de la familia del rojo y expresa una nueva muestra de fuerza. Viva Magenta transmite valentía y audacia y es un color palpitante cuya exuberancia promueve una celebración alegre y optimista, que esculpe una nueva narrativa”. Este Color del Año 2023 “es vigoroso y fortalecedor. Es un nuevo rojo animado que se regodea en la alegría pura, que fomenta la experimentación y la autoexpresión sin restricciones, un tono electrizante y sin límites que se manifiesta como una declaración de principios. PANTONE 18-1750 Viva Magenta da la bienvenida a todos con brío por la vida y espíritu rebelde. Es un color audaz, lleno de ingenio e inclusivo”.

Esta dialéctica capitalista, a cada color un número y menos palabras, aunque todas estudiadas por expertos consultores de marketing, es la que ha intentado resolver la escritora Victoria Finlay en una publicación muy interesante, Color, analizando los orígenes de una de sus partes esenciales, la denominación primitiva de los colores, antes de que llegara el poderoso caballero don dinero a ellos y lo convirtiera todo en mercancía pura y dura, cuya sinopsis de la editora nos atrae como por ensalmo: “En este cautivador viaje a través de los colores de la paleta de un artista, Victoria Finlay nos lleva a una apasionante aventura alrededor del mundo y a través de los tiempos, desentrañando cómo los colores que elegimos han determinado la historia de la propia cultura. ¿Cómo viajó el preciado color azul ultramar desde las remotas minas de lapislázuli de Afganistán hasta el pincel de Miguel Ángel? ¿Cuál es la relación entre la pintura marrón y las antiguas momias egipcias? ¿Por qué Robin Hood vestía de verde de Lincoln? Finlay explora los materiales físicos que colorean nuestro mundo, como los minerales preciosos y la sangre de los insectos, así como los significados sociales y políticos que el color ha tenido a lo largo del tiempo. Los emperadores romanos solían llevar togas teñidas de un color púrpura que se fabricaba con un oloroso marisco libanés, lo que probablemente significaba que su olor les precedía. En el siglo XVIII, el tinte negro se hacía con palo de Campeche, que crecía a lo largo de la Tierra Firme. Algunas de las primeras plantaciones de índigo fueron iniciadas en América, sorprendentemente, por una chica de diecisiete años llamada Eliza. Y el popular cuadro de Van Gogh Rosas blancas en la National Gallery de Washington tuvo que ser rebautizado después de que un investigador descubriera que las flores estaban hechas originalmente con una pintura rosa que se había desvanecido hacía casi un siglo. El color está repleto de personas, acontecimientos y anécdotas extraordinarias, pintadas de forma aún más deslumbrante por el atractivo estilo de Finlay”.

Los colores, en definitiva, no son inocentes. En mi matusalénica edad, que diría Mario Benedetti, he conocido la dialéctica existencial del rosa y el azul, que aún pervive. Hace dieciséis años publiqué un artículo en este cuaderno digital, Estereotipo sexista: “Tú rosa, yo azul”, que sigue teniendo una actualidad impecable y en el que afirmaba que “no todo es cuestión del color del cristal con el que mire la vida. El mercado es implacable y con su visión guadianesca proverbial, aprovecha la debilidad del rosa femenino para captar el nuevo público objetivo y vender las mercancías envueltas en el rosa psicológico. En el pulso dialéctico azul-rosa empieza a ganar por goleada el derivado del rojo mezclado con el blanco, en una debilidad básica por hacer la vida más “humana” según las multinacionales de cualquier sector. Muchas veces estoy tentado de soñar en la acromatopsia, la enfermedad maravillosamente descrita por Oliver Sacks en su obra “La isla de los ciegos al color”, tantas veces citada en este cuaderno digital. Aunque tuviera que pasar fragmentos de la película de mi vida en blanco y negro, donde las tonalidades de gris me permitieran soñar que el color es una versión amable de la vida que los seres humanos podemos captar en toda su gama, sin limitaciones. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos considerarían acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (2). Esa es la cuestión a dilucidar en la niña o niño “coloreados” de azul o rosa que, todavía, algunas o algunos llevamos dentro…, porque es verdad que no depende todo del color con el que el mercado, más allá del cristal, nos obliga casi siempre a mirar la vida.

(1) Heller, E., Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

(2) Sacks, O., La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, 1999, p. 22.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La miseria humana también se debe pintar como denuncia social

Ventura Álvarez Sala, Emigrantes, 1908, Museo del Prado, en depósito en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria

Sevilla, 19/VIII/2023

Me gusta la pintura realista y en España admiro la obra extraordinaria de Antonio López, pero todavía más la que siempre se ha ocultado en nuestro país, la pintura realista social que tuvo su pujanza a finales del siglo XIX y principios del XX, como ahora se reivindicará, respetando la memoria democrática cultural, que también existe, a través de la exposición programada por el Museo del Prado en mayo de 2024, “cuando se inaugure Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), la gran exposición de la nueva temporada del Prado y la primera en la historia dedicada a este movimiento plástico y descaradamente político. Y usado como decoración de pasillos administrativos en depósito. Así llegó al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria desde el Prado una de las obras maestras del género: Emigrantes (1908), pintado por el asturiano Ventura Álvarez Sala. El jurado de la Exposición Nacional de 1908 le concedió la primera de las medallas de segunda clase y sería un fracaso si no estuviera incluido en la selección de obra de la temporal de mayo” (1).

El artículo citado, Los museos aceptan el realismo social con más de un siglo de retraso, es una exposición extraordinaria sobre esta vertiente cultural tan importante para comprender la evolución histórica del arte pictórico en nuestro país. Recomiendo su atenta lectura, porque hace una radiografía de esta corriente pictórica que durante tantos siglos ha permanecido oculta y que fue denostada incluso por algunos artistas contemporáneos a los que se quiere rescatar ahora. Es el caso del llamado gusto social de la época, que privilegió siempre escenas, temas y artistas que dulcificaban la vida, frente al realismo social descarnado de algunos autores como Vicente Cutanda, Antonio Fillol, Ventura Álvarez Sala, José María Mezquita, José Uría y Uría o el de una pintora excepcional, Lluïsa Vidal. En el lado opuesto estaba “Pedro Sáenz Sáenz, pintor de niñas púberes a las que imagina y representa ofreciendo su desnudez al espectador, como son Inocencia y Crisálida. En una entrevista concedida en 1903 por este pintor malagueño a la publicación Vida Galante cargó contra la moda por pintar las desdichas sociales: “No comprendo cómo se pinta otra cosa que no sean mujeres, copiando todas sus innumerables gracias…” Para Sáenz Sáenz y sus protectores todo lo que fuera denunciar la realidad debía ser borrado. La pintura realista se dedicaba a llamar la atención sobre la pobreza, el hambre, la muerte de los huelguistas, la prostitución… Lo que Sáenz Sáenz llamaba con desprecio “las infamias y los crímenes de la vida”. Según su criterio, la miseria humana no era asunto de los cuadros. “La eterna historia que todos conocemos y que a todos nos aflige… ¿por qué conservarla en los cuadros? ¿Es que va a morir o dejar de perseguirnos?”, se preguntó de manera retórica el pintor que encontró placer en fantasear con el sexo de las niñas. “Destiérrese esa costumbre, todo ese mal gusto y vengan sus compensaciones”, añadió en aquella entrevista de 1903. Le atendieron y en 1906, el jurado de la Exposición Nacional canceló y descolgó El sátiro porque denunciaba la violación de una niña”, cuadro este último que recientemente ha sido adquirido por el Museo del Prado por 110.000 euros, hecho que ha sido considerado por la familia del pintor como una forma de reparación histórica.

Sáenz y Sáenz reflejaba lo que la alta sociedad practicaba a diario a través de sus vicios privados y sus públicas virtudes, lo que le llevaba a negar y silenciar a través del arte, de la cultura y de la pintura en concreto, algo que marcó toda una época: la miseria humana no es asunto de los cuadros, del arte en general, algo que evidenció años después Pablo Picasso en sentido contrario cuando dijo que un cuadro como el Guernica no se había pintado para decorar apartamentos, sino para que se exhibiera en lugares que albergaran las denuncias públicas como instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo, una realidad social que según Sáenz y Sáenz, no se debería haber pintado jamás.

Es muy importante rescatar estas obras nacidas en momentos históricos transcendentales en la historia cultural de este país, que se han mantenido ocultas durante tanto tiempo y que exposiciones como la anunciada para mayo de 2024, pretenden exhibir para hacer justicia con la memoria histórica y democrática de este país, al igual que se hizo en la exposición Invitadas, inaugurada en el Museo del Prado en noviembre de 2020, en la que se deseaba dar visibilidad al papel desempeñado por la mujer en la historia del arte en España en el periodo transcurrido entre 1833 y 1931 y a la que dediqué un artículo en esos días en este cuaderno digital: “Se pretende así dar respuesta a esas cuestiones que hoy podemos considerar clásicas desde una doble propuesta. Por un lado, la visibilización de los principales hitos de la producción artística de las mujeres en el periodo cronológico que va desde los tiempos de Rosario Weiss (1814-1843) hasta los de Elena Brockmann (1867-1946), y por otro el reconocimiento del contexto concreto, del escenario ideológico en el que todas ellas debieron desarrollar sus carreras. Como trasfondo de todo ello aparece una estructura oficial que, en definitiva, nunca las consideró como parte integrante del sistema, y que las colocó, con todas sus consecuencias, en una inamovible posición de invitadas”.

Antonio Fillol Granell, La rebelde, 1915 (Museo de Jaén, depósito del Museo Nacional del Prado)

En el artículo citado, que dediqué a esta exposición, Invitadas, recogí con detalle una obra que se presentó, La rebelde, pintada por Antonio Fillol Granell (1870-1930), gran exponente del realismo social que figura como hilo conductor de estas palabras, en el que dije lo siguiente: “[…] sus obras, en consonancia con lo que el Sistema aceptaba de la representación social de la mujer, se exponía sin tapujos por el realismo de su pintura, acorde con la legitimación del papel de la mujer extraviada, sometida a permanente juicio, desnuda e ida, en cualquiera de los estamentos sociales, ya fuera en la realeza, la burguesía o en la etnia gitana, sin ir más lejos. Es uno de los pocos pintores de la época que “denunciaron abiertamente la posición desfavorable en la que las instituciones patriarcales habían situado injustamente a las mujeres”. He escogido un cuadro que figura en la exposición y que forma parte del fondo del Museo pero entregado en depósito al Museo de Jaén, titulado La rebelde, como arquetipo de lo anteriormente expuesto: “La rebelde es quizás la última expresión de la pintura social que había venido desarrollando el artista desde hacía décadas. Esta obra nos traslada a un campamento gitano en medio del campo, un clan de una familia errante. La improvisada tienda del fondo es la única referencia a una especie de hábitat. En este caso la lucha de clases ha dado paso a la violencia doméstica y a la intransigencia, frente a quienes sienten el anhelo de libertad en la sangre y se enfrentan al orden establecido, en este caso el paternalismo machista y la tradición represora que impide decidir el propio camino. El argumento de La rebelde parece ser el de la joven gitana que se ha enamorado de un payo y es expulsada del campamento y agredida”.

Aunque sea con más de un siglo de retraso, como nos recuerda el artículo citado de elDiario.es, es importante resaltar que a partir de la exposición anunciada para mayo de 2024 en el Museo del Prado, se va a hacer justicia de una vez por todas con este movimiento pictórico llamado “realismo social”, cuyo exponente es lo ocurrido con una obra extraordinaria, Una huelga de obreros en Vizcaya, que “fue con el que el pintor Vicente Cutanda ganó la Medalla de Primera Clase, en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1892. El Estado adquiría los cuadros premiados y los depositaba en el Museo del Prado, que a su vez depositaba en el Museo de Arte Moderno (desaparecido en 1971). La última fecha que habla de la presencia de la huelga de Cutanda en los almacenes de ese centro es de 1936. Luego, desapareció. No hay rastro de cuándo lo abandonó ni cómo. Hasta que Díez dio con él en 2002 y el taller de restauración del Prado rescató de las miserias la pintura, para colocar ante el público un tema incómodo y actual. Tan cruda y brutal, que esta pintura no estaba hecha para las colecciones particulares, como apunta el propio José Luis Díez [conservador del Museo del Prado], fue expulsada del lugar para el que había sido creada: el museo. Los constructores de los relatos decimonónicos preferían extasiarse con la belleza de una estatua romana desnuda, que copiaba a una griega. Y borraron todo lo demás. Enrollaron y silenciaron todas esas obras críticas con su presente. Más tarde, la dictadura tampoco dio una oportunidad a los cuadros que gritaban como pancartas. La Transición también se olvidó de ellos. Había que hacer las paces. Y así, ninguneado en los manuales de la historia del arte español, ha llegado este género hasta nuestros días”.

Es verdad lo expuesto anteriormente: este cuadro no estaba hecho para las colecciones particulares, como tampoco el Guernica se pintó para decorar apartamentos, en palabras del propio Picasso, porque para él era un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo. El realismo social que figura en estas pinturas, es aleccionador siempre, como recoge el artículo de elDiario.es, Los museos aceptan el realismo social con más de un siglo de retraso, porque aunque son enfoques melodramáticos y arriesgados, “es una pintura honesta y verdadera. No son meras ilustraciones de los problemas. Para eso estaban las revistas ilustradas. Los artistas de este género dignifican y trascienden los problemas de la calle. No son temas agradables, son asuntos sobrecogedores, emocionantes y de una violencia a la que llegaron muy pocos artistas fuera de España”, explica Díez [conservador del Museo del Prado]. Los motivos representados cobraron tanta importancia como las soluciones plásticas. Por eso “es un tipo de pintura que sigue incordiando y molestando”. Por eso encuentra refugio y atención hoy, en una sociedad que lucha por ser menos injusta”. Para que no olvide, ni siquiera un momento.

(1) Riaño, Peio H., 2023 (elDiario.es, 18 de agosto), Los museos aceptan el realismo social con más de un siglo de retraso.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Mímesis, cuando el arte imita la vida

Sevilla, 12/VIII/2023

Ante el cambio climático, busco interpretaciones de la vida, de la naturaleza, de lo que hacemos con ellas, para aprender sus mensajes y copiarlos, por su histórica sabiduría y porque sé que “la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida, pero cuando el arte imita a la vida se llama mímesis”. Así lo he escuchado en el vídeo promocional de la exposición que se inauguró el pasado mes de abril en Barcelona, en el Museo Europeo de Arte Moderno, cuya exposición Mímesis | Representational Art 2023, arte figurativo en definitiva, recogió 61 obras en las que destacaban pinturas de Antonio López, Gottfried Helnwein, Guillermo Lorca, Don Eddy, Jeremy Mann, Alex Kanevsky, entre otros.

En la sinopsis de esta exposición se decía que “El arte figurativo ha sido parte integrante de las artes visuales durante siglos, experimentando un enorme resurgimiento en popularidad en los últimos años. Las obras muestran el mundo que nos rodea, a menudo con un enfoque realista o una representación exacta, desde la condición humana, pasando por cuestiones sociales y culturales, hasta la percepción de nuestro entorno. La pintura figurativa se ha utilizado para representar una amplia gama de emociones, historias y temas, convirtiéndose en una poderosa forma de expresión que transmite mensajes de importancia social y política, además de captar la belleza de lo cotidiano. También la cultura popular se ha inspirado a menudo en la pintura figurativa, sobre todo el cine, a través de películas que exploran temas y cuestiones como el romance, la belleza, el miedo y la condición humana”.

Gottfried Helnwein, Los desastres de la guerra, en Mímesis | Representational Art 2023 / Museo Europeo de Arte Moderno

Personalmente es un arte que me emociona al contemplarlo y en España tenemos un gran maestro, Antonio López, entre otros, al que admiro y he dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital, que en la exposición también está presente con obras inéditas junto a una de su mujer, María Moreno, gran artista figurativa también, ya fallecida. Para reforzar el hilo conductor de la misma y su realidad contemporánea en un mundo tan convulso, esta muestra tuvo como objetivo “dar visibilidad a la habilidad y creatividad de artistas contemporáneos que están superando los límites del arte figurativo tradicional además de descubrir los estilos artísticos y técnicas actuales, a través de obras que reflejan las diversas visiones y perspectivas, y de la exploración de nuevos temas que estudian la belleza y la relevancia de la experiencia humana. La temática en esta muestra se basa en la propia experiencia del autor o en su interpretación de los acontecimientos del mundo que le rodea. Algunas obras muestran un detallado realismo, capturando las complejidades del mundo natural con notable precisión. Otras son más abstractas y juegan con la forma y el color para crear imágenes dinámicas e impresionistas. A pesar de estas diferencias, todas las obras de la exposición están conectadas por su compromiso con el arte figurativo y su capacidad para atraer al espectador a través de su poderoso uso de la narración visual. Con un carácter vibrante, dinámico y atemporal, esta muestra introduce al espectador en una amplia gama de estilos y técnicas, y proporciona una comprensión más profunda del genio creativo del artista. Explorando esta exposición, se podrá obtener una visión única de las vidas y experiencias de aquello que se representa en las obras, y comprender más profundamente la condición humana en nuestros días. Los artistas de esta exposición han creado obras cautivadoras que desafían las percepciones del espectador y le invitan a mirar el mundo a través de una nueva perspectiva”.

Biomímico. Proyecto del artista mural Eric Okdec, en Sevilla / JA Cobeña

Si algo me admira es la capacidad de muchos artistas figurativos de retratar la condición humana en todas sus manifestaciones posibles. La pintura figurativa, realista, no me es ajena como tampoco lo es nada humano, recordando a Terencio. No la olvido, fundamentalmente porque he entendido su mensaje: La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida, pero cuando el arte imita a la vida se llama mímesis. Una derivada de ella, la interpreté personalmente en este cuaderno digital como alumno de la Facultad de la Calle, por estar matriculado en la Universidad de la Vida. Los albores de Sevilla ofrecen siempre regalos inesperados, cuando en el paseo del amanecer claro y luminoso de esta ciudad, Sevilla, me encuentro frecuentemente unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo, una obra esplendorosa del artista Eric Okdec: biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero [sí lo es] el sentarse a sus pies como estudiantes. Así escrito, sin modificar palabra alguna, salvo los corchetes. Junto a este lema tan sorprendente, se encuentra otra acepción no menos aleccionadora: biomímica es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso. Tampoco lo he olvidado, sobre todo en los en los tres mundos que tantas veces he estudiado en la Academia y en los que estamos instalados a diario: el mundo propio, el de nuestro alrededor y del de los demás, que dicho de forma petulante en alemán suenan extraordinariamente bien: eigenwelt, umwelt y mitwelt. Las dos definiciones anteriores en torno a la Mímesis son fantásticas si las analizamos con detenimiento. La primera, porque la cosa radica en no explotar los recursos de la naturaleza sin compasión alguna, sino aprender continuamente de ella “como estudiantes sempiternos”. Es lo que nos recuerda a diario el problema recurrente del cambio climático y de la Suciedad Plástica instaurada en la superficie y fondos de los océanos y mares que nos rodean. La segunda acepción, es reveladora de lo que podemos aprender de los diseños de la propia naturaleza, porque si lo hiciéramos podríamos vivir mejor, creando nuevos productos con diseños naturales prestados sin interés comercial alguno y, por tanto, más sostenibles.

Volvemos a lo mismo con esta pintura mural figurativa: la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida, pero cuando el arte imita a la vida se llama mímesis.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Edward Hopper pintó la soledad humana

Edward Hopper, Oficina en una ciudad pequeña, 1953 (Museo Metropolitano de Arte, Nueva York)

Sevilla, 29/VI/2023

A lo largo de mi vida he comprobado, no sin cierta desazón, que posicionarse o tomar partido por una ideología genera a veces un efecto halo de soledad existencial. Una soledad no querida, pero que inunda nuestras vidas día a día, viendo de forma alarmante que la sociedad camina por derroteros de indiferencia, mediocridad y desafección ética, como estamos viendo en este país, al revés, en estos últimos tiempos políticos tan convulsos. En este contexto, he recordado hoy al pintor americano Edward Hopper, a través de la publicación de una conferencia inédita de Carmen Martín Gaite en Madrid sobre su obra, en 2006, porque nadie mejor que él ha pintado las metáforas existenciales, un adelantado en su tiempo para expresar este recurso excelente de comunicación, fundamentalmente de situaciones humanas de soledad no deseada y espera, en las que las ventanas, no sé si discretas, así como habitaciones de hoteles y despachos vacíos, en los que los protagonistas de cada cuadro están solos también, son las grandes metáforas visuales en gran parte de su excelente obra pictórica. Durante mi vida profesional, utilicé en alguna ocasión, en las presentaciones oficiales sobre estrategia digital, un cuadro suyo, Oficina en una ciudad pequeña, muy representativo de la estrechez de miras y soledades que a veces tenemos en la vida pública, perfectamente aplicable a la privada de todos los días. En los tiempos difíciles de la política en nuestro país, este cuadro es sugerente para interpretar cómo vivimos la soledad ante la realidad de lo que está ocurriendo.

Hopper aborda la realidad de la espera en muchos cuadros con ventanas que suponen un respiro en la soledad de cada protagonista y en situaciones personales, familiares, de pareja, a modo de juego existencial en las que cada uno tiene que buscar la mejor salida al conflicto de cada persona en particular. Estos óleos de soledades representan muy bien nuestra situación actual. Estamos muchas veces solos ante el peligro, en silencio y permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar, reflexionar, y pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades, lo que nos in vita a «parar» un momento. Estamos viviendo momentos difíciles en cada espacio particular de soledad, muchas veces acompañada, aunque siempre nos quedan ventanas amplias o pequeñas, desnudas, como invitando a saltar a través de ellas observando los cuadros de Hopper, porque no tienen limitación alguna, solo el vértigo existencial legítimo para trascenderlas y volver a la vida para recorrer las grandes alamedas de la libertad.

La escritora Carmen Martín Gaite, en la conferencia citada anteriormente, que pronunció sobre la obra de Hopper el 14 de diciembre de 1996 en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, dentro del programa El cuadro del mes, en el que la Fundación Thyssen convertía en protagonista, cada mes, a uno de sus cuadros, contó semblanzas suyas durante una de sus estancias en Nueva York, como profesora visitante de la Universidad de Columbia, recogidas en un cuaderno en el que, según sus propias palabras, “se apuntan ya dos de las primeras impresiones que me han acompañado siempre en posteriores visitas a los Estados Unidos, una de ellas puramente visual relacionada con las ventanas y otra con el sentimiento de soledad que se te cuela en el alma como una lluvia fina, y que el pintor a que voy a referirme transmite desde todos sus cuadros”. Era así porque “New York —apunté allí— es una ciudad que no se puede captar ni transferir solo con la pluma, se necesitan imágenes. Ha empezado a llover, es de noche, tengo la radio puesta, la lluvia se ha convertido en tormenta. Casi todas las luces de las casas están apagadas, pero aún queda alguna encendida. Desde la soledad de mi cuarto las dudosas figuras de los demás, a la luz de las lámparas, son siluetas fugaces de la gente desconocida que se mueve detrás de sus ventanas: parecen interiores de Edward Hopper. Yo misma ahora soy como la mujer de un cuadro de Hopper, mientras pienso en él y siento un poco de melancolía y desarraigo, comiéndome una manzana en soledad”.

Edward Hopper, Habitación de hotel (1931), Museo Thyssen-Bornemisza

Esta conferencia, inédita hasta hace muy poco tiempo, aparece ahora en una recopilación de conferencias de la escritora, De viva voz, llevada a cabo por José Teruel, publicada ayer en la editorial Siruela, donde centra su intervención en un cuadro concreto, Habitación de hotel, pintado en 1931, que contempló en 1980 durante su visita a una exposición retrospectiva sobre la obra de Hopper, celebrada para conmemorar el cincuenta aniversario del Whitney Museum de Nueva York: “En cuanto al cuadro de 1931, quiero decir de antemano que fue el que más me impresionó de toda aquella exposición, hasta el punto de que a la mujer recién llegada a la habitación de un hotel desconocido, le llegué a inventar una historia, a la cual iban dando sustento diferentes figuras femeninas distribuidas por las calles en cuyo rostro y actitudes creía adivinar el desconcierto, el extravío y la necesidad de esconderse o de huir a alguna parte, tal vez a un lugar cuya inexistencia se conoce de antemano. Así nació, poco más tarde, mi poema Todo es un cuento roto en Nueva York, donde una mujer inconcreta, buscada acaso por la policía y que va convirtiéndose sucesivamente en otra a lo largo del poema, acaba refugiándose en un cuadro del Museo Whitney, se sienta en la cama de una pensión anónima y ya no espera nada: “[…] Con los brazos caídos y la mirada estática, clavada eternamente de cara a una ventana que de tan bien pintada parece de verdad”.

Edward Hopper despejó estas dudas existenciales cuando afirmó que “si determinadas situaciones vitales pudiesen contarse con palabras no sería necesario pintar”, a pesar de que Blas de Otero hizo un canto precioso a esas palabras que, en la soledad no deseada en la que a veces estamos inmersos, aún nos quedan: Si abrí los ojos para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, /si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra. Reconozco que, junto a ella, también me queda Hopper.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Vivo en el Sur, el Norte del mundo, de mi país

Al-Idrisi, Mapamundi perteneciente a la Tabula Rogeriana (i) / América invertida, dibujo de Joaquín Torres García, 1943, Museo Juan Manuel Blanes, Montevideo (d).

Sevilla, 13/VI/2023

Aprendí de la voz de Mario Benedetti, hace ya muchos años, que debía tomar conciencia de que el Sur también existe en el mundo, aunque el Norte seguía haciendo de las suyas desde que el mundo es mundo, […] con sus predicadores / sus gases que envenenan / su escuela de chicago / sus dueños de la tierra / con sus trapos de lujo / y su pobre osamenta / sus defensas gastadas / sus gastos de defensa / con su gesta invasora / el norte es el que ordena […]. Después, supe a través de Luis Cernuda, el poeta universal nacido en Sevilla, en un artículo publicado en 1931 sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”, que “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”. Es una metáfora preciosa basada en la actitud transformadora del aquel poeta malagueño, olvidado por muchas personas instaladas en el síndrome del Sur o que sufren el complejo territorial español de nuevo cuño, por mucho que Mario Benedetti se esforzara en resaltar las virtudes de esta localización privilegiada.

Lo que no conocía es que hace no sólo años, sino siglos, un geógrafo, botánico y polígrafo de origen andalusí, concretamente malagueño y nacido en Ceuta, Al-Idrisi (1100-1165), tal y como lo cuenta Eduardo Galeano en su obra Patas arriba. La escuela del mundo al revés, hizo una interpretación invertida del Universo: En el siglo doce, el geógrafo oficial del reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. Nuestro norte es el sur, dijo. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben. Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?

Hoy, un día después de haberme desvinculado de la suscripción al diario El País, descubro en él, de nuevo, en abierto (todos los trabajadores y colaboradores no son iguales…), una columna de mi admirada escritora Irene Vallejo , Ser sur, en la que recoge esta visión tan peculiar del mundo que ya imaginó Al-Idrisi y que más tarde dibujó Joaquín Torres García: “El sur se ha convertido en categoría ideológica, más que cartográfica, el modo en que los centros de poder describen la periferia. En rigor, todas las posiciones son relativas: cada lugar es a la vez norte, sur, este y oeste, dependiendo de dónde se sitúe quien observa. Pero predomina el punto de vista septentrional, y hasta el lenguaje expresa preferencias: “Perder el norte” es sinónimo de conductas erráticas y desvaríos. Ahí nace el tópico de ese sur que disfruta ventajas no ganadas —el sol, el clima, la exuberancia— y sufre penitencias merecidas —pobreza, emigración—. Sin embargo, en un planeta esférico no hay un arriba y un abajo, ni superioridad o inferioridad. Todos los puntos son iguales. No existe ninguna razón científica para ubicar el norte por encima del sur, más allá de la mirada de los exploradores europeos. La historia explica mejor que la geografía las coordenadas de nuestros prejuicios”.

Andalucía, la del Sur, la que siempre está presente en estereotipos del Norte, también del mundo guiri, tiene a veces un serio problema con su pasado porque suele olvidar habitualmente lo que es meritorio y digno. Es el caso de José Moreno Villa, poeta, articulista, crítico, historiador de arte, documentalista, dibujante y pintor español, citado anteriormente y a quien casi nadie conoce, como ejemplo de otro andaluz extraordinario que hizo de la poesía un arte para vivir y convivir en este país, más allá de los complejos del Sur. Lo leí en cierta ocasión en un artículo muy interesante de James Valender, publicado por la revista “Residencia de Estudiantes”: “En 1957, en sus Estudios sobre poesía española contemporánea, Luis Cernuda publicó unas duras palabras sobre la suerte que, según él, le esperaba a la obra poética de Moreno Villa: «La pobreza, la ignorancia, la indiferencia de nuestro ambiente literario han hecho que este poeta sincero y tan auténtico no recibiera nunca la atención que por lo menos merece. Y en cuanto a esperar que las generaciones venideras enderecen la injusticia cometida en su caso, sería esperar demasiado; entre nosotros la literatura no tiene, cuando la tiene, sino actualidad». Ha llegado el momento para que tal triste profecía quede por fin desmentida” (1), porque es verdad que “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”.

Irene Vallejo lo explica muy bien en su artículo, cuando ensalza el resurgir del sur, con el encanto que Al-Idrisi, Luis Cernuda, José Moreno Villa o Joaquín Torres García, entre otros ensalzadores del Sur, lo hicieron desde que el mundo es mundo, según cuenta la historia: “El artista uruguayo Joaquín Torres García desafió en 1943 los preceptos cartográficos y mentales con su dibujo América invertida, donde la Patagonia apunta, como una cúspide, hacia arriba. Escribió: “Ahora le damos la vuelta al mapa, y así tenemos una idea verdadera de nuestra posición. El sur es nuestro norte”. Revolucionando el atlas, José Saramago imaginó en La balsa de piedra la península Ibérica como isla flotante rumbo a Sudamérica. La rebelde Mafalda, ante el globo terráqueo, se preguntaba qué habrán hecho ciertos pobres sures para merecer ciertos nortes. No olvidemos que esos territorios vilipendiados inventaron el alfabeto, la democracia y las constituciones, la moneda, la historia, el teatro, la filosofía y la física, la ciudadanía y el derecho internacional, innumerables corrientes artísticas, el realismo mágico, una cierta sabiduría en el vivir. Para la escritora Adelaida García Morales, El sur era el lugar anhelado, la promesa de otro mundo posible. Frente a magas y agravios, necesitamos como Odiseo antídotos que desafíen los apodos de la piara. No hay esquinas en una esfera, ni existen en este planeta lugares “suralternos”: aún queda soñar y navegar rumbo al resurgir del sur”.

Cuando leía la referencia de Irene Vallejo a la película de Víctor Erice, El Sur, según el guion de Adelaida García Morales, leído por mí en varias ocasiones precisas, he recuperado también de mi memoria de secreto la admiración por aquella obra cinematográfica de gran calado emocional, porque siendo un niño andaluz en Madrid, toda mi ilusión era volver un día a esta tierra, soñando que volvería al Sur, navegando, como dice ella, rumbo al resurgir de esta Comunidad, a la que tanto quiero.

(1) http://www.residencia.csic.es/bol/num6/valender.htm

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Picasso, persona y personaje, cincuenta años después

Carlos del Amor en el Telediario Especial: 50 años de la muerte de Picasso

Sevilla, 8/IV/2023

Hoy se cumple el 50 aniversario del fallecimiento de Pablo Picasso en Mougins (Francia), que ha recordado recientemente la televisión pública de este país, de la mano de Carlos del Amor, en un bloque informativo especial del Telediario 2, desde su Málaga natal, «donde pasó parte de su infancia. Desde allí, se ha hecho un recorrido biográfico que ha pasado también por A Coruña, Barcelona, París, Madrid o Guernica, ciudades que marcaron su trayectoria», con una parada obvia en relación con su obra de proyección internacional, Guernica, que por sí misma simboliza la magia de su pintura.

Carlos del Amor ha hecho un trabajo impecable para resaltar aspectos esenciales de Picasso como persona y personaje, que no se deben separar, sin obviar los pasajes oscuros de su alargada y, a veces, polémica trayectoria vital. Me he sentido muy identificado con la semblanza en los planos dedicados a Guernica, donde todavía pueden contar aquel bombardeo algunos supervivientes del mismo. No olvido mi visita a aquel lugar en el verano de 2018, tan representativo de la locura de las guerras. Cuando finalicé aquel encuentro, que era una deuda con él, me di cuenta de que había vivido aquella experiencia vital en silencio, con la mirada puesta en el famoso cuadro de Picasso, guardado en mi memoria de secreto, que interpreté mejor que nunca al compartir con Begoña, en su casa rediviva, el drama de su terrible bombardeo, el 26 de abril de 1937. Picasso nos legó una pintura plagada de preguntas a través de mujeres, niños y animales que sufren. Hay pocos hombres, solo el mensaje explícito de que esos hombres son solo lobos para el hombre, en una reinterpretación de la mítica frase de Hobbes: homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). En este cuadro se representa la verdad expresa de la guerra y el sufrimiento que siempre conlleva, sobre todo para los más débiles, mujeres, niños y ancianos. Nos debería servir hoy para convertirnos en militantes de la paz, de cualquier paz que se deba defender en los círculos donde somos y estamos, sobre todo cuando se lucha con dignidad por otro mundo mejor y posible. Los niños y niñas de Guernica jugaban aquella tarde en sus aceras, hablando en euskera, con aires de libertad, en paz. Los habría pintado Picasso, en esa ocasión, de forma admirable, porque él llevaba ese dolor dentro.

Junto a semblanzas casi siempre muy amables con la obra del pintor, también se expuso la otra cara más controvertida de su persona de todos, en su relación con las mujeres, que las llevó siempre a su obra desde diferentes perspectivas, como lo expresaba Dora Maar, por ejemplo, una de las siete mujeres que formaron parte de su azarosa vida, al afirmar que «cuando Picasso cambiaba de mujer, todo cambiaba», no escapando este contexto de la crítica feminista, desde hace ya unos años, que acusa al pintor de ser un maltratador y un misógino, señalando este reportaje a una historiadora, Estrella de Diego, que pide «recuperar matices», sin que esta crítica deba suponer en ningún caso «una enmienda a la totalidad de la obra de Picasso». Un ejemplo de este debate se encuentra reflejado en la obra de Eugenia Tenenbaum, Las mujeres detrás de Picasso, que «ve más sombras que luces en el artista», cuya sinopsis oficial no deja dudas al respecto, porque «pone el foco en las protagonistas tanto de la vida como de la obra del célebre pintor. Olga Khokhlova, Dora Maar, Françoise Gilot o Jacqueline Roque son solo algunos de los nombres que inspiraron al malagueño, le ayudaron a promocionar su obra y le cuidaron en todas las etapas de su vida. ¿Cuánto sabemos de él y cuánto de ellas? Mujeres de talento desbordante, todas tuvieron que superar innumerables obstáculos y enfrentarse a las violencias que sobre ellas vertieron tanto el artista y el entorno en el que les tocó vivir como, más tarde, la historiografía y sus sesgos de género. Este libro nos acerca a las biografías de quienes hicieron que Pablo se convirtiera en Picasso y de quienes existieron no gracias al pintor, sino a pesar de él».

Cuando finalizó el bloque informativo dedicado el pasado martes a Picasso, tomé conciencia de nuevo, de acuerdo con Terencio, de que nada humano me es ajeno y que se puede y se debe hablar de Picasso desde todas las perspectivas posibles de su vida, en libertad plena, como persona y personaje, pero con una condición: conocerlo bien para poder emitir juicios bien informados, incluso cuando se conmemora el 50 aniversario de su fallecimiento, lejos de su tierra, en un exilio no inocente, al que no se debe descargar de su memoria democrática e histórica. Fundamentalmente, porque las lleva dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!